INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

HONRANDO A DIOS

 

Gustavo Martínez

 

 

 

1 Samuel 2:30b Porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.

 

Realmente es la esencia de lo que dijo el Señor en profecía es básicamente lo que Él me habló el día de ayer para compartirlo hoy, y es la parte de la honra que nosotros debemos  de tenerle a Dios, las actitudes que debemos tenerle a Él; no solamente cuado estamos en el templo sino en todo momento, en todo lugar. Porque también como decía Él, pues en todo lugar Él está y nosotros en todo lugar estamos delante de su presencia.

 

Entonces creo que algunas cosas las hemos olvidado, algunas cosas las damos por entendidas pero dejamos de hacerlas en nuestra vida; y es bueno de repente volver a recordar y volver a redirigir nuestra vida y hacer realmente como Dios quiere que nosotros hagamos. 

 

Para poder entender cuan importante es honrar a Dios, cuan importante es no olvidarnos de que gran parte de nuestra relación con Dios está basada en la honra que nosotros le tenemos a Él;  gran parte de nuestra comunión con Jesús y con Dios Padre es acerca de honrarle, y la Biblia nos habla mucho acerca de honrar a Dios, y gran parte del fundamento en la Biblia y gran parte del mensaje es que le honremos, que le respetemos, que tengamos aprecio, que tengamos ciertas actitudes en nuestro corazón y en nuestra vida, ciertas actitudes que a Él le dan honra.

 

1 Samuel 2:12-17 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.

 

15Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

 

Entonces era verdaderamente delante de Dios una situación muy molesta porque ya en todo el libro de Levítico había descrito el Señor cómo debería de ser las ofrendas y qué parte deberían tomar los sacerdotes. Pero en esta parte aquí dice que estos jóvenes hacían más bien como ellos querían hacer y tomaban la parte mejor de las ofrendas. Ahora no nada más es la implicación material sino la implicación que hay en el corazón de estos jóvenes.

 

En el corazón de estos hombres pues como dice la Biblia había un pleno desconocimiento de Dios, no quiere decir exactamente que no sabían quién era Dios o que fueran gente atea que no creyera que Dios existiera, pero había un desconocimiento acerca de lo que Dios esperaba de ellos como sacerdotes, había un desconocimiento de la actitud que debían tener en su corazón hacia Dios.  Y eso es yo creo lo que más le irritaba a Dios.

 

Que gente que eran sacerdotes de Él, que habían sido apartados para servirle a Él, y que también tomarían de las ofrendas y que vivirían, porque dice la Biblia que el obrero es digno de su salario; vivirían de esto porque estaban dedicados plenamente a ofrecer los sacrificios, a tratar de reconciliar al pueblo con Dios, a guiarlo hacia la presencia de Dios. De quién más se esperaba que tuvieran una actitud de reverencia y de honra hacia Dios, fueran quienes menos la tuvieran.

 

Es decir que aun los hombres del pueblo se asombraban de la actitud de estos hombres, aún los hombres del pueblo decían: Bueno estos sacerdotes realmente no tienen el mínimo respeto por Dios, hacen lo que quieren. Están tomando las ofrendas, toman para ellos primero dejan a Dios lo que ellos ya no quieren, están invalidando las cosas de acuerdo como Dios las ordenó; están haciendo las cosas completamente al revés.   

 

Versículo 22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

 

O sea era una completa inmoralidad lo que hacían estos jóvenes. Con las mujeres que estaban ahí en la puerta del tabernáculo tenían relación sexual, vivían en un completo desorden. Y era muy similar esto a lo que hacían los sacerdotes de los falsos dioses, porque estos sacerdotes tenían relaciones con prostitutas en los templos. Entonces realmente la condición de estos jóvenes era verdaderamente irritante. No quiero solamente decir entristecedora para Dios pero irritante, porque este tipo de cosas a Dios le irritan, Dios se enoja.

 

¿Han leído ustedes en la Biblia que Dios se enoja? Sí lo han leído, pues este tipo de situaciones a Dios le enojan, Dios se irrita con este tipo de situaciones cuando no honramos a Dios, cuando no le damos el lugar que debe de tener, cuando no respetamos su presencia. Y sobre todo cuando lo hace un grupo de personas que debería tener conocimiento y que se esperaría que fueran el ejemplo para los demás.

 

El padre de estos jóvenes pues también tenía un serio problema, y su problema era que no había enseñado a sus hijos a honrar a Dios. Y que consentía que pasaran todas estas cosas. La forma en que leemos en la Biblia que él reprendía a sus hijos bueno pues era una forma muy tibia de hacerlo; casi lo puedo oír decir: “oigan miren no hagan eso porque eso es malo, no deben de hacerlo, ¿qué dirá el pueblo de todos ustedes?”. Y no era eso lo que Dios estaba esperando que fuera la actitud de un sacerdote de Dios como Elí, de un hombre que debería no solamente en un momento dado transmitir el amor de Dios, sino que también poder disciplinar al pueblo para que verdaderamente hiciera lo que Dios está esperando de él.

