INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

ENSANCHA TU TIENDA

 

Gustavo Martínez Lira

 

 

Isaías 54:1-3 Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. 2Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. 3Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas.

 

Estos versículos para analizarlos un poco mejor quisiera dividirlos primero en dos partes: primero el versículo 1 que dice: Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. El primer mandato que nos da Dios es a regocijarnos, gozarnos, que haya una actitud de gozo, una actitud de agradecimiento.

 

O sea, pensemos un poco en todo lo que implica estar regocijándose. Implica el darle gracias a Dios por nuestras vidas o por todas las bendiciones que tenemos; implica entonces una actitud de agradecimiento. Implica también una actitud de fe, es decir, de que no importa lo que va a suceder, sabemos que Dios está en el control de las cosas, implica una actitud de que las cosas van a salir bien. Implica una actitud de que dejamos de preocuparnos de lo que podrá pasar e incluso de lo que estamos viviendo.

 

Es el regocijarse es una actitud que muchas veces lo hemos comentado, en nosotros debería de ser un estado permanente de regocijo. En lugar de continuamente estarnos quejando, continuamente estar de malas, estar preocupados, estar llorando; Dios nos invita o nos hace un llamado, una exhortación a regocijarnos a estar continuamente en un estado de gozo, de felicidad, de alegría.

 

El otro día, como muchas  veces, escuchaba en el radio uno de estos locutores que decía: “Para usted ¿qué es la felicidad? Para usted la felicidad es: ¿un carro, una casa, la pareja, etc., etc., etc.?” Y creo que la respuesta para nosotros es que nuestra felicidad es la presencia de Dios. Entonces cuando la presencia  de Dios está en tu vida tienes de qué regocijarte, tienes de qué gozarte, tienes de qué estar lleno de felicidad, de ánimo, de fuerzas. Verdad, no importa incluso aunque estés enfermo, aunque te sientas mal de tu cuerpo cuando la presencia de Dios está en ti eso te levanta. Es como esos globos que hacen con gas, los suben, los levantan.

 

Cuando la presencia de Dios está en tu vida eso te levanta, eso te hace regocijarte. Y hay una invitación de Dios hacia nosotros en regocijarnos, en vivir una vida de regocijo. Si pensamos que del 100% de nuestros días, ¿cuántos de estos días hemos mostrado un verdadero gozo? ¿Cuántos de estos días hemos mostrado una verdadera paz en nuestro interior? Tal vez nos daríamos cuenta que son muy pocos los días en los que nos mostramos con gozo, con gratitud, con agradecimiento. Disfrutar nuestra vida, disfrutar lo que Dios nos ha dado, disfrutar en donde estamos, lo que estamos haciendo, lo que estamos viviendo.


Estamos continuamente bajo presiones y nos preocupa todo, nos preocupan las cosas, nos preocupa la situación económica, nos preocupan las exigencias del trabajo, nos preocupan los hijos, el matrimonio, nos preocupa que gane la selección ahora en Alemania, ¿verdad? Todo nos está preocupando y dejamos de sentir este gozo que Dios trae a nuestras vidas. Los últimos 3 meses yo me he propuesto disfrutar más mi vida, no estoy volviendo a la adolescencia, pero quiero disfrutar lo que hago. Digo, es tiempo de hacer algunas cosas que después no haré. Entonces quiero disfrutarlas, quiero gozarme con lo que Dios está haciendo en mi vida.

 

Hace 2 meses estaba por pararme al frente de mucha gente a hablar en un idioma que no es mi idioma, ahí estaba mi jefe, y me veía tan preocupado que me dice: “mira Gustavo, disfrútalo, disfrútalo. No todos los días tienes la oportunidad de hacer esto, y no mucha gente tiene la oportunidad de estar donde vas a estar”. Entonces yo dije: bueno, pues sí es cierto. Lo voy a disfrutar, me eché 2 ó 3 chistes y creo que eso le gustó mucho a la gente.

 

Y desde ese día yo me he propuesto y Dios me ha estado, a través de varias personas, diciendo: “regocíjate, gózate, disfrútalo, disfruta la vida, no es una actitud conformista; no es una actitud decir, bueno, pues estoy aquí y ya ni modo. Sino una actitud de: mira, estoy aquí, estoy haciendo o estoy buscando, sé que estoy caminando en un camino que todavía no he terminado, tengo mucho que caminar pero, mejor lo voy a disfrutar, mejor me voy a gozar.

 

La presencia de Dios está en mi vida, eso es algo que todos los días debemos reflexionar acerca de esto, que todos los días debemos de volver a sentir la presencia de Dios en nuestras vidas, volver a gozarnos, volver a decir: Señor tú estás conmigo y eso es lo que hace la diferencia, eso es lo que marca la diferencia entre todo, eso es lo que me hace saber que no importa los problemas que esté pasando, voy a salir adelante, va a haber algo mejor, siempre hay algo nuevo que va  a suceder.

