INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

LA PRESENCIA DE DIOS 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Éxodo 40:34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.

 

Que impresionante escena a mi me parece ésta de la palabra de Dios. Un momento en el cual están erigiendo el tabernáculo de reunión, ese lugar que Dios les había dicho que hicieran con muchos detalles, de una manera muy especifica, para que ahí en ese lugar precisamente, se manifestara la gloria de Dios. Un tiempo en el cual Moisés junto con un grupo de personas, principalmente de sacerdotes, hacen esto, llevan acabo el tabernáculo y llega el momento en el cual lo están erigiendo y ven ellos como una nube desciende del cielo y cubre todo el tabernáculo, y entonces la gloria de Dios se posa sobre ese lugar. Que impresionante.

 

¿Qué era precisamente el tabernáculo? Era la casa de Dios en la tierra. Recuerden que el pueblo de Israel había salido de Egipto, iba a caminar por todo el desierto, iban a estar muchos años y no podían estar sin un lugar en donde hubiera comunicación con Dios. El tabernáculo, este tabernáculo estuvo con Israel durante casi 500 años, después de 500 años, Salomón construyó el templo en Jerusalén y entonces se sustituyó el tabernáculo con el templo. El tabernáculo se quitó y entonces ya la casa de Dios fue prácticamente el templo el lugar de adoración, el lugar central de adoración a Dios.

 

Pero también cuando el Señor entra prácticamente al templo, es otra ocasión en la cual llena de su Gloria el templo, ¿pero qué sucede? Sucede lo que constantemente viene pasando a través de la historia, lo que muchas ocasiones a nosotros aun nos sucede; ¿qué le sucede al pueblo de Israel? Que le da la espalda a Dios y la gloria de Dios, su presencia, abandona el templo. Ese templo de Jerusalén que había levantado Salomón, vinieron los invasores, ejércitos invasores, como lo pueden leer posteriormente en 2 Reyes 25, y destruyen el templo; pasan los años y el templo es reconstruido aproximadamente en el año 516 a.C.

 

La gloria de Dios regresa nuevamente con el mismo esplendor; y después de casi 5 siglos se manifiesta con gran poder ahí en el templo la gloria de Dios; cuando nuestro Señor Jesucristo entra a ese templo y ministra, se vuelven a vivir años especiales, de Gloria por la presencia de Dios. Cuando nuestro Señor Jesucristo es crucificado, una vez más la gloria de Dios abandona el templo; sin embargo, a partir de ese momento Dios ya no necesita otra vez un edificio físico.

 

Después de que nuestro Señor Jesucristo se levanta de los muertos, entonces las cosas cambian y ahora el templo en donde Dios llena de su Gloria, es a su Iglesia, es al cuerpo de creyentes, eres tú.

 

Éxodo 40:35-37 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. 36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.

 

Imagínate estos momentos en los cuales está ahí Moisés, está el pueblo y no pueden entrar al tabernáculo de reunión porque está la presencia de Dios tan fuerte que prácticamente les es imposible hacerlo. Y mientras estaba ahí la presencia de Dios, nadie hacia nada, nadie llevaba acabo ninguna labor, nadie se movía, todos estaban atentos a lo que el Señor hacía, lo que él quería expresar, a lo que él quería comunicarles; y todo el pueblo quieto, tranquilo, es como en el momento cuando estamos en la alabanza, viene la adoración y estamos sintiendo esa presencia de Dios y nos postramos delante del Señor y todo el mundo tiene que estar quieto, adorando al Señor, sin hacer  nada más, en tranquilidad, esperando la palabra del Señor, para recibirla.

 

Porque a través de esa Palabra Dios nos va a guiar, ¿qué es esto? Esto es una teocracia, esta palabra, proviene de las palabras: Theós que es Dios y Krátos que es dominio o gobierno. Dios mantiene una teocracia sobre su pueblo, Dios mantiene un gobierno sobre el pueblo, no es un gobierno de hombres, es un gobierno que Dios ejerce y a través del cual Dios nos va guiando, Dios nos va enseñando, nos va instruyendo, nos va diciendo qué es lo que tenemos qué hacer, qué tenemos qué modificar, qué tenemos qué adoptar. Es cuando viene y aun nos habla y nos consuela o nos edifica, o momentos en los cuales nos exhorta. Dios lo hace y lo hace con todo su amor, con todo su corazón.

 

Dios cuando creó a la humanidad la hizo con un propósito, mantener relación con ella, Dios no hizo al hombre para que viviera apartado de él, Dios hizo al hombre para que estuviera junto a él para siempre tener comunión con él. Entonces Dios siempre está buscando la forma de mantener esa comunión con nosotros y siempre se quiere manifestar, el problema es que nosotros luego no lo dejamos o no sabemos qué tenemos qué hacer para que él se manifieste; o la gente simple y sencillamente vive tan apartada de Dios, que no sabe que Dios se manifiesta, no sabe que Dios habla, no conocen la profecía, creen que es algo del pasado. Pero si tú le hablas a la gente y le dices que hay ciertas cosas extrañas, raras, que pasan en una casa, la gente se interesa, lo cree, pone atención.

 

Y les hablas de que Dios habla, les dices que hay profecía, que Dios está hablando hoy en día, la gente no te lo cree, la gente se da la vuelta, se aburre y no quiere saber nada, ¿por qué? Porque la gente está muy apartada de Dios, no le interesan las cosas de Dios. Pero Dios sin embargo en su infinito amor, en su gran misericordia, se sigue manifestando y sigue hablando, sigue guiándonos y nos sigue exhortando y nos sigue consolando y sigue diciéndonos: “aquí estoy”.

 

Paralelo a éste, veamos otro pasaje de la Biblia pero mucho más amplio, más detallado, todo como el Señor quería que nosotros lo viéramos.

 

Números 9:15-23 El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.

 

Recuerda que dice la palabra del Señor que un simbolismo del Espíritu Santo es precisamente el fuego. Donde tú ves ese fuego, tú sabes que ahí está el Espíritu de Dios presente y dice la Escritura que el Señor hace aquí milagros, hace cosas extraordinarias, y las hace para que el pueblo vea, vea a Dios y podríamos decir: que raro, Dios es espíritu, cómo vamos a ver a Dios. Dios hace y tiene manifestaciones especiales a través de las cuales el pueblo ve y dice ahí está Dios, él es Dios.

