INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SILENCIO, SELAH

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Salmo 4:4b Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah

 

El rey David un varón lleno de Dios, un varón que buscaba alabar al Señor y estar en adoración. Un varón que aún creó, inventó 69 instrumentos de alabanza; el 70 fue él mismo, fue su propio ser, fue el instrumento número 70 para alabar a Dios. Un varón que amaba profundamente al Señor. Y dentro de lo que él escribe nosotros encontramos aquí en la Palabra algo que a mí llama mi atención que dice: Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Y hay una palabra posterior del lado derecho que dice: Selah.

 

¿Qué significa Selah? En hebreo significa silencio, significa callar, significa meditar. Cada vez que tú veas la palabra Selah en los Salmos principalmente, significa que es un tiempo en el cual tú tienes que hacer silencio, significa un tiempo en el cual tú tienes que meditar sobre lo que tú acabas de leer, ése es el propósito. Está haciendo énfasis el salmista de que aquí te debes detener, guardar silencio y meditar en la Palabra, esto es algo que tienes que llevar a cabo.

 

Cuando David, nosotros lo vemos en los Salmos, derramaba su corazón ante la presencia de Dios, había momentos en los cuales las palabras salían sobrando y lo único que podía hacer era guardar silencio y meditar. Era un momento tan estrecho en la presencia de Dios, tan íntimo, tan especial, que por esa razón él aún extiende eso que pasa en su vida y dice: aquí guarda silencio, medita sobre los caminos de Dios, medita sobre lo que tú estás leyendo, guarda silencio y espera en Dios.


Pero ¿cuál es el problema en la actualidad? En la actualidad nosotros vivimos muy de prisa, demasiado de prisa. El tiempo que tenemos no es suficiente para que nosotros realicemos todas las actividades que queremos. Cuando nos damos cuenta resulta que el día ya terminó, un descuido y ya se acabó la semana, un pestañeo de ojos y el mes ya terminó. Y en un descuido más resulta que ya es fin de año, y no hicimos todo lo que nosotros quisimos. Y volteamos para atrás y decimos: ¡cómo es posible! Qué rápido se está yendo el tiempo. El tiempo no me alcanza. El tiempo está como el dinero, no alcanza para nada, no nos alcanza.

 

Vivimos muy acelerados, es una época en la cual, principalmente en las grandes ciudades, estamos viviendo de una manera muy acelerada, estamos todos los días corriendo. Corremos y corremos por muchas razones, tal parece ser que tenemos como el síndrome del hamster. No sé si ustedes lo han visto. Son los animalitos parecidos a los ratones, los meten en una jaula, tienen ahí una rueda donde corren, y corren, y corren y no llegan a ningún lugar, pero todo el día están corriendo. Y corren, y corren y corren. Ay qué chistosos.

 

Y luego así estamos nosotros, parece que tenemos el síndrome del hamster, y corremos, y corremos por toda la ciudad y corremos por todos lados, y corremos en nuestra casa y finalmente parece como que no hacemos nada. Y después de varias horas decimos: “bueno, estoy muy cansado, pero ¿qué hice? Bueno pues tal vez nada más fui a trabajar, hice algunas cosas pero me la pasé corriendo”. A las amas de casa no les alcanza el tiempo; salen, llevan a los niños a la escuela, regresan, empiezan a hacer los quehaceres propios del hogar, y al rato todavía no terminan cuando ya tienen que ir por los niños, no han terminado la comida, o si empezaron a hacer la comida ya no les alcanzó el tiempo para hacer otras cosas, salen corriendo porque los niños ya salieron. En fin, todo el día corriendo, absolutamente todo el día.


Y yo puedo advertir que los problemas, las preocupaciones, las presiones, las enfermedades, aun la falta del dinero, las situaciones adversas y aun las ocupaciones, ocasionan que nosotros vivamos de una manera muy acelerada. Estamos dejando de hacer una gran cantidad de cosas porque no tenemos tiempo para hacerlas, no nos alcanza el tiempo. Y vamos dejando pendientes en una larga lista que cada día crece más. ¿Qué tengo que hacer? Tenía que hacer esto, pero ya no me alcanzó el tiempo. Bueno, después lo hago, pasa a la lista de los pendientes. Y al otro día en lugar de hacerlo ya tenemos algo más que no alcanzamos a hacer, y pasa a la lista de los pendientes. Y así vamos aumentando la lista de los pendientes.

 

Había un vecino que en el transcurso de la semana la mamá le decía, por ejemplo: oye, necesito que vayas a traer la despensa a la tienda de autoservicio. Entonces él le decía: voy el sábado. Bueno. Oye, por cierto anda mal el baño, necesito que lo arregles. El sábado lo arreglo. Oye, necesito que hagas esto, quiero que hagas lo otro. El sábado. Alguien lo iba a invitar para hacer algo. “Vamos el sábado”. El caso es que hacía una larga relación para el sábado la cual no podía cumplir por una simple y sencilla razón: no le alcanzaban las 24 horas del sábado para hacer todo lo que había transferido para el sábado.

