INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.
LAS AGUAS SALUTÍFERAS
Pastor Miguel Lopez
Ezequiel 47:1-12
Me hizo
volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo
del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba
al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la
casa, al sur del altar. 2Y me sacó por el camino de la puerta del
norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta,
al camino de la que mira al oriente; y vi que las
aguas salían del lado derecho. 3Y salió el varón hacia el oriente,
llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las
aguas hasta los tobillos. 4Midió otros mil, y me hizo pasar por
las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las
aguas hasta los lomos. 5Midió otros mil, y era ya un río que yo
no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se
podía pasar sino a nado. 6Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre?
Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río.
7Y volviendo yo, vi que
en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. 8Y
me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán
sanidad las aguas. 9Y toda alma viviente que nadare por dondequiera
que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado
allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este
río. 10Y junto a él estarán los pescadores, y desde En-gadi
hasta En-eglaim será su tendedero de redes; y por
sus especies serán los peces tan numerosos como los peces del Mar Grande.
11Sus pantanos y sus lagunas no se sanearán; quedarán para salinas.
12Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda
clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A
su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será
para comer, y su hoja para medicina.
Dios nos ha llamado para llevar sanidad a las naciones, somos
escogidos para llevar el mensaje de Dios a donde quiera que él nos indique
y ser sus embajadores en esta tierra llevando esa sanidad.
Ezequiel 47:1-2
Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de
debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa
estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho
de la casa, al sur del altar. 2Y me sacó por el camino de la puerta
del norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta,
al camino de la que mira al oriente; y vi que las
aguas salían del lado derecho.
Les quiero pedir que me ayuden a resaltar algunas palabras:
Aquí en el versículo 1 que son: Entrada.
En el versículo 2 la palabra: Puerta.
Y ahí mismo en el versículo 2 la palabra: Exterior o Camino Exterior.
Me voy a enfocar a estas tres palabras: entrada, puerta y exterior.
Yo no conozco esta colonia, nada más conozco un poquito del
bosque, pero hay muchas cosas en el exterior que los cristianos a veces olvidamos.
Olvidamos que ahí en el exterior hay un mundo enfermo, hay un mundo que sufre,
un mundo que está dolido, un mundo necesitado y estamos tan a gusto nosotros
los cristianos en el interior, es decir, dentro de la casa de Dios, en el
santuario disfrutando de su presencia, emocionados con todo lo que Dios está
haciendo y más si se tratara de un congreso donde está fuerte la presencia
de Dios y la alabanza es poderosa, estamos tan extasiados con Dios que nos
olvida que allá en el exterior hay gente que no conoce a Jesús, hay gente
que no ha experimentado la paz que nosotros hemos experimentado o la sanidad
que nosotros hemos recibido de parte de él.
Hoy cantamos varias canciones, una de ellas es, que justo a
tiempo me salvó, y luego dice: al campo enemigo yo fui y tomé lo que me robó;
es decir, reclamé lo que el enemigo, lo que el diablo me había robado, y qué
es lo que nos robó: la paz, y también en muchas ocasiones la salud. Pero hay
gente que no conoce de Dios y está en el exterior, y entonces aquí en esta
historia vamos a darnos cuenta que el profeta empezó a sentir la presión de
Dios para salir al exterior, para llegar a donde estaba esa gente sufriendo.
Donde está la gente en su necesidad, donde está la gente llorando desesperada
porque no encuentran una solución a sus problemas y necesitamos ir a donde
ellos están, pero ellos están allá afuera.
Quiero que observen en esta historia, cómo Dios ejerce presión
hacia su profeta. Ezequiel era un hombre usado por Dios, un hombre ungido,
que disfrutó mucho la presencia de Dios, él estaba deleitándose con Dios cuando
Dios lo empuja hacia el exterior y le dice: “hey,
deja te muestro lo que hay allá afuera. Te voy a usar como un instrumento
mío para que lleves sanidad esa gente”.
Hoy quiero yo destacar aquí 8 veces que Dios ejerció presión
sobre el profeta Ezequiel, es decir que lo empujó. Muchas veces no queremos
hacer algo hasta que no nos empujan, a veces por pena o a veces por que somos
muy retraídos. Si alguien te dice: hay que salir y evangelizar, vamos a ir
al parque, tú dices: hay no, que pena, me da vergüenza, no se cómo hacerlo.
Y pues si estás ahí un poquito, vamos a decir, temeroso de salir, siempre
va a haber alguien quien te empuje, siempre va a proveer Dios un instrumento
que esté a tu lado y que te anime, que te insista: ¡sí puedes!
Vamos a compartir a los hospitales, hay muchísimos enfermos
que necesitan saber de Dios. Hay no que miedo, pararme en un hospital y además
huele refeo. ¿Verdad? Cuando uno entra a esos lugares
y la gente está ahí sufriendo y huele mal y a veces uno entra a una sala a
un cuarto de hospital; hay no, que miedo ir a un asilo de ancianos; hay no,
que miedo ir a una cárcel a compartir con un interno; pero siempre Dios va
a poner a alguien a tu lado que te anime, que te empuje, y esto me recuerda
un chiste, que aprendí hace muchos años de un hermanos misionero, que él hablaba
de cómo Dios lo empujó, cómo lo lanzó al ruedo.
A mi me gusta mucho la natación, y él hablaba de un campeón
de clavados que venía de por allá del extranjero y él iba a hacer un clavado
de exhibición por Satélite, por un lugar que se llama Lomas Verdes. Entonces
levantaron una torre enorme y la altura más o menos tenía como
Él también había ido a Acapulco y se había lanzado desde las
peñas de ahí de Acapulco, todos conocemos los clavadistas
de Acapulco, son famosos mundialmente; entonces este hombre, llega el momento
de su clavado de exhibición. Iba a ser de noche, prenden los reflectores,
estaban los medios de comunicación y una escalera hasta lo más alto de los
20 metros. Ponen una música de fondo y de repente empiezan ya unos tambores
de redobles, porque ya se iba subiendo el campeón, y los reflectores siguiéndolo,
entonces iba muy lento, hasta que llega a esa altura impresionante de 20 metros.
Los reflectores lo estaban siguiendo a todas partes y de repente se enfocan
hacia la cara de ese campeón, el cual se asoma, se veía muy pequeñito.
La gente allá afuera, atrás, por todos lados repleto, viendo
el momento en que se iba a lanzar, los redobles seguían y el campeón no se
lanzaba; la música volvió a tocar, los redobles volvieron a continuar y el
campeón no se lanzaba; en eso apagan los reflectores y nadie sabía qué es
lo que estaba pasando, vuelven a encenderlo y en eso se lanza el campeón.
Plassss. Una cosa impresionante, todo mundo ahí esperando
que saliera, los medios llegan ahí a la orilla de la alberca y sale así todo
mareado, el campeón con una actitud así como que estaba como totalmente desenfocado,
preocupado, y le ponen el micrófono y le dicen: sus primeras palabras campeón,
sus primeras palabras; y él agarra así, estaba todo norteadísimo y dijo: ¿quién
me empujó?
Cuando apagaron los reflectores, su entrenador subió por esa
misma escalera y llegó a esa plataforma, a lo más alto de esa tremenda estructura
para decirle, ¿qué pasa? Lo que pasaba es que sintió miedo. Estaba todo oscuro,
se iba a lanzar en plena oscuridad y entonces le dijo: no puedes tú sentir
miedo en estos momentos. Siento miedo. Ustedes han visto esa, “tengo miedo”,
tengo miedo”, es que no puedes tener miedo, es que ya es el momento para lanzarte.
