INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PROBANDO TU PROPIA OBRA

Gustavo Martínez

1 Corintios 3:10-15 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 

Vamos a desglosar un poco estas palabras que hemos hablado y las vamos a dividir en cuatro partes. Estos versículos nos hablan acerca de la obra que cada uno de nosotros debe edificar en su propia vida. Nuestra vida es la obra que tenemos que edificar, y cada uno de nosotros está llamado a hacer una parte de la gran obra que Dios quiere hacer en la iglesia y que quiere hacer en este mundo, pero tenemos que empezar por nuestra propia vida, tenemos que ver qué estamos edificando en nuestra propia vida.

 

El apóstol Pablo empieza a decirnos desde el versículo 10, que él como perito arquitecto puso el fundamento, y ese fundamento dice en el versículo 11, que nadie puede poner otro fundamento que el ya está puesto, el cual es Jesucristo. Entonces todos debemos estar edificando sobre el fundamento que ya está puesto el cual es Jesucristo, nadie de nosotros tiene que estar tratando de ver sobre qué estar edificando, lo que tenemos que predicar siempre es a Jesucristo como el fundamento.

 

Cuando nosotros llegamos a la iglesia, lo que se nos predica en un principio y lo que siempre se nos está predicando es que el fundamento de nuestra vida tiene que ser Jesucristo, no hay otro fundamento. Dice el apóstol Pablo que nadie puede poner otro fundamento, el que ponga otro fundamento diferente a Jesús aquí, ese está equivocado.

 

Lucas 6:47-48 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. 48Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.

 

El mismo Jesús nos enseña quién es el fundamento, esa roca dice Jesús, es cuando nosotros escuchamos su Palabra, y hacemos lo que él nos dice. Entonces nuestra vida, haciendo el ejemplo de esa gran edificación va a estar sobre un fundamento firme que es Jesús, más él dice que hay otro tipo de fundamento.

 

Versículo 49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.

 

Este será el fin de todos aquellos que están edificando fuera de Jesucristo, aquellos que están edificando sin conocer la Palabra de Dios, aún los que edifican conociendo la Palabra de Dios, pero que no están haciendo caso a esa Palabra. Están edificando una casa que un día no importa cuán bueno sea el material de la edificación, pero un día esa casa, cuando venga el río sobre ella se va a caer.

 

Entonces en una edificación hay dos cosas que son importantes:

 

1.       El fundamento

2.       El material de la edificación en sí.

 

Jesucristo en esta parte nos está haciendo énfasis en el fundamento. El fundamento tiene que ser Jesucristo, si queremos tener un buen fundamento, si queremos que nuestra casa dure, tenemos que edificar sobre el fundamento que es Jesucristo.

 

Mateo 16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

 

Jesús hace una declaración, la cual mucha gente ha tomado a mal. La declaración en sí es que Jesucristo dice que él es el fundamento. La iglesia está edificada sobre la roca, la cual es Jesucristo mismo; y por lo tanto, las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Es decir, todo el reino del diablo no va a prevalecer en contra de la iglesia porque está edificada sobre el fundamento que es Jesucristo. Mucha gente cree que el fundamento de la iglesia es Pedro, pero Pedro mismo dice que el fundamento es Jesús.

 

1 Pedro 2:4-8 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado.  7Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer.

 

Para nosotros el fundamento es Jesucristo, él es la base de nuestra edificación, es lo principal en nuestra vida. Tenemos la seguridad que nuestro fundamento está bien cuando nosotros edificamos sobre la roca, que es Jesús. De otra forma nuestro fundamento es endeble, no es fuerte, no va a resistir lo que le echemos arriba. El fundamento es una parte de la construcción, pero arriba del fundamento viene toda la edificación. Dice Pablo que nosotros tenemos que edificar sobre el fundamento que está puesto, y dice que hay dos formas de edificar sobre ese fundamento que es Jesús:

 

a)      Una forma de edificar es con madera, heno y hojarasca.

 

¿A cuántos les gustaría vivir en una casa de paja, o de heno o de hojarasca? Bueno, mucha gente en nuestro país vive en una casa así, pero no por gusto, sino por necesidad. Pablo hace la analogía, y dice que nuestras propias vidas son como casas, como edificaciones.