 

Pero para ser también sacerdote se necesita también ser valiente y se necesita sentir muchas veces el corazón de Dios, sentir lo que Dios siente y transmitirlo al pueblo. Y Dios no era una persona y no estaba sintiendo en su corazón algo como para decirle a estos jóvenes: pues hijitos míos no hagan estas cosas. O sea Dios verdaderamente yo creo que sentía su corazón ardiendo, su sangre como dicen, hirviendo en su ser, y quería verdaderamente cambiar estas cosas.

 

Había una necesidad grande de cambiar esto y Dios trata una, y otra y otra vez con nosotros y Dios es paciente con nosotros pero si nosotros no escuchamos y nosotros seguimos en lo mismo, Dios tiene que tomar soluciones drásticas.

 

1 Samuel 2:27-28  Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? 28Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.

 

O sea le está recordando otra vez Dios a Elí que Él había apartado a este pueblo, a esta tribu para que fueran sacerdotes de Dios y para que  solamente a través de ellos se podrían ofrece las ofrendas, se podía hacer una reconciliación con Dios, solamente a través de ellos. Le está recordando la importancia de la función que ellos tenían. Ellos no eran como cualquier persona, ellos verdaderamente eran personas con una importancia, con una función fundamental en el pueblo.

 

La fortaleza de ese pueblo era su comunión con Dios, y esta tribu de Levi era la que llevaba a cabo, la que hacía realidad, la que debía cuidar esa comunión con Dios. O sea si en un momento dado había alguien que estaba faltando, que se estaba desviando; los sacerdotes deberían de ser los que trataran de dirigir de nuevo al pueblo, los que llevaban los mensajes, los que hablaban con el pueblo, los que tenían que hacer entender al pueblo. Le vuelve a recordar esto Dios a Elí.

 

1 Samuel 2:29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

 

Estas palabras se nos deben de quedar grabadas en nuestro corazón. Cuando Dios le dice: ¿Por qué has honrado a tus hijos más que a mí? ¿Por qué permites que hagan todo esto? Y Elí a lo mejor pudo haber dicho: No Señor pero mira no es que yo honre más a mis hijos que a ti, es simplemente bueno que me es difícil disciplinarlos, tratar con ello. Pero Dios va directamente al grano y le dice: tú estás honrando más a tus hijos que a mí.

 

Y ¿cuántas veces nosotros honramos más a alguien que a Dios? A veces decimos: Dios entiende mi corazón, Dios sabe que pues yo haría esto pero ahora tengo que quedar bien con esta persona pero Dios conoce mi corazón. Dios sabe que bueno a mí me gustaría mucho ir a la iglesia en este día pero pues hoy es día del padre y mi padre no se ha convertido y tengo que estar con mi padre. O bueno pues Dios conoce lo que hay en mi corazón pero hoy tengo este compromiso social que no puedo posponer.

 

Y Dios va directo al grano y nos quiere hacer la pregunta a nuestro corazón directamente, preguntarnos ¿estás honrando más a alguien que a Dios? ¿Estás honrando más a tus hijos que a Dios? ¿Estás honrando más tu trabajo, tu familia, tus bienes, tu posición, tu estatus, tu talento, lo estás honrando más que  Dios? A Elí le dijo directamente: tú estás honrando más a tus hijos que a mí. Y eso tiene una consecuencia porque yo no estaba esperando eso de ti. Tú tenías que honrar primero a Dios, Elí tenía que tener verdaderamente un corazón por Dios.

 

Si alguien en ese pueblo tenía que tener verdaderamente un corazón por Dios, ese era Elí, y él había fallado. Ahora Dios le dice: esto tiene una consecuencia.

 

1 Samuel 2:30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.

 

Dios nos habla y a veces nos habla fuerte porque necesitamos que nos hable fuerte; porque necesitamos verdaderamente que despierte. Dios no es un político que nos va a tratar con mano izquierda o darnos el avión o tratarnos de que no nos ofendamos. ¡No! Dios va a ir al grano y va a decir mira yo voy a honrar a los que me honran y voy a despreciar y voy a tener en poco a los que me desprecian.

 

Dios quiere despertar de nuevo nuestra atención y preguntarnos verdaderamente y que reflexionemos cuánto estamos honrándole a Él, y cuánto estamos honrando más a otras personas o a otras situaciones o a nosotros mismos más que a Él. Porque verdaderamente las cosas que Dios está esperando de nosotros no se van a poder lograr si nosotros honramos más a otra persona u otras cosas que a Él, no se podrá.

 

1 Samuel 2:31-36 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. 32Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. 33El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. 34Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día. 35Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días. 36Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

 

Se nos hace extraño pensar en un Dios que habla así, pero Dios es así. En el campamento de varones que tuvimos el mes pasado, decía un hermano que compartió, decía: la Biblia habla del temor a Dios; y nosotros andamos tratando de suavizarle a la gente diciéndole: no mira no es que le tengas miedo a Dios, ¿cómo crees? No, es que le ames. Ero realmente Dios es un Dios grande y Poderoso, y la Palabra de Dios dice: horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

 

O sea sí hay algo de temor y sí debemos de tener temor en nuestro corazón; porque si no hay temor en nuestro corazón, es como aquellos maestros en la secundaria, o sea aquel maestro que es muy buen maestro, sabe mucho, es muy buena persona con nosotros, quiere ser nuestro amigo, ¿cómo lo hacemos en la secundaria? Lo hacemos de lo peor, es el que más apodos tiene, es al que más cosas le hacemos. O sea como humanidad somos especiales, y mira Dios no va a permitir en ninguna situación y de ninguna manera ser un juguete nuestro, Dios no va a permitirlo, en ninguna manera.  Dios no está para eso.

