INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL QUERER COMO EL HACER

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Filipenses 2:13 Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

 

Quiero leerles este mismo versículo pero con otras versiones de la Biblia:

 

(DHH): Pues Dios según su bondadosa determinación es el que hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien nos ayuda a llevarlos acabo.

 

(CST-IBS): Pensad que Dios actúa en vosotros a fin de que con vuestros deseos y vuestras obras cumpláis siempre su buena voluntad.

 

(PDT): Porque es Dios mismo quien hace posible que ustedes, deseen hacer lo que a Él le agrada. Y no solo eso, sino que también les da el poder para que lo hagan.

 

Palabras un poquito diferentes algunas, otras yo siento que con una intención tal vez un poquito desviada, pero finalmente hay algo que está manifestando la Escritura de una manera general: Que Dios es el que pone en nosotros el hacer como el querer.

 

Nosotros recibimos de parte del Señor, de parte de su Espíritu Santo, una revelación y aun una influencia para que nosotros queramos cumplir con lo que Él establece. Y no solamente se queda ahí, sino que Dios hace algo más, pone aun el hacer, que nosotros lo hagamos. Porque muchas ocasiones tenemos el deseo de hacer algo y no lo llevamos a cabo, nos quedamos detenidos.

 

Muchas veces también nosotros como cristianos nos hemos sentido tal vez fracasados o derrotados por las circunstancias que estamos viviendo, y vemos que en ocasiones queremos hacer algo para Dios o queremos hacer las cosas que Dios establece y sin embargo nos damos cuenta que no podemos, queremos pero no podemos, tenemos el firme propósito de llevarlo a cabo y hay un momento en el cual como que nos atoramos, como que no podemos cruzar esa línea y seguimos en la misma condición.

 

Queremos cambiar, queremos ser transformados, queremos dejar nuestra vida antigua y sin embargo hay un momento en el cual nos frenamos, nos detenemos y no estamos en la posibilidad de hacer lo que Dios establece y tenemos el firme deseo de hacerlo, y decimos: es que yo quiero hacer lo que Dios dice pero no puedo. Yo quiero hacerlo pero no he podido dejar esto, o no he podido dejar esto otro y es una carga para mí, pero quiero, amo a Dios, lo amo y lo amo con todo mi corazón y soy sincero con Él y quiero cambiar, pero no puedo, ¡no puedo hacerlo!

 

Hay ocasiones que también cuando vemos esa negativa para cambiar o es impedimento para cambiar y ya empezamos a conocer más de la Palabra y nos encontramos con el libro a los Romanos y luego lo tomamos para declarar lo que dijo el apóstol Pablo:

 

Romanos 7:21-23 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

 

Que palabras tan tremendas del apóstol Pablo, palabras en donde está diciendo: bien, mi interior ama a Dios, yo amo a Dios con todo mi corazón y en mi interior yo veo y analizo mi comportamiento, analizo mis actitudes y me doy cuenta que estoy mal. Y aun yo quiero hacer de acuerdo a lo que hay en mi interior ahora, en mi interior hay gozo, hay satisfacción de que estoy en Cristo Jesús, quiero hacer las cosas como Él lo establece.

 

Yo leo la Escritura y me deleito aun en ella, yo quiero hacer cada una de las palabras que aquí están establecidas, lo quiero hacer porque amo a Dios, porque lo amo tanto que le quiero agradar y le quiero agradar porque yo aun quiero vivir con Él por la eternidad. Eso es lo que yo anhelo, eso es lo que yo deseo, mi interior lo anhela, mi interior aun muchas ocasiones anhela hacer lo que hicieron eso grandes varones que habla la Biblia.

 

¿Quién de nosotros por amor a Dios y aun por amor a nuestros semejantes no quisiera como el apóstol Pedro caminar y que nuestra sombra tocara a los enfermos y estos sanaran? Que tuviéramos tal unción que ya ni siquiera necesitáramos orar por la salud de alguien, sino que la sombra nuestra proyectada y tocando a un enfermo lo sane.

 

Que impresionante. Cuando vemos palabras así en la Biblia y amamos a Dios, creo que nos gustaría ser instrumentos de Dios para llevar, por ejemplo, sanidad a esas personas tan necesitadas.

 

Cuántas ocasiones vemos a un enfermo, y vemos que está sufriendo, y vemos su situación, y nos duele en nuestro interior, y quisiéramos en ese momento estirar nuestra mano y decirle como le dijo Pedro a aquel hombre, en el nombre de Jesús sana; y en ese momento se levantara sano. Quisiéramos hacer grandes cosas por el Señor, quisiéramos ser instrumentos de Dios para bendecir a los que están a nuestro alrededor, que tienen una necesidad.

