INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

MI SERVICIO A DIOS

Pastor Guillermo Haro

Trigo Dorado

 

 

No sé cuántos de ustedes entienden lo que es el concepto de bendición. Pero muchas veces pensamos que bendición está relacionado con lo que hace Dios con nosotros. Ahora, es correcto, pero también más de una ocasión hemos aprendido o hemos escuchado en la medida en que vamos creciendo en la iglesia, que unos a otros también somos bendecidos. Pero ¿qué es en realidad bendición? Y así como dinero es la recompensa por un servicio, pues bendición también es la recompensa por un servicio.

 

Cuando venimos a los pies de Cristo creemos que él está comprometido a bendecirnos. Y efectivamente Jesús se compromete a bendecirnos; y la bendición que aparece en la Biblia es el que él intercede al Padre por nosotros. Jesús vino a morir por nosotros en la cruz, pero quien extiende sus manos para bendecirnos es Dios. Dios sigue siendo el Padre ante todas las cosas. Padre de Jesús el que envió el Espíritu Santo. Si creemos en un Dios Trino, entonces es Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero Padre sigue siendo la autoridad o sigue siendo todo.

 

Déjame repetírtelo, la bendición que Jesús nos da es estar intercediendo al Padre a su diestra. “Padre, mira, te ruego que bendigas a fulanito. Te ruego que bendigas a perenganito. Te ruego que envíes esta respuesta. Te ruego que te extiendas y te hagas presente en este hogar, en esta familia”. Esa es la bendición que Jesús nos da. Y cuando el Padre escucha la intercesión de Jesús pasa en balanza las mismas palabras de él, y entonces el Padre es el que comienza a extender su mano para entregarnos esa bendición.

 

Bendición entonces es como el dinero, una recompensa por algo. Cuando nosotros le estamos pidiendo algo a Dios, y Dios nos responde, fue porque le pedimos correctamente, le pedimos como a Él le gusta, como Él lo ha enseñado. Así que, bendición no es otra cosa más que eso, es el resultado, es la recompensa a algo. Y muchas veces nosotros relacionamos bendición con asuntos financieros. Hay una triple bendición en la Biblia que ha sido prometida y que en la medida en que nosotros la deseemos va a hacerse cumplida. Es la bendición en nuestras finanzas, es la bendición en nuestro corazón y es la bendición en nuestra salud.

 

La bendición va acompañada de estos tres conceptos, de estos tres elementos importantes. Y muchas veces nosotros solamente nos acercamos a Dios pidiendo que extienda su mano en nuestra salud porque está mermada, que si por la edad, que si por las diferentes circunstancias que nos rodean; y creemos que ahí se detiene. Déjame decirte esto: Cada que tú te acerques al Padre para pedirle que te bendiga, tienes que hacerlo conforme a su Palabra, y su Palabra dice: Padre, te pido que bendigas mi vida con la triple bendición. Y eso envuelve todo: bendición en el corazón, bendición en la salud y bendición en las finanzas.

 

Si el corazón no está siendo bendecido, es decir, no está siendo recompensado por el Padre, es porque algo nos está faltando, y obviamente repercute, ¿en qué? En la salud y repercute en las finanzas; es tan fácil de entenderlo. Así es como está en la Biblia que se debe pedir. Te dije que el Padre pasa como en balanza la intercesión de Jesús, porque el Padre también te dije que ante todo es el Padre y el Padre así lo hizo cuando Jesús llegó al Getsemaní y le decía: “Padre, si es posible pase de mí esta copa”. Todas las veces que Jesús se acercó a Dios, se acercó a Él como Padre, todas las veces, reconociendo la autoridad de Él.

 

Muchas veces nos preguntamos también: ¿por qué no he sido bendecido por Dios? Y la Biblia también nos da la respuesta: porque no le hemos pedido de tal manera que nos bendiga, porque pedimos incorrectamente. Y una de las mejores maneras de pedirle a Dios para recibir recompensas es o se obtiene a través del servicio. ¿Cuántos saben lo que es servicio? Hay una palabra que en el lenguaje original se utiliza para servicio, y es la misma palabra que se utiliza para adoración y es abodá. Abodá es una palabra que cuando tú la lees dice servicio, y que inmediatamente la relacionas con adoración, o que si tú la quieres tomar como adoración inmediatamente se tiene que relacionar con servicio. Abodá Hashem, significa mi servicio a Dios. Y para que yo pueda ser recompensado o bendecido necesito servirle.

 

Yo pedí permiso al pastor para que hoy se cambiara un poquito el orden con respecto a nuestra alabanza a Dios dando, por la semilla a la verdad espiritual que quiero sembrarles. Pero muchas veces nosotros creemos que en lo que vamos a leer, lo que está buscando Dios es todo lo relacionado con la música, con la expresión corporal, y no es así.

 

Juan 4:23-24 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

 

Tres formas importantes establecen en la Biblia nuestra manera floreciente o eficaz de poderle servir a Dios. Aquí una vez más estamos viendo la palabra Padre, y Padre y Padre. El Padre es el que está buscando adoradores. Ahora, si nos vamos al lenguaje, el Padre está buscando servidores también.

 

Mi servicio a Dios se compone de, número uno, de entregarle; no dije ofrecerle, de entregarle los primeros frutos. Cuando siembras la semilla, pasa el tiempo, y de repente cuando ya los arbolitos estaban maduros, ya habían crecido de alguna manera y empezaban a brotar los primeros retoñitos, el hortelano tomaba un rollo con un listón color rojo tildando o pintando a carmesí. Entonces tomaba su rollo y se salía desde el amanecer y comenzaba a pasearse por todo el hurto donde ya habían crecido los árboles. ¿Cómo es que se llega a poder disfrutar o se obtiene el crecimiento de los árboles? Porque se le puso atención ¿a la qué? A la cosecha. ¿Sabes? Lo que quiero decirte es que los ojos estuvieron atentos desde el primer momento desde que empezó a brotar de la tierra. Eso se llamaba las primicias de mi tiempo para mi cosecha, y era una fiesta.

