INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SUMO GOZO EN LAS PRUEBAS

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Santiago 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.

Existen problemas, tribulaciones, dificultades, adversidades; vivimos cosas negativas que nos pasan y muchas ocasiones levantamos nuestra vista y le preguntamos al Señor: ¿qué está ocurriendo? ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué estoy viviendo esto? Hay hermanos que dicen: vine a Cristo y tengo problemas, yo creí que los problemas se iban a terminar. Y tengo enfermedades o me está pasando esto, o el otro; ¿qué es lo que sucede?

En primer lugar yo te quiero comentar que con convertirte en cristiano, hacerte cristiano no te libra de los problemas, no te libra de las dificultades, no te libra de las adversidades. Aunque existen muchos creyentes, muchos cristianos que predican diciendo: conviértete a Jesucristo y todos tus problemas se van a acabar, eso no es cierto, eso es falso, eso no sucede así. Predican una Palabra tergiversada, equivocada y la verdad es que cuando nosotros venimos a nuestro Señor Jesucristo seguimos teniendo problemas, seguimos con adversidades, con dificultades, con enfermedades.

Yo recuerdo el testimonio de una hermana, antes de conocer al Señor estaba llena de problemas, se le compartió la Palabra, se le habló de la salvación que es nuestro Señor Jesucristo, se le hablaron las verdades espirituales, y entonces ella abrió su corazón, recibió al Jesús, se convirtió y un día pasó a dar testimonio y dijo: "Yo le doy gracias a Dios porque antes yo tenía cantidad de problemas, estaba llena de problemas y estaba desesperada, yo no sabía qué hacer. Había momentos en los cuales aún yo pensaba hasta en quitarme la vida, y dice, le doy gracias a Dios, porque desde que lo conozco, desde que le recibí en mi corazón sigo teniendo exactamente los mismos problemas, pero ahora mi actitud hacia ellos es distinta, mi corazón hacia esos problemas es diferente. Ya tengo gozo, y un gozo permanente".

¿Qué es el gozo? El gozo es una actitud interna que hay en nosotros. El gozo es algo que está en nosotros porque sabemos que Cristo Jesús está en nuestra vida y que nosotros tenemos salvación. La alegría es una manifestación externa, la alegría normalmente está unida a las circunstancias que nos rodean. Si a mí me va bien en el trabajo, bueno pues puedo tener alegría; si me va bien con mi esposa, bueno puedo estar alegre. Si mis hijos están caminando conforme y yo les establezco, conforme y yo les marco las normas en mi casa, puedo estar alegre. Si voy por la calle y las cosas están muy bonitas, hay un bonito sol que no me afecta, pues puedo estar alegre.

En fin, nosotros nos ponemos alegres por muchas circunstancias que están a nuestro alrededor. Sin embargo, el gozo es algo interno el cual permanece siempre sin importar las circunstancias que nos rodean. No importa qué es lo que yo esté viviendo; no importan las circunstancias, no importa si mi esposa está de malas, si mis hijos están molestos o les está yendo mal, o si en mi trabajo tuve problemas con mi jefe. Si el vecino está enojado por alguna razón conmigo; no importan esas circunstancias, yo tengo gozo en mi interior por una razón: Porque Cristo Jesús está en mi vida. Y yo estoy gozoso por ello y yo debo mantener mi gozo siempre.

¿A qué voy? Dice la Palabra del Señor en Santiago que nosotros debemos tener por sumo gozo cuando nos encontremos en diversas pruebas, es decir, esa actitud interna que debe haber en nuestro corazón cuando estamos bien, debe permanecer cuando hay situaciones adversas que nos rodean.

¿Qué es una prueba? Una prueba son las adversidades, los conflictos, son enfermedades, problemas, todo aquello negativo que nos ocurre son pruebas. Pruebas que vienen y golpean muchas ocasiones a nuestro interior, vienen y golpean nuestro gozo y nosotros nos debilitamos. Y decimos: ay, pero cómo es posible si yo soy cristiano, yo soy hijo de Dios, ¿por qué me está pasando esto? Y entramos en unos problemas internos de tristeza, y muchas ocasiones de depresión muy tremendos. Cuando la Palabra del Señor nos establece que nosotros siempre debemos estar gozosos, y además nosotros siempre en las pruebas, es decir en las circunstancias adversas, debemos mantener no solamente el gozo sino un sumo gozo, un gran gozo.

