INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

ES NECESARIO QUE YO MENGÜE

Antonio Ramírez

Juan 3:30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

 

Cuando Juan toma su ministerio, sabía perfectamente bien a qué venía, él estaba muy centrado en el mandato que él tenía, sabía que él venía a preparar el camino, sabía que él había sido el enviado para enderezar las sendas, porque Jesucristo nuestro Señor venía atrás de él, él iba preparando las cosas, el Señor lo había enviado, lo había preparado para ello.

 

Este versículo me llama mucho la atención por cuanto habló el Seño hoy. Dice el Señor que hay mucha tierra por delante. El Señor necesita obreros, y podemos advertir hermano, que es fácil no solamente el que se para aquí al frente mira las condiciones la iglesia, o mira las condiciones del pueblo, o mira las condiciones del mundo, cualquiera hermano, cualquier cristiano advierte las circunstancias que se están moviendo en el mundo, las circunstancias espirituales, las físicas, las materiales, no se pueden ocultar; todos podemos mirar, y alcanzamos a advertir que en la iglesia de nuestro Señor Jesucristo existe una decadencia; dice el Señor que los obreros son pocos y la mies es mucha.

 

Mucha gente está llegando a los lugares donde se alaba al Señor, hay muy pocos obreros, en el mundo la mies está preparada, no hay nadie que vaya, las iglesias no crecen, se mantienen en un nivel, las iglesias en muchas ocasiones, lejos de crecer decaen, no se levantan, y sin embargo, pareciera que no lo advertimos, o como que queremos ignorarlo, como que no es problema nuestro, como que vemos a la iglesia que está encadenada, y no nos preocupa por una razón, porque Juan sabía a lo que venía; Juan sabía perfectamente bien la orden y el mandato que se le había dado.

 

Hace muchos años, cuando nosotros recibimos a Jesucristo en nuestro corazón, pensamos que solamente era un dicho. y que nos dijeran: ¿quieres recibir a Jesús en tu corazón? Amén. Y lo recibimos. O en muchas ocasiones nosotros como cristianos, hacemos como hacíamos en el mundo, cuando invitábamos a alguien a nuestra casa;  lo sentábamos en un lugar y no le permitíamos que caminase, o que entrara en la recámara, en la cocina o en las áreas de nuestra casa. Y por muchos años nosotros hemos vivido condicionando a Jesús, porque ni siquiera nos hemos percatado de cuál es la orden o cuál es el mandato que Dios nos ha dado, y ahí está Jesús.

 

¿Tienes a Jesús en tu corazón? Sí. Y ¿cómo está? Está sentadito. Ahí, no se mueve para nada, no permito que se mueva. Oye, y ¿por qué no lo dejas entrar al baño? ¡No! Olvídate, lo dejo entrar al baño, y va a ver la porquería que tengo ahí. Bueno, pues por lo menos a tu recámara, no, a mi recámara nada más entra el segundo frente, pero ¿Jesús? No, él no puede entrar. Y nosotros tenemos a Jesús reservadito ahí. Cuando nosotros tenemos preocupaciones, cuando nos falta el dinero, cuando tenemos enfermedad, cuando vienen las circunstancias de crisis en nuestra vida, entonces si, nos acordamos que Jesús está ahí, y ahí lo tenemos para cuando se nos ofrece.

 

Juan sabía a qué había venido, dice: Bueno, es muy importante hacer lo que Dios me dice, tengo que preparar el camino, porque Jesús viene tras de mí, tengo que ir enderezando la senda, quitar todos los obstáculos, porque alguien viene tras de mí. Y la iglesia está teniendo decadencias porque no ha advertido que este versículo no lo dice la Biblia solamente por lo que pensaba Juan, o por lo que decía; sino que, la iglesia ha tenido decadencias porque no se ha puesto este versículo, porque cada una de las Palabras, así como son bendición, como son fortaleza, como son promesas, tenemos que ponérnoslas, porque son hechas a nuestra medida.

