INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.
LA HIGUERA ESTERIL
José Antonio Cano Mirazo
Lucas 13:6-7
Dijo
también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y
vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7Y dijo al viñador:
He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo
hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?
A mí en lo personal este pasaje me parece algo muy impactante,
en términos normales cuando nosotros leemos el evangelio en cualquiera de
sus cuatro versiones, nosotros vemos cosas muy hermosas, y en términos generales
vemos aun cosas que tenemos que cambiar, que tenemos que modificar, oportunidades
que el Señor nos da. Vemos sobre todo manifestarse la misericordia de Dios,
vemos manifestarse su poder, sus milagros, sus sanidades, vemos cómo trae
liberación a quienes están cautivos, y son aspectos que a nosotros nos hacen
sentirnos seguros, sentirnos bien, sentirnos confiados de que tenemos un Dios
todo poderoso.
Pero cuando, a mí en lo personal me pasa, cuando encuentro
un pasaje aquí en el evangelio, donde está rodeado de tanta misericordia de
parte del Señor y habla con tal rigidez, habla de una manera tan estricta.
En éste caso dice que el que no dé fruto después de un tiempo de espera, córtalo.
A mí esto me hace meditar y me hace reflexionar mucho en cuanto a mi situación
personal.
Dice la Escritura de una manera bien tajante: si no está dando fruto, córtalo, no hay más, córtalo, para qué
inutiliza también la tierra.
Y yo puedo advertir cómo nuestro Señor Jesucristo está utilizando
esta parábola para advertirnos que Dios no va a tolerar para siempre la infecundidad,
que la esterilidad no la va a soportar.
Yo puedo advertir que Dios da un tiempo, y te dice durante
un tiempo: está bien, tú estás en un proceso y tienes la oportunidad de
no ser fructífero en un tiempo, pero va a llegar el momento en el cual vas
a tener que dar fruto. Tal vez ya te acostumbraste a recibir un buen trato
de parte de Dios, a estar en comodidad, en tranquilidad y no dar nada a cambio,
pero de acuerdo a lo que yo leo aquí en la Palabra, no te puedes confiar.
No nos podemos confiar porque en cualquier momento va a venir
el dueño o va a venir el agricultor y puede decir: córtalo, quítalo. Está
creando un conflicto aquí en la tierra en donde está plantado. Insisto, a
mí esto me suena terrible, imaginarte que alguno de nosotros sea cortado por
el Señor, y sea cortado porque es estéril. Porque venga el Señor y diga: ya
se te pasó el tiempo, ya se te pasó, no tuviste la capacidad de ser fructífero,
no tienes nada que hacer aquí, y corte.
A mí esto me parece verdaderamente crítico. Yo te quiero pedir,
que por unos momentos tú te imagines,
tú pienses, qué pasaría con todas esas promesas que Dios tiene para ti, que
te ha dicho que te va a dar todas esas
promesas que están escritas en la Palabra y que son para ti y por lo tanto
si te llegara a cortar no las vas a recibir. Promesas de salud, promesas de
bienestar, promesas de prosperidad espiritual, promesas de prosperidad económica,
promesas de abundancia, promesas de todo tipo.
Que sin embargo, serán promesas que no se cumplirán, que no
se cumplirían porque tú no fuiste fructífero,
porque tú fuiste estéril y el Señor te tuvo que cortar. Yo creo que
esto sería terrible, terrible, porque, en mi caso personal, yo diría: todas
las promesas que Dios me dijo que tenía para mí, todas las bendiciones que
había para mí, todo lo que yo leí en la Palabra que se iban a cumplir en mi
vida.
Expertos dicen más 7000 promesas, y que ninguna de esas reciba
porque yo no fructifiqué, porque yo no di un fruto, la verdad es que considero
que debe de ser terrible.
Yo ayer me puse a meditar un poco en esto, y decía: Señor no
podemos dejar ir la bendición por no hacer lo que debemos hacer, perder la
bendición de una manera tan tranquila, por no dar fruto. Yo no sé en qué momento
tú me puedas cortar, yo no sé tus tiempos, tus momentos. Yo leo la parábola
y yo veo que había tres años que un señor iba a ver si fructificaba su higuera
o no, tal vez pudo haber pasado más tiempo, otros años y él no decir nada,
o porque no lo dijo antes, él esperó tres años y a los tres años dijo: no
has dado fruto, y dio la orden al que cuidaba: ¡córtala, córtala!
Y a mí en lo personal me llama la atención que el Señor utiliza
en su Palabra una parábola para hablarnos, comparándonos a nosotros precisamente
con árboles, que curioso, porque está refiriéndose en esta parábola a un árbol
que es la higuera, para hablar al corazón del hombre, para decirle al hombre:
tú eres como un árbol que si no da fruto será cortado.
