INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

QUITA EL CALZADO DE TUS PIES

 

Pastor Jaime Galindo Arellano

Centro Cristiano Palmas

 

 

Éxodo 3:5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

 

Yo estuve aprendiendo sobre este tema de parte de una enseñanza que mi esposa me daba prácticamente. Platicábamos y me decía, y me metió tanta curiosidad que de plano dije: Dios quiere algo.

 

Como muchos de ustedes han leído o saben, pues recuerdan la historia de este gran hombre llamado Moisés. Moisés es para los judíos como escribió el apóstol Pablo en el libro de Gálatas o en algún otro libro de los que él escribió; Pablo dijo alguna vez la ley por Moisés fue dada pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Creo que está en el Evangelio según San Juan 1, por ahí está.

 

Bueno lo que importa de esto es que antes de que pudiéramos recibir la ley de Moisés, y llama la atención  como Dios en sus planes perfectos utiliza a un criminal prófugo de la justicia egipcia y lo utiliza para libertar a su pueblo.  Ahora, dentro de estas cosas tenemos que meternos un poquito en el contexto de todo lo que hizo Moisés.

 

Moisés era un hombre judío. Nace como esclavo dentro de un pueblo de esclavos, es impresionante tratar de entender como va haciendo Dios las cosas. Imagínate, empieza a darle Dios palabra a Abraham y le dice: tu descendencia va a ser como las estrellas del cielo, como la arena del mar, nadie la va a poder contar. Ah por cierto va a haber un periodo de tiempo donde vas a estar preso tu pueblo en Egipto, ese pueblo que tú vas a tener 430 años de esclavitud.

 

Oye, ¿por qué Dios es tan contrastante siempre? Te da una promesa pero te dice: pero por cierto también va a haber un periodo de prueba. Y dentro de estas cosas podemos ver que lo mismo le sucede a Moisés. Así que lo llama, lo rescata, los egipcios quieren empezar a matar a los varones judíos naciendo, pero Moisés es rescatado; su nombre seso significa rescatado de las aguas. Y es criado en la corte del rey de Faraón.

 

Entonces aquí vemos otra vez más, como las cosas siempre se contraponen, va contraponiendo Dios las cosas de una manera especial para mostrarnos algo. ¿Si? Rescata a un niño esclavo de los egipcios para que crezca como príncipe de los egipcios. Creciendo de una manera que aun en el libro de los Hechos cuando Esteban está hablando de Moisés, él dice por ahí con relación a Moisés él dice que fue criado en todas las artes y los oficios de los egipcios. Así que Moisés debe haber aprendido algo de encantamientos, de magia, de ocultismo, de hechicería, de idolatría, de paganismo, una gran ciencia.

 

Seguramente Moisés sabía o podría haber calculado esta pirámide famosísima la pirámide de Queops, esta pirámide que está hecha en los cuadrantes especiales y recibe la cara al sol y que su base por su altura, y una serie de cosas que han encontrado que tiene tanto misterio.  Pero pudiéramos entender que este hombre Moisés tenía todo este conocimiento.


Dice entonces que Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios y era poderoso en sus palabras y en sus obras dice. En otras palabras, Moisés que por supuesto, desde luego no es Shalton Geston, ¿verdad? Para todos aquellos que todavía se acuerdan de este actor, en la película de Los 10 Mandamientos, no es Moisés. Pero vale la pena recordar que efectivamente todo lo que se muestra en aquella película que ustedes han visto del Príncipe de Egipto, pues Moisés realmente creció poderoso en obras y en la sabiduría de los egipcios.

 

Ahora, cumple c40 años y este hombre finalmente tiene un encuentro con su pueblo.   Al tener un encuentro con su pueblo de repente como que descubre quién es y trata de violentar, apresurar el plan perfecto de Dios. Diciendo: Es decir, yo creo que por algo Dios me permitió crecer aquí. Yo creo que soy llamado a poner orden entro los egipcios y entre los judíos y este pueblo. A lo mejor soy llamado a liberar a mi pueblo y trata de apresurar el plan. Solo que el problema es que al tratar de hacer las cosas en sus fuerzas retrasó el plan de Dios otros 40 años. Porque ahora tenía Dios que llevarlo a un desierto con el fin de sacar a Egipto de él. Vaciarlo de todo lo que significara Egipto 40 años.


Y en esos 40 años que Moisés pasa en el desierto, este hombre cada vez como que se va volviendo más pasivo, ¿si? No es lo mismo aun cuando podemos ver ahí en el capítulo 2 de Éxodo, podemos ver que es un hombre probablemente muy fuerte, muy valiente; se menciona en Éxodo 2:19, cómo defiende a las hijas de su suegro, las defiende de unos pastores que estaban tratando de invadir su rebaño de ovejas; y él solo llega ahí y pone en orden a los pastores.