Y esto es difícil, y esto el mundo no lo puede entender y va a decir: cómo es posible que tú te goces si tus circunstancias no son buenas. La verdad es que ustedes los cristianos, los aleluyas están locos, no los entendemos. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados en el mundo a estar contentos cuando nos va bien. Y cuando nosotros leemos en la Palabra que tengamos un sumo gozo, un gran gozo cuando estemos en adversidades, pues esto es algo que nos puede golpear en nuestra mente, en nuestro intelecto.

El apóstol Pablo, un varón de Dios, habla del gozo y dice, gozaos siempre en el Señor, regocijaos en el Señor, una vez más os digo gozaos en el Señor. Y a mí me impresionan mucho estas palabras de Pablo, sobre todo que las estaba diciendo cuando estaba en la cárcel. Y les está hablando a los cristianos que estaban afuera que tuvieran gozo. Resulta que Pablo que estaba adentro de la cárcel tenía más gozo que los que estaban fuera. ¿Por qué? Porque a Pablo no le importaban las circunstancias, le importaba lo que había en su interior.

Y así nosotros debemos ser, que no importen las circunstancias que nos rodean, el gozo del Señor siempre debe estar en nuestro corazón. Muchas veces nosotros consideramos que como cristianos no debemos tener problemas, no debe haber enfermedades, no debe haber conflictos, no deben haber dificultades. Pero aún nuestro Señor Jesucristo las tuvo, y él las tuvo que enfrentar; y él nos profetiza además que las vamos a tener. Y esto a mí me impresiona porque también el Señor hace un momento, en la profecía, hablaba al respecto, hablaba en relación a las pruebas. Y gracias Señor porque de verdad tu pueblo necesita saber qué le está ocurriendo, por qué le vienen pruebas.

Juan 15:20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

Y la Palabra de Dios nos establece algo claro: nuestro Señor Jesucristo tuvo problemas, y a nuestro Señor Jesucristo lo persiguieron; enfrentó situaciones difíciles, tuvo pruebas que él tuvo que pasar. Y dice el Señor: pues si a mi me pasó, cuanto más a ti. El ser cristiano no te va a librar de las pruebas, al contrario te va a meter en las pruebas.  El Señor te va a tomar y te va a meter para que tú pases por pruebas, y así deberá ser.

1 Pedro 1:6-7  En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

Y yo miro lo que dice Pedro y veo que es más impactante que lo que nos estaba diciendo Santiago. Santiago me dice: cuando tengas pruebas tómalas por sumo gozo, que haya un gran gozo en tu corazón. Y aquí Pedro ya me está diciendo que es necesario que yo pase por pruebas, y está diciendo además que yo tengo que ser afligido. No está diciendo el apóstol: ¿sabes qué hermano en cristo? Cuando tengas pruebas no te preocupes todo va a ir bien, vas a salir bien; que vengan las pruebas no importa tú te vas a sentir a gusto y te vas a sentir feliz. ¡No! La Palabra dice: vas a estar afligido, y sabemos que las aflicciones no nos gustan, nos causan dolor, nos causan problema.

Pero dice: es necesario que todo esto venga. ¿Por qué? Porque tienen un propósito de Dios. ¿Qué es una prueba? Una prueba es comprobar lo genuino de algo. Es decir, que cuando yo enfrento una prueba, yo estoy comprobando que efectivamente soy lo que digo ser. Yo digo ser cristiano, tiene que venir una prueba para que yo demuestre que verdaderamente yo soy genuino, que soy un verdadero cristiano. Tiene que venir una prueba para que en verdad vea que mi gozo es genuino. Tengo que ver a través de la prueba que mi fe es genuina. Que yo no simplemente acepté a Jesucristo por un acto de emocionalismo, sino que verdaderamente yo estoy convencido que Cristo Jesús es el Señor y Salvador.

Y ante esta situación yo no me voy a mover, no importa la prueba que venga, yo tengo que permanecer de acuerdo a lo que dice la Palabra. Yo tengo que demostrar a través de la prueba, tengo que comprobar lo genuino de mi fe. Y cada uno de nosotros lo tiene que comprobar, tú lo tienes que comprobar. Existen hermanos que llegan al Señor, empiezan a caminar en su Palabra y se enfrentan con una aflicción, con una prueba, se enfrentan con una tribulación, con algo que no esperaban; y de inmediato la pregunta es ¿cómo es posible ahora que ya empecé a caminar en el Señor, que tenga estos problemas? ¿Por qué? Porque tu fe tiene que ser probada, no hay de otra. Tu fe se tiene que probar y dice la Biblia la manera en que hay que probarla.