 

Y así nos pasa a nosotros, yo lo puedo ver a mi alrededor, y puedo ver a los hermanos, puedo ver sus preocupaciones, sus ocupaciones y no les alcanza el tiempo. ¿Por qué no vienes a la reunión de varones? “Es que no tuve tiempo”. Hermana, y a la reunión de mujeres, ¿por qué no viniste? “Es que no me dio tiempo. Yo pensaba venir pero no tuve tiempo porque tuve que terminar otras cosas”. Y ¿por qué no viniste el sábado a tal actividad? “Ah, porque en la semana no tuve tiempo de lavar y me tuve que quedar el sábado para lavar”. O hay hermanas que aún el domingo cuando se despiden dicen: “me voy rápido para alcanzar todavía sol porque tengo que lavar, porque toda la semana no lavé”.

 

Y gloria a Dios tenemos muchas cosas que hacer y el tiempo no nos alcanza. En lo espiritual está la situación más crítica. En lo espiritual no nos da tiempo para crecer ni para fortalecernos, ¿por qué? Porque no tenemos tiempo para hacer lo que Dios establece. Primero no tenemos tiempo para leer la Biblia.  Y si no tenemos tiempo para leer la Biblia, mucho menos vamos a tener tiempo para estudiar la Palabra. Menos aún vamos a tener tiempo para reflexionar o como dice la Escritura apara meditar en la Palabra.  No tenemos tiempo para asistir a los cursos.


”Es que yo tenía el firme propósito de ir el domingo en la mañana al culto”. ¿Y qué pasó? “No tuve tiempo, me levanté tarde por equis razones”, o: “tuve que hacer esto”, “tuve que hacer lo otro antes de venir a la iglesia y no tuve tiempo”. Entonces no tenemos tiempo para cosas elementales que sirven para fortalecer nuestro espíritu. Por supuesto que no tenemos tiempo para orar, no hay tiempo para que oremos. Nuestras oraciones, llega el momento en que son oraciones, cuando se llegan a hacer, demasiado breves. Tan breves que no nos da el tiempo verdaderamente de invocar a nuestro Dios.

 

Son oraciones breves porque no tenemos tiempo para oraciones más largas. No tenemos tiempo para detenernos en la oración ¿por qué? Porque ya va a empezar el programa de televisión, porque ya va a empezar el fútbol. Porque ya estamos cansados. Porque al otro día nos tenemos que levantar temprano. Porque nos queremos distraer, porque no nos da tiempo de hacer todo lo que tenemos que hacer. Nuestras oraciones cada día se van disminuyendo en lugar de aumentarse. Nuestras oraciones son breves y en muchos casos son oraciones que se manifiestan única y exclusivamente a la hora de los alimentos.

 

Y como dice la Palabra de Dios que oremos específicamente, hay quien se sienta y dice: “Señor, te doy gracias por estos alimentos, bendícelos, en el nombre de Jesús, amén”. Y ya se siente bien, ya siente que oró y que está en una estrecha relación con Dios. Pero hay un problema dentro de todo este acelere, dentro de toda esta carrera, estamos muy preocupados porque Dios nos oiga, queremos que Dios nos oiga, que Dios nos escuche, y sobre todo, queremos que Dios nos responda.

 

Andamos a las prisas, andamos a las carreras, nuestras oraciones son breves, aun hay oraciones que hacemos en el camino al trabajo, camino a la escuela, cuando vamos de un lugar para otro. Oraciones breves en medio de todo el ruido, en medio de todo el acelere, no solo nuestro sino de toda esta ciudad, y hacemos unas oraciones las cuales queremos que en ese momento Dios nos responda.

 

Vamos en la calle, de repente vemos alguna situación volteamos los ojos al cielo para clamar al Señor, y lo primero que nos encontramos es con un gran espectacular, con anuncios mega gigantescos. Grandes anuncios que estorban nuestra visión, estorban nuestros oídos. En la ciudad hay demasiado ruido visual, y demasiado ruido audible. Esto nos impide tener comunión con Dios, ocasiona que nos tengamos que detener en esa desenfrenada carrera que llevamos para buscar a Dios. Y tenemos que buscar a Dios ahí donde Él está manifiesto.

 

Dios, dicen, está en cualquier lugar. Sí, en cualquier lugar que se le invoca. “Dios lo podemos encontrar en el lugar que sea”. Yo tengo mis dudas. Hay lugares en los cuales yo sé que no está Dios. Yo no puedo concebir que Dios esté en un bar, esperando que un cristiano entre al bar y ore. No lo puedo creer. No puedo creer que esté en un antro, esperando que un jovencito cristiano que entró al antro, clame a Dios por una razón. O sea, no puedo creerlo. Yo creo que hay lugares en los cuales Dios no está.