 

Debe de haber sido un hombre 40 años, en su apogeo de la edad viril, muy fuerte, muy firme y además con una gran presencia. Moisés debe de haber sido un hombre de una gran presencia, pero imagínate tú siendo una presencia tan firme como tenía este hombre, tan rápido se calentó cuando vio que un egipcio estaba abusando de un judío, de uno de los hermanos de su pueblo. E inmediatamente reacciona y lo mata. O sea, creo que estamos aquí hablando de un hombre muy impulsivo.

 

Y entonces uno se pregunta cómo después Dios cuando su hermano Aarón y su hermana María empiezan a ejercer rumores contra Moisés más adelante, de repente Dios les dice: ¿por qué hablan así mal de mi siervo Moisés, qué no se han dado cuenta que es uno de los hombres más mansos sobre la tierra? Y uno dice, ¿más mansos? Wow, pues i mató a alguien. Si ese es el tipo de mansedumbre Dios, bueno suena bien. Eso quiere decir que pudiéramos estar incluidos aquellos que somos medio impulsivos, así que reaccionamos un poquito a las consecuencias.

 

Nada más que aquí hay una circunstancia que tenemos que ver, ¿qué tuvo que hacer Dios para poder utilizar a Moisés? El asunto es que lo manda a pastorear borregos 40 años en el desierto. Para Moisés las cosas estaban como que tranquilas ¿verdad? En el vecino, ahí cerca de Egipto, ahí estaba cerca del Monte Sinaí, en la Sierra de Horeb, ahí donde estaban todos esos montes altos.

 

Y ahí andaba Moisés pastoreando sus borregos, tal vez hubiera muerto aquel Faraón que quisiera tomar su vida después de que mató al egipcio y las cosas se habían calmado, 40 años pues dices pues como que ya nadie se acuerda de lo que pasó allá, pues aquí estoy yo con mis ovejitas muy tranquilo. Pero yo pienso y siempre al leer esta historia yo creo que este hombre Moisés en su corazón había un gran desasosiego.

 

Un desasosiego porque cuando se descubrió el incidente de que había matado a un egipcio, él quiso poner en orden a unos hermanos judíos. Pero aquellos judíos le dijeron: “oye, ¿qué, quieres hacernos lo mismo que le hiciste ayer al egipcio? “. Y entonces eso desencadenó su huída.  Y entonces, ¿cuál es el asunto?  ¿40 años habrían bastado para que este hombre sacara de su corazón a su pueblo esclavo? Yo creo que no.

 

Yo creo que con el paso del tiempo una especie de súplica, una especie de intercesión, una especie de recuerdo de aquel pueblo que había dejado atrás estaba en su corazón todavía muy firme. Pero también estaba la carga de la culpa, y ésta le impedía acercarse directamente a Dios y decirle: “Dios deja ir a mi pueblo de Egipto. Haz algo por mi pueblo que está en Egipto”. Y se quedaba aquí apagado, pasivo, cuidando sus ovejas.

 

Pero Dios tiene formas de llamar la atención, y dentro de esas formas de llamar la atención uno puede imaginarse esas historias hermosas ¿verdad? Ahí va el ángel del Señor, l Príncipe de los ejércitos del Señor, caminando allá por el desierto, a lo mejor un ángel va de compañero con él. ¿Qué haces Señor? Aquí sembrando la semilla de algo que va a crecer como una zarza. Señor hacer crecer una zarza en el desierto, ¿para qué? Tú espérate, va a crecer y dentro de unos…

 

Seguramente el Señor saca su reloj y dice: exactamente dentro de 7 meses y 3 días, cuando esta zarza esté de este tamaño yo voy a hacer que el sol se junte, mande luz, haya aquí una reflexión y se enciende.  Pero además no voy a dejar que se consuma.

 

Y el ángel tal vez le preguntara al Señor: Señor ¿y con qué fin es todo eso? Ah es que tú no sabes. Para ese entonces yo voy a hacer que unas borregas caminen por aquí y mi siervo Moisés venga, las corretee, las persiga y vea la zarza.  Cuántas cosas tiene que hacer Dios de repente. Alguien dijo por ahí cuánto tiempo, cuántos años tuvo que hacer Dios que se fecundara una higuera, un sicómoro, para que Zaqueo se pudiera subir y pudiera asomarse desde la higuera y ver que Ahí estaba Jesús que pasaba.

 

Dentro de la economía de Dios, Él va formando todas las cosas de una manera perfecta de tal manera que nada es dejado a la casualidad. Ahí estaba esa zarza en el momento preciso en que Moisés llegó y la vio. Y cuando él la vio precisamente dice ahí que vio la zarza, Éxodo 3:2 Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

 

Como que Moisés acostumbrado a que esas cosas ocurrieran en el desierto, él podía saber que algo se encendía y se apagaba inmediatamente porque era rápidamente consumido. Pero ahora aquí estamos viendo una zarza ardiendo que no se apaga. Ahora, tú dices: ¿qué onda con Dios? Señor, ¿no había maneras más sutiles de llamar la atención de un hombre como Moisés? ¡Qué rebuscado! ¿No? Un poquito así como que rebuscado el asunto de la zarza, ¿te pudiera parecer?