Versículo 7a  Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego.

El oro, para que sea un oro puro, usando una palabra bíblica, refinado, se mete en un crisol, se pone fuego, y se funde el oro. Entonces todas las impurezas que tiene el oro, suben y esto se llama escoria. Toda esa escoria, esa impureza sube y es quitada. Es una especie de nata, que se quita, se limpia. Y sigue hirviendo en fuego ese crisol, y las impurezas siguen subiendo, se siguen desprendiendo. Y entonces se juntan, se quitan todas las impurezas, toda la escoria, se retira. Y conforme más se va quitando la escoria, la calidad del oro va siendo mayor.

¿Qué significa esto? Dice la Palabra que el buen oro se tiene que probar, y así se hace. Nuestra fe es lo mismo, nuestra fe tiene que ser sometida al fuego, tiene que estar metida en el fuego de una manera constante para probar que verdaderamente es una fe de calidad. Yo no puedo decir que mi fe está firme, que mi fe está muy bien cuando yo no he enfrentado pruebas en donde se manifieste qué clase de fe tengo.

Hay ocasiones en que nosotros decimos: es que mi fe está muy firme y yo estoy firme en el Señor y a mi nada me va a mover. Y a la primera prueba, a la primera situación adversa, entonces nuestra fe se derriba, dejamos de asistir a la iglesia, dejamos de venir a los diferentes servicios que existen, dejamos de participar en los eventos, dejamos todas las actividades; aún nos enfriamos, empezamos a llegar tarde a los cultos y llega el momento en que ya no venimos. Preguntamos a la persona que está en esta situación, ¿qué es lo que te pasa? Ah es que tuve un problema así, así y así; me decepcioné y por eso ya no regresé a la iglesia. Es que Dios no me contestó, es que yo esperaba otra cosa... Y encontramos una serie de problemas cuando Dios probó la fe.

Y nuestra fe querido hermano tiene que ser probada, y va a ser probada siempre porque ésta es la manera para que nosotros crezcamos, para que nosotros maduremos, no hay otra forma. La única forma existente para ver cómo se encuentra tu fe para ver si es firme es a través de la prueba, no hay otra. Tú recuerda cuando nuestro Señor Jesucristo vino y le dijo a Pedro: Pedro, Satanás te ha pedido para zarandearos como a trigo. ¿Qué le estaba diciendo nuestro Señor Jesucristo? Le estaba diciendo: Pedro, va a venir una prueba, va a venir aflicción sobre tu vida, va a venir tribulación, va a venir conflicto, va a venir algo adverso, y ¿sabes qué Pedro? No hay forma de librarte. Jesucristo le dijo: Mas yo he pedido al Padre que tu fe no falte.

Uno al leer eso, podría pensar: Señor Jesús estás a la diestra del Padre, le pudiste haber pedido que no le llegara la prueba, que no lo zarandeara como a trigo. Pero no, el Señor ora al Padre, y le pide que la fe de Pedro no falte. Y eso a mí me impresiona porque puedo ver cómo muchas ocasiones viene el enemigo y nos zarandea, zarandea nuestro corazón. El trigo es un simbolismo del corazón. Por lo tanto dice la Palabra que vino a zarandear el corazón de Pedro. Y lo zarandeo de tal manera que Pedro tres veces negó al Señor Jesucristo. Cuando aún el Señor le había dicho, me vas a negar. Pedro le dijo: No Señor, cómo crees que yo te voy a negar, antes bien yo daría mi vida por ti.

Pero eso se lo dijo en un momento en el cual estaba con el Señor y no tenía ninguna circunstancia difícil a su alrededor. En el momento que hay una adversidad, y ven a Pedro y le dicen: éste es de ellos, en ese instante lo niega. “No, yo no soy así”. ¡Cómo no, tú hablas como ellos! “No, yo no soy como ellos”. Y empieza a blasfemar dice la Palabra, empieza a hablar como lo hacía el pueblo. Y podemos advertir que esa prueba lo viene a zarandear de tal modo que después de que escucha al gallo cantar, es cuando Pedro dice: ya pasó, ya negué al Señor y lo que yo había dicho no ocurrió. Había dicho que estaría firme, que jamás lo negaría, que aún daría su vida, y la verdad es que lo traicionó, no fue capaz de defender al Señor Jesús, lo negó.

