LA OLLA HIRVIENTE

INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

LA OLLA HIRVIENTE

 

Pastor Jaime Galindo Arellano

Centro Cristiano Palmas

   

 

   

Hoy voy a pasearle un poquito por los reyes de Israel. ¿Cuántos saben que podemos aprender un poquito de los reyes de Israel? Amén, pues abróchese su cinturón y vamos a la Palabra de Dios. Esta es una parábola bien, bien especial, porque en un principio uno la lee y diciendo, pues ¿de qué está hablando Dios? Hoy vamos a leer 5 versículos de esta porción, para que usted pueda entender un poquito algo que a lo mejor lo ha leído y ha dicho: pues ¿a qué se refiere esto? La Biblia tiene muchas parábolas muy interesantes. Y hoy queremos meternos en una parábola del Antiguo Testamento.

 

Ezequiel 24:1-5 Vino a mí palabra de Jehová en el año noveno, en el mes décimo, a los diez días del mes, diciendo: 2Hijo de hombre, escribe la fecha de este día; el rey de Babilonia puso sitio a Jerusalén este mismo día. 3Y habla por parábola a la casa rebelde, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua; 4junta sus piezas de carne en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; llénala de huesos escogidos. 5Toma una oveja escogida, y también enciende los huesos debajo de ella; haz que hierva bien; cuece también sus huesos dentro de ella.

 

Puedo seguirle, pero después se pone peor. Pero de entrada quiero preguntarte: ¿captaste algo? Dices: pues ¿de qué habla aquí? A lo mejor alguna mamá oficiosa, de esas que nunca faltan, podría pensar cuando llegue por ahí del versículo 10, dice: multiplicando la leña, y encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los huesos serán quemados. A lo mejor una linda mamá por aquí dice: “hermano está preparando el Señor un mole de olla”. Pues no, esta salsa es diferente.

 

¿Sabes una cosa? Cuando nosotros vamos leyendo esta Escritura, a veces tenemos por costumbre leer la Palabra de Dios e irnos metiendo en ella, pero en alguna ocasión pareciera como que hay cosas que en un principio no captamos. En el Antiguo Testamento, también de repente el profeta Jeremías dice parábolas que Dios le ordena. Y las parábolas del Antiguo Testamento son diferentes de las parábolas del Nuevo Testamento. Todos ustedes saben que una parábola es una enseñanza, es una figura terrenal con una enseñanza celestial. Y hoy queremos meternos en este texto para que usted vea la enseñanza que Dios tiene para nosotros, pero ahora en el Antiguo Testamento.

 

Bueno, así que tenemos una olla. Una olla con un montón de pedazos de cordero en ella. Y calentada por huesos. Y dices: bueno, ¿pues de qué habla aquí el profeta Ezequiel?  ¿A qué se refiere? Vamos por principio de cuentas a explicar la parábola, después trataremos de ver por qué fue dicha, finalmente diremos cuál fue la consecuencia de esta parábola y como último punto veremos qué nos podemos llevar de la enseñanza. ¿De acuerdo? Así que la Palabra es muy sencilla.

 

Fíjese usted, por principio de cuentas quiero decirle que cuando esta profecía fue dicha, los días de la ciudad de Jerusalén y del reino de Judá estaban llegando a su fin. Esta profecía fue dicha en los días en los últimos días del rey Sedequías. El rey Sedequías fue el último rey del reino de Judá. En el noveno, en el noveno año de su reinado, porque él reinó once años; pero los últimos dos años estuvo bajo sitio. Estuvo sitiado por los babilonios y próximo a ser cautivo y a morir en Babilonia. Antes de que esto ocurriera este hombre, Ezequiel se le dice que diga esta profecía. Pero esta es una parábola profética, es una parábola que tiene una enseñanza de cosas terrenales con un profundo fin celestial pero al fin de cuentas esta es una profecía de lo que iba a ocurrir en la ciudad de Jerusalén.

 

Déjeme decirle como un antecedente algo que ocurre en la historia en este momento. Nosotros recordamos que el pueblo de Judá o la casa de Jerusalén, la ciudad de Jerusalén fue llevaba prácticamente fue arrasada y fue llevado cautivo el pueblo por ahí del año 586 a. de Cristo. Y cuando esta parábola fue dicha, estamos hablando por ahí del 588 a. de C., o sea, ya era próximo, estaba el fin inminente de los reino de las naciones de Judá.

 

Ahora, tú dices, pero ¿por qué Dios les habla en esta forma? ¿Qué significado tiene? Mire usted, la clave para aprender un poquito el significado de la parábola está si se regresa uno un poquito más atrás, hasta el capítulo 11 de Ezequiel. Ahí nos dice algunas cosas que el Señor quiere que veamos, porque muchas veces actuamos creyendo que por la forma en que entendemos las cosas, o la forma en que nosotros las armamos, pareciera que Dios las va a bendecir. Pero vean ustedes que aquí resultó lo opuesto.

 

Ezequiel 11:2-3 Y me dijo: Hijo de hombre, estos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo; 3los cuales dicen: No será tan pronto; edifiquemos casas; esta será la olla, y nosotros la carne.

 

Puedes mirar que el pueblo de Judá se consideraba como una gran olla por una razón: la ciudad de Jerusalén era una ciudad muy fortificada, estaba en un monte y precisamente su orgullo, su arrogancia en que cuanto decían: “si tratan de venir contra nosotros pues no podrán, pues somos una ciudad fortificada”. Pareciera como que somos una gran olla dice, una olla metálica. Y como somos una olla metálica, somos como si fuéramos la carne adentro de la olla. Afuera de la olla pueden ocurrir muchas cosas pero lo de adentro no le pasa nada. Y así se consideraba esta nación.

