INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

MEJOR ES CONFIAR ES DIOS

José Antono Cano Mirazo

 

 

Salmo 118:8-9 Mejor es confiar en Jehová Que confiar en el hombre. 9Mejor es confiar en Jehová Que confiar en príncipes.

 

A mí me agradan mucho los Salmos, cuando los leo y puedo advertir las palabras de confianza de los salmistas hacia Dios, y cómo su exhortación en la mayoría de los casos es una exhortación en amor. Es un llamar nuestra atención, el decir: ¡Hey! Pon atención, aquí está el Señor, el Señor que te guarda, el Señor que te cubre, el Señor que te protege, confía en Él, Él es un Dios amoroso y como Él no hay nadie.

 

Y puedo advertir cómo todos estos salmos fueron hechos con un propósito bien específico: Para alabar a nuestro Señor. Y cuando nosotros los leemos y analizamos lo que establecen, nos damos cuenta que son alabanzas que llegan al corazón de nuestro Dios. Yo me gozo con las palabras de los salmistas.

 

Cuando leía este Salmo, específicamente me llamaban la atención los versículos que leímos, en donde es una exhortación y al mismo tiempo es una declaración de parte del salmista de que mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Y a mí me hacen reflexionar y me hacen pensar cómo tiene la razón siempre la Palabra. Cuando nosotros depositamos nuestra confianza en el hombre, en términos generales somos defraudados. Porque muchas de las veces nosotros estamos esperando que el hombre cubra ciertas expectativas de nuestra vida, cubra un determinado perfil. Y nos damos cuenta que el hombre, en términos generales, hay un momento en el cual nos defrauda.

 

No por cuanto esté en el corazón tal vez del hombre defraudarnos, sino porque sus propias limitaciones, nuestras limitaciones nos llevan a no poder ser como la expectativa que los demás están esperando de nosotros. También nuestros errores, nuestras fallas, ocasionan que nosotros defraudemos muchas de las veces a quienes están a nuestro alrededor, aún a nuestros seres más queridos que son a los que menos quisiéramos defraudar, y a veces los defraudamos, a veces lastimamos su corazón, lastimamos su interior.

 

Y yo puedo advertir en muchas ocasiones esa gran vulnerabilidad que tiene el ser humano. Somos muy vulnerables. Somos, yo diría, también como muy frágiles y fácilmente podemos equivocarnos, fácilmente podemos caernos, podemos hacer las cosas mal, aun no darnos cuenta que las hacemos mal, lastimar el corazón de la gente, en fin, es algo demasiado complejo.

 

Y cuando me dice la palabra de Dios, es mejor que confíes en Jehová, yo miro cómo es Dios, yo lo analizo y entonces me doy cuenta que el salmista tenía razón, que efectivamente no hay nadie como el Señor, Él es Santo y Perfecto. En Él no hay error, no lo existe, Él es perfecto y por lo tanto el que yo confíe en Él será poner en buenas manos mi vida y mi confianza, porque Dios nunca, jamás, nos va a defraudar. Nunca vas a encontrar tú que Dios te defrauda.

 

En ocasiones nosotros mal interpretamos las cosas, o las queremos acomodar como nosotros queremos, y entonces creemos que Dios nos defrauda, o tal vez creemos que Dios no nos ama, o que tal vez su misericordia no se manifiesta, que su prosperidad no está con nosotros, o que sus promesas no se cumplen en nuestra vida, pero no es así. Lo que pasa, es que estamos mirando desde una perspectiva equivocada, y no estamos mirando a profundidad las cosas, y no las podemos ver como Dios las ve.

 

Cuando el salmista nos dice confía en Dios, es que yo debo depositar en Dios absolutamente toda mi confianza, no en el hombre. El salmista aun no me está diciendo que no confíe en las personas, yo puedo confiar en gente que esté a mi alrededor, pero yo debo tener en mente siempre una cosa: en cualquier momento podemos ser defraudados. Y el que yo sea defraudado por una persona eso no debe cambiar ni mis sentimientos, ni mi convicción, ni mi confianza hacia esa persona. Debo yo estar consciente que la persona tiene limitaciones, y si yo ubico que tiene limitaciones, yo voy a saber que van a haber cosas que no pueda cubrir esa persona en cuanto a mi expectativa. Por eso el salmista usa la palabra mejor, sí confía en el hombre, pero mejor deposita tu confianza en Dios.

 

¿Cuántas ocasiones a lo largo de nuestra vida nosotros hemos sido defraudados? Y creo que es algo que es común. Y también el salmista dice que no importa el tipo de persona que sea, Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes. ¿Y qué podemos encontrar nosotros como sinónimo de príncipes? A una persona que tiene un nivel social muy especial, o cultural o económico; una persona que nosotros podamos considerar como que waw, esta persona es como lo máximo, aún un cristiano. Ah yo confío en él porque es cristiano, porque cree en Dios.

 

Y el salmista me dice: no, no, no, de cualquier modo, aunque él sea cristiano tú confía en Dios, no confíes en el hombre, es preferible. Con Dios nosotros podemos acercarnos con toda confianza, y nos podemos acercar con toda confianza porque dice la Palabra que nuestro Señor Jesucristo rompió ese velo en donde había una separación. Y nosotros podemos acceder hasta la presencia de Dios.