 

1 Corintios 3:12a Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas.

¿A quién no le gustaría vivir en una casa de oro, plata y de piedras preciosas?

 

Versículo 12b madera, heno, hojarasca.

 

Estas casas no son de oro, plata y piedras preciosas, pero son casas que parece que están bien construidas. Y una casa de éstas seguramente, no aguantará mucho del clima y sobre todo, cuando vienen los tiempos malos. Nosotros podemos escoger edificar nuestra vida de dos formas, aunque incluso dice la Palabra hablando de Israel, que aunque todos reciben la misma Palabra, aunque todos vieron al mismo Dios, aunque todos conocieron al mismo Dios, y aunque todos tenemos la misma Biblia, tenemos dos opciones, podemos edificar con oro, plata y piedras preciosas, o podemos edificar con madera, heno y hojarasca.

 

Cada uno tiene la decisión y sobre todo, cada uno de nosotros tiene que ver qué clase de edificación está haciendo, qué clase de vida está edificando. Tenemos que examinar qué clase de vida estoy edificando sobre Jesús. Porque un día, dice el apóstol Pablo, será probada y no solamente un día, sino que todos los días, nuestra obra está siendo probada.

 

Los dos factores importantes para que no se caiga nuestra casa (nosotros mismos, nuestra vida): el fundamento seguro que no va a fallar es Jesús. Pero es importante también ver el material con el que estamos edificando nuestra vida, de qué forma los estamos haciendo, de qué material porque entonces esa será la seguridad que tendremos.

 

De acuerdo al material que estemos empleando para construir nuestra casa, el resultado será: qué tanta seguridad tenemos de vivir ahí. Hemos escuchado acerca de grandes desastres naturales donde vienen huracanes, los vientos, las aguas; hemos visto en Centroamérica donde hace algunos años vino este huracán y devastó toda esa región, porque las casas no estaban bien construidas. Eso mismo sucede en nuestra propia vida, cuando vienen los problemas, cuando enfrentamos las situaciones difíciles, cuando vienen las pruebas a nuestra vida. Entonces algunos están firmes, algunos con problemas, esto no quiere decir que pasan muy frescos las pruebas, pero la pasan y se mantienen firmes.

 

Sin embargo, otros muchos se caen, se deshacen porque estuvieron edificando con un material de poca resistencia. Principalmente creo que hay tres cosas al menos en la Biblia, que nos hablan de la gente que verdaderamente edifica una obra firme, una obra que va a resistir y una obra de acuerdo a lo que Dios quiere. Y son tres factores que yo encuentro en la Biblia.

 

Vamos a hablar acerca de la gente que renuncia a sus propios propósitos, la gente que renuncia a sus propios deseos. Cuando eres capaz de saber qué es lo que quieres y qué es lo que Dios quiere de ti, y eres sabio y fuerte para escoger lo que Dios quiere, y no lo que tu quieres.  Hay gente también que olvida el pasado, y siempre está yendo hacia adelante con una gran determinación, poniendo los ojos en Jesús. Edificar de esta forma no es algo sencillo, no es fácil. Es más fácil edificar con madera, con heno y con hojarasca; que edificar con oro, con plata y con piedras preciosas.

 

Son las dos clases de vida que podemos escoger: el que no importando cuánto se va a tardar, va a edificar una obra que finalmente va a ser firme, que no se va a caer, que le va a durar. Y el otro que nada más está buscando salir de los problemas, capoteándolos, buscando la forma más fácil de salir de ellos y no teniendo una visión más allá.

 

En nuestro país desgraciadamente, la cultura es del “ahí se va”; y Dios no quiere que seamos así. Dios quiere que hagamos bien las cosas, y que confiemos en que estamos trabajando, no importando que trabajemos mucho; pero que logremos una edificación que no se va a caer y que va a lograr resistir la prueba.

 

b)      La segunda forma de edificar es con oro, con plata y con piedras preciosas

 

El edificar con oro, con plata y con piedras preciosas, es edificar una realidad en Cristo, no estamos edificando una ilusión. No somos gente construyendo un sueño solamente sino que estamos construyendo verdaderamente una realidad.

