INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

IRREVOCABLES SON LOS DONES

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Romanos 11:29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

 

Hace una semana veíamos que la Escritura dice que Dios nos dio diversos dones que cada uno de nosotros recibimos; primeramente dones naturales cuando nosotros nacimos y muchos de estos dones los hemos ido desarrollando; sabemos que tenemos varios dones, pero bueno, estábamos hablando de que mínimo cada uno de nosotros tiene un don, un don natural por lo cual nosotros lo tenemos que poner por obra.

 

Cuando nosotros venimos a nuestro Señor Jesucristo, cuando nosotros le recibimos, cuando le aceptamos en nuestro corazón y le decimos: sí Señor, ven a mí, ven a mi interior, yo quiero ser tu hijo, yo me arrepiento de todos mis pecados, quiero que mores en mí, es un momento en el cual Cristo Jesús viene a nuestro interior por un acto de fe, y dice la Escritura que también cuando nosotros nos bautizamos, cuando salimos de las aguas, no solamente hemos nacido del agua, sino que también nacemos del Espíritu, es decir, el Espíritu Santo desciende de lo alto y se fusiona a nuestro espíritu, para que nosotros caminemos a partir de ese momento guiados por el Espíritu de Dios.

 

Viene la plenitud del Espíritu Santo, viene la presencia de Dios a nuestra vida; no viene mutilado, no viene una parte, no vienen unas cosas y otras no, viene la totalidad del Espíritu Santo; y entonces se cumple la Palabra que dice que nosotros naceremos también del espíritu del Espíritu de Dios, este es un acto milagroso de parte de Dios; es un milagro que ocurre porque el Espíritu de Dios en nuestro espíritu se fusiona, y dice la Palabra que el día que venga nuestro Señor Jesucristo por nosotros, él se tomará a sí mismo en nosotros. ¿Qué significa que se tomará a sí mismo? Que él se tomará en cada uno de nosotros en donde esté en cada cristiano, en cada persona que le haya recibido, que lo tenga y se unirá e iremos al cielo de ahí nos vamos con Jesús a la presencia del Padre.

 

Y esto es maravilloso, va a ser esto como un imán, él mismo se va a atraer, él mismo se va a tomar y a sí mismo se tomará de cada uno de nosotros, gloria a Dios, esto a mí me agrada mucho, porque a mí me da mucha tranquilidad, a mí me da confianza, de saber que Dios está en mí, se va a tomar a sí mismo y por lo tanto me van a llevar. Esto es algo tan especial que a mí me llena de gozo cuando lo pienso.

 

Y dice la Escritura que cuando nosotros recibimos el Espíritu Santo, al recibirlo en su plenitud, por supuesto que entonces nosotros recibimos  también algo que trae el Espíritu Santo que se llaman dones, dones espirituales y los dones espirituales nosotros los empezamos a ejercer.

 

Vimos que los dones que Dios nos dio nosotros los tenemos que poner a trabajar, ¿por qué? Porque dice la Palabra, analizamos varias Escrituras, como en el evangelio de Mateo, en el evangelio de Lucas donde estábamos viendo precisamente en relación a la parábola de los talentos, en Lucas la parábola de las minas, cómo viene un señor y les da talentos en un caso y minas en otro para que las trabajen. Pero hubo alguna persona que no quiso trabajar nada, le dieron una mina, en otro caso un talento y al no ponerlo a trabajar, cuando viene el señor, pues le dice: ¿qué pasó, qué hiciste? Dijo: yo no hice nada, guarde el talento, guarde la  mina y aquí está, te la entrego. Y entonces el señor lo echa de su presencia, y dice que al que no trabaja, lo que tiene, aun se le quitara, y se le dará a quien sí lo trabaja.

 

Por lo tanto, nosotros podemos advertir que tenemos que ejercer los dones, los talentos que el Señor nos ha dado, los tenemos que poner a trabajar, y que un día Dios nos va a pedir cuentas de ello; eso podríamos decir que es el resumen de lo que vimos hace ocho días. Un día vendrá Cristo Jesús, vendrá el Señor y dirá: ¿qué hiciste con lo que yo te di, con lo que yo puse a trabajar en ti? Y no podemos decirle: pues, no hice nada, no los trabaje, anduve muy afanado en otras cosas, estuve preocupado en otras cosas, o vi mis propios intereses personales, entonces no hice lo que tú me pediste, nunca trabaje lo que debía haber trabajado, porque bueno, pues, vemos que nos va a ocurrir como a la higuera estéril por no haber dado fruto, por ser estéril, el Señor la cortó. Son cosas que nosotros debemos pensar.

 

Yo creo que esta semana, en algunos momentos, por lo menos tú meditaste en relación a esto, en relación a lo que el Señor quiere de tu vida, yo creo que también tú viste qué es lo que el Señor dio a tu vida como dones naturales. Un don, no dije más para que no nos metamos en problemas, un solo don, un don natural para ponerlo a trabajar, un don espiritual para ponerlo a trabajar.

 

Pero ¿qué es lo que sucedería si yo no quiero trabajar los dones, si yo no quiero trabajar los talentos que Dios me ha dado, ni los naturales ni los espirituales? ¿Qué pasaría si yo le digo al Señor? Oye Señor, a mí no me interesan los dones que tú me has dado, a mí no me importan, por lo tanto yo no los quiero trabajar; es más, yo te los quiero regresar. Muchas ocasiones nuestras actitudes nos muestran esto.