 

Dice la Escritura en el Antiguo Testamento que cuando una persona entraba al Lugar Santísimo, en donde estaba la presencia de Dios, por su pecado caía muerta. Cuando viene Jesucristo nuestro Señor, y rompe ese velo pero hacer accesible a Dios a nosotros, nosotros podemos entrar a la presencia de Dios con toda confianza y con la seguridad de que no seremos muertos. ¿Por qué? Porque está de por medio Cristo Jesús que nos está santificando para poder entrar.

 

Y nosotros lo podemos hacer, y es por ello que podemos venir delante de Dios y decirle: Señor tengo estos sentimientos, tengo estos pensamientos, estos anhelos, estos propósitos, estas preocupaciones, estos problemas, esta crisis, en fin, podemos venir delante de Dios y expresarle lo que sea. ¿Por qué? Porque hay confianza. Dice la Palabra, dice el apóstol Pedro: Podemos entrar confiadamente hasta su presencia. Y así es, y eso al Señor le agrada, que nosotros entendamos que podemos depositar todo lo que somos en Él.

 

Pero para mucha gente le es difícil, muy difícil confiar en Dios. Hay gente que no tiene la capacidad ni la posibilidad de confiar en Dios, y ello es por una razón: porque no le conocen, porque no han dedicado un tiempo en conocer cómo es Dios. Cuando nosotros le conocemos, cuando leemos en las Escrituras cómo es nuestro Dios, nos damos cuenta de todas las virtudes, de todas las características que Él tiene y eso nos lleva a amarle y a tenerle confianza.

 

Entonces cuando una persona prefiere confiar en el hombre que confiar en Dios, yo me doy cuenta que esa persona no conoce a Dios, y por lo tanto, confía en lo que conoce y que finalmente le va a fallar.

 

Salmo 9:10 En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.

 

Cuando nosotros analizamos la vida de David, nosotros nos damos cuenta por todo lo que él pasó, desde quién era David, cómo vivía, de qué manera lo hacía, a qué se dedicaba, cómo va evolucionando, cómo se va desarrollando, cómo él busca la plenitud de Dios, cómo busca la unción del Señor y esto lo lleva a tener victoria sobre los enemigos. Y llega a un momento en el cual David con toda convicción, con todo conocimiento de causa puede decir: tú, oh Dios, no desamparas a aquel que te busca.

 

Y esta es una declaración tremenda. Yo sé que si yo busco a Dios, que si yo mantengo comunión con Él, si yo me mantengo en oración con Dios, a mí Dios no me va a desamparar jamás, siempre voy a ver su mano de bendición, siempre voy a ver sus promesas cumplidas en mi vida. Si yo me aparto de la comunión con Dios, yo no busco al Señor, entonces, lo más probable es que ese apartar que yo tengo, ese distanciamiento que yo provoco, ocasione que Dios no me pueda bendecir, porque yo pongo limitaciones a nuestra relación.

 

Esto es muy sencillo, nosotros lo hacemos. Cuando una persona no te habla, no te busca, no se interesa en mantener una relación contigo, entonces tú no le buscas, y si alguien te pregunta le dices: pues para qué le hablo yo, a él no le interesa. Y tan no le interesa que no me volvió a hablar, o no volvió a venir a mi casa. Yo por qué tengo que hacer esto o por qué tengo que hacer lo otro.

 

Dios dice que nosotros tenemos que buscar estar en comunión con Él, Él es Dios, Él es Santísimo y nosotros tenemos que buscar acercarnos a Dios, tenemos que buscar mantener esa relación con Él. Y si nosotros lo hacemos entonces siempre vamos a estar amparados como dice el Salmo 91, siempre vamos a estar bajo su cobertura, bajo su bendición, bajo su cuidado siempre.

 

A los pocos días de haber llegado yo al Señor, en una primera profecía que yo escuché en una casa de oración, donde había un profeta a través del cual Dios se manifestaba; Dios dijo a los que estaban ahí, yo era la primera vez que estaba en ese lugar, dijo: nunca faltará el alimento en tu mesa. Al terminar esa célula, yo me acerqué a la hermana anfitriona, a la dueña de la casa y le dije: oiga hermana es la primera vez que yo vengo a este lugar, esa palabra que dio el profeta, Dios a través de él, ¿también es para mi vida? Y entonces ella me dijo: sí por supuesto, también.

 

Y salí de ahí con una tranquilidad y con una confianza en Dios tremenda, de que en mi mesa siempre iba a haber qué comer. Al día de hoy, le doy gracias al Señor porque en 25 años nunca ha faltado la comida en la mesa, siempre ha habido. Y no solamente para suplir las necesidades de la familia, sino aún llegan muchos hermanos a visitarnos, muchos jóvenes, y muchos jóvenes que tienen un apetito feroz, parecen mamut; y siempre alcanza y siempre sobra.