 

Y miren nada más como ellos decían: “Pues esto es como una olla, edifiquemos casas; nosotros somos la carne pero aunque venga el mal no vendrá sobre nosotros”. Se consideraban una olla. Y más adelante en los versículos 11 y 12, fíjense por qué Dios les tiene que decir esta parábola. Dios les habla y les dice: hey, hey, hey, momentito La ciudad no os será por olla (es decir, no van a estar protegidos), ni vosotros seréis en medio de ella la carne; en los límites de Israel os juzgaré. 12Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis andado en mis estatutos, ni habéis obedecido mis decretos, sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis hecho.

 

Ustedes pueden mirar que Dios dice: “Ah, ustedes se sienten muy seguros dentro de la olla, opérense porque no saben lo que yo voy a hacer. Ya que ustedes se consideran la olla, ahora les voy a decir algo que voy a hacer. Voy a calentarla hasta que se funda lo que hay dentro de ella”. Pero además dice Dios cuando da la parábola, es que es una olla además bien mugrienta. Está llena de cochambre, mugrosa (el maestro limpio no le entró hasta abajo, ¿verdad?). Y resulta que dice Dios: “voy a quemarla de tal manera que la cochambre y toda la herrumbre se caiga, se mueva”. Y todo esto por causa del fuego del sitio que yo voy a hacer. Voy a hacer que se queme su fondo, se funda en ella su suciedad y se consuma su herrumbre dice en la parábola en el capítulo 24 en el versículo 11.

 

Pero lo que es curioso es que ahí en la parábola de Ezequiel 24:10-11 multiplicando la leña, y encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los huesos serán quemados. 11Asentando después la olla vacía sobre sus brasas, para que se caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. Ahora tú dices, “hermano esto está bien. La parábola suena muy interesante, pero por favor ¿de qué o contra quién fue proferida esta parábola?

 

Les decía que siempre es importante ir a un poquito de antecedentes. No muchos años antes se había levantado un gran rey en el pueblo de Israel. Según lo que se dice de él ahí mismo en el en 2 Reyes, nada más anote la cita no la busque. En 2 Reyes 23:5 se habla de este rey. Este rey se llamaba Josías. Josías pasa a la historia de los reyes como tiene una cierta semejanza guardando las proporciones desde luego porque éste era un hombre profundamente religioso. Pero tiene una cierta semejanza con nuestro Presidente que tanto se honra en este país, ah Benito Juárez, ¡guauuu!

 

Se habla de Benito Juárez que su gran reforma ¿verdad? Hizo que el clero fuera acotado. El clero estaba posesionado del país, era dueño de casi todo. Cuando vino Juárez y nacionaliza y le quita al clero lo que era del clero, le manda al Estado ser un Estado Laico, y deja a la iglesia a un lado y le quita muchas de las posiciones al clero. Prácticamente conocemos de Benito Juárez; esto se los comento a ustedes para hacer el antecedente y que capten la importancia de este hombre Josías.

 

Porque Juárez para nosotros fue el hombre que propicio las famosísimas “Leyes de Reforma”, y a causa de ellas vemos que ahora cada quien tiene libertad. Y a causa de esas Leyes de Reforma vemos que el clero no se nos puede ir encima de la manera que se había ido al país de nuestra época. Hace por ahí de mil ochocientos sesenta y tantos. Ahora bien, entonces Josías era un gran reformador religioso, pero yo quiero que usted vaya mirando en el corredor de los tiempos cómo va acomodando Dios las cosas. Porque Josías era descendiente de Manasés.

 

En la época del rey Manasés, todos sabemos, unos  dos capítulos antes, en 2 Reyes 23, cuando este hombre Manasés gobernó. Se sabe de Manasés que fue uno de los reyes, dicen cuando lo describen: “ninguno como él, que se vendió para hacer lo malo delante de los ojos de Jehová”. Cuando Manasés colmó el plato en el sentido de que había hecho de que toda la nación se volviera a la idolatría, se volviera al pecado, se volviera a los baales, levantó inclusive una estatua de Astoret, diosa sidonia, diosa de los fenicios; ahí había puesto a un ladito del patio de la entrada del templo de Jehová.


Era tal el grado de que había permitido las cosas que habían hecho cosas que los pueblos paganos hacían. Ofrecían a sus propios hijos, pequeñitos, un bebecito como ese que trae mi hermana cantando aquí en sus brazos, que ya se durmió, una pequeñita como esa, véanlas bien por favor. Ahora imagínense que lo que estas gentes hacían a causa de copiar las costumbres de otros pueblos, pues las llevaban a Moloc, la figura de su dios pagano Moloc, que cuyo hueco estaba lleno de fuego ardiendo, y en una especie de brazos ahí de Moloc, como una especie de comal ponían a esa pequeñita o a ese pequeñito ahí a que se calcinara al fuego en sacrificio a pasar los hijos al fuego por Moloc.

 

¿Pueden entenderlo? ¿Podrían pensar eso, mamá que cargas a tu hija? Es para aterrorizarse. Pero se había permitido en Jerusalén que esto ocurriera. Ahora bien esto fue en tiempos de Manasés, metió todo esto.  Pero, ¿qué hizo Josías? Josías, volvemos a la cuenta, era el gran reformador del pueblo de Israel. Este hombre rey de Judá de repente empieza a reinar, empieza a convertirse y dice acerca de él lo siguiente, ahí en 2 Reyes 23:25. Fíjense lo que dice de él no lo dice ni de David, ni de Salomón menos.