 

En nuestro corazón yo siento que existe ese anhelo, saber de un enfermo que está postrado en su cama en algún lugar y en ese momento decir como dijo el apóstol Pablo: tráiganme una ropa de él, y el apóstol Pablo la tocó, oró por esa prenda, oraba por las prendas, se las llevaban a los enfermos, el enfermo se la ponía y sanaba. ¿Por qué? Por la tremenda unción que había en él.

 

Yo creo que muchas ocasiones nosotros tenemos esos deseos de hacer cosas tremendas para Dios, cosas que impacten el corazón de los hombres para que se conviertan al Señor. Vivimos tiempos difíciles, tiempos en los cuales la manifestación del enemigo cada día es más fuerte, y nosotros queremos ser instrumentos de Dios para que su Palabra se cumpla, para llevar el evangelio, para hacer milagros, para hacer señales, para hacer prodigios, lo queremos hacer, pero luego vemos que aunque creemos en todo ello y lo anhelamos en nuestro interior, como dice el apóstol Pablo, yo veo otra ley, ¡otra! en mis miembros.

 

Y una ley que desgraciadamente está sirviendo al pecado, que no hace lo que Dios establece, que aun no hace de acuerdo a lo que hay en el interior de nosotros mismos, es cuando chocan las cosas, es cuando dice el apóstol: yo puedo advertir que cada uno de mis miembros se está rebelando en contra de mi interior, en contra de lo que aquí dentro hay, en contra de mis anhelos y en contra aun de la Palabra de Dios. Se rebelan y yo no quiero que se rebelen estos miembros en contra de Dios, yo no quiero. Y entonces yo puedo advertir, dice el apóstol, que está ley que hay en mi cuerpo, en mis miembros, está ley del pecado me lleva cautivo a desobedecer a la palabra de Dios.

 

Y entonces muchas ocasiones nosotros cuando vemos estas escrituras, las analizamos y decimos: mmm… si un apóstol Pablo con el tamaño espiritual que tenía, con la gran unción que tenía, estaba padeciendo esto y estaba pasando  por estos conflictos, qué puedo esperar yo, yo no estoy tan consagrado como lo estaba el apóstol y sin embargo estoy en esta condición.

 

Y yo puedo entender que Dios está permitiendo que Pablo viva esto, precisamente para traer una revelación a nuestra vida, para decir qué es lo que nosotros tenemos qué hacer para romper todo esto y para que nosotros podamos hacer con los miembros de nuestro cuerpo lo que anhelamos en nuestro interior, que no haya choque entre nuestro interior, nuestro hombre interior y nuestro hombre exterior, sino que estén acordes, que estén en unidad, que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sean uno, estén en unidad.

 

Vemos en Filipenses 2:13 que es Dios mismo quien hace que mi voluntad desee someterse a su voluntad para obedecerle.

 

Y entonces yo puedo advertir que  aquí el apóstol Pablo nos quiere llevar o Dios a través de él a un nivel espiritual diferente, distinto; a un nivel en el cual yo debo reconocer que Dios es el que va a actuar en mí, que Dios es el que pone el querer como el hacer. Y a mí hay algo que me impacta bastante, dice aquí en Filipenses 2:13 por su buena voluntad.

 

Por su buena voluntad. ¿Qué es lo que Dios quiere? Una de las versiones que les leí hace un momento de este versículo decía: Para que cumpláis siempre su buena voluntad. Y no dice así.

Dios tiene una voluntad y su voluntad es buena para con nosotros, es buena su voluntad. Por lo tanto su voluntad buena desea que nosotros hagamos lo que Él establece, lo que nosotros debemos hacer, para que nosotros podamos vivir por la eternidad en su reino. Y su buena voluntad la manifiesta poniendo en nosotros algo que es el querer como el hacer.

 

Dios se preocupa, Dios conoce  de nuestra condición, Dios conoce de nuestras luchas internas y externas, Dios conoce que hay un hombre interior que desea hacer y hay un hombre exterior que a veces no puede hacer o no quiere hacer; que hay una lucha, una lucha  espiritual que nos lleva aun a una lucha física, en algunas ocasiones para sostenernos en la voluntad de Dios, para no caer en el pecado y otras ocasiones caemos aun sin entrar en esta lucha. Y es algo que Dios quiere que nosotros terminemos, y Dios quiere que nosotros estemos en un mismo nivel espiritual por lo tanto Dios te dice: no te preocupes, yo voy actuar en ti; si esto para ti es difícil  o esto te es imposible, si tú no puedes poner en armonía, en equilibrio y en unidad tu hombre interior con tu hombre exterior, yo lo voy a hacer por ti.

  

Jeremías 31:33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

 

Y fíjate, la profundidad de estas palabras, de está profecía de nuestro Dios; Él había visto cuál era el problema, el problema con el pueblo aun con su pueblo era: primero, que no quería conocer la ley de Dios, no le interesaba, no le importaba, y por lo tanto no le importaba cumplir con ella. Si no me interesa ni siquiera conocerla, pues cómo la voy a poder cumplir, no me importa tampoco cumplir con ella.