 

Yo no sé y mi esposa lo ha comentado en cantidad de ocasiones, no es posible, una vez más el Señor está bendiciéndonos porque está multiplicando, porque yo compré esto y esto, y esto y comieron mucho más de lo que había. Y puedo ver cómo durante todos estos años Dios ha sido fiel y nunca me ha desamparado. Pero nosotros tratamos de mantener una relación con Dios, tratamos de descansar en Él, de no romper nuestra comunión con el Señor y de confiar siempre en Dios, además de estar buscando más de Dios, más de su corazón, más de su propósito, más de sus mandatos para buscar hacer lo que Él establece.

 

Este conocimiento, como dice David, nos lleva a confiar en Dios, porque sabemos quién es Dios. ¿Ah y puedo confiar en Dios para este aspecto específico? Sí, lo dice la Palabra, y lo dice aquí. Y conforme y tú vas conociendo te vas dando cuenta que puedes confiar en todas las áreas de tu vida en Dios. Y Dios nunca, nunca te va a dejar, nunca te va a fallar.

 

¿Qué es confiar? Porque tal vez tengamos conceptos equivocados de la palabra confiar. Confiar según el diccionario, es apoyarse, creer y encomendar, eso es confiar. Y nosotros encontramos en el griego una palabra que es Tharreo, que significa posesión de confianza.

 

Hebreos 13:6 De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.

 

En el griego nosotros encontramos esta palabra Tharreo, que dice: De manera que podemos decir tharreo. Es decir, yo confío, es una posesión, es algo que me pertenece; me pertenece a mí esa confianza. Por lo cual yo puedo decir: confiadamente. No es algo que esté ajeno, no es algo simplemente que yo esté recibiendo o esté declarando, es una confianza que forma parte de mis posesiones. Todos tenemos posesiones, y esta confianza que se refiere aquí el escritor es precisamente una confianza de posesión, yo poseo esa confianza. Y por esa confianza que yo poseo, yo puedo venir delante de Dios. ¿Por qué poseo esa confianza? Como decía David, porque tengo un conocimiento.

 

Cuánta gente existe que no sabe, no cree, no tiene idea que Dios le puede escuchar, y viene y te dice: oye te quiero pedir un favor, te quiero pedir que ores a Dios porque a ti yo sé que Dios sí te oye.  Es que yo oré y no sé si me escuchó el Señor, no sé. Y mucha gente viene y ora a Dios, y termina su oración y se va con la duda si Dios le oyó o no le oyó. ¿Por qué? Porque no hay un conocimiento, y al no haber conocimiento no pueden tener una posesión de confianza para venir delante del Señor. Yo sé, tengo esa confianza que cada vez que oro Dios me está oyendo, yo lo sé.

 

Y puedo venir confiadamente con Él porque sé que me va oír, y no solamente me va a oír, me va a responder. Claro, en muchas ocasiones quisiéramos que su respuesta fuera en nuestros tiempos, pero no va a ser así. Dios va a responder en los tiempos que debe responder. Se va a manifestar su respuesta en el momento indicado. Pero tú puedes tener la absoluta confianza de que todo aquello que pides a Dios, Dios lo responde, Dios lo da, Dios trae la respuesta.

 

Yo tengo esa confianza en el Señor, no solamente es esa fe, no solamente es la fe de estar convencido, de tener la seguridad, ¡no! Tengo la confianza como una posesión de que Dios me está respondiendo en su tiempo, yo  lo sé. En el momento de Dios yo voy a recibir, tengo esa confianza, simplemente tengo que esperar a que se cumpla.

 

Y existe otra palabra en griego para confianza, y es Tharseo, que es tener confianza, estar alentado.

 

Marcos 10:49-50 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.

 

Observa aquí, cómo este hombre no tenía la confianza como una posesión como dice el libro a los Hebreos, sino que aquí lo están alentando a que tenga confianza. Es como cuando nosotros le decimos a un hermano: No te preocupes, va a haber una solución a esto, ten confianza en Dios, ven y deposítalo en el Señor, ten confianza en Él. Haz esto que dice el Señor y vas a ver una respuesta. Es diferente, nosotros estamos en esos momentos alentando para que alguien le tenga confianza  Dios, y eso es Tharseo.

 

Así le dijeron. Imagina la escena. Va Jesús caminando y de repente mira a un ciego, ve su necesidad, ve la condición en la que se encuentra, y entonces Jesús le llama y le dice ¡Ven! Los discípulos corren, van con el ciego y le dicen: ándale, ten confianza, ve con el Señor. Ellos van y alientan al ciego para que tenga confianza. Es mucho de lo que nosotros hacemos en el evangelismo con gente que no conoce de Dios, que no conoce la Palabra. Y nos plantea alguna situación y les decimos: no te preocupes, ten confianza, deposita esto en las manos de Dios y vas a ver un resultado.

 

¿Qué hacer para tener confianza? Y aquí podríamos considerar dos aspectos:

 

Primero: Dice la Escritura en el versículo 50: El entonces (el ciego), arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Y a mí me llama la atención esto. Deja la capa. ¿Por qué? ¿Qué está simbolizando esto? La capa es algo que le cubre. Y él para venir a Jesús sabe que tiene que despojarse de lo que él trae, de la cobertura que él trae. Todo lo humano en lo que él confiaba lo tuvo que dejar, y se está desprendiendo de él en el momento que está dejando su capa.