 

¿Cuántos de ustedes saben que Salomón al final de su vida a causa de sus múltiples esposas les construyó templos para sus dioses en la ciudad de Jerusalén, lo cual muy probablemente haga que Salomón se esté cocinando por allá a fuego lento, allá en el infierno? No podemos entender que el gran Salomón con todo y su sabiduría que nos dejó tantos proverbios, después de eso haya ido derechito al cielo, tenemos ciertas dudas.

 

Pero ¿qué hay de Josías? Vea lo que dice de él, dice: 2 Reyes 23:25 No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual.

 

Puedes darte cuenta que así como lo describe un solo texto de la Escritura, tal pareciera que Josías ante los ojos de Dios fue un hombre totalmente que caminó en los caminos de Dios. Ahora bien, pero este hombre fue a los extremos, barrió de norte a sur toda la nación de Israel. De todas partes él hizo en lo que él podía hacer, por cuanto los reinos estaban ya prácticamente la división de los reinos. Pero aquí estamos viendo que en el reino de Judá a donde él reinaba, había quitado los lugares altos. Había desbaratado las estatuas de las diosas y las había calcinado con fuego.

 

Había hecho una serie de reformas religiosas, y fue en tiempo de este maravilloso rey Josías que ocurre un incidente, que muchas veces cuando uno lo lee, como que así se sorprende uno como diciendo ¡cómo es posible! Josías llegó al extremo que cuando él empezó a gobernar la casa, el templo de Jehová, prácticamente estaba semi abandonado. Y él dice: Cómo, ¡vamos a regresar, vamos a convertirnos de todo nuestro corazón a Jehová Dios! Y él se convierte y entonces van a remodelar el templo. Y cuando están remodelando el templo se encuentran el libro de la Ley en la casa de Jehová. Y van y le avisan: Oye hallamos el libro de la Ley.

 

Imagínate, cuántos de ustedes olvidan sus biblias y dicen ¿dónde dejó su Biblia? En la casa de Dios, ahí se quedó la Biblia pero no se la llevó a su casa. Así que en la Casa de Jehová estaba el libro de la Ley. Josías empieza a leer en el libro de la Ley y de repente se conmueve de lo que está leyendo, y llama y va a consultar a una profetiza. Esta profetiza llamada Hulda, le va y le dice a Josías: “Oye Josías, acabas de leer que vienen muchos juicios por cuanto toda nación se apartó de Dios Pero que bueno que tú ya derribaste todos los altares, te tengo una buena noticia y una mala.

 

La buena noticia es que tú no vas a ver todo el mal que Jehová ha preparado para este pueblo a causa de su pecado y de haberse contaminado con sus ídolos. A causa de ese pecado ya el juicio de Dios ya está. Ah, pero tú vas a descender en paz al sepulcro. Bueno ni tan en paz, porque se entercó en algunas de sus cosas y fue a pelear contra el Faraón Necao en una escaramuza entre los asirios y los egipcios. Que si usted lee el libro de los reyes pues ahí puede captar toda la historia.

 

Pero este hombre Josías de un buen corazón dice, pues yo me alineo porque las cosas están un poco difíciles. Me alineo con los babilonios, ¿verdad? Y se va y se pone contra Faraón Necao y muere en batalla. Ahora bien, este rey va a los sepulcros y muere bien y en paz. Reconocido como uno de los grandes reyes de Judá. Pero hay un problema, tiene un hijo. Ese hijo se llamaba Jeconías. En el siguiente punto vemos que Jeconías acaba de reinar, se levanta, entran los babilonios, le dan en la torre y lo llevan prisionero y muere allá en Babilonia.

 

Pero hay algo más, de repente este rey Josías va por ahí, ponen a otro de sus hijos y sólo son cuatro reyes después de Josías. Imagínense hacen la gran reforma religiosa y de repente el pueblo de todas maneras entra el siguiente rey y ellos empiezan a volverse a contaminar. Cuando finalmente llega el rey Sedequías, que también es un hijo de Josías, el más pequeño de sus hijos. Imagínate tú, qué agradable se siente como padre cuando de repente tú dices: “tengo un hijo, lo he guiado en los caminos del Señor”. Imagínate el extremo, Sedequías, el nombre significa “Jehová es mi justicia”.

 

¿Tú crees que Josías no le había profetizado a su hijo lo bueno? Esperaba de ese hijo lo mejor, y ahora resulta que ese hijo Sedequías, en los nueve primeros años de su reinado hace y deshace en contra otra vez de las reformas de Josías. En otras palabras vuelve a levantar los baales, vuelve a consagrar el ídolo ese de hierro en donde se quemaban a los niños, y vuelven a sacrificar hijos a los ídolos. Digo ¿no es terrible? Unos pocos años antes había reinado el rey Josías y par a los pocos años después el rey Sedequías, su hijo, su descendiente y el último rey de la casa de Judá entra en una gran desobediencia.

 

Ahora, vamos a mirar nada más ¿qué fue lo que hizo que provocó que la parábola fuera dicha en su contra? Porque la parábola fue dicha en contra de él. Tú vas a ser como una carne escogida dentro de la olla y te vas a cocinar cuate. Casi nada más le dijo eso Ezequiel.  Jeremías, en los tiempos de Jeremías porque esta fue una época simultánea, también le hablo. Es más Sedequías tenía un consejero personal, sacaba de la cárcel a Jeremías y lo llamaba, y le decía: “Oye ven, quiero comentarte, quiero preguntarte algo, ¿tú crees que las cosas se están poniendo difíciles? Y Jeremías le decía: no, no se están poniendo difíciles. Dentro de poquito vas a morirte tú y toda tu descendencia en Babilonia a causa de tu desobediencia, a causa de tu pecado. Ay Jeremías que no venga tal sobre mí”. ¡Qué mejor consejero que Jeremías!