 

Muchas veces en los tiempos pasados y aún en estos tiempos mucha gente tiene que construir sus casas y tiene que empezar a cavar, a escarbar y tiene que empezar a trabajar, sabe la gente que no es un trabajo que dure una semana, dos semanas, ni siquiera menos de un año, es un trabajo que tiene un tiempo largo de duración, pero es un trabajo que vale la pena.

 

Aquél que construye una buena casa, edificamos una realidad en Cristo, vale la pena aunque nos tardemos más, aunque nos cueste más trabajo. A veces lo que nosotros queremos es terminar rápido. En la escuela nos dejan la plana de las bolitas y con tal de terminar rápido e irnos a ver la tele hacemos las bolitas rápido. Y con esa misma mentalidad, cuando venimos a Cristo queremos salir rápido de un proceso y aparentar un cristianismo; pero una edificación de oro, plata y piedras preciosas no es una ilusión, ni tampoco es una apariencia, sino una completa realidad, y las realidades cuesta trabajo construirlas. Nos lleva años construirlas, al final del día es mejor, cuesta más edificar una realidad en Cristo que, solamente edificar una apariencia. El que edifica con oro, plata y piedras preciosas siempre lo está haciendo con lo mejor que tiene.

 

Conozco a un matrimonio que los dos están trabajando, no ganan mal, ganan muy bien y están ahorrando porque quieren construir casi un castillo, planean tener un lago y no sé cuántas cosas más. Está bien si ese es su sueño; pero en Cristo nosotros vamos edificando y disfrutando de la realidad todos los días; no tenemos que esperarnos a terminar la edificación para disfrutarla, sino lo poco o lo mucho que vamos construyendo cada día, lo vamos disfrutando cada día también, va disfrutando el proceso y va disfrutando de su propia casa todos los días.

 

Es como si te dieran una casa abandonada, y te vas a vivir ahí; y todos los días la vas arreglando, todos los días vas disfrutando de tu casa.  A mi esposa y a mi Dios nos bendijo con una casa, no estaba muy bien arreglada, pero también fue una bendición, porque así no nos la vendieron tan cara y pudimos tenerla; y todos los días le hacemos algo, y lo disfrutamos.

 

Así es nuestra vida, cuando llegamos a Cristo traemos la casa de nuestra alma toda fea, maltratada, no la hemos pintado durante años, siniestros que pasaron ahí los tenemos grabados; y cuando venimos a Cristo y empezamos a edificar una casa con oro, plata y piedras preciosas, empezamos a cambiarle cosas con ayuda de Cristo y lo disfrutamos y nos sentimos mejor.

 

Esa es la forma en la que tenemos que edificar nuestra vida: con oro, con plata y con piedras preciosas. Lo que Dios quiere es una restauración completa de nuestras edificaciones, no solamente pintarle ahí y ya que se vaya como quede, al fin que nadie se va a dar cuenta, ¡no! Dios hace una restauración completa.

 

La palabra restauración significa poner las cosas de tal forma que no hay forma de saber que ahí algo estuvo mal, porque quedó perfectamente bien, como si nunca le hubiera pasado nada. Ese es el proyecto que Dios quiere que construyamos, que tengamos una verdadera visión. Que no la vamos a alcanzar mañana, pero que vamos hacia esa visión y que vamos construyendo,  arreglando y transformando lo que sea necesario. No importa cuánto tiempo nos lleve, no importa que sea lo más trabajoso, lo más costoso, pero escojamos lo mejor.

 

Esa persona que edifica con oro, plata y piedras preciosas, es aquel que está todos los días escuchando la Palabra de Jesús, y la está aplicando todos los días a su vida. No importa si es difícil, si duele, pero todos los días se está aplicando la Palabra a su propia vida. 