 

16Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. 17Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. 18Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados.

 

Fíjate que interesante es, todo mundo atento a la voluntad de Dios. ¿Qué es lo que tú Señor quieres hacer? ¿Qué es lo que quieres que nosotros hagamos? ¿Cómo quieres que nosotros nos movamos? ¿Tú indícanos? Mientras la nube estaba ahí sobre el tabernáculo, el pueblo estaba quieto. Nadie se movía, ahí tenían que permanecer; en el momento que la nube se levantaba y esa nube se empezaba a mover, a levantar el campamento, todo mundo a trabajar, es hora de marchar, es hora de caminar como Dios lo establece, a la velocidad que Dios lo establece. Ellos no estaban con: pues que tal si mañana nos vamos de este lugar que ya nos aburrió. ¡No! Que tal si nos quedamos aquí más tiempo a descansar. ¡No!

 

Todo depende de lo que Dios diga y si Dios dice ¡vámonos!, es ¡vámonos!,  y si Dios dice aquí nos quedamos, no hay de otra. Siempre tenemos que estar muy atentos a qué es lo que hay en el corazón de Dios. ¿Cómo quiere Dios que tú te muevas? ¿Cómo quiere Dios que nosotros hagamos las cosas? Tenemos que estarlo mirando fijamente, de una manera constante, no podemos perderlo de vista en ningún momento, porque si tú lo pierdes de vista, te vas a perder, no puedes distraerte; todos los días tienes que estar en comunión con Dios. Dice la Escritura que de repente el Señor decía: es tiempo de marchar; y a la hora que fuera levantaba la nube, levantaba su presencia y se empezaba a mover, y el pueblo decía: te seguimos.

 

Y el pueblo levantaba el campamento y empezaba a caminar. Pero es de noche. No importa, el fuego te alumbra, el fuego te protege y dice la Palabra que no era precisamente fuego, era como fuego, con las características del fuego, que te dan la sensación de calor, de bienestar y puedes ver ya que todo lo alumbra; y entonces se podía mover el pueblo. De día en el desierto el sol es muy fuerte, quema y causa deshidratación, la nube lo cubría y evitaba estos problemas. En la noche el desierto es muy frío, para que no tuvieran problema los del pueblo, entonces el calor, la columna de fuego que estaba ahí, los cubría.

 

Ahí estaba el Señor, ahí estaba de una manera permanente diciéndole al pueblo que hacer y cómo hacerlo, ¿hacia dónde tenemos que caminar: hacia el norte, hacia el sur, al este o al oeste? Hacia donde Dios diga, se va a mover él y nosotros simplemente lo tenemos que seguir; para ello tenemos que estar atentos a Él y vamos a ver cómo se mueve, para dónde se mueve y a qué velocidad se mueve; no nos podemos salir de su cobertura, si nos salimos nos morimos.

 

21Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. 22O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían. 23Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

 

No importa el tiempo, Dios no tiene prisa para nada, Dios se da su tiempo para hacer las cosas y tiene un tiempo para ello, como dice el libro de Eclesiastés. Y si Dios consideraba que era tiempo de partir, partían, se movían. Si Dios consideraba que era tiempo de permanecer en ese lugar más días, ahí permanecían más días, no había ningún problema, ahí van a estar y ahí estaban. No había conflicto alguno. Señor, es tiempo de partir, te estás moviendo, nos movemos junto contigo. Ya se alzó la nube, yo me muevo para donde tú te mueves, esto es teocracia. El gobierno de Dios, un gobierno de Dios en tu vida, guiándote en todo lo que tú tienes que hacer, consultando tú a Dios para hacer lo que debas hacer, para que hagas lo correcto.

 

Nosotros estamos acostumbrados, por la falta de comunión con Dios, por la falta de enseñanza, hacer lo que queremos hacer, y hacemos lo que sentimos mejor, o hacemos lo que creemos mejor, hacemos lo que en un momento determinado mejor nos parece, de acuerdo a nuestra experiencia, de acuerdo a nuestros conocimientos, de acuerdo a nuestras circunstancias, de acuerdo a muchas cosas.

 

Sin embargo, no lo hacemos de acuerdo a lo que Dios establece, no venimos, en términos normales, y le preguntamos al Señor: Señor ¿tú que quieres que yo haga? ¿Cómo quieres que yo me mueva? ¿Para dónde quieres que yo trabaje? ¿Dónde quieres que yo viva? Pocos, pocos hermanos son los que hacen esto, normalmente vamos caminando y cuando tenemos un obstáculo, entonces nos detenemos y le decimos al Señor: Señor arregla esto, quita este problema, bendíceme con esto. Pero nosotros vamos tomando decisiones, no es que no podamos hacerlo, es que nosotros tenemos que aprender a depender de Dios.

 

Tenemos que aprender a consultar a Dios, Dios quiere tener gobierno sobre nosotros y nosotros necesitamos decirle al Señor: sí Señor gobiérname. De hecho cuando nosotros recibimos al Señor Jesús en nuestro corazón, le decimos: ¡sí! quiero que tú seas mi Señor y mi Salvador; y al decirle mi Señor, le estoy diciendo: para que tú órdenes sobre mi vida, para que tú me digas qué hacer y yo lo voy a hacer. Sin embargo esto es más de teoría que de práctica, porque no lo llevamos a cabo, hacemos como queremos, nos resistimos a la voluntad de Dios, no hacemos las cosas como Él las establece, nos peleamos con Dios, mantenemos situaciones difíciles con Él y si nosotros leemos aquí, vamos a encontrar algo que es muy importante en el versículo 23, dice: Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

 

Es decir, lo primero es que él ordena a su pueblo lo que tiene que hacer y el pueblo lo hace. Como dicen en el ejército: las órdenes no son para discutirse, son para cumplirse, no hay más. La palabra de Dios es para cumplirse y cuando Él ordena algo es para que se cumpla, no es para discutirle, no es para decirle: Señor, yo no estoy de acuerdo; mira, mejor vamos a hacer esto de este modo. ¡No! las cosas se hacen como Dios dice, ahora sí, como Dios manda.