 

Pero hay lugares en los cuales efectivamente sí está Dios. Sí está y es muy fácil encontrarlo y es muy fácil que Él se manifieste porque está en ese lugar. En nuestras oraciones, nosotros en términos generales le pedimos a Dios que nos hable, ¿por qué? Porque queremos escucharlo. Cuántas ocasiones no decimos: ah Señor, si yo te oyera como te oyen los profetas, ahorita clamaría a ti y te diría algo y tú me responderías, y yo te alcanzaría a oír y sería maravilloso porque tú me podrías guiar de acuerdo a tu propósito.


Queremos que Dios nos hable, queremos escucharlo. Es más, yo considero que todos nosotros como cristianos tenemos la necesidad de escuchar, de oír a Dios. Pero hay un problema para ello, no nos damos el tiempo necesario para que Dios nos hable. No es que Dios no nos quiera hablar, es que nosotros no nos estamos dando el tiempo. Tenemos siempre prisa, tenemos prisa para que aun Dios nos responda. Y aun nosotros presionamos a Dios para que nos responda en nuestro tiempo.

 

“Señor tengo un problema, lo pongo delante de ti y espero la solución para mañana porque pasado mañana tengo que solucionar esto”. Y presionamos al Señor y queremos que las cosas Dios las haga a nuestro modo y en nuestro tiempo. Queremos dedicarle tiempo a todo menos a las cosas de Dios. Como que las cosas de Dios son las que menos importan. Las cosas de Dios son como las que pueden esperar. Como que hay prioridades en nuestra vida, y en nuestra vida nuestra prioridad no es que Dios nos hable, no es la oración desgraciadamente.

 

Pero hay algo importante: Salmo 37:7a Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. Y eso a mí me hace meditar en la Palabra, me hace meditar en las Escrituras. Porque aquí el salmista está diciendo algo que es bastante claro, y precisamente es David. David está presuponiendo que nosotros ya oramos, ya vaciamos nuestro corazón delante de Dios; ya venimos y le expresamos todo lo que hay sin prisas, tomando el tiempo que se requiere.

 

Porque en nuestra oración no podemos nosotros apurarnos, nosotros no podemos decirle al Señor: “Señor mira, voy a hacer una oración bien específica de 3 minutos porque el partido de fútbol empieza en 5 minutos”. No podemos. No podemos decirle al Señor: “Señor mira voy a orar y voy a orar rápido porque en 4 minutos me tengo que ir a trabajar, o tengo que ir a recoger a mis hijos, o tengo que hacer esto o lo otro”. No podemos. Nosotros tenemos que entender que nuestra comunión con Dios se debe llevar el tiempo que sea necesario.

 

Yo debo orar, vaciar mi corazón delante de Dios para que una vez que ya lo hice, haga lo que dice el rey David, el salmista: Guarda silencio ante Jehová. Es decir, yo tengo que quedarme callado después de orar el tiempo que sea necesario porque aún lo dice: y espera en él. Y espera una respuesta. Y espera que Dios te hable. Tomate el tiempo que sea necesario en silencio. Guarda silencio delante de Dios.

 

Leía el hermano Fernando al principio de la moderación: calle toda la tierra delante de Él. ¿Por qué es esta orden de parte del profeta Isaías para todo el mundo? Porque le está diciendo a toda la humanidad: “cállate, no hables, escucha, guarda silencio cuando estés en la presencia de Dios. Busca esa presencia y escucha la voz de Dios”.  Pero otro de nuestros graves problemas es que estamos muy afanados por hablar. Nos encanta hablar, nos gusta hablar, nos tropezamos para hablar.

 

Estamos hablando 2, 3 personas o más, y nos estamos arrebatando la palabra. Y quien no se la está arrebatando después decimos: “a mí se me hace que éste es introvertido, no le gusta habar”.  No, no es que no le guste, es que no lo dejan. “oye, es que el hermanito nunca habla”. Pues es que tú nunca te callas. Y no se diga de los vendedores. Los vendedores cómo les gusta hablar, y hablan, y hablan y hablan.


Y no hemos entendido que Dios nos dio dos oídos para escuchar más del doble de lo que nosotros hablamos. Es importante hablar, y es importante venir delante de Dios y hablar lo que hay en nuestro interior, expresárselo, decírselo. Pero es importante guardar silencio y esperar en Dios. “Es que Dios no me responde”. Es que nada más terminaste tu oración, dijiste amén y te levantaste. ¿O esperaste el tiempo para que Dios te respondiera? No lo hiciste. Yo puedo advertir que nuestras oraciones en términos generales así son.