 

¡Hey, levántate temprano que hay que ir a checar la cosecha! Ah, pues cómo que temprano. ¿Qué diferencia hay entre que vaya ahorita a que vaya a medio día? Es a la Fiesta de las Primicias. El primer fruto de tu vida y de la mía es diario, es diario. Pregúntale al que tienes al lado: ¿cuántos años tienes? Que te responda: ninguno, ya todos me los gasté. Eso se llama caballerosidad, ya todos me los gasté. Y mira, dice que ya entonces empezaba a checar así los arbolitos, según fuera el tamaño; y cuando empezaba a ver los primeros retoñitos, porque no todos brotan al mismo tiempo, eso sí lo entendemos, ¿no?

 

Entonces tomaba un pequeño pedacito con mucho cuidado lo cortaba y amarraba en ese retoñito ese listoncito rojo, y así lo hacía. Arbolito tras arbolito; arbolito tras arbolito; y ahí se iba paseando. ¿Qué crees qué sucedía cuando llegaban a estar maduros? ¿Cómo se sabía que los frutos maduros eran los que él tenía que tomar para poderlos arrancar y ofrecerlos como primicias? Porque mira, al final todos crecían. Hay frutos que son un poco más chicos que otros, pero finalmente todos crecieron en el mismo tiempo. ¿Sí o no? Si hablamos de un año crecieron en un año.

 

Cuando venía la Fiesta de los Primeros Frutos  de Las Primicias, el padre de familia se paraba en la puerta de la casa después de haber hecho ese recorrido y que alguna vez cuando vino el primer retoño les amarró los listones, y entonces les gritaba aní alehem l’abodá, es decir, les decía: me voy al trabajo, me voy al servicio. Pero cuando se trataba de las primicias entonces él involucraba a la familia y en lugar de gritar aní, que es el pronombre personal de yo, él gritaba, decía: anajnu, o sea, todos nosotros, anajnu alehem abodá, y agregaba un palabra, Hashem. Él decía: anajnu alehem abodá Hashem, es decir, vamos todos al servicio, ¿de quién? De Dios.

 

Vamos todos al servicio del Señor, y no te creas que la familia empezaba: ah, el pandero, el uniforme, la corbata, no es del mismo color, se me hace que hoy no la llevo. Y los rollos, la Biblia… No, no, no, ¿sabes cómo salieron? Salían con ropas de trabajo y salían felices. ¿A dónde crees que iban? A recoger los primeros frutos. Y cuando esta familia completa con todos sus siervos, los que vivían en el mismo lugar  empezaban a recorrer, no creas que empezaban a apretarlos: ah no éste está verdecito. Ah no, éste todavía no. Ah, a éste todavía le falta. Lo más sencillo era la recolecta de los primeros frutos porque tenían que dirigirse y buscar, ¿qué cosa? Los que tenían el listoncito rojo. Y cuando encontraban un listoncito rojo con un fruto, aunque fuera más chiquito que otro, todos, repito, habían crecido durante el mismo tiempo; tomaban su tijerita, la cortaban, y sin tocarla debía caerle a las espaldas. No era cualquier cosa. Ah sí, vamos, aviéntale una piedra porque no alcanzo, y que se caiga al fin que ya está bien maduro.

 

Déjame decirte esto: mi servicio a Dios se compone, número uno, de entregarle. No dije ofrecerle, de entregarle los primeros frutos, los que me preocupé primero por ver que habían brotado al principio. Mira, tú y yo, los que estamos aquí, todos hemos crecido al mismo tamaño; en la Iglesia del Señor todos crecemos en el mismo tiempo, vamos a suponer que hoy cumpliéramos un año de estar todos reunidos, las mismas posibilidades de ser alimentados las tuvimos todos. Pero los que primero retoñaron con el deseo de aparecerse como resultado de una siembra, fueron elegidos por el hortelano para ponerle eso, y aunque otros pudieran decir, eh, eh, no te olvides de mí yo estoy más regordete y estoy más chapeado que ese, esa manzana ahí medio amarilla. Pero ella brotó primero y tiene su listoncito rojo, más rojo que carmesí, había que cortarlo. Y sin tocarlo lo cortaban, se volteaban y entonces caía en la canasta.

 

¿Sabes por qué a veces no tenemos recompensa en nuestro servicio a Dios cuando se trata de entregar los primeros frutos? Porque cortamos al parejo, olvidamos cuál fue lo primero que retoñó cuando venimos por primera vez a Cristo. Y hay una exhortación a la iglesia en Éfeso que Jesús mismo hace diciendo: tengo contra ti que has dejado tu primer amor, vuélvete a las primeras obras. Es decir, como cuando la primera vez retoñaste en el árbol, en el árbol de vida que es Cristo Jesús. Y el Espíritu Santo está ahí poniéndole a tu vida y a la mía, poniéndole ese listoncito rojo para que llegado el momento caigamos en la canasta de la Iglesia, y entonces, se haga fiesta.

 

Esta es una mañana de cita con Dios. ¿A qué venimos a nuestra cita con Dios? No venimos a pedir, venimos a ofrecer. ¿Y qué venimos a ofrecer? Los frutos que maduraron de nuestra vida durante esta semana. A diferencia de la tierra, sabes que por el Espíritu Santo en nosotros cada séptimo día algo de nosotros debió haber madurado. Porque la Biblia dice que nosotros no podemos presentarnos a Él con las manos vacías. ¿Qué es lo bueno que retoña de nuestro corazón y que queremos marcar para ofrecerle a Dios cuando madure?