 

El primer punto es que tienes que renunciar a tus propios propósitos, a tus propios deseos y aceptar los de Dios. Esto tiene que ver con la confianza que tenemos en Dios; una persona que no confía en Dios, que no le conoce, es difícil que suelte sus propios deseos y sus propios propósitos. Una persona que conoce a Dios es más sencillo, porque sabe que los propósitos de Dios son mejores que los suyos. Muchas veces yo estoy buscando algo de alguna forma y le doy gracias a Dios porque no fue de la forma en que yo lo quería, sino que fue de la forma en que Él lo quería y fue lo mejor para mí mismo.

 

Una persona que quiere renunciar a sus propios deseos y propósitos para aceptar los de Dios, tiene que aceptar a Dios para confiar en Él plenamente, como Abraham que Dios le dijo: Deja tu casa y deja tu tierra y tu parentela y te llevaré a una tierra donde serás bendición y bendeciré en ti a todas las familias de la tierra. Abraham tenía el suficiente conocimiento de Dios como para dejar su seguridad e irse a un lugar donde no conocía, eso es confiar en Dios.

 

Los jóvenes cuando se enamoran de una muchacha y dicen: Sí, si esto de Dios, yo sé que si es de Dios porque está “re bonita” y me gusta mucho. Dios me lo está confirmando a través de mis buenos gustos. Y viene un hermano y le dice que lo ore a Dios, y si no es de Dios pues que el Señor se la lleve. El joven dice: ¡Noo! ¿cómo crees? Por fe declaro que sí es de Dios. Si ese joven se diera cuenta que si le dijera a Dios como le dijo Jesús: No se haga mi voluntad sino la tuya, entonces en lugar de estar desconfiando que Dios le traerá a la Chimoltrufia, estará confiando que Dios le traerá a la mujer de sus sueños.

 

Mateo 16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

 

Parte del negarse a uno mismo es renunciar a nuestros deseos, a nuestros propósitos, decirle: Señor, te entrego mis sueños, y has de ellos tu voluntad. Y si esos sueños son válidos, confírmalos y si no, cámbialos. Y cuando lo hagas, lejos de que Dios te quite algo, Él te va a dar más. Es un principio de Dios que vemos muchas veces en la Biblia, cuando le entregamos algo a Dios, Él nos da más, Dios no nos quita. 

 

Cuando la mamá de Moisés dijo: Bueno, dejo al niño, ella lo dejó en el río, y Dios se lo regresó. Cuando la hija del faraón la buscó para que lo amamantara, Dios se lo regresó inmediatamente.  Dios nos da, pero todo está en que podamos confiar en Él y entregarle lo más valioso que creemos que tenemos, Él nos va a dar más.

 

Como aquella mujer que le dio la vasija y la puso ahí, y Dios le dio mucho más y más. Pero ella tuvo que darle primero. Tenemos que darle a Dios nuestra vida, entregársela; nuestros propósitos, nuestros deseos. Cuando hablamos del pecado, es claro que tenemos que deshacernos de él, cuando hablamos que tenemos pasiones desordenadas, es claro que tenemos que hacerlas a un lado.

 

Hay una historia de un matrimonio que su sueño era tener una casa frente al mar, y cuando se retiraron, compraron una casa frente al mar. Y todos los días se dedicaron a recoger y coleccionar conchas, ese era su máximo sueño. ¡Que triste!. Nosotros no estamos destinados a coleccionar conchas de mar; tenemos propósitos y sueños grandes de Dios. Si alguno está pensando: cuando me retire a los 50 años, voy y me compro una casa ahí por Texcoco junto al lago, y ahí me la voy a pasar “re bien”. 

 

Esos no son los sueños de Dios. Los sueños de Dios son más grandes que todo eso. Tenemos que entregarle nuestros sueños vacíos a Dios, decirle: Mira Dios, esto es lo que toda mi vida he soñado, pasármela tranquilo, envejecer, y todos los días ver la televisión sin ningún tipo de presiones, pero aquí está ¿cuáles son tus sueños y tus deseos? Y Dios te va a dar sueños y deseos maravillosos, pero tenemos que entregarle primero nuestra vida a Él, tenemos que entregarle todo nuestro ser para poder tomar sus propósitos, sus sueños y cumplir con sus propósitos en nuestras vidas.