 

Una ocasión vino una persona y me dijo: yo hace tiempo recibí un don espiritual, yo recibí de parte de Dios dones, pero yo ya no los quiero, y vengo a entregárselos. Yo le dije: bueno, tenemos un problema muy serio, porque, como lo acabas de decir, Dios te dio dones espirituales, no yo, y como Dios te los dio, pues yo no sé cómo le puedas hacer tú, pero agarra esos dones y a ver de qué manera tú se los puedes regresar a Dios. Yo no sé, no lo imagino, no sé cómo una persona, como decimos, en su sano juicio, pueda decirle a Dios, al Altísimo, al Creador, al Único al Verdadero: no me interesa lo que tú me has dado. No se me hace algo congruente, ¡no! Yo creo que a un semejante le podemos decir: no quiero esto, no me interesa; no quiero trabajar en esto; no me interesa esto que me estás proponiendo. Creo que lo podemos hacer.

 

Creo que aun en nuestro hogar hemos sido rebeldes, ha habido momentos de rebeldía como hijos, no quiero hablar de adultos, pero como hijos hemos sido rebeldes a nuestros padres y lo que ellos nos han dicho que hagamos muchas ocasiones nosotros lo hemos cuestionado, hemos chocado, hemos sido rebeldes, desobedientes y no lo hemos hecho.

 

Yo recuerdo mi juventud, fue muy terrible, yo no estaba en Cristo, y en mí había demasiada rebeldía y lo único que a mí me interesaba era salirme, yo nada más veía la oportunidad y me salía de la casa desde temprano; otras ocasiones comía y me iba, y regresaba ya muy noche, ¿dónde andaba, qué hacia, yo nunca daba cuentas de nada? Tenía muchos problemas con mis padres y todo lo que ellos me pedían que yo tenía que hacer, yo no lo hacía. Hubo cosas, como tenemos todos los hijos en casa, que nos ponen responsabilidades, yo no las hacia y había siempre enfrentamiento, pero a nivel humano digo: finalmente, pasa.

 

Pero venir con Dios y decirle: ¡no quiero el don que tú me das! Como que siento que es algo demasiado agresivo, como que siento que es algo que ni siquiera debería pasar por nuestra mente, y lo grave es que sí pasa, y pasa de otras formas muy disfrazadas.

 

Romanos 11:29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

 

Yo puedo advertir que los dones y el llamamiento son irrevocables, irrevocables, es decir, no se pueden revocar, o sea, no se pueden quitar y eso de que no se pueden quitar, yo lo puedo interpretar en dos sentidos:

 

Primero.- Que el privilegio que a mí Dios me ha dado al darme dones y al llamarme para su servicio, para su obra, nunca me lo quitara. Yo puedo tener esa seguridad, yo puedo tener esa certeza, siempre voy a tener el don y el llamamiento de Dios, siempre, él no lo va a quitar. El día de mañana no va a decir: ¿sabes qué? Siempre no. No, siempre va a estar, es irrevocable, no se puede revocar, él no lo va a revocar. Él es fiel, para cumplir con su Palabra.

 

Segundo.- Yo no puedo renunciar a los dones y al llamado de Dios, yo no puedo renunciar a ellos, yo no los puedo revocar, yo no le puedo decir al Señor que ya no me interesan. Yo estoy obligado con Dios a cumplir con lo que él me ha dado, yo no puedo venir y decirle: Señor ya no me interesa lo que tú me diste, no me interesan tus dones, no me interesa tú llamamiento, así que, yo te lo regreso, ¡no! no es posible. Cuando alguno de nosotros venimos y le decimos al pastor o alguno de los líderes, ¿sabes qué? Yo ya no quiero trabajar en el ministerio de los niños, o yo ya no quiero hacer esto para la iglesia, yo ya no quiero evangelizar, yo ya no quiero visitar, yo ya no quiero enseñar, yo ya no quiero hacer esto, le estamos diciendo al Señor: ¿sabes? No me interesa tu llamamiento, no me interesan tus dones, por lo tanto yo te los regreso.

 

Y tal vez no sabemos que Dios mismo dice que es irrevocable; como dicen en el mundo: lo caído, caído, ¡créemelo! Y si ya te cayó un don, lo cual es seguro que tú tienes, tanto natural como espiritual, por lo menos uno, eso ya cayó y no se quita, y lo que tienes que hacer como veíamos, es trabajarlo. Y lejos de pensar en que yo puedo renunciar o que yo puedo revocar los dones y el llamamiento, lo que tengo que hacer es el uso correcto, el uso adecuado sobre todas las cosas que me han sido dadas: dones, talentos y llamamiento.

        

1 Pedro 4:10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

 

Lo que Dios nos ha dado, lo primero que dice la Escritura aquí en este versículo, es que nosotros lo tenemos que poner al servicio de los demás. Lo que yo recibí de parte de Dios como un don, no es para mi propio servicio, no, no es para mi propio crecimiento, ni para mi propio deleite ni para nada en lo personal, es para ponerlo al servicio de los demás, dice la Escritura, y lo que yo voy a poner al servicio de los demás, yo lo tengo que administrar, administrarlo de acuerdo a la voluntad  de Dios.