 

Y dice algo bien importante, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés, Dios decía cuál era su orden, cómo se tenían que hacer las cosas, ¿cuáles eran sus ordenanzas? Como previamente él ya lo había establecido y de esa manera se tenía que hacer, como Dios se lo había dicho y lo había dicho aún al pueblo Moisés, no había más.

 

Nosotros tenemos la Palabra del Señor y nosotros podemos recurrir a ella y nosotros podemos ver a través de ella cuál es la  voluntad de Dios, nosotros no tenemos que estar adivinando qué es lo que Dios quiere, nosotros simplemente venimos a la palabra y encontramos lo que aquí esta escrito y sabemos cuál es la voluntad de Dios para hacerla, y lo tenemos que hacer.

 

Desde que el pueblo de Dios, desde que el pueblo de Israel Salió de Egipto, Dios se manifestó al pueblo y se manifestó para darle seguridad, se manifestó para dale confianza de que Él iba con ellos. Recuerda que habían estado en total 430 años en Egipto, una gran cantidad de años estuvieron de esclavos, clamaron al Señor: “no queremos estar más aquí, queremos salir”. Para salir sabemos todos los problemas por los cuales atravesaron, un año de conflictos, un año de resistencia y de lucha con Faraón, un año en el cual el pueblo decía: me voy. Faraón le decía: sí, y a la mera hora decía no, no te vas y te quedas aquí, y le ponía más trabajo. Mucha guerra, mucha lucha espiritual, y Dios ahí. Hay un momento en el cual yo puedo advertir al pueblo desesperado, que el pueblo no alcanzaba a ver la promesa de bendición de Dios. Señor, tú nos estás diciendo que vamos a ir a una tierra prometida, ni siquiera podemos salir de Egipto. Después de un año, salen y Dios les quiere dar esa seguridad.

 

Y yo creo que Dios  pensando en cómo les daría esa confianza y esa seguridad ha de haber dicho: ¿qué puedo yo hacer para que ellos sientan, para que ellos vean que yo estoy con ellos? Porque uno de los problemas que tenemos es que si no vemos, no creemos; muchas de las veces nosotros solamente creemos lo que vemos, como Tomas, necesitamos ver. Ay, es que Dios  no me ama. ¿Por qué dices que no te ama? Porque no veo su bendición. ¿Tú eres salvo? Sí, soy salvo. ¿Y ya viste la salvación, ya fuiste al cielo, ya comprobaste? No, pues no. ¿Y por qué eso sí lo crees? Nuestra fe para eso si funciona, pero hay otras cosas para las cuales no, y entonces dudamos en Dios. Yo creo que Dios ya no me oye, ¿por qué? Porque ya llevo tantos días orando por algo y Dios no me responde. No importa, sigue orando, Dios ahí está.

 

Dios conoce nuestro interior, Dios conoce lo que nosotros pensamos, lo que nosotros sentimos y sabe aún lo que nosotros necesitamos; y Él miró al pueblo y dijo: este pueblo para que no se regrese a Egipto, necesita verme, no solamente necesita ver los milagros, necesita verme. Para mí es impresionante ver un año de guerra, cómo Dios se manifiesta, cómo vienen tantas plagas, cómo finalmente viene tantas plagas que lo dejan salir, el pueblo lo ve, sale gozoso, va rumbo al desierto y al primer problema se quieren regresar.

 

Moisés, tú nos sacaste de Egipto, ahí viene el ejército de Faraón con Faraón para matarnos y aquí tenemos el mar; ah, Dios abre el mar, pasa el pueblo, dice la Escritura que ahí van y en la noche se manifiesta una columna de fuego que impide que los egipcios se acerquen a los israelitas, ven el milagro, un gran milagro. En la mañana terminan de cruzar el mar, el ejército de Faraón está dentro del mar y se cierran las aguas y perecen todos, desde Faraón hasta el último de su ejército y de los animales, de los caballos que llevaban, todo perece.

 

¡Gran gozo! ¡Gloria a Dios! María agarra su pandero y vamos a danzar y con ella, la siguen todas las doncellas, todas las  mujeres de Israel danzando, todas sacan su pandero y alaban al Señor, y danzan y dicen aún que danzaron corrillos porque fueron en círculo, ¡gloria a Dios! y ahí están todos danzando, todas las mujeres dándole gloria a Dios, porque vieron un tremendo  milagro; siguen caminando, tenemos sed, el desierto nos ha dado sed, ahí hay agua pero está contaminada. No te preocupes Moisés, echa un leño, y lo echa, y esas aguas amargas se convierten en aguas dulces las cuales se pueden beber y ve el pueblo un milagro, ¡otro milagro! ¡Gloria a Dios! Y toman de esa agua, ¡De veras tenemos un Dios poderoso! Pero tenemos hambre, Moisés tenemos hambre, mejor nos hubiéramos quedado allá, mejor nos regresamos a Egipto. Mejor les doy de comer. Y el Señor les da el maná del cielo, el pan del cielo, el pan de vida. Y empiezan a comer, ¡Gloria a Dios! ¡Otro milagro!

 

Van caminando y se encuentran con los amalecitas, luchan contra ellos, contra un pueblo, contra un ejército que sabía pelear, los israelitas no sabían nada, apenas sabían ser albañiles, hacer pirámides, resultado: por el poder de Dios, ganan los del pueblo de Israel. ¡Gloria a Dios! ¡Dios está con nosotros! Tenemos un Dios poderoso. Pero en el momento que tenían un problema, se olvidaban de ese Dios poderoso y se querían regresar a Egipto.