 

Te pudiera parecer rebuscado el procedimiento de que se duerma Pedro ahí en Hechos 10, y le bajan el paliacate con animales inmundos. Mata Pedro, no Señor cómo crees. Nunca he comido cosa inmunda. Y Pedro así como ¿Y este sueño qué quiso decir? Y Dios le tiene un mensaje después para que entre con los gentiles. Cuántas cosas hace Dios que no comprendemos en un principio. Ahora, cuántas cosas tiene que hacer Dios en una forma tan especial para llamar nuestra atención y tal vez ya te ha estado llamando la atención a ti y no has puesto atención a algo que pudiera ser común. ¿Será que Dios tenga que hacer que una zarza arda en tu camino? 

 

El caso es que a Moisés le puso una zarza ahí y dice Moisés, versículo 3 Iré yo ahora y veré. Ya su atención estaba concentrada y enfocada. Dice: veré esta grande visión. ¿Por qué la zarza no se consume? Está raro, ¿será un espejismo en el desierto? Y se acerca. Aquí es donde empiezan las cosas a encajar dentro del terreno de Dios. Se acerca Moisés y en ese instante, fíjense el versículo 4a Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza.

 

¿Cuándo fue que lo llamó? Cuando se acercó a ver. Ahora, pues yo creo que ahí las cosas para Moisés yo no sé qué habrá sentido ¿verdad? Pero él empezó a oír una voz extraña: Moisés, Moisés. ¿La zarza? Espérame, las zarzas no hablan y menos ardiendo. Upsss, algo extraño está pasando aquí. Seguramente empezó a sentir dentro de su corazón ese tipo de sentimientos encontrados que de repente cuando tenemos algo extraordinario, ¿está ocurriendo, me está pasando a mí? Wow, soy yo, es para mí, me hablan a mí.  Qué expectativas tan grandes.

 

Y en ese momento oye la voz y dice: Heme aquí. No sé quién seas pero por si las dudas, aquí estoy, aquí estoy Señor. Algo me espera. Y cuando supo inmediatamente que algo grande estaba por sucederle, es cuando recibe la instrucción, versículo 5 No te acerques demasiado. Si te vas a acercar, quítate los huaraches, porque el lugar en que tú estás, es tierra santa.

 

¿Te imaginas qué habrá sentido este hombre? Estoy acercándome a lo santo. Espérame Señor, 40 años he estado huyendo de eso. 40 años he estado viviendo como paria ahí, bueno no, ya había formado a su familia, ya tenía a su mujercita madianita ahí, o sea, muy solo no estaba el Moi, estaba consoladito de la soledad de la familia y todo eso. Ahí tenía a sus hijitos, a Gerson y al otro.

 

Pero ahora, ¿cuál es el punto? Dios lo llama y aquí podemos empezar a ver la forma en que este versículo nos da la entrada para algunos puntos. Dios llama a Moisés a tener una visión. Cuando Moisés tiene una visión, oye el llamado de Dios. Cuando Dios lo llama le pide: ahora entra en relación conmigo. Y después cuando entra en relación con Él, vemos que es Dios en verdad el que quiere acercarse a Moisés. Porque es Dios el que preparó todo el encuentro para tener comunión con Moisés.

 

¿Te haz fijado que algunas veces nosotros lo hacemos al revés? Te preparas, ayunas, oras, hasta lees la Biblia para tener una cierta revelación, ¿verdad? Y después dices: ahora voy a ver qué me dice Dios. Te pones medio místico acá, y la gente piensa: el hermano está en trance. ¡No! Ya se convirtió en un iluminado. ¡NO, tampoco! Es que estás queriendo entrar a la presencia de Dios.  Pero ¿te has dado cuenta que a veces tratas de entrar en la presencia de Dios sin lograrlo? 

 

Pero es Dios el que muchas veces cuando las cosas se dan en el momento preciso Él es el que viene y entra en tu presencia. La presencia de Dios, y algo me comentaba mi esposa que me gustó mucho lo que me dijo, ¿sabes cuándo sucede esto? Cuando el gran Yo Soy el que Soy, te dice: para que tú puedas entrar en comunión con el Gran Yo soy, tú tienes que decir ahora yo soy el que no soy. Es la diferencia. Y eso me gustó tanto y dije wow, qué juego de palabras tan maravilloso.

 

Tú no puedes ver al gran Yo Soy a menos que tú digas yo no soy. Ese es el punto sí. Cuando tú entras en una posición de humillación, de humildad es cuando Dios dice: las cosas ahora se pueden dar. Pero hay algo más. Fíjate el punto: quita tu calzado de tus pies. El otro día lo intenté, déjeme decirle que yo así como que soy medio, ¿cómo le explico? A algunos de ustedes se les facilita; a mi esposa le resulta muy fácil: ella sube, baja la escalera, va a la cocina, se regresa y todo descalza, ¿sí?