 

Ninguna de las promesas ni ninguna de las palabras que existen en la Biblia, nos van a quedar grandes, ni nos van a quedar chicas; porque Dios las hizo a la medida de cada uno de nosotros, pero no nos las hemos puesto, solamente leemos la Biblia y decimos: ¡Ah! Mira lo que dice Juan, dice que era necesario que él mengüara para que Cristo creciera.

 

¿Y nosotros? La iglesia está teniendo problemas, y si no se percata o no se da cuenta, el Señor habla y dice: Necesito obreros, necesito que haya alguien que trabaje, mira, ahí enfrente hay una tierra grande, la cual necesitamos preparar. Y el Señor siempre habla con tanto amor, con tanta misericordia; y ninguno de nosotros podemos entender la gran necesidad del mundo, y ponernos lo que nos corresponde para poder hacer lo que Dios quiere.

 

La iglesia está decayendo, en la iglesia podemos advertir que hay mentira, hay división, adulterio, idolatría, la iglesia no es fiel; la iglesia tiene soberbia; y eso es lo que está haciendo que la iglesia no crezca, por eso, el Señor está viniendo momento a momento, día con día a restaurar a su pueblo. Dios sabe nuestros pensamientos, sabe nuestras actitudes, pero lo que nosotros no sabemos es ¿para qué estamos en este lugar? ¿A qué hemos venido? ¿Para qué nos envía Dila allá afuera? Entonces, si nosotros no nos ponemos cada una de las palabras y de las promesas en nuestra vida, nunca nos vamos a dar cuenta para qué Dios nos envió.

 

Y precisamente hermano, yo quiero que voltees a ver a tu alrededor, mira cuántos hermanos hay tras de ti, que mires y que observes, y que verás las próxima semana que son los mismos, y que verás de aquí a quince días que son los mismos; y que verás dentro de un mes y van a ser los mismos, a lo mejor faltará alguno. Pero hay una razón, porque dice el Señor que la mies es mucha, pero los obreros son muy pocos; pero para que el Señor pueda obtener los obreros, para que pueda tener esos hombres y mujeres para enviarlos a trabajar, necesitamos sacar aquello que está estorbando en la iglesia.

 

Y casi por lo regular el cristiano dice: Es que la iglesia no crece porque el pastor tiene unas ideas medio raras. Es que, la verdad yo no voy porque los ministros, como que se visten cada ocho días con el mismo uniforme y ya como que ya me chocó. No pues yo la verdad, como que no me animo muy bien a servir, porque toda la vida hay que estar orando por los hermanos; y que dicen que tenemos que danzar y la verdad no me anima mucho.

 

Y siempre los cristianos empiezan a poner la mirada en alguien para poner un pretexto y no servir. ¿A poco tengo que ir a la iglesia el viernes también? Pues si apenas fui el jueves, no pues la verdad, así ya no me dan ganas; tantas cosas que tengo que hacer en mi casa, y tener que ir casi toda la semana.

 

Ayer le decía una persona a mi hija:  Oye, ya ni la amuelas, ¿cómo es posible que toda la semana estás en la iglesia? No, mamá;  haber, échale cuentas, bueno, el lunes ensayo, el martes es la célula, el miércoles es rudimentos; el jueves la oración, y el viernes y sábado ensayamos. ¡Ya viste! cómo toda la semana estás en la iglesia, ¿no te cansas? No, no me canso.

 

Y en muchas ocasiones los cristianos no se dan cuenta, y empezamos a poner pretextos, pero sin antes ponernos cada una de las palabras que nos quedan a la medida. ¿Por qué no te pones esa Palabra? No, porque esa no me conviene; no porque si me la pongo, entonces, voy a tener que empezar a bajarle a lo que soy, y Cristo va ir creciendo. Y Jesucristo lo que está diciendo aquí es que, no importa cómo te llames, pero tienes que menguar para que Jesucristo crezca. Y la iglesia va a crecer, cuando cada uno de los miembros empiece a menguar de lo que es. ¿Qué es lo que tienes en tu corazón, qué es lo que te está estorbando, lo que te impide para poder lograr la obra de Dios? Eso hermano, tiene que ir menguando.