Viendo en la Palabra veo que existen árboles buenos y árboles
malos.
Salmo 1:1-4 Bienaventurado el varón
que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en
silla de escarnecedores se ha sentado; 2Sino que en la ley de Jehová
está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche (Atención).
3Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su
fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.
4No así los malos, Que son
como el tamo que arrebata el viento.
Y fíjate que interesante, de acuerdo a esta Escritura, de acuerdo
a lo que escribe el salmista, una persona que vive conforme a lo que Dios
estable, una persona que vive haciendo la voluntad de Dios, que busca vivir
en santidad, que aun como dice: se deleita en la ley de Dios. Que no ve la
ley de Dios como una carga, que no lo ve como algo pesado que cumplir, sino
al contrario, que ve la ley y se deleita y se goza con ella, y entiende que
lo que dice Dios es bueno, y sabe que lo tiene que poner por obra. Se deleita
en esa ley y la lleva a cabo y la hace, y la hace porque la tiene en su corazón,
no como una obligación. Lo importante cuando tú te deleitas en la ley de Dios,
es porque tú lo haces porque quieres agradar a Dios, porque en tú corazón
está el firme deseo de ser grato para con Él.
Señor: yo te quiero agradar, ¿qué tengo que hacer? Ah, pues
voy a hacer lo que dice tu Palabra. Y no me va a ser pesado cumplir con lo
que dice la palabra de Dios, sino al contrario. Hay gente que le pesa la Palabra,
gente que no quiere asistir a la Iglesia, que no quiere aceptar a Jesucristo,
porque sabe que existe una ley que va tener que cumplir y no la quiere cumplir.
Yo recuerdo cuando era inconverso, cuando alguien se me acercaba
de allá de la iglesia de Maru (ella era mi novia en aquellos días) y me hablaban
de la Palabra, me decían: ¿no quieres aceptar a Jesús? Yo de inmediato decía:
¡no!, yo no quiero saber nada. Mira, recíbelo en tu corazón. ¡No, no! Yo así
estoy bien. Porque yo sabia que había muchas cosas (aunque no conocía la ley
de Dios) que yo iba a tener que dejar, y no estaba de acuerdo con ello. Porque
cumplir con la Palabra a mí se me hacia muy pesado, muy difícil, yo no la
quería cumplir, yo decía: ¿para qué cumplirla? Yo así vivo bien, así estoy
a gusto. Voy a tener que dejar de hacer esto y esto… y no estoy de acuerdo,
yo estoy feliz haciéndolo.
Queremos seguir viviendo de un modo equivocado, de una forma
distinta a la que Dios establece. Y la Palabra nos enseña que cuando nosotros
nos deleitamos en la ley de Dios, cuando nosotros la conocemos y nosotros
la ponemos por obra, entonces nosotros vamos a ser como un árbol que se planta
junto a las corrientes de agua.
¿Cuál es la diferencia entre un árbol plantado junto a corrientes de agua, a un árbol
plantado lejos de donde hay agua? Uno
muy sencillo, que todo el año, que en todo momento, el árbol que está plantado
cerca de corrientes de agua, va a recibir agua y va a tener la posibilidad
de estar frondoso, fuerte, verde y estar fructificando constantemente, va
a ser un buen árbol, porque va a estar recibiendo lo que necesita para mantenerse
bien.
Un árbol que está en un lugar donde no hay agua tiene que estar
esperado los momentos de la lluvia, o que alguien lo riegue, árboles famélicos,
tristes, sin buen color, se ven mal. En época de sequía los vemos mal a esos
pobres árboles, no están verdes, no
frondosos, nada, están raquíticos. Pero cuando vemos un árbol cerca de un
río, no hombre, preciosos árboles.
La palabra dice: ustedes van a ser como esos árboles plantados
junto a corrientes de agua, junto a corrientes de agua que en todo momento
están recibiendo el alimento para ser frondosos y dar un buen fruto en el
momento indicado y dice el salmista: y no solamente eso, sino que aun, además,
todo lo que hagas va a ser prosperado por el Señor, ¡todo!
Oye, Señor ¿y si yo pongo un negocio de este tipo va a ser
prosperado? ¿Si lo pongo de esto otro, va a ser prosperado? Pero bueno, es
que hay saturación en estos negocios
y me gusta, lo voy a poner, ¿va a ser prosperado? No importa lo que tú pongas,
lo que tú hagas, va a ser prosperado. Esa es la confianza que nosotros tenemos
en Dios, que Él nos va a prosperar en todo lo que hagamos.