 

Ah pero lo sacaba de la cárcel, ya una vez que lo asesoraba ya lo regresaba a la cárcel. Ténganlo ahí, no vaya a ser que siga profetizando en mi contra. Así estaban las cosas en aquella época.  Pero vamos a mirar nada más en 2 Crónicas 36, qué era lo que este rey hacía y ahí van a entender ustedes la clave, y esta clave nos va a servir para ver cómo podemos aplicar esta enseñanza a nuestras vidas. 2 Crónicas 36:11-14 Vean nada más lo que ocurre aquí. De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalén.

 

Y ahora oiga lo que hizo el angelito: 12E hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová. 13Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel. 14También todos los principales sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén.

 

¿Ustedes creen que este hombre Sedequías estaba como así preparado como para recibir el juicio de Dios en su vida? ¿Era candidato adecuado para recibir el juicio de Dios? Nada más vean lo que dice: endureció su cerviz. Traducido en términos mexicanos: se puso terco como mula. Así de sencillo. El cuate se entercó. Además dice: obstinó su corazón contra Dios. Yo creo que esto es algo muy serio, porque cuando vemos precisamente por qué fue desechado el rey Saúl. ¿Ustedes recuerdan por qué fue desechado el rey Saúl? ¿Ustedes recuerdan al rey Saúl?

 

Un día estaba ahí con Samuel, esto esta creo que en 1 Samuel 15. Y resulta que este hombre iba a la batalla y no venía el profeta Samuelito, iban a ofrecer sacrificio, no llegaba Samuel y éste dice: “ay el pueblo se me va a poner nervioso, mejor yo ofrezco el sacrificio”. Llega Samuel y dice: “¿qué has hecho? Tú no puedes hacer esto, tú eres rey y no eres sacerdote, no estás calificado. Ay es que el pueblo. Cuál pueblo, es tu orgullo, es tu arrogancia, es tu soberbia. ¿Sabes qué? Eres un rebelde y tu pecado, tu obstinación y tu rebeldía han atraído el juicio de Dios sobre tu vida.  Dice, por tal cosa dice Jehová que dentro de poco levantará a un rey que gobierne en lugar tuyo, y se va a buscar a un hombre que tenga un corazón conforme al corazón de Dios. ¡Zaz! Y ahí se queda Saúl así todo atolondrado.

 

Pero pueden ver ustedes que aquí este hombre, este rey Sedequías era igual, estaba hecho de la misma madera, dice aquí obstinó su corazón. Ahora tú dices, cuando una persona se obstina para no meterse en las cosas de Dios, ¿qué quiere decir esto? Algo hay ahí que le está impidiendo, que trae un corazón dividido, que es una persona de doble ánimo y que no se define, no se quiere definir, ¿si? Este hombre su corazón no estaba en las cosas de Dios.

 

Cuánta diferencia cuando dice de Josías que se convirtió de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas. Cómo es posible que un hijo de él en la siguiente generación se obstine para irse en contra de Dios. ¿Pueden ver la diferencia?  Qué terrible es cuando el padre o la madre están perfectamente bien, caminando en los caminos de Dios y el hijo al que le has instruido de todas las cosas, de repente se le chisporrotea ahí el asunto, y el muchacho dice: “ahora ya no quiero ir a la iglesia”. Hijo pero cómo. Yo ya no quiero saber de Dios”. Y se enterca y e obstina y se endurece.

 

Yo sé que a algunos de ustedes les ha pasado eso con sus hijos. Yo ya lo viví. ¿Y sabe qué? Pero por el otro lado me siento fascinado, y si no me sintiera fascinado no lo diría. Aquel hijo mío el más obstinado de todos, que ustedes llegaron a conocer aquí una vez que nos invitó mi hermano hace algunos años, y que vino t0cando la guitarra, y que antes de eso se había ido de la casa, y se había caído al agujero más profundo y Dios lo rescató de ahí. Ese hijo se ha convertido y está caminando de tal manera que la semana pasada estuvo compartiendo en una congregación allá con el hermano Hermosillo en Chicago. Imagínese usted, anda hasta por allá, ya regresó, regresó muy bien, y me dijo que tuvo oportunidad de compartir y apoyar allá en la alabanza.

 

Digo, son las bendiciones que Dios te da. Pero cuando un hijo de plano se te pierde el dolor es impresionante. Te puedes imaginar a Josías en la tumba revolcándose, sabiendo que su hijo Sedequías iba a ser motivo de que viniera el juicio sobre toda la nación. ¿Te puedes imaginar? Él descendió en paz al sepulcro pero le habían advertido y eso es lo que interesante mencionar. ¡Aguas Josías el pecado de Manasés viene como un río! Si toda la nación no se convierte de todo su corazón, y se regresa al pecado sin duda alguna que el pueblo se va al caño!

 

Ahora tú dices: ¿qué tan grave fue esto que estaba haciendo este hombre? Ahora sí regrésate a Ezequiel, donde estábamos en la cita previa. Ezequiel 23, mira nada más qué era lo que hacía esta gente que hizo que el fuego de Dios se avivara contra esa olla malévola que era Jerusalén. Ve por favor Ezequiel 23:38-39, vean por qué vino el juicio de Dios sobre la nación. Dice: Aun esto más me hicieron: contaminaron mi santuario en aquel día, y profanaron mis días de reposo. 39Pues habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos, entraban en mi santuario el mismo día para contaminarlo; y he aquí, así hicieron en medio de mi casa.

