INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

DE MARA A ELIM

Javier Báez

Éxodo 15:22-27 E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.

Cuando leí estos versículos, el Señor me estuvo hablando durante la semana sobre lo que son las cosas que Él quiere poner en nuestra vida, en nuestro camino, y lo que nosotros queremos oír, ver y tener. Dios quiere algo de ti, pero nosotros también queremos algo de Dios, pero así como quieres así lo pides y a veces te llevas decepciones, porque Dios no cumple lo que tú piensas que te iba a dar, te da lo que Él sabe que necesitas, no lo que tú deseas o pides.

En este caso el pueblo de Israel, estuvo cuatrocientos treinta años esclavizado en Egipto; Dios envió a esta nación a un hombre llamado José, para preparar la tierra; José era el precursor de la palabra de Dios en Egipto. Este país nunca había tenido la oportunidad de conocer al Dios vivo, y mucho menos de haber recibido la palabra del Dios vivo. Por medio de José Dios habla al pueblo egipcio.

Como recordarán, José fue vendido por sus hermanos a unos ismaelitas, que a su vez lo vendieron a Potifar, general del ejército del Faraón. Estos hombres habían comprado lo que realmente era enviado del cielo, un hombre que solamente llegó para preparar el terreno donde había de posarse el pueblo de Israel, donde había de proveerse.

Dios preparó de antemano el camino para que su pueblo estuviera en ese lugar. Conocemos la historia del pueblo Hebreo cuando estuvo en la tierra de Gosén, que fue el área que designó el Faraón para que habitaran, Jacob con sus once hermanos; once porque el doceavo estaba ahí.

El pueblo creció, nacieron más, y fueron multiplicándose hasta que llegó un faraón que no conocía a José y los esclavizó; ahí comienza el martirio del pueblo, ahí comienzan sus problemas reales y entonces empiezan a clamar a Dios para que los librara de las manos de los egipcios; Dios escoge a un hombre para que los pudiera guiar y sacarlos de la esclavitud.

Me gusta muchísimo esta parte de la Escritura porque yo me veo allí reflejado en cada uno de los hebreos cuando estuvieron esclavizados, cuando salieron hacia la libertad, yo camino con ellos, voy de la mano con ellos y aprendo mucho cuando empiezo a leer la vida de los hebreos caminando, desde que salieron de sus casas hasta antes de llegar al mar Rojo; todos estos hombres deseaban libertad.

Nosotros cuando estuvimos en Egipto, no pensábamos que estábamos esclavizados, sino que creíamos que estabamos en libertad, y pensábamos que era lo mejor que habíamos tenido, pero cuando llegó Jesucristo y nos dijo: "Quiero libertarte", cuando nos extendió la mano y nos dijo: "Te voy a sacar de tu esclavitud", entonces entendimos que estábamos esclavizados; dijimos: Bueno, pues es lo único que conocía, yo no sabía que estaba esclavizado, pero si tú dices que estaba esclavizado, pues entonces sepárame de mis cadenas, y Dios con su pura misericordia nos separa en el llamado de esos Hebreos que estuvieron allí, y ahí nos liberta Dios y nos lleva hasta el mar Rojo.

Ahí en el mar Rojo nos encontramos con la disyuntiva, con la alternativa entre dos cosas y por una hay que optar: o nos regresamos a seguir siendo esclavos, o nos aventamos a las aguas a que nos coman los tiburones, o a que nos ahoguemos si no sabemos nadar. Nada más teníamos dos opciones, porque al lado izquierdo estaban las montañas, al lado derecho estaba el mar, atrás estaban los egipcios y adelante estaba el desierto, no había para dónde hacernos, teníamos en ese momento que levantar los ojos y decirle: ¿Pues no que me habías sacado de la esclavitud? Mira en dónde me pusiste ahora. Así fue con Moisés; volteó y vio a los egipcios que lo venían siguiendo, y los hebreos le preguntaban: ¿Para qué nos trajiste aquí a morir? Pero Dios en su misericordia extiende su mano porque no quiere que ninguno se pierda, y abre el mar y pasan los hebreos el mar. Y los egipcios al estar cruzándolo, se cierran las aguas y perecen todos; en ese momento pueblo que cruzó el mar Rojo comienza su libertad.