 

Dios detecta esto, Dios se da cuenta que éste es el problema central del hombre, dice: está bien, entonces voy a hacer algo. Voy a poner mi ley en sus mentes y la voy a poner en sus mentes para que ustedes tengan la posibilidad de tenerla, de conocerla, de entenderla, ahí la voy a poner, y les voy a dar capacidad para que la entienda, por eso mi ley va a estar en sus mentes, yo ahí la voy a poner.

 

Había un par de personas que hace años venían aquí a la iglesia, ellos ya fallecieron, uno de ellos cuando tenia 8 años de edad un caballo le golpeó en la cabeza, le dio una patada tan tremenda que le causó un trastorno cerebral y él siempre necesitó de medicamentos, tenía crisis convulsivas muy fuertes, estaba en tratamiento, tenia medicamentos, le habían puesto un aparato para  evitarle las descargas, en fin, cantidad de cosas que le hicieron en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.

 

Él estaba mal, prácticamente él no tenía capacidad para aprender nada, él lo único que hacía y su rutina era, levantarse, comer y su familia le había puesto a vender en un puestecito algunos dulces que le compraban, era todo lo que hacia, no tenia capacidad de nada. Cuando su familia recibe a Cristo Jesús y empiezan a venir a la iglesia, él empieza a observarlos, empieza a haber cambios en la familia, le empiezan aun a él a hablar de Cristo y él acepta a Jesús y viene a la iglesia; venía a los cursos y no sabía en dónde estaban los libros y aunque uno se los enseñara, le pusiera las citas, pues no sabia ni leer, tenía problemas, o sea, no entendía.

 

Pero entendió dos cosas que eran importantes: 1.- Que Cristo Jesús es el salvador, eso lo entendió y le quedó muy claro. Y 2.- No a la idolatría. Dios le dio la posibilidad, le dio la capacidad, puso en su mente la capacidad para entender estas dos leyes primordiales del reino de los cielos y caminó con ellas.

 

Y dice el profeta que Dios iba a hacer otra cosa la cual ya hizo: escribir en el corazón del hombre su ley. ¿Qué significa escribirla en el corazón? Que nosotros amemos su ley, darnos precisamente un amor por la ley de Dios, amor por su Palabra, amor por lo que está escrito, el amar lo que está escrito nos lleva a ser hacedores de la Palabra y no solamente oidores. Si Dios hubiera puesto nada más su ley en nuestra mente, entonces nosotros única y exclusivamente tendríamos una gran capacidad intelectual para entender la Palabra, para recibirla, para aprenderla, aun para aprendérnosla de memoria, pero  eso no significa que nosotros fuéramos hacedores de ella.

 

Yo puedo advertir en las universidades, sobre todo en donde supuestamente enseñan la Biblia o dan teología, catedráticos que conocen la Biblia y se la conocen de principio a fin, sin embargo no creen en Jesucristo, pero conocen la Palabra y la enseñan y la escudriñan y le dan de vueltas y la interpretan. ¿Por qué no pueden ser hacedores de la Palabra? Por una razón, porque la ley de Dios está en sus mentes pero no está en su corazón, y Dios, su promesa es que a ti pueblo, no solamente voy a poner mis mandamientos, mi Palabra, mis decretos en tu mente, los voy a poner en tu corazón, en  tu interior para que entonces lo que tú sabes, lo que entra en tu mente, baje a tu corazón, lo ames y lo puedas poner por obra.

 

Tú no vas a poder poner obra nada que tú no ames, vas a poner en práctica, vas  a poner por obra todo aquello que tú amas, y en este caso la palabra de Dios. Dice el Señor: y una vez que yo ponga en tu mente y ponga en tu corazón mi Palabra, mis mandamientos, todo lo que yo establezco, entonces tú me serás por pueblo y yo te seré a ti por Dios. Entonces habrá una relación de pueblo, Dios, de otro modo no es posible, de otro modo no se puede llevar a cabo, de otro modo siempre vas a estar en una lucha, y el que tú ames mi palabra, dice Señor, esto te va a llevar a algo más.

 

Hebreos 13:20-21 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

En otras palabras y parafraseando esto que esta aquí establecido por Dios es: que el Dios de paz te de todo lo que tú necesites para que hagas lo que a él le agrada. Dios levantó de la muerte por medio de la sangre del pacto eterno a nuestro Señor Jesús. ¿Quién es nuestro Señor Jesús? Dice la Escritura, el gran pastor de las ovejas, el que los guía, el que los alimenta, él que los apacienta, él que día tras día está preocupado por ellos, por sus ovejas y las va llevando. Un pastor como Jesús no existe otro, él es el mejor, es el gran pastor y todo esto, dice esta Escritura, que Dios haga en tu vida lo que él quiera y que lo haga a través de Jesucristo, que se le dé honor a Jesús por toda la eternidad. Haz su voluntad.