 

Le digo: ¡ponte sandalias, ponte chanclas, está fría la escalera! Y ahí baja ella como si nada, no tiene gran problema, gran conflicto con aquello de caminar descalza. ¿A cuántos de ustedes les gusta caminar descalzos? Yo soy bien roñica para eso, ahí voy como pollo espinado ahí entre las piedritas, si hay alguna cosa así como que me incomoda. Uy el pisar la arena descalzo, espérate guijarros, piedritas. Y luego tú ves a nuestros hermanitos allá en la sierra que bajan a pie sin guarache ni nada , bajan caminando las sierra, las piedras punzando y sin punzar y todo, y los ves caminar y todo y dices: Wow, trae camuflajeado el pie, tren vulcanizado el pie, ya traen su propia suela integrada.

 

Y hay gente que es así pero, lo que estábamos mirando es que en realidad hay dos puntos aquí. Algunas religiones dicen que quitarse el zapato es precisamente un símbolo de reverencia y de respeto. Por ejemplo en aquellos lugares, me acuerdo cuando mi hijo Rodrigo iba a ir a Taiwán; nosotros le decíamos ten mucho cuidado a dónde te vayas a meter. Hay lugares, hay templos allá llenos de dragones, y de cosas extrañas en Taiwán, y entonces ten cuidado porque si tú entras te van a hacer que entres descalzo. Y una señal de entrar descalzo delante de una deidad pagana, pues es precisamente humillación y reverencia. Entonces ten cuidado dónde te metes, no vaya a ser que te estés dando reverencia y estés mostrando demasiado respeto ante un ídolo pagano. Y era la idea que nosotros le comentábamos al hijo.  

 

Y a lo largo de la historia vemos que hay lugares donde tú no puedes entrar si no te quitas los zapatos. Trata de entrar a un templo musulmán, y entra sin zapatos y a ver si entras.  O más bien a ver si sales, esa es quizá la parte diferente. Pero en este caso podemos ver que cuando uno se descalza te vuelves más sensible al piso. Mi hermano Tomás que ha trabajado en la compañía de luz por muchos años, él nos puede comentar acerca de eso de hacer tierra, ¿verdad? Se hace hacer tierrita, en pocas palabras mójate los pies y ponte en un lugar haya una corrientita eléctrica y vas a ver qué bien te sientes. Bailas rete bonito seguramente.

 

Entonces hacer tierra, entrar en contacto con la tierra. Pero en este caso es en otras palabras despójate, entra en contacto con lo que yo he creado y entra a mi presencia. Quítate el calzado de tus pies, el lugar donde tú estás tierra santa es. Y el que le estaba hablando desde luego que era Dios mismo.


Ahora, varias cosas con respecto a quitarse el calzado de los pies. El sumo cerdote cuya vestidura era muy  hermosa ¿verdad? Entraba con un pectoral, las doce piedras de las tribus de Israel, una diadema “Santidad a Jehová”, de oro puro sobre su cabeza, su cofia, blanquísimo su lino fino todo, su cinturón, todo tan hermoso entrelazado ahí de una gran obra artesanal. Así entraba al Lugar Santísimo el Sumo Sacerdote, pero tenía que entrar descalzo, no podía entrar al Lugar Santísimo, a
la Presencia de Dios calzado.

 

¡Qué tienes que entrar recordando que… Yo he tratado de entender esto como pensando: Como para que recuerdes que eres polvo ¿si? El salmista lo decía: El conoce nuestra condición, recuerda que somos polvo. Polvo así de simple. Polvo somos, hemos de regresar al polvo y ahí como que nos disolvemos en la tierra, ¿verdad? Yo pienso que esta idea de entrar al Lugar Santísimo de esta forma era despojarse también dentro de toda la vestimenta tan sofisticada que llevaba el sacerdote, pues al fin de cuentas entrar en esa Presencia era alo que podía darle el toque adecuado de humildad.

 

Leía en una revista no hace mucho que allá en Florencia, Italia; hay un lugar, hasta aparece en una revista que me regaló mi hijo de las que él diseña. En esa revista hay un artículo de un hombre el cual e visitado por el Presidente de los Estados Unidos de América, muy probablemente por los Presidentes Mexicanos que ya ve que son rete copiones para este tipo de cosas de acá de gran lujo. Se van a hacer sus zapatos con un zapatero en Florencia. Zapatos que les toman la horma especial y tienen tu horma, desde luego zapatos que cuestan una fortuna.

 

Hace tiempo una película, a lo mejor algunos de ustedes la llegan a recordar, de Michael Douglas, este excelente actor. Una película llamada El Juego, este hombre es perseguido y entra en una dinámica ahí de correr y de mucha presión, y en una de esas cosas a mi esposa y a mí  nos acordamos siempre de ese detalle, porque él trata de brincar una reja y se le cae un zapato. Y entonces se le queda viendo a su zapato para atrás, con la muchacha con la que iba; recuerden que este es un hombre muy adinerado y dice: Uf, ahí van mil dólares. La muchacha se queda viendo y dice: ¿mil dólares un par de zapatos? Y dice: no, nada más ese, o sea, 2 mil un pares de zapatos.