 

Vamos a ir avanzando un poco, pero déjame anticiparte algo: muchas veces lo que nosotros marcamos como primer fruto son las obras de la carne que hay en nuestro interior. Los resentimientos, los celos, la mentira, la envidia; y eso no lo recibe Dios, y cuando le estamos pidiendo algo al Padre en el nombre de Jesús, y Jesús está intercediendo por ti y por mí, ¿qué crees que está buscando Jesús de ti y de mí para que así el Padre pueda respondernos? Lo que decidimos ponerle, ¿qué? Una marca. ¡Wow! Este domingo, fíjate que el domingo es el último día de la semana, pero es el primer día de la semana. Esta mañana estamos terminando una semana, pero estamos iniciando otra. Es el Alfa y Omega en Cristo Jesús.

 

Y fíjate, si esta noche antes de dormir cierras tus ojos y piensas: ¿qué fue la verdad espiritual que quedó en mi corazón? Te hago esta sugerencia, procura ponerle atención cuando empiece a crecer desde mañana, el martes.

 

En otro tipo de enseñanzas, a mí me ha gustado subrayar algo: conocemos lo que es el concepto del amor, sabemos lo que es el amar pero no somos amorosos. Y hay una enorme diferencia en eso, pero enorme. Así es con los primeros frutos en nuestro corazón, hoy venimos aquí a recibir la siembra de la Palabra, a ofrecerle a Dios lo que hay en nuestro corazón; fíjate qué hermoso es Dios, ¿no? Pero yo sé por las verdades que estoy aceptando, que el lunes le tengo que poner atención a lo que recibí, pero quiero que empiece a crecer. Y que el martes doy un segundo paso y quiero que continúe creciendo. Esos primeros retoños los empiezo a enmarcar y antes del próximo domingo tu vida será diferente, te lo aseguro.

 

Y no te vas a presentar a la casa de tu Dios con las manos vacías, tampoco digo que vas a traer sobre los lomos o sobre la espalda según el tamaño, una canasta llena de frutos que me van a ser una carga. Mi abodá Hashem, mi servicio a Dios es para que Dios me encuentre y eso tiene que ver con espíritu y verdad. Y a veces creemos que la Fiesta de las Primicias son los primeros frutos, es del Antiguo Testamento, ya no hay nada qué hacer en nuestros días.

 

Pero Jesús también fue los primeros frutos de la resurrección y en un día de fiesta descendió el Espíritu Santo. Y en ese día del Espíritu Santo los discípulos como miembros de una comunidad que adoraba a Dios estaban cumpliendo con una Fiesta, la Fiesta de las semanas. A partir de hoy piensa: esta noche, ahorita te voy a dar algunos elementos que te pueden servir.

 

Déjame avanzar hacia la segunda manera o el segundo concepto, servir a Dios. Entonces el primero es Primicias o primeros frutos, en el hebreo se dice Bikurim, así que ya podemos decir nosotros vamos a servir a Dios. Y no es, ah, acá todos emperifullados. Sí, síguete arreglando cuando vengas, eso es de verdad indiscutible, porque si no imagínate qué susto nos vamos a llevar. Pero quiero que veas algo, aunque todos crecemos parejos no significa que todos vamos a ser bendecidos por Dios. Y ya vimos, porque bendición es una recompensa por un servicio.

 

Vamos al segundo concepto del servicio a Dios. En hebreo se llama Maasér, y ¿sabes? En español se llama DIEZMO. “Uff, ya sabía que iban a hablar de dinero”. No, no, no es dinero, porque diezmo es el diez por ciento de… Ahora, el diez por ciento ¿de la qué? De la cosecha. Ahora, ¿de cuál cosecha? Que diezmen otros yo por qué. Sí, no te preocupes. Dios te va a oír que tú quieres que otros diezmen aunque tú no lo hagas, y Dios te va a oír y gracias a ti los va a bendecir a ellos.

 

En una ocasión dos inversionistas de aquí de nuestro continente, para no decir si americano o mexicanos o lo que fuera, pero que hablaban muy chistoso y que dijeron: ¿en dónde nosotros podríamos ir a invertir nuestro dinero? Y entonces buscaron a un consejero de esos financieros. Hey tú, tenemos algún dinerito y queremos ir a invertirlo, ¿dónde nos sugieres que vayamos a Brasil, a Australia? Y él les dijo, no hombre, váyanse a Israel. Allá en Israel se van a ir y ahí hay la inversión, no hombre, con intereses que superan todo. Y tú ¿por qué crees eso? Porque además ahí está Dios en vivo.

 

Bueno, tomaron todo lo que debían llevar y llegaron a Israel, y luego, luego ahí en el aeropuerto tomaron un taxi. Eh, ¿a dónde quieren que los lleve? Llévanos a uno de los lugares donde los judíos están siempre llorando. Ah, pues el taxista dijo: pues solo que fuera a la Bolsa de Valores, pero… No, no, no, ahí en donde están todos llorando y donde están diciendo sus cosas ahí, porque venimos a invertir. Ah, ya sé, al muro, al muro. Ándale, por favor llévanos ahí, porque dicen que ahí Dios responde.

 

Y ahí van felices, van haciendo sus cuentas y todo. Y es de la vida real eh, no es cuentito. Y de repente ya se bajan y buscan un huequito y ahí ya están, y toman sus cheques y lo que traían, y empiezan a decir: Oh Señor por favor respóndenos, queremos invertir y queremos ganar mucho dinero. Y nos dijeron que aquí es donde se generan los mejores intereses. Y de repente llegó un hombre bajito, con nariz aguileña, su barbita, su kipá, se paró junto a ellos, encontró un lugarcito y empezó: Padre mío, oh Padre mío respóndeme a mi petición. Necesito 100 pesos para mi luz por favor, Padre. Óigame, por favor, no nos distraiga a Dios ¡por 100 pesos! Su petición es muy chiquita. Nosotros venimos a una grande inversión y será aquí en tu tierra.