 

¿Cuál es la voluntad de Dios? De acuerdo a su gracia, no puede ser de acuerdo a mi voluntad, de acuerdo a mis intereses, de acuerdo a mis deseos, de acuerdo a lo que yo pienso, a mi experiencia, ¡no! tiene que ser de acuerdo a la voluntad de Dios, como él ve las cosas, así lo tengo que entender y por lo tanto, yo tengo esto, me compromete con Dios para profundizar en todo y buscar la forma en que Dios quiere que yo manifieste su don, ¡no hay más!

 

Yo tengo que venir con el Señor y decirle: Dios, tú me diste algo y tú quieres que yo lo ejerza, que yo lo trabaje, ¿de qué manera, cuál es tu propósito, cuál es tu voluntad? Para que yo lo haga de la manera en que tú quieres, no en la manera en que yo puedo o yo quiero; sino de acuerdo a como tú lo estableces.

 

Dice el apóstol Pedro que seamos buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. ¿Qué es administrar? Hacer uso correcto de un bien. Es común que nosotros escuchemos que existen crisis económicas, que existen problemas económicos porque no hay una buena administración, y no me refiero a una empresa, me refiero aun en los hogares; en nuestros hogares muchas ocasiones nosotros no nos administramos como es debido y llevamos a la crisis a nuestro hogar y estamos con problemas económicos porque no hacemos un uso correcto de los bienes económicos y tenemos problemas constantes.

 

Cuántos de nosotros pasamos por conflictos económicos porque no nos administramos, porque no supimos cómo hacerlo, porque nos descuidamos, porque empezamos a gastar de una manera indebida. Normalmente culpamos a los jóvenes, es bien fácil culpar a los adolescentes, ¡ah, es que no tiene control! No sabes lo que gasta simplemente pide dinero, y pide y cree que yo soy el banco. Y van al banco y piden dinero y les dice: ¿qué crees que soy tu papá? La gente no lo ubica, la gente no sabe hacer uso correcto de los recursos, pocos saben hacer un uso correcto de los recursos. Pocos saben administrarse bien.

 

Analiza tu propia vida, ¿cómo administras tu dinero, cómo lo gastas, lo gastas correctamente o no? De la misma manera que el dinero son los demás bienes, no sabemos administrar los bienes. Y nosotros tenemos que buscar, la mejor manera de administrar, porque Dios nos va a pedir cuentas.

 

Dice el apóstol Pedro: la multiforme gracia de Dios. Yo tengo que ser un buen administrador de la multiforme gracia de Dios. ¿Cuál es la multiforme gracia? Son las formas variadas que Dios tiene de bendición. Dios no es un Dios que esté cerrado para dar la bendición de una sola forma, ¡no! Dios tiene muchas formas para bendecidnos, y a cada uno de nosotros nos puede bendecir de una manera diferente y a toda la humanidad; Dios es tan creativo y tiene tantas formas para bendecir, que él puede bendecir a cada uno de un modo distinto.

 

Cada uno de nosotros somos algo bien particular y especial para el corazón de Dios, por lo tanto, dentro de su gran gracia hay una forma especial, para cada uno de nosotros, y el apóstol Pedro dice: tienes que aprender a administrar, hacer el uso correcto, adecuado de los dones, de los talentos, conforme la voluntad de Dios y conforme a esa gran variedad que él tiene. Hay una variedad inmensa, no podemos nosotros cerrarnos y decir: es que solamente Dios nos puede bendecir de este modo, no, hay una gran variedad. Y Dios nos bendice de muchas formas, y entonces dice el Señor: tienes que aprender a administrar, administrar los bienes de Dios, los talentos que Dios te ha dado, los dones que Dios te ha dado.

 

Existe mucha gente que cree que tienen el derecho de usar sus aptitudes de la mejor manera, como más les conviene a ellos, hay otros que consideran que no tienen aptitudes. Y normalmente nos encontramos a estos dos tipos de personas, gente que dice: lo que yo sé, lo que yo hago, lo pongo a mí servicio, de la manera que yo quiero, o lo voy a poner al servicio de la iglesia, de la forma en que yo quiero. Y hay quien dice: pastor es que yo no sé hacer nada, no sé hacer nada, por lo tanto, no hago nada; y son dos clases de personas, que las dos están equivocadas.

 

Pedro nos dice que hemos recibido dones, que todos tenemos dones, que todos tenemos la posibilidad de administrarnos y que todos los debemos administrar de una manera correcta, que todos los tenemos que poner en practica, por lo tanto, ve pensando de qué manera vas a poner en práctica el don natural y el don espiritual que Dios te ha dado a ti, no hay más, ve pensando. Porque si tú estás pensando que el día de mañana tú vas a llegar al cielo y vas a llegar a no hacer nada por la eternidad, estás equivocado. Si tú estás pensando de acuerdo a la imagen religiosa que vas a llegar a tomar un arpa, y vas ahí a cantar, estás equivocado ¡No es así! Es como el concepto equivocado de que la gente dice: para qué peco Adán, si Adán no hubiera pecado ahorita nosotros no tendríamos trabajo. ¡No! Adán trabajaba, Adán tenía trabajo, Adán tenía que sembrar, tenía que cosechar, Adán tenia trabajo ahí en donde él estaba. Como las mujeres que dicen: por el pecado de Eva ahora nosotras tenemos que sufrir dolores de parto. ¡No! la Palabra dice: por tu pecado se van a aumentar los dolores, aumentar, es decir, ya los había, ya existían.

