INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PRUDENCIA EN TUS PALABRAS

José Antonio Cano Mirazo

1 Reyes 4:29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.

 

La Palabra del Señor nos habla en este versículo de tres elementos importantes; Salomón, fue un gran rey porque Dios le dio estos tres elementos que habla la Escritura. Primero le dio sabiduría, mucho se ha dicho al respecto, cada vez que oímos la palabra Salomón, de inmediato pensamos en su sabiduría, de inmediato viene a nuestra mente y relacionamos la palabra con sabiduría.

 

El primer concepto que se menciona es la sabiduría. ¿Qué es la sabiduría? Dice la Biblia que el principio de la sabiduría es el temor de Dios, esto significa que si una persona teme a Dios pondrá por obra sus mandamientos, sus preceptos y sus estatutos; una persona sabia hará lo recto delante de Dios, hará a un lado todo aquello que está en contra de su voluntad, hará a un lado todo lo que va en contra del propósito de Dios y el sabio buscará sujetarse a lo que dice la Palabra.

 

Una persona sabia es aquella que conoce lo que Dios establece, es aquella que discierne entre lo bueno y lo malo; una persona pierde la sabiduría cuando no hace lo grato delante de Dios, y estamos hablando de un concepto diferente a la inteligencia, la inteligencia es otra cosa, hay gente muy inteligente que no es sabia, hay gente inteligente que utiliza su capacidad, su intelecto para hacer el mal, para defraudar, para robar, para hacer obras que van en contra de lo que Dios establece, una persona sabia no forzosamente tiene que ser una persona inteligente, al igual que una inteligente no forzosamente es sabio.

 

Sabio es aquel que busca a Dios, por eso, insisto, la Palabra dice que el principio de la sabiduría es el temor de Dios; cuando hay temor de Dios en una persona busca hacer lo grato delante de Él, busca caminar en rectitud, busca hacer lo que dice el Señor, siempre se apresura a hacer lo bueno, siempre se va a apresurar a que Dios se goce con él, ese es un sabio.

 

Segundo aspecto que menciona la Biblia en este versículo, es la anchura de corazón.

 

¿Qué significa anchura de corazón? Significa amor, Salomón, de acuerdo a la Escritura, no solamente fue un hombre sabio, Dios le dio una profunda capacidad de amar a sus semejantes, por eso le dice: Y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar; ¿Quién pudiera contar o calcular la arena que está en la orilla del mar? Nadie, y dice la Escritura: “esa anchura de corazón, yo te la voy a dar a ti Salomón” Y se la da, y pone un profundo amor en Salomón.

 

En muchas ocasiones he reflexionado sobre este versículo, a mí en lo personal me impacta mucho la vida de David, de Salomón, de Moisés, y seguido voy a la Escritura y reflexiono sobre estos puntos y veo que una persona no es y no puede ser sabia si no ama a sus semejantes, una persona que no tiene amor para con el prójimo no puede considerarse una persona sabia, no es sabia esa persona, si no tiene ese amor que procede de Dios, ese amor que dice la Palabra, ese amor ágape, no puede ser nadie ni nada y mucho menos podría ser sabio. El apóstol Pablo habla acerca del amor, precisamente sobre la importancia del amor.

 

1 Corintios 13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

 

Me impacta lo que dice la Escritura, podemos hablar muy bonito, podemos hablar en el entendimiento a los hombres, podemos convencerles de lo que queramos, puedo hablar, dice la Escritura, en lenguas angélicas porque tengo el Espíritu Santo en mi vida, porque las lenguas son un don de Dios, Dios se puede manifestar en mi vida, pero si no tengo amor, esas lenguas sonarán como suena un metal. Cuando golpeas fuertemente un metal, se oye un sonido que es molesto, ¿de qué va a servir que nosotros vengamos con una persona y le hablemos en el entendimiento o que vengamos delante de la presencia de Dios y oremos en lenguas angélicas si no tenemos amor? Eso va a ser un sonido espantoso que no será grato a Dios, así es una persona cuando no tiene amor.