 

Y este hombre ni los volteaba a ver. Padre mío por favor, 100 pesos para mi luz, Padre mío. Oh, ¿sabes que vamos a hacer tú y yo compadre? Hay que darle esos 100 pesos a este hombre porque nos está distrayendo a Dios. Y le dieron sus 100 pesos y le dijeron: ¡ahora vete! Y el hombre dice: Padre, gracias que me has respondido Padre mío, me voy. Y se fue bendecido. Tú dile a Dios: Dios que diezmen otros, y tú dile a otros que diezmen otros, y verás cómo les va a ir a ellos y tú síguelos encausando a que hagan obediencia. Y es el 10 por ciento.

 

Ahora, Ezequiel 20:37 Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto. Cuando dice hará, en hebreo se menciona continuidad. No dice: uh, algún día. Habla de un presente continuo. Dice Os hará pasar, y menciona aquí bajo la vara, no dice: por la vara, sino bajo la vara. Ahora, ¿en qué pensamos cuando escuchamos la palabra vara? Pues en corrección, regaño. Uf, ya nos van a leer la cartilla con la vara en la mano. Pensamos, Salmo 23: Él es mi pastor y su vara y su cayado me infundirán aliento.

 

Pero ¿sabes que esta era una vara muy especial que tenían los pastores en la mano? Una vara muy diferente a la que tenía Moisés, y acuérdate que Moisés por 40 años fue pastor de un rebaño. Era una vara parecida a la que tenía Aarón, ¿recuerdas que los dos tuvieron vara? La vara de Moisés era muy diferente a la vara de Aarón, y si han leído la Escritura y conocen la historia, díganme una cosa, ¿cuándo se supo el origen de la vara de Aarón? Números 17 nos enseña esto: cuando la vara de Aarón que había crecido y era del mismo tamaño que las varas de los otros príncipes de las otras tribus, fueron colocadas como una sola dentro del tabernáculo de reunión, saliendo Moisés vino toda la noche un silencio y una expectativa a los que estaban afuera, deseaban qué iba a pasar con las varas que estaban adentro. Todas eran iguales, varas secas y se utilizaban para cierta corrección.


La de Aarón no había sido usada para ello. La de Aarón es la que aparece en este versículo del profeta, y sucedió algo, que al amanecer con la prisa de saber qué había pasado, dentro del templo descubrieron algo: que solamente una vara había reverdecido y había dado renuevos, y había florecido y tenía fruto. Había sido la vara de Aarón.  Vuelvo a preguntar: ¿en qué momento se supo el origen de la vara de Aarón? En el momento en que la vara fue sembrada dentro el tabernáculo.

 

Y la palabra sembrar viene de Maasér, y Maasér es diezmo. Así que lo que hizo Aarón fue diezmar, dio el diez por ciento de aquel milagro que Dios le permitía tener en su mano. Fíjate bien, muchas veces nosotros le pedimos a Dios, y cuando Dios nos responde lo que menos hacemos es acordamos de cuánto tiempo le estuvimos pidiendo y en qué condiciones lo hicimos.  El altar se convierte en un río de lágrimas a base de peticiones: “Y yo quiero que me respondas en esto; y yo quiero que me respondas en lo otro”. Y nos convertimos en la gente más fiel a Dios, pero pareciera que somos las once varas y no como la vara de Aarón, porque lo que realmente surgió de la vara de Aarón era lo que había en ella, era su origen.

 

Sin embargo, de repente Dios es tan maravilloso y tan misericordioso que cuando Dios nos envía la respuesta nos podemos levantar felices y decir: ¡ya Dios me respondió, ya estoy bien, contento! Y a lo mejor al sexto día siguiente a ese domingo, alguien nos encuentra en la calle y nos dice: oye, ¿nos vamos a ver mañana? Estamos muy contentos, como Dios te respondió. Y es cuando decimos: Sí, pero me respondió tan fuertemente que no tengo tiempo de ir mañana. Fíjate bien, ¿dónde quedó ese maasér, dónde quedó ese diez por ciento?

 

¿Sabes cuántas horas vivimos a la semana? 168 horas. ¿Cuántas horas sirves a Dios en tu interior? Si dice el 10 por ciento, ¿cuántas horas serían? 16 horas con 8 minutos. Repártelo en 6 días. Uff, y no dice ve y métete en la iglesia. Sírvelo con el 10 por ciento de lo que Dios te ha dado. Ahora, fíjate bien lo que tenían que hacer los pastores en aquellos tiempos: el redil servía para reunir, ¿a quién? A las ovejas. Sabes que a mí no me gusta cuando escucho que alguien dice: ¿ya sabías que aquella iglesia está en crisis? ¿Sí lo han escuchado verdad? No, no, no, sí. Y la alabanza está en crisis; y la Palabra está en crisis. ¡No es verdad! Los que están en crisis son los congregantes, son los miembros.

 

Ah, ya me voy a cambiar de iglesia, porque en aquella iglesia wow. Pero wow, en esa iglesia no hay crisis. La crisis está en cada uno de nosotros. ¡Es mentira que una iglesia puede ser mejor que otra! Dios bendice como recompensa a un servicio. No importa si es la iglesia pequeña o si es la iglesia grande. Que las iglesias más grandes o en las más pequeñas es donde está la gracia de Dios. La gracia y la misericordia están en cada corazón que lo abre, y le da apertura para Él.

 

Cuando las ovejas estaban en el redil el último día antes del amanecer, antes de que comenzara la fiesta, el pastor tenía con su vara que colocarse en la puerta, la golpeaba varias veces para alterar a las ovejas. No es corrección, pero para alterarlas. Y entonces la ponía a la altura de su rodilla. ¿Sí has visto cómo son las ovejas verdad? Puede ser flaco, gordo, prieto, güero, puede ser como ella, ¿no? Y cuando él la ponía aquí, él empezaba a gritarle a las ovejas ¡Eh! Es tiempo de pasar bajo la vara. ¿Y sabes qué hacían las ovejitas? Se acercaban a la puerta del redil y empezaban con mucho esfuerzo a pasar por debajo de ella.