 

En la iglesia hay apatía, hay chismes, murmuraciones, desamor, tradiciones, costumbres, infidelidad, soberbia,  orgullo, amargura, dolor, angustia, enfermedad, confusión, falta de fe; si alguna de estas cosas hermano, hay en tu vida, estás en decadencia, porque Jesucristo nuestro Señor, cada semana, cada tercer día, cada vez que hay un servicio, Dios está viniendo para sanar tu corazón; y esas cosas hermano, ahí donde tu vez en tu interior, es muy importante que empiecen a menguar.

 

Menguar, significa disminuir, bajar, dejar de ser lo que eres; no es fácil, si fuera fácil, todos los de allá afuera, serían cristianos porque sería sencillísimo cambiar, dejar de ser borracho, adúltero, idólatra, dejar de ser lo que son. Pero como no es fácil, entonces aquí hay bien poquitos, intentando dejar de ser lo que somos, y no es sencillo; por eso esta Palabra nadie se la quiere poner, porque ¿cómo voy a dejar de ser el que regaña en la casa, si se me van a subir a la barba? ¿Cómo voy a dejar de ser el que predica buenos ejemplos, si no me van a seguir? Y es difícil dejar de serlo. Es muy importante que nosotros podamos advertir que cada una de las actitudes que nosotros afloramos, eso es lo que somos.

 

Y nos lo dice el vecino, nos lo dice la familia, los que nos miran de lejos, y nosotros ni en cuenta, oye ¿eres cristiano? Sí, si soy cristiano; pues ni se te nota. Cuando nos dicen que somos cristianos, hasta nos peinamos, pero cuando nos dicen que ni se nos nota, por el carácter que tenemos, mejor ni lo decimos.

 

Es muy importante que cada uno de nosotros empecemos a menguar, ¿qué eres tú, qué tan difícil es para ti, qué tan problemático podría ser para tu vida, dejar de ser lo que eres? ¿Sabes? No importa que tan problemático te sea, que tan difícil sea para ti; lo importante es que Dios nos está dando la promesa de que nosotros si podemos resistir, y si la Palabra de Dios dice que tenemos que menguar para que Cristo crezca, significa que sí lo podemos hacer, y que sí lo vamos a lograr.

 

Es importante que nosotros aceptemos lo que está escrito en la Biblia, porque es una Palabra verdadera; y cada una de las palabras que son bendición, las guardamos y nos las llevamos y queremos que todas las bendiciones sean para nuestra vida. Pero cuando Dios nos manda a trabajar, o nos manda dejar algo que no le agrada, entonces si las empezamos a rechazar; y nos hacemos los sordos. Pero esta Palabra es una Palabra viva y eficaz, y aunque creas que no le haces caso, dice la Biblia que la Palabra es como espada de dos filos, y va a entrar hasta tu mente, tu corazón y hasta los tuétanos de tus huesos; y va a ser imposible detenerla; esta Palabra es para ti, porque Dios la dejó para cada uno de nosotros.

 

Salmo 58:3 Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.

 

La mentira que exista en la iglesia, o el hombre que exista con mentira, está descarriado, está apartado; porque la mentira es pecado, y la mentira aparta al hombre de Dios; y si en la iglesia existe la mentira, entonces lo que el Señor está deseando, que dice que quiere obreros, y que hay una tierra por delante que hay que trabajar, querido hermano, hasta que la mentira no salga de nuestro ser, nosotros no podemos servirle a Dios, y precisamente por eso el Señor nos trajo a este lugar. ¿Por qué? Porque quiere que su iglesia sea un pueblo sano del alma, un pueblo santo de mente y de corazón, un pueblo que empiece a buscar la perfección y la santidad de nuestro ser; para que el propósito de nuestro Dios se pueda cumplir, y si hay mentira en la iglesia, entonces la iglesia está en decadencia.