 

Ahora, yo pienso en esto: me tocó ver o muchos de nosotros vimos precisamente a través de la televisión cuando el anterior Papa fallece. Ustedes vieron, le ponen unos zapatos nuevos, ahí lo tenían en la basílica de San Pedro, ahí estaba acostadito, tendido, los zapatos. Y uno piensa y me vino a la memoria inmediatamente esa pregunta. Ya lo van a enterrar, y lo van a enterrar con ese par de zapatos. ¿Cuánto costarían esos zapatos? Más de 2 mil dólares les puedo garantizar, hechos especiales para Don Juan Pablo II, zapatos especiales, y nadie más los va a usar.

 

Y al fin de cuentas ¿qué es tu zapato? A veces como que le damos demasiada importancia a los zapatos. Pero te has fijado que después de dos meses de uso ¿cómo los deformamos?  Toman la forma de tu pie, si caminas chueco ya te acabaste la suela de un lado. Si caminas de punta, a lo mejor el tacón está así pero tú vas así como quién sabe caminando. Han visto una chamaca de 14 años con las piernas así como popotitos y le ponen de esos zapatos de tacón alto y quiere empezar a caminar con tacón alto,  ¿cómo caminan? Pollos espinados, no hay lugar a dudad.

 

Y así es el calzado tiene algo particular, algo especial. Pero en este caso Dios le dice a Moisés, quítatelo.  ¿Y sabes? Hay otra historia muy hermosa que está en Josué 5, que tiene que ver con algo especial. Recuerden que iba a entrar a la tierra prometida el pueblote Israel, y antes de entrar a la tierra prometida había un proceso de recibir instrucción de parte de Dios, los profetas estaban ahí, los sacerdotes y preguntándole ¿cómo va a entrar este pueblo? ¿Cómo vamos a atravesar el Jordán? Y el capitán o el General del ejército judío era Josué, aquel siervo de Moisés.

 

Y miren ustedes que dice el Josué 5:13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él. Ahora, anota, de entrada aquí hay algo que sorprende ¿verdad? Ves un hombretón quién sabe de qué altura probablemente con un uniforme muy especial, con una espada desenvainada, parada en la punta de una colina y así como que cuando unos años más adelante vemos aquella historia donde David va a pelear contra Goliat. Recordamos a Goliat acá lanzando sus retos y el pueblo de Israel metido en sus tiendas, ninguno salía. Todos espantados no vaya a ser que Goliat venga.

 

Pero aquí vemos que se para este gran guerrero ahí en la colina, ¿y qué hace Josué? Josué ¿ustedes creen que era tantito cobarde? No, no tenía absolutamente un cabello de cobarde. Dice: veo a un varón con la espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él. A mí me llama mucho la atención esta palabra, porque ve que tenemos aquí un hombre que dice: ¿éste quién es? Y de seguro iba con la espada tomada en la mano, no la sacaba pero no vaya a ser que se me venga encima, mejor que vea que algo está pasando pero allá voy. Cobarde no soy, voy directo hacia él y voy a hablar con él además. Llevaba la espada tomada en su mano.

 

Y yo no dudo que la hubiera sacado en determinado momento. Y cuando él iba para allá dice: le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y con la espada así en la mano. Y seguramente a la mejor con una voz así medio temblorosa, y te veo además 2 de alto, uno de ancho, wow y además una coraza, y esa espada que traes ahí está muy grande y resplandece, qué raro, ¿quién eres? Josué 5:14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Oh, qué impresión. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; vean ustedes el cambio inmediato de actitud. Estoy ante el Príncipe del ejército de Dios. Inmediatamente piso a pecho a tierra y le adoró.

 

Pero, ¿qué le dice el Señor?   Quita el calzado de tus pies.  Que no entiendes que si yo me paro en un lugar de la tierra, un área alrededor se vuelve tierra santa. Ahí donde Dios pisa la tierra el lugar se santifica. Y cuando tú quieres entrar en el área de esa cercanía tienes que quitarte el calzado, porque ya no puedes acercarte más, ya no puedes entrar más en su presencia ¿si? Ahora, quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo; y Josué así lo hizo, se quitó inmediatamente el calzado para poder entrar.


Y yo creo que es muy posible, yo me imagino lo que ocurrió después. Josué se quita el calzado, entra en una conferencia con el Señor y el Señor le ha de haber dicho: mira Josué, ¿ves esta ciudad Jericó? Vas a rodearla así y así, vas a hacer estas cosas; vas a gritar alrededor y vas a tocar la trompera. Porque ¿quién se lo dijo? ¿Quién le dijo a Josué cómo tomar Jericó? ¿No habrá sido una conferencia de prensa que tuvo Jesús con él? El Príncipe del ejército del Señor ahí estaba pero para entrar en la presencia y recibir la misión después de haber tenido la visión, tenía que descalzarse. 