 

Hay una página de internet de una iglesia, que cuando entras te dice: “algo bueno te va a suceder ahora”. Y esta frase la puedes traer en tu mente todos los días: “algo bueno te va a suceder ahora”. ¿Por qué? Porque estás en las manos de Dios, Dios tiene tu vida en sus manos, Dios está pensando en algo bueno para ti. Entonces regocíjate en tu trabajo, regocíjate con tu familia, regocíjate con tus hijos, regocíjate con tu matrimonio o si eres soltero con tu vida de soltero, con tus padres; gózate de lo que Dios te ha dado en estos días, gózate de tener la vida, gózate de que estás vivo.

 

Mi último cumpleaños hace un mes, yo le decía a Dios: “Bueno, creo que nunca te he dado las gracias por haberme creado ¿verdad? Yo te he dado gracias por la salvación, porque me tocaste mi corazón, porque Jesús dio su vida por mí. Pero le dije: algo que creo que nunca te había dicho es gracias porque un día se te ocurrió crearme, ¿verdad? “ Y eso es algo maravilloso, el que todos los días digas: Señor, gracias porque me diste la vida, sigo con vida, además como dice la Palabra: Dios puso en nosotros una eternidad, o sea, la vida que Dios nos ha dado será para siempre, y en nosotros está el que sea una vida en la presencia de Dios por la eternidad.

 

Así que si tú ves todas estas cosas todos los días que te levantas, deberías estar lleno de gozo, olvidándote de todo lo demás que es muy temporal, es temporal todo lo que está a tu alrededor. Es tan temporal que puede desaparecer de un día para otro; se puede desaparecer en un momento. Yo digo: todos mis problemas de mi trabajo pueden desaparecer. ¿Cuándo? Si un día yo salgo de mi trabajo. Ese día se acabaron todos mis problemas y yo me lleno de gozo y digo, pues sí es cierto. O sea, esos problemas ni nací con ellos, ahí están y no son parte de mí, ahí están. Me gozo, los enfrento y Dio0s me dará la sabiduría para hacerlo, y salgo adelante.

 

Escuchaba de un hermano que hace como dos años decidieron sacarlo de la institución, por algunas situaciones que no vale la pena comentar. Pero apenas esta semana me comentó una persona que ese golpe de perder su trabajo fue para él tremendo. Él se fue de su casa, rompió relación con su familia, y parece que lo que él pensaba era que lo había perdido todo. Y una de las cosas que decía él y dice: “es que lo peor de todo es que me he dado cuenta que no tengo verdaderos amigos”.


Entonces tú te das cuenta cuando de repente puedes estar construyendo sobre algo que no vale la pena, que es temporal y no quiere decir que vamos a renunciar todos mañana a nuestro trabajo, ¿verdad? No, pero quiere decir que le des el sentido correcto a tu vida, y que te goces en lo que Dios está haciendo en ti. Lo importante no es el lugar en donde estás ahorita del camino, lo importante es quién te acompaña en tu camino. Y el que te acompaña en tu camino es Jesús, y eso es razón de más, es una razón abundante, grande, amplia por la cual regocijarnos todos los días de nuestra vida. Sentir la presencia de Dios, recordar la presencia de Dios en nuestras vidas y saber que Él está ahí. Y regocijarnos y salir a todo lo que tengamos que enfrentar con esa fuerza, con esa voluntad, con ese ánimo sabiendo que Dios está con nosotros.

 

Entonces dice el Señor: Regocíjate, oh estéril. O sea no importa si tu situación sea la más triste o la más problemática que has pasado en tu vida; hay esperanza, hay gozo, hay una razón por la cual regocijarse. Dios está contigo y Dios quiere hacer algo bueno, algo bueno va a pasar en tu vida.

 

Ahora, la segunda parte es en el versículo 2, donde dice el Señor: Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas.

 

¿Qué es una tienda? No es la tienda de la esquina, eh. En la antigüedad principalmente eran lugares en donde la gente vivía. Las tiendas eran las habitaciones o las casas de la gente que era nómada o seminómada. Andaban de un lugar a otro, entonces llevaban todas sus cosas, montaban sus tiendas en donde tenían que vivir por un tiempo. Pasado un tiempo, ellos tomaban sus tiendas se movían a otro lugar y encontraban una tierra diferente.

 

El pueblo de Israel estuvo viviendo en tiendas desde Abraham hasta Jacob. Podemos leer en la Palabra de Dios acerca de las tiendas en donde vivían los grandes patriarcas. Y después durante todo lo que fue el Éxodo, ellos vivían en tiendas, incluso leemos en la Palabra cómo se acomodaban las tribus alrededor del Tabernáculo, que incluso era una tienda también.