¿Cuál fue el resultado? Que Pedro tiene que venir delante del señor a pedirle perdón, tiene que venir a buscar fortalecer su fe, viene con un grupo de 120 personas; están durante varios días clamando al Señor, están unánimes juntos en oración y ayuno. Desciende el Espíritu Santo, y entonces nosotros podemos advertir a un Pedro diferente, un Pedro lleno de valor, lleno de fe, un Pedro que ya no le teme a las circunstancias, un Pedro lleno del Señor que se levanta y le comparte a las multitudes, y en ese momento 3 mil vienen a los pies de Dios. Y nosotros vemos el cambio.

¿Qué hubiera pasado si Pedro no es probado cuando nuestro Señor Jesucristo estaba en vida, y es probado en el momento que viene el derramamiento del Espíritu Santo? ¿Qué hubiera sucedido? Yo supongo que hubiera sucedido en ese momento lo que sucedió antes, hubiera tenido temor, hubiera negado al Señor, y no hubiera sido capaz de enfrentar a las multitudes. El Señor nos envía una prueba en el momento indicado. En el momento que nosotros necesitamos  crecer, en el momento que necesitamos madurar, en el momento que necesitamos subir de grado, que nuestra fe se aumente.

Es como en la escuela, cuando estamos estudiando vienen los exámenes parciales, y tenemos que presentar cada examen parcial, ¿por qué? Porque son pruebas para ver si tenemos los conocimientos para continuar adelante. Si nosotros en todas las pruebas salimos bien, estamos aptos para pasar a un siguiente grado. Recibimos enseñanza, y tenemos que presentar otra prueba para ver si asimilamos el conocimiento y estamos aptos para pasar a otro grado. Espiritualmente hablando es lo mismo, tiene que venir una prueba para ver cuál es nuestra condición como cristianos, cuál es nuestra situación espiritual, cómo se encuentra nuestra fe.

Si nosotros pasamos esa prueba, si somos aprobados seguimos caminando, seguimos fortaleciéndonos y vendrá otra prueba de acuerdo a nuestra estatura espiritual, para ver cómo nos encontramos, si vamos para atrás, o si estamos avanzando y podemos seguir avanzando, y seguir creciendo conforme y la voluntad de Dios.

La actitud correcta para enfrentar la adversidad es como dice Santiago: Con sumo gozo. Yo tengo que enfrentar toda adversidad, toda prueba con un sumo gozo. Yo no debo reaccionar de una manera emocional. Y eso es muy dado a hacerlo no solo en el mundo sino aun entre los cristianos, tenemos una adversidad y reaccionamos como reacciona el mundo, de una manera impulsiva, de una manera emocional. No nos detenemos, ni pensamos, actuamos simplemente por nuestra emoción y ahí vamos y hacemos cosas indebidas y no hacemos las cosas de acuerdo a lo que la Palabra de Dios establece.

Nosotros cuando tenemos alguna prueba, cuando existe alguna adversidad, nos debemos detener y pensar y reflexionar y analizar cada parte, hacer una evaluación de las circunstancias desde la perspectiva de Dios. Debemos tratar de ver las cosas como las ve Dios, desde su voluntad. Debemos ver la prueba por lo tanto, como un medio para nuestro crecimiento espiritual. Ve una prueba, ve una adversidad y en lugar de reaccionar de una manera emocional, yo me detengo y pienso: ¿por qué y para qué viene esto? ¿Cómo ve Dios esto? Y entonces mirarlo de que esto servirá para que yo crezca en mi fe, para que yo me afirme, para que yo me fortalezca.

Pero tenemos que resaltar que como cristianos no nos gozamos en la prueba, nos gozamos en el fruto que va a dar  esa prueba. Ni modo, que como muchos dicen: ah estoy enfermo, traigo un dolorón de cabeza. “¡Ah, gloria a Dios, qué bonito dolor! No lo aguanto pero está bellísimo, me da un gozo enorme”. O sea, no es cierto, tienes un dolor de cabeza sí, pero me gozo por lo que viene, por el fruto que va a traer a mi vida, porque yo sé que esto yo voy a orar y me voy a fortalecer tal vez en la oración, tal vez en mi oración de sanidad. En fin, voy a tratar de ver las cosas como las ve Dios. Y yo le voy a pedir a Dios algo, le voy a pedir que me dé lo que yo necesito para poder advertir verdaderamente como es la prueba.