 

En otras palabras: entra en contacto para que yo me pueda acercar. Tu barrera me impide, hay algo que me impide. Y mire que hay algo que nos lleva un poquito más a comprender esto pero ahora en el Nuevo Testamento. El Señor Jesús en Juan 13, la noche de la última cena tiene una explicación para esto, para estas cosas. Imagínate, y ahí como que también ya se nos aclara un poquito más el panorama. Vamos a ver las cosas que está haciendo Jesús

 

Juan 13:4-7 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

 

Ahí viene precisamente la actitud de ser alguien que tiene los zapatos bien puestos. A la mejor zapatos especiales. Versículo 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Cómo se te ocurre Señor, para eso se necesita el esclavo más servil de toda la casa, ese es el que se pone para que lave los pies de la gente que entra. ¿Pero tú Señor? Yo acabo de decir allá en el monte después de ver que te transfigurarte que tú eres el Hijo del Dios Altísimo. ¿Quién dice la gente que yo soy? Tú eres el cristo, el Hijo del Dios Altísimo. Y ¿Tú me vas a lavar los pies a mí Señor? Yo creo que no, espérame tantito, hay rangos.

 

Y tal vez Pedro entró ahí en un diálogo, toda una conferencia: Señor entiende mira tu posición, tu dignidad, tu cargo,  tu majestad. Pedro si no me dejas hacerlo no tendrás parte conmigo. Ya, se acabó, no vamos a discutirlo más.  Le dice Jesús: Si no te lavo, no tienes parte conmigo. Entonces Simón Pedro viendo así ya las cosas como que muy serio a Jesús le dice: le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también mis manos y la cabeza.

 

Pero vean la respuesta de Jesús, y esto es lo que tiene que ver con lo que hemos estado hablando al principio. Porque le dice: Juan 13:10 El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Desde luego se estaba refiriendo al traidor de Judas.

 

Pero ahora regresando, nos regresamos con esta imagen precisamente de lo que está diciendo Jesús: el que ya tiene un corazón limpio, si quiere entrar en un comunión más íntima conmigo, sólo si ya tienes un corazón limpio, sólo si ya estás limpio tú después de que yo te he hecho limpio a través de mi sacrificio en la cruz, ¿si me explico? Dice: Lo único que tienes que hacer es quítate el calzado y lávate los pies. Aquel que ya está limpio no necesita sino lavarse los pies. En otras palabras: vuelve a entrar en la parte aquella donde reconoces, donde te vuelves más sensible.

 

Hace muchos años una de las partes de los tormentos que se daban a las gentes, supimos de algunos casos; era precisamente esa: agarraban a la persona que no quería confesar y la querían torturar. La ponían ahí sobre un catre y le agarraban los pies planta arriba, y luego con una cosa de fierro o de cuero le pegaban en las plantas de los pies hasta desollarlas. ¿Te imaginas? Miles de millones de terminales nerviosas destruyéndose con el impacto, ¡qué terrible!  ¿Puedes imaginarte ahora a Cuauhtémoc con los pies quemados, el dolor y el estoicismo con el que él aguanta?

 

Todo ese tipo de cosas vemos que los pies es algo especial. Pero Jesús está diciendo: aquel que ya está limpio, no necesita sino lavarse los pies. Y ahora regrésate conmigo otra vez hasta aquel momento en donde está Moisés en Éxodo 3, ya estamos aquí  nuevamente, en el versículo 5. Y volvemos a oír las palabras ahora ya con un poquito más de comprensión respecto a esta situación de descalzarse y le dice Dios a Moisés: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en donde tú estás, tierra santa es.  

 

Ahora ¿no contrasta este hecho con lo que acabamos de oír que hizo Jesús? Jesús se acerca a sus discípulos, les lava los pies y les da una gran lección de humildad, una gran enseñanza de humildad. Pero lo que les está diciendo realmente es: vean que me hago como siervo para acercarme a ustedes, quiero estar cerca de ustedes. Y ahora vemos entonces, ya podemos entender un poquito más lo que Dios le dice a Moisés: quítate los guaraches, no me puedo acercar a ti mientras estás con tus guaraches. Estás impidiendo el flujo ¿verdad? No estás haciendo tierra, necesito que hagas tierra, entra en contacto para que yo pueda hacer contacto.

 

A partir de ese momento le dice Dios en el versículo 6: Yo soy el Dios de tu padre. Ah, perdone usted Señor. Había oído de esas cosas pero en realidad oí muy poco. Te recuerdo señor que a mí me llevaron a Egipto casi recién nacido de 3 ó 4 meses. No conocí mucho del Dios de mi padre ¿si? No te preocupes, entonces habrás oído hablar de Abraham, pues soy el Dios de Abraham, soy el Dios de Isaac, y soy el Dios de Jacob. Uy, entonces Moisés cubre su rostro porque tuvo miedo de mirar a Dios.

 

En ese instante se le caen todas las cosas, todas las barreras, aquellos 40 años de endurecerse en el desierto, aquellos 40 años de frustración, aquellos 40 años de un cierto toque de amargura. ¿Qué habrá pasado con aquel pueblo mío? ¿Qué habrá pasado con el Dio de mis padres? ¿Qué habrá pasado con aquellas cosas, ya no tuve relación?  Y entonces se acerca Dios y dice: No te preocupes pero ahora yo he venido y aquí estoy contigo, cerca de ti.