 

Y dice aquí el escritor de hebreos: por la buena voluntad de Dios vas a hacer su voluntad, vas hacer lo que a él le agrada, lo que es grato para sus ojos, y si haces algo que es grato para Dios, Dios te va a llenar de bendición, así de sencillo. Dios tiene un corazón agradecido aun y aunque nosotros debiéramos hacer las cosas porque él es Dios, aun cuando las hacemos, ese corazón de Dios se goza y te bendice y derrama sobre tu vida bendición, derrama prosperidad y trae a tu vida lo que tú necesitas.

 

Pero necesitamos entender que su voluntad se debe manifestar en mi voluntad para que mi voluntad esté de acuerdo en hacer su voluntad, como dijo nuestro Señor Jesucristo: Padre si es posible que pase de mí esta copa. Es decir, yo no quiero pasar estos momentos de tribulación, va a ser tremendo, caminar todo el tramo que tengo que caminar que me estén apedreando, que me estén ofendiendo, que me van a poner una corona de espinas y todavía me van a clavar en una cruz, perdón, mi carne no quiere pasar por eso, mi voluntad no quiere pasar por eso, yo no quisiera Señor. Si es posible que tú cambies tu voluntad, Señor, por mí no hay problema, cámbiala.

 

Y después de decir estas palabras, Jesús le dijo al Señor: pero no se haga mi voluntad, sino tu voluntad, tu santa y perfecta voluntad.

 

Y esto de declarar que la voluntad de Dios se haga en mí, no es en una actitud de: bueno, no me queda de otra. No. Es el decirle al Señor: mi voluntad es hacer tu voluntad. Cuando tú le digas a Dios que tu voluntad se haga en mi voluntad, le estás diciendo al Señor: yo quiero que tú hagas las cosas de acuerdo a tu voluntad y tu propósito, porque yo estoy de acuerdo. Si tu voluntad no está de acuerdo en hacer lo que Dios dice, Dios no lo va a hacer, aunque sea su voluntad, Dios no te va a obligar, Dios no nos obliga a nadie a hacer algo.

 

Por eso Dios pudo haber dicho de una manera muy sencilla: vas a hacer lo que yo digo, y si no lo haces te vas al infierno. No hay mas, alégale, no podrías hacer nada y tendrías que hacer las cosas, pues ahora sí, pues es que así dice y así lo tengo que hacer, porque él lo dijo, y ni modo, y si no lo hago así, me tiene amenazado que me va a mandar al infierno, entonces lo tengo que hacer. Pero Dios no es así, Dios busca convencerte, Dios busca que tú las cosas las hagas en amor y te da los elementos que tú necesitas para que tengas amor y para que tu voluntad diga: yo estoy de acuerdo en  mi voluntad de hacer tu voluntad. Y Dios aun pone en nosotros el deseo para hacer las cosas.

 

Yo leyendo todo esto, le digo al Señor, Señor aquí ya lo único que falta es que tú las hagas por nosotros, así de sencillo.

 

El querer como el hacer, dice  Pablo:

 

Filipenses 2:13 Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

 

¿Qué es querer? Dice el diccionario: tener la intención de poseer o lograr algo; decidir, tomar una determinación. El hacer, dice el diccionario, producir, fabricar cosas materiales, causar, ocasionar.

 

Así que en el querer está implicada nuestra voluntad, el deseo de lograr o de hacer. Sin desear nadie puede hacer, nadie puede actuar, tienes que desear hacerlo. Y aquí es donde el apóstol pablo entraba en conflicto. ¿Qué puedo hacer si mis pensamientos son contrarios a los pensamientos de Dios? Yo estoy de acuerdo. Dios tiene un pensamiento y quiere que las cosas se hagan de un determinado modo, pero mi pensamiento por desgracia, aunque amo a Dios es otro, y hay cosas que  todavía me jalan de la vida que yo llevaba; ¿qué tengo que hacer? Dice el apóstol Pablo:

 

Efesios 4:22-23 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente.

 

Aquí el apóstol Pablo te está diciendo, sí, efectivamente, lo más probable es que tú tengas pensamientos muy distintos, contrarios a los pensamientos de Dios. Tú caminaste en el mudo por muchos años, caminaste de una determinada forma, aprendiste las cosas que hace el mundo, hacías las cosas que hace el mundo, creías que no había otra forma de vivir, tomaste los pensamientos del mundo y los pusiste en tu mente, tomaste los sentimientos del mundo y los pusiste en tu corazón, hiciste esos pensamientos y esos sentimientos del mundo, ¿por qué? Porque es lo que tú conocías.

 

Es como cuando tú llegas a una tienda y se te antoja un dulce, en términos normales, ¿cuál es el dulce que tú escoges? El que ya conoces, el que tal vez desde niño te ha gustado, y vas y escoges ese dulce y lo buscas y ves. ¡Ah, éste! Y escoges ese dulce y no importa que haya otros dulces, por lo general tú escoges un determinado dulce, casi siempre lo haces así.