 

Versículo 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

 

Es decir, puedes estar lleno de Dios, puedes tener tanta fe que puedas traspasar de un lado a otro los montes, una fe tan tremenda que puedas saber todos los misterios de la Palabra, puedas conocer la Palabra en profundidad, puedas orar por los enfermos, que Dios te utilice para profetizar, que Dios te pueda usar como un siervo para llevar bendición, pero dice la Escritura que si no tienes amor, nada eres.

 

Versículo 3a Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres.

 

Es decir, si tú haces obras de misericordia, ves por la necesidad de la gente, tretas de suplir y suples necesidades que hay entre la gente, entre los pobres.

 

Versículo 3b Y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

 

Y entonces puedo advertir que Salomón le pidió una cosa al Señor: sabiduría, porque Dios le dijo a Salomón: ¿qué quieres que te de? Te voy a dar lo que me pidas, ¿qué quieres? Y Salomón le dijo: no quiero riquezas, no quiero bienes, lo que quiero es sabiduría. Y Dios le dijo: te doy sabiduría, y dice la Escritura que Dios dio a Salomón sabiduría. Pero no era suficiente, Salomón no lo sabía pero Dios sí, y Dios le dijo: te daré la sabiduría que me estás pidiendo y vas a ser grande, y van a reconocer en todos los países tu grandeza, pero también te voy a dar algo más para que se puedas sostener y sustentar tu sabiduría, te voy a dar anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.

 

No puede ir una cosa sin la otra, una persona no puede ser sabia si no tiene amor, nuestro Señor Jesucristo cuando vino a la tierra a morir por nosotros, sabemos que lo hizo por un profundo amor, Jesucristo estaba con el Padre, estaba en el cielo y se dolió en su corazón de nuestra situación, no sé si tú en alguna ocasión has pensado en Jesús, cómo se encontraba él cuando estaba con el Padre antes de venir a la tierra, estaba a la diestra de Dios viendo a la humanidad, él no tenía ningún problema, él es Dios, él estaba con Dios.

 

Sin embargo mira la tierra y ve el pecado de la humanidad y ve que toda la humanidad está caminando derechito al infierno y se duele tanto que dice: Padre, esto no puede ser, hay que redimir a la humanidad, yo voy porque les amo, yo muero por ellos. Y nosotros vemos el evangelio y vemos que Jesús tiene un profundo amor, y pocas ocasiones nos detenemos a pensar en la sabiduría de Jesús, siempre pensamos en su amor, en su misericordia, en su bondad, en que si sanó enfermos, que echó fuera demonios, que compartió la Palabra, pero pocas ocasiones nos detenemos a pensar y decimos: qué sabio era Jesús.

 

Pasa lo contrario que con Salomón, con él decimos: qué sabio era Salomón. Nunca decimos: cuánto amor tenía Salomón, jamás, y dice la Palabra que Dios le dio ese amor profundo, Jesucristo no podía haber venido, compartido la Palabra, no podía haber sido ejemplo si no era sabio, si no tenía temor de Dios, estaba en su condición humana, fue profundamente sabio.

 

Y vemos nosotros en 1 Reyes 4, un tercer elemento que nunca hemos mencionado y que nunca se habla de él, yo todas las predicaciones que escucho en relación a Salomón siempre oigo hablar de su sabiduría, no hablamos del amor de Salomón; en una ocasión yo le decía al Señor: ¿cómo es posible que Salomón haya sido tan sabio y haya tenido 800 mujeres? No fue ni inteligente, transgredió la Palabra, fue en contra de la voluntad del Señor, no fue sabio ni inteligente en ese sentido y entonces habla aquí la Palabra de otro elemento.

 

El tercer elemento es la Prudencia.

 

1 Reyes 4:29ª Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes.

 

Dios le dio prudencia a Salomón. ¿Qué es la prudencia? El diccionario dice que la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales, la prudencia es la templanza, es la moderación, es el buen juicio, es la cautela, es la precaución; una persona prudente, dice el diccionario, es aquella que actúa con cautela y con recato. El diccionario bíblico dice que prudencia también es dominio propio, y  a mí me llama mucho la atención que Salomón le pida sabiduría a Dios y Dios le diga que sí le da sabiduría, pero también le da prudencia, y también le da amor,  ¿por qué? No podemos ser sabios si no tenemos prudencia, si no tenemos amor; no podemos andar en los caminos de Dios si no somos prudentes y esto a nosotros se nos olvida como género humano.