 

Y el pastor comenzaba: una, dos, tres; cuando llegaba a la décima, ¿qué crees que hacía? Levantaba la vara, la dejaba pasar y la apartaba. Eso era pasar bajo vara. Ese diez por ciento del rebaño, cada semana antes del día de reposo no era para sacrificarlo, si no te imaginas. Si la barbacoa no es de Hidalgo es de Israel. Y vas a ver que el cabrito no es de Monterrey. Pero fíjate lo que hacía: y cuando terminaba de contarlas había unas que se quedaban por allá en el rincón. Beee, yo que voy a pasar por vara, beee. Yo aquí me quedo beee. Y ahí se quedaban, y ahí se arrinconaban.

 

Y el pastor otra vez: eh, ¿falta alguna de pasar bajo la vara? Y todas se quedaban calladas y nada más oliendo porque ya sabes que no ven. Y entonces oliendo las ovejas, y no faltaba la que decía: shhh, no hagan ruido. ¡Qué pasar bajo vara ni qué pasar bajo vara! Cuando llegaba el amanecer antes de la fiesta del Señor, el pastor tomaba el 10 por ciento del rebaño, el que no se rebeló a pasar bajo la vara. Y esas ovejas son las que lo acompañaban en el día de reposo a la casa de Dios. No eran para el sacrificio, eran el maasér de Rapha, es decir el maasér del pastor.

 

Así como el padre de familia se paraba para el anajnu alehem abodá Hashem, entonces el pastor se paraba y las llamaba maasér abodá. Es decir, el 10 por ciento del pastor. ¿Qué representan aquellas que se quedaban en los rincones? Ah, mañana hay que levantarnos temprano porque hay que ir a la iglesia. Aunque ya temprano es casi a las 12, ¿verdad? Pero hay que ir temprano. Ah, ya desde ahorita estás diciendo, fíjate nada más. No te preocupes padre o mamá de familia, o miembros de la familia, déjalos que estén ahí arrinconados, se están perdiendo el privilegio de acompañar al Pastor de pastores, que es Jesús a celebrar Fiesta.

 

Y esa era el maasér del pastor. Y acaso no, tú y yo sabemos desde el principio lo primero que nos meten es el Salmo 23, Jehová es mi pastor. ¿Cómo continúa diciendo el versículo? ¿Sabes que de veras no dice nada me faltará? ¿Sabes que en hebreo no dice nada me faltará? Dice Hashem roe lo raa. ¿Sabes qué significa? No faltará, siempre estará presente. Desde el momento que yo decida que el Señor es mi pastor, Él siempre estará presente.

 

¿Dónde está mi 10 por ciento que sirve para abodá Hashem, para que yo le adore a Él? Ahora, ¿tú crees que el Padre está buscando? Imagínate si de veras fuera como muy de diario lo hemos escuchado, que los adoradores que busca el Padre son esos que tienen las manos levantadas y que están: “Digno eres tú Señor”, imagínate los desentonados, esos ya no van a ser encontrados por el Padre, lo van a desafinar. O los que: ah, amanecí un poco ronco y ahora no puedo cantar y el Padre no me va a encontrar a mí.


El adorador, de acuerdo a lo que establece aquí Jesús, acuérdate del buen pastor, es el que ha servido a Dios, será encontrado por el Padre en aquel gran día, cuando la hora viene, cuando el momento llega. Por alguna razón Jesús dijo: ni en Samaria ni en Judea, para que no eligiéramos nosotros el lugar donde debía adorarse. Y la suma de las dos palabras nos llevan a otra que en hebreo es lef, y significa corazón. Y Jesús estaba diciendo: en el corazón de cada persona que le sirve habrá una bendición, porque el Padre le encontrará para bendecirle. ¿No dice la Biblia que las ovejas conocen la voz, de quién? De su pastor.

 

Imagínate todas las mañanas de un amanecer como este séptimo y primer día en la puerta de tu casa, y que no sea un ser humano el que esté gritando: ¡Eah, levantémonos todos y alegrémonos. Vamos a la casa de nuestro Dios! ¿Te imaginas? Es Jesús el que está en la puerta de nuestra casa y empieza a pegar los varazos, así como tu despertador. Para que le digas: hay que pasar bajo vara. ¡Quiero ser de los que acompañan a Jesús para celebrar a Dios! Imagínate. Eso es servicio a Dios, eso es lo que muchas veces no queremos hacer.

 

Ahora, vamos  lo más sencillito. Si literalmente yo pusiera una vara ahí antes de que subas las escaleras; lo hago a propósito porque ya subiste medio cansado, ¿cómo le harías para pasar bajo la vara? Si te la saltas, mira allá, tú te vas pero te ruedas y a los demás te los llevas de corbata. Pero tú ¿sabes lo que tendría que ser pasar por debajo de la vara? Imagínate, y tener que, ¿qué? ¿Cuántas patas tienen las ovejas? Para postrarse, porque postración o postrar tiene que ver con una rodilla completamente en ángulo pegada al piso, eso es postrarse. Postrarse para adorar no es sentarte en la silla, es que las rodillas estén conectadas con la tierra, con el piso.