 

A veces también nos cuesta tanto trabajo algo como lo celos, el enojo; mucha gente lo que hace es atesorar eso y guardarlo en su corazón. Aunque en otros aspectos nos cueste más trabajo, lo que tenemos que hacer es decirle al Señor: Tengo tanto tiempo ya batallando con esto, pero no me doy por vencido; y lo sigo entregando a ti, lo sigo crucificando, aunque parece que más tardo en clavarlo ahí, que en lo que ya se bajó; pero otra vez a clavarlo. Tenemos que estar renunciando a nosotros mismos todos los días.

 

Segundo lugar: Tenemos que olvidar el pasado y extendernos siempre hacia adelante. Esto nos habla mucho del perdón, nos habla mucho de romper los esquemas que aún muchas veces nosotros mismos nos ponemos, o la sociedad, o nuestras propias familias nos ponen.

 

Filipenses 3:13-15 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.

 

Olvidando siempre lo que está atrás. Tenemos que olvidar lo que ya quedó atrás porque si vamos cargando lo que ya quedó atrás, nunca vamos a poder seguir hacia adelante. Tenemos que olvidarnos de las fallas, de los errores, aún de nuestros propios éxitos para no quedarnos en la comodidad; y siempre estar mirando hacia adelante con una gran determinación de llegar hacia allá.

 

Había un joven que estaba en el ejército, era el encargado de tocar la trompeta, y no sabía tocar retirada, solamente sabía tocar para que el ejército avanzara. En una de esas, estaban peleando y el capitán del ejército le dice: Toca retirada; éste como no sabía tocar retirada pues tocó que siguieran, entonces el ejército seguía ---¡No! toca la retirada, le decían. Nos tenemos que regresar, y él seguía tocando, entonces el ejército seguía hacia adelante, y gracias a eso, el ejército triunfó por un hombre que no sabía tocar la retirada.

 

Tenemos que ir siempre hacia adelante, sin retroceder, sin voltear hacia atrás y lamentándote por lo que te pasó ayer. No sé si te ha pasado, que de repente tienes un problema, te duermes y cuando despiertas ya se te olvidó; pero entonces es cuando te pones tu ropa, vas a tu closet de problemas y buscas el problema que tenías ayer y te lo pones nuevamente.

 

Como dice Pablo tenemos que mirar hacia adelante, olvidándonos de lo que queda atrás; Jesús nos llama a tener una gran determinación. Lucas 9:62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 

Tenemos que ir hacia adelante. Aquél que está edificando su casa con oro, plata y piedras preciosas, no tiene que estar pensando en lo caro que le va a salir, o en el trabajo que le está costando; sino como dice el Señor: tiene que estar mirando hacia adelante. Aquél que mira hacia atrás no es apto para el reino de Dios.

 

Nosotros tenemos que tener un corazón de teflón para las cosas malas, que todo se nos resbale, que nada malo se nos pegue; pero se nos olvida. Así como los estudiantes de la secundaria que estudian y estudian, y no se les graba nada; tenemos que tener ese ejemplo, pero para nuestro corazón; que en nuestro corazón no se nos grabe nada de lo que nos va a impedir seguir adelante, y sigamos hacia adelante teniendo siempre los ojos puestos en Jesús.

 

Hebreos 12:1-2 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

 

Siempre los ojos puestos en Jesús, que nunca nadie nos haga voltear hacia otro lado. Decía un hermano: Tú siempre acuérdate que eres cristiano por Cristo, no por los cristianos; porque siempre hay alguien que critica el testimonio de fulanito, aunque haya buenos testimonios en la iglesia; pero bueno. Siempre debemos tener los ojos puestos en Jesús; este camino, esta forma de edificar es la que más cuesta trabajo, pero al final, es la que mayor satisfacción y seguridad te dará, ya que tendrás una casa muy bonita, y cuando venga la prueba no tendrás temor, tu casa resistirá y sobre todo, cuando mueras no tendrás temor, tendrás la seguridad de que irás con Jesús.