 

Es raro que alguno de nosotros entre a una tienda, vea los dulces, y vea dulces que no conoces y dulces que sí conoces y escojas uno de los que no conoces. No lo haces, ¿quién es el que escoge dulces que no conoce? Los niños, ellos siempre están buscando diferentes, ¿a ver a qué sabe? Siempre agarran, ven un dulce y dicen: éste. ¿Ya lo comiste, te gusta? No, pero lo quiero. Y lo prueba, y está experimentando siempre con nuevos dulces; por supuesto hay ocasiones que encuentran dulces riquísimos, los cuales nunca vas a encontrar tú, porque tú no te arriesgas. Que tal si no me gusta. Ah, pues ni modo; saben espantoso, pero ya las conozco. Me llevo las halls horrendas, pero no quiero buscarle otras pastillas, ya escoges la que ya sabes.

 

El apóstol Pablo te está diciendo aquí en Efesios eso, cuál es el problema, el problema es que tu mente ya está de un determinado modo trabajada y ya recibió durante muchos años lo mismo, lo que el mundo le enseñó, ya no conoces de otra forma, no hay más. Llegas a comer a un lugar y pides, en términos normales, lo mismo que ya comiste ahí en otra ocasión, y hay 40 platillos más, no los pides, no experimentas, te vas a lo seguro, más vale, dice el dicho: “malo conocido que bueno por conocer“, entonces mejor me quedo con esto  y si alguien te dice, ah, es que voy a desayunar a un lugar, voy a ir al Vips, ¡comete unos molletes, ahí son sabrosos! Es lo único que has comido en ese lugar.

 

Y el apóstol Pablo te dice, ese es el problema, que tu mente está viciada, hay un vicio en tu mente que necesita ser cambiado, tiene que ser transformado, si no vas a seguir siendo lo mismo y no importa que tú vengas a Cristo, en tu corazón puede estar Cristo, en tu interior puede estar Cristo, pero tu exterior está viciado, sigue siendo lo mismo y sigues haciendo lo mismo que hacías antes, aunque tú no lo quieras hacer, tú tienes que atreverte a cambiar, tú tienes que atreverte, como dice el apóstol Pablo, a ser transformado, dejar atrás los pensamientos y los sentimientos antiguos y aun  las actitudes que tú tenías, atreverte a dejarlos y atreverte a poner en tu mente nuevos pensamientos, los pensamientos de Dios.

 

Dice el apóstol: renovado en el espíritu de tu mente. ¿Qué significa renovar el espíritu de mi mente? Y me llama la atención porque en términos normales, nosotros sabemos que somos tripartitas, que somos espíritu, alma y cuerpo. Y aquí la Palabra ya me habla del espíritu de mi mente, ya el apóstol Pablo me está hablando de otra cosa distinta que tal vez yo no entiendo, yo no conozco, y se está refiriendo precisamente que lo que hay aquí en la mente tiene que haber una renovación, tiene que haber un cambio, tengo que quitar para poner.

 

Yo no puedo poner si no quito, es así de sencillo, recuérdalo. Para tú poner nuevos conceptos y poner conceptos de Dios y pensamientos de Dios en tu mente, necesitas quitar lo que ya existía.

 

Te voy a poner un ejemplo, haz de cuenta que tú tienes en tu closet, y es lo más probable, ropa almacenada ahí de años, ropa que no usas, ropa que ya ni te gusta y ahí está ocupando un espacio, y cantidad de ropa, sobre todo las mujeres se quejan de que ¡no tengo ropa!, y abres el closet y está lleno de ropa y la mujer te dice: ¡es que no tengo!, no tengo zapatos, y ves la zapatera y está llena de zapatos, hay 30 pares de zapatos. Dices, oye, ¿cómo que no tienes zapatos? No, no tengo unos que vayan de acuerdo a este pantalón que me acabo de comprar. Ah, pues sí. Ni tengo la bolsa, ni tengo la blusa, es más, ni  la ropa interior, necesito dinero para comprarme todo lo que me hace falta.

 

Y yo ya encontré una forma de evitar dar dinero; ah bueno, esto es muy sencillo, para que tú puedas meter, necesita haber espacio, si no en dónde lo vas a poner, cuando tú hagas espacio, yo te doy. Y como les es tan difícil tirar algo, como no pueden tirar algo, entonces ya saben que no pueden pedir para comprar y poner, porque no hay donde ponerlo, necesitas hacer espacio. Así es en nuestra mente, necesitamos hacer espacio.