 

Dios no está para que hagamos de Él lo que queramos; pero eso se nos olvida y pensamos en el Dios de amor y de todo; pero gran parte de la Biblia es el temor de Dios. Dice la Palabra que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. El día que desaparece el temor de Dios de nuestro corazón, ese día nos perdemos. Sí hay una relación de amor pero, la relación de amor complementa la relación de honra. O sea yo honro a Dios y yo empecé a honrar a Dios el día que conocí del amor de Dios para mí. Pero ese amor me lleva a honrarle, ese amor me lleva a respetarle verdaderamente.

 

Como decía mi Pastor: que él ahora no cuenta ni un chiste de Dios, ni de Jesús, ni consiente que alguien lo cuente. ¿Por qué? Porque el amor que tú tienes hacia Dios te lleva a honrarle. O sea el amor que tenemos hacia Dios es un amor verdaderamente puro, sublime. La relación con Dios es verdaderamente algo con lo que no podemos jugar de ninguna manera. Aquel que juega con su relación con Dios no tiene idea de quién es Dios. Es como estos sacerdotes hijos de Elí, no conocen a Dios verdaderamente.

 

Tenemos que desarrollar en nuestro corazón de nuevo el temor de Dios. O sea verdaderamente quién es Dios. A veces cuando sales al campo quédate viendo las estrellas, el cielo y vas a sentir; yo hay un momento en el cual digo ¡qué Dios tan grande que hizo todo esto! Y llega un momento en el cual mi respeto casi se convierte en miedo, hay un miedo decir: Dios es tan grande, tan grande, tan absolutamente grande; ¿qué cosas no podría hacer Dios con nosotros? Cuántas cosas no podría hacer Dios con nosotros.

 

Pero es la parte que olvidamos, olvidamos la parte maravillosa de decir: este Dios tan grande, tan absolutamente grande se ha fijado en mí. Lo olvidamos y damos por hecho y hasta decimos no. Y la gente de repente y los cristianos cómo se expresan. O sea los cristianos se expresan como si se llevaran de a cuartos con Dios. No pues sí, no al Señor yo le digo: no mira mi Señor pues haz esto... Y uno dice ¿qué clase de relación tienes tú con Dios? Es como de repente yo cuando oigo hablar a una persona de su padre, y lo oigo hablar así como si estuviera hablando de cualquier persona, yo pienso esta persona no honra a su padre.

 

O sea yo no puedo hablar de mi padre y andar burlándome de él, y haciendo chistes de él; no quedo hacerlo porque hay una relación de respeto y la Palabra me dice que tengo que honrar a mi padre y a mi madre.  Entonces no puedo andar haciendo chistes y estar humillando a mis padres delante de todo mundo y haciéndoles bromas. Hay una línea muy frágil entre la amistad y el respeto y el libertinaje. Y desgraciadamente muchos cristianos ya la pasaron y ya están con Dios así como tratándole de igual a igual.

 

Nunca se nos olvide quién es Dios, nunca se nos olvide quién es Él y quiénes somos nosotros. Ahí es donde debemos mostrar nuestra madurez. Antiguamente en nuestro país los hijos saludaban de beso en la mano a sus padres y les hablaban de usted. Y ni por aquí que les pasara hacerles alguna broma. Pero entonces la siguiente generación los padres dijeron no mira yo no quiero que la relación que yo tengo con mis padres sea igual que la que voy a tener contigo. Y entonces completamente se pasan, ya los hijos casi, casi hablan de su mamá como la “chancluda”, y completamente se ve la pérdida de respeto. Se refieren a su madre o a su padre como “el viejo, el viejillo”.

 

Yo he escuchado a personas que se refieren a sus padres como el viejecito, el viejo, el chocho; o sea perdieron completamente el respeto. Pede decir no es que mira el respeto para mí no es eso, el respeto si tú no puedes tener respeto por una persona desde tu manera de hablar, desde tu manera de referirte a esa persona ¿qué más respeto puedes tener? No se necesita ser muy conocedor para saber cuándo una persona respeta a otra. Y así desgraciadamente muchos cristianos han caído en esto, confunden la gracia con el libertinaje, confunden la libertad con el libertinaje, y hacen de Dios lo que ellos quieran.

 

De repente oigo a algún hermano  hermana que dice: no pues yo le dije Señor pos qué onda, qué te pasa Señor por qué me estás haciendo esto. Y yo digo: o sea cómo, quién es tu Dios. El otro día me decía mi hijo: oye papá ¿en esa iglesia adoran los muñecos verdad? Le dije, sí. Y me dijo: yo no adoro muñecos yo nada más juego con ellos. O sea él juega con los muñecos y todo no, pero a veces nosotros empezamos a jugar con Dios y tratamos a Dios como si fuera nuestro criado y esa no es una relación que Dios quiere. O sea y de vedad que llegará el momento en el cual Dios nos tratará duramente si seguimos en una condición igual.