 

Había una organización de iglesias y estaban buscando un pastor para una de sus iglesias. Empezaron a entrevistar gente, y todo el consejo de ancianos tenía en sus manos una solicitud que decía como sigue:

 

“Caballeros, entiendo que su púlpito está vacante y me gustaría solicitar el puesto. Lleno muchos de los requisitos: he sido un predicador con mucho éxito, y también he tenido algunos triunfos como escritor; algunos dicen que soy un buen organizador. He sido líder en la mayoría de los lugares en donde he estado, tengo casi 50 años de edad y nunca he predicado en un lugar por más de tres años. En algunos lugares he dejado el pueblo después de que mi trabajo ha ocasionado disturbio y levantamientos, debo admitir que he estado en la cárcel tres o cuatro veces, pero no a causa de alguna fechoría; mi salud no es muy buena, aunque todavía hay muchas cosas que puedo llevar a cabo.

 

Las iglesias en las que he predicado han sido pequeñas, aunque han estado ubicadas en varias ciudades grandes, no me he llevado muy bien con los líderes religiosos de los pueblos donde he predicado, en realidad unos me han amenazado y hasta me han atacado físicamente, no soy muy bueno para llevar registros, se me conoce por olvidarme de los que he bautizado, sin embargo, si pueden utilizarme prometo hacer mi mejor esfuerzo”.

 

Entonces la junta empezó diciendo: Pero a este hombre qué le pasa; estas honorables personas dicen ---- este es un enfermizo, buscapleitos, distraído, ex presidiario, éste  está loco para querer venir a ocupar el puesto de pastor--- Y preguntaron: ¿Quién llenó esta solicitud? Y dijeron: Está firmada por el apóstol Pablo; el apóstol Pablo que anduvo en las cárceles, en disturbios, en levantamientos, enfermo, pero no siempre. De hecho no es la forma más fácil de edificar una casa, el edificarla con oro, con piedras preciosas, con plata, no es lo más fácil, pero sí es lo mejor.

 

Desgraciadamente no es lo que todo mundo o la mayoría está haciendo, lo que está haciendo la mayoría es edificando con madera, con heno y con hojarasca, y solamente está edificando una apariencia; en lugar de edificar una realidad en Cristo. La mayoría de los cristianos está aparentando que es cristiano, está aparentando edificar una casa bonita. Lo que realmente están edificando, es la casa de aquellos cochinitos que uno se fue a edificar con paja y vino el lobo y la derrumbo. Y en la realidad en Cristo, aquí no viene el lobo, viene el diablo y sopla a nuestras vidas, y si edificamos con madera, heno y hojarasca nuestra casa va a ser derribada.

 

Aquél que edifica con madera, heno y hojarasca solo está buscando salir de sus problemas presentes, y busca a los hermanos que oren por él, oran por él y ya sale; tiempo después otro problema, y ya está ahí otra vez buscando y se le resuelve su problema y ahí va poco a poco pasándola y más o menos ahí echándole ganas.

 

Lucas 6:49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.

 

Aquél hombre, aquella mujer que oye la Palabra de Jesús y no la hace, ese pues va a terminar en un desastre tarde o temprano.

 

Santiago 4:1-4a De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. 4¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?

 

Aquél que edifica con madera, heno y hojarasca jamás renuncia a sus deseos, jamás renuncia a sus propósitos aunque valla a la iglesia, no determina un rumbo de adonde quiere llegar, simplemente va viviendo la vida, va solucionando los problemas que le van sucediendo y ya.

 

Santiago 1:5-8 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

 

Tenemos que determinar el rumbo a donde queremos llegar, y tenemos que aprender a deshacernos de nuestros propósitos porque los de Dios son mejores; debemos aprender a no decirle a Dios exactamente lo que tiene que hacer en nuestra vida, la Biblia dice que el corazón del hombre piensa sus caminos, más de Jehová es el enderezar los pasos del hombre, yo tengo que decirle a Dios hasta donde quiero llegar, donde creo que él quiere que llegue, pero estar dispuesto y decirle a Dios que haga lo que quiera en  mi vida, que enriquezca mi vida, que la valla transformándola, que la dirija y la corrija.