 

Si tú en la despensa tienes por alguna razón algo que se te quedó que no lo usaste, y tienes un pan ahí, que tiene dos semanas, dices: éste ya tiene dos semanas, éste ya no me lo como, y toda la familia dice lo mismo. No, ese pan ya tiene ahí días, yo no me lo como. Y nadie se lo come. Mientras ese pan esté ahí, no va a llegar el pan nuevo, necesitas quitar el pan y decir: está bien, este pan ya tiene muchos días, ya está duro, ya no sirve, se va a la basura. En el momento que haces espacio dices: aquí falta el pan, y traes un nuevo pan y lo pones ahí.

 

Tú no puedes poner algo, donde hay algo, y esto es lo que dice el apóstol Pablo: tú necesitas renovar tu mente, y para renovar, necesitas quitar para poner, sencillo,    

 

Romanos 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

 

El apóstol Pablo encontró algo maravilloso, la Gloria de Dios, y el apóstol te lo dice, no te conformes a las cosas de este mundo, no importan, no satisfacen, no te llenan. Hay algo más hermoso, hay algo que te va a agradar, algo que te va a gustar, hay algo, pero te tienes que atrever a ser transformado, ¿de qué manera? Mediante una renovación, y aquí ya es bien claro, el apóstol te dice, a una renovación de tu entendimiento, de lo que nosotros alcanzamos a entender a comprender, y ¿qué es lo que yo debo entender? Cómo son las cosas de Dios.

 

Yo ya entiendo cómo son las cosas del mundo, yo ya sé cómo son las cosas del mundo, ahora las cosas deben de ser distintas y yo tengo que buscar la buena voluntad de Dios para entonces entender las cosas de Dios, debe de haber un cambio.

 

Mis cuñados llegaron a ver a su mamá en la noche del viernes para amanecer sábado, ella necesitaba una tomografía, estaba una de mis cuñadas y me dijo, ¿tú que harías, la movemos, la sacamos a que le hagan la tomografía? Le dije: espérate, es muy riesgoso, espérate que esté bien estabilizada, para que entonces se pueda trasladar a hacerle la tomografía a otro hospital, porque si no es peligroso, es mas, hay que hacerla en una ambulancia de terapia intensiva con medico responsable para que la mantenga. Dijo: está bien.

 

Me dicen al otro día que en la madrugada, el hermano, mi cuñado le dijo desesperado, ¡necesita mi madre una tomografía y hay que hacérsela! ¡Y se le tiene que hacer! Vamos a sacarla ahorita, como sea, para que le hagan la tomografía. Vino el chofer de la ambulancia del hospital y les dijo a los familiares de otra paciente: la voy a llevar a hacerle la tomografía.

 

Entonces mi cuñado brincó y dijo: ¡no!, nosotros primero, y le dijo este hombre: no, primero la señora, primero la señora porque ella ya lleva más tiempo. Alguien le dijo a mi cuñado: ofrécele dinero (así se mueven las cosas en el mundo), ofrécele, y entonces le dijo: sabe que le doy un dinero, pero llévela a ella primero, y le contestó el de la ambulancia: No, conmigo las cosas no son así, lleva prioridad la señora por muchas razones y me la llevo a ella. Llévese a las dos. No, nada más puede ir un paciente en la ambulancia y me la llevo a ella.

 

No lo pudo convencer con los métodos del mundo, se fue la ambulancia con esta paciente, después de equis tiempo regresó. La paciente en el camino falleció, entonces regresan con la paciente que había fallecido, mi cuñado la ve y dice: yo creo que nos esperamos a la voluntad de Dios, que Dios nos abra los caminos y haya una ambulancia adecuada. Pues sí, así de fácil.

 

No tenemos nosotros que hacer las cosas de acuerdo al mundo, tenemos que hacerlas de acuerdo a Dios, nosotros tenemos que orar y tenemos que clamar a Dios, y le tengo que decir: ¿Cuál es tu voluntad? ¿Qué es lo que quieres tú que yo haga? Porque yo estoy dispuesto a hacerlo porque te amo, revélamelo, cambia lo que hay aquí adentro. Yo sé que aquí adentro estoy viciado como dice tu Palabra, yo sé que aquí hay un hombre interior viejo, viciado, que hace las cosas conforme al mundo, pero yo ya no quiero más esto, porque ahora he entrado a tu reino, y quiero hacer las cosas de acuerdo a lo que tú estableces.

 

¿Qué es lo que tengo qué hacer? Entender, como dice el apóstol, entender que las cosas son distintas en el reino de Dios. Que hay cosas diferentes, que yo no las puedo hacer igual de como las venía haciendo, yo tengo que ser una nueva persona, yo no puedo seguir siendo la misma persona vieja. De nada sirve que yo venga a Cristo si sigo igual que antes, no sirve de nada.