 

En la mañana mis hijos estaban jugando y mi hijo agarró una computadora que yo le compré hace años y la aventó. Y yo me lo agarré y me lo discipliné, me dio coraje y le dije: ¿tú sabes cuántos días a la semana tengo que trabajar? Y él me dijo, sí, muchos. Y le dije: ¿y tú crees que estos juguetes a mí me los regalan? Y me cayó mucho el veinte porque estaba estudiando este tema.  Y nosotros a veces venimos aquí y tratamos la salvación que Dios nos dio, la andamos aventando, andamos vacilando, andamos jugando. Y yo creo lo que dice la Biblia que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y yo creo que Dios se irrita más de lo que, si a mí me irritó por el trabajo que me cuesta, por el amor con el que yo le doy a mis hijos las cosas, o sea yo no compro las cosas porque me sobra el dinero, o porque no tengo nada que hacer o nada más para ver qué dicen.

 

O sea cuando yo cuando les compro algo, pienso en ellos y pienso que les va a gustar, oro a Dios que les guste que lo disfruten, que sea de bendición. Y entonces me da coraje ver que lo que yo les doy lo tratan así, ahora imagínate a Dios qué siente. ¿Qué le costó a Dios? Le costó  su Hijo, a Dios no le costó su trabajo, a Dios le costó su propio  Hijo. ¿Qué siente Dios cuando le dices: si Señor pues chale, qué te pasa Señor, pues qué onda, cuándo me vas a responder? O sea, ¿qué nos está pasando, qué clase de hijos nos estamos convirtiendo, estamos dejando de ser hijos verdaderamente?

 

Cuando llegamos aquí y estamos tratando algún tema o el Señor está hablándonos a través de sus profetas, o alguna predicación o tomando la santa cena y estamos jugando ¿qué siente Dios? Yo digo que hay una gran ira en su corazón, contenida por un gran amor. Pero Dios no es ajeno a lo que hacemos, a cómo no comportamos, Dios nos ve desde que despertamos, cuando salimos de nuestra casa, Dios nos tiene en todo momento con su mirada sobre nosotros. Pero si pensáramos en los servicios de los domingos, Dios nos ve desde que nos levantamos de la cama, nos bañamos, desayunamos, tratamos a nuestra familia para traerla; salimos de la casa, venimos a la iglesia, aludamos a los hermanos, subimos por la escalera, nos vamos a sentar.

 

Dios está pendiente de todo lo que hacemos, ¿por qué? Porque en este día es cuando le traemos una ofrenda especial a nuestro Dios, es cuando preparamos una ofrenda especial a nuestro Dios. Y Dios está pendiente de nosotros, ahora desgraciadamente nuestra actitud muchas veces es de que nos olvidamos de esto, nos olvidamos de que Dios nos está viendo, nos olvidamos de que a qué venimos a la Iglesia. A la iglesia no venimos, el principal propósito no es venir a ser relaciones con los demás, ese es un propósito sí pero no es el primero; el primero es el de honrar a Dios, darle honra a nuestro Dios.

 

Por eso dice la Biblia: guardarás el día de reposo, ¿para qué? Para santificarlo para Él, para honrar a Dios, para ofrendarle a Él. Y esa parte se nos olvida. O sea llegamos a la iglesia y yo casi estoy seguro que si no empezamos el servicio hasta las 12:30 nadie se da cuenta, porque todos están platicando y esto y lo otro. Y si no empezáramos hasta las 12:30 todo mundo estaría muy contento. Porque se nos olvida el principal propósito de venir a la iglesia en el día de reposo.

 

En la iglesia a donde fuimos la semana pasada, llegan los hermanos y lo primero que hacen es ir e hincarse en el altar y hacer una oración, y cuando terminan regresan a su lugar y se sientan. Y nosotros estábamos ahí, llegamos ahí pues venimos de una iglesia en la libertad del Señor; llegamos ahí con un balón de fútbol y estaban unos niños y se pusieron a jugar con el balón ahí afuera de la iglesia. Y nos dice el pastor: miren en esta congregación hay un hermano que cuida, y si esos niños no se están quietos los va a sacar.

 

O sea debemos de ubicarnos, no es libertinaje, tenemos que mostrar una madurez, y la madurez que debemos mostrar es que aunque venimos, saludamos a los hermanos, estamos en comunión unos con otros, nos gusta verlos, nos sentimos bien cuando los vemos, no perdamos de vista que estamos aquí con el primer propósito de buscar a Dios, y de honrarle a Él, que nunca se nos olvide eso.   No se nos olvide que estamos en la casa de Dios.

 

Pasan un comercial ahora en la televisión de que están unos tipos en una reunión social en su casa fumando y tomando y empiezan a quemar todo, y dicen ¿esto no lo harías en tu casa verdad? y Dice ¿y por qué lo haces en los bosques? Y cuando tú y yo entramos a este templo estamos entrando en la casa de Dios. Tú podrás decir: no hermano Dios no vive aquí, o sea Dios habita en todo lugar. Sí pero este lugar es la casa de Dios, no hagas aquí cosas que nos son dignas de este lugar. O sea, recordemos siempre que estamos en la casa de Dios.  Recordémoslo siempre que estamos en la casa de Dios y tenemos que mostrar una actitud de honra.