Tengo miedo, y que lo empuja, su entrenador simplemente dijo: no podemos desaprovechar
esta ocasión, hay mucho dinero de por medio y éste es un clavado de exhibición
y ahorita aunque tengas miedo te lanzas; y pum, lo empujó.
¿Cuántas veces nos pasa a nosotros eso? Que no queremos hacer
algo, que sabemos que debemos hacer, que tenemos que hacer, pero algo nos
está deteniendo, y llega Dios a darnos un empujón y nos dice: “tú puedes,
no tengas miedo, no temas, yo estoy contigo”. Ésa es a la presión que me estoy
refiriendo; y quiero que se vayan fijando, ahorita vamos a iniciar esta enseñanza.
Como 8 veces Dios empuja al profeta Ezequiel, 8 veces, quiero que las vayas
contando, 8 veces lo empuja a hacer algo que él no se sentía listo para hacerlo.
Ahora, hay una gran diferencia entre la palabra listo y la
palabra dispuesto, son dos muy distintas palabras. Si tú te esperas para estar
listo, lo que llamamos verdaderamente listo, tal vez ese día nunca va a llegar;
te pongo un ejemplo de mi vida personal:
Yo me casé a los 23 años de edad, aquí está mi esposa acompañándome,
tenemos ya 31 años de casados. Si yo me hubiera esperado hasta que sintiera
que ya estaba listo para casarme, a lo mejor hasta la fecha seguiría de solterón,
y conozco a muchos solterones cristianos, eunucos, o como le quieras tú llamar.
Que la están piense y piense con la excusa de decir: es que no estoy listo.
No, pues quién va a estar listo para casarse; pero llegó el momento. Cuando
yo estaba en una reunión y me acuerdo que Dios me habló y me dijo: “hijo,
yo tengo ya a la mujer indicada para ti, la que va a ser tu ayuda idónea”.
Y a mí me dio miedo y dije: eh! De repente
empecé a sentir así que mi corazón
me palpitaba.
“Ya tengo esa mujer escogida para ti y dentro de poco tú la
vas a conocer”. Yo recuerdo cuando Dios me habló en una reunión y así claramente
me indicó, yo tenía 23 años y mi respuesta babosa hubiera sido: es que no
estoy listo. Y Dios no me estaba preguntando si estaba listo, él me dijo:
¿estás dispuesto? Fíjate que increíble, cómo Dios trata con uno, él no me
dijo ¿estás listo? Me dijo: ¿estás dispuesto? Y yo le dije: estoy dispuesto;
y ándale.
Que llega un amigo mío y me dice: Miguel, yo voy a salir fuera,
estábamos estudiando en un Instituto Bíblico, me dijo: tengo yo un viaje misionero
y quiero por favor invitarte a que vayas a una reunión de oración, yo estoy
encargado de esa reunión. Mi amigo ya llevaba medio año, todo un semestre
encargándose de dirigir esa reunión y era una reunión de oración por México,
cursábamos el Instituto Bíblico en la ciudad de Dallas Texas. Entonces le
dije: Jorge, ¿cuándo regresas? Me dice: dentro de una semana, pero quiero
que vayas por favor a esa reunión, y me insistió muchísimo; le dije: ok.
Me estás dejando de encargado, dice: no, ya dejé a una muchacha, por cierto
una chica que conocía yo también de acá del Distrito Federal, que por cierto
hoy es la esposa de este amigo.
Me dijo: dejé a Eva para que se haga cargo de la reunión; le
dije: ah, muy bien. Entonces, pero por favor, prométeme que vas a ir. Sí Jorge,
¿a qué hora es? Hasta las 7. Le dije: bueno, yo salgo del trabajo a las 5
y entonces voy a hacer todo lo posible. No, no, no, te comprometes a que vas.
¡Está bien Jorge, me comprometo!, estoy ahí. ¿Qué creen que paso? Terminando
las clases, más o menos como a la 1 de la tarde, saliendo ya de las clases
del Instituto, me cruzo con Eva a quien mi amigo había dejado de encargada,
y debajo del puente me acuerdo que cruzaba una avenida grande, muy ancha,
y debajo de ese puente nos cruzamos Eva y yo y me dice: Miguel, que gusto
verte; oye, por cierto Jorge me dijo que tú vas a ir a la reunión hoy viernes
en la noche, ahí te espero a las 7 sin falta. Le digo: es que Eva, hoy voy
a tener un día muy pesado, no sé si llegue a tiempo, y yo dentro de mí dije:
le voy a fallar a Jorge, porque era un día muy pesado para mí, viernes, le
dije: Eva, sí, ya quedé con Jorge, ¿a qué hora dices? A las 7; ahí nos vemos.
Me vuelvo otra vez terminando de comer, ella se regresa a las oficinas y en esa
área era en donde estaban los dormitorios de los varones, ella trabajaba en
esas oficinas y nos volvemos a cruzar bajo el mismo puente horas después;
me dice: hey, esto es de Dios Miguel, entonces te
espero a las 7, ¿verdad? Le dije: sí Eva. Bueno, ella terminó de hacer sus
asuntos en la oficina, yo terminé de hacer mis asuntos, y pasaron horas y
nos volvimos a cruzar por tercera vez en el mismo día bajo el mismo puente,
dije: esto ya no es casualidad; dice: entonces te espero ¡verdad!, sí ahí
nos vemos Eva, ahí nos vemos sin falta.
Bueno, yo llegué con dos amigos, y a quién vi al entrar a esa reunión de oración, a la que hoy es mi
esposa. Entonces Dios me habló después de esa reunión, fue cuando Dios me
habló y me dijo: ¿Miguel, estás dispuesto? Y le dije: estoy dispuesto. Me
dijo: ésa es. Dije wau, listo lo que se llama listo,
listo, listo para casarme, ¡no! Mi mamá me dijo cuando yo le avisé que ya
nos habíamos comprometido, Paty y yo duramos 4 meses
de novios y fijamos la fecha y entonces me dijo: ¿ya conoces a la familia?
Y le dije: no, la familia vivía por allá en Florida, me dijo, necesitas ir
y conocer a la familia, entonces ya hice el viaje, conocí a la familia, planeamos
la boda, entonces platicamos de los hijos que queríamos tener, y Paty
me dijo: (Paty es mi esposa) yo me quiero esperar
3 años por lo menos antes de tener un hijo.
Porque para mí va a ser aprender un idioma nuevo (ella es nacida
en el paso Texas, no hablaba español), aprender una cultura nueva (nunca había
vivido en México) y aprender a adaptarme a ti, o sea, a la nueva vida matrimonial;
entonces son tres presiones bajo las cuales yo voy a estar: el idioma, la
cultura y vivir al lado de ti, entonces no quiero tener una cuarta presión
de luego, luego embarazarme y ya esperar un hijo. Entonces le dije: está bien,
nos pusimos de acuerdo de que a los tres años íbamos a encargar; cuando ya
decidimos que era el tiempo, que habían
transcurrido los tres años, Dios me vuelve a hablar y me dice: “hijo, ¿estás
dispuesto?” Le dije, ¡sí! Fíjate, nuevamente Dios no me hizo la pregunta:
¿estás listo? Me hizo la pregunta: ¿estás dispuesto? Y yo me acuerdo que le
conteste: ¡sí!