 

Así que las ovejas tenían además, aparte de que ah que capricho del pastor con la vara, pero ahí vamos, ahí vamos. No te creas que las ovejas iban: “ah, jum, sube la vara pastor, aja”. Yo ya no paso bajo vara, ¿sabes por qué? Porque descubrí, ya sabes que estamos en los tiempos de las computadoras, y descubrí que en mi closet hay un virus que me está encogiendo la ropa, entonces por eso ya no me pongo por ahí. Pero imagínate, y vas pasando por debajo de la vara y mira, con el deseo de yo, cómo quisiera ser la número 10, cómo quisiera ser la 10. ¿Me irá a tocar la número 10? Y todas ahí empanzadas, arrastradas, ¿qué es lo que más se podía lastimar mientras iban pasando bajo vara? ¡La lana! Ahora sí ahí te va, la lana.

 

Es que, es que el árbol da frutos según su, ¿qué? Su género. Y si tú quieres que Dios te bendiga con salud en esta triple bendición, aunque estés un poco enfermo, mira si te puedes arreglar para ir al doctor, arréglate para venir con el Médico de médicos. “Ah pastor es que hoy no voy porque figúrate que me siento muy mal”. “Este, ahorita voy…” “Sí, porque el doctor me dijo…” Ah, ¿ya fueron al doctor? Entonces no voy, mejor ve con el Médico de médicos. Fíjate lo que somos capaces de hacer; si quieres que Dios te bendiga con salud, invierte tu salud en Dios, sírvele a Él con tu salud.

 

Y alguien diría: no hombre, pues yo… Dijo: Pastor, a mi edad, ¿cómo le puedo servir a mi edad, pues si ya tengo a lo mejor, y lo digo con respeto, presión arterial que sube y baja, o tengo azúcar en la sangre; pero no te impide hacer algo. Está bien, si tu presión se sube y se baja, haz algo sin que tengas que subirla y bajarla, porque hay algo que podemos hacer. Fíjate cuando se llega a los 50 años de edad, dicen por ahí que es cuando el hombre o la mujer tiene mayor valor; ya tiene azúcar, y ves que está bien cara.

 

La presión ya subió, ¿a poco no? Tienes oro en los dientes, ¡wow! o porcelana; no hombre, dice, ¡qué bárbaro! No, si hoy habemos gente cara, gente que vale. Mira, Dios entonces nos está pasando bajo vara, ¿Quieres que Dios te responda? Sírvele con tu lana aunque parezca que se está por ahí echando a perder. Sírvele con el corazón y el Padre te va a encontrar. Y ¿sabes qué es lo único que te pide? El 10 por ciento de las 168 horas que vives.

 

Ahora vamos al tercer concepto, Levítico 1. Y a lo mejor tú dices, pero éste nada más nos está hablando de… Pero cuando digas éste, por favor lo haces con amor. Éste nada más está hablando de Antiguo Testamento. Vamos a ver que hay una razón importante en la que necesitamos primero caminar en el Antiguo Testamento. Porque en Jesús el Antiguo Testamento vino a cumplirse. Esta tercera se llama ofrenda. Como que ya te cambió el rostro; ah bueno, ya no es lo mismo, ¿verdad?

 

Primeros frutos está como medio, y diezmo siempre diezmo. Ofrenda, ah bueno ofrenda, ofrenda.  Ofrenda se dice Tsedaka, y ésta es una palabra que en hebreo orienta a la persona justa y recta. Levítico 1. Mira, quien daba Bikurim, quien daba Maasér, no estaba exento de dar tsedaka. Y muchas veces dentro de la iglesia se nos pide algo. Por ejemplo, algo que escuché hoy: ¿cuántos quieren traer una chamarra para la sierra? Y a lo mejor decimos: bueno yo voy a comprar dos chamarras, así no diezmo (está en los libros de anécdotas de Samuel Vilan, no dije que aquí está pasando).

 

Pero ah, vamos a levantar una segunda ofrenda, una ofrenda especial. Yo la voy a dar, y así ya no doy primicias. Es que ninguna de las tres sustituyen una a la otra, ninguna. Porque tú y yo tenemos cuerpo, tenemos alma y tenemos espíritu, y son insustituibles. Ahora vamos a ver si estamos aquí. Quiero que del versículo 1 al versículo 10 busques cuántas clases de ofrenda pidió Dios al pueblo que le ofreciera.

 

Levítico1:1-10 Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. 3Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. 4Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. 5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión.

 

6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. 7Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. 8Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 9y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 10Si su ofrenda para holocausto fuere del rebaño, de las ovejas o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá.

 

¿Cuántas clases de ofrenda pidió Dios al pueblo? Y ofrenda es ofrecer. ¿Cuántas aparecen en estos diez versículos? ¿Una, dos, alguien dice que hubo más, como cuatro? Dice por ahí un pariente mío generoso: cuatro, ¿no? Mira, son tres.

 

Versículo 1-2 Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda.

 

¿Cuántas aparecen aquí? Dos. Ahora, Dios le habló a Moisés en el Sinaí. Cuando regresa con el pueblo Dios le vuelve a hablar a Moisés en el Sinaí. Pero aquí ya Dios está dando órdenes en el tabernáculo, en el templo. Y le dice: cuando el pueblo venga a ofrecer tiene que ofrecer dos. Y dice el versículo: de ganado vacuno ¿qué es el ganado vacuno? Las vacas. También dice: u ovejuno, ¿qué es el ovejuno? Las ovejas. Continúa diciendo: Versículo 3 Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; ¿y cómo dice el versículo? De su voluntad lo ofrecerá a la puerta.

 

Versículos 4-6 Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. 5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión. 6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. Después dice el Versículo 10  Si su ofrenda para holocausto fuere del rebaño, de las ovejas o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá.

 

Así que tenemos: vacuno, ovejuno y de las cabras. Pero la ofrenda de acuerdo a la Ley, no creas, imagínate con la vacota ahí, vamos a pasar la vacota. Era macho y además debía ser de no más de un año, sin defectos, perfecto, a la vista del pastor o del que lo iba a ofrecer. Así que cuál es el sacrifico u ofrenda que se presentaba en relación al vacuno, ¿cómo se llama? Becerro. ¿Y cómo se llama el de las ovejas? Cordero, ¿Y el de las cabras? Es el cabrito. Mira lo que hizo Dios, le dijo al pueblo, esta es la orden dentro del tabernáculo. Me tienen que traer hasta la puerta del tabernáculo un becerro y un cordero y un cabrito. Esto es lo que está diciendo Dios que tenía que hacer.