 

Una tienda entonces tiene varias partes, una tienda pues tiene lo que vendría siendo la cubierta. En esa época las cubiertas eran de, había unos hilos como de lana de cabra o cortinas con caña y se tejía la tela. O se usaban también pieles, se usaban pieles para cubrir, se usaban pieles de borrego o de res, cubrían las tiendas, y cuando la tienda era grande, cuando había que alojar a diferentes familias en la misma tienda, se hacían cortinas que separaban la tienda. En la parte del suelo se ponían mantas, también dependiendo de la posibilidad económica, se ponían diferentes tipos de mantas. La tienda tiene cuerdas, las cuerdas que van de las estacas a la cubierta y que hacen que se sostenga o que se pegue al piso. Era una excelente manera para los pastores vivir en tiendas, cuidaban sus rebaños, se protegían en las tiendas.

 

Y para nosotros como cristianos, la tienda representa en un sentido nuestro peregrinar en esta vida. Sabes que estamos aquí de paso, podemos decir de  cierta manera, que como los judíos podemos vivir en tiendas, ¿verdad? Estamos viviendo en una tienda temporal en esta vida. Y nuestra morada final se encuentra con Jesús en donde él dijo que él se adelantó a prepararnos una morada.


Entonces la tienda representa el lugar en donde podemos protegernos, representa el hogar, representa la morada, representa el núcleo familiar también puede ser. Pero también creo yo que la tienda puede llegar a representar nuestra propia vida. Si pensamos en nuestra vida como una tienda, si pensamos en todo lo que cubrimos, o  todo lo que vivimos como esa tienda, pensamos todo lo que somos como esa tienda; podemos pensar en nosotros incluso como tiendas, ¿no? Y entonces depende de qué tienda quieras ser.

 

Hay grandes tiendas o grandes carpas, o simplemente tienditas para poner algunas cosas para que no les dé el sol o la lluvia. Entonces depende de qué tamaño de tienda quieras ser tú. ¿Quieres ser una tienda pequeña? ¿Quieres ser una tienda improvisada? ¿O quieres ser una tienda grande, fuerte que cubre, que protege, que es confiable, y que cada vez va creciendo más? Y el Señor nos habla en términos de esta tienda, en términos de lo que es nuestra propia vida.

 

Normalmente hablamos de esta Palabra pensando en la congregación. Pero yo quiero primero ubicarte en la parte personal, en la parte de tu vida, lo que es tu propia vida. Piensa en tu vida como esta tienda, piensa en tu vida como esta tienda que tiene su cubierta, sus estacas y tiene sus cuerdas. Y piensa en tu vida cuando Dios te dice: Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas.

 

¿Qué es lo que Dios está queriendo hablar a nuestras vidas? Desde hace ya un poco de tiempo Dios ha estado poniendo palabras en mi corazón de que es tiempo de movernos hacia un siguiente nivel de crecimiento. No solamente como congregación sino en lo personal. Y cuando Dios nos dice Ensancha el sitio de tu tienda, Dios te está llamando a un siguiente nivel de crecimiento, Dios te está llamando a un siguiente nivel de madurez. De extenderte hacia tu siguiente nivel, extenderte a lo que Dios tiene para ti, extenderte más hacia lo que Dios quiere hacer en tu vida. Extender tu tienda, crecer hacia donde Dios te está llamando; tienes ya que dar el siguiente paso.

 

Algunos de ustedes no dan el siguiente paso desde hace ya mucho tiempo, y tienen que dar ya su siguiente paso. Ahora, ¿en qué? Bueno deja que Dios te esté hablando a tu corazón, deja que el Espíritu Santo traiga ideas a tu mente, hay muchas cosas en las cuales ya tienes que dar tu siguiente paso. Dios te está llamando, ensancha tu tienda. Tu tienda ya es demasiado pequeña, ya no caben las cosas que hay ahí adentro, tienes que extenderte, tienes que crecer, tienes que ir hacia tu siguiente nivel de madurez. Hay algunas cosas que ya son muy incómodas en tu vida, porque es tiempo ya de irte al siguiente nivel de crecimiento. No vamos a pasar de ser una tienda pequeña o ser una tienda extraordinariamente grande, no vamos a pasar en un paso. Pero Dios nos está llamando ya al siguiente nivel de crecimiento.

 

Isaías 33:20 Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota.

 

Piensa en esto que Dios está hablando aquí; una morada de quietud, una morada de paz; una tienda que no será desarmada, no serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota. Ese es el final que Dios tiene en su corazón hacia nosotros; ese es el pensamiento que Dios tiene en su corazón hacia nosotros. Una tienda firme, una morada de quietud. Cuántos de nosotros llegamos a nuestro hogar y decimos: ay quisiera tener un hogar de paz, un hogar en donde no hay pleitos, no hay contiendas, puedo descansar, puedo estar en armonía. ¿Verdad?

 

Anhelamos muchos de nosotros un hogar, y es nuestro deseo construir un hogar de quietud, de paz donde nuestros hijos vienen a la casa se sienten protegidos, se sienten cubiertos, se sienten en paz; nuestra pareja, esposa o esposo en armonía el matrimonio, ¿verdad? A lo mejor ese matrimonio como una de las estacas, o uno de los mástiles, firmes ahí que sobre los cuales se fundamenta la tienda. Ese es el plan de Dios cabía nuestras vidas, eso es lo que Dios quiere hacer en nosotros, una morada de quietud que no será desarmada, que sus estacas están firmes, que sus cuerdas están firmes, están y no serán rotas, no serán arrancadas.