Porque listo lo que se llama listo, listo, para ser papá, pues
quién está listo. Para todos esos gastos que se vienen de hospital y luego
ya cuando nace la criatura, todos los gastos que se vienen de pañales y que
si los alimentos, y luego que se enferman, los doctores y luego que hay que
comprar desde la pañalera, bueno, uno cuando sale
como húngaro
con cosas, todo lo que uno tiene que adquirir para el niño y para eso uno
no está listo, pero yo recuerdo que le contesté a Dios: sí Dios, yo estoy
dispuesto.
Y lo mismo sucedió con el ministerio cuando me gradué del Instituto
Bíblico en el año 1975, me dijo: hijo, ¿estás dispuesto a que yo te use y
te lleve donde yo te quiera llevar? Le dije: sí Dios, estoy dispuesto; realmente
la pregunta no fue listo, sino la pregunta era o el tema era: ¿estás dispuesto?
Puedo yo manejarlo con otros términos para que lo entendamos mejor; una cosa
es capacidad y otra cosa es disponibilidad, analiza cómo son dos palabras
bien distintas una de la otra. Yo he conocido gente con muchísima capacidad;
capacidad económica, capacidad intelectual, gente que tiene los medios económicos
para poder servir a Dios, gente que inclusive habla varios idiomas y podría
viajar por las naciones, y sin ningún problema comunicarse en ingles, en francés,
en italiano, en alemán, hasta en chino; conozco amigos míos personales que
tienen grandes talentos, grandes capacidades.
Pero Dios no está buscando
capacidad, Dios está buscando disponibilidad;
si viene hoy y te dice o te pide hacer algo, que la respuesta en ti sea, sí
Dios, estoy dispuesto, y no le salgas como decía mi mamá, con la batea
de babas de que no, es que no estoy listo. Es que no te pregunté si estabas
listo, te pregunto si estás dispuesto; porque no estoy buscando capacidad,
estoy buscando ver en ti disponibilidad.
Necesito hacer de bulto esta enseñanza, necesito que sea tan
clara como un programa de Plaza Sésamo que cualquier niño la pueda entender,
y para eso necesito yo un voluntario. ¿Quieres pasar aquel que está ahí, del
chinito?, gracias. Éste es el profeta Ezequiel (vamos a hacer de cuenta que
él es Ezequiel y que yo soy Dios quien le va a dar un mensaje a Ezequiel)
para hacerla de bulto la enseñanza, para que la podamos entender.
Necesito que me pongan una silla. ¿Cómo te llamas? Jesús. Te
voy a cambiar el nombre por Ezequiel, ¿ok? Ezequiel,
¿quieres ser tan amable de sentarte, puedes tomar asiento? Fíjense que obediente.
Ezequiel, ¿quieres ponerte de pie? Gracias, que educado; ¿puedes ponerte otra
vez sentado? Gracias; fíjense cómo todo esto lo hizo de su voluntad ante una
solicitud mía.
Ahora vamos a pensar que Ezequiel es un poco testarudo, que
Ezequiel es un poco rebelde, ¿sí? ¿Eres soltero o casado? Soltero. Que es
un poco así como terco, ¿sí? Y que entonces llega Dios y le dice: Ezequiel,
ponte de pie; y él no quiere. ¡Ezequiel, ponte de pie, Ezequiel! Y él no quiere.
Entonces llega el momento en que Dios tiene que forzar a Ezequiel al estilo
judicial. ¡Ezequiel, ponte de pie! (lo levanto con fuerza y bien rápido se
puso de pie, ¿ok?) Vamos a hacer lo contrario, él no se quiere sentar, ¿sí?
Está necio, empecinado en que quiere seguir de pie, ya se amachó. Ezequiel
quiere seguir en esta actitud parado, pero Dios lo quiere sentado. ¿Se fijaron
en el anterior ejemplo cómo cuando yo le pedí hacer algo, él de inmediato
me obedeció y de inmediato tomó asiento? Ahora viene Dios a decirle al profeta
Ezequiel, puedes tomar tu lugar; Ezequiel, te estoy pidiendo que tomes tu
lugar; Ezequiel, te ruego que te sientes; Ezequiel, mira que te mando que
te sientes (lo siento con fuerza). ¿Qué hice? Lo que él no quería, lo forcé
a hacer algo que él no quería.
Ahora vamos al ejemplo de la Biblia. ¿Qué palabras les dije
que se grabaran? Entrada, Puerta, Exterior.
Ok, pero éste es lo que dice el versículo uno: me
llevó (lo jalo hacia donde quiero que vaya), no dice: y yo decidí ir, porque
sentí en mi corazón el llamado, ¡no!
Dice: me llevó, ¿a dónde, a dónde me llevó? A la entrada me hizo volver.
¿Hace cuántos años que tú pasaste por esa entrada que se llama
el arrepentimiento? Hace cuántos años que alguien a ti te habló de Dios y
que te invitó para ir a una reunión donde iba a hablarse de la palabra de
Dios y te acompañó a la entrada, te condujo. Pudo haber sido, no sé, una cruzada;
pudo haber sido a lo mejor una célula en casa; pudo haber sido un desayuno
de alcance, y entonces tú pasaste por esa entrada, alguien te introdujo a
lo que era el camino de Dios y te habló de Jesucristo y para ti esa entrada
se llama o se llamó la puerta del arrepentimiento, por ahí pasamos todos.
Pero lo que se me hace muy interesante es cómo comienza el
capitulo, dice: me hizo volver, se le había olvidado dónde estaba esa entrada,
como pudo haber sido nuestro caso, que han pasado muchos años y ya no nos
acordamos de cuando nosotros nos convertimos y todo el proceso por el cual
pasamos, ya se nos olvido, porque ya fue hace muchos años. En el caso mío
fue hace 40 años, y esa entrada se logró gracias a que un amigo del 4to. año
de primaria me llevo a través de esa entrada, ambos teníamos 10 años de edad
y yo recuerdo que él me habló ahí en el salón de clases acerca de Jesucristo,
y él duró 4 años evangelizándome, 4 años. Lo conocí en cuarto año de primaria,
entonces del cuarto al sexto año él me empezaba a hablar de la Palabra, me
empezaba a hablar de Jesucristo, me compartió Juan 3:16 y en eso, después
de dos años de tener un proceso de evangelización conmigo, muere mi padre.
Y mi vida entró en una confusión tremenda, porque mi papá falleció
en 4 días, se enfermó de estar bueno y sano, y al cuarto día ya lo estábamos
enterrando. Entonces todo eso que él había logrado, esos dos años de estarme
evangelizando se perdió, porque yo entré como en un remolino de confusión,
y ¿sabes lo que hizo mi amigo? Volvió a empezar otra vez de nuevo, poco a
poquito. Me fue llevando hasta la entrada, hasta que llegó ese día; un mes
de octubre del año 1968, me acuerdo que era el mes olímpico, vivía yo en el
Distrito Federal, me acuerdo que yo estaba en casa de este amigo, me acuerdo
que ya su papá me había abierto las puertas, porque yo quedé huérfano de padre,
y me dijo: hijo, ésta es tu casa, desde entonces me dio las llaves, que hasta
el día de hoy tengo, y me dice: somos tu familia y me adoptó.
Su hijo de la misma edad que yo tenía, vuelve otra vez a comenzar
conmigo donde nos habíamos quedado, después de que falleció mi papá y él me
condujo después de otros 2 años a la entrada, y recuerdo esa noche cuando
tres personas nos pusimos de rodillas y yo abrí mi corazón a Jesús, pero gracias a que mi amigo me llevó por la
entrada; hay mucha gente que no conoce dónde está esa entrada, que no saben
cómo se entra al reino de los cielos. Hay millones de personas que piensan
que es por obras, hay millones de personas también que piensan que hay muchas
religiones, entonces están confundidos, porque no saben cuál de tantas entradas,
¿será a través de buda, será a través de esta filosofía, será a través de
esto, aquello? Entonces necesitamos nosotros mostrarles el camino, llevarlos
a la entrada, y es o fue lo que hizo Dios con el profeta.