 

Como cuando nosotros pensamos: cuántos problemas a causa de la Palabra, estaba mejor antes, yo creo que mejor me regreso al mundo, allá estaba mejor, allá no tenía problema de agarrar el trabajo que fuera, hasta trabajaba de “barman” en una cantina, excelente, ganaba buenas propinas, ahora no. Y nos quejamos de Dios y tenemos problemas, ¿por qué? Y Dios conociendo el corazón de la gente, viendo dijo: ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo me puedo yo manifestar a ellos para que vean que yo estoy? Y dice la Escritura en Éxodo 13, acababa de salir el pueblo, celebró el pueblo de Israel la pascua en Egipto, celebra la pascua y el Señor les dice: y se mueven rápido, y se van a apresurar, viene la muerte de todos los primogénitos de Egipto, mueren y esto mueve el corazón de Faraón y dice: ya no quiero más a este pueblo, ¡váyanse! ¡Salgan, pero muévanle antes que me arrepienta! Y salen corriendo, sale el pueblo, y entonces dice la Escritura:

 

Éxodo 13:21-22 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. 22Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

 

Todo el tiempo estuvo presente el Señor en sus vidas, día y noche, día y noche lo vieron lo único que tenían que hacer era de día levantar su mirada y ver la nube y de noche tenían que voltear a la columna de fuego y ver la presencia de Dios, ahí estaba, Dios se manifestó al pueblo de Israel, en todo su camino hacia la tierra prometida ahí en el desierto. Dios quería que el pueblo tuviera esa relación con él, Dios quería estar presente en todo momento en la vida de su pueblo, eso es lo que había en el corazón de Dios. Insisto, cuando Dios creó al hombre, lo que había en su corazón era que el hombre estuviera con Él. Por eso dice la Palabra que Adán estaba en el huerto del edén, donde Dios se paseaba, quería que estuviera ahí junto con Él y sigue el firme propósito de Dios, el mismo, que nosotros estemos en su presencia. Por eso nos va a llevar a vivir con Él por la eternidad, amén.

 

La columna de nube y de fuego era algo que se conoce como una teofanía. ¿Qué es una teofanía? Teofanía viene de las palabras Theós que es Dios y Fanía que es  revelación. Es la manifestación o presencia de Dios en forma física. Era una teofanía lo que estaban viviendo, una presencia física de Dios, ahí en medio de ellos. Algo que les daba la seguridad de que Dios estaba con ellos.

 

Hay gente que dice: Dios está conmigo, yo sé que está conmigo, pero bueno, no lo veo, no lo siento, pero yo sé que él está conmigo. Aquí los israelitas lo vieron y vieron que estaba día y noche, que era permanente su presencia. La nube de Dios y la columna por lo tanto eran también la presencia de Dios en medio de ellos. En hebreo la presencia es: sekinah. De está forma el pueblo vio de una manera física a Dios, ¿para que? Para tener confianza, para tener certidumbre, para tener seguridad. Dios le dijo no te preocupes, vas a tener todo esto, me vas a ver siempre y vas a caminar siempre conmigo.

 

Pregunta: ¿Qué es lo que ahora Dios nos ha dado a nosotros para que tengamos la seguridad de que Él está con nosotros? ¿Qué es lo que nos ha dado Dios? ¿Qué es? ¿Tú qué crees que sea? ¿Lo sabes? La Palabra, la Palabra, ésa es la seguridad, es la confianza, la Palabra, dice la Escritura que es fiel y verdadera, no hay otra palabra fiel y verdadera, que no sea la palabra de Dios, y nosotros podemos recurrir a la Palabra, lo que no tenía el pueblo de Israel cuando salio de Egipto. Necesitaban verlo, ahora yo solamente necesito venir y leer la Palabra para tener confianza y seguridad en lo que es Dios.

 

¿Por qué sé que tengo salvación? Por una razón, porque lo dice la Palabra. Porque sé que voy a ir a vivir por la eternidad en la presencia de Dios, porque lo dice la Palabra. ¿Por qué sé que Cristo Jesús perdona mis pecados cuando me arrepiento? Porque lo dice la Palabra. ¿Por qué sé que voy a ser prosperado en todos mis caminos? Porque lo dice la Palabra.

 

¿Qué es lo que a mí me da la seguridad y la confianza de que el día de mañana yo vaya a ser bendecido y voy a estar seguro? La Palabra. La palabra de Dios es lo que ahora nosotros tenemos para tener la seguridad y la confianza, la certeza de que Dios está con nosotros. Su Palabra es fiel y su Palabra se cumple. Y yo solamente voy a la Escritura y busco, y encuentro lo que yo necesito para tener esa certeza. Señor, es que hay promesas que yo no he visto, tú me hiciste promesas que yo no he visto cumplidas. Sí, pero aquí en tu Palabra dice que en ti todas las cosas son ¡sí! y en ti son amén, por lo tanto yo sé que se van a cumplir, porque aquí lo dice tu Palabra. Sencillo, y tenemos esa confianza.

 

Ahora nosotros no necesitamos de esa nube que nos vaya guiando. Señor necesito dirección, necesito que tú me enseñes, que tú me guíes, que tú me digas qué hacer ante esto; y oramos y clamamos al Señor y abrimos la Palabra y encontramos la respuesta de Dios, ahí está, Dios hablando a nuestra vida, a través de su Palabra. ¿Cómo enfrento esto Señor… qué hago con mis hijos? Tengo estos problemas. Recurre a la Palabra, ahí están las respuestas. Y tenemos esa seguridad, tenemos esa confianza y no la podemos perder. Y muchas ocasiones la Palabra aun la hacemos a un lado, porque nos da flojera leerla. A este país, a sus habitantes nos cuesta mucho trabajo leer, somos de los países más flojos para aprender, más flojos para estudiar, más flojos para leer, es terrible, nos cuesta trabajo leer la Biblia.

 

Hace unos días me platicaba, el pastor Gustavo Martínez de una persona que le presentaron, un pastor que quiere que lo atendamos, que quiere que le demos cobertura a su iglesia. Entonces le comenté: ve a verlo, ve a ver cómo se encuentra, cuál es su situación, qué es lo que verdaderamente necesita. Y ya fue, estuvo con él, estuvo en un culto con él; y ya después le pregunté: ¿qué pasó? Bueno, lo que a mí más me impacto es algo, dice, que el pastor no sabe leer. Yo no puedo concebir que alguien enseñe la palabra de Dios, sin saber leer, no lo puedo entender, en verdad. No puedo comprender cómo puede él predicar: “dicen que la palabra de Dios dice...” No lo entiendo. “He escuchado que han leído en la palabra de Dios que dice…” Yo  no lo puedo entender.