 

Ay Señor este… Espérate, espérate Moisés, no empieces a quejarte. He visto la aflicción de mi pueblo, he oído su clamor, he conocido sus angustias y por cierto te voy a enviar a que los liberes. Ja, ¿qué hizo Moisés? Empezó a poner así como que espérame tantito Señor me quiero volver a poner los zapatos. Prácticamente estaba queriendo salirse de la zona santa y volverse a poner los guaraches antes de cumplir la misión. Ay Señor, soy tartamudo. Ay Señor, envía por medio del que tienes que enviar. Ay Señor, quién soy yo para que Faraón me escuche, que no sabes que soy un proscrito y que me andan queriendo matar. 40 años para ellos no ha pasado el tiempo.


Tantas cosas que pudieron haber venido al corazón de Moisés, pero ¿sabes qué?  Dios ya había tratado con su corazón. Dios ya había hecho que todas las cosa se dieran de tal manera, de tal forma que en realidad el tiempo preciso estaba 40 años de perfección, y por eso cada que tú oyes del término 40 en
la Biblia, tú te das cuenta de que está hablando de un periodo completo muy especial. Y nada más te recuerdo esto: imagínate a Moisés, finalmente a regañadientes y como tú quieras, aceptó porque estaba desnudo ante la presencia de Dios. Su corazón ya estaba ahí listo para recibir las instrucciones de Dios.


En el fono él anhela esas instrucciones de Dios. En el fondo anhelaba oír la voz de Dios. Y Dios se revela a su corazón, lo llama, le dice todas las cosas que quiere hacer. He oído. Moisés, ¿qué no te estás dando cuenta? Todo el tiempo en tu corazón has estado preguntándote qué pasó por el pueblo de Israel. ¿Sabes una cosa Moisés? Ahora yo vengo a responder tus inquietudes y tus dudas. Aquello que te ha estado presionando y atormentando de ¿qué pasaría con aquel pueblo? Ahora yo te estoy diciendo qué pasa: han sido esclavos, pero ahora los voy a liberar. Pero te voy a utilizar a ti, ¿qué te parece?  Ay Señor, pues bueno, está bien, ahí voy Señor, lo que tú digas.

 

Ahora piensa en esto, nada más tan solo piensa, en Éxodo 32, se menciona que moisés se sube al Monte Sinaí a recibir las tablas de la Ley. ¿Cuántos días se pasó en el Monte? 40. Y en ese momento cuando él desciende hay un gran escándalo ahí, rompe las tablas de la Ley. ¿Comió, tomó algo? No, se regresó para arriba otra vez, otros 40 días. ¿Y qué le dice Dios? Ay Moisés, ¿no traté contigo 40 años en el desierto? Te doy unas tablas hechas por mi propio dedo, te enojas en tu impulsividad y las vuelves a romper. Ahora las labras tú.

 

Y le dice: en los siguientes 40 días que se la pasa en el monte Sinaí, que pasa 80 días allá arriba con sus noches; podemos darnos cuenta que entonces Dios le hace hacer otras tablas para que se las baje al pueblo. Las primeras las hizo Dios, las siguientes las talla Moisés. Y yo creo que podemos darnos cuenta de so, ¿verdad?

 

40 años en la corte de Egipto, hicieron que Moisés fuera un hombre duro, agresivo, firme, probablemente preparado tal vez para ser el siguiente Faraón, en la siguiente generación. Y Dios dice no, te tengo que sacar de Egipto, lo manda al desierto, lo pule, lo perfecciona pero de todas maneras algunos destellos de aquella impulsividad todavía le quedaban a Moisés. 

 

Ah ¿40 días no te sirvieron? Vas para arriba otros 40 días en mi presencia para que estés conmigo. Y es ahí donde yo te voy a decir cómo hacer mi casa, mi templo, mi tabernáculo, donde yo voy a aparecerme, donde mi presencia va a estar en el Lugar Santísimo; lo vas a hacer así. Le dio los planos, le dio los diseños, le dio todo, qué revelación de la majestad y de la gloria de Dios cuando Moisés estuvo listo en el desierto.  

 

Ahora, aterrizamos esto para ti y para mí. El punto es: para que tú puedas entrar a la mejor has estado clamando muchos años porque quieres entrar en algún lugar especial de la presencia de Dios. Pero quizás no te has querido quitar tus zapatos. En otras palabras no te has querido despojar de tu comodidad, no te has querido quitar también aquella barrera que te impide acercarte al Dios Altísimo. Él ya se acercó, Él te está llamando, Él está diciendo quiero entrar en esa relación contigo.

 

A la mejor es una labor de guerra como a Josué; ¿sabes qué? He venido como el Príncipe del ejército del Dios Altísimo, es más soy el Capitán de las Huestes, soy nada menos que el Rey de reyes y Señor de señores, el Ángel del Señor. Y tú ¿quieres estar conmigo? Pues quítate los zapatos, despójate de todo el peso que te estorba.