1Me hizo volver luego a la entrada de la casa; 2Y
me sacó por el camino de la puerta del norte, Ahí van dos veces que Dios lo empuja, la primera en
el verso uno, cuando lo hace volver a la entrada, que eso ya lo ejemplifiqué
con Ezequiel, pero de ahí en el versículo dos encontramos como por segunda
ocasión, Dios lo sigue empujando, porque no dice: y en eso yo decidí asomarme
a ver qué había allá afuera, no, dice: me sacó, igualito
al chiste que les acabo de platicar, el campeón que no se quería aventar.
Me acabo de acordar de otro chiste: eran dos negritos allá
en Lousiana que se hicieron novios, y bueno, pues
el negrito quería impresionar a su novia y demostrarle que él era muy hombre,
su noviazgo ya tenía cierto tiempo y ya estaban hablando de matrimonio. Ella
le dijo ¿cómo me piensas mantener? Dice: bueno, voy a conseguir un trabajo;
dice: no, pero es que tú necesitas demostrarme que me vas a poder mantener,
y necesitas demostrarme que ganas muy bien y entonces ya haremos planes ya
formales. Entonces él no podía conseguir trabajo y no podía hasta que un día
alguien le habló del ejército y le dijeron: ahí dan muy buena paga. Y se mete
al ejército para impresionar a su novia, porque ella decía, yo me caso contigo
si me demuestras ser muy hombre, entonces él dijo: bueno, en el ejército había
varias oportunidades, pero la más, vamos a decir, la más tremenda oportunidad
de más alto pago era la de paracaidista.
Entonces él se inscribe, toma el curso de paracaidista, y ya
después él era un hombre muy temeroso; ya después le tocaba, no nada más era
lo teórico, sino lo práctico. Llega el día
de su primer salto; entonces ya suben a varios paracaidistas en el avión,
a él le tocaba el numero 5 saltar.
Venía repasando todas las instrucciones, ya traía puesto el equipo, entonces
repasaban en su mente y delante de todos los otros soldados estaban teniendo
que repetir: cuando ya llegues a cierta altura, te fijas en tu altímetro y
a determinada altura tomas tu brazo derecho sobre tu hombro izquierdo y jalas
una palanquita y se va a abrir tu paracaídas principal; en caso de que éste
falle, tomas tu brazo izquierdo sobre tu hombro derecho y vas a encontrar
otra palanquita y le jalas, ése es tu paracaídas de reserva el cual se va
abrir. Y allá abajo van a haber unos jeeps para
esperarte y continuar la misión.
Entonces del negrito era su primer salto, estaba petrificado,
aterrorizado; el primero se abre la escotilla, fum,
se lanza; número dos, fum, se lanza; número tres,
fum se lanza, ya estaba listo, número cuatro fum; cinco, y era el negrito, y se engarrotó ahí a la salida;
y vio hacia abajo, miles de metros, hacia abajo y dijo: Dios mío, no, no,
no; en ese momento se paralizó y ya no pudo hacer nada, y entonces llega su
supervisor y dijo: número cinco; no, no; número cinco salta; no, nooo. Número cinco, pum y lo empuja
y ahí va el pobre negro, ay Dios, Dios.
En eso recuerda las palabras de su instructor, fíjate en tu
altímetro, a determinada altitud, y ya vio que estaba llegando a esa altitud,
toma tu brazo derecho sobre tu hombro izquierdo y jala la palanca, lo cual
él hizo, y jaló la palanca, y se queda con la palanca en la mano; dijo: Dios mío. Y veía cómo la tierra
se acercaba, una velocidad increíble; dice: no, tranquilo, tranquilo, ¿qué
te dijo el instructor? Entonces en caso de que no se abra el principal, tomas
tu brazo izquierdo sobre tu hombro derecho, encontrarás otra palanca, le jalas;
pum y le jala, pum, y
le jala, pum y le jala y nada y se rompe el mugre
cable ese, y no servía el paracaídas de reserva. Su corazón a punto de salírsele.
El negrito viendo que la tierra se acercaba dijo: aja, ahora nada más falta
que los jeeps no estén abajo esperándome.
¿Cuántas veces sabemos que tenemos que hacer algo por Dios
y no lo hacemos? Porque nos sentimos acomplejados, porque nos sentimos temerosos,
porque sentimos que no estamos calificados o porque simplemente nos da pena,
¿qué van a pensar de mí? Fíjate que el profeta Ezequiel estaba en esa misma
situación cuando dice: me sacó, no salió él por su propio pie, me sacó. Segunda vez que ejerce
presión sobre el profeta, y en el mismo versículo dos dice: me hizo dar la vuelta por el camino exterior, me hizo dar la vuelta por el camino que va por el exterior,
o sea afuera, afuera.
Aunque aquí hay un letrero que dice Instituto Levantaré,
y por afuera también dice Instituto Levantaré, hay mucha gente que ha pasado
por enfrente y dice: y eso qué será, quién sabe, y no se van a meter hasta
que alguien les lleve o les conduzca a la entrada y les diga: mira, se trata
de un lugar a donde se habla de Dios. Es un Instituto Levantaré, es un lugar
a donde se nos habla la palabra de Dios, se nos presenta a Jesucristo; pero
esa persona puede ser un teporocho, esa persona
puede ser un perdido cualquiera que está allá afuera en el exterior y que
no sabe cómo entrar por la puerta y necesita que vayamos nosotros y que lo
alcancemos ahí, donde él se encuentra, y que nosotros le presentemos la entrada
y que lo metamos por la puerta, y que entonces él pueda experimentar la salvación,
y decir, wau, esto es lo que yo había estado buscando
toda mi vida.
Pero esa persona no va a llegar si no vamos por
él, por eso es que lo saca al exterior, tres veces lo empuja. En el verso
uno lo empujó hacia a la entrada, en el verso dos lo empujó hasta la puerta
y en el mismo verso dos lo empujó hacia el exterior, y en eso, sáltate al
versículo tres: 3Y salió el varón hacia el
oriente, llevando un cordel en su mano;
y midió mil codos, y me hizo pasar por
las aguas hasta los tobillos.
Salio un varón que no dice su nombre, es anónimo.
Dice que salió a su encuentro un varón con un cordelito, que con ese cordelito
empezó a medir mil codos (versículo tres), la medida del codo era la medida
del rey, de su pulgar a su codo, 45centimetros o medio metro aproximadamente.
Entonces quiere decir que midió
No es que el profeta decide meterse, sino que lo
empuja Dios, ésta es la cuarta vez que lo empuja el varón con ese cordelito,
después de haber medido una distancia de 500 metros, medio kilómetro, le dijo,
ok, ahora camina, ¿pero si me mojo? Camina, y entonces lo
empuja, dice: me hizo pasar, quiero que notes que al final del verso tres,
no decide ir por su propia voluntad, lo empujó Dios.