 

Está como aquella persona que bebía, se ponía unas borracheras cuatro o cinco días a la semana, pero espantosas; llegaba a su casa a las tres, cuatro de la mañana, tardísimo, y llegaba ahogado de borracho. La esposa ya estaba cansada de esa vida, ya estaba harta de él, ya en varias ocasiones lo había intentado dejar, ya había muchas cosas para que él cambiara, él  no cambiaba, él  seguía siendo igual, seguía en las mismas cosas, hasta que un día le dijo a su esposa, ¿sabes qué? Voy a cambiar, a partir de hoy voy a ser un nuevo hombre.

 

Ese día llegó temprano a su casa, la esposa se sorprendió, al segundo día dieron las 10 de la noche, no llegaba, las 12, no llegaba, y como a las 4 de la mañana llegó ahogado de borracho, borrachísimo. La esposa muy sentida, muy molesta, lo ve y le dice: ¿qué paso, no que ibas a ser un nuevo hombre? Dice: Sí, pero te tengo una noticia, este nuevo hombre salió igual de borracho que el anterior.

 

La voluntad de Dios es que seamos nuevos de acuerdo a su propósito, a su voluntad, que seamos otras personas, que los vicios los dejemos; deja tus actitudes que tenías, deja el carácter que tenías, deja lo que tú eras y empieza a ser lo que es Cristo Jesús. Empieza a renovar tu entendimiento, empieza a entender que hay cosas diferentes en Cristo Jesús, cosas distintas, entiéndelas como son.

 

Yo debo entender ahora en mi mente que las cosas espirituales, que las cosas que le agradan a Dios son distintas a las del mundo, a las que yo hacía, tengo que tener un cambio, lo debo  manifestar, porque si no lo hago entonces voy a volver a decir: es que no puedo hacerlo, soy igual, no puedo cambiar, yo quiero cambiar, pero no puedo cambiar, necesito entender. Tal vez tú también digas: es que yo no encuentro cambio, yo veo que sigo igual, desde el momento que tú llegaste a este lugar, desde el momento que tú llegaste a esta iglesia, esto ha ocasionado que tú tengas una voluntad distinta, que tú no tengas la misma voluntad, que tú eres diferente. Que tu deseo está en ser de acuerdo a la voluntad de Dios, eso es lo que tú quieres.

 

Cuando nosotros entendemos lo que dijo el apóstol Pablo en Filipenses 2:13 Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, entonces yo puedo entender que Dios ha puesto en mí el querer venir a la iglesia como el hacerlo. Porque tú puedes querer venir y no venir, pero si tú quieres venir y vienes, está el querer como el hacer, y entonces aquí la situación es, ¿por qué Dios actúa en ti para que tú cambies?

 

2 Timoteo 1:9 Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

 

Y aquí es impresionante lo que dice al apóstol una vez más; Dios me trajo a recibir bendición de él y Dios me da un lugar en su casa, me da un lugar en su reino, no porque yo haya hecho buenas obras, no porque yo haya sido alguien especial, alguien maravilloso, ¡no!, es por su propósito, es por su voluntad, para eso, y entonces aquí nos podíamos preguntar, bueno, y ¿para qué produce Dios en mí el querer como el hacer?

 

Filipenses 2:12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

 

En otras palabras: Dios está actuando en mi vida y está poniendo el querer como el hacer para una razón. Para que yo me preocupe por mantener la salvación que él me ha dado y yo garantice que voy a entrar al reino de los cielos y voy a vivir ahí por la eternidad. Por eso Dios pone en tu corazón el querer como el hacer, por eso nada más, por su buena voluntad, porque su voluntad es tan buena que desea que tú vivas con él por la eternidad, que tú vivas con él para siempre y para que tú lo hagas él tiene que poner en nosotros su voluntad, el querer como el hacer.

 

Para que entonces nosotros queramos y hagamos y entonces nosotros cuidemos de nuestra salvación que no la perdamos. ¿Qué significa esto? Que entonces yo voy a entender ahora que tengo que hacer cosas espirituales de acuerdo a la Palabra y que las cosas que yo hacía en el mudo. Que mi comportamiento en mi vieja humanidad no era la correcta, no era la adecuada, estaba viciada y con esos vicios yo no puedo entrar al reino de los cielos.

 

Y una humanidad viciada no significa: está bien, yo consumo drogas, o que yo beba alcohol, que fume, no a eso no se refiere nada más, se está refiriendo a los pensamientos que tenemos que son del mundo, que van en contra del propósito de Dios. Como cristianos hay cosas que no debemos de hacer porque van en contra de la Palabra y cuando los hacemos es porque estamos viciados; tenemos que quitar estos vicios.