 

Dice: sin defecto y de voluntad propia. ¿Por qué primero era un becerro? ¿Por qué en primer orden tenía que ser un becerro? Mira, imagínate a Moisés diciéndole: ¿por qué tiene que ser un becerro Dios, por qué me estás pidiendo estas tres cosas? ¿Acaso estas tres cosas debo tenerlas en mi casa? ¿Y qué le respondió Dios? Sí, porque en tu casa están todos los días. ¿Cómo? Sí. Bueno, está bien. Pues número uno, el becerro. Dios, ¿seguro que con becerro? ¿Y qué le respondió Dios? Sí.

 

Y cuando a ti o a mí nos están imponiendo algo, siempre hacemos una doble pregunta, ¿por qué? Y ¿para qué? ¿Sí o no? ¿Por qué becerro y para qué? Ahora imagínate a Dios así con todo su amor acercándosele a Moisés, a Aarón a sus hijos y los sacerdotes diciéndoles: Porque el día que vengas a la puerta donde va a descender mi gloria, si tú me traes ese becerro yo te voy a demostrar que lo que perdono jamás lo recuerdo. Porque eso representa el becerro. Fue algo tan sencillo.

 

¿Con qué pecó el pueblo en el desierto? Con un becerro. Dijo: mira, lo que menos me importa es si me traes becerro, pero en tu casa hay perdón pero no olvidas. En tu casa te la pasas diciendo: te perdono, y siempre a la hora que vine el segundo pleito recuerdas lo que se te hizo. Hay perdón pero no hay olvido. Y le dijo Dios: mira, quiero que me traigas ese becerro de tu casa porque yo cuando perdono jamás recuerdo. Y el pueblo de Israel le ofreció a Dios un becerro, y ¿sabes qué fue lo peor? Que ni siquiera fue capaz de sacrificar el becerro más perfecto y sin defecto de entre las tribus. Lo hicieron con lo que Dios les había dado, buscaron a Aarón, al sacerdote y le dijeron: queremos que nos hagas un becerro, y lo hagas con el oro, con la plata.

 

Mira, mezclaron todos, todos los elementos, no nada más fueron los metales, tuvieron que ponerle también a esa mezcla que estaba haciendo Aarón, según los expertos, tuvieron que ponerle las telas finas, tuvieron que ponerle la paja que habían utilizado para cubrirse los pies en los tiempos del Mar Rojo hasta el Sinaí; tuvieron que utilizarlo todo. Déjame hacerte una pregunta, ¿de dónde sacaron todo ese material que proveyeron a Aarón para que hiciera ese becerro? Puedes decirme sí con el oro y todo, pero yo te pregunto, ¿de dónde sacaron todo ese material? Lo sacaron de Egipto, pero ¿quién les dijo que lo sacaran de Egipto? Dios. Ve y despoja a los egipcios, porque ahora es tuyo lo que muchas veces usaron para tu humillación. Y mira lo que fueron capaces de hacer los hebreos.

 

Como cuando tú y yo en nuestra casa recibimos una bendición de Dios como es el perdón, y con el mismo perdón que Dios nos dio, no somos capaces de perdonar a otros. En la casa, en tu casa y en la mía no solamente el varón, cada integrante de la familia que está en Cristo Jesús es sacerdote, porque la Biblia es clara, porque él nos amó y porque él nos lavó, ahora somos un reino ¿de qué? De sacerdotes. Y muchas veces tú y yo en nuestras casas somos capaces de tomar la bendición de Dios para restregársela al que nos la hizo en el hogar. “Sí mira, a mí Dios me ha dado esto y tú por eso estás como estás”. Que terrible, por eso no hay respuesta en tu hogar o en el mío. No nos va a encontrar el Padre, se va a seguir de largo cuando tenga que pasar por tu casa o por la mía.

 

Y dijo: tráeme un becerro para que vean que yo perdono y jamás me acuerdo. Este es el servicio a Dios, ese es mi abodá Hashem, así debería de ser sin defecto, y además mención algo muy interesante que vamos a ver al final.  Vamos a ver ahora al cordero. Del rebaño o del ganado ¿qué? Ovejuno. Vamos a Génesis 18, el Padre está buscando adoradores para bendecirlos, servidores de Él, con su vida, con sus bienes.

 

Génesis 18:1-4  Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. 2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, 3y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. 4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol.

 

¿Cuál fue la orden? Estamos hablando de Abraham. Oh Abraham estaba ahí padeciendo un poco porque había obedecido de acuerdo al pacto de circuncisión, y de repente ve que viene de Bet-el tres personajes y sale a su encuentro, los reconoce, los abraza y les pide que no se vayan, que por favor se queden ahí en su casa. Les dice: entren a mi casa por favor. Y aquí menciona algo cuando éstos lo hacen, dice: Que se traiga ahora un poco de agua. No mucha. Pues con razón le estaba yendo como en feria. Pero no, él tenía una razón.

 

Un poco de agua ¿para qué? Suficiente para lavar los pies. No es como en esos hogares que hay allá en el otro lado del continente que empiezan a trapear y te dicen: ¡no vayas a pisar que está mojado! No lo dije por mi casa, eh. Y dice Versículo 5 Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.

 

Vuelvo a preguntarles algo, ¿qué les ofreció Abraham? Un poco de agua y un bocado de pan. Pero fíjate bien, ¿qué les ofreció?  Un poco de agua y un bocado de pan. Ahora, ¿y qué les trajo? Mira lo que dice en:

 

Versículos 6-8 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. 7Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo. 8Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.