Santiago 1:3  Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Y aquí el apóstol Santiago ya está haciendo una declaración, una revelación que es muy importante: Hay un propósito de parte de Dios, y es que esa prueba de tu fe produzca paciencia. Somos muy impacientes, terriblemente impacientes; todo lo queremos rápido y lo queremos ya, y somos como los niños malcriados que si no reciben algo de los papás en el momento que lo piden hacen berrinche. Y algunos patalean, otros se tiran al suelo, otros lloran, otros aullan, hacen cosas extraordinarias los niños cuando piden algo y no se les da, no tienen paciencia para esperar.

Y muchas ocasiones nosotros somos así con Dios, venimos delante del Señor, le pedimos que nos dé algo; o enfrentamos una prueba y clamamos al Señor para que sean las cosas a nuestro beneficio, a nuestro favor. Pasan unos días y no sucede nada, y empezamos a venir delante del Señor ya de una manera más agresiva, empezamos a protestarle, a reclamarle, y le decimos: “bueno Señor, ¿qué pasó? Tú me dijiste que tú me ibas a dar esto, pero yo veo como no me estás cumpliendo; tengo orando dos días y medio, todavía no veo la respuesta, veo que cada día las cosas están fuera de lo que te estoy pidiendo”.

Nos olvidamos que las pruebas deben producir paciencia en nuestra vida. ¿Qué es la paciencia? Es el esperar los tiempos de Dios. Es unir nuestro tiempo con el tiempo de Dios. Dice la Palabra del Señor que Él nunca retrasa ni retarda su promesa, que llega en el momento indicado. Aunque no lo creas así, llega en el preciso instante que debe llegar. Por lo tanto, la paciencia es poner mi tiempo, ajustarlo, es mi horario al tiempo de Dios. Yo tomo mi tiempo y  yo no voy a ver las cosas conforme a mi tiempo, sino que las voy a ver conforme al tiempo de Dios, y no importa el tiempo que pase, yo sé que va a entrar en los tiempos de Dios y que será de bendición. Y así lo debemos ubicar.

La paciencia no es tampoco la resignación a las circunstancias. No es decir: bueno pues me resigno a ver hasta cuándo se le ocurre a Dios darme la bendición. A ver si algún día Dios me escucha, porque yo creo que ahorita ha de estar por el otro lado del mundo viendo los problemas, y solucionándolos por allá. ¡No! No es la resignación ante las circunstancias adversas. La paciencia es la firmeza y el valor para resistir la prueba, para resistir y enfrentar la adversidad. Y esperar en los tiempos del Señor. Así es de sencillo, y esta es una característica que debe tener el cristiano: la paciencia.

¿De dónde viene la paciencia? De la fe. ¿De dónde viene la fe? De la prueba. De ahí viene. Sólo bajo la presión de las pruebas el cristiano madura. Sólo bajo la presión de las pruebas el cristiano puede comprobar, valga la redundancia, qué tan grande es su fe en Dios. Existen cristianos que su fe no la tienen bien cimentada, y cuando viene la adversidad, cuando viene el problema ellos caen. Luego dicen: es que estaba tan bien en su fe. ¡No, no estaba tan bien en su fe! La fe no es el ver que las cosas se cumplen. La fe es el saber que se van a cumplir.

Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Eso es la fe, y muchas ocasiones creemos que la fe es el recibir algo. Muchas ocasiones decimos: es que mi fe se fortaleció porque vi ocurrir un milagro; porque el Señor me respondió a esto; porque Dios hizo lo otro. ¿Sabes?, eso no es fe. La fe es lo que se da en el tiempo de espera, es el que yo estoy convencido de lo que estoy esperando y que yo sé que va a llegar en el tiempo de Dios, y para ello yo necesito tener paciencia. ¿Cuánta? La que sea necesaria. La paciencia va a hacer que yo espere en el tiempo de Dios.

Lucas 8:13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.

