INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

LLAMADOS POR DIOS

José Antonio Cano Mirazo

 

 

2 Tesalonicenses 1:11-12 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

 

Cada uno de nosotros tenemos, como cristianos, un llamamiento de parte de Dios. Un llamado el cual nosotros tenemos de cumplir de acuerdo a lo que establece nuestro Señor en su Palabra. Pero tenemos un problema, y ese problema es que no todos sabemos que hemos sido llamados por Dios para llevar a cabo algún ministerio, algún servicio, alguna actividad. Muchos hermanos en Cristo no saben que son llamados y por lo tanto creen que el llamamiento sólo es para ciertas personas, es para algunas personas que cubren algunas características, algunas cualidades, o que cubren aún ciertos requisitos para poder ser llamados y entonces desarrollar algún servicio o algún ministerio.


Pero la Palabra de Dios nos muestra algo muy distinto, la Palabra nos enseña que cada uno de nosotros hemos sido llamados por Dios. Somos llamados para un fin específico. También he podido advertir que muchos de nuestros hermanos al no tener un ministerio, al no tener un servicio, se sienten; al no conocer que también son llamados se sienten aún rechazados por Dios, sienten que Dios no los toma en cuenta, sienten que Dios no los ama y bueno, pues esto les afecta en su interior y se apartan un poco del Señor.


Hay otros que no entienden por qué no han sido llamados, pero oran al Señor y le dicen: gracias por no llamarme. Gracias porque no me pones con ningún compromiso, porque no tengo ninguna responsabilidad como otros de la iglesia, yo te doy gracias, sígueme ignorando y así voy a ser muy feliz y siempre nos vamos a llevar muy bien tú y yo. Hay de todo, hay hermanos de todo, pero la realidad es que existen llamados de parte de Dios para hacer lo que Él establece. Y absolutamente todos los cristianos hemos sido llamados por Dios para hacer lo que Dios quiere que hagamos.

 

El primer llamado que el Señor nos hace es para salvación, y el segundo para santidad. Es decir, para tener vida eterna y vivir conforme y su voluntad.

 

Romanos 1:6-7 Entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

 

Y yo puedo advertir aquí muy claramente, y se puede ver en el Nuevo Testamento de una manera constante y reiterativa estos dos llamados de parte de Dios para nosotros. El apóstol Pablo, lo dice, lo sintetiza muy sencillo: Uno es, el primer llamado para ser de Cristo, sencillo. Dios quiere que tú seas de Cristo, que siempre seas de él. 

 

¿Qué significa ser de Cristo? Significa convertirse a Cristo, entregarse al Señor. Decirle a Jesucristo, yo quiero que tú seas mi Señor, no solamente mi salvador sino también mi Señor. Porque es muy fácil tomar la parte bonita de la salvación. “Señor por fe yo soy salvo, yo creo en ti y por lo tanto yo tengo vida eterna, yo me bautizo y voy a vivir para siempre a tu lado, voy a vivir en la presencia de Dios por la eternidad”. Ay, eso es muy agradable.

 

Pero cuando le decimos a Jesucristo: quiero que seas mi Señor, porque Jesucristo es Señor, significa que él es el amo. Aunque no nos agraden las palabras, él es Señor y él manda sobre nuestra vida, y nosotros debemos hacer lo que él establece. No puede ser de otra manera. No podemos ya hacer más lo que nosotros queramos, no podemos hacer ya más nuestra voluntad; ahora tenemos que hacer la voluntad de nuestro Señor, para eso es Señor, para mandar sobre nuestra vida.

 

“Es que esto es muy drástico”. ¿Cómo? Dice la Palabra que somos libres. Sí somos libres cuando nosotros conocemos la verdad y caminamos en la verdad de la Palabra. Si no caminamos en lo que establece la Palabra, entonces nosotros perdemos la libertad. No podemos tener un concepto equivocado de lo que es la libertad y tener libertinaje. La Palabra establece que Jesucristo es Señor y Salvador. Por lo tanto Dios nos ha llamado para ser salvos, para ser de Cristo Jesús, para ser de él, para que él tenga la posibilidad de ordenarnos, de mandarnos y nosotros de obedecer, no hay más, es el Señor de nuestra vida.

 

Es sencillo, no le tenemos que dar más vueltas, no le podemos rebuscar. Y si hay algo que está en nosotros mal, que no va de acuerdo a lo que la Palabra establece, algo que no sea de Cristo lo tenemos que quitar. No puedo entrar yo en un regateo con Dios. “Mira Jesucristo sí estoy de acuerdo en que tú seas mi Señor, pero aguántame tantito, déjame que pasen algunos años mientras yo termino de hacer esto o lo otro, mientras yo me fortalezco y ya después entonces sí, ya voy a ser de ti y tú vas a ser mi Señor y tú me vas a mandar”. ¡NO! Aquí es desde un principio, él es Señor y él ordena y él dice lo que tiene que ser.