 

Decía el Señor en la profecía que hay cosas de la carne que nos están arrastrando, y hay cosas que estamos haciendo que no van de acuerdo a su propósito; el chisme y la mentira, destruyen cualquier obra, es más, dice el libro de Santiago que se enciende la rueda de la creación con los chismes; y cuando estamos delante de la presencia del Señor, sujetamos la lengua y hasta apretamos los labios, pero cuando nos descuidamos, esa lengua puede destruir la rueda de la creación que es la obra de Dios.  Si nosotros no tenemos cuidado querido hermano, si nosotros no podemos advertir lo que existe en la iglesia, la iglesia está en decadencia, y entonces el propósito de Dios no se va a cumplir, y cada una de las cosas que se van a ver hoy querido hermano, vamos a tener que sacarlas, porque de otra forma no se va a poder lograr el propósito de Dios, porque menguar significa dejar de ser lo que somos.

 

Salmo 58:3a Se apartaron los impíos desde la matriz.

 

El pecado siempre ha existido, los pecadores están apartados del Señor; y si nosotros querido hermano, aún anidamos en nuestra alma, y en nuestro corazón ese pecado, tenemos muchos riesgos, nos estamos apartando de la presencia de Dios. La manifestación de Dios en este lugar existe por la gran misericordia de un Dios vivo que nos ama, no es porque nosotros seamos bonitos, porque es el único día que nos arreglamos muy bien, o porque decidimos venir desde tal lado a este lugar, no, la manifestación se mueve en este lugar por pura misericordia de nuestro Dios

 

¿Qué significa? Que el Señor está viniendo a este lugar porque nos ama, y porque él desea lograr lo que hay en su corazón para nosotros: un cambio radical. Empezar a dejar las cosas que nos están estorbando, pero sin embargo, a nosotros nos gustan, a nosotros nos encantan, nos encanta hablar de más, echarnos de vez en vez una mentirita, luego una mentira, después una mentirota, y luego una mentirosísima; y nos encanta, pero eso a Dios le estorba porque eso nos separa de su presencia.

 

El Señor aún no termina de seguir ofreciendo todo lo que tiene para cada uno de nosotros, porque a pesar de que nos conoce, y que sabe cómo somos, está confiando en que vamos a tener un cambio, y por eso nos promete, por eso nos da y nos dice: Camina y verás que ahí encontrarás la sanidad, camina y ahí encontrará bendición, y mira que ahí está la tierra prometida, y mira y verás grandes bendiciones. Porque el Señor está confiando en que un día nosotros vamos a cambiar, pero para ello, nosotros tenemos que caminar conforme y su propósito. No debemos hacernos los ciegos ni los sordos, porque realmente el Señor quiere que entendamos lo que nos está diciendo.

 

Isaías 59:2 Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

 

Y luego nosotros nos hacemos los occisos: no, yo no dije nada. Pues no habrás dicho nada pero los hermanos no se hablan. Pero yo no tengo la culpa. Y sin darnos cuenta estamos provocando división, y hacemos mucha división en el pueblo de Dios, cuando dice en su Palabra que la gente se daría cuenta que somos discípulos por el amor, por la unidad. Siempre debemos mostrarnos unidos, hay un dicho en el mundo que dice: Ah, pero como se pelan esos cuates, hasta parecen hermanos. Porque saben que los hermanos siempre se están peleando, siempre están divididos, nunca se apoyan; y la división está provocando que la iglesia no crezca.

 

Siempre hay división: No, pues yo no estoy de acuerdo con lo que dicen ahí. ¿Cómo voy a estar de acuerdo, si nada más cantaron ocho alabanzas y yo quería diez? Apenas estaba entrando en el mover, y ya se acabó, no, yo mejor me voy a ir a la otra iglesia, porque ahí cantan antes de la predicación, después de la predicación; y cuando nos vamos hasta nos despiden con coritos, ahí si voy a ir. Y siempre estamos en desacuerdo. No, pues yo la verdad mejor voy el viernes, cuando le toca al hermano Gustavo predicar; porque se avienta hora y media de predicación.

 

Otros piensan: Es muchísimo tiempo hermano, hora y media; una predicación de un cuarto de hora, pues todavía; hasta como que me sabe, pero ¿hora y media? Y nunca estamos de acuerdo, porque siempre queremos las cosas a nuestra conveniencia, llegar y que los hermanos nos reciban, que te pasen del brazo, y te den un lugar en primera fila para que puedas mirar todo lo que acontece en la iglesia.