La presión divina es algo que necesitamos reconocer
y resistir; si la presión humana la aguantamos, alguien me dijo: ¿de qué presión
estás hablando? Pues si vives en casa de tu suegra, ya estás aguantando una
presión bárbara, es una presión humana tremenda. Si esa presión humana la
aguantamos, cuánto más la presión divina, cuando viene Dios y te saca, cuando
viene Dios y te empuja, y en este versículo tres dice: me sacó y me empujó, hasta
que ya el nivel del agua lo tenía hasta los tobillos. Y luego en el verso cuatro: 4Midió otros mil (es decir, otro medio kilómetro
más), y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas
(ya el nivel del agua le subía y no nada más llego ahí). Midió luego otros mil, y me
hizo pasar por las aguas hasta los lomos (es decir, al nivel de la
cintura o arriba de los lomos).
Entonces hay tres niveles: tobillos, rodillas y cintura, y en cada de uno de esos niveles fue
Dios empujándolo. Analicemos esos tres niveles:
El de los tobillos
es el cristiano que apenas acaba de conocer de Dios, que apenas está mojando
los pies, que apenas acaba de conocer el camino de la verdad y su nivel de
compromiso pues está muy abajo, nivel en los tobillos. Comparémoslo como a
alguien metiéndose al mar, imagínate que llega una señora de 40 años y se mete ahí a Acapulco y le están bañando las
olas los tobillos y está bien a gusto, bien rico, y está ahí disfrutando con sus hijos, está ahí su marido,
y de repente se anima a meterse un poquito más, pero el agua le sigue llegando
al nivel de los tobillos, pero ella siente que ya está en aguas profundas;
no ya, huy; y en eso alguien le dijera por ahí:
¡tiburón! Y ella agarra y corre y se sale, pero así… ¿Por qué? Porque a ese
nivel te puedes salir muy fácil.
Hay cristianos que han pasado años y todavía siguen chapoteando
con Jesús, es decir, su nivel de compromiso con Dios apenas a los tobillos
y pasa cualquier cosa y dicen: denme mis canicas que yo ya no juego, y se
salen, y muy fácilmente abandonan ese lugar. ¿Por qué? Porque no están comprometidos,
como el ejemplo que les acabo de poner. Pero que tal si la señora ya tuviera
el nivel del agua, estando ahí en el mar hasta las rodillas, pues ya se está
animando más, ya le está perdiendo el miedo, ya se está sintiendo como cuando
ya era jovencita; no hombre, ya le está gustando.
Ya cuando tiene el nivel
del agua aquí a las rodillas, ya
no es aquella espumita del mar nada más rompiéndole apenas al nivel de los
tobillos sino ya es un cierto oleaje que le llega a las rodillas, y en ese
momento está disfrutando el oleaje, casi pegando unos brinquitos, y de repente
alguien le dijera: ¡tiburón! Y entonces a ella para salir ya le va a costar
más trabajo, imagínate, salir cuando ya tiene varios metros adentro y el nivel
del agua lo tienes a las rodillas,
más difícil. Cuando ya estás comprometido, cuando ya perteneces al equipo
de alabanza, cuando ya estás dando
clases a los niños, cuando tú ya estás ingresado tal vez en algún equipo de
evangelismo, estás saliendo a las calles y ya estás involucrado y pasa algo
que a lo mejor no te pareció, pero tú ya estás comprometido, ya a ese nivel
es más difícil salirte. Ya está tu mamá en la congregación, ya están tus hermanas
en los panderos, un tío tuyo está al frente de la librería, ya llevas años
en la congregación, más difícil salirte cuando ya tu
nivel esta a las rodillas, ahora, siguió midiendo otros mil dice al
final del verso cuatro y ya el agua le llegaba al nivel de la cintura.
Volvamos al caso de la señora; ya se arriesgo más, como que
les quiere demostrar a todos que ella sí puede, que no es una cobarde, entonces
ya se metió más, ya ahora el nivel
del agua lo tiene aquí a la cintura
y que alguien le gritara en ese momento cuando ya está a todo dar con el agua
a la cintura disfrutando el oleaje, cada olita que viene nada más se impulsa,
y que alguien le dijera: ¡tiburón! Salte del agua. Cuando tienes el nivel
del agua a la cintura, imposible, a menos que haga esto, fum,
y se salga nadando.
A qué nivel de compromiso te llega a ti el agua: a los tobillos,
a las rodillas o la cintura. Si tienes promedio de 5 años de haber recibido
a Cristo de que tú fuiste salvo o si tienes más de 2 años de pertenecer a
esta congregación, y todavía tu nivel de compromiso lo tienes tan bajo, apenas
a los tobillos, déjame animarte y decirte que hay un nivel de más prefundida
en Dios, que necesitas seguir adelante, que necesitas meterte a aguas más
profundas. Yo te quiero motivar a que lo hagas, a que lo pruebes.
Les decía que a mí me gusta mucho la natación, de niño me llevaban
a muchos balnearios, en los balnearios veía que había distintas clases de
albercas; albercas para niños, y luego ya el pozo de clavados y eran aguas
profundas, pero siempre en los balnearios hay una alberquita para chiquititos que se llama chapoteadero, en donde el nivel de
agua será escasamente de unos 10 centímetros de profundidad. Imagínate a un
señor ya grande, panzón, cincuentón, pelón, maduro, Pomponeo; no sé si los
de mi época se acuerden, o sea un hombre grande, pero en realidad un niñote.
Y llegas al balneario y ves a ese Pomponeo, al señor cuarentón,
panzón, pelón en el chapoteadero, y ahí esta Pomponeo feliz en el chapoteadero,
su panzota, así que, y la anda retozando ahí en el agua, y los niños: mamá
¿qué hace este señor aquí?
El nivel de los tobillos es para niños, el nivel de las rodillas
es para mancebos y el nivel ya de la cintura es para adultos. El adulto debe
de saber tomar decisiones y la decisión en ese momento, si me salgo, me va
a costar muchísimo más trabajo; porque da lo mismo ahorita, estoy a la mitad
salirme, que mejor meterme por completo y es más fácil meterse a nadar.
Quiero que veamos entonces, ya que es la sexta vez que Dios
lo presiona.
La primera en el verso uno cuando lo lleva, a
la entrada.
La segunda en el verso dos cuando lo saca por
la puerta.
La tercera en el mismo verso dos cuando lo hace
caminar por el exterior.
La cuarta cuando lo empuja en el versículo tres
hasta que le llega el nivel a los tobillos.
La quinta cuando lo sigue empujando hasta que
le llegue el nivel a las rodillas.
Y la sexta, ¿hasta cuándo lo sigue empujando?
Hasta que ya le llegó el nivel a la cintura, a los lomos.
Y luego en el verso cinco dice: 5Midió otros mil, fíjate, mil
para los tobillos y mil para las rodillas, estamos hablando de mil codos,
igual a medio metro y el agua le llegaba a los tobillos; otro medio kilómetro
y el agua le llegaba a las rodillas, otro medio kilómetro y el agua le llegaba
a la cintura. Y luego el verso 5 dice que midió otro medio kilómetro, ¿estamos
hablando de cuántos kilómetros? De medio en medio, y midió 4 veces,
Cuando mide la cuarta y última vez, aquello ya se había transformado
en un río, lo que empezó como un charco, como una pequeña inundación, como
un terreno que apenas se estaba anegando y llega el nivel a los tobillos;
había cobrado fuerza y era un torrente que tenía muchísima fuerza, y dice
se había convertido en un río, al final del verso 5, el cual yo no podía pasar
más que nadando, y esto equivale a solamente puedes hacer esto por fe.