 

Quita los vicios de tu vida, quita los vicios de tu pensamiento y toma y pon en tu mente nuevos conceptos, los conceptos y los pensamientos de Dios; Dios actúa en mi hombre interior para que yo piense los pensamientos de él y yo los pueda llevar a cabo, para que yo pueda obedecer. Yo tengo que conocer, yo lo tengo que llevar a cabo, yo tengo que moverme en este sentido, tengo que hacer a un lado todo lo que era de la carne y tomar las cosas nuevas, las espirituales. Dice Pablo:

 

Gálatas 5:16-17 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

 

Y observa este versículo, aquí ya hay un pensamiento diferente del apóstol Pablo. El apóstol Pablo todavía en Romanos dice: hay, pobre, pobre de mí, allá en el capitulo 7:24 que palabras tan de tristeza, tan trágicas menciona el apóstol dice:

 

Romanos 7:24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

 

Cualquiera que oyera estas palabras le hubiera dicho a Pablo: lloremos, vamos a llorar apóstol tienes razón, eres un miserable, ¿quién te va a poder cambiar, quién te va a librar de este cuerpo pecador? Lo único que vale en ti es lo de adentro, el interior; que se muera lo de fuera y que viva lo de adentro.

 

Analízalo y ve la diferencia de aquí en este momento cuando está diciendo: ¡Miserable de mí! y está diciendo: soy un miserable porque en mi hombre interior quiero hacer lo que dice la Palabra y en mi exterior hago el pecado. En el libro de Gálatas hay un gran cambio.

 

Gálatas 5:17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

 

Aquí hay una madurez en el mismo entendimiento del apóstol. ¡Sí! hay cosas que se oponen, hay cosas que chocan, pero tú tienes que hacer las cosas que debes hacer, no puedes hacer lo que tú quieras. Aquí cualquiera pudo haberle dicho a Pablo: ¡Oye! ¿y dónde está ese Pablo que le escribió a los romanos, que hacia lo que no quería?

 

Yo puedo advertir aquí ya un crecimiento del apóstol, un crecimiento cómo cristiano, lleno de la plenitud del Espíritu Santo, haciendo lo que debe hacer y sabiendo que puede hacer lo que Dios establece. Ya no habla aquí de una lucha interna, aquí ya no habla de que yo tengo lucha en mi interior con mi exterior, ya no. Aquí ya dice: yo me someto a lo que Dios establece y ya no hago lo que quiero, no lo hagas tú tampoco, ¿qué es lo que tienes que hacer? Andar en el Espíritu, así de sencillo.

 

Gálatas 5:18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

 

Y empieza a hablar cómo puedes someter a tu carne, a tus pensamientos viciados, a tu viejo hombre a lo nuevo que es en Cristo. ¿Cómo? Guiado por el Espíritu de Dios, guiado por el Espíritu Santo, no hay de otra. Tenemos que manifestar un cambio, debo entender que lo que yo quiera hacer lo debo hacer fortalecido por Dios, caminando en el Señor.

 

Nosotros ya estamos muertos a la carne, nosotros ya morimos a nuestra vieja humanidad, estamos caminando en una nueva forma, en la forma de Cristo Jesús. Dice la Escritura que hoy día nosotros fuimos crucificados juntamente con Cristo, que nuestra vieja humanidad murió aun ahí cuando nos bautizamos, y nació, emergió un nuevo ser. Nació una nueva persona, una nueva criatura para caminar conforme y la voluntad de Dios, y aun el Espíritu Santo descendió para unirse a nuestro espíritu y hacer lo que Dios establece, permite por lo tanto que la Gloria de Dios se  manifieste.

 

Que esa buena voluntad de Dios se manifieste en tu vida poniendo en ti, tanto el querer como el hacer.

 

¡Fortalécete! Fortalécete en el Señor.

 

Bendito Dios y Padre Eterno te doy gracias por tu Palabra, porque Señor hay cosas que nos cuestan trabajo cambiar, que nos cuestan trabajo caminar o aun hay cosas que nosotros no entendemos o con las cuales luchamos como en este caso, queremos muchas ocasiones hacer lo que tú estableces pero no podemos llevarlo a cabo. Danos la capacidad para ser renovados en nuestra mente, en nuestro entendimiento y tomar las cosas que proceden de ti.

 

Dejar todo aquello que es viejo, que está viciado y empezar poniendo en su lugar en nuestra mente cosas nuevas de acuerdo a tu Palabra según tu reino. Que haya una transformación que haya un cambio, manifiéstate con poder.

 

Y te doy gracias Padre, porque tú nos vas formando, porque tú nos vas cambiado para que podamos estar en tu reino, contigo por la eternidad.

 

Tú no permitirás la entrada de nada viejo, de nada viciado, permitirás la entrada de aquello solamente de aquello que esta de acuerdo a tu palabra, a tu voluntad. Nosotros queremos estar acordes contigo para poder estar a tu lado, porque te amamos, por eso estamos aquí.

 

Ayúdanos Señor a vencer a los miembros de nuestro cuerpo que luego se oponen a tu Palabra y que ese hombre interior que ya ha sido renovado y en el cual se encuentra tu Espíritu Santo crezca de tal modo que tome control de cada miembro nuestro. Y Padre, todo sea para darte a ti la Honra y la Gloria. Amén.

 

Dios los bendiga.