 

Y siempre buscamos la forma de dividir, y la división está provocando que la iglesia caiga; porque unos caminan para un lado, otros caminan para otro; y unos quieren apresurar el paso y otros se van frenando, porque no hay un acuerdo. Y dice la Palabra del Señor que donde están dos o tres reunidos y están de acuerdo, ahí es donde está el Señor, y será entonces, cuando haya un acuerdo en la iglesia, cuando se acabe la división. Cuando se acabe todo aquello que está provocando que el hermano de este lado, ya no le hable al de aquel lado; porque de este lado no danzan y allá sí danzan, y entonces, hay una división, y de eso no se trata, se trata de que haya una unidad y de que haya amor. Eso es lo que va hacer realmente que los demás vean que Jesucristo vive en nuestro corazón, que él está haciendo cosas grandes en medio nuestro. Esa es la única forma.

 

Y Jesús, ¿qué tal cómo va en tu corazón? No, pues apenas empezó a quitar el orgullo, y conste que no soy vanidoso. Y apenas empieza Dios a hacer una obra en la persona. Siempre ha estado Jesús ahí, ¡bendito sea nuestro Dios que es bien paciente! Que si no fuera así, ya no estaría con nosotros. En verdad, pobres de nosotros si Jesús no fuera paciente; pero bendito sea él, que aún siendo como somos, él está ahí siempre y está pendiente, solamente está esperando a que tu le digas: Señor, en este momento actúa en mi corazón. Y Él está pendiente para hacerlo, está esperando a que se le dé la oportunidad para crecer en medio nuestro.

 

Qué terrible es esto. Sabiendo que Jesús es el Señor de señores, el Dios de dioses; él está esperando a que nosotros le demos una orden. Él es el Señor, y nosotros somos los que deberíamos estar siempre atentos, para que en el momento en que Dios nos hable, en ese momento hacer las cosas; pero actuamos al revés. Jesús siempre está atento y esperando a ver qué es lo que le vamos a decir para que pueda actuar, él se sujeta a nosotros, y no debería ser así.

 

Jesús es el Señor, es Dios; nosotros tenemos que sujetarnos a lo que él dice, aunque nos duela, aunque no nos parezca, aunque no nos guste; porque él es el Señor y no se equivoca; si Él te dice que tienes que ir por ahí, pues ve: Es que está muy oscuro. Ve, porque Dios te está mandando. Tenemos que sujetarnos a lo que Él dice, y muchas veces hacemos lo contrario.

 

Tenemos que advertir que si hay división en nuestro corazón no podremos afirmarnos, tenemos que empezar a juntar, a unificar nuestra alma, corazón y espíritu; para que podamos lograr ser instrumentos de nuestro Dios; de otra forma no va a poder ser, porque si Dios dice una cosa y tú haces otra, jamás se va a poder lograr el propósito de Dios. Entonces necesitamos sujetarnos a lo que Él dice, para que hagamos su voluntad aunque no nos parezca. Esa es la única forma de que se acabe la división, y si el ministro o los ministros te dicen que hagas una cosa porque son normas de la iglesia, perdóname hermano, pero tienes que hacerlas, porque si no, la iglesia corre riesgos, se levantaría una división, y a través de las divisiones se rompen los lazos de amor; y no importa si la iglesia es pequeña, es grande o si es una iglesia de multitudes, es una norma.

 

Dice la Palabra de nuestro Dios, que si un reino esta dividido, no prevalece, y no importa si es de Dios, si es del diablo; si no hay unidad, se desvanece todo lo que exista, tu vida, tus proyectos, tu negocio, tu visión. Por eso en el libro de los Hechos dice el Señor que ellos estaban unánimes, juntos; y hubo un derramamiento tremendo, y Dios se está manifestando de una forma increíble. Imagínate nada más querido hermano, cuando haya una unidad tremenda en la iglesia, cuando se acabe la división, la mentira, cuando se acabe aquello que te está apartando de la presencia de Dios, hermano; va a ser un derramamiento tremendo pero Dios nos está preparando para ello.