Nuestro Señor Jesucristo está hablando algo muy claro, a la gente se le comparte de la Palabra, nosotros recibimos la Palabra, nos gozamos cuando la recibimos, la gente se goza cuando recibe la Palabra, pero muchas ocasiones esta Palabra no echa raíces, se queda como dice, sobre la piedra. Escuchan, se gozan, la Palabra no echó raíces, se quedó ahí encima en la piedra, y cuando viene una prueba se caen. Y así está la fe de muchos cristianos. La fe de muchos cristianos está endeble, está superficial, está simplemente sobre la piedra, no echó raíces, no penetró. Por lo tanto cuando venga la prueba van a caer.

Santiago 1:4  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Aquí el apóstol va llevando de la prueba a la fe, a la paciencia y dice: que con la paciencia habrá una obra completa. ¿Qué es lo que significa esto? Significa: resiste en el momento de la prueba, que tu fe resista y se sostenga de manera que Dios tenga el tiempo suficiente para hacerte semejante a Cristo. Para eso es ese tiempo de espera, esa paciencia que debe haber, es el tiempo que Dios va a estar trabajando contigo para hacerte conforme y Cristo, para hacer una obra completa, dice la Palabra, para que seas perfecto y cabal.

¿Quién es el varón perfecto? Cristo Jesús, por lo tanto la obra que está haciendo Dios a través de la prueba, a través de la fe y a través de la paciencia es la obra de Cristo; hacerte a ti a imagen y semejanza de Cristo Jesús. La Palabra lo establece tienes que ser como él, y esto sólo se va a dar a través de la prueba. Tú no vas a ser conforme a Cristo si no eres probado. Tú podrás decir: yo le doy honra y gloria a Dios porque ya me cambió, ya me transformó. Yo era un hombre muy violento, muy agresivo todo mundo me tenía miedo, hasta yo me espantaba de mí mismo, veía mi sombra y me asustaba. Yo no le temía a nada, yo ahí junto a mi asiento del auto traía un tubo grande y cualquier bronca yo me bajaba y golpeaba a todo mundo. No importaba a quién le pegara, yo les pegaba a todos.

Ay, eras bien malo. ¡No!, yo era terrible, pero el Señor me transformó, me cambio; ahora soy distinto, ahora ya no uso tubo, ahora soy tranquilo, relajado, soy paciente, soy amoroso, ya no soy agresivo. Gloria a Dios. Y mientras no hay prueba el hermano sigue pensando que es tranquilo, que ha sido transformado. Pero resulta que un día va manejando en su auto, y alguien se le cruza, alguien no se fija y se le cruza y uff, le sale el “transformer”, y le pita con el claxón, le hace señas, le grita y etc., etc., etc. Pero con la persona que va junto él, con ella se justifica: “es que ya lo viste, él es el culpable, por eso me puso así”. En el momento de la prueba perdió.

Pero cuando no hay una prueba, nosotros podemos creer que ya somos distintos, podemos presumir que ya somos a la imagen de Cristo. “Hermano, es que ya soy como Cristo, ya hasta hablo así, todo bien tranquilo, casi no me oyen”. Como el otro día, oía a un pastor compartiendo y me hacía mucha gracia, porque el hermano es de acá de un pueblo por Querétaro y estaba compartiendo como norteamericano. Y yo pensaba y ¿quién le dijo que eso es ser espiritual? O sea yo no lo entiendo pero bueno.

Cuando pasamos por la prueba es cuando nos damos cuenta si verdaderamente estamos teniendo la imagen de Cristo. Dios se quiere hacer, y formar en ti la imagen de Cristo, y a través de la prueba, a través de la fe, a través de la paciencia es cuando va a ocurrir. Decía hace un momento que nuestro Señor Jesucristo pasó por pruebas, y en sus pruebas muchas ocasiones aún estuvieron sus discípulos.

Lucas 22:28-30 Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. 29Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Y esta Palabra me impresiona bastante, ¿por qué? Porque puedo advertir el propósito de nuestro Señor Jesucristo en nuestra vida. Tú eres discípulo de Jesús, tú tienes que permanecer con el Señor. Y les dijo a todos sus discípulos: ustedes permanecieron en mis pruebas. No eran las pruebas de los discípulos, los discípulos tuvieron sus momentos para ser probados. Y cuando fueron probados, fueron reprobados. Dice la Escritura que cuando detuvieron a nuestro Señor Jesucristo todos los discípulos se escondieron, todos huyeron, todos corrieron,  no había nadie.  Lo dejaron solo.