 

Y para ir hacia ese lugar, algunos de nosotros, bueno, tal vez necesitemos primero levantar nuestra tienda. A lo mejor alguna cuerda se rompió, alguna estaca está débil, alguna parte de la cubierta está rota, ya está goteando, ya está pasando el agua, ya no está cumpliendo la función de protección que debería de tener. Pero Dios quiere volver a repasar contigo que su propósito es un propósito de restauración, de bendición sobre tu vida y de restaurar tu tienda, de hacer que tu tienda sea cada vez más fuerte.

 

En Génesis 13:14-18, leemos acerca de Abraham. Abraham viviendo en tiendas. Dice: Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. 15Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. 17Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré. 18Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.

 

Dios nos va moviendo, incluso, no solamente la tienda va creciendo sino la tienda se va moviendo de lugar. Tenemos que irnos moviendo de lugar nosotros, tenemos que ir escuchando la voz de Dios moviéndonos de lugar, sabiendo finalmente cuál es el destino al cual Dios quiere llevarnos. Y estando obedientes a su voz y moviéndonos hacia donde Dios quiere movernos, ¿verdad? Dios le dice a Abraham: mira Abraham levanta tus ojos, ve hacia el norte, hacia el sur, hacia el oriente, hacia el occidente, contempla todo esto, y dice: y ahora ten la visión que toda tu descendencia poseerá esta tierra y de que tu descendencia será tan numerosa como el polvo de la tierra.

 

Y Abraham, imagínatelo pensando en todo eso que Dios está poniendo. La manera en la que Dios trabaja con nosotros es una manera bien hermosa, porque Dios nos muestra, nos dice: mira aquella tierra o mira aquel lugar, hacia allá es a donde te quiero llevar. Dios nos muestra la visión y entonces nos dice: mira hacia allá, es hacia  donde voy, hacia allá es hacia donde te llevo. Ahora, el siguiente paso que tienes que dar, le dijo: Bueno, pues ahora ve y pon tu tienda, mueve tu tienda y mora ahora en el encinar de Mamre.

 

Nos va moviendo de la visión y nos va poniendo pasos prácticos. Pasos prácticos porque la visión no se alcanza de un día para otro. Y por eso de nuevo, aquella persona que no alcanza a ver la visión de Dios para su vida, pues anda perdida ¿verdad? Anda perdida sin saber hacia dónde va. No solamente cuando hablamos de visiones para la congregación, hablamos de visiones para el país, hablamos de visiones para la iglesia, pero nos falta entender la visión de nuestra vida, a dónde Dios me quiere llevar ¿verdad?

 

Como Abraham, nosotros deberíamos anhelar esos momentos en donde Dios viene, se para de nuestro lado y nos dice: mira hacia allá, es a donde te quiero llevar. Si no te has dado cuenta hacia acá es a donde quiero llevarte. Hacia este lugar, hacia esta situación diferente. ¿Cuál es el más grande visionario de todo este Universo? Pues es Dios. Y un visionario lo que hace es imaginarse un futuro diferente. Y eso es el cristianismo. El cristianismo es, imagínate un futuro diferente, imagínate un futuro diferente al presente que tienes hoy, y entonces camina hacia ese futuro, ¿verdad? Pero tenemos que ir con Dios y preguntarle, Señor ¿hacia dónde es? ¿Cuál es la visión?

 

Yo creo que no vamos a descubrir esto en un momento. Dios nos va mostrando la visión a lo largo de nuestra vida, a lo largo de nuestros días se va haciendo cada vez más clara y Dios nos va poniendo pasos prácticos en cada momento. Y yo te quiero decir hay pasos prácticos que ya Dios te está diciendo como Abraham, mueve tu tienda de donde estás, y ahora ponla en tal lugar. Muévete ya de donde estás, y pasa ya al siguiente nivel. Tienes que pasar a tu siguiente nivel.

 

Ahora, ¿qué nos hace quedarnos en donde estamos? Bueno, primero pues la comodidad. Vivir en tiendas no es algo cómodo ¿verdad? No podrías tener en un atienda muchas cosas, porque cuando te mueves bueno tendrías que cargar con todo. No podrías imagínate, tener muebles de madera en una tienda, pues no se puede ¿verdad? No puedes, en una tienda no te puedes arraigar completamente al lugar en donde estás. Y parte, y yo he aprendido y a veces con mucho trabajo, y parte de lo que Dios quiere enseñarnos es: “no te arraigues al lugar en donde estás”.