 

La palabra de Dios es la que nos da la seguridad, la confianza. Yo creo que era para que desde hace rato, él ya se hubiera esforzado en aprender a leer y escribir; yo creo. No podemos enseñar la palabra de Dios sin saber leer, pero bueno, tenemos hoy, gloria a Dios, su Palabra. 1500 años le llevó dejarnos esta Palabra para que nosotros la estudiemos, para que nosotros la consultemos, para que nosotros la vivamos, para que nosotros la hagamos, para que cuando tengamos dudas, vengamos a ella y las aclaremos y fortalezcamos nuestra fe a través de ella, esto es lo que necesitamos.

 

Yo sé que soy salvo, no porque en mi interior siento mucho calor, no porque de repente siento como movimiento raro, ¡ay esto es de la salvación!, sí, ya viene la salvación; no, yo creo en la salvación porque dice la Palabra que soy salvo, ¿por qué?, porque acepté a Jesucristo, me arrepentí de mis pecados, me bauticé y sé que soy salvo; lo dice la Palabra y sé lo que habrá de venir porque lo dice la Palabra. La palabra es fiel y verdadera.

 

Pero a partir de que Dios muestra al pueblo de Israel cuando sale de Egipto su presencia, su sekinah, a partir de ese momento, no deja de manifestarse, y le dice al pueblo: aquí estoy no temas, no temas, aquí estoy.  Éxodo 16:10 Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube.

 

La gloria de Dios apareciendo en la nube, el Señor había enviado el maná para alimentar al pueblo; e estaba dando el pan diario, ahí estaba, el pueblo lo estaba advirtiendo. El pueblo no solamente estaba viendo el maná que descendía, estaba viendo la nube, la gloria de Dios, la gloria de Dios en medio de ellos. El pueblo mirando al desierto y viendo ahí la gloria del Señor, impresionante, está la presencia de Dios; Y aun la presencia de Dios, el sekinah de Dios se manifiesta cuando habla con Moisés. Éxodo 33:9 Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés.

 

Es un momento en el cual, nosotros podemos advertir, el Señor desciende y se manifiesta, nosotros sabemos y podemos decir que Dios está en todo lugar, que Dios ocupa todo espacio, sí, pero no Dios se manifiesta en todo lugar, Dios se manifiesta en ciertos lugares bien específicos. Y aquí se está manifestando en un lugar, en un tabernáculo, en el lugar hecho precisamente para ello y se está manifestando con un fin especifico, hablar a la vida de Moisés, ¿para qué? Para que Moisés guiara al pueblo conforme y el propósito de Dios, por eso es una teocracia, y lo va guiando. Y yo puedo advertir y lo podemos ver el día de hoy, cuando nosotros clamamos al Señor, cuando oramos, cuando alabamos, cuando adoramos, hacemos que esa presencia descienda y entonces en esa presencia Dios hace algo.

 

Hay un momento en el cual Dios habla a su pueblo y nosotros lo escuchamos, ya no es solamente con Moisés, ya no es solamente con alguno, es a todo el pueblo, y le profetiza a todo el pueblo, ¿por qué? Porque la presencia de Dios, la sekinah de Dios está en medio nuestro, ¡gloria a Dios!

 

Ahora bien, cómo traer la presencia de Dios a nuestra vida, cómo lo tengo que hacer; porque muchas ocasiones podemos pensar: bueno, el domingo estando en la congregación estamos en la alabanza, se siente la presencia de Dios, hay la manifestación del Espíritu Santo, está la manifestación de Dios, Dios hay momento en el cual profetiza, en el cual nos habla, pero estamos todos y todos hacemos a través de nuestra alabanza, guiados por el grupo de alabanza, que descienda  esa presencia fuerte del Señor, que descienda su sekinah, para estar con nosotros.

 

Pero cuando yo estoy solo, ¿desciende de la misma manera la presencia de Dios? ¿Qué tengo yo qué hacer para que esa presencia se manifieste y yo la pueda sentir, en mi vida, como la siento en la congregación? Salomón hizo algo cuando él trasladó el arca del testimonio al templo de Jerusalén que acababa de construir; recuerden que a Salomón le tocó edificar el templo y cuando traslada el arca él hace algo.

   

2 Crónicas 5:11-14 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus turnos; 12y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas),

 

13cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre; entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová. 14Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.

 

Fíjate que importante palabra, lo que hace este Salomón para trasladar el arca y lo que ocurre; se manifiesta la presencia de Dios y aquí yo veo cuatro aspectos que son muy importantes que nosotros tenemos que realizar:

 

Primero: dice la Escritura aquí en 2 Crónicas 5:11, que todos los sacerdotes fueron santificados, que no guardaron sus turnos; ¿qué significa que no guardaron sus turnos? Que había dentro del sacerdocio varias familias, que cada familia de sacerdotes tenía que llevar a cabo la atención del templo, la ministración, durante dos semanas, durante 15 días al año, y aquí no guardaron sus turnos, todos fueron, todos estuvieron presentes; y dice la Escritura que todos los sacerdotes fueron santificados, por lo tanto lo primero que yo encuentro es que nosotros comos sacerdotes del nuevo pacto, del nuevo pacto de nuestro Señor Jesucristo, sacerdotes que podemos entrar a la presencia de Dios, tenemos que estar santificados, santificados, es decir, limpios de todo pecado.

 

Para estar limpio de todo pecado, nosotros necesitamos oración, estar en una plena comunión con Dios; necesitamos orar, necesitamos relación, necesitamos estar en estrecha relación con Dios de una manera constante, necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados y necesitamos vivir de acuerdo a lo que Dios establece; estar en santidad, santidad. 1 Tesalonicenses 4:7  Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Y ¿qué significa que no nos ha llamado a inmundicia? Significa que no nos ha llamado a seguir en el pecado, no nos ha llamado a vivir pecando, nos ha llamado a vivir santos; dice la Palabra: sed santos como yo soy santo.

 

Apártate del pecado, deja de hacer el pecado, es lo primero que tienes que hacer para tener una relación estrecha con Dios. Yo puedo advertir cómo estos sacerdotes que tiene Salomón en ese momento se santifican todos, están en santidad, viviendo de acuerdo a lo que Dios establece y esto trae un resultado, hace que la gloria de Dios, que la presencia de Dios, que la sekinah de Dios descienda sobre ese lugar, lo hace. Y así como descendió ese día, va a descender cada vez que tú así lo desees, porque Dios quiere tener esa relación contigo. Dios quiere llenarte todos los días y que tú vivas en su presencia.