 

Tal vez hacía fío, tal vez él tenía frío y por eso traía la capa. Le dicen: te llama el Señor, y él se quita la capa. ¿Qué, en ese instante dejó de sentir frío? No, está simbolizando la cobertura que cada uno de nosotros trae. Esas confianzas que tenemos en las cosas materiales, la confianza que tenemos en el hombre, la confianza que tenemos en lo que vemos.

 

Y para venir al Señor, para poder confiar en el Señor, yo tengo que dejar de confiar en lo que siempre he confiado y que aun me ha defraudado. Y tengo que decir: Está bien, me despojo de esta cobertura, me despojo de esta vestidura de confianza hacia el hombre, porque finalmente no me ha ido bien, y aunque me fuera bien, ahora voy a confiar en el Todopoderoso, en aquel que nunca me va a defraudar, voy a confiar en el Señor.

 

Pero yo para poder confiar en Dios no puedo venir con la misma cobertura y seguir confiando en el hombre y a la vez confiar en Dios. ¡NO! Yo tengo que despojarme de la confianza en el hombre, tengo que dejarlo, tengo que soltarlo, tengo que soltar todo aquello que a mí me da confianza.

Es impresionante cuando existen hermanos que Dios utiliza para llevar sanidad, por ejemplo a paralíticos, cuando hacen el llamado. Y el llamado siempre es el mismo. Tú que viniste a este lugar, que tienes un problema de parálisis deja tus muletas, deja tu silla de ruedas, y ven a este lugar. Se tienen que despojar de la confianza que le tienen a las muletas para caminar, se tienen que despojar de la confianza que le tienen a la silla de ruedas para transportarlos de un lado a otro. Tienes que confiar en Dios, y si vas a confiar en Dios ya no puedes seguir confiando en otra cosa, tienes que confiar en Dos.


Y es impresionante ver cómo de lo hermanos que están, que van a esas reuniones de oración para sanidad de enfermos con discapacidades físicas, empiezan a hacer un altero de sillas de ruedas y de muletas, enorme. Y se tienen que atrever a tener confianza. Y dejan eso y empiezan a caminar hacia el Altar, donde se está haciendo el llamado, y tienen que romper con la confianza que había en lo que llevaban.

 

Para yo poder confiar en Dios tengo que romper aun de mi propia confianza, la tengo que hacer a un lado para darle paso a la confianza hacia Dios, en Dios. Lo tengo que hacer, mientras no lo haga no puedo confiar plenamente en el Señor.

 

Hay quien dice: Sí confío en Dios, pero de cualquier modo me guardo aquí esta “carta bajo la manga” para en cualquier momento sacarla. ¡Jamás se va a manifestar el Señor así, nunca! Sí, yo confío en que Dios puede hacer esto, pero… Es como le pasó a Abraham. Abraham confiaba en Dios, y Abraham creyó a Dios, y creyó que le iba a dar una tierra mejor que la que tenía. Y le creyó a Dios que le iba a dar descendencia. Abraham le creyó a Dios y por eso obedeció, lo dice la Palabra.

 

¿Qué es lo que sucede entonces? Que ve retrasarse la promesa, Sara su mujer, ve que se retrasa la promesa, que no llega pronto, como que se desesperan y entonces Sara toma a su sirvienta Agar y le dice: acuéstate con mi esposo para que se cumpla la promesa de Dios. Y Abraham dice: Pues bueno, por mí no hay problema, adelante. Si ésta es la voluntad de Dios, pues qué le hago. Y tiene relaciones con Agar. Sara y Abraham tratan de ayudarle a Dios para que se cumpla una promesa.

 

Dios no necesita de nuestra ayuda, y tan es así que Dios se molesta con él, se molesta con Sara y les dice: están mal, esto no era lo que yo quería. Esto no era la promesa. Yo les prometí a ustedes dos, un hijo, una descendencia. Y moviéndose, se ponen a trabajar para tenerla. Bueno. Y entonces se ponen a trabajar sobre la promesa ya enfocando las cosas como son Abraham y Sara. Resultado: confían ya en Dios, y viene la promesa y nace Isaac.

 

Yo no puedo decir que confío en Dios y estar pensando de qué manera sustituyo por si Dios me falla. Porque entonces no estoy confiando plenamente. Dios no me va a fallar. ¿Cuánto confiamos de nuestras propias fuerzas? Muchas veces nos es difícil no confiar en nuestras fuerzas para confiar en Dios. Tenemos que aprender a hacerlo, lo dice el Señor.

 

Y, segundo aspecto para tener confianza. Yo veo que lo hace el ciego: venir al encuentro con Dios. Tienes que venir a su encuentro, deja lo que estás haciendo y busca al Señor, busca tener un encuentro con Él. Levántate de lo que estás haciendo y ponte en comunión con Dios, ven  a Él, acércate a Él.

 

No le dijo: hey, te voy a sanar, ya vi tu necesidad, espérame, yo voy a ti. ¡No! No lo hizo. Se acercaron los discípulos y le dijeron: ve, te llama, ve. Tú no estés esperando que el Señor venga hasta ti para solucionarte un problema. Tú, como dijo el salmista, busca al Señor, acércate a Dios, ten confianza en el Señor y ven a Él, mantente en comunión y entonces la confianza se fortalecerá. No es de otro modo.