 

Cuando oramos con algún hermano, que en términos normales no oramos, y terminamos de orar y nos quedamos callados esperando la respuesta de Dios, hay un momento en el cual el hermano empieza a inquietarse, ¿no? Piensa: “¿Y qué, ya, no, a qué hora nos levantamos?” Porque no estamos acostumbrados a oír la voz de Dios, no estamos acostumbrados, no hemos ejercitado el silencio para escuchar la voz de Dios.


El salmista es claro: Dios se manifiesta en el silencio, apréndelo. El ruido impide que Dios nos hable, por lo tanto, orar no se trata solo de hablar. Orar se trata de escuchar, de escuchar la voz de Dios. Ver qué es lo que Dios tiene para mí. Ver qué Dios me responde. Pero si nosotros no nos detenemos y buscamos estar en silencio, y buscamos hacer lo que dice el salmista, jamás podremos oír la voz de Dios. Lo más que podrás hacer es lamentarte y decir: “ay, yo no oigo la voz de Dios. A mí nunca me habla. Cómo quisiera yo que algún día Dios me hablara”.

 

Si tú no guardas silencio, Dios no te va a hablar. Si tú no esperas en Dios, Dios no te va a hablar. Dios no tiene prisa, ninguna prisa. Nosotros lo podemos comprobar, el tiempo de Dios, el tiempo Kairos es un tiempo infinito en el cual aún no pasa ni el tiempo, y Él tiene control del tiempo. Nuestro tiempo es un tiempo Cronos en el cual andamos acelerados porque las horas se pasan. Y ya es hora de que me vaya a la escuela, ya es hora que vaya al trabajo, ya es hora que tengo que recoger esto, ya tengo que ir a la tintorería, ya tengo que hacer, ya tengo que ir, ya tengo que ir a la casa y hay tráfico, y ufff, y andamos acelerados.


Necesitamos tiempo para escuchar la voz de Dios. Necesitamos hacer tiempo para estar en silencio.
La Palabra SELAH, está en forma constante en la Biblia, una y otra vez en los Salmos, ¿por qué? Porque nos habla de manera permanente de que nosotros tenemos que darnos un tiempo para estar en la presencia de Dios en silencio, no solo para reflexionar una lectura, no solo para meditar alguna situación, sino en silencio para oír su voz; tienes que guardar silencio.


Salmo 46:10a Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.

 

Fíjate qué interesante, cómo Dios mismo está diciendo: “a ver relájate, tranquilízate, estate quiero. Porque si tú no te estás quieto tú no vas a poder reconocer que Yo soy Dios, dice el Señor”. Para que tú puedas reconocer que Dios es Dios, necesitas tiempos de tranquilidad, de paz, en silencio para estar en comunión con Él. Y continúa diciendo Salmo 46:10b-11 Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. 11Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

 

O sea, otra vez Silencio. Dios de los ejércitos está contigo, sí. Guarda silencio, entiende que estás en esa presencia. Entiende que tu refugio es Dios y guarda silencio delante de Él. Guarde silencio toda la tierra.

 

Isaías 30:15a Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.

 

¡Qué impresionante! Palabras que está manejando el profeta. Palabras que salen del corazón de Dios, que salen de su corazón para con su pueblo. Dos recomendaciones: Una: Ponte en descanso y en reposo. Es decir, que dentro de toda tu actividad haya un momento en el cual descanses, reposes, ¿por qué? Porque esto tiene un propósito específico. Cuando entres en descanso y en reposo entonces tú estarás en salvación.

 

¡Qué raras palabras del Señor!  “Bueno, es que yo creí que yo era salvo. Yo creí que mi vida, aunque vaya corriendo y esté acelerado yo soy salvo”. Sí, prácticamente hablando. Pero aquí la salvación se está refiriendo no a la vida eterna, se está refiriendo a los problemas que nosotros tenemos de una manera cotidiana. ¿Cómo vamos a encontrar la solución a los problemas? Cuando nosotros estamos precisamente en descanso y en reposo. ¿Por qué? Porque nosotros como cristianos es un tiempo que vamos a utilizar para estar en la presencia del Señor, para esperar en el Señor, y esperar su bendición, su salvación, su Palabra que nos guíe, que nos diga qué hacer.

 

Y dos: en quietud y en confianza. Estate quieto, no te aceleres, tranquilo. Tú necesitas estar quieto, estar en paz, no andar en la desesperación. Porque ahí en esa quietud y en la confianza que tú tienes en el Señor, entonces ahí vendrá la fortaleza. Pero si nosotros queremos fortalecernos espiritualmente y queremos que las cosas salgan bien, y seguimos corriendo en la loca carrera que llevamos en este mundo, no va a haber fortaleza, no va a ser así. Necesitamos hacer lo que dice la Palabra.