 

Y hay muchos cristianos que todavía se resisten y dicen: “bueno y ¿dónde está mi libre albedrío? Bueno, tu libre albedrío está en decidir qué camino sigues. Hay dos caminos: el camino de la salvación y el camino de la perdición. Tu libre albedrío va a decidir por qué camino vas a ir. Pero si tú escoges el camino de Cristo Jesús te tienes que convertir a Cristo Jesús, tú ya no puedes utilizar tu libre albedrío. “Ah, es que mi libre albedrío dice que si quiero le puedo hacer caso a Jesús, y si no, no”. No, ya no porque ya es tu Señor, ya eres su esclavo. Es tu amo, te guste o no, y él ordena, no hay de otra.

 

Así tiene que ser, así lo establece, y si no estamos de acuerdo entonces le tenemos que decir a Jesucristo: “no estoy de acuerdo con tus normas, no me parecen, me aparto de ti y tomo el otro camino”. Estás en la posibilidad de hacerlo, lo que no puedes hacer es de repente sí, y de repente no. Y lo que me conviene sí, y lo que no me conviene no. Siempre, siempre tienes que caminar de acuerdo a lo que Dios establece si eres de Cristo.

 

Y el apóstol Pablo dice: “el primer llamado es que seas de Cristo”. Y el segundo, dice: “llamados a ser santos”. ¿Qué significa el llamamiento para ser santo? Significa un llamado de Dios para estar apartado para Él. Ser santo no significa que te van a prender una veladora. No significa que tengas que usar una túnica o un atuendo medio raro, o que andes descalzo por las calles, que te andes flagelando, eso no significa ser santo.

 

Santo es apartado para Dios y vivir de acuerdo a lo que Dios establece. ¿Cómo lo establece? Muy sencillo, vivir sin pecado, vivir en santidad. Todo aquello que es pecado nosotros lo tenemos que quitar de nuestra vida, para caminar de acuerdo a lo que él establece, caminar en santidad.  Eso es el segundo llamado que dice el apóstol Pablo.

 

Y una vez que nosotros ya estamos caminando en salvación, una vez que nosotros estamos en un proceso de santificación, un proceso que no va a terminar que siempre tenemos que estar sobre ese camino, entonces viene un tercer llamado de parte de Dios y es para una vocación o un servicio.


Efesios 4:1-4 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación.

 

¿Qué quiere decir todo esto que expresa Pablo? Bien, que cada creyente en Cristo Jesús, cada uno de nosotros debe tener la conciencia de que fuimos llamados a un servicio y que fuimos llamados a un ministerio. Para desarrollar un ministerio, para desarrollar un servicio nosotros tenemos que prepararnos. Todos hemos sido llamados para esto, todos. Todos debemos formar parte de los ministerios y de los servicios de la Iglesia, es lo que quiere el Señor.


Pero yo puedo advertir que nosotros estamos muy mal acostumbrados. Yo creo que la mayoría de nosotros, un alto porcentaje de la Iglesia cristiana está conformada por gente que antes estuvo en una religión. Estuvo en una religión principalmente idólatra en donde no existen responsabilidades, en donde no existe servicio, en donde no existe ministerio, en donde no hay lo que Dios establece y solamente trabajan para la  obra de Dios una que otra persona.

 

Por lo tanto, estamos mal acostumbrados, estamos acostumbrados a no hacer, a no participar, a ir un rato a escuchar, a sentarnos, a que se apure la persona que está habando al frente, que las cosas las haga rapiditas, ¿para qué? Para que nosotros vayamos a donde tenemos que ir saliendo de ahí. Hay una gran facilidad, se puede ir a esos servicios, a esos cultos desde la mañana, antes de las 7 de la mañana ya hay iglesias abiertas y se cierran hasta después de las 9 ó 10 de la noche; todo el día para que cada quien agarre la hora que le conviene, la hora que le acomode.


Si te levantas temprano puedes ir en la mañana y ya tener todo el día para hacer lo que quieras, si te fuiste de fiesta o de parranda, no te preocupes, no te levantas temprano, puedes ir en la tarde, o en la noche. Si tienes un compromiso en la mañana te puedes ir a tu compromiso, simplemente puedes ir en la noche también. Y otra, si tienes un servicio especial como una boda, unos quince años en sábado, te vale para el domingo. Es maravilloso, creo que ésa es la religión que tiene la manga ancha más grande del mundo. Haces como quieras, a la hora que quieras, todo te lo ajustan, todo te lo acomodan, todo te lo ponen fácil para que tú vayas y para que tú permanezcas en ese lugar.