 

No quiero decir que no ames tu tierra, ¡no! Quiero decir que no te arraigues al estado en donde estás, porque tienes que irte moviendo todos los días. Y si tú dices: no, es que este lugarcito ya me gustó, mejor aquí me quedo, se truncó el plan de Dios, y no llegaste a donde Dios quería que llegaras. Por eso la tienda, la tienda Dios te dice: ¡muévete! Agarras, la recoges y te vas. Y te vas al siguiente lugar a donde Dios te llama. Pero cuando empiezas a anclarte con tu posición, por ejemplo, tu posición en el trabajo, tu comodidad, tu estatus, etc. Eso te va arraigando al lugar en donde estás, y Dios te quiere en continuo y constante movimiento. Dios te quiere ir perfeccionando y Dios te quiere ir moviendo de lugar.

 

Ahora, estando ahí en el encinar de Mamre, y dice Dios: es momento para el siguiente paso Abraham. Y dice Génesis 18:1a Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre. O sea, fíjate como va todo de la mano. Dios le dice: muévete al encinar de Mamre y ahí te busco, ahí nos vemos. Si él no hubiera estado ahí bueno pues no hubiera sido posible encontrarlo ahí. Pero le dice, muévete ahí. Ahí se mueve Abraham y entonces Dios ahí va.

 

Y continúa el versículo: Y estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. 2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, 3y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo.

 

Era momento para el siguiente paso. Y en ese día Dios le dice de aquí a cuando el tiempo se cumpla, tu esposa dará a luz un hijo. Era el siguiente paso, pero tenía Abraham que estar en el lugar correcto; y era el siguiente paso para avanzar hacia esa gran visión que Dios tenía para Abraham. Ahí estaba Sara, dice, estaba detrás de la tienda, estaba escuchando, y Dios le dice esto a Abraham y Sara se ría. Y Dios pregunta, ¿por qué se ríe Sara? Y la descubrieron que estaba ahí, no había puertas para pegarse pero había tiendas, y ahí estaba escuchando.

 

Y se cumple dado el tiempo, se vuelve a cumplir la Palabra de Dios y vuelve a crecer Abraham, y vuelve a avanzar Abraham hacia donde Dios lo había llamado. Esa gran promesa de tener una descendencia tan numerosa como la arena de la tierra, como las estrellas del cielo; esa promesa poco a poco se iba cumpliendo y era necesario que Abraham se fuera moviendo poco a poco de acuerdo a los pasos de Dios.

 

Regresando a Isaías 54:2, Dios nos dice a nosotros Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas. Es tiempo de ir al siguiente nivel, es tiempo de crecer, es tiempo de madurar, es tiempo de ir a lo que sigue, es tiempo de dejar la comodidad, es tiempo de dejar el estatus, es tiempo de incluso arriesgarse. Una de las cosas que nos causa también inseguridad es ¿y si lo pierdo todo? ¿Qué tal si lo pierdo todo? ¿Qué tal si en el siguiente intento de crecimiento lo pierdo absolutamente todo? Bueno, ya llevo un poco ganado, pero qué tal si en la siguiente transición lo pierdo todo. Bueno pues parte del riesgo.

 

Tenemos que ir al siguiente paso, no nos podemos quedar. Porque una cosa es segura: si no nos movemos de donde estamos, si no muevo mi tienda de donde está ahora, voy a cubrir lo que tengo pero no voy a crecer más. Y seguro que no he llegado al lugar a donde Dios quiere que llegue. Tengo que darle mi confianza a Dios, tengo que permitirle que mueva mi tienda, tengo que ayudarle a moverla y tengo que confiar que lo que sigue es mejor que lo que ya había vivido.

 

El día que tú piensas que ya llegaste, ese día dejas de crecer y ese día truncaste el plan de Dios. Dios te dice: prepárate para ensanchar tu tienda. Y luego te dice: no seas escasa. Y aquí es donde tenemos que pensar lo que tengo, no estoy hablando solamente en lo económico, estoy hablando en lo que es tu vida. Imagínate de nuevo esa tienda como tu vida, y tú dices, oye, lo que tengo ¿es todo lo que Dios quiere que yo tenga? ¿Lo que tengo ahora es todo lo que Dios tiene en su corazón para mí? No sé tu respuesta pero yo creo que ¡no! No sé que es lo que tú pienses, pero yo creo que no, no es todo lo que Dios quiere para ti, no es lo que tú tienes ahora. Dios quiere más, Dios quiere mucho más.

 

Entonces nos dice. No seas escasa, no seas escaso. No limites lo que Dios puede hacer en tu vida, no lo limites a lo que tú piensas que Dios puede hacer en tu vida. Crece más allá y rompe los límites de tu mente, de tu corazón, de tu pasado, de tu presente, no seas escasa ten una visión grande. Que la visión que tengas sea determinada por Dios y no por ti, y que Dios te lleve a nuevos lugares, a descubrir nuevos lugares, a descubrir nuevas cosas, a un nivel más allá de lo que tú piensas.