 

1 Samuel 3:10-11 Vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.

 

O sea que cuando oímos esta Palabra de Dios nos tienen que retiñir los oídos, tiene que haber un estruendo en nuestros oídos y en nuestro corazón.

 

Versículos 12-14  Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. 14Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

 

Lo que Dios hizo con este hombre es algo que nos tiene que estremecer, que nos tiene que hacer pensar. Nosotros somos ahora sacerdotes de Dios, aunque no nos vestimos ahora como en esa época los sacerdotes se vestían, eso no implica que no somos sacerdotes de Dios. Somos sacerdotes de Dios, somos encargados de reconciliar al mundo con Dios, y Dios está esperando una actitud de sacerdotes de cada uno de nosotros.

 

Samuel vio todo esto, él fuel un hombre que desde que fue destetado fue llevado al templo y ahí creció, y Samuel vio todo esto, él vio cómo eran los hijos de Elí y cómo era Elí. Lo vio y a Samuel Dios le habló. O sea ¿por qué Dios le da el mensaje a Samuel, porqué Dios le dice a Samuel acerca de todas estas cosas que estaban pasando con los hijos de Elí? Porque Samuel era la siguiente generación, él era el sacerdote que Dios iba a escoger; y lo tenía que tener muy presente.

 

Y le dice: esto que yo voy a hacer quien lo oyere le retiñirán ambos oídos. Después cuando Samuel empieza a gobernar al pueblo le dice al pueblo: ustedes teman a Jehová y sírvanle de verdad con todo su corazón. O sea verdaderamente teman a Jehová, honren a Jehová. El tema del temor a Dios en el corazón de Samuel estaba muy claro, él lo había visto con sus propios ojos lo que había pasado. 

 

Ahora termina toda esta historia con un trágico suceso: porque la corrupción de los sacerdotes no solamente afectó a los sacerdotes y a la familia de Elí, sino que le afectó a todo el pueblo. Dice la Biblia que van ellos a pelear en contra de los enemigos del pueblo, llevan el arca de Dios, se llevan a los dos hijos de Elí para que llevaran el arca, cuando llegan a pelear Israel empieza a gritar y el otro pueblo  dice pues esto nunca nos había pasado, Dios viene a pelear contra nosotros. Dice: los dioses que han peleado y han hecho desastres contra los egipcios están aquí, y dicen: pues ahora esfuércense para que no sirvamos al pueblo de Israel.

 

Y ¿qué pasa? Pues se esfuerzan, le ganan al pueblo de Israel, se llevan el arca del pacto, matan a los dos hijos de Elí, un mensajero, un soldado escapa de la batalla, llega corriendo al lugar en donde está el templo, le dice a Elí,  señor ¿qué crees que pasó? Israel ha sido derrotado y tus hijos han sido muertos y el arca del pacto fue tomada. Dice la Biblia que cuando Elí escuchó lo del arca del pacto se fue para atrás se pegó en la nuca y se murió. Y en ese momento nace un nieto de Elí, en ese momento muere la nuera de Elí, y le ponen al niño el nombre de Nicabot, y dicen: traspasada es la gloria de Israel.

 

O sea qué momento de tragedia nacional para Israel, qué momento tan desastroso. Y ¿dónde empieza todo? Por una familia de sacerdotes que no son capaces de honrar a Dios. Qué difícil omento y qué desastre. Nuestro país por qué está como está? Porque no honramos a Dios, bueno es difícil encontrar países que honren a Dios hoy en día. Pero por eso está el mundo como está, porque dejamos de honrar a Dios. Traspasada es la gloria de este país y todo está mal.

 

 

¿Cuándo vamos a poder enderezar este país? Cuando el pueblo de Dios sea capaz de transmitir, de predicar y de regresar a que el pueblo sí verdaderamente honre a Dios. Cuando seamos capaces de enseñarle a la gente cómo honrar a Dios. Cuando seamos capaces de que nuestra vida se vea y que los demás vean claramente que nosotros estamos honrando a Dios antes que a nadie honramos a Dios.

 

Vamos a ver al menos cuatro situaciones en donde debemos de honrar a Dios, cuatro formas en las que debemos de honrar a Dios:

 

1.- Debemos de honrar su presencia.

 

Salmo 95:6-7 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 7       Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

 

Honremos a nuestro Dios. Venid, adoremos y postrémonos. Nuestras actitudes delate de la presencia de Dios son importantes. Nuestra reverencia delante de Dios. Yo jugaba basquetbol en un equipo cuando todavía no conocía al Señor, y tenía un amigo que nunca nos dijo que era cristiano, pero nos decía: no es que tengo que ir a la iglesia. Cuando teníamos partido los domingos a veces él no iba y le preguntábamos ¿por qué? Y nos decía es que tengo que ir a la iglesia. Ya después nos fuimos enterando que no era a la iglesia católica, que era una iglesia diferente.