Es que ya no puedo seguir caminando, pues aquella agua siguió
aumentando de nivel y se convierte en un río con tal fuerza, que ya la única
manera de poder llegar al lado era nadando, y en ese momento el varón le dice:
¿Has visto, hijo de hombre? Es como si Dios
te hablara hoy, 2009, basándome en Ezequiel 47:6 y te dijera: ¿has visto hijo,
la necesidad que hay en el mundo? ¿Has visto hijo, cuánto sufrimiento? ¿Has
visto hijo, cuánta gente dolida? Ya saliste de mi casa para darte una vuelta
por el exterior y simplemente además en tu vecindario.
Cuántos divorcios, cuántas madres solteras, cuántos niños de
la calle, cuántos hogares fracturados o familias disfuncionales, ¿has visto
cuánta drogadicción? ¿Has visto cuánto sufrimiento hay a tu alrededor y has
visto cómo ha crecido, cómo ha cobrado fuerza y la única manera en que tú
puedes penetrar a esa dimensión es nadando? Y entonces en el versículo 5 lo que yo entiendo, que Dios le está diciendo:
si no sabes, aprende a nadar hijo, porque no se puede cruzar más que nadando.
Y nadar yo lo comparo a la fe, cuando tú dices: ya voy a dejar de analizarlo,
ya voy a dejar de cuestionar a Dios y me voy a lanzar por fe. No lo entiendo,
no me lo explico, no te puedo yo definir cómo va a pasar esto, lo único que
sé es que es por fe y yo me voy a lanzar por fe.
Y es cuando tú dices: yo ya no puedo cruzar este río, porque
ya no alcanzo ni de puntitas, porque ya me rebasó, y es más, si tuviera 5
metros de profundidad el agua, ni de puntitas alcanzas; ni el más garrocha
que hay aquí entre los jóvenes. Sí no vas a alcanzar de puntitas cuando el
nivel del agua llega a 5 metros, entonces que más da si tuviere 500, da lo
mismo, no alcanzas, por eso Dios dice que es por fe. Y por eso Dios le llama
en el verso 6 la atención y le dice: ¿has visto? Fíjate, no había hablado
el varón hasta hora, cuando le enseña la necesidad, y en ese mismo versículo
6 encontramos la séptima vez que Dios lo empuja y dice: Después
me llevó, él ya estaba nadando.
El río ya había crecido y él ya estaba nadando, pero una vez
que ya estás en el río de Dios no puedes nadar para donde tú quieres, sino
es para donde Dios te lleve. Yo me imagino ahí en el versículo
Así como lo había llevado a la entrada, así como lo llevó a
través de la puerta, así como lo llevó al camino exterior, así como lo empuja
hasta que le llega al nivel a los tobillos y lo sigue empujando hasta que
le llegue el nivel a las rodillas y lo sigue empujando hasta que el nivel
le llegue a la cintura, y ahora lo sigue llevando, dice al final del verso
6, la última vez que lo presiona dice: y me hizo volver
por la ribera del río. Yo con esto supongo que él estaba así, en el
mero centro de este río, donde iba todo el torrente, yo me imagino que iba
muy contento, muy a gusto y Dios dice: ¡no!, por aquí no, déjame te llevo
a la ribera, versículo 7:
7Y volviendo yo, vi que
en la ribera del río había muchísimos árboles (y nuevamente esto es símbolo de gente) a uno y otro lado.
Salmo 1:3 Será como árbol plantado
junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo.
Cuando Jesús sanó a un ciego le dice: abre los ojos, ahora
qué ves. Y dice: veo a los hombres como árboles. Y lo volvió a tocar y en
ese momento ya cobró claridad su vista. Entonces estos árboles tipifican gente
y están a la orilla y no saben cómo entrar al torrente de Dios y posiblemente
tú tienes amigos, conocidos, familiares; tal vez algún compañero de trabajo
que está a la orilla y que no sabe cómo entrar al torrente de Dios y dice:
¿cómo le hago? ¿Cómo oro, cómo me arrepiento, cómo clamo a Dios, cómo puedo
recibir mi sanidad? No entiendo, y están totalmente ahí esperando que alguien
llegue y les explique cómo se encuentran a la orilla. Por eso es que lo llevó
a la ribera; dice:
6y me hizo volver por la ribera del río. 7Y
volviendo yo, vi que en la ribera del río había
muchísimos árboles a uno y otro lado. 8Y me dijo: Estas aguas salen
a la región del oriente, y descenderán al Arabá,
(las aguas tenían un propósito, descender
al Arabá y el Arabá significa
lugar desolado, desierto) y entrarán en el mar; y
entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas.
Las aguas tenían una función dice el versículo 8, las aguas
tenían una sola función: descender al Arabá, vamos
a:
Apocalipsis17:15 Me dijo también (está hablando Juan y a quien le está
diciendo es a Jesús a través de un ángel): Las aguas
que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones
y lenguas. Las aguas representan gente, las aguas son muchedumbres,
las aguas son naciones, las aguas son pueblos. Ese torrente que tú ves es
gente que está rodeándote por todos lados, nada más vete en hora pico a una
línea del metro y vas a ver muchedumbre. Esas aguas representan muchedumbres.
Regresemos a Ezequiel 47, porque habla de las aguas, dice que
ese río llevaba mucha agua y esas aguas son: naciones, son gente, pueblos;
y vamos a terminar lo que aquí veníamos analizando en:
Ezequiel 47:8 Y me dijo: Estas aguas (recuerda que él iba nadando) salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá (es para que cumplan el propósito de ir a los
lugares desolados, a los lugares desiertos y entraran ahí en esa aguas, hasta
que lleguen a entrar en el mar), y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad
las aguas. 9Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que
entraren estos dos ríos, vivirá (fíjate cómo en realidad está hablando
en lugares de árboles, y ahora ya cambia y le llama almas, y dice: esas almas
si se meten al río van a vivir; esa gente necesita meterse al río, esa gente
debe experimentar el mover de Dios, esa gente necesita conocer la vida de
Dios y una vez que se metan esas almas a ese río van a vivir); y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas,
y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río.
10Y junto a él (se está refiriendo al varón –aquí estoy yo retratado) estarán los pescadores (¿qué fue lo que le dijo Jesús
a los discípulo? Síganme porque yo les haré pescadores de hombres,
de almas), y desde En-gadi
hasta En-eglaim será su tendedero de redes; y por
sus especies serán los peces tan numerosos como los peces del Mar Grande.
Aquí está mi retrato en el versículo 10 (Y junto a él estarán los pescadores). Yo quería ser piloto,
yo estudie para piloto. Mi hermano es piloto, mi otra hermana es paracaidista;
yo quería ser piloto desde chiquito, tenía una foto en donde estoy retratado
con mi papá y mis hermanitos, yo tengo una cachucha de piloto. Años más tarde
yo ya era un adolescente, estoy nuevamente retratado con mi padre y tengo
una caja de regalo, un obsequio de mi papá y era un avión; entonces mi sueño
dorado era ser piloto y yo, llegó un día en que emprendí la carrera, me acuerdo
perfectamente que estaba volando un avión último modelo. Estaba sobrevolando
la ciudad de Dallas, se estaba oscureciendo, yo iba solo en el avión y de
repente escuché la voz: –¿Miguel, qué estás haciendo?
–Volando –¿Miguel, qué estás haciendo con tu vida?
–Dios, ¿eres tú?
–Miguel, yo quiero algo diferente para ti. –Pero Señor, es
que yo quiero ser piloto misionero, yo en la ciudad de Chilpancingo ya tenía
un avión que me estaba esperando; Señor yo ya estudié en el Instituto Bíblico
y quiero aplicar esto a lo que me gusta, a lo me fascina, que es ser piloto.