 

Y aquí cuando dice el Señor: Y no quisisteis. Se está refiriendo precisamente al hecho de que seguiste con tu carrera, seguiste acelerado, no te pusiste quieto, no entraste en reposo, no estuviste en descanso, no me tuviste confianza, no entraste en mi presencia y las cosas siguieron exactamente igual. ¿Quieres las cosas diferentes? Tenemos que hacer lo que dice la Escritura.

 

Vivimos un tiempo tan acelerado y de tanto ruido por el acelere, que yo puedo advertir cómo es, les decía el otro día a los varones, como si nos hubiéramos subido a un autobús que no se va a parar nunca. Pero nosotros tenemos que decir por unos momentos: “Aquí me bajo”. Y bajarte. Y bajarte y decirle al Señor: “Señor, aquí en silencio, aquí en tu presencia yo necesito estar para ser fortalecido, para ser bendecido”.

 

Dice la Escritura en 1 Reyes 18, que había un profeta llamado Elías. Elías tiene un encuentro con 450 profetas de Baal. Hay un momento en el cual se reúnen estos 450 profetas del enemigo, del demonio y Elías. Y entonces estos profetas de Baal, dicen que Baal es más poderoso que Jehová. Y Elías les dice: no, y no vamos a discutir. Vamos a hacer una cosa, vamos a hacer un holocausto y no le vamos a prender fuego, el holocausto que se prenda por el poder de Dios ese es el Dios verdadero. Empiecen ustedes.

 

Y entonces los 450 profetas de Baal están ahí alrededor clamando a su dios, le están danzando, le están cantando, le están haciendo cantidad de cosas; llega el momento en que aún flagelan su cuerpo, se lastiman, se hieren, les sale sangre y todo ¿para qué? Para agradar a Baal y que Baal hiciera descender fuego y prendiera el holocausto. Y ahí están, y empiezan a pasar los minutos, empiezan a pasar las horas a tal grado que estos 450 varones estaban cansados. Y Elías ahí parado frente a ellos diciéndoles: ¿Qué pasó? Griten más fuerte porque tal vez su dios está dormido y no los oye. Griten y clamen a su dios, háganlo.

 

Termina su tiempo y entonces el profeta Elías pasa, ora la Señor y dice la Escritura en 1 Reyes 18:37-40 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 40Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.

 

Imagínate qué momento ese. Elías un hombre mayor, ya de edad avanzada, ungido de Dios, con una relación estrecha con el Señor, orando, clamando y Dios manifestando su poder ahí. Y 450 falsos profetas, profetas de Baal son tomados y les dan muerte. El rey Acab le platica a su esposa Jezabel, ella era adoradora de Baal y de Asera, ella protegía a todos los profetas de Baal y de Asera. Le acababan de matar a ella sus profetas, los profetas del dios a quien ella adoraba. Ella estaba en contra de los profetas de Dios.

 

Ella recibe la noticia de parte de su esposo, que los 450 profetas de Baal encontraron la muerte, y se enoja tanto, tanto que dice en 1 Reyes 19:2-3 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.

 

Fíjate qué impresionante. Esta mujer manda con un mensajero a amenazar a Elías. Le dice: mañana a esta hora tú estarás muerto como esos 450 que me mataste. ¿Y qué hace Elías? Elías le tiene más miedo a una mujer que a 450 profetas de Baal (por algo ha de ser, no sé). Y dice la Escritura en el versículo 4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

 

¡Qué situación tan especial! Un varón de Dios, lleno de la unción del Espíritu Santo, que acababa de tener una victoria sobre 450 profetas de Baal, y que además después de ello, había orado para que lloviera porque llevaba 3 años de sequía la tierra. Y Dios le responde y llueve, y entonces resulta que este hombre sale huyendo por miedo a la mujer. Y dice a partir de:

 

Versículos 5-10 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

 

Fíjate qué situación está viviendo en estos momentos Elías. Él está en una situación crítica; él ya quería morirse, ya no quería saber nada, ya era un hombre grande, un hombre que sale huyendo por la amenaza de muerte de una mujer que ha matado a otros profetas de Dios. Llega hasta un lugar a un día de camino cansado, y le dice al Señor: “Señor, yo ya no quiero vivir, yo ya estoy cansado, yo ya estoy harto de esta vida, ya me cansé”.

 

Yo no sé si en algún momento te ha pasado. “Mejor Señor, mira, ven por mí. Ya llévame, ya no quiero estar aquí sufriendo con todos estos problemas. Tantos problemas que el tiempo ni me alcanza para ir a la iglesia. Mejor llévame contigo y así ya no tengo que ir a la iglesia, ya estoy a tu lado, mejor. Pero ya Señor”. Imagínate a un Elías en ese momento. Y el Señor que no tiene ninguna prisa por llevarse a ninguno, le dijo: “Mira, manda a un ángel y le dice: come, y descansa”.