 

Recuerdas lo que dice en 1 Samuel en relación a Samuel. Ana, la mamá de Samuel, no podía tener hijos, y viene al templo y clama al Señor y el Señor le dice: te voy a dar un hijo. Y ella dice: si tú me das un hijo yo lo pongo a tu servicio. Al siguiente año Ana estaba embarazada, iba a concebir. Y concibe, da a luz a un hijo al cual le pone por nombre Samuel, que después fue el profeta. A los tres años de edad, es la edad en la que se acostumbraba, viene Ana con el pequeño, viene al templo y le dice al Sacerdote: yo ofrecí mi hijo al Señor, aquí está. Y lo deja en el templo. Yo no sé si tú lo pudieras hacer. Ella viene y lo hace.

 

Muchas ocasiones nosotros venimos y le decimos al Señor: Señor pongo en tus manos la vida de mi hijo, ve cómo está, enderézalo, ve que anda perdido, ve los caminos en los que está, enderézalo Señor, yo lo pongo delante de ti. Y entonces el Señor empieza a tratar con él, lo aprietan tantito, le empieza a ir mal,  y entonces la mamá: ay pobrecito mi hijito, qué te pasa, ya, ya, ya.  Resultado: echa a perder la obra de Dios. Si tú le dices al Señor: pongo en tus manos la vida de mis hijos o de mi cónyuge, no te metas en lo que Dios haga, ¡no te metas! Y es que pobrecito está sufriendo. ¡No te metas, déjalo!

 

Ana lo hizo, Ana tomó a su pequeño de tres años y lo trajo al templo y le dijo: Señor aquí está, yo te lo prometí, y a partir de ese momento Ana iba de vez en vez a visitar a su hijo. El pequeño está creciendo, y dice la Biblia que una noche Samuel oyó una voz que le llama y que le dice: Samuel, Samuel. Y entonces se levanta Samuel y va con el sacerdote Elí, y le dice: mande, ¿me llamaba? Y le dice: no, yo no te llamé. Yo oí mi nombre. No, yo no te llamé, vete a acostar. Se regresa y se acuesta, y vuelve a escuchar: Samuel. Y se vuelve a levantar Samuel y va con el sacerdote y le dice: dime, aquí estoy. Y el sacerdote le vuelve a decir: no yo no te llamé.

 

Y de entrada tú ve la actitud de Samuel que era un niño. Él, cuando oye su nombre se levanta de estar acostado y va hasta donde estaba el sacerdote, donde estaba un adulto y le dice: dime, ¿qué se te ofrece, qué quieres? Igual que nuestros hijos cuando les hablamos. Fulano Y desde el otro lado grita: ¡¿qué quieres?! Que vengas. ¡¿Para qué?! Ahorita, ahorita voy. Y ese ahorita… ¿O es a la horita? A caray, no me había fijado. Será a la horita, ¿verdad? Y no van. Estamos mal acostumbrados.

 

Cómo vamos a venir a un llamado de Dios y caminar y hacer lo que tenemos que hacer, cuando desde niños estamos acostumbrados a gritar: mande, o: qué quieres, desde donde estamos cuando nos hablan. Tenemos que despojarnos de esas coberturas que nos impiden acercarnos a Dios.

 

Y entonces el sacerdote Elí entiende y dice: ¿sabes qué? Esa voz que estás oyendo es la voz de Dios, Él te está llamando. Cuando vuelva a llamarte dile: Heme aquí, y el Señor te va a hablar. Se fue a acostar de nuevo Samuel, y volvió a escuchar que le hablaban y le decían: Samuel. Y entonces ya él con una conciencia, se enderezó, se postró y dijo: heme aquí Señor, háblame, que tu siervo oye.

 

Y esto es lo segundo que nosotros tenemos que hacer: venir al Señor. No podemos confiar en Dios sin venir a Él. No podemos confiar diciendo: Ah es que Dios va a resolver mis problemas.  Bueno, ¿ya oraste, ya los pusiste en sus manos? Pues no, no lo he hecho pero, Él conoce los problemas, Él los va a arreglar, no hay bronca. ¡No! Ven como lo hizo el ciego. Al ciego no le importó aun su condición física de ceguera.

 

Dice la Escritura El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. No dice que lo llevaron, él no veía y fue a Jesús a donde él estaba. No estemos esperando que lo demás nos lleven, nos empujen. Ah, es que yo necesito de alguien que ore conmigo, porque si no ni oro. ¡No! Aprende a orar, aprende a estar a solas con el Señor, muévete, levántate de donde estás y ve con el Señor porque ahí hay bendición.

 

Otro Salmo de David en donde está hablado precisamente del enemigo, es el Salmo 20:7  Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

 

Es decir, no importa en lo que crean, en qué tengan su confianza los que están a tu alrededor; pueden tener confianza en las personas, pueden tener confianza en un partido político, hasta en el PRD, pueden tener confianza en lo que sea, en el dinero, en lo que quieran, ¡allá ellos! Tal vez sienten que esto les ha funcionado, ¡qué bueno! Pero nosotros debemos tener confianza en Dios, y de Él nosotros nos tenemos que acordar de una manera constante, siempre fiel. Es en Él, en Dios, y en nadie más en quien nosotros debemos confiar.