 

Yo te quiero plantear para que tú captes estos dos textos, algo aplicado a la iglesia actual. Se sabe de pastores que caen en adulterio el sábado y predican en sus púlpitos el domingo. Se sabe de servidores que viven unas vidas de adulterio, que inclusive tienen pecados ocultos de homosexualidad y lesbianismo, y el domingo están con sus caras sonrientes y sus manos así todos santos levantando sus manos en la iglesia. Se sabe de hijos de siervos, se sabe de jóvenes que llevan una doble vida, entre semana viven como si nunca fueran cristianos, pero el domingo se acercan a la casa de Dios y dicen: “Señor aquí estoy, bendíceme en este día porque soy tu hijo”.

 

Puedes captar que esto es precisamente algo de lo que está diciendo Dios precisamente en este texto. Hacen sus pecados y luego entran en mi santuario el mismo día para contaminarlo. Imagínate nada más, cuántos cristianos o bueno, cristianoides, se habrán quedado hoy a ver su partido contra Irán, ¿verdad? Hay pues el pastor qué va a decir si ya la próxima semana ya voy a la iglesia y ya. Nada más fue un día hermano, nada más fue un día, póngame tache hoy, pero ya me puse a cuentas con Dios.

 

Puedes darte cuenta, es profanar el día de reposo. Hay hermano pero es que es la copa del mundo, no puedo decir que estuvo mal. No, no estuvo mal ni lo digo yo, ve lo que dice la Escritura, estás convirtiéndote en pedazo de carne apetecible para ir a la olla y ser consumido por el fuego, si no ponemos atención a lo que dice Dios. ¿Están de acuerdo conmigo hasta aquí? Pues esto es nada más lo que hizo este hombre, a pesar de que Jeremías le exhortaba y le decía: Sedequías conviértete, mira ríndete a Nabucodonosor.

 

Si ustedes quieren leer la historia completa está en Jeremías 38, ahí la buscan. Jeremías 38:14 en adelante. Ahí está la historia, cómo Sedequías se acercaba a Jeremías y le decía: por favor dime qué hacer. Y ya que le decían qué hacer Bueno, ahora déjame hacer lo que yo quiero. Se parecían a esos niños que dicen: “¿no hago esto mami? No, no lo hagas te va a hacer daño. No te comas tantos dulces porque te vas a empachar”. Y al rato el chamaco ahí andan todo así con los cachetes inflados de dulces. Y claro se empacha ¿verdad? Es lo mismo.

 

Y dice además que el juicio que vino, que trajo Dios contra este hombre ahí cuando estábamos hablando de 2 Crónicas 36:16, vemos una palabra, la voy a leer que dice así: Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios. Está refiriéndose a esos sacerdotes que cometían las abominaciones. Y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.

 

Ya no hubo remedio, colmaron, llegaron al extremo de haber ofendido a Dios, y de repente Dios manda como resultado esta terrible parábola contra el rey Sedequías. Ahora tú dices: Bueno, ¿en qué consistió la probadita de fuego que le vino a Sedequías? ¿Nada más quieres ver cómo el fue? Mira cómo le va Jeremías 39, ahora sí estamos recorriendo el Antiguo Testamento para que usted se sienta contento. Ve nada más lo que le ocurre a este hombre en Jeremías 39, aquí viene ya el dato histórico de cómo le ocurre lo que le ocurrió a este hombre.

 

Jeremías 39:1-8 En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor (Para los que les gusta explorar las fechas y las anotan por ahí, los historiadores dicen que esto correspondía al 17 de enero del año 588 antes de Cristo, por si lo tenías tener como referencia. Si no, deséchalo). Retomamos:

 

Vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. 2Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. 3Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia. 4Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, huyeron (¡qué valiente era Sedequías, ¿verdad?!), y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá.

 

Iba prácticamente rumbo a Jericó, iba descendiendo rumbo a Jericó a ver si se les podía escapar. Pero noten lo que dice más adelante. 5Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. Ahora por favor yo quiero detenerme aquí y que tú mires la sentencia. Muy suavecita.

 

¿A quién de ustedes le gustaría ver degollado a un hijo? Está terrible ¿no? Si un hijo se enferma uno se vuelve loco, ya de entrada ya no sabes ni que hacer con tu hijo. Pero ve nada más la sentencia del rey. Así mismo el rey de Babilonia dice: 6Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste. En presencia del mismo rey Sedequías le degüella a los hijos. Ah bueno dice, para que eso sea lo último que te acuerdes, ahora te voy a dejar ciego. Y ya, ya se le acabó ahí la cuerda a Sedequías dice: degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia. 8Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén.

 

 Ahora el pueblo se fue a la cautividad. Ahora tú dices, bueno pues que de plano ya estaba o qué faltaba para detonar el juicio de Dios sobre la nación. Pues el colmo de esta forma de pecado, esta situación tan terrible que había llevado a este hombre a endurecer su corazón. Y vaya que le habían exhortado, vaya que le habían animado: ¡conviértete, regrésate! Yo imagino a Jeremías hablando con él así en privado. Si ustedes lo leen en el capítulo 38, ahí lo pueden leer del versículo 14 en adelante. Ahí lo pueden leer, ahí vea todo lo que le dice Jeremías.

 

Pero lo que llama la atención es, imagínate, en este momento yo quiero que ustedes mediten la situación actual que guarda nuestro país. Ustedes creen que por alguna extraña cosa, y no se confíen por eso de que siempre andamos diciendo: ah si ya invadimos a los gringos con tanto bracero. Eh, con eso que dicen los Secretarios de Hacienda: ay pues si nos mandan un montón de divisas para equilibrar las arcas de la nación. Gracias a Dios por nuestros compatriotas que moran en Estados Unidos que nos mandan su dinerito y que todo esto ¿verdad? 11 mil millones de dólares. ¡Guau, es una fortuna!