Esta es la parte más difícil del hombre, cuando sale de la esclavitud a la libertad, porque no sabe cómo vivir en ella y comienzan los problemas, porque ahora hay que aprender ¿cómo se vive en libertad? Antes, yo tenía una lista de órdenes y las seguía, para mí era bien cómodo seguir lo que me decían que hiciera, y lo hacía, a veces con gusto y a veces a disgusto, pero de todas maneras lo hacía, pero ahora no tengo más que una hoja en blanco que yo tengo que ir escribiendo, aquí comienza la vida en libertad.

Estos hombres que caminan por el desierto, después de tres días se les acaba el agua, el alimento todavía no, ¿cuántos de ustedes han pasado sed? Tener sed en la ciudad no se puede comparar a pasar sed en el desierto. En la ciudad las temperaturas más elevadas llegan hasta los 32 grados, no se comparan con los 50 grados que tiene el desierto, a lo mejor los grandes podríamos soportarlo, ¿pero los niños?

Aquí comienzan las dificultades del hombre, cuando parece que Dios los dejó, cuando parece que Dios ya olvidó la promesa, cuando parece que Dios se enojó, y no tenemos lo que nos había prometido tener, entonces, ¿qué sucede? Le reprochamos a Dios: ¿Por qué me sacaste de ahí para traerme aquí a sufrir más de lo que yo estaba sufriendo? ¿Para qué? Y nos levantamos porque pensábamos que la libertad era más de lo que nosotros conocíamos, más de lo que nosotros pensábamos.

Al tercer día después de haber caminado por el desierto, a estos hombres se les acaba el agua y, ¿qué hacen? Voltean a Moisés que era el representante de Dios con ellos, y le dicen: ¿Qué vamos a beber Moisés? ¿Qué vamos a hacer? Y llegan a Mara (Mara significa amargura en el idioma hebreo) y encuentran amargura en lugar de agua, y comienzan a exigirle a Moisés que les resuelva el problema, ellos estaban viendo el agua que estaba ahí en la tierra, y Moisés no vio el agua, sino vio arriba, porque él estaba acostumbrado a la solución de sus problemas desde arriba, no desde el nivel que nosotros tenemos.

Moisés voltea arriba y le dice: Señor ¿por qué? Dios le contesta: No te preocupes Moisés; y Dios le señala un árbol y le dice: arranca ese árbol y aviéntalo al agua, Moisés lo avienta y el agua se endulzó, después de que estaba podrida se convirtió en agua salubre, en agua potable para poder tomarla y saciar los hebreos su sed.

En nuestra vida también tenemos muchos Maras, a lo mejor es tu cartera, es tu cuerpo enfermo, es tu mente, ¿Cuál es tu Mara? Cada uno de nosotros tiene que preguntarse ¿Cuál es el Mara que yo tengo? A lo mejor es tu trabajo, el sueldo que no es el adecuado, tu jefe, tu familia, tu esposo, tu esposa, tus hijos, tu escuela, tu iglesia, el pastor o el hermano Javier ¿Quién es tu Mara? No voltees a las aguas podridas, no voltees a ver a la tierra, pídele a Dios que te muestre el árbol que endulza tu problema, no le digas que te separe del Mara porque ahí quiere Dios enseñarte algo.

Si te separas de ese Mara vas a encontrar un océano de amargura, ahora que viste ese Mara pequeño no le digas al Señor: ¿Por qué me sacaste de allí? Mejor dile a Dios: ¿Cuál es el árbol que necesita esa agua, para poder ser sanado? Dios ya te la dio, ese árbol es Jesús y es la solución para endulzar tu problema o tu situación. No esperes que pasando ese Mara el desierto será con alfombra, ¡no!, van a venir más cosas, pero por lo pronto ya pasaste la prueba.

Yo soy de Tamaulipas, de un lugar muy hermoso, y soy hijo de un agricultor, y recuerdo que pegado a la sierra estaba nuestro rancho; mi padre en una ocasión tuvo necesidad de hacer otra casa, entonces nos pidió a mi hermana la mayor y a mí que fuéramos con él; yo tenía como ocho o nueve años, estaba en tercero de primaria.