 

Y entonces en una ocasión, creo que se casó su hermano y entonces nos invitó a la boda de su hermano a la iglesia. Yo no fui pero uno de mis amigos sí fue, y entonces le pregunté, ¿cómo estuvo? ¿Cómo  te sentiste ahí en esa religión, en esa reunión? Yo no conocía de Dios. Y me dijo mira cuando yo estaba ahí yo entré muy serio y yo estaba poniendo atención, pero entonces vi a Daniel, bueno me dijo: entonces vi al nariz porque así le decíamos; y entonces vi al nariz que estaba jugando con su sobrino, y dije no entonces yo voy a hacer lo que yo quiera. Entonces en ese momento yo ya me sentí más relajado y yo ya me empecé a distraer.

 

Y eso es lo que hacemos muchas veces, la gente viene aquí con un gran respeto, la gran mayoría de la gente que viene por primera vez viene con un gran respeto; y nosotros mismos con nuestras actitudes somos los que les decimos: mira has lo que quieras, puedes estar como quieras, no importa tu actitud puedes hacer lo que quieras, ¿por qué? Porque nos ven a nosotros hacer lo que queramos. O sea nos ven  que si está la predicación, nos ven que nos estamos durmiendo, ¿qué dicen? Pues entonces me puedo dormir también ¿no? Está la alabanza y nos ven jugando, ¿qué dicen? Pues yo también puedo jugar también. Nos ven a la hora de las ofrendas que estamos platicando con el hermano o la hermana, ¿qué dicen? Pues yo también lo puedo hacer, aquí es normal.

 

Y ¿qué dice la Biblia? Dice que estamos delante de nuestro Hacedor, delante de nuestro Dios; no lo vemos. Yo sé que para la gente es importante ver y por eso tiene gran éxito toda la idolatría, y por eso las grandes historias que cuentan. Me estaba platicando una persona acerca de cómo construyeron una catedral y que cuando inventaron lo de los “Tres Reyes Magos”, y dice ¿sabes por qué? Porque para la gente era importante ver.

 

Yo sé que para la gente es importante ver, pero aquí tenemos que mostrar una madurez en donde aunque no veamos a Dios, aunque no veamos una pintura aquí al frente, aunque no veamos a un gran muñeco porque ese no es Dios, tenemos que tener conciencia de que Dios está aquí. Entonces no te comportes como si no estuvieran enfrente de Dios. Compórtate a la altura, compórtate como Dios está esperando que te comportes.

 

Tiene que ver también con nuestra atención, con la atención que ponemos a sus llamados. Cuántas veces Dios hace un llamado, Dios da un mensaje, una palabra, está moviendo su Espíritu; y nosotros estamos perdidos. Nosotros estamos completamente en otro canal, como si no estuviéramos aquí, como si estuviéramos en el zócalo, en una manifestación o en otra cosa completamente diferente. Tiene que ver con nuestra puntualidad a las reuniones.  Nosotros tenemos que estar puntuales, empecemos o no empecemos puntual el servicio, nosotros tenemos que estar puntuales. Es una muy mala costumbre que ya tenemos. Muy pocas personas son puntuales a las reuniones.

 

Podemos decir y poner como pretexto el que trabajamos y venimos del trabajo, está bien pero realmente ¿cuántos vienen del trabajo los domingos? Es que mira vivo muy lejos; bueno de las personas que son más puntuales son de las que viven más lejos.  Es que tuve un problema, ¿todos los domingos tienes un problema? Nuestra puntualidad es importante, tenemos una cita con Dios.  Esto es como la parábola que contó el Señor Jesús que llamó e invitó a muchas personas porque se iba a casar su hijo; y entonces uno dijo no mira yo tengo mis negocios; otro dijo: yo tengo mi labranza; otros se enojaron y mataron a los mensajeros. Entonces pues parece que no son importantes los llamados que Dios nos hace.

 

Los campamentos, las asambleas que se hacen en la iglesia, debería haber una gran motivación, un gran esfuerzo por no perdernos uno solo. Estaba leyendo en el libro de Victor Richards que decía que cuando ellos eran misioneros aquí en México,  en Chihuahua; dice que ellos no tenían mucho dinero pero que ellos juntaron dinero verdaderamente con mucho esfuerzo para mandar a sus hijos no a Disneylandia, mandarlos a un campamento cristiano para jóvenes. Y dice, ¿cuántas personas hacen sacrificios para mandar a sus hijos a Disneylandia, o a donde sea? Pero ¿cuántos no son capaces de hacer un esfuerzo para mandar a sus hijos a un campamento, o ellos mismos para ir a un campamento, a un congreso, a una asamblea de la iglesia?

 

¿Esto qué nos dice? Pues que no le damos la importancia a los llamados que Dios nos hace. Decimos: bueno las iglesias pues verdaderamente no son en serio, o sea ¿qué pasa si las iglesias desaparecen? Yo te quiero preguntar ¿qué pasa si toda iglesia cristiana desaparece de este país? Ese día se acabó toda esperanza en México. Y tú dices: Bueno pero la iglesia Levantaré no es la única, ¡no!, pero mucha gente está pensando como tú en este país. O sea, tomémonos las cosas en serio.