 

Si tú estás pensando que vas a llegar a vivir a la eternidad y no hacer nada, perdón, te equivocaste de Dios, porque el Dios que tenemos es un Dios bien creativo, y un Dios que dice nuestro Señor Jesucristo que todos los días trabaja. Dice: todos los días trabaja mi Padre, aun hasta hora está trabajando. Entonces Dios no quiere perezosos, no quiere flojos y no va a permitir que el ombligo se te haga grandote, ¡no, créeme!, en verdad, ¡vas a trabajar! Pero las cosas aquí, tenemos que empezar a ponerlas en práctica según la voluntad de Dios, no hay de otra.

 

1Corintios 4:1-2 Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.

 

Y ve lo primero que el apóstol Pablo está ubicando, que los que están a nuestro alrededor, nos tienen que ver a nosotros como servidores de nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que cualquier persona que esté a tu alrededor debe ubicar en ti. Ah, tú eres cristiano, eso significa una cosa, eres servidor de Cristo, y al ser servidor de Cristo, significa que eres servidor de los que están a tu alrededor, porque nuestro Señor Jesucristo no vino, dice su Palabra, a ser servido, sino a servir a los demás, a dar su vida por los demás, a eso vino Jesús.

 

Por eso nuestro Señor dijo: el que de ustedes se sienta mayor va a ser el menor y va a ser el que sirva. Porque los discípulos estaban discutiendo, fíjate que curiosos somos, nuestro Señor Jesucristo les anuncia que él va a morir, que su tiempo está cercano, que un día su vida va a ser tomada, va a ser entregada, que va a ser muerto; entonces los discípulos se preocupan mucho. Señor cómo es posible que te vas a morir, que barbaridad; y la mente trabaja, entonces entre ellos dicen: y ahora quién va a ser el jefe, o sea, en lugar de decir: no Señor, no te mueras, nosotros te vamos a proteger, tenemos que hacer algo, vamos, no, les preocupa quién de ellos se va a quedar al frente del grupo. Que impresionante, cómo es la condición humana.

 

Y cuando nuestro Señor Jesucristo los escucha les dice: espérense, aquí no se estén peleando de que quién va a ser mayor, quién va a ser el jefe de ustedes, ¡no! porque yo me puedo imaginar a un Pedro discutiendo: es que a mí me corresponde porque yo llegué primero. Y yo me imagino a un Jacobo, a un Juan, los hijos de Boanerges que tenían un carácter tremendo, que eran como hijos del trueno, ya me imagino a ellos diciendo: sí, pero te falta carácter, nosotros sí tenemos el carácter para controlar a las multitudes. Y me imagino a un Judas diciendo: ¡momento, pero ustedes no saben, yo soy el que administra!, yo tengo que administrar los bienes económicos, por eso soy el tesorero, para que todas las cosas yo las haga bien, o sea, yo soy la cabeza, soy el pensante.

 

Y me imagino a un Mateo, ¡no sean ignorantes! ¡Cómo creen esto! Yo soy el que tiene capacidad, yo soy el instruido, yo soy el que tiene que hacer las cosas, yo soy el que debe ser el jefe, yo soy el carismático de aquí de ustedes. Me imagino discutiendo, como discutimos nosotros en un momento determinado, quién va a ocupar algo en la iglesia. Cómo nos peleamos luego por algunas posiciones, aun en la iglesia, y queremos hacer ínsulas de poder ¡cuidado!, debemos tener mucho cuidado, ése no es el propósito del Señor, y nuestro Señor Jesucristo le dijo: sí, ¿sabes qué? El que anda conmigo no le van a servir, es servidor.

 

Y aquí el apóstol Pablo les recuerda, nosotros somos servidores de Cristo y a donde los mande Cristo, vamos a trabajar y lo que nos diga el Señor nosotros vamos a hacer, tenemos pues que trabajar y la gente que está a nuestro alrededor nos debe reconocer, ¿por qué? Porque somos servidores. No somos el cara bonita, no somos los que van a impactar a los demás con una sonrisa, ¡no!, somos los que tienen que trabajar. Pero, cómo tengo yo que trabajar, yo trabajo toda la semana. También en la iglesia tienes que trabajar, ¡perdóname!, no hay de otra, lo dice la Escritura, tenemos que trabajar. Tenemos un Dios que trabaja, trabaja siempre, no, nos queda otra, ¡vamos a trabajar! Y tenemos que trabajar y la gente nos tiene que reconocer.

 

Y dice el apóstol Pablo que los hombres nos tengan por servidores de Cristo, pero además nos dice como otra cosa, como administradores de los misterios de Dios. Es decir, esto de los misterios no se está refiriendo como nos lo han enseñado, cuando nos  enseñaron en alguna religión, hace años. ¿Y cómo es eso de que Dios es omnipotente? Es un misterio. Ah, bueno. ¿Y cómo que es omnisciente? Omnisciente, es otro misterio. ¿Y cómo sucede esto? Es un misterio. Todo esta rodeado de misterio, todo es un misterio. ¿Y dónde está Dios? Es un misterio. ¿Y cómo va a venir? Es otro misterio. ¿Quién se va a ir a la presencia de Dios a vivir por la eternidad? Es un misterio; y todo es misterio, no se está refiriendo aquí a este misterio, se  está refiriendo a los dones, a los ministerios, a todo lo que procede de Dios.