 

Una confianza total, tener una confianza absoluta. Yo no puedo dar una parte y no darlo todo. Dicen que no le has dado nada a Dios en tanto no le has dado todo. Entonces tienes que confiar plenamente.

 

Es como aquel niño, tu hijo, que vas a una alberca, te metes a la alberca, el niño está parado en una orilla, está chiquito, no sabe nadar, y tú le dices: ¡ven, brinca! Tiene tal confianza el niño en ti, que pega el brinco, se avienta. Porque sabe que tú lo vas a detener, sabe que no corre peligro. Tú le dices a tu hijo: ven, acompáñame. Vamos a la calle. Tiene tal confianza en ti que te da su manita y tú lo llevas. Y el niño no sabe ni a dónde vas ni si llevas dinero, si va a hacer frío, si va a… Él no sabe nada, él simple y sencillamente te toma de tu mano y va a donde tú lo lleves. Eso es confianza. Es la confianza que un niño le tiene a un padre.

 

Cuando un niño hace cosas aparentemente arriesgadas las hace porque sabe que estás ahí, es porque te tiene confianza. Es lo mismo con Dios. El Señor dice: haz, aquí estoy. Tenme confianza, no te preocupes, clama a mí y yo te responderé. Ora a mí, pídeme lo que quieras, yo te voy a responder, tenme confianza. No rompas la confianza en Dios. Él quiere que le tengamos confianza, que vengamos a él y derramemos nuestro corazón delante de Él, tengamos confianza para que Él pueda actuar. ¿Cuánto va a actuar Dios en tu vida? Lo que tú le permitas actuar.

 

Si tú le permites hacer grandes milagros, si tú crees que tienes un Dios Todopoderoso que tiene la capacidad para hacer cualquier cosa; Dios va a hacer milagros de esa magnitud. Pero si tú crees que Dios no puede involucrarse, no puede manejar las cosas materiales para traerte una bendición, que no puede hacer esto para bendecirte, entonces Dios no lo va a hacer, aunque lo pueda hacer.

 

Tú limitas el poder de Dios o tú o sueltas. ¿Cómo vas a soltar el poder de Dios en tu vida para ver milagros, para ver maravillas? Confiando en Él. Confía en el Señor, deposita en Él tu confianza. Cierra tus ojos y tómate de su mano y camina. No te va a llevar a un lugar equivocado, no va a  traer nada negativo a tu vida, al contrario.

 

Salmo 26:1 Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear.

 

Cuando conocemos la historia de David, sabemos precisamente lo que él está declarando, que ha sido una persona íntegra. Sabemos que caminó de acuerdo a la voluntad de Dios y que siempre su confianza fue depositada en el Señor. Cuando David se enfrentó a Goliat, a un gigante, a una persona que medía más de tres metros de altura, preparado para la guerra, un guerrero tremendo de aquella época, tremendo y que no había nadie como él. David se puso frente a él confiando en Dios y le dijo: tú vienes a mí con jabalina y lanza, mas yo vengo a ti en el nombre del Señor, de Jehová de los ejércitos, del Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. Vengo en el nombre del Señor.

 

Cuánta confianza tendría David en Dios, que enfrentó a ese hombre. ¿Cuál es la confianza que tú tienes en Dios para enfrentar un problema, para enfrentar una situación, para enfrentar una circunstancia, para enfrentar una crisis? ¿Cuánto confías en Dios? Porque dependiendo de lo que tú confíes en Él, verás la gloria de Dios.

 

Cuánto confiaba Marta en el Señor Jesús, que cuando murió su hermano, a los cuatro días viene Jesús y le dice: ay, si hubieras venido antes otra cosa sería, tu amigo no estaría muerto. Y el Señor volteo, la miró y le dijo: No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios. ¿No te lo he dicho?  Es decir, ¿por qué no confías? ¿Cuántas veces te lo he repetido? Marta, me has escuchado predicar, conoces quién soy, te he ministrado, has oído las ministraciones, y todavía no confías en mí. ¿No confías de lo que puedo hacer, qué pasa Marta? Y nosotros miramos a la Palabra, conocemos los milagros de Dios, y luego no confiamos en el Señor de que pueda actuar con poder en nuestra vida.

 

Salmo 37:3-5 Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. 4Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.

 

Y aquí hay palabras que son claves en nuestra actitud para con Dios, para poder recibir bendición de parte del Señor. Lo primero que dice David en el versículo 3, es: Confía. Ten confianza, acércate el Señor, confía en Él, no tengas temor, no tengas inseguridad, no desconfíes, acércate a Él, ten conocimiento y confía en Dios. ¿Por qué? Porque dice que si confías en Dios y haces el bien, habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.

 

Y luego menciona en le versículo 4, la otra palabra con la cual empieza, con una palabra tremenda: Deléitate. Deléitate asimismo en Jehová. Gózate en el Señor. Gózate en su gloria. Métete en su presencia. Que sea un deleite para ti hacer su voluntad, hacer su Palabra, hacer lo que Él establece. Disfrútalo como lo más importante, como que no hay otra cosa tan maravillosa como deleitarte en el Señor.