 

Decía un hombre: “El papel que desempeña un pastor es más importante que el papel que desempeña un presidente en un país”. Y yo verdaderamente lo creo así. Pero nosotros estamos acostumbrados a decir: bueno pero como no es un edificio de varios pisos, como no hay oficinas, como no hay muchas cosas que le den formalidad pues no es en serio. Y quiero decirte, esto es más en serio como nada más. O sea lo que estamos haciendo aquí es en serio; y hay verdaderamente una gran responsabilidad en esta congregación por lo que Dios quiere hacer por este país y por este mundo. El problema es que tú no te lo tomas en serio, pero muchos sí se lo están tomando en serio.

 

Dicen muchos que son convidados a las bodas; no, tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro. Bueno dice el Señor: los que habían sido invitados no eran dignos de venir, inviten a otros. Invitan a otros y de repente se encuentra a uno que está ahí con vestido que no era de boda. Imagínate ahí a un cuate no sé tal vez de pants, si pudiéramos traducirlo a nuestro ambiente actual. De pants, sin rasurar, in peinar, sin lavarse los dientes, todo ahí mal. Y le dicen: amigo cómo lograste entrar aquí? Lo agarran y dice la Biblia: échenlo a las tinieblas de afuera. Ese hombre no tenía idea de dónde estaba.

 

Y te digo una cosa: así hay muchos cristianos dentro de las iglesias, no tienen idea de dónde están, no tienen idea. De repente me llega alguna información de grupos de rock cristianos. Y dicen los reportes: “Chale hijo, estuvimos con la banda de la ciudad de México. La neta son personas que adoran a Cristo. La banda está bien prendida por el rock and roll”. Y digo: estos no tienen ni idea en dónde están.  Personas que están dentro de las iglesias, vestidos sin ropas de boda.

 

Decía el Señor en la profecía: no hay una actitud en el corazón por el lugar donde estás. No hay una actitud, no hay una reverencia. Dice el Señor: ¿cómo lograste entrar aquí? Más nos vale que nuestro corazón esté vestido para las bodas, porque si no y vuelvo a decirte: Dios también s duro, porque Dios nunca ha jugado con nosotros, jamás. A Dios le costó su Hijo. Jesús no estaba en la cruz diciendo: chale la banda, la iglesia le gusta el Evangelio. ¡No!, Jesús estaba verdaderamente entregando su vida, sufriendo verdaderamente. A Jesús nosotros pocas veces pensamos en lo que le costó, Dios nunca ha jugado con nosotros y nunca va a jugar con nosotros. Así que no queramos nosotros jugar con Él, con Dios. Tenemos que honrar su presencia.

 

Dios me bendijo y en la semana estuve en Alemania, y nos llevaron a una catedral. Y el guía nos llevó a un grupo como de diez, y nos mete a la catedral y empieza a hablar, y empiezan a hablar los demás y viene un cuate vestido de rojo hasta los tobillos con una gran cruz en el pecho y nos dice: ¡cállense! Y ¿qué hicimos? Nos callamos. O sea si esas personas que adoran a un dios muerto tienen conciencia de lo que es su creencia, ¿por qué nosotros no? Porque a nosotros se nos hace fácil decir no puedo, llegar tarde, jugar, platicar, estar distraídos, ¿por qué?

 

Creo que debemos de volver a pensar porqué estamos aquí. Tenemos que honrar a nuestro Dios y es parte también de lo que decía el Señor en la profecía: Él siempre está delante de nosotros. O sea Él está delante de nosotros aquí, pero cuando salimos también está con nosotros; entonces debe de haber una actitud de reverencia a Él en donde quiera que estemos, adonde quiera que vamos, a donde quiera que nos movamos debe de haber una honra hacia Él, tenemos que estarlo honrando con integridad.

 

Salmo 101:1-4 Misericordia y juicio cantaré; a ti cantaré yo, oh Jehová. 2Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa.  3No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; ninguno de ellos se acercará a mí. 4Corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado.

 

2.- Tenemos que honrar a Dios con nuestra integridad. Tenemos que andar en integridad delante de Dios, tenemos que decir: en mi casa no se ven este tipo de películas, no se ven este tipo de programas, no se dicen este tipo de palabras, no se tienen este tipo de actitudes. ¿Por qué? Porque yo quiero que Dios habite aquí en mi casa, porque yo quiero honrar a Dios en mi casa. Tenemos que andar en integridad en nuestro trabajo, tenemos que andar con rectitud en nuestro trabajo, no robarnos ni siquiera una goma o un clip,  no robarnos nada.  Andar con completa integridad en nuestro trabajo. Andar con completa integridad en nuestro camino donde quiera que andemos, sea en el microbús, sea en el metro, sea caminando, manejando, dondequiera que andemos andar con integridad honrando a nuestro Dios.

 

José honró a su Dios con integridad y dijo: cómo haré yo este grande mal pecando delante de mi Dios. Aunque nadie más lo iba  ver. Tenemos que honrar a Dios porque Él está en todo lugar donde nosotros estamos.

 

3.- Tenemos que honrar a Dios cumpliendo su Palabra.

 

Mateo 5:18-19 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

 

Honrar hasta la parte más pequeña, como dice: hasta la jota o la tilde; la parte más pequeña de su Palabra honrarla, seguirla.  Y lo que le faltó completamente a Elí:

 

4.- Honrar a Dios enseñando a nuestros hijos a honrarlo también.