–Pero yo no quiero que seas piloto. –Pero Señor, yo quiero ser piloto desde
niño, quiero ser piloto. –Pero yo no quiero que tú seas piloto, yo quiero
que tú seas pescador de hombres. –¿No quieres que
sea piloto? –¡No! ¡No! Y junto a él estarán los pescadores.
Tengo 34 años desde que inicie este ministerio, desde que Dios
me llamó para ser un pescador de hombres y créeme que estar ahí es lo más
emocionante, no lo cambio por ser piloto, no lo cambio por ninguna otra protección.
Por eso está hablando de que ahí estarán junto a él los pescadores, su tendedero
de redes: y desde En-gadi
hasta En-eglaim será su tendedero de redes; y por
sus especies serán los peces tan numerosos como los peces del Mar Grande (o
sea, va a haber infinidad de peces Miguel, no te preocupes. Fíjate cómo maneja
dos palabras simbólicas: árboles, almas y peces, es lo mismo, es gente).
Ahora llego a un versículo triste, versículo 11, hay gente que ya estando
en el río de Dios de repente escucha otra voz, no la del varón, y esa vez
le dice: tú puedes nadar en otra corriente y salirte de este río, y tú puedes
crear tu propio río. Y hay personas que ya estando en el fluir de Dios, y
por una inconformidad, porque no estuvieron de acuerdo con algo, porque no
respetan la autoridad puesta por Dios, se salen del fluir. –A mí no me gusta
cómo llevan la alabanza. –A mí no me gusta cómo hacen las cosas ahí en la
congregación. –¡Vámonos
vieja!, ¡vamonos a buscar otra congregación! Y se
salen del río de Dios y él los puso aquí, pero de repente por cierta inconformidad
deciden ¡vámonos! Y siempre hay un roto para un
descocido, y jalan a otras personas y se apartan de la visión dada por Dios,
y de repente se empiezan a estancar:
ya no se congregan. –Es que no hemos encontrado la congregación perfecta.
Ya no leen la palabra, ya no oran y de repente se les junta
otro inconforme y luego otro rebelde, otro inconforme se les junta, también
otra persona que también está estancada, y de repente ya son dos o tres estancados
hasta que aquello ya es un pantano de tanto que se estancaron. Un pantano
es agua estancada, entonces habla nada más de hombres sino de mujeres, porque
habla de pantanos y de lagunas, es decir: el hermano pantano y la hermana
laguna, que se salen del fluir de Dios. Que después de haber tenido el nivel
a la cintura y un día ya deciden no nadar en ese río y se salen de es fluir
y se van hacia a la orilla, pero no están dentro del torrente y es lo que
se junta ahí en las orillas, se resaca y se empieza hacer un remolino, en
realidad le llamo resaca por no llamarle basura y empieza a hacer un remolino.
Y es un agua estancada que no va a ningún lado que nada más
está dando de vueltas y vueltas. Hay hermanos que se han salido de donde Dios
los plantó, de donde está el torrente y el fluir y la visión de Dios y se
han salido por alguna inconformidad, por alguna rebeldía, entonces se han
jalado a otros hermanos igual que a ellos y se han hecho un club de inconformes
y se han estancado y aquí dice que: 11Sus pantanos y sus lagunas no se sanearán; quedarán para salinas.
El típico caso del hermano que llega y le platicas o le preguntas:
¿cómo te va? Es que, ¿te acuerdas del trabajo que conseguí? Me corrieron.
–No me digas. –Sí, pero te acuerdas que te platiqué que tenía un proyecto
de un negocio. –¡Sí! –No me salió. No me digas. Y
te acuerdas de la novia con la que me iba a casar. ¡Sí! Me cortó. No me digas.
Hijote, no sé qué es lo me pasa, estoy salado, me dicen: el chamoy.
¿No será porque se salió de la visión? Quedaran salados dice.
Termino con el verso 12, Y junto al río,
en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales (fíjate,
porque fueron alcanzados por esas aguas); sus hojas
nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas
salen del santuario (para poder ir y evangelizar necesitamos primero salir de una congregación,
necesitamos salir con la bendición del pastor, necesitamos salir del santuario.
Recuerda, esa aguas son gente, las aguas tienen el
propósito de alcanzar al desierto. Dice en el verso 8: descenderán del Arabá,
entonces hay mucha gente que está alrededor nuestro);
y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.
Y este año 2009 tú y yo podemos alcanzar a esas gentes en el
desierto. Seguro tienes un pariente atravesando por el desierto, seguro conoces
un amigo que está atravesando por un desierto y tú necesitas salir del santuario,
como dice el verso 12, y descender ese desierto, como dice el verso 8, y alcanzarlo,
mostrarle la entrada, tienes que salir al exterior alcanzarlo a donde él se
encuentra sufriendo, padeciendo, confundido desesperado; a lo mejor es un
alcohólico, a lo mejor es un drogadito, a lo mejor ya es alguien desahuciado
que está ahí en el exterior y no sabe por dónde está la entrada. Por eso es
que Dios sacó a su profeta, por eso es que ejerció presión sobre él y finalmente
dice: y su fruto será para comer, van a comer de ti; y su hoja, la hoja representa
nuestras manos.
Que las hojas en los
árboles por ahí es la fotosíntesis, por ahí entra el sol y por ahí es donde
se genera la vida, a través de las hojas, entonces si somos como árboles,
la Biblia dice en el Salmo1:3, nuestras hojas serian nuestras manos. En un
hospital y con tus manos tocar a un enfermo, permitir que tu mano sea la extensión
de la mano de Jesús y a través de ese toque el enfermo reciba sanidad, a través de tus hojas. Y que te sientes ahí con
el necesitado o que dispongas de tiempo para ir al desierto a donde él está
sufriendo, desesperado, angustiado y que le dediques
tiempo a esa persona, y esa persona empiece a comer de tu fruto, empiece a
comer de ti. Pero muchas veces no queremos ir, muchas veces no queremos salir,
porque es más bonito estar en la presencia de Dios todo el tiempo, ¿no?
¿Quién quiere ir al exterior? ¿Quién quiere hablarle al teporocho? ¿Quién quiere hablarle a un drogadito? ¿Quién quiere
hablarle a una prostituta? ¿Quién quiere ir a la cárcel y hablarle a un fulano
que está ahí refundido porque mató quién sabe a cuántas personas? ¿Quién quiere
hacer eso?
Por nuestra voluntad nadie lo decide y quizás nadie se encuentra
listo para hacerlo, pero si Dios te habla hoy y te hiciera la pregunta: ¿hijo,
has visto hijo de hombre? ¿Estarás dispuesto? ¿A qué Dios? A dar el salto,
aventarte el clavado. Es por fe, porque solamente nadando. –Este, este, ¿listo,
listo? No. –¡No! Te estoy preguntando si estás dispuesto
a hablarle a un niño de la calle, a visitar una cárcel, a ir a un asilo de
ancianos, a salir a evangelizar a un parque. No te pregunto si estás listo,
¡estás dispuesto! –¿A qué Dios? –A que te dé la patada
y te empuje a experimentar esa presión divina.
Quiero ponerte un último ejemplo: yo tuve un profesor que quise
mucho, uno que fue de Biología. Un día nos estaba explicando de dónde viene
el diamante, y dijo: el diamante es nada más que un pedazo de carbón que ha
resistido una presión exorbitante. Y le dije: a ver, explíquenos eso profesor.