Elías come lo que le habían dado, bebe y se duerme. Una vez que se despierta, dice
la Palabra, nuevamente viene el ángel y le pone comida y le dice: come y bebe. Y lo hace, y dice, ahora sí un largo camino te espera. Vas a caminar durante 40 días y 40 noches. Imagínate qué impresionante. Ya hiciste dos comidas a gusto, ya descansaste, te vas a ir caminando 40 días y 40 noches. Nada más inténtalo tú a ver hasta dónde llegas.

 

Y entonces cuando llega al Monte Horeb, Elías se mete a una cueva para descansar, y ahí en esa cueva en un silencio Dios le dice: ¿Qué haces aquí Elías? Señor, lo que pasa es que hay problemas muy severos. Nos está gobernando el PRD, tenemos problemas con la delincuencia, tenemos una serie de situaciones difíciles, hay intolerancia religiosa, persiguen a los cristianos, el municipio nos quitó nuestro terreno, lo vamos a recuperar, pero nos lo quitó. Señor, tengo un gran celo por ti y tus cosas, ¿qué hago? Eso está pasando en mi vida Señor.


Y entonces Dios habla a Elías y dice en 1 Reyes 19:11-12a El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego.

 

Imagínate y piensa por unos momentos estas situaciones que está viviendo el profeta Elías. Una situación desesperada en donde Dios le dice: sal y búscame. Y dice la Escritura que Dios pasa. Nosotros podemos sentir la presencia de Dios, podemos ver que Dios pasa. Pero el que Dios pase no significa que se está deteniendo para platicar con nosotros. Andamos tan a las carreras, tenemos tanto ruido que Dios pasa simplemente, y pasa por todo eso tremendo que se ve y que vivimos cotidianamente.

 

Sí, efectivamente dice la Escritura que vino un poderoso viento que rompía los montes. Piensa en esto en estos momentos, ¿qué tan fuerte debió haber sido el viento que los árboles caían, que los montes se rompían, y que Elías lo estaba viendo? Pero dice la Palabra que ahí en toda esa manifestación, en todo ese ruido, no estaba Dios. Y después de ello vino un terremoto, un gran terremoto; y Elías buscó a Dios ahí en medio del ruido del terremoto, en esa desesperación.

 

Yo cuando veo las imágenes del terremoto de 1985, me impresiona lo que mucha gente vivió. Cómo había la desesperación, cómo mucha gente corría de un lugar a otro buscando a sus familiares, gente clamando al Señor ahí en la desesperación por encontrar a un familiar, gente que llegó a alguno de los edificios donde vivían sus familiares, sus seres queridos y resulta que estaba semi destruido, estaba semi destrozado ese edificio y no había señales de vida. Y la gente clamando en esos momentos en una gran desesperación por sus familiares.

 

Horas después en un recorrido viene otro terremoto fuerte, un recorrido por el Presidente de la República por el centro de la ciudad de México, y lo único que hace el Presidente en medio de ese terremoto, se queda quieto. Y nada más voltea y ve la edificación en ruinas en las que estaba él, yo no sé qué pensó, pero de que clamó a Dios, lo hizo. Se quedó quieto y uno de los guardias presidenciales le dijo: salga. Él se quedó quieto, no pudo moverse.

 

Ahí en medio del terremoto dice la Escritura que estaba Elías, y él no vio a Dios, no estaba la presencia de Dios. Y después de este gran terremoto viene un gran fuego, viene un gran incendio. Es decir, nosotros seguimos caminando en nuestros problemas, seguimos corriendo en esta vida diaria, seguimos corriendo de un lado para otro, seguimos en la desesperación, nuestros problemas están aumentando y nosotros seguimos buscando a Dios sin detenernos. Es lo que le estaba mostrando Dios a Elías.

 

Cuántas ocasiones nosotros queremos buscar, porque creemos que Dios se encuentra en los grandes congresos, que Dios se encuentra en las grandes conferencias donde asisten 5, 6, 7 mil personas. O en esas conferencias de líderes muy reconocidos. Puede hacerlo y se puede manifestar y de hecho se manifiesta; pero dice la Palabra en 1 Reyes 19:12b-13 Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

 

Para que Elías pudiera escuchar el silbo apacible y delicado, es porque Elías en estos momentos estaba en una completa tranquilidad, estaba en un absoluto silencio. En ese silencio cuando decimos: “oía, pude oír el silencio, lo pude escuchar. No había ningún ruido, era un absoluto silencio”. Y eso es lo que quiere Dios. Dios quiere que entremos en ese silencio, en ese selah. Que estemos callados delante de su presencia, porque la presencia de Dios se manifiesta en el silencio.