 

La gente debe de reconocernos primero por trabajadores y segundo por administradores, que las cosas las hacemos correctamente delante de Dios y delante de los hombres. Nosotros tenemos una doble responsabilidad, primera, con Dios; segunda, con los hombres. Esa es nuestra responsabilidad.

 

Y al igual que el apóstol Pedro dice, y ahora bien, se requiere que tú administrador seas hallado fiel, fiel. Tenemos que hacer la voluntad de Dios, tenemos que ser hallados fieles en la administración.

 

Dones, ministerios y operaciones, no nos pertenecen y por lo tanto, tenemos que dar cuenta de ellos, y tenemos que dar cuentas como personas fieles, que hicieron lo que debieron haber hecho, sencillo. No te pertenecen los dones, no te pertenecen los ministerios y no te pertenecen las operaciones, son de Dios.

         

1 Corintios 12:4-6 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. 5Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

 

Nosotros podemos encontrar aquí, resumido, todo lo que son dones, ministerios y operaciones. Todo lo que procede del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los dones del Espíritu Santo dice la Palabra del Señor aquí en 1 Corintios 12, cómo son, cómo se mueven y cuáles son, dice, estos son los dones y los dones le pertenecen al Espíritu Santo. Yo no puedo decir que a mí me pertenece un don espiritual. Muchas ocasiones, hay gente que dice: ¿y tú qué don tienes? ¿Qué don del Espíritu Santo? Ah, bueno, yo tengo el don de lenguas, yo tengo el don de sanidades y tengo el don de profecía. Ah que maravilloso, ¿es tuyo, tú lo tienes? No, no lo tienes, es de Dios y Dios se manifiesta.

 

El Espíritu Santo se manifiesta a través de ti, no eres tú el que sana, cuando oras por un enfermo tú no dices en mi nombre yo te sano, ésa sería una aberración, una barbaridad; la persona hasta se enferma más. Tú dices en mi nombre yo te curo, y le va a dar un infarto; en serio, son dones del Espíritu Santo y el Espíritu Santo es el que actúa. El Espíritu Santo se manifiesta con poder, por lo tanto no es mi don, son los dones del Espíritu de Dios y él sabe cómo se manifiestan, cuándo, con qué frecuencia, de qué manera, o sea, él lo sabe. Nosotros solamente tenemos que ser un instrumento idóneo para que él se manifieste y tenemos que hacer lo que sea necesario, y si hay necesidad de que el Señor se manifieste en mí a través del don de sanidad, pues yo voy y busco la forma.

 

Dicen que había un hermano que cuando fue bautizado en el Espíritu Santo el Señor le reveló y le dijo: te voy a usar en el don de sanidad, me voy a manifestar a través de ti para sanar a los enfermos. Yo no sé, si este hermano dijo gloria a Dios y salió de esa reunión todo emocionado, todo feliz y dijo: ahora qué hago, qué hago, ¿qué puedo hacer para ejercer esto que el Señor va a hacer en mi vida? Iba caminando para su casa, dijo: ya sé, ya sé qué voy a hacer. Y se fue a una farmacia, y a cada persona que llegaba y que compraba una medicina, le decía: soy cristiano, ¿no gusta que ore por su enfermo? ¡Sí! Y entonces los acompañaba a su casa, y oraba por los enfermos, y se regresaba a su base (ahí a la farmacia), y así ejercitaba el don.

 

Muchas ocasiones cuando sabemos que el Señor nos usa para el don de sanidad estamos esperando aquí sentados en la iglesia, muy sonrientes, a ver quién viene y nos dice: por favor ora por mí, por sanidad. Nadie lo va a hacer, nosotros necesitamos trabajarlo, y dice la Escritura que todos los dones son del Espíritu Santo, no son de mi propiedad, por lo tanto los dones que yo tengo no me pertenecen.

 

Dice que existen ministerios, ¿de quién son los ministerios? Del Señor Jesús. Efesios 4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.

 

Dice que los ministerios son de Dios, son de Jesús, a él le pertenecen: el evangelismo, apostolado, pastorado, enseñanza y profecía, son los ministerios de la iglesia, son los ministerios de Jesús, ¿de quién son, a mí me pertenecen? ¡No!, son de Jesús, nos va a usar para que nosotros los trabajemos, para que nosotros funcionemos en estos ministerios, para que la Iglesia se fortalezca, para que la Iglesia crezca, para que la Iglesia se afirme conforme el propósito de Dios. Pero no me pertenecen, yo no puedo decir: es que a mí me pertenece el ministerio del pastorado, es mío y de nadie más y yo no lo suelto. ¡No! yo lo tengo que ejercer, yo lo tengo que trabajar mientras el Señor me de la posibilidad de hacerlo. Y tengo que buscar de acuerdo al propósito de Dios, no es mío.