 

Y andan ahí diciendo: Ya los invadimos. Qué cosa, nada más imagínate que de repente, nada más para que tú consideres la semejanza de las cosas. En cierto sentido, moralmente vivimos bajo un yugo de la globalización mundial. Tenemos firmados tratados de libre comercio con muchas naciones pero en particular el más peligroso o el que más afecta a nuestro país, es el firmado con Estados Unidos, porque nos obliga a hacer muchas de las cosas que los norteamericanos quieren que hagamos. Y nos obligamos porque lo firmamos.

 

Imagínate que un buen día un Presidente mexicano, que llegue o que esté en el poder. Que llegue y que diga desde su silla: “¿Qué creen? Que agarre el teléfono y le diga al Presidente Norteamericano: oye hemos decidido romper el tratado que firmamos contigo. Por cierto ya no vamos a hacer lo que nos dices. Tus normas de la economía; ah y me declaro en moratoria de pago. Ya no te pago lo que te debo”.  Cuántos minutos, digo minutos, si no es que segundos pasarían de que empezáramos a ver el cielo surcado por aviones de marines, ¿cuánto?

 

Y una situación un tanto así por decir algo: es que como son cuates nada más les vamos a hacer una pantallita aérea. ¿Qué cosa? ¡Va, nos obligarían a cumplir hasta el último párrafo del Tratado! ¿Pero sabes una cosa? Este hombre Sedequías dice que había firmado y jurado delante de Dios, obedecer a Nabucodonosor. Y violó su pacto y su acuerdo. Y cuando ustedes recuerdan lo que dice Gálatas 3:16 donde dice: un pacto aunque sea hecho por manos de hombres nadie lo invalida ni lo añade, punto. Está firmado, usted lo firmó, ahora se aguanta ahora lo cumple. Y este hombre no cumplió el pacto, desoye a Jeremías que le exhorta: ¡Ríndete! No seas rebelde, no te enterques.

 

Ahora, cuando uno lee un poquito más, si quieres entristecerse. Imagínate cómo es posible que la gente a causa del pecado, no consideraba malo en su perspectiva religiosa quemar a sus hijos en el comal de Moloc. No lo consideraban malo. Ah, pues es Moloquito, mi diosito, ahí está bien fritito, ¿verdad? Pero imagínate qué terrible cosa que si tú lees el libro de lamentaciones dice que la gente daba sus cosas, hacían cualquier cosa, remataban lo que fuera, dice para entretener la vida. Y si lees el libro de Lamentaciones por ahí del capítulo 2, menciona que a causa de este juicio, a causa de este sitio tan terrible las mujeres piadosas. Nota, quién sabe qué harían las no piadosas. Pero las piadosas nacían sus hijos, nacían muertos o se les morían de hambre y estas mujeres los cocinaban y se los comían.

 

Digo, suena así y dices: ¿en serio hermano? ¿No lo has leído? Ahí te va por si quieres espantarte más. Vamos a Lamentaciones 2: ¿Qué cosa? Esto es precisamente lo que dice que fue, que sucedió con esta nación. Lamentaciones 2, a partir del versículo 17: es un libro que sigue exactamente de Jeremías, está entre Jeremías y Ezequiel. Nada más vean un pequeño cuadro.

 

Lamentaciones 2:17-21 Jehová ha hecho lo que tenía determinado; ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo. Destruyó, y no perdonó; y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti, y enalteció el poder de tus adversarios. 18El corazón de ellos clamaba al Señor; oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche; no descanses, ni cesen las niñas de tus ojos. 19Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; derrama como agua tu corazón ante la  presencia del Señor; alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. 20Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado? ¿Han de ser muertos en el  santuario del Señor el sacerdote y el profeta? 21Niños y viejos yacían por tierra en las calles; mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada; mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste.

 

Y le seguimos y sigues leyendo y te duele, te duele ver cómo el juicio de Dios vino precisamente a causa de que un rey que pudiera haber continuado el avivamiento religioso de su padre, no solo no lo continuó sino que lo bloquea, se regrese hacia atrás y provoca la ira de Dios hasta la total destrucción de la ciudad de Jerusalén. Así que ahora podemos captar si nos vamos otra vez hasta el libro de Ezequiel capítulo 24, la parte final de la parábola.

 

Ezequiel 24:10-14a, vemos cómo Dios de plano encendió el fuego. Dice: multiplicando la leña, y encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los huesos serán quemados. 11Asentando después la olla vacía sobre sus brasas, para que se caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. 12En vano se cansó, y no salió de ella su mucha herrumbre. Sólo en fuego será su herrumbre consumida. 13En tu inmunda lujuria padecerás, porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu inmundicia; nunca más te limpiarás, hasta que yo sacie mi ira sobre ti. 14Yo Jehová he hablado; vendrá, y yo lo haré.

 

Hace justamente como resultado de algo que vino sobre la ciudad de México, surgieron muchas iglesias cristianas, muy posiblemente entre ellas esta congregación. ¿Surgieron ustedes antes o después del sismo del 1985? Antes. ¿Cuántos años? Dos años. Pues fíjense, ya había algo que se estaba preparando en el ambiente espiritual de la ciudad de México, de alguna manera Dios estaba haciendo que la Iglesia se empezara a reavivar. Por ahí de los años ‘70’s vino un gran avivamiento del Espíritu Santo sobre nuestra nación, sobre la ciudad de México.