 

Así como Adán caminaba por el huerto del edén y de repente se topaba con Dios, buscaba a Dios y ahí estaba Dios, así Dios quiere que nosotros lo hagamos, que todos los días en nuestro caminar de repente nos detengamos y busquemos a Dios, porque Dios ahí está, pero el primer requisito que nosotros necesitamos para ello es estar santificado. Que haya limpieza en tu vida, en tu corazón.

 

Segundo: en 2 Crónicas 5:12 lo encontramos que dice: fueron vestidos de lino fino, ¿qué era el lino fino? Era el material más fino que se utilizaba en aquella época. Esto simboliza la forma en que nosotros tenemos que estar vestidos, tenemos que estar vestidos para presentarnos delante de Dios de la mejor manera y esto no precisamente es con nuestras ropas, si traes un traje muy caro, una ropa muy cara, no, se está significando con lo que nosotros nos estamos cubriendo.

 

Romanos 13:12-14 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. 13Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, 14sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

 

El apóstol Pablo nos dice la forma en que nosotros nos debemos vestir, cómo debemos de andar vestidos cada día. En primer lugar cuando la Palabra, aquí el apóstol Pablo está hablando y diciendo: la noche está avanzada, se está refiriendo a algo bien importante, la noche se refiere al tiempo de maldad; estamos viviendo tiempos avanzados de maldad, si nosotros miramos a nuestro alrededor, vamos a ver la maldad del hombre, vamos a ver que la maldad ha ido creciendo, se ha ido aumentando, la situación es crítica. La maldad avanza constantemente y el apóstol dice: la maldad sigue avanzando está muy avanzada, pero hay algo bien importante, dice, el día, el día está por venir. Él está aludiendo al día refiriéndose al hecho del regreso de nuestro Señor Jesucristo.

 

Se está refiriendo a la segunda venida del Señor Jesús, él está diciendo: no importa todo lo que estamos viviendo de maldad, no importa que esté avanzando, esto es solamente síntoma que el día se acerca; se está acercando el día y cada vez está más próximo, es decir, cada día está más próximo el regreso de nuestro Señor Jesucristo que viene por nosotros, por su Iglesia.

 

Cuando venga el Señor Jesucristo en su segunda venida, quiere un pueblo, quiere una Iglesia limpia, dice la Escritura: sin mancha y sin arruga, así se la va a presentar a él mismo, se va a entregar a sí mismo una Iglesia, una esposa, limpia, santa, sin mancha, sin arruga, vestida, ataviada para las bodas del cordero, eso es lo que va a hacer. Quiere encontrar un pueblo limpio por dentro y por fuera, es decir, quiere que nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, sean limpios y quiere que nuestras acciones sean limpias. Porque hay gente que puede tener acciones limpias, pero en su interior están contaminados.

 

La palabra de Dios nos habla de que nosotros debemos de estar por dentro y por fuera limpios, ¿cómo debemos vestirnos del Señor Jesucristo? Muy sencillo, ser como él. Nosotros tenemos que mirar a la Palabra, tenemos que mirar el evangelio y ver cómo era Jesús, ver cómo pensaba, cómo piensa, cómo siente, para entonces actuar como él. Yo tengo que ser como Jesús, así lo dice el apóstol. El apóstol Pablo dice: vístete de Jesucristo, no te vistas del pecado, no te vistas de la inmundicia, vístete de Cristo Jesús, de todo lo que él era, póntelo, ponte su pensamiento, ponte su sentimiento, ponte su forma de actuar, póntelo, no sigas actuando como actuabas, toma el ejemplo de Jesús y haz como él hace.

 

Nosotros somos discípulos de Jesús porque somos seguidores de él, por lo tanto tenemos que actuar como él, y si yo quiero que la gloria de Dios se manifieste, si yo quiero ver la presencia de Dios en mi vida, si yo quiero vivir momento de intimidad ahí en la sekinah de Dios, yo necesito vestirme de Cristo, lo tengo que hacer así. Dice el Señor que nosotros debemos tener un grato olor a Cristo, no el desagradable olor a cigarro, el desagradable olor al alcohol, o a las drogas, o al pecado, o al sexo, no, dice el Señor: un grato olor a Cristo, el cual recibe el Padre, con el cual se goza, eso es lo que quiere el Señor.

 

Tercero: está en 2 Crónicas 5:16, dice que llevaban consigo instrumentos. Para traer la presencia de Dios necesitamos instrumentos para alabarle, es la orden dada por Dios en las mismas Escrituras. Salmo 150:3-6  Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa. 4Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas.5Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo. 6Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.

 

Todos los instrumentos existentes deben servir para que nosotros alabemos al Señor, todos, todos los instrumentos deben servir para que nosotros alabemos a Dios, para que le demos honra y gloria a Dios; claro, hay instrumentos que nos gustan y otros no, y es respetable. Cada uno de nosotros tiene preferencias musicales, a mí me pueden gustar ciertos instrumentos y a ti te pueden gustar otros, tal vez podamos coincidir, tal vez no. Hace tiempo un hermano vino y me dijo: oiga pastor hay algo que yo quiero hacer, yo soy músico y me gustaría tocar en la alabanza. ¿Qué instrumentos tocas? La marimba. Ay, dije, bueno, si estuviéramos en Chiapas, en Veracruz, pero aquí, como que la marimba con el tipo de cantos que cantamos como que no se me hace, dije, pero bueno, no importa, intégrate. No se integró jamás, yo creo que no pudo; no podía meter la marimba por la escalera… gracias a Dios.

 

Yo le doy gracias a Dios de que tengamos instrumentos para alabarle, le doy gracias a Dios de que nosotros contemos con instrumentos para traer la presencia de Dios: 1 Crónicas 23:5 Además, cuatro mil porteros, y cuatro mil para alabar a Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para tributar alabanzas.