 

Los dones y los ministerios no nos pertenecen, y muchas ocasiones nosotros nos queremos casar con los ministerios. Hermano, vas a ser consejero, el Señor nos ha mostrado, necesitamos que tú nos ayudes. Pero resulta que el hermano no funcionó, no porque Dios se equivocó, Dios no se equivoca, luego nosotros no hacemos lo que debemos hacer, Dios toma las decisiones correctas, adecuadas, qué es lo que sucede, nosotros nos equivocamos y luego echamos a perder las cosas, y entonces venimos de nuevo, le decimos al hermano: hermano ya no vas a ser consejero, y entonces se enoja contra nosotros. Ya me están quitando mi ministerio. A ver, perdón, no era tu ministerio, es el ministerio de la Iglesia, los ministerios le pertenecen al Señor y son de la Iglesia, no hay más, y los usa conforme y su voluntad, y somos como si fuéramos piezas de ajedrez que son movidas en la estrategia del Señor, no hay más, de ese modo tiene que ser.

 

Nadie es eterno en un ministerio; yo le funciono aquí a Dios en este lugar, gloria a Dios, él me va a permitir que siga. Yo le fallo, yo no hago lo que debo hacer, yo no empiezo a trabajar el ministerio, lo empiezo a descuidar, Dios me quita y pone a otro. El evangelismo, ah, el evangelista no está haciendo lo que tiene que hacer. Dios lo quita. ¿Qué es lo que pasó con el rey Saúl? Dios escogió a un hombre como rey de Israel, fue el primer rey. Y Dios dijo, le dijo a Samuel: ve y unge a Saúl, que será el rey de Israel. Y fue y lo ungió, fue rey sobre Israel, gloria a Dios, ¿Qué fue lo que hizo Saúl? Se equivocó, hizo las cosas mal, desobedeció al Señor, hizo lo indebido, y entonces Dios le dijo: ya no me sirves de rey, quítate. Ve y unge a David. No funcionas en un ministerio, con permiso, viene el Señor y dice: a otro.

 

Pero cuando nos conviene a nosotros en nuestra carne, entonces los ministerios son de Dios y cuando no nos conviene no son de Dios. Y cuando nos conviene el que nos pone es Dios y cuando nos conviene el que nos pone es el pastor. Tú le dices a un hermano: vas a funcionar en este ministerio, entonces el hermano dice: gloria a Dios, le doy gracias a Dios porque el Señor me puso en un ministerio. Y cuando vienes y le dices al hermano: hermano, ya no puedes estar en este ministerio, entonces dice: ese pastor ya me quitó. En verdad, siempre quedamos mal, la realidad es una, los ministerios son de Dios, no te pertenecen, tenemos que trabajarlos de acuerdo a la voluntad de Dios y busca quedarte en los ministerios, busca que el Señor no te deseche, que no te pase lo que a Saúl.

 

Versículo 6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Y ahora aquí ya está hablando el apóstol Pablo de Dios Padre; primero habló de los dones del Espíritu Santo, después habló de los ministerios de nuestro Señor Jesucristo y ahora habla de las operaciones del Padre. ¿Cuáles son las operaciones? todo aquello que hace que la Iglesia funcione correctamente, que hace que funcione bien, todos, incluyendo los servicios. Nosotros necesitamos las operaciones y ser guiados por Dios, para que los servicios de la Iglesia caminen correctamente, por lo tanto tampoco nos pertenecen. No nos pertenecen ni los dones espirituales, ni los ministerios, ni siquiera los servicios.

 

Pues para que funcione bien yo pongo las sillas. Pues gloria a Dios, estás haciendo lo que tienes que hacer, de acuerdo a lo que el Padre quiere que hagas, y sigue trabajando, si no te quita la chamba de acomodador de sillas. Y que tal si en la eternidad tu lugar ahí en la presencia de Dios iba a ser acomodar sillas, ¿ya no lo quieres hacer? Tienes un problema, en verdad.

 

Y la Palabra del Señor nos habla de que todas las cosas nosotros las tenemos que trabajar, pero que nada nos pertenece a nosotros, insisto, y quiero que nos quede bien claro: ni los dones, ni los ministerios, ni los servicios y operaciones, nos pertenecen, le pertenecen a Dios, son de la Iglesia, por lo tanto la Iglesia o Dios, está en la posibilidad de quitar y de poner conforme y su voluntad, de acuerdo a su propósito, no hay más. Si él considera que todo lo tenemos que trabajar de un determinado modo, tenemos que trabajarlo. Que cada uno de nosotros tiene que ejercer un don,  tenemos que hacer lo que Dios establece, no puede haber flojeras, no puede haber.

 

Hay gente que dice que es muy trabajadora, mi papá, mi papá tiene 89 años y él siempre ha sido un hombre muy trabajador, siempre; los domingos cuando yo no creía en Cristo, luego me levantaba muy tarde, almorzaba, me ponía a ver la televisión y luego le decía a mi papá: vente, ven a ver la televisión. Él ya estaba haciendo un hoyo, ahí taladrando, para poner un taquete y un clavito y colgar algo; ya estaba cambiando de lugar esto, ya estaba cambiando el otro, ya estaba pintando, que actividad la de él, que tremendo. Nosotros le decíamos: desde la mañana estás trabajando, ya vente a descansar. Y siempre su frase ha sido: no tengo porqué descansar ahorita, cuando yo me muera, ya descansaré. Siempre lo dice y siempre trabaja.