Hay ocasiones que vienen hermanos que van a empezar la carrera
y me dicen: ¿Qué me sugiere qué estudie? Lo que quieras, lo que sea está sobresaturado.
Escoge lo que tú quieras, todo está lleno, hay una selección y va a ser difícil
que entres, la carrera que tú escojas, no va a haber lugar en donde trabajes,
esa es la realidad, esa es una realidad en el mundo.
La realidad de nosotros en Cristo Jesús, es que lo que tú escojas
Dios lo va a bendecir, y la carrera que tú escojas,
Dios te va a prosperar, y Dios te va a dar un lugar donde trabajar, y te va
a dar un buen lugar en donde estés para sustentarte, así de sencillo; no importa
si yo quiero estudiar medicina, va a haber un lugar en donde yo pueda trabajar
como doctor, no precisamente va a ser de taxista, no, va a haber un lugar,
si yo quiero trabajar.
Si yo quiero estudiar arquitectura o quiero estudiar música,
lo que yo quiera estudiar, Dios me va a abrir los caminos para prosperarme,
porque lo dice su Palabra, cuando yo hago lo que Dios dice.
A mí me gusta, cuando el Señor dice: vas a ser como ese árbol
plantado a la orilla del río, que va a estar siendo alimentado de una manera
constante y todo lo que hace va a prosperar, de qué se puede preocupar, si
lo pudiéramos llamar así, un árbol plantado
junto a corrientes de agua, de nada, nunca le va a faltar el agua,
siempre la va a tener y cuando deba fructificar va a fructificar, no hay problema,
no va a ser un árbol estéril.
Cuando yo miro a la palabra de Dios, cuando yo me entrego al
Señor, yo me doy cuenta que lo que yo haga va a ser bendecido por Dios, si
tomo su ley y la aplico en mi vida, va a ser así.
Salmo 92:12-15
El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. 13Plantados
en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. 14Aun
en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, 15Para anunciar
que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia.
A mí me gusta el concepto de Dios, me agrada este concepto
de Dios para nuestra vida, esto que está escrito aquí en el Salmo. Las palmeras
tienen una larga vida, florecer como la palmera significa: permanecer por
encima de las circunstancias y vivir una larga vida y vivirla bien, eso significa.
El salmista cuando está escribiendo este Salmo había observado
las clases de árboles existentes para tomar, por una revelación de Dios, lo
que debía ser. Los cedros en el Líbano crecían hasta 34 metros de altura por
9 metros de circunferencia, ¿que significaba esto? Que eran árboles sólidos,
fuertes y firmes. Imagínate un árbol de 34 metros altura con 9 metros de circunferencia,
impresionante. Y el salmista ve estos árboles y dice: así va a ser la persona,
y así le revela Dios, así puede ser tu vida, así vas a ser tú, con esta firmeza.
Así vas a florecer cuando estás en el Señor, cuando estás haciendo
lo que Dios establece, y aun el salmista habla de ser plantados, y ya no dice
cerca de corrientes de aguas, aquí el salmista va más allá y dice: plantados
en la casa de Jehová. Me voy a plantar donde me debo plantar en el Señor,
en su casa, en sus atrios, ahí voy a estar. Yo quiero florecer en los atrios
de la casa de Dios; a mí no me interesaría como árbol florecer en un jardín
de Santa Fe, no me importaría, ni me importaría florecer en el jardín de la
casa de uno de los políticos de este país, no me interesaría, en verdad, por
bonitos que estén sus jardines. Como la casa que dicen que compró para su familia López Obrador, con unos grandes jardines, preciosos,
a mí no me gustaría estar ahí.
A mí me gustaría como árbol, florecer en los atrios de la casa
de Dios, me gustaría estar ahí, a mí
me gustaría adornar y ser, que se viera más hermosa la casa la casa de Dios,
a mí en lo personal esto me gustaría como dice el salmista, y el salmista
dice: y puedes hacerlo. Vas a florecer en los atrios en la casa del Señor,
ahí precisamente. Y ahora otro punto importante, no importa la edad que tú
tengas, no hay una edad para ello, la edad que sea, la edad que tengamos,
no importa que seamos viejos, vamos a dar un fruto, vamos a estar fuertes,
vamos a estar verdes para el Señor.
No importa, por ahí hay un dicho que dice: viejos los cerros
y reverdecen. En el Señor más aun, en el Señor no estás viejo, siempre vas
a fructificar, siempre vas a florecer, siempre vas a estar en esa posibilidad.