 

El rey David creó un total de 69 instrumentos musicales para alabar a Dios, pero tú te podrías decir: bueno, yo no sé tocar ningún instrumento, no sé, por lo tanto, ¿cómo voy a cumplir con esta parte de la Escritura para poder traer la presencia de Dios a mi vida? Bien. Tú eres un instrumento, tú eres un instrumento musical a través del cual emites sonidos, emites alabanza; tú no necesitas algo externo para alabar a Dios. El instrumento eres tú, todo tu cuerpo es un instrumento para alabar a Dios, tus manos, tus pies, tu cabeza, todo lo que tú eres, todo tu ser, es un instrumento de alabanza para Dios, por lo tanto en ti está el instrumento y tú estás en la posibilidad de ser ese instrumento que acompaña al canto, para que descienda la presencia, para que descienda la sekinah de Dios, lo puedes hacer, no está complicado, es sencillo.

 

Aun Dios le dijo a David que no creara el instrumento 70, por una razón, porque el 70 era él, como persona, él era el instrumento y era el instrumento más importante de alabanza a Dios. Entonces tú lo eres, entonces, no es problema.

 

Los aspectos que hemos visto para traer la presencia, la sekinah de Dios a nuestra vida: Primero: santifícate. Segundo: vístete, de Cristo Jesús. Tercero: tú eres un instrumento de alabanza al Señor. Y:

 

Cuarto: está en 2 Crónicas 5:13, alabanza; la presencia de Dios viene cuando le alabamos a Dios, se manifiesta su presencia de formas muy diversas y para fines muy específicos. Alaba al Señor, alábalo, date tiempos en tu casa, date tiempos en tu habitación, date tiempos en un lugar en donde puedas disfrutar de la presencia de Dios y ponte a alabar al Señor; cántale, alábalo y vas a sentir su presencia, y vas a sentir como ocurrió en el templo, cómo el lugar se va a empezar a llenar de la sekinah de Dios. Así cuando dice del tabernáculo, lo vas a ver, lo vas advertir, se empieza a llenar.

 

Así cuando empezamos a alabar aquí, empezamos a cantar, empezamos a adorar al Señor, empieza a descender la presencia, se empieza a manifestar, eso es lo importante. Yo no puedo concebir estar en una iglesia en donde no se sienta la presencia de Dios, no lo concibo. ¿Sabes? A mí luego no me gusta ir a compartir a otros lugares, no me gusta, yo prefiero estar aquí, con ustedes, en este lugar, en esta iglesia, yo prefiero. Porque voy a compartir a otros lugares y no siento la presencia de Dios, siento simple y sencillamente que se canta por cantar, siento que no hay esa presencia, yo sé que Dios está porque lo dice su Palabra, pero no siento la sekinah de Dios y no me gusta.

 

Y para mí en lo particular no hay nada como estar aquí alabando a Dios y sentir aquí su presencia, no lo hay, para mí. Y yo no puedo entender alabar y adorar a Dios sin sentir su presencia, no lo entiendo; por lo tanto cuando alabo y adoro a Dios yo me entrego a él, para poder sentir su presencia y para poderlo alabar, y poder sentir que él y yo estamos solos, juntos, sin nadie más. Yo puedo advertir hermanos que se postran rostro en tierra y ahí están postrados, y es un momento en el cual, están sintiendo esa presencia de Dios.

 

Si tú no la sientes, búscala, tal vez no estás santificado, tal vez no te estás revestido de Cristo Jesús, tal vez tu cuerpo no lo estás utilizando para alabar, simplemente cantas por cantar; algo está fallando en ti, pero busca, haz lo que estamos viendo y vas a sentir esa presencia, vas a ver esa presencia constante, cada vez que tú lo alabes; y hazlo todos los días, todos los días dedica un tiempo a adorar a Dios, alabarlo, para que sientas su presencia, para que su presencia llene tu vida todos los días, y su presencia llene tu hogar cada día, hazlo, no dejes que pase el tiempo.

 

El pueblo se espanta con la presencia de Dios, asusta la presencia de Dios, a la gente le da miedo la presencia de Dios. Dice la Escritura que cuando Dios se manifestó en el monte Sinai, ahí estaba Moisés, ahí estaba todo el pueblo. Dios le dijo al pueblo: suban todos, yo quiero tener comunión con todos ustedes y dice que de repente el monte empezó a humear, empezó a templar, el monte se empezó a estremecer, empezó a relampaguear, ¿que paso? Al pueblo le dio miedo la presencia de Dios, el pueblo se espantó, el pueblo le dijo a Moisés: no queremos ir, mira, ve tú, ve tú y tú habla con Dios, que él te diga qué es lo que quiere de nosotros y tú nos lo dices y nosotros lo hacemos; no queremos subir nos da miedo. Y Dios se manifiesta, no para que nosotros tengamos miedo, se manifiesta para que nosotros veamos que es un Dios Todopoderoso que está con nosotros.

 

Cuando mi hijo estaba pequeño, yo creo que como le llega a suceder a todos los pequeñitos, a todos los bebés, cuando llovía muy fuerte, cuando había relámpagos, truenos muy fuertes, luego ya ven que hasta uno se asusta de repente, se oyen unos truenos que uno hasta brinca. Entonces el niño, me acuerdo la primera vez que dijo me da miedo, iba a empezar a llorar, y le dije: no tengas miedo (estaba bebé), no tengas miedo. Tenía un poco más de un año.

 

Le digo: no tengas miedo, porque dice la Biblia que la voz de Dios es como esos truenos que estás oyendo, dice la Biblia que así habla Dios, y así habló Dios en el monte Sinaí, con esa voz de trueno, no tengas miedo es Dios. Entonces cuando de repente oía truenos, relámpagos espantosos, volteaba con toda tranquilidad y me decía: Dios. Y yo le contestaba: sí, Dios, te está hablando, escucha, es Dios. No tenemos porqué tenerle miedo a Dios, no tengas miedo de su presencia, su presencia es maravillosa, tráela, y si no la estás viviendo y no sabes que es maravillosa, es porque no estás acostumbrado a vivirla.

 

Cuando nosotros alabamos a Dios se manifiesta su presencia, su sekinah, y su presencia trae muchas cosas, mucha bendición, por ejemplo:

 

1. Manifiesta su Espíritu Santo y hay transformación: 1Samuel 10:5-6 Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. 6Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.