Y cuando venimos a la Iglesia cristiana nos encontramos con una serie de conflictos. Una serie de conflictos porque resulta que tenemos que cumplir con un horario, tenemos cosas que hacer de un determinado modo de acuerdo a la Palabra de Dios, tenemos que servir, tenemos que estar en las áreas materiales, tenemos que estar en las áreas espirituales, tenemos que prepararnos, tenemos que asistir a cursos, tenemos que asistir a diferentes reuniones, tenemos que asistir a actividades, en fin, hay una serie de situaciones a las cuales nosotros no estamos acostumbrados y tal parece como una gran agresión a nuestra persona.

 

Híjole, yo decía cuando la ahora mi esposa era mi novia, que me decía: “vamos a la iglesia. Le decía, ¿a qué hora? Empieza a las once. ¿Y a qué hora termina? A la una. Le decía: qué, estás loca, o sea, cómo voy yo a estar metido ahí en tu iglesia de las 11 a la una. No, perdóname estás mal, yo no voy a ir. Yo voy a la misa del padre Panchito que dura 15 minutos, o sea… y es lo mismo. No le entiendo nada porque habla bien rápido, pero se la avienta en 15 minutos y eso es bueno.

 

Y además que tú no tienes la obligación de llegar a tiempo, que es otra de las cosas, tú puedes llegar, tienes un límite cuando va a empezar quién sabe qué, porque si ya llegas después de ese momento entonces ya no te vale la misa, te vale hasta antes de eso. Es muy cómoda.

 

Y llegamos aquí a la Iglesia de Cristo y nos encontramos que nos empiezan a empujar, que nos empiezan a forzar para servir, para estar en las diferentes áreas trabajando para el Señor. Cuidado, la Palabra lo establece y tenemos que cambiar nuestros pensamientos, por eso el apóstol Pablo dice, “lo primero a lo que fuiste llamado es llamado a ser salvo. Segundo a lo que fuiste llamado, llamado a vivir en santidad. Tú te tienes que entregar a Cristo, ser de Cristo para no estar con cosas que no van de acuerdo a su Palabra.


Mis conocidos de hace muchísimos años ahora se impresionan al saber las horas que yo me la paso en la Iglesia. No se la creen, y si fuera por mí yo estaría aquí todos los días con todos ustedes, en verdad. Este es un lugar en el cual yo siento paz, yo siento la presencia de Dios, yo siento el amor que hay. Entonces por mí yo estaría aquí, yo anhelo que sea domingo para estar en este lugar.


Y dice la Palabra aquí en Efesios, que hay algo importante que se resalta, y es también que Dios quiere que el servicio lo hagamos con
con toda humildad y mansedumbre. Tenemos que ser humildes y mansos para el servicio. Hemos sido llamados a servir, pero tenemos que servir con humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, y todavía en amor.

 

Qué impactante, tal pareciera que el apóstol Pablo no conoce la condición humana. Tal pareciera que el apóstol Pablo está hablando de no sé qué clase de personas como para que puedan servir con humildad y mansedumbre, y además puedan soportar con paciencia a los hermanos, o como muchos dicen: “a los hermanitos”. Y luego lo dicen así como despectivo: “ay, es que un hermanito. Ese hermanito me hizo, se me quedo viendo muy feo”. Y además de soportar con paciencia dice: hacerlo con amor.

 

Y en verdad que hay que estar preparado para poder cumplir con esto que dice la Palabra. Es difícil, es muy difícil. Cuando llegamos a la Iglesia, cuando estamos aquí, cuando estamos reunidos, congregados no hemos dejado de ser personas, no nos convertimos en ángeles, no somos perfectos tenemos nuestros detalles, seguimos siendo de ciertas formas que no son de Dios contra las cuales estamos luchando para cambiar. Y sin embargo no lo logramos, en ocasiones y esto aparece con los demás hermanos. Y a veces raspamos a algún hermano, lo lesionamos con un comentario, c0n una actitud, con una mirada, con un desplante, lastimamos su corazón.


Muchas ocasiones nos queremos ir de la Iglesia por los conflictos con los hermanos: “es que ya me vio feo, ya no me habló bien, ya me trató así, ya me hizo”. Y entonces decimos lo más sencillo: “pues vámonos de la Iglesia. Yo creí que las cosas aquí en la iglesia cristiana iban a ser diferentes”. Sí son diferentes, pero tenemos que entender en dónde. Muchas ocasiones los hermanos me han dicho: “yo hago el servicio que sea en la iglesia, menos atender a las mesas. Es un servicio muy difícil porque choco con los hermanos, porque los hermanos son bien especiales, ordenan en lugar de pedir por favor las cosas.

 

Estamos en el comedor y nunca falta el hermano que voltea y nos trata peor que a meseros: “hey, tráeme la sal”, dice, y con todo el coraje ahí tenemos que ir. Y regreso y se la doy y me dice: “déjala ahí encima”. “Somos hermanos en Cristo, le estoy sirviendo, no me están pagando, no me van a dejar propina, entonces, si quiera que tengan una buena actitud, que nos traten bien”. Lo curioso es que aquí todos los que servimos también nos sirven. Y se está rolando y a veces estamos sentados a la mesa y a veces estamos sirviendo a la mesa. Y ese es el propósito de Jesús.