Tú no vas a poder decir jamás: es que como ya estoy grande, como ya estoy
viejo, pues ya se pasó la apoca en que yo dé fruto, yo ya lo di cuando era
joven. ¡No! En el Señor siempre vas a estar en esa posibilidad, siempre vas
a ser fructífero, siempre vas a ser útil, productivo, ¡siempre!, es algo que
tenemos que entender; Dios no nos hizo para ser improductivos, Dios nos creó
para ser productivos.
Cuando Dios creo a la humanidad, cuando tomó a Adán, cuando
lo hizo, lo formó para ser un hombre productivo, no lo hizo para ser flojo,
no lo hizo para estar dependiendo de los demás, no lo creo, lo hizo productivo,
lo hizo activo y lo puso en un lugar para que lo trabajara.
Hay el mal concepto, el concepto equivocado, de que Adán empezó
a trabajar cuando pecó, dicen: producto del pecado, el trabajo; no, está equivocado
ese concepto. Hay quienes dicen: es tan malo el trabajo que hasta pagan por
hacerlo. No, no es así. El trabajo Dios lo creó, Dios lo que le dijo a Adán
fue: vas a tener que trabajar más, pero ya trabajaba, ya era productivo.
Nosotros vamos a ser productivos y siempre vamos a ser productivos,
no podemos dejar de ser productivos, lo dice la Escritura, dice: Aun en la vejes fructificaran, estarán vigorosos, y verdes,
es decir, con fuerzas. Aunque estés grande, aunque estés viejo, aunque
tengas muchos años, vas a estar fuerte, vas a tener ese vigor, esa fortaleza.
Nuestro Señor Jesucristo nos habla de conocernos por nuestro
fruto, bueno o malo, de esta manera nos habla. También dice que el árbol que
no da un buen fruto va a ser cortado y echado
en el fuego.
Mateo 7:16-20
Por sus frutos
los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da
frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el
árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto,
es cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los
conoceréis.
Y en primer lugar nuestro Señor Jesús está haciendo mención
de una ley natural que Dios estableció: todo árbol va a dar fruto según su
género. Y aquí la pregunta es: ¿Cuál es tu género? ¿Qué género eres tú?
Yo no sé si alguna ocasión tú te has puesto a analizar qué
genero eres, para saber qué fruto das, o si hay ocasiones en las cuales haces
ciertas cosas, ves el fruto que estás dando y entonces después dices: ah caray, ¿de veras soy así? No me había dado cuenta. Ocasiones
en las cuales actúas de un determinado modo y después dices: ¿por qué lo hice?, ¿qué paso?, ¿qué pasó por mi mente que actué
de este modo? Nunca creí que yo fuera a hacer esto, nunca me imagine que yo
fuera a reaccionar de este modo, sin embargo lo hice, ¿por qué? Tal vez no
te conoces lo suficiente, tal vez no has mirado bien a tu interior y no te
has dado cuenta el género que tú eres.
Hay un género en ti, un género el cual tú tienes que mirar
para saber hacia dónde tienes que caminar,
y cómo lo debes hacer. ¿Qué clase de árbol eres? ¿Das un buen fruto o das
un mal fruto?
Nuestro Señor Jesucristo dice: un buen
árbol no puede dar un mal fruto, y un mal árbol no puede dar un buen fruto.
No es posible, cada quien va a dar según su genero.
¿Qué es lo que nosotros entonces tenemos qué hacer? Si mi género
es malo, porque el mundo me contaminó, porque yo tuve problemas, porque fui
tratado de una manera muy tremenda durante mi vida, porque me pasaron ciertas
circunstancias, ciertas cosas, en fin, hubo cosas que me hicieron malo, y
hoy yo quiero dar un buen fruto, así simplemente no podría ser, porque lo
malo no puede dar algo bueno.
Pero en Cristo Jesús sí es posible, sí es posible que haya
una transformación, es posible que el Señor traiga sanidad a mi vida, traiga
cambios, y con su Espíritu Santo entonces yo pueda ser transformado en otro
género y pueda ser un buen árbol y pueda dar un buen fruto, eso es lo que
tengo que hacer.
Yo soy malo, yo me doy cuenta que tengo actitudes negativas,
yo me doy cuenta que hago cosas fuera de lugar, cosas que no son correctas,
¿qué tengo qué hacer? Llenarme del Señor para entonces ser como el Señor,
que Él me forme a su imagen a su semejanza y entonces yo dar el fruto que
Dios quiere que dé y yo pueda dar entonces un buen fruto, porque yo ya voy
a ser un buen árbol. Pero si no hay una transformación en mí, si no hay una
transformación en mi género, yo voy a seguir siendo lo mismo y no voy a poder
dar algo diferente, no me va a ser posible.