 

Quiero decirte que estamos viviendo en la escasez cuando pensamos que hemos llegado a donde Dios quiere que lleguemos. Hace más de 10 años conocimos en un congreso juvenil a Bill  Wilson, en aquella ocasión él nos compartió de su testimonio y de su ministerio y la verdad que es una de las palabras que ha impactado mi corazón para siempre. Este hombre cuenta su testimonio, él vivía en el estado de Florida en Estados Unidos. Y un día su mamá que trabajaba en un bar, un día su mamá lo toma de la mano, se lo lleva a la calle, van caminando por las calles, encuentran una banqueta, le dice al niño siéntate aquí, y espérame aquí, yo ya no aguanto más. La mujer deja ahí al niño y la mujer se va.

 

Y este hombre platica y dice: yo hice exactamente lo que mi madre me dijo, yo me quedé esperando. Me quedé esperando, el sol se metió, el sol volvió a salir, el sol se volvió a meter, volvió a salir. Tres días estuvo ahí, dice, si yo hubiera conocido a Dios hubiera orado, dice pero mi madre nunca me había enseñado acerca de Dios. Así que ni siquiera podía orar. Pasados tres días vino un hombre, un cristiano, vecino de ellos. Lo tomó de la mano y se lo llevó a una iglesia, se lo llevó a un culto. Dice Bill Wilson que él traía sus pantalones rotos, su ropa no olía muy bien, lo tomó de la mano lo llevó a la iglesia ni siquiera le cambió la ropa, así tal cual lo llevó, le dio de comer, lo llevó al culto.

 

Y dice que en ese momento empezaron a hablar de Jesús, y dijeron: ¿alguien quiere recibir a Jesús como su Salvador? Y dice, inmediatamente me paré al frente. Había muchos consejeros y muchos niños, dice, se pararon al frente, los consejeros empezaron a orar. Y dice, y yo me di cuenta que nadie venía a imponer manos sobre mí, nadie quería orar por un niño con las ropas sucias y rotas. Dice, en ese momento pensé: mi madre no me quiere, nadie me quiere en este mundo. Dice, y sin embargo esa fue la primera vez que me sentí amado. Y ¿sabes por qué? Porque sentí la presencia de Dios en mi vida.

 

Y este hombre ahora lo que hace es, en la ciudad de Nueva York, desde ese entonces yo dije que algún día tengo que conocer más acerca de esto. Y gracias a Dios pudimos estar en Nueva York, visitamos su iglesia, y tienen un gimnasio en donde traen a los niños de la calle. En Nueva York si tú vas a la parte turística pues obviamente todo es muy bonito, pero si tú vas a la parte de los suburbios, a las partes más pobres de la ciudad pues no es tan bonito ni tan seguro. Tienen 20 mil niños en la Escuela Dominical.

 

Cuando estuvimos en este gimnasio, le dije a la hermana que nos llevó: “aquí no caben 20 mil niños”. Me dice: no, lo que pasa es que tenemos muchos autobuses, vamos a las calles, vamos a los parques predicamos la Palabra de Dios, llevamos ayuda para los niños y de esa manera es como ellos pueden alcanzar 20 mil niños en la ciudad de Nueva York. Y después entrando a su página de internet, tienen ministerio en muchos lugares del mundo, por ejemplo en África, Suiza, Holanda, la India. Comenta este hombre que en la India los niños los venden a 200 dólares, ahí tú puedes comprar un niño por 200 dólares. Bill dice: si de cualquier manera los van a vender, pues yo los estoy comprando y les estoy enseñando la Palabra de Dios.

 

De esto te hablo cuando te digo que estamos viviendo todavía en la escasez. Dios quiere hacer cosas mucho, mucho, mucho más grandes. Mi esposa me decía, cuando llegamos allá a la congregación, pues esperábamos una congregación de miles, de miles, y no, no es una congregación de miles, pero tú ves el estacionamiento y hay decenas y decenas  de autobuses; estos autobuses que salen a la ciudad, ves a los jóvenes, esos niños que hace años se convirtieron gracias a lo que la iglesia hizo, los ves ahora como jóvenes congregándose ahí los domingos.

 

Y no es gente diferente a nosotros, gente igual que nosotros y lo que hace la diferencia solamente es. ¿CUÁNTO DEJAS TÚ QUE DIOS HAGA EN TU VIDA? ¿Cuánto dejas que Dios haga? ¿Cuánto te pones a volver a leer la Palabra cuando Dios te dice: no seas escaso. Hay mucho más, Jesús dijo: en esto es glorificado mi padre en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.

 

Hay mucho más fruto que Dios quiere que tú lleves, solo es cuestión de permitírselo. Dios te dice también: alarga tus cuerdas. Cuando alargas las cuerdas quiere decir que vas a estar en la posibilidad de cubrir más. Cuando de repente decimos, que tal si algo pasa, pierdo mi seguridad, tengo miedo, etc., y entonces como que en lugar de extenderte te contraes más. Y dices, no mejor yo aquí me quedo. Y Dios te dice: bueno si te soltaras un poco más, abarcarías más y verías más la obra y los milagros de Dios. Alarga tus cuerdas.