 

Precisamente por eso Dios nos está diciendo que tenemos que mirar estos puntos que están haciendo que la iglesia, lejos de crecer está decayendo; y lo que Dios quiere es que la iglesia crezca, porque hay una gran promesa, que es una iglesia de multitudes, y que el derramamiento del Espíritu va a ser de una forma impresionante. Pero todos estos obreros, todos éstos que Dios ha llamado, el Señor quiere que se preparen, que dejen la división, que haya unidad, que haya amor, que todo sea acorde, armonioso y  conforme a lo que Dios desea, esa es la única forma.

 

Tenemos que advertir que la división, muchas veces la tenemos en el corazón, y que estamos provocando división en la iglesia, y muchas veces aún con la familia misma, y debemos tener cuidado porque eso a Dios no le agrada. 

 

Proverbios 6:32 Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace.

 

El que comete adulterio corrompe su alma. Dios sabe nuestros pensamientos, Dios no descubre a nadie; dice el Señor: Aquél que está cometiendo el pecado de adulterio, tiene un grave problema, su alma está corrompida y por lo tanto, se separa de la presencia de Dios; porque lo único que aleja al hombre de Dios, es el pecado.

 

Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

 

El Señor conoce perfectamente que las cosas de la carne, son las que nos están apartando de su gloria; en muchas ocasiones no nos damos cuenta de lo que hay en nuestro corazón, y descubrimos que tenemos todas las obras de la carne ahí en nuestro corazón. Pero hermano, si está lleno tu corazón de todo esto, dice la Biblia:  que tu alma está corrompida,  que estás apartado de Dios.  Y Él te está llamando querido hermano, a que en este momento, este corazón el cuál Dios está abriendo, y está mostrando las cosas que existen en nuestro interior, sean quitadas.

 

El menguar quiere decir que se tienen que quitar cada una de las cosas que se acaban de leer, porque esos son adulterios, y es algo que no se puede ocultar. Tal vez no te lo diga un hermano por amor, pero el vecino como no te quiere, te lo va a decir en tu cara; y te va a señalar en tu cara, por ese pecado que está siendo manifiesto;  lo tienes que quitar de tu vida, ¿quién pondría a los vecinos como jueces? Son los primeros que se quieren quedar como están, porque ven que andamos tirados en el lodo, y que no tenemos temor de Dios, porque no hacemos lo que predicamos.

 

A veces no nos damos cuenta que las cosas de la carne son manifiestas, y se ven, y se notan, aunque la gente no conozca las cosas espirituales, sabe qué actitud debe tener un cristiano; aunque no lean la Biblia, por naturaleza saben cómo debe ser el comportamiento de un cristiano; y se dan cuenta inmediatamente de nuestro pecado,  porque son cosas que se reflejan, son cosas que la gente advierte inmediatamente. Y esas son las cosas que Dios quiere que empecemos a quitar.

 

Si cada uno de nosotros se empeña en que Dios haga la obra en nosotros, pero nosotros menguamos y dejamos que Él crezca en medio nuestro, hermano Él va a hacer cosas tremendas, yo lo he vivido; he mirado las cosas, las promesas que Dios tiene para este lugar, las he analizado y digo: Señor, ¡qué grandes obras y maravillas estás mostrando!. Pero para verlas y hacerlas necesitamos prepararnos.

 

Y eso del adulterio, también es cuando cambiamos a Dios, no nada más en lo carnal, también es en lo espiritual; cuando nosotros no vemos respuesta de Dios, y buscamos a otro dios. En una ocasión un hermano tenía una gran necesidad, y le comentó a un hermano: La verdad estoy desesperado, tengo un problema económico terrible. Este hermano me había compartido del evangelio, yo tenía mi fe bien cimentada en el Señor, y le dije: Hermano, pues hay que pedirle al Señor que nos ayude. Y me contestó: ¿Sabes qué? Yo creo que mejor compro un boleto de lotería. -Pero eso es del diablo hermano- Ah, pero el diablo también nos puede echar la mano ¿no?.  ¡Eso es adulterio! porque estás cambiando a tu Señor, y le estás dando la fe, la prioridad, le estás dando todo lo que tienes a otro señor, eso también se llama adulterio, estás fornicando.