Esa fue una prueba para ellos y la reprobaron, y ellos tuvieron que mirar a su interior y ver cuál era su situación, si verdaderamente se había formado Cristo en ellos. Y vieron que no, y se tuvieron que meter en oración para ser transformados. Dice la Palabra que nuestro Señor Jesucristo en sus pruebas, en las de él, estuvieron presentes los discípulos. Y yo puedo entender que en las pruebas que nosotros pasamos, necesitamos que los hermanos en la fe estén con nosotros y nos apoyen, nos fortalezcan y nos impulsen. No podemos estar solos, ni nuestro Señor Jesucristo estuvo solo en el momento de las pruebas, estuvieron los discípulos, lo dice la Palabra.

Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Si yo estoy en prueba necesito que ustedes estén conmigo fortaleciéndome. Si tú estás en prueba yo necesito estar contigo. Necesitamos tener comunicación, necesitamos tener relación para podernos fortalecer. Somos un cuerpo, un cuerpo tiene muchos miembros y todos los miembros están unidos entre sí. Y dice la Palabra, dice el apóstol Pablo que cuando un miembro se duele todos los miembros del cuerpo se duelen, ¿por qué? Porque hay una interrelación entre ellos, están conectados los unos con los otros.

Si no estamos conectados no vamos a saber qué es lo que le pasa al miembro, no vamos a saber cuándo un miembro está en pruebas, cuándo el miembro está sufriendo, cuándo el miembro está pasando alguna adversidad. No vamos a saber cuándo se está doliendo y no nos podremos doler con él, no lo podremos apoyar, no le podremos sostener. Necesitamos tener una interrelación que permita que los que están a nuestro alrededor nos apoyen, nos ayuden, estén presentes en nuestras pruebas. Jesús estuvo en pruebas, los discípulos estuvieron con él, permanecieron junto a él.

Santiago 1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Y entonces aquí como que podemos decir: bueno a ver, ¿por qué Santiago está hablando primero de la fe y ahora ya habla de la sabiduría, qué tiene que ver la sabiduría con la prueba? Y esto es algo muy sencillo, cuando venga una prueba a tu vida, si tú no sabes qué hacer, el Señor sí sabe que tienes que hacer. Cuando tú tengas una prueba, necesitas sabiduría para poder salir adelante. Necesitas por lo tanto ver desde la perspectiva de Dios.  Y si tú no la puedes ver, si tú no sabes para qué es esa prueba, si tú no alcanzas a mirar los propósitos de Dios, si tú no alcanzas a ver cómo salir de esa adversidad, tienes que hacer algo: tienes que clamar a Dios y tienes que pedir sabiduría.

Si no tienes sabiduría, pídela a Dios, y Dios te mostrará qué es lo que tienes qué hacer para salir bien de esa prueba. El Señor sí lo sabe, porque dice la Palabra: y el Señor te dará abundantemente y sin reproche. No te va a reprochar que tú le pidas sabiduría para salir de la prueba. No te va a juzgar, ni a criticar por ello, al contrario, tú clamas al Señor y le dices: Señor estoy en una prueba, estoy siendo afligido en esto, y esto, y esto otro, yo ya entendí que estás probando mi fe, yo me sostengo en mi fe porque verdaderamente soy cristiano, yo mantengo un sumo gozo en mi corazón, porque tú estás conmigo y no importa esta circunstancia.

Yo entiendo que tú tienes tus tiempos, y ajusto mi tiempo a tu tiempo y por lo tanto, yo espero en tu tiempo y espero pacientemente para que tú formes a Cristo en mí. Pero yo quiero saber, ¿cómo salgo adelante? Porque yo no sé  como salir delante de esta prueba, por lo tanto yo te pido sabiduría, yo quiero que me des sabiduría y que me guíes para salir de esta aflicción, de esta tribulación, de esta enfermedad, de este problema; de lo que sea hermano. Y el Señor dice: No te lo reprochará y te lo dará, y te dará abundantemente para que tú puedas salir de ese conflicto que tú estás enfrentando.

Todos tenemos problemas, todos tenemos aflicciones, todos pasamos por momentos muy difíciles, todos. Yo no sé si en este momento tú estás pasando por una aflicción, por un problema, por una tribulación, por una enfermedad; lo que yo sí sé, porque me lo ha puesto el Señor  en mi corazón, es que tienes problemas, yo lo sé. Y el Señor está hablando de las pruebas, y el Señor hablaba en la profecía, y decía: Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. 10No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida (Apocalipsis 2:9-10).