 

A mí me gusta cuando David dice: ¡Deléitate! ¿Qué es para ti un deleite? Lo que sea para ti ahora hay algo más grande: Un deleite mayor que es estar en la presencia de Dios. Y además hay una promesa de bendición. Tú te deleitas en su presencia, tú te deleitas en su Palabra, tú te deleitas en hacer su voluntad, tú te deleitas en Él, y entonces Dios te va  conceder las peticiones que hay en tu corazón. No va a conceder solamente para que suplas en tus necesidades, ¡NO! Hay peticiones que están en nuestro corazón que para nosotros son importantes. Esas las vas a recibir cuando tú te deleitas en el Señor.

 

Tú puedes vivir sin ciertas cosas, pero tú tal vez has anhelado en cierto momento ciertas cosas o hacer ciertas cosas en tu vida y no has podido. Yo cuando era niño había enfrente de mi casa un familia que tenían un hijo que era de mi edad y él y yo teníamos mucha relación. El papá de él puso una empresa de transportes foráneos, él compró primero un tráiler, empezó él a manejarlo, después el compró otro y contrató a una persona para manejarlo. Después contrató otra persona y manejaban sus tráilers, después otro tráiler, otra persona y fue creciendo, y total hizo una cadena de trailers foráneos que van por todo el país.

 

Y entonces luego yo iba a las oficinas en donde también tenían ahí las bodegas, y yo veía el llegar de trailers tremendo. Y yo me iba a jugar ahí con mi amigo y jugábamos y veíamos el llegar, el entrar y salir de trailers, y yo pensaba: uf, algún día poder manejar una cosa de estas. Ha de ser maravillosos, ha de ser algo precioso manejar un tráiler. Y pasaron los años. Mi amigo y yo nos separamos por causa de la palabra de Dios, pasaron los años y mi corazón se olvidó de lo que yo en algún momento había anhelado, ya no lo recordé, quedó en el pasado. Ya para mí ya no fue importante, ya veía yo los trailers circular y todo, y ya no pasaba nada.

 

Y un día estando allá enfrente, una tarde de domingo lluvioso, de repente, ya había oscurecido, se detiene un tráiler frente a la casa donde estábamos rentando para comer, y se detiene un tráiler y viene un hermano y me dice: le hablan pastor. Le digo: ¿Quién? Me dice: es el hermano fulano que trae un tráiler y le está hablando. Entonces corro, me subo al tráiler y le digo: ¿qué pasó? Y me dice el hermano: usted no conoce, pero este tráiler es mío; lo estaba arreglando porque tengo viaje mañana. Ah que bien. Dice: ya le revisé los frenos, le hice esto, le hice lo otro y lo tengo pero al centavo para irme de viaje mañana. Ah qué bueno, ¡gloria a Dios!


Entonces me dice: ¿no le gustaría manejarlo? Le dije: ¡no! ¿Por qué habría de tener ganas de manejar un tráiler? Ándele, vamos a darnos una vuelta. No, no, ¿cómo crees? Para empezar nunca he manejado un tráiler, para continuar, o sea, es un tráiler,  no… Ándele, venga, pase de este lado. Dije: Conste, porque tú me insistes eh. Me paso del otro lado y ahí nos vamos.

 

Cuando regresamos me estaciono y le dije al Señor: Señor gracias. Gracias, porque aún aquellas cosas que yo no recordaba, que ya pasaron a un último término, tú no las has olvidado, y tú respondes a lo deseos de nuestro corazón. A esos gustos, a esos deseos, a esos anhelos. Y cuando confías en Dios, cuando te deleitas en su presencia, dice la palabra del Señor: van a venir a tu vida esos deseos de tu corazón, los vas a ver. Es cuando tú puedes decir: ¡Gloria a Dios! Yo siempre quise hacer esto, y Dios me dio la oportunidad de tenerlo o de hacerlo. Y lo llevas a cabo. ¿Por qué? Porque te estás deleitando en la presencia de Dios, y Dios que todo lo conoce, que conoce tu corazón, te da eso para bendecirte, para que tú te goces con Él, así como te estás deleitando con Dios, Dios te da algo para que también te goces con eso que te está dando.

 

Y dice también la primera palabra del versículo 5: Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.  Pon en las manos de Dios tu vida. Confía que Él la va a llevar bien, que Él te va a guiar como debe ser, ten confianza y ve para donde Él te dice, como lo hizo Abraham, como le creyó Noé, como lo hizo Enoc, como lo hizo Pablo, como lo haces tú.  Ponlo en las manos de Dios. “Señor, guíame en mi camino, yo no me quiero apartar ni a derecha ni a izquierda, quiero hacer conforme y tu voluntad. Yo pongo mi vida en tus manos porque tengo confianza en ti”. Y entonces Dios va a hacer, Dios va a actuar.

 

Es sencillo lo dice la Palabra, va a venir, pero ¿qué necesitas? Confiar en Dios. Y no es una confianza de: “Yo creo que existe Dios”. Es confiar plenamente, saber que Dios puede tomar control de tu vida, puede tomar control de tu futuro, puede hacer todo lo que quiera hacer en mí. Yo no voy a confiar en el hombre, yo voy a confiar en Dios. Confía en Dios.