 

A él lo operaron de cáncer y a la semana estaba pintando la reja en la casa; que impresionante, a la hora que yo pasé por mi sobrina para traerla a la iglesia, lo veo a él con su bote de pintura pintando la reja, recién operado de cáncer, que impresión, tiene 89 años, gloria a Dios por él. Le doy gracias a Dios por su vida, pero él aun está pensando que va a haber un día que en el cual él va a descansar. Que ahorita tiene que aprovechar  el tiempo.

 

Y ahora que yo conozco la Palabra de Dios, yo sé que no va a haber un día en el cual vamos a descansar, en el cual nosotros vamos a vivir por la eternidad y no vamos a ir al cielo a descansar, y si tienes esa imagen de que ya acabe de mi trabajo aquí, nada más el Señor te va a cambiar de actividad, cuidado, no te hagas ilusiones falsas, no vas a ir acostarte a un reposet a la morada que Jesús preparó para estar ahí descansando por la eternidad, no va a ser así, vas a ir a trabajar, en verdad. Y si tú estás pensando ahorita, trabajar aquí, trabajar allá, ¡Sí! ¿Para eso voy a ir al cielo? ¡Sí! Vas a ir a trabajar ahí también.

 

Hay otra forma que puede haber para no trabajar por la eternidad, la cual yo no me atrevo a recomendártela, y es no ir al cielo; un lugar donde dice la Escritura habrá mucho fuego y se estarán quemando todo el tiempo quienes estén ahí, esos no van a tener tiempo de trabajar ni de hacer nada, nada más se van a quejar, dice la Escritura que su dolor nunca terminará, jamás terminará. No vayas a ese lugar, mejor piensa en trabajar. Y prepárate para trabajar, y empieza a trabajar para la obra, empieza a trabajar para Cristo.

 

Romanos 14:12  De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

 

Cuenta de sí, es decir, tú vas a dar cuenta de todo lo que tú has hecho, de todo lo que tú no has hecho, a Dios. De los dones, de los ministerios y de las operaciones, tú vas a dar cuenta a Dios, nadie lo va hacer por ti, ni tú lo vas hacer por nadie. Es algo bien personal, tú no podrás decir el día de mañana estando en la presencia de Dios cuando él te diga: ¿tú por qué no trabajaste en la Iglesia? Permite Señor, déjame hablarle a mi líder. ¡No! Que él te explique. ¡No! tú tienes que dar cuentas de ti mismo ese día, no hay más, y si tú no quieres trabajar, yo te recomiendo una cosa, empieza a pensar que le vas a decir al Señor, empieza a encontrar un buen argumento para que tú le digas ese día al Señor, no trabajé por esta razón; piénsala y si no encuentras una buena razón, entones mejor ponte a trabajar para la Iglesia, pon a trabajar el don que Dios te ha dado, porque ese don es irrevocable, dice la Palabra, no puede ser revocado, no lo va a hacer a un lado el Señor, te va a pedir cuentas de él.

 

Porque tal vez yo todavía esté pensando que no debo trabajar, tal vez no voy a hacer las cosas, como que no creo mucho esto de que nada más un don y que Dios me va a pedir cuentas. Vamos a mirarlo desde otra perspectiva.

 

1 Corintios 6:20  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

 

¿Cómo está esto? Mira, hubo un día que un hombre llamado Jesús, le dijo al Padre: me duele ver la condición de la humanidad, me duele ver a esa humanidad perdida sin salvación, sin futuro; me duele ver a esa humanidad que está alejada de Dios, sufro al verla y sufro mucho, me da dolor. Yo quisiera que esa humanidad estuviera aquí conmigo, junto a ti, que tuviera la posibilidad de sentarse aquí a tu diestra y estar a tu lado, y recibir bendición todo el tiempo. Y Dios le dijo: hay una forma, hay una forma de que esto se haga, ve a la tierra y muere en sacrificio, en holocausto, por toda la humanidad y esa humanidad que a ti, te reconozca. Que reconozca tu sacrificio y se arrepienta de sus pecados, y quiera vivir una vida de acuerdo a mi voluntad, entonces, esa humanidad va a vivir conmigo para siempre, va a ser salva.

 

¿Y cómo tengo que morir? Pues vas a morir de la manera más terrible que pueda existir, crucificado en una cruz; vas a llevar ahí el pecado de toda la humanidad, de todas las épocas, vas a sufrir terriblemente, va a ser el sufrimiento más grande que pueda existir para persona alguna, y además, no vas a tener mi consuelo. ¿Por qué? Vas a llevar el pecado de todos, yo en ese momento que estés en al cruz, en el  momento más difícil de tu vida, yo me voy a apartar de ti y te voy a dejar solo. ¿Por qué? Porque no puedo estar con el pecador. ¿Quieres ir?