Para que vayamos ubicando cuáles son los llamados, vamos a ver Hechos 6:1-2 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. 2Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.

 

Imagínate a doce discípulos de Jesús. Doce de primera calidad, doce como dirían de High Class, hasta arriba, doce discípulos que caminaron con Jesús que aprendieron a liberar, a orar, a reprender, a enseñar la Palabra. Imagínate a estos doce atendiendo a las mesas, siendo meseros, ubícalos. Imagínate a Pedro, a Juan, a Mateo, a Jacobo atendiendo a las mesas, y que cada día veían más gente al Señor y ellos los atendían. Claro, no faltó el momento en que no alcanzaban a atender como debían atender las mesas, y dice que empezó la murmuración.

 

Raro, raro en un iglesia; yo creo que eso pasó en la iglesia de los Hechos y en alguna otra por ahí, aquí no hay eso. Entonces dice que hay murmuración de los griegos contra los hebreos. Los griegos empezaron a hablar mal de los judíos y se empezaron a quejar. Y los griegos dijeron: “cómo es posible, cómo es posible que estos discípulos no atiendan a nuestras viudas, la viudas griegas. Y todo por estar atendiendo a las viudas judías. Qué mal está esto. Y además ni están predicando la Palabra, ni están haciendo lo que tienen que hacer, esto está fuera de lugar.

 

Y los discípulos que están muy atentos, los líderes a lo que ocurre en la congregación entonces dicen: “sí es cierto, tienen razón, estamos desatendiendo las mesas. No es justo que nosotros por atender a las mesas ya no atendamos a la Palabra de Dios. ¿Qué vamos a hacer? Y dice el versículo 3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.

 

Fíjate en tres características importantes. Vamos a llamar a 7 personas, primero: buen testimonio. Segundo: llenos del Espíritu Santo. Tercero: llenos de sabiduría. Y entonces la gente se fue a sus congregaciones, a sus lugares de origen y empezaron a ver entre todos ellos quién tenía buen testimonio. Y entonces observaron y dijeron: “ah, aquí, fulano de tal tiene un buen testimonio y además es sabio en la Palabra, y está lleno del Espíritu Santo, vamos a enviarlo a él. Y de las grandes congregaciones de las ciudades sacaban a una persona, necesitaban 7.

 

Imagínate cuando le dijeron a estas personas: “a ver Sofonías ven para acá. Fíjate que los apóstoles de Jesucristo necesitan varones como tú, llenos del Espíritu Santo, de buen testimonio y llenos de sabiduría. Nosotros vimos que tú de entre toda la congregación aquí eres la persona indicada, te vas con los discípulos de Jesús, te vas a Jerusalén”. Qué impresión. Ir con esos grandes maestros, con los discípulos, con los que caminaron con Jesús, claro que voy. Señor gracias que tú has visto mi humildad, gracias”. Y se va para allá.

 

Imagínate que llega ahí con el apóstol Pedro, llega Sofonías. “Hermano, me han enviado de la iglesia Levantaré para que me presente con ustedes, con ustedes, con los doce discípulos, que ustedes me han llamado de parte de Dios para que yo los apoye en el ministerio. Hermano, ¿estás lleno del Espíritu Santo? Sí. ¿Das buen testimonio? Sí, eso dicen que sí. ¿Estás lleno de sabiduría? Bueno, pues ahí humildemente. Bueno, está bien, entonces vas a trabajar con nosotros. ¡Gloria a Dios hermano!

 

Y ¿cuándo predico? Momento, tranquilo. Bueno, ¿cuándo vamos a evangelizar? ¿Cuándo salimos a hablar la Palabra? ¿Cuándo vamos a los hospitales a orar por los enfermos? Tranquilo. ¿O vamos a liberar a algunos? Creamos el ministerio de liberación y ahorita liberamos a los endemoniados. No, tranquilo, tú nos vas a apoyar en algo más importante. ¿En qué? En atender las mesas, vas a ser mesero”.

 

Imagínate a Sofonías, ¿qué ha de haber pensado? Ah caray. Perdona hermano Pedro, y ¿usted cree que para atender a las mesas yo necesito estar lleno del Espíritu Santo? ¿Necesito estar lleno de sabiduría y dar buen testimonio? Sí, sí porque vas a atender a personas que tal vez no están convertidas, y al atenderles va a haber problemas y te van a gritonear, y te van a pedir las cosas mal, uno que otro tal vez lo haga en buen talante, lo demás no. Te van a dejar ahí las cosas botadas.