 

 

No importa la condición que tu estés viviendo, no importa las circunstancias que vivas, el Señor de tu vida se llama Jesucristo, él es el Señor de tu vida, y Él es el único al que le vas a dar tu tiempo, tu amor, tu vida, tu familia y obedecerle. Sí es difícil, pero Él es el Señor, es el que nos manda, nos gobierna, es nuestro Pastor, el que nos guía. Él mismo se despojó de sí mismo, y logró llegar a la diestra del Padre. Si nosotros logramos despojarnos de lo que somos, del viejo hombre, de los vicios, de las fornicaciones, de las mentiras, de los chismes, hermano, yo te aseguro que ya estamos listos, para menguar y que Él crezca en nosotros.

 

Jesús de hecho dice: Están sentados en lugares espirituales celestiales. Jesús ya lo da por hecho, pero nosotros tenemos que esforzarnos; hay un premio, un galardón; el galardón que Jesucristo obtuvo, es estar a la diestra del Padre, y dice la Palabra, que Jesucristo nos comparte de su reino; de lo que el Padre le dio, es de lo que nos va a dar a nosotros también; y ahí vamos a estar, a la diestra del Padre con Jesucristo, porque es lo que Dios quiere.

 

Mateo 15:6 Ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.

 

Y así como en muchas ocasiones nosotros hemos perdido el respeto por nuestros padres, así como ya no nos inclina obedecerlos o hacerles caso, así desobedecemos a Dios por las tradiciones, y no nos preocupa desobedecer a Dios, por nuestras tradiciones; porque es una costumbre que traemos. -Oye ¿por qué ese carácter? Porque soy Ramírez, así era mi papá.

 

Y no queremos dejar nuestras tradiciones: Oye ¿y qué vas a hacer para noviembre? Pues nada más voy a hacer mi pan, ya no voy a poner ofrenda, pero por costumbre, voy a hacer mi pancito, con su crucecita arriba. Y dejamos las cosas de Dios, porque queremos seguir arrastrando las tradiciones. Hay iglesias querido hermano, que no permiten que el Espíritu Santo fluya, porque dicen que por la tradición, y por la costumbre no se debe de danzar, de aplaudir, no hay profecía, ni tampoco se debe de levantar las manos; porque nos enseñaron que eso no se hace en la iglesia.

 

Y entonces nosotros impedimos que el Espíritu Santo fluya, y venga, y se muestre con poder. Necesitamos cortar y romper con tradiciones y costumbres, si la iglesia de Jesucristo no deja sus tradiciones, perdónenme, pero estamos invalidando el mandamiento de nuestro Dios, y es importante que como cristianos, como iglesia nos pongamos esa Palabra que dice el Señor: Menguar yo, para que él crezca.

 

Jeremías 50:32a Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante.

 

El soberbio caerá, y la soberbia también se nota hermano; y hace que la iglesia también decaiga, y entonces el orgullo y la vanidad florecen, y queremos ser más que el pastor, más que los ministros, más que los hermanos, y lejos de amar a los hermanos; como tenemos soberbia, entonces, les queremos poner el pie encima, porque siempre quieren ser más.

 

La soberbia aparta al hombre de Dios, y el Señor quiere que nosotros miremos cada uno de los detalles, porque en verdad está preocupado, el tiempo ya llegó, Dios ya dio, falta que nosotros lo tomemos y lo ejerzamos.

 

Todo aquello que está apartando tu vida del Señor, échalo fuera hermano, no permitas que el enemigo siga apartándote de la gloria de Dios; porque el Señor está haciendo una obra grande, y es tan poderoso Dios, es tan grande; que si tú no lo aprovechas, no sé que va a ser de ti; necesitamos que el Espíritu Santo empiece a fluir en tu vida.