Si yo soy avaro y no soy generoso, yo no puedo ser generoso
de un día para otro simplemente porque yo lo diga, tiene que haber una transformación
de mi género y tengo que dejar de ser avaro y tengo que tener en mi interior
un género que se llama generosidad para que se pueda manifestar y ser generoso.
Cada aspecto negativo que tú tienes, tiene que ser tratado
por el Señor.
“Es que, yo no puedo fructificar”. Hay razones por las cuales
no puedes, por flojera, por apatía, por desgano, por desinterés, por falta
de tiempo, por lo que sea. Eso tiene que ser tratado de una manera personal
para que tu género sea transformado y entonces puedas dar conforme y la voluntad
de Dios, no hay otra. Sin ese trato de parte del Señor, no puedes dar lo que
Dios quiere que des, ¡no!, y hasta aquí nosotros estamos viendo dos aspectos
que son bien importantes de la Palabra.
Primero.- leíamos en Lucas 13, que
todo árbol que no da fruto es cortado.
Segundo.- aquí en Mateo 7, que todo
árbol que no da buen fruto es cortado.
Por lo tanto, todo árbol
que es estéril o todo árbol que es malo, va a ser cortado por el Señor.
No hay más, y es cuando entonces nosotros tenemos que mirar
nuestra condición ¿Cuál es mi condición personal? ¿Cuál es mi situación personal?
¿Caigo en alguna de estas dos, es decir: no doy fruto, soy estéril, o estoy
dando un mal fruto? Por cualquiera de estas dos causas el Señor me va a cortar,
me va a quitar.
Lucas 13:6-9 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una
higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.
7Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar
fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también
la tierra? 8El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía
este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9Y si
diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
Y aquí hay varios aspectos que son importantes de resaltar:
1.- El dueño, un hombre que tiene una propiedad y en esa propiedad,
él siembra una higuera, él tenia una viña. En Israel en la antigüedad tenían
una parte en donde podían sembrar y sembraban precisamente viñedos para el
consumo familiar. No era para hacer vino del que embriaga, del que alcoholiza,
¡no!, era un viñedo el cual cuidaban, el cual era de una buena uva para hacer
un buen jugo de uva. No era el vino que se conocía, de los viñedos silvestres,
que eran de uvas que emborrachaban, no porque la uva fuera así, sino porque
se fermentaba y demás, todo el proceso.
Entonces todos los viñedos que había en los hogares los cuidaban,
los protegían, los trataban muy bien.
Este hombre viene y ahí en esa propiedad en medio de ese viñedo se le ocurre
sembrar una higuera. Un buen árbol, un árbol fino, eran muy codiciados los
higos en aquella época, no eran silvestres, ¿por qué lo sembró? Porque esperaba
que le diera fruto, no había otra razón.
Cuando tú compras, tú adquieres un árbol frutal y lo siembras
en tu jardín o en algún lugar, en tu huerto, en lo que sea, lo estás haciendo
por una razón: porque quieres comer el fruto de ese árbol, no hay de otra,
así de fácil.
Yo recuerdo que hace años, cuando yo era niño, en casa de mis
papás se compraron varios árboles en una ocasión, se compró uno de pera, había
ya sembrado uno de durazno, se compró uno de limón, se compró otro, no recuerdo
cuál y los sembramos. Yo recuerdo que fue algo muy especial para mí el haber
sembrado en el jardín trasero de la casa de mis padres esos árboles. Esto
puede ser algo muy normal en provincia o en el campo, pero cuando la mayoría
de nosotros hemos nacido en esta gran ciudad, llena de pavimento y de cemento,
el sembrar un árbol frutal es algo hermoso, entonces lo sembramos, con mucha
ilusión, con la ilusión de un día poder comer de esos árboles.
Les decía que el de durazno era un árbol que ahí estaba ya
sembrado y cada año daba muchos duraznos y cada año comíamos de ese árbol.
Después de que sembramos estos tres árboles, uno de ellos al poco tiempo se
secó, se empezó a secar, secar. Se le removió la tierra, se le puso abono, se le hizo todo lo que nos
dijeron que se le tenía que hacer y un día el centro del árbol lo sacamos
completamente seco, era una vara seca ya, ése era de limón. Siguió pasando
el tiempo, y el otro árbol, que no recuerdo de qué era, igual se secó.