Llevó su carreta, que eran dos llantas con dos bueyes adelante, una tarima y, era todo; nos fuimos a la sierra hasta como unos tres kilómetros, a las faldas de la sierra había un hombre que conocía la madera, y mi padre sabía que él conocía cuál era la madera adecuada para construir la casa y fuimos con él. Llegamos al lugar, y yo veía los árboles grandísimos y le decía a mi papá: ¡éste, éste! Mi hermana por allá corriendo: ¡este otro! Y cada uno agarrábamos nuestro árbol.

Llegamos con el señor que nos ayudaría, y le dijo a mi padre: vamos a subir. Yo me desilusioné cuando no me hicieron caso, quería el árbol que había escogido, y caminamos y caminamos hacia arriba, y mi padre le preguntó: ¿por qué hasta acá pudiendo sacar la madera de ahí donde estábamos? y dijo: No Domingo, ¾ así se llamaba mi padre¾ , la madera de allá no sirve. Cuestionó mi padre: ¿Por qué? Y le dijo: Mira la madera de las partes bajas, es madera que no tiene fuerza, no soportará la presión, la madera que está acá arriba recibe aires fuertes y recibe lluvias torrenciales y la madera que está aquí es una madera que se hizo a base de sufrir las inclemencias del tiempo.

¿Quieres ser fuerte? ¿Quieres ser débil? ¿Quieres que el vendaval más pequeño te tire? Quédate abajo, donde no te peguen los aires, donde estés bien cuidadito que no te golpeen las tempestades, pero vas a ser una madera frágil que no va a poder usarse para construir una fortaleza, ni van a poder usarte para construir lo que Dios tiene en sus planes.

Espera la mano de Dios, no clames que te solucione el problema, porque lo va a hacer, mejor dile: Señor, enséñame ¿Dónde está el árbol? ¿No lo veo?, Entonces vas a verlo, antes no.

Éxodo 15:23-25a Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol.

Dios les mostró la salida, el apóstol Pablo dice que siempre que hay una prueba, siempre hay una puerta que Dios deja abierta para que tú salgas por ahí, pero si tú estás viendo el problema, si estás metido en la dificultad, probablemente no veas la solución, hay que voltear hacia arriba y ahí es donde está la solución, ahí vas a encontrar realmente la respuesta, ahí vas a tener la voz que te guía para la salida del problema.

Éxodo15:26 y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

Jehová es tu árbol el que sana tus dolencias, el que sana las aguas donde estás, el que libera, el que provee, el que te guía. El problema es que nosotros queremos solamente que la solución venga sin tener que poner nada de nuestra parte, porque Él es el Todopoderoso, pero no dice así, lo primero que dice Dios es: Si oyeres, esto es importantísimo, porque si ya escuchamos su voz, lo que sigue es obedecerla, porque si ya la oímos y no la obedecemos estamos siendo infieles, rebeldes, desleales y necios, y no podemos caer en estos errores.

Después dice: Y dieres oído a sus mandamientos y guardares todos sus estatutos. Al pueblo de Israel le pasó lo que le pasó porque oyó, pero no obedeció, sabía exactamente cuáles eran los estatutos de su Rey pero no los cumplió y ¿qué le pasó? No llegó a la tierra prometida cuando Dios le había dicho que iba a llegar, sino que se alargó su prueba, algunos tienen hijos que reprueban, y vuelven a reprobar, y vuelven a reprobar y les dan su certificado hasta que pasan; no quieras dar el siguiente paso si el primero todavía no lo terminas, así que debes ir por partes, primero lo primero y luego lo segundo.

Para poder llegar a la tierra prometida necesitamos primero conocer, obedecer y seguir, sin esto no vamos a llegar, el pueblo de Israel tardó cuarenta años para poder salir de donde se había metido y aún así llegando a la tierra prometida le surgieron muchos problemas.

¿Para qué sirven las pruebas? ¿Por qué tanta prueba? Si ustedes van a la primaria ahí hay pruebas, a la secundaria, a la vocacional, a la universidad, en donde quiera hay pruebas, si ustedes van a buscar trabajo hay pruebas, si ustedes van a conseguir admisión para un equipo ahí hay pruebas ¿Por qué tanta pruebas? En donde quiera nos prueban ¿Por qué? ¿Qué significan las pruebas?