 

Tal vez hasta tiren algo de comida y vas a tener que limpiar. Y todo por el servicio a Dios, todo porque estamos siendo llamados para el servicio, ¿cómo ves? Bueno hermano, es que yo pensaba que íbamos a ir por todas las ciudades a predicar el Evangelio de Jesucristo. Yo creí que iba a ser predicador, que yo iba a ser maestro. ¡No! Estás llamado para esto, ¿qué dices, le entras o no? Pues sí, está bien. Y se quedaron esos 7.

 

Por eso dice la Palabra y dice el apóstol Pablo: Efesios 4:2 Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor. Difícil cumplir esto. Muchos, muchos son llamados para el ministerio. Todos, todos hemos sido llamados, es más, la humanidad ha sido llamada para salvación, toda la humanidad. Seis mil millones de habitantes que actualmente tiene este planeta han sido llamados para salvación, sin embargo no están todos en salvación, ¿por qué? Porque dice nuestro Señor Jesucristo en Mateo 20:16 Muchos son llamados mas pocos son escogidos. Pocos son los escogidos.

 

Y a mí me preocupa cuando Jesús dijo esto. Nuestro Señor Jesucristo estaba viendo una realidad. Y yo trato de advertir lo que hay en la mente y en el corazón de Dios cuando Él nos llama y nosotros no respondemos. Yo no sé si en alguna ocasión lo has pensado, yo no sé si te has detenido a pensar ¿qué estará pasando por la mente, por el corazón de Dios cada vez que me llama y yo no respondo? ¿Qué pasará por Él? ¿Qué sentirá Él? Yo creo que debe ser muy triste, yo creo que debe ser algo realmente decepcionante, ¿por qué? Porque es el llamado de Dios, no es el llamado que te está haciendo un igual, es el llamado de Dios.

 

Decía mi esposa: “no entendemos, no nos está llamado el paletero, te está llamando Dios”. ¿Cómo nos atrevemos a ignorarlo? Cómo nos atrevemos a decir: no, ahorita no Señor, ahí después, cuando tenga tiempo, cuando mis actividades así me lo permitan, cuando tenga menos, cuando tú me prosperes más y yo no tenga necesidad de trabajar como burro. Hasta entonces yo voy a aceptar tu llamado, mientras pues no. Discúlpame no es mi culpa es la tuya por mantenerme así. ¿Qué habrá en el corazón de Dios cuado somos así?

 

Jeremías 7:13 Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis.

 

Cuántas veces nosotros cerramos nuestros oídos a su llamado. Hacemos como que no oímos, hacemos como que no es para nosotros, hacemos como que es para el hermano que está junto o para el que está enfrente, que es para otras personas. Nosotros nos rehusamos y siempre encontramos justificantes, de la misma manera que hizo Moisés cuando Dios lo llamó. Cuatro ocasiones rechazó el llamado de Dios, cuatro.

 

Un día después de 40 años de andar por esos rumbos, de caminar por esos lugares, hay algo que llama la atención de Moisés ahí en el Monte Sinaí. Y es que mira una zarza, un arbusto seco, completamente seco que se estaba quemando pero que no se consumía. ¡Eso no es normal! Un arbusto seco que se quema, de inmediato se hace ceniza. Sin embargo Moisés ve esto y dice ¿qué pasa, qué sucede? La zarza sigue ardiendo, no se consume y arde. Esto es algo sobrenatural.

 

Y entonces camina y va hacia la zarza y se va acercando cuando oye la voz de Dios que le dice: “¡detente ahí y quita el calzado de tus pies, porque el lugar en donde estás santo es!” Ups, imagínate la voz de Dios ahí retumbando en el monte, escuchándola Moisés con toda fuerza. De inmediato se quita el calzado y dice: sí Señor, ¿qué quieres? Y entonces le empieza a hablar y le dice: Moisés yo he escuchado el clamor de mi pueblo, ya lo oí y sé que mi pueblo está en problemas y quiero que tú vayas. Yo te llamo a ti para que le digas a mi pueblo que lo voy a libertar, que ya lo escuché.

 

Dios le está hablando a Moisés y le dice: Éxodo 3:10-11 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

 

Ve cómo el llamado de Dios Moisés lo hace a un lado. No me interesa que tú me estés llamado Dios, yo no voy a ir. Tú serás Dios pero yo tengo aquí mis compromisos, ¿quién soy yo? ¿Quién me conoce a mí allá de Israel? Nadie me conoce, ¿cómo voy yo a ir a ese pueblo? (Que dicen había alrededor de 2 millones de habitantes en el pueblo Israel), y les voy a decir “Dios dice”? ¿Quién soy yo para hacerlo? Mira, mejor manda a alguien mejor que yo.

 

Y entonces Dios le contesta: Éxodo 3:12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo. No te preocupes. Y sigue hablando Dios con él diciéndole lo que va a hacer, cómo le va a mostrar su poder y llega un momento en el cual dice Ve. Y entonces moisés por segunda ocasión le dice que no. Éxodo 4:1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.