 

No estamos acostumbrados a ser prudentes, nos caracteriza la imprudencia, somos imprudentes los unos con los otros, en cualquier lugar, si vamos a un hospital a ver a una persona, queremos nosotros entrar primero, si llevamos a un enfermo, queremos que nuestro enfermo sea el primero que se atienda, no importa que otro esté más grave, queremos que el nuestro sea atendido primero, si no lo atienden rápido porque hay mucho trabajo, entonces le protestamos a la enfermera o a la trabajadora social, o al médico, no somos prudentes.

 

2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

 

Una persona que tiene a Dios en su vida, que ha nacido a una nueva vida, que ha bautizado y que ha descendido el Espíritu Santo sobre ella, es una persona que tiene por lo tanto poder, amor y dominio propio, y yo me pregunto, ¿para qué dominio propio, para qué prudencia? Para no equivocarnos, para hacer lo recto delante de Dios, la prudencia o el dominio propio, es el actuar no de acuerdo a nuestros propios intereses, no de acuerdo a nuestros sentimientos o a nuestros pensamientos, o de acuerdo a como nosotros vemos las cosas, no.

 

El dominio propio y la prudencia es sujetar nuestras pasiones, nuestros sentimientos y pensamientos y hacer lo que Dios establece, y no lo hacemos, si no tengo prudencia, si no tengo dominio propio, no puedo decir por lo tanto que tengo amor, ese amor ágape que procede de Dios, no puedo decir tampoco que yo tenga sabiduría porque tengo temor de Dios; yo no puedo decir por una parte que yo amo profundamente a Dios que Dios está en mí, que yo estoy haciendo lo que Él establece y por tanto soy un hombre sabio, y no soy prudente si no tengo dominio propio.

 

El problema del ser humano es que es pasional, no es prudente; a mí me impactaban las estadísticas que estaba viendo hace algunas semanas, donde decían que de todas las decisiones que le ser humano toma, el 85% lo hace de una manera impulsiva, son por impulsos, por las circunstancias, por el momento, por las situaciones que le rodean, pero de ningún modo es porque se hayan razonado, no eres prudente, no hay prudencia en nosotros.

 

Cuando veo que Dios le da sabiduría, prudencia y amor a Salomón, lógico, mi pregunta es, ¿Por qué? Podemos entender que un hombre sabio es todo y todo lo engloba, y no, no es así, un hombre sabio no tiene todo, no lo engloba todo, un hombre sabio necesita prudencia, necesita amor, si le falta alguna de estas dos, no podría ser sabio, lo dice la Palabra, si yo digo que cumplo con lo que Dios establece y no tengo prudencia, dominio propio, hermano, me estoy engañando, no estoy engañando a los que están alrededor aunque se den cuenta, yo me engaño y estoy pretendiendo engañar a Dios.

 

Si yo digo que soy siervo de Dios y no tengo prudencia, me estoy engañando, algo está mal en mi vida, si digo que soy cristiano, que he nacido a una nueva vida y que ya no camino como lo hace el mundo y no tengo prudencia, no me la van a creer; si no tengo dominio propio, me van a decir: eres el mismo de antes. Es muy común en el mundo escuchar decir, así soy, así me conociste, así he sido desde chiquito, hora que soy grande seguiré así y cuando me muera seguiré así. Sí, pero eso en el mundo, aquí en Cristo tenemos que ser distintos y no podemos ser iguales, aquí no podemos ser como éramos anteayer, tenemos que mejorar de acuerdo a lo que Dios establece y no podemos ser hoy como vamos a ser mañana, cada día tenemos que ir avanzando en el conocimiento de la Palabra y sujetándonos a la voluntad de Dios para ser sabios y hacer lo que Él establece, es sencillo.