 

Analízalo, cada domingo cuando nosotros alabamos al Señor está toda la alabanza, están tocando todos nuestros hermanos, estamos cantando, estamos aplaudiendo, estamos danzando. ¿En alguna ocasión de estar danzando y aplaudiendo has oído que el Señor te dice: oyes, escúchame, tengo un mensaje para ti? No. Después de estar muy eufóricos, muy motivados para aplaudir al Señor, para danzarle a Él, hay un momento en el cual entramos en adoración, quitamos los aplausos, bajamos la voz, los hermanos de la alabanza bajan el volumen de sus instrumentos, hay un momento en el cual ellos se quedan en silencio, y ya que se hizo el silencio en toda la congregación entra la voz de Dios.


Si nosotros estuviéramos esperando que Dios nos hablara en medio del ruido, nos quedaríamos esperando. Dios ahí está, aun dice
la Escritura que Dios habita en medio de la alabanza. Y Dios está habitando, y yo me imagino a Dios danzando aun en medio de nosotros aquí en el Altar, yo así lo puedo ver. Pero el que Él esté habitando y Él esté aquí, no significa que nos va a hablar en medio de la alabanza. Dios nos va a hablar y nos habla en el silencio, cuando estamos en la posibilidad de escuchar.


Cuando nosotros tenemos problemas y andamos corriendo y estamos en el acelere, y vamos de un lado para otro y queremos resolver el problema y decimos: “Señor, tengo un problema ayúdame, no sé ni qué hacer”. Y ahí vamos caminando y vamos de un lado para otro buscando la solución. Dios no nos habla, Dios no nos dice: “hey detente, te voy a hablar”. Dios no nos va a gritar. No lo hace.

 

Dios nos va a hablar ahí en donde no hay ruido, en donde no hay nada que se oponga a su voz. Dios nos va a hablar en el silencio. Dios no te va a hablar en medio del ruido donde tú te distraigas por otros ruidos. No. Dios te va a hablar en el silencio. Dios para que tú lo escuches no te va a gritar. Si no lo estás oyendo, guarda silencio y espera en Él. Retírate del ruido, retírate de la actividad, retírate de tu vida ocupada, retírate de tus ocupaciones, retírate de todo y escucha humilde y tranquilamente la voz de Dios, porque la voz de Dios llegará cuando menos la esperas.

 

Dios le volvió a preguntar a Elías, ¿qué haces aquí Elías? Y Elías le pudo haber dicho: Señor es lo que me acabas de preguntar hace un momento, antes de las tres manifestaciones de ruido que hubo. ¿Por qué otra vez? Ya te había yo contestado. Sin embargo en ese momento ya de tranquilidad, ya de paz, de confianza, de reposo, Elías le responde, versículo 14 He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

 

Y fíjate lo que le contestó Jehová: versículo 15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.

 

Elías ya estaba en tranquilidad para que Dios le dijera qué hacer. Cuando llegó Elías venía de 40 días y 40 noches de caminar, venía desesperado, venía impaciente, venía huyendo. Imagínate que Dios en ese momento le dice: Elías, regrésate. Elías le hubiera dicho: pues regrésate tú, yo no voy. La respuesta de Elías fue exactamente la misma cuando Dios le pregunto ¿qué haces aquí? Pero Dios le dijo dos cosas diferentes: en la primera ocasión le dijo: Sal, y búscame para que puedas estar en comunión conmigo, para que oigas mi voz, para que sepas qué hacer.

 

Y ya cuando estaba en la presencia de Dios, entonces Dios le dijo: “regrésate por donde viniste. Esos 40 días y 40 noches que caminaste van para atrás, porque yo no te quiero aquí, te quiero allá, regrésate”. Y dice a Escritura que Elías con toda tranquilidad se regresó. Si Dios se lo dice en el momento de desesperación, ni siquiera hubiera creído Elías que era la voz de Dios. Es como cuando Dios habla a tu corazón a la hora de la ofrenda y te dice: “pon en la cesta todo el dinero que traes”. Y entonces te espantas y dices: “¡fuera demonio, sal!”

 

Necesitas estar en tranquilidad y en paz para poder aceptar lo que Dios te diga. Si no estás en tranquilidad no lo vas a aceptar, si no estás en silencio, no lo vas a oír. Todo está relacionado, pero ¿qué nos pasa? Nos desesperamos y entonces gritoneamos y nos peleamos con Dios y queremos que las cosas sean como queremos, y gritamos y gritamos.