Y es impresionante cómo el Señor en profecía hace un momento dice esta Palabra que va relacionada con Santiago 1:6-8  Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Yo tengo que pedir a Dios con fe, yo no puedo dudar que el Señor me va a sacar de la tribulación que yo estoy viviendo en este momento. Yo no debo dudar que la prueba que yo estoy atravesando en estos instantes voy a salir victorioso porque el Señor está conmigo. Si lo dudo, dice la Palabra que yo sería semejante a una onda del mar. ¿Cómo es la onda del mar? Es la onda que viene, y se regresa, y se va, y otra vez viene; y como sopla el viento y va para otra dirección; y como sopla en viento va y viene. Así no puede ser nuestra fe.

Mi fe no puede ser una fe que si Dios me concede todas mis peticiones entonces yo me afirmo y digo gloria a Dios, yo estoy firme en el Señor y camino de acuerdo a su propósito. Pero si en un momento no recibo lo que le estoy pidiendo a Dios, o tengo alguna tribulación, alguna aflicción entonces me doy la vuelta y me aparto de Él. Eso es ser como las ondas del mar. Y dice la Palabra que no podemos ser así, porque entonces seríamos arrastrados por el viento, seríamos llevados de diferentes formas de doctrina en doctrina, y de sentimiento en sentimiento. No habría una verdadera fe, y yo no debo pensar que si me dejo guiar para todos lados, que yo voy a recibir algo del Señor.

Quien es inconstante en sus caminos, quien es una persona de doble ánimo, no va a recibir de parte de Dios bendición, no va a recibir absolutamente nada, porque Dios dice que Él da al que cree. Por eso dice: pídeme y te daré; y si tú orando creyeres, yo te daré. Y siempre el Señor habla que nos va a dar cuando nosotros estamos firmes en Él. Si estamos dudando, si no estamos afirmados Él no nos va a dar. Si yo tengo un doble ánimo, si soy inconstante, no voy a recibir lo que debo recibir. No voy a recibir bendición no solo en estos momentos, sino que no voy a heredar la vida eterna, no voy a tener la corona de la vida.

Yo sé que tú tienes problemas, aflicciones; he estado orando por ti todos estos días. El día de hoy el Señor te quiere bendecir, el Señor quiere traer a tu vida bendición, paz. El Señor quiere manifestarse y quiere que en esta hora tú le entregues a Él tu prueba, esa aflicción, esa enfermedad, esa tribulación, lo que tú estés pasando en estos momentos ponlo en las manos de Dios.

Tal vez tu fe ha decaído, tal vez tu fe anda tambaleándose, tal vez ya te impacientaste porque ha pasado el tiempo y no ves resultados; es un tiempo en el cual puedes venir delante del Señor y decirle: Señor pongo en tus manos esta prueba, tengo fe pero quiero ser fortalecido, quiero que me ministres de tu sabiduría porque quiero salir adelante, yo no tengo la capacidad  de hacerlo, por lo tanto quiero que vengas a mi mente, a mi corazón con la respuesta de qué es lo que debo hacer. Aclara mis pensamientos, pon en mi corazón tu voluntad, porque efectivamente quiero ser como Cristo. Yo no había visto que las pruebas formaban en mí a Cristo, pero puedo advertirlo ahora, que las pruebas producen paciencia, y la paciencia produce a Cristo en mi corazón en mi ser.

Yo quiero ser transformado, porque yo quiero ser conforme a tu imagen, a tu semejanza. Señor, trae revelación sobre tu pueblo, tú conoces cada uno de los conflictos, de los problemas, de las adversidades, conoces lo que cada quien está pasando en estos momentos. Tú sabes que existen hermanos que no saben qué hacer, que están desesperados, porque no logran salir de esta prueba por la cual están atravesando. Señor trae sabiduría, sabemos que la das sin reproche y la das en abundancia a todo aquél que te la pide, y te la pedimos en esta hora, ven Señor con esa palabra de sabiduría al corazón, a la mente de cada persona, de cada hermano para que sean fortalecidos, y para que tú Señor Jesús sigas siendo formado en cada uno de ellos. Gracias oh Dios por tu amor y misericordia, siempre gracias Padre por esa sabiduría, por esa fortaleza que tu estás dando en este momento, en tu nombre. Amén.