 

Dios hablando con él llamándolo, y Moisés poniendo pretextos para no acudir al llamado. Algo que nosotros hacemos. “Se necesita esto; el Señor te llama para el otro; Dios necesita que se trabaje esta área; necesita gente en este ministerio, en este servicio”. No, que otros lo hagan, que otros vayan, que otros cumplan con lo que Dios establece. Yo no tengo tiempo, quién soy yo, a mí no me van a creer. Y entonces Dios le contesta: mira vas a hacer milagros, vas a hacer prodigios, vas a hacer esto, vas a hacer lo otro, voy a estar contigo; así y así, esto va a pasar.

 

Se queda atento Moisés y le dice por tercer ocasión, ¡no! Éxodo 4:10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Es decir, mira Señor, antes yo tenía conflictos, antes yo no tenía capacidad, y ahora que tú me has aparecido Dios Todopoderoso tampoco. Sigo en mi misma incapacidad, ni antes hablaba bien ni ahora que estoy aquí delante de ti. O sea que perdón, son deficiencias que yo tengo, y como yo tengo estas deficiencias, yo no puedo aceptar tu llamado.

 

Como si Dios no conociera cómo somos, como si Dios no conociera cuáles son nuestras capacidades. Y aquí hay algo importante, Dios no llama a gente capacitada, Dios capacita a los llamados, así de sencillo. A Dios no le interesa traer a los capacitados, para nada. Moisés aquí está poniendo de nuevo un obstáculo. Todavía Dios en su misericordia  y en su amor le dice: Mira no te preocupes, yo te doy capacidad, yo soy Dios y yo te la doy”. Y entonces por cuarta ocasión le responde que no Moisés.

 

Éxodo 4:13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

 

“Señor tú conmigo estás equivocado, parece que no sabes a quién debes enviar. A mí no, envía a los demás. Mira ahí está el hermano fulano, él sí tiene tiempo. Mengano, él sí tiene capacidad. Perengano, él sí habla bonito. Zutano, él sí como que lo veo entregado a ti. Yo no, a mí no me llames. Yo no quiero trabajar para ti Señor, no me interesa; mira, la verdad Dios, vamos a hablar aquí con toda sinceridad tú y yo, lo que a mí me interesa es tener vida eterna sin ningún problema. Yo creo en ti, yo creo en Jesucristo, creo en la remisión de pecados, y tú me das la salvación y me quitas de problemas y yo no trabajo para nada. ¿Cómo ves?”

 

Pues Dios no lo va a aceptar. Parece que el alto porcentaje de la Iglesia no ha entendido que es un gran privilegio ser llamado por Dios. No hay privilegio más grande que servir a Dios. Te está dando la oportunidad de servir. Te está llamando con fines específicos. Es muy triste ver que no todos entendemos la magnitud de un llamamiento. No esperes a que Dios te trate como a Moisés.

 

Éxodo 4:14a Entonces Jehová se enojó contra Moisés. Cuidado, cuando se enoja Dios todo tiembla. Yo recuerdo que dice la Biblia que se enojó y toda la tierra se llenó de agua, se inundó, y todos se murieron. Cuando se enoja Dios, suceden cosas muy tremendas, no despiertes la ira de Dios.

 

Dice la Palabra que Dios es lento para la ira y grande en misericordia, pero dice que es “lento para la ira”, lo que significa que finalmente sí lo podemos hacer enojar. Y si se enoja entonces no vamos a poder decir: “ay ¿pues no que eras el Dios de amor?” Sigue siendo el Dios de amor, sigue siendo el Dios de misericordia, no lo lleves a la ira como lo hizo Moisés. No esperes a que Dios se enoje contigo. Cumple con el llamado de acuerdo a su voluntad. Al llamado nosotros le tenemos que responder de inmediato, en el momento en que dice el Señor: “Ven te estoy llamado. Nosotros tenemos que decir: Sí Señor”.

 

Dios le habló a Isaías, Dios se manifestó a su vida, y Dios le planteó la situación que estaba ocurriendo en Israel en esos momentos. Y dice Isaías 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Aquí estoy Señor, heme aquí para hacer tu voluntad. Heme aquí para responder a tu llamado.

 

Cuando nuestro Señor Jesucristo iba caminando, cuando estaba iniciando su ministerio volteó y vio a dos varones, vio a Simón Pedro y a su hermano Andrés. Volteó y les dijo: “Síganme”; en ese momento los llamó. ¿Qué hicieron? Dice la Biblia que dejaron lo que estaba haciendo y lo siguieron. Siguió caminando y entonces vio a Jacobo y a Juan, los miró y les dijo: “síganme”. Los llamó, ¿qué hicieron? Dice que dejaron todo. Dejaron a su padre con el que estaban trabajando y vinieron al llamado de Jesús.