 

¿Qué le hubieras dicho tú a Dios en el lugar de Jesús? Señor, ¿sabes qué? Yo mejor prefiero quedarme aquí a tu lado para siempre; para qué voy yo a pasar por todo esto. ¿Qué debiste haber dicho tú? ¿Tú que hubieras contestado? Pero ¿sí van a creer, sí van a cambiar, sí van a ser transformados, sí se van a convertir, sí van a hacer tu voluntad para que valga la pena? Pues no, muchos van a seguir exactamente igual, es más muchos no van a creer en ti y te van a ofender y te van a lastimar, van a hacer chistes de ti, va a ver cantidad de cosas. Pero tú decides, no hay otra forma, ésta es la forma. Bueno, pero entonces al menos los que digan que sí, ¿van a hacer lo que tú estableces, todos van a trabajar y todos van a hacer lo que deben hacer y va a crecer tu reino por la tierra? ¡No! y tú un día les dirás: de cierto os digo que la mies es mucha y los obreros pocos, y tú vas a rogar para que yo envíe trabajadores a los campos; piénsalo, ¿qué quieres hacer?

 

Y Jesús le dijo al Padre: “yo soy obediente a ti y yo amo a la humanidad, yo quiero que esté contigo, y yo voy a ir, y yo voy a descender, y no importa, voy a morir y voy hacer ese holocausto”. Y entonces el Señor descendió, y el Señor fue detenido, fue enjuiciado, fue golpeado, fue maltratado, fue ofendido, fue azotado, le pusieron una corona de espinas, dice el libro de Isaías que su rostro quedó desfigurado. Aun le escurrían, antes de todo esto, sudor como gotas de sangre. Imagínate que presión tan tremenda, en qué presión estaba el Señor, y terminamos nosotros la humanidad crucificando al Señor, ahí lo pusimos.

 

Que alto precio pagó Jesús por ti, pagó un precio como nadie lo ha pagado y como nadie lo pagará. Él dio su vida en esta forma por ti, su cuerpo fue destrozado, su sangre fue derramada por causa tuya, y por causa nuestra; ahí está el Señor, y dice el apóstol: tu vida tuvo un precio, un precio muy alto y lo pagó Jesús, ahora, tú le perteneces a Jesús. Tu cuerpo y tu espíritu le pertenecen a Jesús, él es el dueño de ti, y es el dueño, porque tú le dijiste sí Señor, yo quiero que seas mi Señor, yo quiero que seas mi salvador. El precio es éste, yo pagué un precio, dice Jesús, por ti, tú tienes que entregar tu vida, ése es el precio que tú tienes que pagar, entregarte a mí, ¿le entras? Y dijimos ¡sí! sí Señor, y yo te recibo, yo me arrepiento, y yo creo en ti, y yo quiero caminar conforme y tu propósito, y yo quiero cumplir con la primera ordenanza, con el primer paso de obediencia que pueda haber y me quiero bautizar.

 

Y nos bautizamos y recibimos el Espíritu Santo, por lo tanto sellamos un pacto con Dios, y ahora mi vida no me pertenece, ahora mi vida es de Dios, mi cuerpo es de Dios, mi espíritu es de Dios; en mi espíritu está su Espíritu Santo fusionado, no hay más. Si el Señor te dice: quiero que trabajes, quiero que ejerzas el don que yo te he dado. Lo tienes que hacer, no hay otra. Quiero que trabajes en los ministerios, quiero que te integres a un ministerio. Lo tienes que hacer. Quiero que trabajes en un servicio también. Lo tienes que hacer, no hay opciones, no es optativo, no es de si yo quiero o no quiero, es que mi cuerpo le pertenece a Dios. Pues no tengo tiempo para hacerlo. Haz el tiempo, no hay otra y haz el tiempo, porque si no el Señor lo va a hacer, el Señor es bien drástico, cuando él empieza a hacer tiempos y espacios, ¡cuidado!

 

No podemos tomar a la ligera lo que Dios nos ha dado, no podemos tomar a la ligera y decir: ah bueno, finalmente, sí yo entiendo que irrevocables son los dones y el llamamiento, pero, algún día. ¿Sabes? No es algún día, es algo que tú tienes que considerar, y que tú tienes que considerar para desarrollarte, para crecer en la voluntad de Dios. Éste es el precio que tenemos que pagar, seguir siendo de Cristo, es algo que tú tienes que considerar, y si tú consideras que hay otro camino mejor, que éste, estás en la plena libertad para buscarlo, pero nosotros sabemos que, el único camino, la verdad y la vida, solo la tiene Jesús, no hay más.

 

Irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. 

 

Vele pensando, qué vas a hacer para ejercitar el don que Dios te dio, para que le entregues cuentas a Dios de lo que él te ha dado.

 

Bendito Dios y Padre eterno, ciertamente Señor en tu presencia hay gozo, hay paz, hay bendición, hay bienestar, hay momentos especiales. Pero también en tu presencia hay compromiso, hay responsabilidad y tiene que haber conversión. Tú quieres una Iglesia viva, una Iglesia que se mueva conforme tu propósito, conforme y tu voluntad; una Iglesia sana, fuerte, sin parásitos. Una Iglesia que todos sus miembros estén vivos, no quieres Señor que ninguno de los miembros de tu cuerpo esté muerto y que aun contamine a los que están alrededor.

 

Tú deseas miembros que hagamos tu voluntad, que cumplamos tu propósito, mueve a este pueblo a ser conforme tú lo estableces; muévenos, que tu Espíritu Santo se manifieste con poder y hagamos lo que debemos hacer, para tu gloria, para tu honra y Señor. En el nombre de Jesús, gracias te doy, por este tiempo, bendito y alabado seas por la eternidad, amén.

 

Dios te Bendiga.