 

Fíjate la instrucción de Samuel para con Saúl: mira, ve ahí en donde están alabando, ahí viene una compañía de profetas, ¿y qué viene haciendo? Alabando al Señor, ¿cómo lo vienen alabando? Con instrumentos musicales; únete a ellos, acércate a ese árbol que buena sombra, te va a cobijar, acércate, y vas a ver cómo la bendición de Dios viene, cómo el Espíritu Santo, cómo la presencia de Dios vendrá sobre ti también y te va a trasformar, tanto, tanto que aun tú vas a profetizar, va a haber un cambio en ti. La presencia de Dios trae cambio en tu vida. “Es que no puedo dejar de hacer esto, yo no puedo dejar de hacer lo otro, yo no puedo”. Sí puedes con la presencia de Dios, porque hay transformación, porque hay cambio, pero hazlo, atrévete.

 

2. Con la presencia de Dios suceden milagros: Hechos 16:25-26 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

 

La presencia de Dios hace milagros, aun a nivel físico ocurren cosas, se rompen cadenas, se abren puertas, se abren las cárceles. ¿Qué pasaría si en algunos de nuestros reclusorios un día los presos aceptan a Jesucristo? Porque lo acepta uno que otro y muchas veces por conveniencia, pero que aceptaran de corazón y que se pusieran a alabar al Señor, se pusieran a cantar himnos, salmos, como dice la Escritura, se entregaran al Señor y trajeran la presencia de Dios a es lugar, ¿qué pasaría ahí? ¿Qué ocurriría? Habría milagros, pasarían cosas esa noche y grandes cosas y grandes maravillas.

 

Donde está la presencia de Dios hay milagros. ¿Qué es lo que necesitas? ¿Qué milagro necesitas tú en tu vida? Trae la presencia de Dios para que Dios manifieste un milagro ahí.

 

3. Hay liberación de toda cautividad: 1 Samuel 16:23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.

 

Fíjate que hermoso, una vez más un varón lleno del Señor, un varón revestido de Dios, lleno del Espíritu Santo. Este varón con un instrumento, con un arpa, alabando a Dios y trayendo liberación sobre un hombre, sobre una persona que estaba cautiva. ¿Sientes algún demonio en tu interior? Que no te dé pena, ¿sientes algún demonio? Mira, ponte a alabar a Dios, trae la presencia de Dios y se va a ir, y vas a ser libre, libre. ¿Sabes qué es lo penoso y lo vergonzoso? Que lo ocultemos y lo papachemos: aquí está bien, este demonio me hace sentir bien, aquí que se quede un rato; mejor no voy a la iglesia porque me lo vayan a descubrir. Hay quien dice: no, que el profeta ni me vea, porque va a ver que lo traigo, entonces, mejor se lo escondo. Entonces le saca la vuelta al profeta.

 

Dios no te exhibe, no lo hace; ¿quieres liberación, hay áreas en tu vida en donde estás cautivo, donde estás atado, donde estás encadenado, áreas en donde tienes grilletes? Alaba al Señor. Pero no lo alabes nada más cantando, como si cantaras una canción de rbd, de amandititita, ¡no! Alábalo, adorarlo, métete en adoración y trae la presencia de Dios a tu vida, tráela para que el Señor haga liberación, para que el Señor te libere de cualquier cautividad.

 

4. Dice la Palabra que también en la presencia de Dios hay victoria:

 

Isaías 30:32 Y cada golpe de la vara justiciera que asiente Jehová sobre él, será con panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa peleará contra ellos.

 

Cuando tú alabas a Dios, cuando tú le adoras, todos los instrumentos, es como cada vez que oigas el pandero que suena, cada vez que oigas que está sonando la música, es como si Dios le estuviera o es que Dios le está golpeando al enemigo y esto va atraer victoria sobre tu vida. Recuerda, tú puedes ver en cantidad de citas en el Antiguo Testamento, cómo la de Josué en el capitulo 6, las instrucciones del Señor para tener la victoria en la guerra, aquí para tomar Jericó. Van a ir los de las trompetas al frente, los de la alabanza van a ir tocando y van a dar una vuelta, detrás de ellos van a seguir los sacerdotes con el arca del pacto, con la presencia de Dios, pero adelante la alabanza.

 

Al segundo día van a hacer lo mismo le van a dar la vuelta y van a regresar así lo  van hacer 6 días, al séptimo día, van hacer lo mismo le van a dar la  7 vueltas y en la séptima vuelta al terminar van a gritar, van a dar voces de jubilo, van a glorificar a Dios. Así lo hizo el pueblo, resultado, las murallas de Jericó cayeron. Ahora hay científicos que dicen que hubo un terremoto que las tiró; pues que oportuno, ¡gloria a Dios!, que terremoto tan oportuno y en el lugar preciso para derribar las murallas de Jericó, gloria a Dios, de cualquier modo, ¡Gloria a nuestro Dios!, amén.

 

Hay bendición en la presencia de Dios, hay sanidad, déjeme llegar ahí a la presencia de Dios, déjeme llegar a esa presencia, tocar su manto, porque yo sé que voy a sanar. Señor di la Palabra, que tu presencia vaya hasta allá, que tu Palabra vaya hasta donde está el enfermo, porque yo sé que no necesitas ir, que tu Palabra va a sanar y hay sanidad.

 

Y podemos seguir hablando horas de lo que es la presencia de Dios en nuestra vida, de lo que trae a nuestra vida; trae paz, tranquilidad, fortaleza, trae todo la presencia de Dios.

 

Busca la presencia de Dios, busca la sekinah de Dios todos los días, mantente en esa relación estrecha con Dios, no es la presencia de Dios cosa del pasado, no, no es para la iglesia nada más, es para que tú lo vivas cada día, amén.

 

Bendito Dios y Padre Eterno en el nombre de Jesús en esta hora levanto delante de tu presencia a este pueblo, para pedirte Señor que tu Gloria se manifieste en él. Llénale de tu Gloria, llénale  de tu fortaleza, llénale de tu paz, de esa presencia tuya, que sea con él. Hazle sentir tu presencia, tu presencia está en este lugar, por lo que yo te pido Padre amado que tú sigas llenando este lugar, que tú te sigas manifestando para que haya en esta hora esa bendición que es sentir tu presencia, tener tu presencia, tener tu sekinah, manifiéstala aquí, en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios te bendiga