Y a nosotros Dios nos dice: “¡ven sígueme! Sí al rato. ¡Sígueme! Manda a Martín, él vive por allá, mándalo a él. ¡Sígueme! No tengo tiempo, tengo trabajo. ¡Sígueme! Ahora que me desocupe, ahora que no tenga conflictos en mi casa, ahora que me sane, ahora que… y le ponemos una serie de trabas a Dios que cuidado. Vamos a ver otro llamado, una mujer llamada Ana, estéril, deseaba tener un hijo,  iba a orar al templo, ahí se postraba y clamaba al Señor.  Un día Dios oyó su clamor y le dijo: “Te voy a dar un hijo”. Y entonces nace Samuel. Esa mujer había hecho una promesa, le había dicho: “tú me das un hijo y yo te lo entrego a ti”.

 

Y entonces dice la Palabra que a la edad indicada, a los 3 años de edad que era  la edad en que ya no era bebé el pequeño, a los 3 años de edad toma la madre a Samuel  y lo lleva al templo y le dice al sacerdote Elí: “este es mi hijo, Dios me lo dio. Y yo le dije a Dios que yo se lo entregaría a Él si me lo daba. Aquí lo traigo porque es de Dios”. Y deja al pequeño ahí en el templo, ¡impresionante!


Y empieza a crecer Samuel en el templo conociendo las cosas de Dios, su Palabra, conociendo, escuchando todo lo que el sacerdote hacía, todo lo que ministraba, recibiendo toda la enseñanza.  Y dice en:

 

1 Samuel 3:4-10 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. 6Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. 7Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. (Es decir la profecía, él no conocía la voz de Dios) 8Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. 9Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. 10Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

 

Este llamado a mí me impacta mucho, me impresiona, y me impresiona porque yo he podido advertir en Samuel la mansedumbre de una persona. Yo puedo advertir en Samuel a alguien dispuesto para responder a un llamado. Dice la Palabra que Samuel no conocía la voz de Dios, pero sin embargo oyó su nombre, oyó que alguien lo llamaba y él consideró que era el sacerdote Elí. Y Samuel no se hizo el remolón en la cama: “ay este viejito, ¿ahora qué quiere? Ay, ya estoy acostado, ya estoy descansando, estoy calientito ¿para qué me mandó llamar? ¿Qué quiere de mí?”

 

No, en cuanto Samuel oyó su nombre, se levantó y fue con el sacerdote y le dijo: “heme aquí, ¿qué quieres? ¿Qué hago? ¿Qué necesitas?”. No, yo no te llamé, vete a acostar. Fue y se acostó y volvió a oír la voz de Dios y de nuevo se levantó y dijo: “yo te escuché sacerdote, ¿qué deseas?” Nada, vete a acostar. Samuel no regresó y dijo: Este viejito loco, ya está chocheando, habla y no se acuerda.

 

La tercera vez que Dios le habla, que vuelve a oír Samuel su voz se vuelve a levantar sin ningún problema para atender al llamado que estaba recibiendo. Me gusta, es como nuestros hijos: “Ven Miguel”. Y corre para ver qué quiere el papá. Y todos corremos como hijos, sí papá qué se te ofrece, en qué te puedo servir, dime ¿quieres que vaya a la tienda? Dime ¿qué quieres que haga? Nuestras hijas, “sí yo quiero… ¿qué, qué quieres, te lavo los trastes mamá? ¡Impresionante!

 

Si no podemos responder a un llamado físico, material de una persona, a una persona que conocemos y con quien vivimos, ¿cómo le vamos a responder a Dios que no vemos, cómo? Está difícil. Y yo puedo ver esa disposición de servicio en Samuel. Ya Dios ilumina a Elí y dice: “ah te está hablando Dios, regresa y acuéstate y cuando vuelvas a oír su voz dile: “mande Señor, porque tu siervo escucha. Dime qué quieres, ordéname lo que sea porque yo escucho para hacer lo que tú quieres que yo haga”.

 

Me imagino cómo Samuel regresó a la cama, se recostó y esperó y estuvo atento. Ahora sí atento, sabiendo de dónde provenía la voz. Y cuando oyó la voz de Dios de inmediato respondió: Habla, porque tu siervo oye. Es decir, dime lo que quieras porque voy a hacer lo que tú me pidas. ¡Qué llamado tan hermoso!

 

¿Qué le respondes tú a Dios cuando Él te llama? Pero bueno, volvamos a  2 Tesalonicenses 1:11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder.

 

Y aquí vamos a ver 3 aspectos sobresalientes. Primero: Dice el apóstol Pablo, tenemos que ser dignos de su llamamiento. ¿Qué significa ser digno? Digno es ser merecedor de lo que se recibe. Es decir, merecedores de haber sido llamados por Dios. ¿Cómo podemos lograrlo? ¿Cómo puedo yo ser merecedor de este llamamiento? Sencillo, haciendo la voluntad de Dios, cumpliendo con todo lo que establece su Palabra.