 

Tenemos que ir cambiando nuestra madera, por oro; nuestro heno, por plata; y nuestra hojarasca por piedras preciosas. Tenemos que ir adaptando y aceptando lo que Dios quiere para nosotros.

 

Nuestra obra es probada siempre, y gracias a Dios que es probada porque de esa forma nos damos cuenta si estamos bien o estamos mal. Cuando no es probada no sabemos si está bien o está mal. Cuando es probada nuestra obra, si resulta que está mal, la podemos corregir, y si está bien podemos seguir en el camino. Gracias a Dios por las pruebas.

 

Hay tres formas en las que Dios prueba nuestra obra. Pablo dice que tarde o temprano el fuego va a probar tu obra. Hay tres niveles: el más barato es el primero y el más caro es el último; el que menos nos cuesta a nosotros es cuando el Espíritu Santo nos redarguye, cuando nos habla, cuando venimos a la iglesia, y predica el hermano, el Espíritu Santo nos está hablando como le hizo a David con Natán, señalando que tu eres ese hombre que ha hecho mal delate de Dios.  Nosotros nos estamos convenciendo de que sí estamos mal en esa parte.  Eso es lo más barato, porque no nos cuesta corregirlo, al contrario, nos ahorra mucho dolor.

 

Jesucristo dijo en Juan 16:8, que cuando el Espíritu Santo viniera, convencería el mundo de pecado, de justicia y de juicio. Tenemos que estar abiertos a la voz del Espíritu Santo. Cada asamblea de semana mayor, Dios trata siempre algo conmigo, y hay momentos en donde me siento terriblemente mal, pero le doy gracias a Dios, porque el Espíritu Santo está tratando conmigo; y yo sé que si reacciono, voy a ser bendecido, y me voy a evitar un dolor.

 

Entonces tenemos que estar abiertos, abiertos nuestros oídos, abierto nuestro corazón; y en vez de andar diciendo: Ay, seguramente el pastor ya habló con este otro pastor, y ya se pusieron de acuerdo para estar en mi contra. ¡No!, en lugar de eso, estar abiertos en nuestro corazón, para que el Espíritu Santo hable, porque Él está probando nuestra obra y nos está mostrando lo que está mal en nosotros.

 

Tenemos que ser sabios para aceptarlo y corregirlo, porque si no, viene el segundo paso; que es cuando ya eres probado por una situación difícil que viene a tu vida. Como lo que le sucedió a David; él cerró su corazón y sus oídos a la voz del Espíritu Santo; entonces tuvo que venir la experiencia, tuvo que venir el profeta Natán y decirle que estaba equivocado, y que Dios estaba en contra de él por cuanto había pecado contra Jehová.

 

David tuvo una actitud sabia y dijo: He pecado contra Jehová, y se arrepintió, y Natán le dijo: También Jehová ha redimido tu pecado y no morirás. Pero este segundo paso ya tiene consecuencias, David tuvo consecuencias en su vida, el hijo que estaban esperando, producto del pecado,  se murió.

 

Cuando ya enfrentamos una situación difícil, ya hay consecuencias en nuestra vida; más nos vale que ahí reaccionemos y cambiemos. Y empecemos a edificar diferente porque si no, entonces viene el tercer paso, donde ahí si, ya no hay nada más qué hacer, donde somos probados ya en el juicio de Dios para recibir el castigo eterno.

 

Mateo 7:21-23 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

 

Cada uno recibirá un galardón; dice Pablo en 1 Corintios 3:10-15, que cada uno recibirá un galardón, y cada uno va a recibir el pago de su propia obra. Apocalipsis 22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

 

Cada quien recibirá un pago según sea su obra, entonces ¿qué nos conviene hacer hoy? Nos conviene revisar nuestra vida para ver si la casa que estamos edificando es una buena casa o solamente es una apariencia.

 

Gálatas 6:1-5 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. 2Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 3Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. 4Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; 5porque cada uno llevará su propia carga.

 

En estos días que hemos estado recibiendo Palabra de Dios, es un tiempo bueno para reflexionar, para pensar acerca de la clase de obra que estamos edificando, y empezar a cambiar la madera por el oro, el heno por la plata y la hojarasca por piedras preciosas.