 

Se empezaron a levantar congregaciones, empezaron a surgir grupos de casas, que más tarde serían iglesias como son ustedes hoy. Ustedes empezaron en una casa, y Dios les fortaleció en una casa, les dio una visión, les dio una misión que cumplir y un objetivo que alcanzar. Ahora bien, imagínense que para el año ’85, a causa de la corrupción del gobierno en la ciudad de México, varias gentes recibieron palabras proféticas de que el juicio de Dios vendría sobre la ciudad de México.

 

Resultado: 19 de septiembre de 1985, un terremoto acaba con muchas de las obras del gobierno corrupto que se habían edificado. Terrible cosa ¿verdad? Ahora tú dices: “Hermano pero esto fue algo aislado. ¡No!”. El 11 de septiembre del 2001, previas voces proféticas que se habían levantado, yo todavía por ahí guardo una de estas palabras de un gran profeta de Dios llamado David Wilkerson. Este hombre profetizó contra la ciudad de Nueva York, de que vendría un juicio terrible contra la ciudad de Nueva York a causa del pecado que ya había colmado, que el olor del pecado ya había colmado la nariz de Dios.

 

Y este hombre dice: “caerán las torres altas y el orgullo del soberbio será abatido”. Y ¡pum! Abajo las torres altas. Ahora, ¿usted cree que los americanos entendieron? No. No entendieron, acabo de ver el proyecto la semana pasada, muy interesante por cierto, de la gran torre que ya empezaron a edificar en el lugar de las Torres Gemelas. Volvemos a lo mismo, el hombre no entiende. No capta. Por más de que el juicio de Dios esté cerca de nosotros.

 

Y ahora vamos a ver como el último punto que dijimos que íbamos a tratar, ¿qué aplicación tiene esto en forma personal para mi vida? ¿Cómo encajo yo en esta parábola? O ¿qué aprendo de ella? Bueno, por principio de cuentas, qué tienes en tu vida, o si tienes una vida dividida o un ánimo dividido, que esté haciendo que Dios esté preparando su fuego de purificación.

 

En el libro de Malaquías no nos gusta nada lo que nos dice. Me voy a sentar o Israel y te voy a afinar como la plata y el oro con fuego. ¡Con fuego! A nadie le gusta el fugo. Pedrito nos dice por ahí: “no os sorprendáis del fuego que os ha sobrevenido”. Tiene que venir el fuego porque es lo que purifica. En 1 Corintios 3, el apóstol Pablo nos dice claramente: cada uno vea como sobreedifica, pero cuidado, después vendrá el fuego de Dios y lo que permanezca en pie, y lo demás sea hojarasca, se chamuscará. ¿Verdad? El fuego va a probarlo. Y el fuego de Dios está cerca para probar a esta nación y a nosotros como cristianos.


Ahora bien cuando oímos estas cosa como esta parábola, ¿no será entonces que en lugar de hacer lo que hizo Sedequías, nosotros podamos pues aprender de la parábola y empezar pues a buscar convertirnos de todo nuestro corazón a Dios? Antes de que Dios empiece a tratar con un poquito de fuego. Y yo creo que en estas alturas, algunos de nosotros ya hemos recibido fuego. Yo he recibido fuego varias veces en mi vida y en algunas ocasiones siempre que le he dicho al Señor: “ay Señor ¿por qué fuego?” Y ya después cuando Dios me dice: “por esto, por esto y por esto”. Ya nada más digo: “Ah, ah. Me quedó claro Señor, no lo había visto de esa manera”.

 

¿Te ha pasado? Que de repente te tenga que enviar tantito fuego y digas, ay tiene razón el Señor ya me estaba ensoberbeciendo. El orgullo o tal vez la doble vida, o tal vez el pecado oculto. Cualquiera de esas cosas, al fin de cuentas es pecado. Y no importa la posición en la que estés. De cualquier manera dice el Señor “¡Pues a la olla!” ¿Verdad? Y a la olla, y ya seas jugoso trozo de carne o ya seas un hueso. Yo soy un hueso, bueno ya no, ya subí 10 kilos en los últimos 2 años, así que ya no soy ni estoy tan hueso.

 

El punto de esto que consideremos mis hermanos la llamada de atención que Dios nos da. Dice en el primer punto donde leímos, el Señor ha tenido misericordia de nosotros, ha enviado a su Hijo Jesucristo como una oveja, la ha enviado al matadero, la envió a pagar el precio y el juicio por nuestro pecados. Si nosotros menospreciamos la preciosa sangre del Cordero, si nosotros menospreciamos lo que Dios hizo a través del sacrificio de su Hijo en la cruz por nosotros mismos, por nuestros pecados, y tenemos por inmunda la sangre del pacto con el que el Señor nos ha rociado, podemos pues entender que Dios va a tener que enviar fuego, fuego poderoso a consumir toda forma de pecado.

 

Yo platicaba alguna vez con un hermano sobre qué opinaba acerca del fuego de Dios cuando nos trata de purificar. Y el hermano me decía con una forma así, mira hermano, cuando el fuego de Dios venga a tu vida para purificarte, dice, voltéate así de ladito y dile: “Señor de este ladito no está suficientemente dorado”. Así, hazte de ladito para que te dore bien. Si te opones o te obstinas puedes caer bajo destrucción y juicio. Si no te arrepientes de cualquier cosa que a Dios no le agrade y esto es quizá el llamado y la enseñanza de este día.

 

Sedequías muere, sus hijos son degollados delante de él, él es dejado ciego y llevado como esclavo a llevar los molinos como cuando este hombre Sansón fue llevado a mover los molinos y a hacer cosas que sólo los ciegos podían hacer. Y muere apesadumbrado pensando como murieron sus hijos.