 

Segundo aspecto: Que se cumpla todo propósito de su bondad. Y aquí me agrada como Dios muestra que quiere bendecidnos. Está en el propósito de Dios, está en su corazón bendecirnos, pero es posible que nosotros retardemos sus planes de bendición por nuestra desobediencia. Si nosotros obedecemos al llamamiento, entonces el propósito de bendición, de bondad que Él tiene para con nosotros y para con quienes están a nuestro alrededor, se va a cumplir.  Si desobedecemos retardamos las bendiciones de Dios.

 

Recuerda cuando el pueblo de Israel salió de Egipto. Lo que era unos cuantos días se convirtió en 40 años por desobediencia. Jonás por no obedecer a Dios estuvo dentro de un pez durante 3 días. Sansón por desobedecer a Dios se quedó ciego y así murió. Y encontramos cantidad de ejemplos en la Biblia en cuanto a desobediencia, retraso de bendición de Dios porque nosotros no obedecemos.

 

Tercero: Que se cumpla  toda obra de fe con su poder. Cada uno de nosotros hemos sido llamados para realizar una obra de fe, la cual podremos llevar a cabo solo con el poder de Dios. Y aquí podríamos preguntarnos ¿cuál obra de fe? Dos principalmente. Primera obra de fe tu transformación, tu cambio, tu conversión al Señor; esa es una obra de fe. Segundo, el servicio para Dios. El servicio, es decir, trabajar para Él en las dos áreas que Él establece: en las materiales y en las espirituales, en las dos tenemos que caminar. ¿Cómo? Con el poder de nuestro Dios.

 

¿Cuál es el propósito del llamamiento? ¿Para qué fuimos llamados? Porque qué bonito verdad, yo fui llamado para ser salvo. Ah, qué padre. Yo fui llamado para ser bendecido de Dios. Ah es que me ama. Yo fui llamado para vivir por la eternidad con Dios. Sí es que Dios no puede prescindir de mí. Y podemos pensar muchas cosas, pero dice en 2 Tesalonicenses 1:12 Para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

 

¿Qué significa? Que el llamamiento que Dios te ha hecho y por el cual tú estás aquí, es para glorificar el nombre de Jesús, no hay más. No es para glorificarte, es para exaltar el nombre del Señor. Cuando nosotros estamos sirviendo a las mesas estamos glorificando el nombre de Jesús. Cuando estamos sirviendo limpiando el templo, haciendo cualquier servicio material, estamos glorificando el nombre del señor. Cuando nosotros estamos trabajando en un área ministerial como puede ser el evangelismo, el pastorado, la enseñanza, en lo que sea, el ministerio que sea estamos glorificando el nombre del Señor. Y eso lo debemos tener muy claro.

 

Nosotros hemos aceptado el primer llamamiento. Aceptamos el prime llamado de nuestro Señor que es el llamado a salvación. Pegadito viene el llamado a ser santos, a vivir en santidad. Lo tenemos que hacer, si ya tomamos el primero tenemos que seguir con el segundo porque si no perdemos la salvación. Y luego el Señor nos encomienda un servicio el cual nosotros tenemos que trabajar.  “Bueno, es que a mí el Señor no me ha hablado como a Samuel. A mí no se me ha mostrado como a Moisés”. Si oras y mantienes una estrecha relación con Dios, se va a manifestar a tu vida y te va a decir cuál es tu llamado.


Y mientras eso ocurre ponte a trabajar en las áreas materiales, empieza a servir como dice el Señor, y empieza a trabajar para su obra. El llamado no fue para ciertas personas, fue para todos. Y todos estamos llamados para servir al Señor. Todos estamos llamados para glorificar su nombre, no hay más.

 

Mira amado hermano, es muy difícil someter nuestra carnalidad, nuestra humanidad a la voluntad de Dios, y a su Espíritu, y hacer las cosas conforme y Él las establece; no nos es fácil. Tú lo sabes hermano, hermana. Tú sabes cuánto te pesa la carne, pero Dios dijo que muchos son los llamados y pocos los escogidos, que de los que estamos aquí ninguno sea rechazado, que todos seamos escogidos porque estamos todos respondiendo al llamado de Dios. Que Dios se manifieste con poder a la vida de cada uno de nosotros, y que cada uno haga conforme a lo que Dios establece conforme a su voluntad, y que cada día de nuestra vida, en cada momento nosotros podamos glorificar a Dios porque a eso hemos sido llamados, que así lo hagamos.

 

Que no importen las circunstancias, o las situaciones, o los momentos, o las condiciones, que siempre podamos glorificar a Dios. Dale gracias a Dios hermano por su Palabra, por su guianza a toda verdad. Y que la gloria de Dios resplandezca en cada uno de nosotros, amén.