 

Joel 2:28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

 

Dios quiere poner visiones, poner sueños, llevarte más allá de lo que tú piensas que puede ser. Quien podría pensar que un niño recogido en la calle podría fundar un ministerio que lleva más de 25 años y que alcanza a miles y miles de niños. Quiero decirte que tu principal herida en tu vida, puede convertirse en tu principal fortaleza. Puede convertirse en la manera en la que Dios más te usa. Dios puede transformar lo que más pesa en tu vida y darle la vuelta y hacer de eso la principal manera en al que Dios quiere usarte. Pero todo es cuestión de dejarte llevar, de dejar que Dios pase al siguiente nivel en tu vida.

 

Isaías 54:2b  Alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Es decir, mientras te extiendes y las cuerdas van alargándose, tienes que reforzar las estacas. Tienes que reforzar aquello que hace que la tienda no se despegue del suelo. Y esto nos habla de nuestro carácter, de nuestra convicción, de nuestra santidad. A veces pensamos oye ¿por qué no crezco tanto como tal persona crece? Oye ¿por qué el crecimiento de la iglesia está limitado? ¿A qué está limitado el crecimiento de la iglesia?

 

Bueno, primero ¿A qué está limitado el crecimiento de tu vida? ¿Qué tanto dejas que Dios alargue las cuerdas? Y Segundo, ¿A qué tanto tus estacas están fortalecidas? Estoy hablando de tu obediencia, estoy hablando de tu santidad, estoy hablando de tu carácter. Ah, porque podemos permitirle a Dios que las cuerdas se hagan cada vez más grandes; pero cuando cubrimos más y las estacas no están firmes,  entonces sí todo se pierde.

 

La limitante a tu crecimiento está en esas dos cosas, en qué tanto dejas que Dios, tu relación con Dios vaya extendiendo la visión de Dios en tu vida. Y segundo, qué tanto estás afirmando tu carácter en un nivel de santidad y de obediencia a Dios. ¿A qué está limitado el crecimiento de la iglesia? A nuestro crecimiento. Tú preocúpate por tener un crecimiento personal y tú contribuyes a tener un crecimiento de la congregación. Tú crece en lo personal, tú ensánchate en lo personal y tú contribuyes a un crecimiento de la congregación. Pero no al revés, no el crecimiento de la congregación nos va a hacer más grandes a nosotros.

 

Hageo 2:10-15  A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: 11Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: 12Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. 13Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será. 14Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo. 15Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová.

 

Quiero que meditemos un poco en esta palabra, y cuando yo la leí a mí me dejó frío. Porque dice Dios, así mismo toda obra de sus manos y todo lo que aquí ofrecen es inmundo. ¿Qué tan inmundos estamos? Cuando estos hombres Zorobabel, el gobernador de Judá y Josué, Sumo sacerdote; estaban por reedificar el templo de Dios, Dios les dice a través de Hageo: antes de que pongan piedra sobre piedra, les quiero hacer una pregunta. La pregunta es, ¿lo santificado con simplemente tocarlo puede santificar a otras personas? Y los sacerdotes dijeron, no. Y así es. Y entonces dijo, oye pero lo inmundo si toca a otros ¿puede hacerlos inmundos? Y dijeron, sí.

 

Es decir, no por estar metiendo las manos en la obra de Dios estás santificado. No por estar metiendo tus manos en el templo de Dios en el ministerio de Dios, eres santificado. ¡No, no, no! Pero sí puede suceder al revés, tus manos contaminadas pueden contaminar también la obra de Dios. Y entonces Dios les dice, señores momento, antes de que empiecen a poner piedra sobre piedra, mediten en sus propios caminos; mediten en sus propias obras.

 

Y Dios nos llama y nos dice: oye te quejas porque no estás creciendo ¿verdad? Te quejas porque sigues con los mismos problemas emocionales, te quejas porque sigues con los mismos problemas familiares, sigues con los mismos problemas económicos, la situación es que medita en tus caminos, medita sobre tus caminos, medita sobre lo que tienes que cambiar en tu vida.

 

Si Dios te lleva al siguiente nivel sin transformar tu interior, desastre seguro. Si Dios te lleva al siguiente nivel de bendición sin transformar tu corazón, fracaso seguro. Y Dios nos dice: Medita pues en tu corazón desde este día en adelante. Medita. Dice la Palabra Hageo 2:16 Venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte. Había una falta de honestidad y de pureza en el corazón de estos hombres. Y cuando nosotros no crecemos en nuestra vida personal, lo primero que tenemos que hacer es meditar en nuestro corazón.

 

Cuando decimos: “es que el problema no es que Dios no me de visiones, Dios me da visiones pero de 20 no hago una”. ¿Por qué? Medita en tu corazón. Hay una santidad que Dios está exigiendo en nuestras vidas, y también tenemos que pasar a nuestro siguiente nivel de santidad.  Hay una santidad que Dios está exigiendo en nosotros. Dios nos está demandando una santidad y una obediencia en nuestras vidas. Entonces cuando las cuerdas se alargan, las estacas tienen que estar más fuertes, deben de estar fortalecidas, pero tenemos que meditar en nuestro corazón. Tenemos que cambiar nuestros caminos.