 

Proverbios 2:1-6 Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la Prudencia, 3si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; 4si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, 5entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. 6Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

 

Salomón, este hombre que fue sabio, que tuvo prudencia y que tuvo amor, habla en este proverbio sobre lo que es la sabiduría, sobre lo que es la prudencia y te dice cómo tienes que ser para ser grato delante de los ojos de Dios, está atento a la sabiduría, está atento a todo lo que Dios te diga, a su Palabra para ponerla por obra, para hacerla como Él la establece, pero inclina tu corazón a la prudencia, tú debes tener dominio propio, ir cambiando de acuerdo a lo que establece el Señor. Y Salomón añade aquí otro concepto que es la inteligencia, si clamas a la inteligencia, es decir, sé inteligente para razonar correctamente las cosas, para hacerlas de acuerdo a lo que tiene que ser, y me llama mucho la atención que dice: Y a la prudencia dieres tu voz.

 

Da tu voz a la prudencia, es decir, habla lo prudente, no hables imprudencias, habla lo que tienes qué hablar, porque que cuando cumplas con todo esto, entonces entenderás el temor de Dios; y no se está refiriendo al que cualquier persona le pueda tener a Dios, no es eso, es algo mucho más profundo, es el respeto, el amor a Dios, el hacer su voluntad, tenemos que tenerlo.

 

Proverbios 24:3 Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará.

 

Hermano, con sabiduría edificas tu casa, tu iglesia, una amistad; con sabiduría puedes edificar lo que tú quieras, pero dice la Escritura que con prudencia la podrás afirmar, no se trata solamente de edificar algo, porque si tú edificas y lo dejas, se va a caer y se va a destruir, dice la Escritura que con prudencia podrás afirmar todo lo que hayas edificado. Si tú edificas una casa con sabiduría, ponle prudencia para que se afirme, si estamos edificando una iglesia con sabiduría siguiendo lo que Dios establece, tengamos prudencia para hacer las cosas dentro de lo que Dios establece para que se afirme.

 

Si estoy edificando una amistad, una amistad se edifica con sabiduría, pongámosle también prudencia para que la amistad se afirme. ¿Cuántas ocasiones empezamos una amistad y se viene para abajo y la derribamos porque no fuimos prudentes? Porque una persona nos empieza a tener confianza, nos comenta algo y entonces lo que  nos comentó, como existe otra persona a la que yo le tengo confianza, entonces se lo platico, y ya no hubo prudencia, ¿qué sucede? Entonces ya se corrió la voz y llega el momento en el cual la persona que estaba empezando una amistad y estaba abriendo su corazón para con alguien, al no haber prudencia, se derriba, no se puede afirmar esa amistad y se rompe y queda peor que antes, es peligroso.

 

Yo no sé cuántas veces te ha pasado a ti y no me digas que nunca, porque has hablado de los demás, no has sido prudente en tus palabras, no has dado tu voz a la prudencia, has sido imprudente, hemos sido imprudentes, no hemos tenido dominio propio para quedarnos las cosas, las confundimos. Cuántas ocasiones yo he escuchado la frase: es que soy muy sincero. Perdón, esa no es sinceridad, es falta de prudencia, el ser sincero no me da derecho a ser imprudente, aquí la Palabra no dice que Dios le dio a Salomón sinceridad, no, la Palabra dice que le dio sabiduría, prudencia y amor, y le tuvo que dar amor, y Dios nos tiene que dar amor y nos tenemos que arrodillar y pedirle amor por los demás porque si somos imprudentes, porque si no siento amor para con un hermano, para con una persona, ¿qué me va a importar ventilar su vida? Y eso es peligroso.

 

¿Cuánta gente no ha dejado la iglesia porque hemos sido imprudentes? No entiendo qué pasó, le hablé la Palabra, se la expliqué, recibió al Señor, y no viene, ¿por qué? Porque  fuiste imprudente, no hay prudencia en ti, no tienes dominio propio para refrenar tu mente, tu boca, para detenerla y decir: esto no lo debo decir, me lo debo quedar callado. Es que si me lo quedo callado, soy hipócrita. No es cierto, eres prudente lo dice la Palabra, si alguien me lastima y no soy prudente lo voy a ofender, lo voy a lastimar, pero si entiendo que debo ser prudente de acuerdo a la Palabra, que tengo el Espíritu Santo que es poder, amor y dominio propio voy a entender entonces que debo quedarme callado y debo superar ese problema, no tengo que estar atento a qué oigo para comentarlo, confundimos los términos y la Palabra nos habla de prudencia, sé prudente.