Cuando tú has estado pasando por el mismo problema más de una vez, quiere decir que no has aprendido y por eso Dios te pasa, y te pasa, y te pasa hasta que apruebas, y cuando apruebas dices: ¡Gloria a Dios! Ya se acabaron mis problemas pero no, espera ahora una prueba mayor.

¿Por qué me tiene que probar Dios? Para mostrarme que tengo capacidad, y mostrarme qué me hace falta para poder ser usado por Dios, Dios quiere que seamos sabios, conocedores, esa es la meta de Dios porque dice la Biblia que tenemos que ser como el varón perfecto, todos los que estamos aquí se supone que ya salimos de Egipto; muchos estamos fuera del alcance de los egipcios porque ya pasamos el mar con los israelitas, sin embargo algunos todavía tienen "Maras".

Mateo 5:14-16 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Nosotros tenemos la responsabilidad de decirle al mundo que somos la luz, el problema no está en creerlo, sino en ser la luz, ahí es donde comienzan las dificultades; para poder ser luz, primero necesitas limpiar todo el hollín porque si no alumbras, requerimos entonces pasar a la limpieza por fuego, para que nos sea quitada toda la escoria y entonces quedes deslumbrante; realmente nosotros no somos la luz, somos solamente como la luna, reflejamos la luz del Astro Rey, en este caso nosotros reflejamos la luz del cielo pero el mundo nos ve como luz.

Cuando llegas a tu trabajo, los demás quieren de lo que tú llevas, desean ser como tú eres, desean tener lo que tú tienes, eso es ser luz, que los demás empiecen a ver en ti algo diferente y empiecen a copiar, en ese momento podrás decirle: no es el exterior, no es lo que estás viendo, lo que estás viendo es solamente el reflejo de lo interior.

Para ser como Jesús requieres copiarlo, hablar como él, caminar, vivir, pensar, y entonces poder ser como él; y los demás como no conocen buscan siempre a alguien a quién seguir y a quién copiar, van a buscar de ti, y te van a preguntar ¿Por qué eres así? ¿Por qué no eres como los demás? Y entonces les podrás hablar de Jesucristo, y conocerán la razón por la cual tú eres luz en este mundo.

Las pruebas nunca las vas a dejar de tener aunque ya reflejes a Jesús en el mundo, ¿por qué? Porque las pruebas son parte y están ligadas a la carne, esas no las vas a poder dejar, así que, tienes que aprender a vivir en la fe de Jesús.

La fe no se necesita aumentar sino fortalecerla, y para esto es necesario estar en el desierto, donde no hay agua, donde hay bichos raros, donde te persiguen las culebras, donde tienes dificultades aún para conseguir tu alimento, ahí es donde se fortalece la fe. Los que no tiene fe, si la quieren tener, solamente la da Jesucristo, no la podemos dar nosotros porque es un don de Dios y lo pone para que nosotros la usemos, si no la tenemos se la tenemos que pedir a Jesucristo y Dios va a poner fe en nosotros.

Los que no conocen a Jesús le dicen a la gente: Ten fe, ten fe, todo se va a solucionar, pero ¿cuándo se va a solucionar si no saben si tiene fe o no? Nunca la van a tener porque solo Dios la da, en el momento en que conozcan a Jesucristo, para poder ser brazo poderoso que el cielo extendió a la tierra; y si dudan lo que están haciendo es creerle a Satanás solamente y no va a poder ser lo que Dios dijo que iba a hacer.

La fe se hace de hierro en la prueba, porque ahí se ve si verdaderamente lo que estás diciendo con palabras lo puedes sostener con hechos a través de la dificultad; entonces vas a poder probar tú fe, pero si apenas viene un ventarroncito y te escondes, nunca vas a saber cuánta es tu fe.

Tienes que empezar a decidir, y no pedirle al Señor que te solucione tus problemas, sino que tienes que pedirle que te ayude a enfrentarlos y sabrás si tu fe es de papel o de hierro, porque es la única manera de soportar el camino que nos tocó caminar.