 

Génesis 18:19 Porque yo sé que mandará a sus hijos (hablando de Abraham), y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

 

Elí no honró a Dios enseñando a sus hijos. No podemos permitir que la segunda generación se pierda, no podemos permitir que nuestra siguiente generación sea una generación si conocimiento de Dios, tenemos que enseñarles, tienen que vernos, tienen que aprender a honrar a Dios.

 

Entonces concluyendo tiene que haber en nuestro corazón una actitud completa de honra a Dios, de honrarle a Él. La parte fundamental del temor de Dios que hay en nuestra relación con Él, nunca se debe perder, nunca la debemos perder. Tenemos que honrar a Dios antes que a cualquier otra persona o cosa, ser como Daniel que aún arriesgó su propia vida; pero él no iba a honrar a un rey antes que honrar a Dios. Y busquemos que nuestros propios hijos honren a Dios enseñándoles a través de nuestra propia vida.

 

Si te diste cuenta mucho de la palabra que Dios nos dio en la profecía, fue a cerca de arrepentimiento, acerca de corregir nuestros caminos, acerca de honrarle a Él, acerca de tener un corazón revestido de bodas delante de Él. Entonces Dios nos habla así porque Dios conoce nuestras vidas, y hay un mandato de Dios hacia nosotros acerca de corregir nuestros caminos, entonces este es un buen momento para pedirle perdón.

 

Lo primero que tenemos que hacer para honrar a Dios es cambiar nuestras actitudes, cambiar nuestro corazón. Entonces vamos a hacerlo, pues ninguno de nosotros puede decir que no hay nada que pueda corregir, entonces definitivamente la palabra que Dios habló era para nosotros y es para nosotros, entonces vamos a aprender de nuevo a ser reverentes delante de Dios, y una actitud completa de reverencia delante de él es postrarnos, arrodillarnos delante de Él.  Dios no está viendo lo que hacen los demás cuando te está viendo a ti, cuando está mirando a tu corazón.

 

Entnces una actitud de reverencia es cuando nos postramos, nos arrodillamos delante de Él y empezamos a pedirle perdón por lo que nos hemos desviado de sus caminos. Por cuanto hay  una ira en el corazón de Dios, si hay una ira en el corazón de Dios pero hay un amor que contiene esa ira también, y gracias a eso estamos aquí tú y yo. Puedes empezar a pedirle perdón por lo que hayas hecho o por lo que hayas dejado de hacer, por lo que hayas pensado, por lo que hayas dejado que entre en tu corazón no grato delante de Dios, puedes empezar a hacerlo con  voz baja o audible.

 

Pero es el momento de decirle: Señor queremos volver a humillarnos delante de ti, tal vez tenía tiempo que no nos arrodillábamos, y tal vez tenía tiempo que no tomábamos un momento para arrodillarnos y pedirte perdón, tú siempre te tomas tiempo para bendecirnos, nunca estás ocupado cuando se trata de bendecirnos. Nuestra vida depende de ti completamente, nuestra vida depende totalmente, cada segundo, cada milésima de segundo en todo momento, en todo instante, nuestra vida depende de ti; y tú siempre estás disponible, tú siempre estás dispuesto para bendecirnos; pero nosotros no siempre nos tomamos un momento para venir delante de ti, ante tu presencia.

 

Señor dice tu Palabra que tú eres galardonador de los que te buscan a ti. Y nosotros estamos buscándote, porque hay una necesidad real, aunque a veces no la reconocemos, hay una necesidad real, grande en nuestro corazón por ti. Tú eres más indispensable para nosotros que el mismo aire que respiramos, o que la misma comida que comemos o que el agua que bebemos. Perdónanos por no tomarnos el tiempo para adoptar esta posición delante de ti y bendecirte, y honrarte.

 

Esta es tu casa Señor, haznos sentir como lo es que estamos en tu casa, que estamos en tus atrios; no te vemos ahora pero sabemos que estás aquí. No te vemos ahora pero tu presencia se siente, tu presencia nunca pasa inadvertida, tu presencia está aquí.  Permítenos estar delante de tus pies y como cantamos darte a ti el mejor perfume. Este lugar es mi anhelo, más que una ilusión es mi deseo. Hazme digno de ti, hazme digno de llegar a tu presencia, hazme digno de estar delante de ti en tu casa.  Ahí es donde quiero estar aquí es donde quiero estar en tu presencia, y olvidarme de todo lo demás, y disfrutar tu presencia Señor.

 

Haznos habitar en tu casa, que entremos hasta lo más íntimo de tu casa, y seamos refrescados por tu presencia, te amamos, te honramos mi Dios, no hay Dios como tú, no hay persona como tú, no hay nadie como tú Señor, Rey de reyes, Señor de señores, a ti te honramos no hay nadie más importante que tú en nuestras vidas, no lo hay. No hay nadie más grande que tú, no lo hay. Te honramos, te damos toda nuestra adoración, todo nuestro reconocimiento, toda nuestra gratitud; gracias por permitirnos estar en tu casa. Sigue en la presencia de Dios y que nunca se te olvide que somos sacerdotes y que debemos siempre tener una actitud reverente delante de Él, y honrarle en todo tiempo a nuestro Señor y Dios.

 

 

Amén.