Imagínate un bosque precioso que de repente por la sequía se incendia un árbol,
después el fuego se pasa a todos los demás
árboles y aquello cunde de tal forma que se hace un incendio forestal. Se
incendia todo un bosque, ¿ya lo visualizas? Le dije: ¡sí Profesor! Ok, todos
esos troncos se carbonizaron y con el paso del tiempo empiezan a tronar esos
árboles, porque empieza la lluvia a ejercer erosión, en lo que un día fue
un bosque hermoso y los vientos, hasta finalmente esos árboles se empiezan
a pudrir, se empiezan a caer las maderas calcinadas.
Y con el paso del tiempo por la misma erosión de los vientos,
de las lluvias, se abren grietas y empiezan a sepultarse esos árboles; pasa
cientos y cientos de años, miles de años, y aquel bosque y aquella madera
que era sepultada, y entonces ya tiene una capa y encima de la capa otra capa,
y otra capa, y es tanta la presión de la tierra, que llega un momento en que
por la tremenda presión, el carbón se cristaliza. Y le dije: ¿de veras profesor,
de ahí viene el diamante? Es un pedazo de carbón cristalizado bajo tremenda
presión, ¡qué increíble, no!
Vamos a hacer una oración, tú y yo somos como ese profeta Ezequiel,
estamos dentro de la casa de Dios disfrutando el ambiente, gozándonos en la
alabanza, en la adoración, estamos perdidos en su presencia, de repente nos
acordamos de un viejo amigo, qué habrá sido de él. Me dijeron que se casó
y que se divorció, me dijeron que perdió su negocio, me dijeron que un hijo
suyo se mató en un accidente, me dijeron que está en la banca rota. Me enteré
por ahí que debido a que tantas penas por las que ha pasado, recurrió al alcohol
y se ha vuelto un vicioso; ojalá Dios lo alcance algún día.
Amado, amado, ve y búscalo ¡qué!, ve y búscalo. ¿Cómo? Permite
que Dios te empuje, que te saque de la casa, de tu burbuja de cristianismo
que has vivido por años en donde dices gloria a Dios, amén y aleluya, ya soy
salvo yo y mi casa. Permite que haga lo que hizo con Ezequiel en el verso
1, por donde empezó nuestra enseñanza, permite que te lleve a la entrada,
que te saque por la puerta. Que te lleve por el camino exterior, no muy lejos
de aquí, la Romero Rubio, la Guerrero, la Bondojo,
Tepito. Cinturones de miseria que hay en toda esta ciudad. Jóvenes que se
pierden en la drogadicción, en la prostitución, permite que te saque por el
camino exterior, que te empuje medio kilómetro y que te comprometas a ganar
almas, porque el que gana almas es sabio y que te siga empujando a que ya
sea tal la presión y te siga subiendo el nivel de compromiso de las rodillas
hasta la cintura, y ya no resistas más; hasta que de repente escuches su voz
y te diga: ¿has visto Miguel la necesidad?
¿Has visto cómo ha incrementado el índice de suicidios, hasta
de niños? ¿Has visto hijo del hombre tanto sufrimiento, tanta gente que no
encuentra el camino a Dios? Y aquello se había convertido en un río que llevaba
tal fuerza, era muchedumbres y la única manera en que tú y yo podemos llevar
a cabo la obra de Dios es por fe. Aprende a nadar y aviéntate el clavado.
Él está ahí esperándote, ahí está su tendedero de redes. Te va a dar una red
para que tú eches esa red y alcances esas almas, esos peces, esa multitud
de peces, que menciona ese versículo 8, multitud de peces. Con redes de amor
los atrae Dios a su presencia. ¿Quieres ser un pescador? No está buscando
capacidades, está buscando disponibilidad, ¿quieres que te empuje? Resiste
esa presión, aguanta esa presión de Dios, has aguantado tantas cosas ya humanas,
aguanta esa presión divina; él te está empujando hacer cosas mayores este
año.
Él te está empujando aun más allá, está extendiéndote, está
presionándote de tal forma que tú puedas ver más allá de las cuatro paredes,
que puedas ver las muchedumbres, los pueblos, las naciones y toda alma que
nadare por este río vivirá.
Señor gracias por está congregación, gracias Señor por hacerlos
pescadores, gracias Señor por enseñarles a nadar, gracias por llevarlos a
la ribera, para que esa aguas puedan tocar esos árboles y que esos árboles
madurarán a su tiempo y darán fruto, y gracias porque de nosotros comerá la
gente y nuestras manos servirán para medicina, gracias porque mi mano es una
extensión de la tuya Señor.
Hay tanto enfermo que yo necesito tocar, llévanos varón, llévanos
más allá te lo que pedimos o entendemos, empújanos Dios a salir a los pueblos,
a las rancherías. Jesús tú eres ese varón, está aquí en medio de nosotros,
Jesús paséate en medio de nosotros, saca tu cordel y mide el grado de compromiso,
asía a donde tú me quieres involucrar. Quiero más de ti Señor, dame más de
ti, úsanos.
Dile: Dios, como Isaías te dijo: heme aquí úsame a mí. Levanta
tus manos y dile: úsame a mí, y por alguna razón o casualidad, tú entraste
aquí a este lugar y no conoces a Jesús,
alguien te invitó, permite que este pescador extienda su red hacia a ti, para
que tú conozcas a Jesús, para que tú entres al reino de los cielos. La puerta
de entrada se llama arrepentimiento, si ya estás aquí, lo único que necesitas
hacer es decirle a Jesús, Jesús aquí estoy, lava mi corazón, perdóname de
todo mi pecado y sálvame. Y el alma
que nadare por estás aguas, recibirá
sanidad y vivirá. Esa es una vida eterna y si hoy, tú tomas esa decisión,
tu vida cambiara. Lo único que necesitas es clamar a él y decirle: Señor sálvame,
sálvame.
Y si hay algún enfermo, si hay alguien que esté nadando en
este torrente y a lo mejor ya no siente la fuerza para seguir nadando por
alguna situación física, quiero que tú que tienes a tu hermano ahí a lado
extiendas tu mano sobre de él y que hoja sea para sanidad, para medicina,
tócalo, toca a tu hermano extiende tu mano sobre él, tú no sabes por las que
él esta atravesando. Posiblemente esté luchando con algún padecimiento, que
tu mano sea para medicina y que coma hoy de ti, haz una pequeña oración a
su favor, que coma del fruto de tus labios, que te oiga interceder por ti.
Extiende tu mano y oremos unos por los otros, que tu hoja sea para medicina,
que tu mano trayendo sanidad.
Dios mi mano sea una extensión de la tuya, sanando los enfermos,
liberando a los cautivos y sácanos por el camino exterior, con el vecino,
el amigo, conocido y que podamos Señor hablarles de ti. Que está congregación
sea un semillero aun a las naciones. Que por fe naden por muchas aguas Señor,
que tu río los conduzca los lleve hacia el Arabá,
hacia los lugares: desérticos, los desolados, donde hay gente confundida,
necesitada. Hay un Arabá impresionante aquí en el
Distrito Federal, hay unos desiertos impenetrables a donde tú nos quieres
llevar Señor. Las aguas descenderán al Arabá, llévanos,
llévanos Señor, llévanos condúcenos en el río tuyo Señor, llévanos, llévanos
Señor aun a otras naciones, en el nombre de Jesús.
Llámale a esa persona, escribirle, buscarlo ahí en el exterior, en donde él está y poderle llevar de nuevo conmigo en la entrada, para que te conozcan a ti, Señor Jesús, el Todopoderoso el gran yo soy, así sea, gracias Señor, gracias.