Pero el de la pera empezó a crecer y a crecer, como a los tres
años dio una pera, una. En la familia éramos seis, mi papá, mi mamá y cuatro
hermanos. Esa pera la partimos, la dividimos entre seis y todos comimos un
pedacito de ese fruto que había dado ese árbol. No volvió a dar fruto, fue
el único que dio, el único, no hubo más, no se secó, pero el árbol se hizo
delgadito, a pesar de que se podaba, se le ponía abono, se le removía la tierra,
se le hacia todo lo que nos decían, nunca más volvió a dar un fruto, jamás.
Hasta que después de varios años mi papá tomó la decisión de quitar ese árbol
porque era un estorbo.
Decisiones drásticas que se tienen que tomar y aunque te duele,
y aunque recordábamos aquella pera que nos habíamos comido, se tuvo que quitar,
no cabía el sentimentalismo.
Yo puedo advertir que este hombre durante tres años viene a
ver cómo estaba su higuera, qué había pasado con ella, y durante tres años no fructificó, no dio un
solo fruto. Podemos ver por lo tanto un segundo aspecto:
2.- La gran desilusión del dueño, tres años viniendo, tres
años seguidos esperando comer un higo de esa higuera y no lo hubo. Tres años
es un tiempo suficiente para que un árbol fructifique y no lo hizo, él toma
una decisión y yo sé que lo hizo muy a su pesar: ¡Córtala! Le dijo al que
estaba ahí cuidando, córtalo, córtalo, no sirve, no fructifica. Yo no sé qué
haría si un día el Señor me dice: fulano, mengano, perengana, no están fructificando
en la iglesia, córrelos. Yo creo que le diría: Señor espérate, espérate, díselos
tú, yo no, díselos tú, yo no me quiero aventar esta bronca.
Y da una orden este hombre y le dice: córtala, porque no fructifica, igual que el pámpano de
la vid en Juan 15 donde dice que hay pámpanos que solamente sirven para hacer
fuego, y yo veo aquí, después de esto, un tercer aspecto, que es importante:
3.- El encargado del huerto, Jesucristo, le pide al dueño un
año más de prórroga, para esta higuera. ¿Para qué le pide una prórroga? Pues
para que dé fruto. Y él se lo dice: voy a hacer algo durante este tiempo,
voy a abonar y a remover la tierra.
Yo quiero que por un momento tú ubiques que tú eres un árbol,
como lo estábamos viendo de acuerdo a como habla la Palabra, y que van a venir
y te van a remover la tierra que está a tu alrededor y también te van a abonar,
y esto es algo que duele, y que aún al remover la tierra, a la hora que metes
la pala a la tierra algunas raíces se pueden dañar. Van a meter la pala, van
a remover y de repente te van a pegar, te va a tocar y te va a doler. Pero
todo tiene un propósito. Jesús está trabajando en ti para que fructifiques,
porque Jesús no quiere que te corten, Jesús no quiere que tú seas cortado
y seas echado fuera y seas quemado en el fuego, eso no
es lo que quiere.
Jesucristo está plenamente
convencido de que tú estás en la posibilidad de dar fruto. Y por eso le dice
al dueño, en este caso al Padre, no los cortes Padre, dales más tiempo, dales
más oportunidad.
Yo creo que si la Biblia se hubiera escrito hoy en día, le
hubiera dicho: deja que se pongan la pila, dales chance Señor, que se ubiquen,
que entiendan, dame un año más. Dentro de un año tú regresas y ves los resultados,
dame un año Señor. Un año para que yo les remueva, para que yo trate con ellos,
para que yo los tome y los sacuda, para que yo ponga en ellos abono.
Tal vez no sea muy agradable, ¿has olido el abono? No es nada
agradable, imagínate que tú tuvieras, en donde estuvieras, estuviera alrededor
de ti tierra con abono, y que llegaras a tu casa a descansar y hubiera en
donde descansas, ahí en tu cama, tierra con abono y te sientas a comer, y
ahí en la mesa, tierra con abono, sería incómodo, pero sería necesario. Necesario
para tratarte, para que fructifiques, para no ser cortado.
¿Qué podremos considerar que es el abono y el remover tu tierra?
Removerte, es que el Señor venga y trate contigo y mueva en
tu interior todo lo que es necesario para que tú seas cambiado, para que tú
seas transformado, para que tú no sigas siendo lo que eras en el mundo, sino
que ahora en Cristo cambies, te transformes. Te va abonar, te va a exigir
el Señor que recibas cursos, que te llenes de su Palabra, que acudas a las
actividades, que te llenes de su Espíritu Santo, que leas la Biblia, que le
adores, que le alabes, que ores, que tenga comunión contigo; no va a ser fácil,
aún te va a ser incomodo, pero lo tienes que hacer.