 

Proverbios 10:13 En los labios del prudente se halla sabiduría; mas la vara es para las espaldas del falto de cordura.

 

La Escritura no dice: y los labios del sincero tienen sabiduría. No, los del norte del país dicen: es que allá en el norte somos así de sinceros. Y son tan sincerotes, que rompen las amistades y nadie se les acerca, ¿quién lo va a hacer? Otro que sea igual de sincero que él o más, hasta que se encuentran la horma del zapato. La sinceridad, el decir lo que siento y expresárselo al hermano, no implica reclamarle algo, no, debo ser prudente, la Palabra lo dice, en mis labios debe haber prudencia y luego no la tenemos para nada.

 

Versículo 19 En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.

 

Si tengo la capacidad, el dominio propio de refrenar mis labios, de no hablar lo que no debo hablar, soy una persona sabia, prudente y no voy a pecar; pero dice la Escritura que el imprudente, el que habla de más, el que tiene la necesidad de hablar por hablar, no es prudente, es una persona cae en pecado. En ocasiones he escuchado argumentos para justificar una actitud, y van de pecado en pecado, de mentira en mentira, sé prudente en tus palabras, no hables de más, cuando hablas de más hay pecado.

 

La prudencia es una cualidad que se manifiesta, que sale a la luz, no es algo que está escondido, no, sale, brota, los que están alrededor lo van a notar; la imprudencia igual, si soy imprudente, los que platiquen conmigo, quienes estén a mi alrededor, quienes me oigan, lo van a notar, lo van a ver. El imprudente dice la Biblia, no refrena sus labios, no importa a quién tire, a quién golpee, a quién lastime, importa que lo dice, el imprudente habla sin dominio propio sin sabiduría.

 

Efesios 4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

 

Y me gusta lo que dice la palabra, yo voy a hablar y tengo que hablar algo que edifique a quien lo escuche, qué voy hablar a una amistad, a un conocido, en una reunión, en mi casa, tengo que hablar lo que edifique, eso dice la Escritura, que los que estén a mi alrededor oigan y reciban de gracia, pero desgraciadamente en muchas ocasiones pasa lo contrario.

 

El otro día me enteré de la preocupación de una hermana, que no quiere venir a la reunión de mujeres porque alguien le dijo que cuando fuera a la reunión de mujeres se iban a enterar de toda su vida y le harían chismes, entonces la hermana tiene miedo de venir. ¡Qué barbaridad! Que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, y por cierto, ¿cómo le hablas a tu cónyuge, a tus hijos? ¿Cómo hablas en tu casa? Con sabiduría, con prudencia, con amor, con palabras no corrompidas, ¿cómo le hablaste a tus padres, cómo les hablas cuando te reprenden, cuanto te piden algo, cuando te dicen que les hagas un mandado?

 

¿Cómo le hablas a los conocidos, a los hermanos de la fe? Con palabras de sabiduría, con palabras prudentes o con palabras corrompidas; porque hay hermanos que me dicen, es que en la casa mi papá nos ofende cuando se enoja. Pero, ¿cómo? Si aquí habla muy bien. Aquí, pero en la casa nos insulta, pero por favor pastor, no se lo diga porque se va a enojar y nos va a ir peor.

 

¿Cómo hablas? Porque la palabra habla de prudencia, de refrenar tu boca, de tener dominio propio y Dios nos da los medios para lograrlo porque dice la Escritura que el Espíritu Santo ha descendido sobre nosotros y es un Espíritu de amor, de poder y de dominio propio, no hay pretexto, si soy imprudente es porque no estoy ejerciendo lo que el Espíritu de Dios es y está en mí. Le pedimos al Espíritu Santo que nos dé prudencia, dominio propio para no cachetear a la hermanita que te saca de quicio, el dominio propio está en ti, ahí está el Espíritu Santo, ejércelo.