 

Y yo me imagino a Dios oyéndonos y diciendo en su mente: “pues sigue gritando. Mientras sigas gritando no te voy a responder. No me vas a escuchar. Grita, y grita todo lo que quieras. Cuando te canses y te quedes en silencio y me busques en silencio, en quietud y en reposo, entonces te contesto. Antes no”. ¿Qué quiero decir? Algo muy claro: Cuando tengas problemas tranquilízate, relájate, entra en reposo, entra en confianza y ahí en silencio busca a Dios.

 

Lucas 5:16 Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

 

¿Qué estaba haciendo nuestro Señor Jesucristo? Estaba ministrando, estaba liberando, estaba enseñando, tenía una gran actividad. Nuestro Señor Jesucristo estaba rodeado de las multitudes, rodeado de gente, llegaba a una casa y la casa estaba repleta de gente, nadie podía entrar, tan era así que cuando llevaron a un enfermo lo bajaron por el techo. Abrieron un hoyo en la casa y bajaron al enfermo, al paralítico por ahí. No podían entrar por la puerta de tanta gente que había.

 

Dice la Escritura que había 5 mil personas, 5 mil varones oyendo al Señor, y el Señor les dio de comer. Dice que todo mundo iba a su alrededor y lo empujaban, lo aprisionaban y que alguien vino y que apenas alcanzó a tocar su manto y el Señor Jesús dijo: ¿quién me tocó? Porque sentí salir poder de mí. Siempre rodeado de gente, ¿qué tenía qué hacer el Señor para mantener relación con Dios? Apartarse, apartarse a un lugar desierto. Apartarse fuera de las multitudes. Apartarse a un lugar en donde pudiera estar en silencio en una plena comunión con Dios para que Dios le guiara en lo que tenía que hacer. Eso lo hacía Jesús.

 

Jesús nos muestra cuando resucita a Lázaro. Nuestro Señor Jesucristo en ese momento delante de la multitud no hizo una gran oración. Su oración simplemente fue: “gracias te doy Padre porque tú ya me revelaste lo que habría de ser”. Y de inmediato dijo el Señor que quitaran la piedra donde estaba sepultado Lázaro. ¿Por qué? Porque previamente Jesús en silencio y apartado había orado y Dios le había dado revelación.

 

¿Qué tenemos nosotros qué hacer? Apartarnos, estar en silencio. Aprende a estar en silencio. Cuando estamos en silencio y hay un momento en el cual Dios todavía no nos habla y empiezan a pasar algunos segundos, nos empezamos a desesperar. Y ya queremos oír la voz de Dios. Acostúmbrate que cuando ores tienes que estar en silencio. Si no estás en silencio Dios no te va a hablar, Dios no se va a tropezar contigo para hablar. Dios no te va a arrebatar la palabra. Dios no va a quitar todos los ruidos que hay para hablar Él, ni va a hablar más fuerte que todos los ruidos que hay para que tú lo oigas. No lo va a hacer así.

 

Tú necesitas estar en quietud, en reposo, y ahí en la intimidad orar. Ahí en el silencio esperar. “Señor, yo no quiero un monólogo contigo, quiero un diálogo. Lo que es la oración, quiero oír tu voz”. Pero oír la voz de Dios implica que tienes que estar en silencio, ¿cuánto tiempo? El tiempo que sea necesario. Aprende a estar en silencio, tal vez las primeras veces pasen muchos minutos o tal vez pasen horas y no oiga la voz de Dios. Vuélvelo a hacer y cada vez que ores hazlo, y vas a escuchar la voz de Dios.

 

Padre bendito, necesitamos oír tu voz, necesitamos escucharte, necesitamos saber que tú estás y que tú nos estás guiando. Tu pueblo necesita de ti, necesita que tú le guíes, pero yo sé porque tu Palabra nos lo enseña que nosotros tenemos que estar en silencio. En silencio para poderte escuchar, en silencio haciendo tiempos de reposo y de descanso, de quietud y de confianza, porque de lo contrario no habrá respuestas.

 

Enseña oh Dios a tu pueblo a guardar silencio. Convence a tu pueblo de escuchar tu voz y no de hablar y hablar y hablar; porque aun dice tu Palabra Señor que en las muchas palabras hay necedad. Señor que aprendamos a oír y que aprendamos a oírte a ti. Queremos que nos hables por lo cual pongo delante de ti a cada uno de mis hermanos pidiéndote Señor que te manifiestes  con gran poder a sus vidas, y que tú les des la convicción de buscar esos tiempos de silencio, esos tiempos Selah como dice tu Palabra en el hebreo para que Señor nosotros podamos y que ellos puedan aun escuchar tu voz.


Enséñanos Padre a detenernos, a bajarnos de este vehículo que vamos día con día acelerados para que podamos tener tiempos de comunión estrecha y fuerte contigo. Y gracias Señor porque sé que tu pueblo te ama y que hará conforme y tú nos estás enseñando. En el nombre de Jesús te damos a ti la gloria, amén.