Y el Señor lo quiere hacer en ti para no cortarte, para que
el Padre no te corte, va a ser difícil, pero el Señor te quiere meter a un
tratamiento, te va a someter a un tratamiento para que des fruto; no lo das,
te va a cortar.
Juan 15:1-2 Yo soy la vid verdadera,
y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto,
lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más
fruto.
Jesús es la vid, de la vid sale el pámpano y del pámpano sale
el fruto, la vid es Jesús, el pámpano eres tú. Tú estás unido, pegado a Jesús,
para dar fruto tienes que estar unido a él, pero si a pesar de estar unido
a él, tú no das fruto, dice el Señor, se te va a cortar, se te va a desechar.
Y aquí la pregunta es: ¿Por qué se debe cortar el árbol que
no da fruto o el árbol que no da un buen fruto? ¿Por qué razón?
Deuteronomio
20:20
Mas el árbol que sepas que no lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo, para
construir baluarte contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla.
Y yo aquí entiendo una respuesta muy clara de parte de Dios,
así como los árboles que no dan fruto al ser cortados llegan a ser útiles,
aun como palos de escoba; llegan a servir para la construcción, toda construcción
necesita madera, sirven para algo, no diste fruto, bueno, pues ni modo, te
van a ocupar aquí para cimbrar, te van a ocupar aquí para ser un palo para
barrer en las calles, que sea útil para algo, y si de plano tampoco para eso
sirve, aunque sea para calentar los tamales, para algo.
En Lucas dice algo importante: ¿para
qué inutiliza también la tierra? Es decir, para que ya no ocupes un
lugar que alguien más puede ocupar, así de sencillo. ¿Qué haces en un lugar donde no estás fructificando? Ponte a fructificar.
Cuando yo estaba en la secundaria, yo era muy flojo, sí, muy
flojo; a mí me gustaba irme de pinta, seguido me brincaba la barda de la escuela
con otros compañeros y nos íbamos de pinta y después, durante alguna época,
yo entré como voluntario a la Cruz Roja, entonces me brincaba la barda y me
iba a la Cruz Roja a hacer guardias, yo ahí fascinado. Era muy flojo no me
gustaba estudiar, y cuando llegaban las calificaciones, yo había reprobado
5, 6 materias y siempre era el regaño de mi padre, o luego en la escuela el
director me mandaba a llamar, como recuerdo que siempre me decía: ¿Qué haces
aquí? ¿Por qué no le dejas tu lugar a una persona que verdaderamente quiera
estudiar? No ocupes un lugar que no estás aprovechando.
Yo me sentía muy mal, decía: que mal, y salía de ahí todo triste
y deprimido, y para que se me quitara, iba y me brincaba la barda otra vez
y me metía al billar o a algún lado, y ya me sentía mejor. Pero cada mes era
lo mismo, yo tenía tan claras las palabras cuando me decían: te hablan, yo
ya sabía lo que me iban a decir. ¿Por qué le quitas un lugar a alguien que
sí lo puede aprovechar? Alguien que no lo va a desperdiciar.
Y a mí me llama la atención cuando veo aquí, ¿para qué inutiliza también la tierra? Y yo esto lo veo
y digo: Señor, ¿cuántos habemos en la Iglesia que estamos inutilizando a la
Iglesia? Que mal, ¿por qué? Y debemos tener cuidado porque de acuerdo a la
Palabra nos van a cortar, nos van a cortar, y va a haber un momento en el
cual se va a dar.
Eclesiastés
8:11
Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de
los hijos de los hombres está en ellos dispuesto
para hacer el mal.
Padres, subrayen este versículo para que ejerzan autoridad
sobre sus hijos, cuando algo hacemos mal y no se nos corrige, no se nos aplica sentencia, entonces nuestro corazón
sigue haciendo lo malo: “No hay problema, no pasa nada”.
¿Cuántas ocasiones tú como hijo hiciste algo que tus padres
te regañaron, te amenazaron, y te dijeron: para la próxima te va a ir mal,
y te voy a hacer esto, y esto y esto? Y lo hacías, llegaba la próxima y no
pasaba nada. Ya después decías: no hay problema, no me dicen nada mis papás,
y aunque me haya amenazado, no me va a hacer nada, no pasa nada.
Cuando no se cumple una sentencia sobre algo que te dijeron,
sobre algo que hiciste mal, entonces tu corazón se endurece más y hace más
lo malo. Por lo tanto, yo veo que Dios en su Palabra que es fiel y verdadera
y se cumple, nos da un tiempo para que corrijamos porque tiene misericordia
de nosotros, nos ve con amor, y está esperando un cambio, está esperando una
transformación, está esperando que fructifiquemos.