 

Y nosotros cuando vemos este tipo de cosas, creo que tenemos que aprender. El Señor Jesucristo nos dijo claramente: “de la higuera aprendan la parábola. Cuando vean que estas cosas están aconteciendo, verán que ya está cerca”. El Señor viene pronto, las señales se están dando, las películas absurdas y erróneas se están promoviéndose en el cine, la aberración que es el Código Da Vinci y con todo y sus millones de dólares con lo que ya enriqueció a este hombre Dan Brown, pues podemos darnos cuenta de que ahora sí se postró delante del diablo y él le dio todos sus tesoros, ¿verdad? A causa de todo lo que hizo negativo.


Yo creo que estamos viviendo tiempos difíciles, pero son tiempos en que Dios viene otra vez con un juicio. Si nosotros no frenamos a causa de nuestro buen testimonio y a causa de nuestra conversión, podemos hacer que el juicio de Dios se detenga. Pero si no nos convertimos, si no empezamos a una conversión verdadera, a un avivamiento y a una reforma en toda la nación y que nosotros somos la punta de lanza, y tomamos nuestra responsabilidad y empezamos a buscar que Dios haga lo que tiene que hacer a través de nosotros. Cómo sabes tú que a través tuyo Dios levantará grandes palabras proféticas.

 

Un hermano, con  esto termino, a media semana me decía: “Hermano, realmente pues tú por quién vas a votar? ¿Quieres saber qué le dije? A ti qué te importa. Pues sí digo, es voto secreto hermano. Así le dije al hermano. Pero quiero decirte algo, lo que le dije a él se los digo a ustedes, qué te preocupa quién quede, lo que importa es que el que quede sea un Nabucodonosor o sea un Faraón, se rodee de consejeros sabios como Daniel y como José. Eso es lo importante. Y si tú eres utilizado y levantado para ocupar un lugar de esos en el siguiente gobierno, ¿qué te preocupa?

 

Algunos de ustedes llegarán a ser Secretarios de Estado, y podrán ser la barrera de las tomas de decisión incorrectas. Así que si el pueblo de Dios se levanta y podemos aceptar la responsabilidad que nos toca en este momento, y empezamos a dar un testimonio verdadero de una verdadera conversión, podemos recordar esta parábola y decirle al Señor: “Señor que el fuego de tu juicio no venga sobre nuestra olla que es la Ciudad de México, ¿si? Que no nos consumamos como la carne y como el caldo. Que no sea un botín para las naciones que vienen a tomar prisioneros. Sino que al contrario, Señor tú nos permitas reconocer que el Cordero ya fue inmolado, y a causa de ello nosotros ahora tenemos perfecta libertad.

 

Cantábamos hace un rato: “Libre, libre”. Luego lo cantamos por cantarlo, pero si lo asimilamos y realmente entendemos lo que el Señor quiere hacer con nosotros, ahí es donde estará pues la bendición de Dios para otros a través de nuestras vidas. Amén.

 

Dios Eterno y Bueno, sabemos que muchas veces tú nos has llamado a través de tu Palabra, a través de sueños, a través de visiones, a través de palabras proféticas que hemos recibido.  Sin embargo algunas veces no nos hemos convertido de nuestros malos caminos. Ciertamente hemos acarreado juicio sobre nuestras vidas, algunos ya han pasado por ese fuego, han entendido y se han vuelto a ti y se han convertido.


Señor ahora te queremos pedir que si hay algo que estorbe en las vidas de todos nosotros, que no te hayamos entregado, que estemos endureciendo la cerviz, antes de rendirnos a ti en esta hora, con profunda humildad te pedimos que el poder de tu Espíritu Santo nos revele aquella cosa, o aquellas cosas que tenemos que entregarte. Ayúdanos hoy Señor voluntariamente a rendirnos de todo nuestro corazón a tu Hijo Amado Jesús. Queremos abrazar tus pies Amado Jesús y decirte que venimos ante ti, que venimos ante tu presencia a obedecerte, a hacer lo que tú quieres que hagamos.

 

Yo te ruego amado Jesús que en esta hora tu Espíritu de Gloria empiece a redargüir de pecado, de justicia y de juicio a todos los que aquí estamos, y aún los que escucharán o leerán esta predicación. Señor yo incluido junto con ellos, te pido perdón por toda ofensa que haya hecho contra ti y te rugo que seamos redargüidos de pecado y que en este momento todo aquello, todo sin excepción, malos pensamientos, todo lo que brota de neutro corazón, malos pensamientos, adulterios, fornicaciones aunque sean espirituales. Señor sabemos que en este día mucha gente levantará las manos para adorar ídolos que corren tras un balón, convirtiendo un juego de fútbol en religión.


Pero nosotros hoy estamos aquí en tu presencia pidiéndote ser purificados, pidiéndote que el poder de tu Espíritu Santo nos haga dignos de escapar del juicio que vendrá. Ahora yo te ruego Señor en el precioso nombre de Jesús que puedas moverte en este lugar, y que tú puedas mostrar a cada uno las cosas de las que se debe de arrepentir. Y yo te invito hermano, si tú sabes en tu corazón, tal vez haya alguna cosa, tal vez haya una fortaleza en la que te hayas atrincherado o hayas permitido que el diablo se atrinchere, este es el día en que tienes que permitir que sea derribada.


Este es el día que hizo Dios para que tú tengas perfecta libertad, así que entrega a los pies del Señor todo aquello que te impida ser verdaderamente libre y feliz. Si la Palabra es clara y ha quedado en tu corazón, actúa en consecuencia. Amén.

 

Dios te bendiga.