 

Hebreos 12:1 les dice aquel escritor de hebreos: puestos los ojos en Jesús, en el Autor y Consumador de la fe. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestra tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia,

 

Despójate, quítate, sacúdete todo esa carga. Oye pero se me van a meter las piedritas en los zapatos. Qué te importa hombre, un poquito de sufrimiento en tus sensibles terminales nerviosas de tus pies. Lo importante es que hagas el punto exacto, que reconozcas, que te humilles y que puedas entrar en la comunión con Dios.

 

El Espíritu de Dios está dispuesto, está más que puesto para entrar en esa comunión contigo, pero también tenemos que entender que hay algo que tenemos que hacer: quita el calzado de tus pies. Quita tus ataduras. ¿Sabes una cosa?  Yo porque soy más mañoso que algunos de ustedes, mis zapatos casi siempre procuro no usar de esos que se tienen cordoncitos, porque me cuesta trabajo y luego se me desamarran y me los tengo que volver a amarrar, y me choca tanto que se me desamarra y ahí tengo que ponerle doble nudo. Y luego trata de quitártelos con el doble nudo y es otra historia.

 

Los nudos, las ataduras, ¿cuáles cosas te atan y te impiden entrar en la comunión con Dios? Dio hoy te está diciendo: quítate tu calzado, quítate lo que te estorba, yo quiero entrar en comunión contigo. Ese es mi anhelo, ese es mi deseo. Imagínate todos los preparativos. ¿Cuántos preparativos hizo Dios en ese pedacito de Sinaí durante 40 años para hacer que Moisés se acercara al punto exacto, en el momento exacto que Él había preparado?

 

 Porque anhelaba explicarle a Moisés: Moisés tus deseos más profundos de tu corazón, aquel deseo que todavía tienes de librar a tu pueblo se te cumple hoy porque yo te voy a capacitar. Cuando Moisés le dice: soy tartamudo. Dios le dice: qué, y a poco yo no hice la lengua en el hombre. No vemos que haya por ahí tartamudeado después de acercarse a Faraón. Para nada.

 

Se sabe de este gran hombre, de este gran predicador; bueno yo no sé si tan grande pero pues es un siervo de Dios; Benny Hinn, escribe en su libro Buenos Días Espíritu Santo, que él era tartamudo antes de conocer a Dios, y ahora lo oyes predicar y nunca lo oyes tartamudear. Dios hace todas las cosas, Dios quiere hacer las cosas pero quiere que tú hagas, tengas tú disposición de recibir lo que Él te tiene que dar. ¿Amén?

 

Amado hermano, hermana ahí en tu lugar empieza a pensar, empieza a meditar qué cosas, cuál es el anhelo más grande de tu corazón. Cuál es el sueño más grande de tu vida. Quizá como tienes un corazón limpio le has estado diciendo a Dios: Señor ahora dame una visión, y si te place dame una misión; y a lo mejor has caminado como diciéndole a Dios, no entiendo lo que me quieres decir. Y entonces el Señor dice: es que necesito que te acerques más, pero tienes que quitarte el calzado de tus pies. Tienes que humillarte, tienes que bajarte del nivel donde estás.

 

Tienes que ser como un niño, porque si no eres como un niño no entrarás en mi reino. Y Dios te está diciendo a ti en este momento: he estado preparando la propia zarza personal en la cual vas a tener un encuentro específico conmigo, y en la cual ratificaré el deseo más profundo que tienes en tu corazón para que lo logres. Pero quítate las sandalias.

 

Eterno Dios y Padre tu presencia en este lugar nos obliga, sabemos que tú quieres acercarte a nosotros. Señor que podamos en este momento quitarnos todo ese peso, esa carga, esas ataduras, esos nudos, que no dejan que entremos en esa relación íntima contigo. Que tú puedas removerlos de nuestro corazón, de nuestras vidas. Ciertamente como Moisés, la orden que tú le diste fue que él lo hiciera, quítate las sandalias. Nosotros queremos Señor en este momento quitarnos aquello que nos estorba para entrar en comunión íntima contigo.

 

Y queremos pedirte amado Dios, que nos hagas sensibles a tu presencia, te ruego en el nombre de Jesús que veas la disposición de cada corazón, sabemos Señor que aquí hay corazones más que dispuestos para cumplir con la misión que les tienes encomendada. Quizás no han visto a fondo la visión, pero hoy quieren descalzarse en tu presencia, desnudar su corazón para que el poder de tu Espíritu Santo pueda llenarlos, y puedan entender las maravillas de tu gracia. 

 

Ahora, tal vez tú digas: simbólicamente yo quiero hoy quitarme ese calzado y acercarme a Dios. Tal vez estás sintiendo en tu corazón que no lo puedes hacer solo, si eso es así ven para que oremos por ti y vamos a dejar que el señor toque tu corazón hasta lo más profundo de tu ser en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios te bendiga