Por eso Jesús, aquí en la parábola de la higuera estéril le
dice al dueño, le dice al Padre: no lo cortes, dale un año más, permíteme
hacer algo, yo lo quiero hacer en la vida de tu hijo, de tu hija, yo quiero
hacer algo, yo le voy a remover la tierra, yo voy a tratar con él, yo voy
a abonarle, yo le voy a hacer lo que tenga que hacer para que fructifique,
para que se le quite la apatía, se le quite la flojera, se le quite el desgano,
se le quite el desinterés, para que haga algo, ¡para que se mueva! ¡Déjame
hacer algo!
Y dice Jesús: pero bueno, si fallo, ni modo, lo cortas.
Yo no quiero que seamos cortados, no quiero. Cuando alguien
viene y me dice: Hermano, yo quiero participar en la relación del trabajo
de la iglesia, a mí me da gozo. ¿Por qué? Porque sé que es un hermano, es
una hermana que está queriendo fructificar, y mientras fructifiques, Dios
no te va a cortar.
Pero sí ahí donde estás, estás echando raíz, porque no te mueves,
por inactivo, pues entonces el Señor te va a cortar. El libro de Proverbios
nos habla de lo repentino que puede ser el castigo, que no podemos confiarnos
de que Dios no nos va a reprender con prontitud.
Proverbios
29:1
El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado,
y no habrá para él medicina.
¿Qué significa esto? Esto significa que va a haber un tiempo en el cual tú estés tranquilo sin fructificar,
y creas que así podrás pasar mucho tiempo más; así llevo muchos años, pues
pueden venir otros y no pasa nada. Cuando nos confiamos en que algo no va
a ocurrir por la experiencia que tenemos de que no
pasa nada, en cualquier momento como dice la Palabra, de repente puede venir
el quebranto, en un momento.
Ve a esta higuera estéril, llevaba tres años sin dar fruto.
Jesús, el leñador, viene y empieza abonarle y empieza a remover la tierra
y empieza a tratar. Si esa higuera entiende lo que está pasando va a dar fruto,
si no, va a decir: ¿Cuál es el problema? Llevo tres años así y no pasa nada,
puedo seguir así, aquí disfrutando de un buen
clima, disfrutando de que me atiendan, me arreglan la tierra, me abonan, me
ponen mi agua, no hay ningún problema, yo aquí muy a gusto, con un buen viñedo
a mi alrededor, desde aquí veo este viñedo y lo puedo oler. ¡Ay, que sabrosas uvas! ¡Qué
vida me estoy dando! Como de perro rico, mmm, maravilloso,
fascinado.
Como de perro de casa, no de azotea, pobrecitos, esos sí sufren,
pero imagínate la higuera y que dijera: no fructifico, así estoy a gusto,
¿para qué voy a dar fruto? De repente, al siguiente año, dice la Palabra,
iba a venir el dueño.
Yo no sé cuándo va a venir el Señor y diga: ya es el tiempo.
Yo no sé. Yo no me puedo confiar que ya pasó mucho tiempo y no ha habido nada
y Dios no me ha presionado, y Dios no me va a cortar. No puedo. Yo tengo que entender que en cualquier
momento puede venir el Señor.
Que de repente puede venir el quebranto y para mí puede ya
no haber medicina. Analízalo y piénsalo, piénsalo detenidamente. El Señor
quiere una Iglesia de hechos, no quiere una Iglesia apática, floja y negligente.
Quiere una Iglesia que se mueva en su voluntad, una Iglesia que dé fruto,
y que dé fruto al ciento por uno.
Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Jesús, en esta
hora levanto delante de tu presencia nuestra vida, pongo delante de ti nuestra
vida, pidiéndote que tú tengas a bien darnos ese tiempo que dice Jesús, darnos
ese tiempo para que nuestro Señor remueva lo que debe remover, para que ponga,
para que abone con todo aquello que sea necesario, para que nosotros demos
un fruto. No queremos ser cortados.
Estamos aquí Señor porque te amamos, porque queremos permanecer
contigo por la eternidad, no solamente durante esta vida y durante un tiempo,
queremos estar para siempre a tu lado, en tu presencia.
Habla a nuestro corazón, habla con cada uno de nosotros en
lo particular, para que demos fruto, para que dejemos la negligencia, la flojera,
la apatía, el desánimo; para que dejemos todo aquello que estorbe y que es
un impedimento para que fructifiquemos.
Quita la esterilidad, la infecundidad que hay en nosotros,
y Señor, tu gloria resplandezca en medio de tu pueblo, y gracias, porque antes
de actuar tú nos hablas; en Cristo Jesús, sea la honra y la gloria a ti. Amén.
Dios los bendiga.