 

Pensamos en la congregación y decimos, ¿A qué está limitada el crecimiento de la congregación? Y de nuevo, medita sobre tus caminos. Si pensamos en la congregación como una gran tienda, podemos pensar la cubierta ¿está bien? O ya hay algunas áreas en donde está deteriorada. Podemos pensar las relaciones entre nosotros de respeto, de armonía, de amor, de apoyo, ¿están bien o tenemos ya que restaurarlas? Tenemos que afirmar alguna estaca que se está moviendo, y Dios nos invita: MEDITA EN TU CORAZÓN.

 

Yo quiero el crecimiento en mi vida, y por eso Dios empieza siempre hablándonos de visiones. Dios empieza hablándonos, esto es lo que yo quiero para ti. Esto es lo que yo quiero para la congregación. Esto es lo que yo quiero para el país. ¿Lo quieres tú también? Bueno pues revisa tus estacas, revisa tus cuerdas, medita en tu corazón, medita en tu vida.

 

Amado hermano, amada hermana, piensa en tu vida como esa gran tienda. Esa gran tienda con ese manto arriba, ese manto que cubre y esas cuerdas que sostienen de la parte superior de la tienda, de lo que es el manto hacia la estaca.  Y piensa en el siguiente nivel al cual Dios te quiere llevar. Vuelve a pensar en la visión que Dios tiene para tu vida. Quisiera hacer esto un poco más personal, olvídate de todo y piensa en esto. La gran visión que Dios tiene para tu vida, aquellos lugares a donde Dios te ha llamado.


Cuando vas como Moisés a la cima de la montaña y estás con Dios hablando, bajas con una visión diferente sobre tu vida. Así que vuelve a pensar en eso que Dios tiene para ti. Deja que Dios de nuevo vuelva a soplar sobre tu tienda y la haga estremecer, porque hay cosas que ya Dios quiere cambiar y quiere que te des cuenta que necesitan un cambio en tu vida. Empieza a pedirle a Dios el cumplimiento de sus visiones sobre ti, el cumplimiento de sus propósitos sobre tu vida. Empieza a aceptar el plan que Dios tiene para ti.

 

Dile, Señor se me olvida pero de nuevo quiero volver a aceptarlo, quiero volver a pensar en ello, y quiero aceptar ese plan que tú tienes para mí, quiero aceptarlo. Me he confundido y perdido en tantas preocupaciones y afanes, pero Señor quiero volver a pensar en lo que tú tienes para mí. Quiero pedirte que pienses en algo, hay una visión que Dios continuamente pone en mi mente y en mi corazón y es estar en una colina donde hay un gran árbol, es un día soleado y hay un río enfrente de esa colina. Tú estás en la cima de esa pequeña montaña, estás cobijándote bajo la sombra de un gran árbol y estás viendo ese gran río que está corriendo. Y estás sintiendo el aire que está soplando sobre tu rostro, sobre tus cabellos.


Dios quiere llevarte a un momento de comunión, y Dios quiere mostrarte las grandes cosas que tiene para ti. Tal vez tienes un concepto más bajo acerca de ti mismo, de ti misma de lo que Dios piensa de ti. A lo mejor solamente agachas tu rostro y caminas viendo hacia el piso, pero Dios quiere levantar tu rostro en esta hora y darte una nueva visión o reforzar la visión que Dios tiene para ti.

 

Joel 2:28, dice que Dios dará visiones y sueños. ¿Quién quiere visiones y sueños? Pues pídeselos a Dios con voz audible y dile, Señor dame nuevos sueños, dame nuevas visiones y nuevos sueños sobre mi vida, sobre lo que quieres de mí, sobre lo que estás buscando en mi vida. Dame visiones y sueños, derrama de tu Espíritu santo en mi vida, de tu Espíritu que quita la ceguera en el nombre de Jesús.

 

Señor, tú diste vista a los ciegos; danos vista a nosotros que estamos ciegos espiritualmente, que estamos ciegos en nuestro caminar; danos vista Señor. Dile a Dios: dame visión. Dame una nueva visión sobre mi vida. ¿Cuántos quieren que sus tiendas sean ensanchadas? Dile al Señor, Señor ensancha mi tienda, alarga mis cuerdas, y afirma mis estacas. Llévame a un siguiente nivel de crecimiento Señor. Llévame más allá, llévame al siguiente nivel en tu Espíritu. Dice tu Palabra, irán de poder en poder, de gloria en gloria; bendito eres Jesús.

 

Imagínate que todos nosotros somos la cubierta de esa gran tienda, de esta gran congregación, ahora, pídele a Dios, Señor restaura esta tienda, restaura esta cubierta, restaura esto que nos protege a todos, fortalece la cubierta Señor. Alarga las cuerdas también y fortalece las estacas. Que seamos una tienda capaz de retener la presencia de Dios adentro, y que es capaz de extenderse más para traer más gente que venga a disfrutar de la presencia de Dios, en el nombre de Jesús.  Amén.

 

Dios te bendiga