Hay ocasiones en que luego nos falta la fe. Hay ocasiones en que nuestra confianza, como decía en un principio, no lo depositamos en Dios sino la ponemos en el hombre; no tengas temor de confiar en Dios, no tengas temor. Ven y deposita en el Señor tu confianza, y dile si sientes que te falta capacidad, díselo al Señor: Señor yo quiero confiar en ti pero yo siempre he confiado en mis fuerzas, yo siempre he confiado en el hombre, y ahora quiero confiar en ti, dame esa seguridad, dame esa fortaleza, dame la convicción de hacerlo.

 

David en medio de la persecución que tenía, David fue un hombre muy perseguido no solamente por el enemigo, sino aun por su hijo. Dice en el Salmo 31:14 Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. Esto es el manifestar la confianza. Yo no solamente voy a decir que Jehová de los ejércitos es mi Dios, que Jesucristo es mi Salvador, que el Espíritu Santo está en mi vida; sino que yo voy a confiar en Dios en todo.

 

Tú eres mi Dios el cual va acompañado de: Señor, yo en ti confío. Y confío plenamente a tal grado que no solamente pongo mi vida en tus manos, sino que pongo la vida de mis seres queridos delante de ti. Confío en ti, en que tú me llevarás a buen lugar, en que contigo caminaré siempre bien. No confíes en tus fuerzas, confía en Dios.

 

Salmo 33:21 Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado.

 

Una persona que no confía en el Señor, en su corazón habrá momentos de dolor, habrá momentos de duda, habrá momentos en los cuales habrá tristeza, habrá decepción, habrá muchas cosas. Cuando confías en Dios, tu corazón siempre estará alegre, porque sabes que Aquel en el que has confiado nunca te va a fallar, no te va a decepcionar, que siempre estarás firme en Él, y que vendrá la bendición a tu vida. Lo sabes, puedes caminar seguro, confiado, alegre, sabiendo que las cosas van a suceder como Dios las establece.

 

No es como los políticos que están confiando en su Partido, y están pendientes a ver quién de su mismo Partido les va a dar una puñalada trapera. Es común esto. Aquellos que confían en el hombre están cuidándose aún del hombre, ¿por qué? Porque sus intereses pueden cambiar y entonces van a traicionar.

 

¿Qué hubiera pasado si nuestro Señor Jesucristo confía en el hombre? Se hubiera puesto a llorar de la tristeza, de la decepción y del dolor que le hubiera causado que Judas lo hubiera traicionado. Sin embargo, todavía nuestro Señor Jesús con su confianza depositada en Dios, en el Altísimo, le dijo a Judas: ve y haz lo que tienes que hacer, ándale, ya cumple con lo que tienes que hacer. No dijo: Ah, yo confiaba en que a éste se lo olvide en el camino. ¡NO! Confió en Dios, y Dios no lo decepcionó ni lo defraudó.

 

Salmo 125:1 Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, Que no se mueve, sino que permanece para siempre.

 

Si tú confías en Dos no importa lo que venga, tú vas a estar firme, no te vas a mover. Vas a tener la firmeza de convicción que tiene un monte. Y precisamente el salmista está mencionando un monte muy especial, el monte de Sion, es decir, el monte de Dios. Es el monte donde Dios se manifestó, donde manifestó su gloria. Tu firmeza en el Señor al confiar en Él te va a ser estar tan firme como un monte que nadie va a poder mover, nadie. Y vas a permanecer para siempre, vas a permanecer por la eternidad, ¿en dónde? En la presencia de Dios.

 

Confía en Dios, pon tu confianza en el Señor, despójate de todo aquello que te impide confiar en Él. Y empieza a caminar como caminó aquella persona que el Señor llamó para bendecirla: a ciegas. Camina, no esperes a que el Señor venga a ti, el Señor está, tú muévete a estar en su presencia.

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Jesús, en esta hora levanto delante de tu presencia a este remanente pidiendo que tu bendición repose sobre él. Señor, que todo aquello que nos estorba, todo aquello que impide que nosotros podamos confiar plenamente en ti, que tengamos la capacidad de verlo, de reconocerlo y de quitarlo de nuestra vida, para que podamos venir delante de ti y confiar plenamente en ti.

 

Que tú harás, que tú nos guiarás, que tú te manifestarás, que tú no bendecirás, protegerás, cuidarás; que tengamos esa confianza plena en ti para caminar alegres y seguros cada día de nuestra vida. Que podamos mantener esa comunión estrecha contigo, y ese conocimiento se vaya ampliando en relación a ti para que nuestra confianza se fortalezca. No queremos confiar en el hombre.

 

Aun dice tu Palabra: maldito el hombre que confía en el hombre, y no ha puesto su confianza en Dios. Bendito el hombre que confía en Dios, en el Altísimo y que en Él ha puesto su confianza. Señor que tu gloria resplandezca en nuestra vida, que tu gloria resplandezca en cada uno de mis hermanos, en cada uno de nosotros, y gracias porque sabemos que esta Palabra es para bendición nuestra. Y en el nombre de Jesús, a ti sea la gloria por siempre.

Dios los bendiga.