 

Si tienes en la bolsa cien pesos y tienes sed, vas y te compras un refresco, no volteas tus ojos a Dios y le dices: tengo sed, dame un refresco. No, simplemente sacas el dinero y compras el refresco y ya. Simplemente ejerce el dominio propio, la prudencia, no hables de más porque caes en pecado, así de fácil.

 

El Espíritu de Dios se había apartado del rey Saúl, él había pecado, había hecho lo no grato delante de Dios, se apartó Dios de él y un espíritu malo venía a Saúl y lo atormentaba. ¿Qué vamos a hacer? Este pobre rey está muy mal, está atrapado, tiene demonio y sufre mucho, ¿qué hacemos?

 

1 Samuel 16:18 Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.

 

Y habla siete características que tenía David, hermano, no es suficiente que digas: “Tengo al Señor conmigo” No es suficiente que digas: “Tengo a Dios pero además soy siervo de Dios, doy clases, comparto, ministro, libero, no es suficiente, eso lo hace Dios, hay algo que tu tienes que hacer y dice: Prudente en tus palabras, es una cualidad que debes tener como cristiano y la tienes que manifestar cada día de tu vida en donde tu te encuentres, te debe importar lo que Dios vea en ti, como estás, cual es tu actitud, como es tu corazón.

 

No importa qué trabajos desarrolles para el Señor, qué tan comprometido estés con la obra, no importa nada de eso, si no tienes prudencia, estás mal, tienes severos problemas que tienes que arreglar y Dios se duele en su corazón porque sabe que estamos mal, la prudencia es la manifestación de un corazón donde habita Dios, donde Dios se ha sentado a reinar, a gobernar tu vida, si Dios no gobierna tu vida, no tendrás prudencia, no puedes tenerla, seguirás haciendo lo que quieras y los de afuera seguirán diciendo: se dice cristiano. Y los hermanos dirán: tantos años en el ministerio y sigue igual.

 

La prudencia es la manifestación de un corazón donde está la plenitud del Espíritu Santo, de un corazón que está convertido a Dios, no que es simpatizante, sino que tiene conversión y que quiere agradar a Dios. ¿Tú sabes cuántas cosas le podía haber dicho nuestro Señor Jesucristo a los fariseos, a los saduceos, a cada una de las personas que estaban a su alrededor? Les podía haber sacado sus trapitos al sol, pero no lo hizo por prudencia. Dice la Escritura que Jesús conocía la intención del corazón de ellos.

 

Conocía su corazón, pero era prudente porque si no lo hubiera sido, hubiera tirado a muchos de los que estaban a su alrededor, y nosotros con nuestra imprudencia tiramos a gente que nos rodea, no permitimos que familiares se afirmen, que conocidos se sostengan, que hermanos en la fe se mantengan y crezcan en el Señor, no, les ponemos tropiezo, les ponemos zancadillas, los tiramos.

 

Proverbios 14:33 En el corazón del prudente reposa la sabiduría; pero no es conocida en medio de los necios.

 

Cuidado con tu soberbia espiritual, no te sientas más hermano, no eres más que nadie, ni digas como decía una persona cristiana que se quería hacer tan menos que decía: yo soy tan humilde, que de los siervos de Dios yo soy como el dedo más pequeñito de su mano, el más insignificante, yo toda humildad. No es cierto, no seas soberbia, no es la forma de manifestar humildad, no lo es, en el corazón del prudente hay sabiduría, en el corazón del necio hay imprudencia aunque conozcas a Dios y estés trabajando en algún ministerio, aunque te congregues, aunque vengas a las actividades, si no eres prudente tienes problemas.

 

Proverbios 16:23 El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios.

 

Una persona que es sabia no va hablar imprudencias con la boca, Salomón, no solamente fue grande por su sabiduría, fue grande por su prudencia, por su amor; sin la conjugación de estos tres elementos, sabiduría, prudencia y amor, Salomón no hubiera podido ser lo que fue, el rey más sabio que tuvo Israel.