 

Vuelvo a preguntar: ¿qué les ofreció Abraham? Un poco de agua y un bocado de pan. ¿Qué les dio? Una pieza de pan, y la pieza de pan no era de esas mini conchitas que hacen ahora. Era de esas que venden en los carros de afuera, conchas gigantes, porque esa era la medida del pan para una persona. Porque cuando alguien llegaba a tu casa y tú le ofrecías un pedacito de pan, le estabas diciendo: pues para que nunca te olvides de mí, pero tampoco vuelvas. Pero cuando le daban la pieza grande, iban por el camino come y come.


A mí me ha pasado cuando de repente voy de viaje a Reynosa en donde vive una de mis cuñadas, de regreso dice: ah, les hice unas tortas y que esto y que lo otro. Y yo siempre vengo pensando en otra cosa. Tortas de allá de Mateguala. Y mira, pasa una hora y me preguntan, ¿quieres una torta de la tía Rosa? Sí, sí a ver. Y pasa otra hora, ¿quieres una torta de la tía Rosa? Sí está bien. Y pasa otra hora y traes a la tía Rosa todo el camino. Porque si no te acabas las tortas, mañana te toca torta de la tía Rosa, pasado te toca torta de la tía Rosa; entonces todo el camino te vas acordando de todo eso.


Entonces la medida para que la persona fuera bendecida era: dale una pieza de pan de tal manera que cuando se vaya de aquí vaya recordando la hospitalidad con la que la recibiste. Y casi, casi se estaban comprometiendo a algo: que la próxima vez que vayas por el camino vente a mi casa, ya sabes que aquí las conchas son gigantes. Porque hospedar a una persona era como hospedar ángeles, y eso dice la Biblia.

 

Y él les ofreció un poco de agua y un bocado de pan. Pero lo que les trajo fue otra cosa: una pieza de pan para cada quien, ¿qué más? Y uno para cada uno porque eran tres. Está bien no me mires así, dice que uno, uno. Pero yo no sé si aquí hubiese tres que se echaran solitos una ternera. Aparte de Miguel, ¿habrá otro que quiera hacer el quite o algo? Pero así como que una ternera suena como para aquí a fin de año. ¿No? Al fin ya la puedes congelar.

 

Pero fíjate aquí el punto es: les ofreció una cosa pero les trajo otra. Y aparte, ¿qué más les trajo? Mantequilla y leche. Cuando en la iglesia alguien llega y me dice: pastor nos vamos a ir al pueblo. Sí, está bien, ya sabes que aquí hay reglas, si no regresas con queso del pueblo búscate otra iglesia. Y luego me hablan: ya llegamos, nos vemos mañana. Y ahí voy a comprarme mis cuatro, digo mi bolillo. Pues porque va a llegar el queso.

 

Déjame decirte qué fue lo que sucedió, porque mira, el justo, el tsedaka, porque estamos en la tsedaka, aunque ofrece poco, trae mucho. No es el hablador que dice: sí, sí, sí yo coopero, ¿cuánto? Hay que no sepan los demás porque si no luego me piden prestado, pero yo coopero. Dice aquí que el justo Abraham ofreció poco pero ¿qué hizo? Pero trajo mucho. Ahora no se necesita sembrar mucho para cosechar mucho, un solo grano te produce una buena cosecha. Lo importante es sembrar y después poner ¿qué? Atención a la cosecha.

 

Fíjate lo que hizo, vamos a Génesis 22. ¿Conoces la historia de Abraham cuando va con Isaac a Moriah? Dice que un día habla Dios con Abraham y le dice: Quiero que tomes a tu hijo a tu único hijo, quiero que tomes  tu asna y que la prepares con leña y que te vayas hasta la montaña de Moriah para ofrecer sacrificio. ¿Así dice la Biblia? ¿O para ofrecérmelo en sacrificio?

 

Génesis 22:1-2 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, ¿Y qué? y ofrécelo allí ¿en qué? en holocausto, sacrificio.

 

Así que, ¿Abraham sabía lo que le pidió Dios que le ofreciera?  Sí lo sabía. Ahora imagínate a Abraham, muy de mañana poniéndose de pie y despertando a su hijo. No creas que era una criaturita, Isaac tenía 37 años. No era una criaturita, imagínate, cárgate al hijote. Ahora, ¿la Biblia dice de qué edad era Abraham cuando ofreció a Isaac? De 137 años, por lo tanto Isaac tenía 37 años. Y fue y lo despertó, a los niños chiquitos los puedes despertar y se despiertan. A los grandes no hombre, y de lejos porque si no les sale lo karateka, ¿no?

 

Y dice que fue y lo despertó desde temprano y le dijo: prepárate, Dios me hablo, y este Isaac dijo: voy, está bien; voy a ser obediente porque me he dado cuenta cómo te llevas con Dios. Y entonces se fue con él y venían los siervos y con el asna y con la leña, y empezaron a caminar, y mira lo que dice en los versículos 4-5 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.

 

¿Volveremos a vosotros quiénes? Pero si los siervos se quedaron junto con la asna, ¿no? Muy entre paréntesis, cuando quieras ir a la iglesia y los que sirven no quieren ir… Sí, sí, el asno dijo ¡me quedo! De plano, andar cargando la leña, ¡me quedo! Entonces cuando los que sirven dicen: ¿quién se quiere quedar? Bueno.

 

Y dice aquí: espérenos, vamos a ir allá, vamos a adorar y vamos a regresar. ¡Qué mentiroso! Qué mentiroso porque nada más iban a ir él y su hijo. Cómo se atreve Abraham a decir: vamos a adorar y vamos a regresar. Si él sabía que ahí en el Moriah se iba a quedar, ¿quién? Su hijo Isaac. ¡Qué mentiroso! Ah, pero en mi servicio a Dios, si mis ojos están puestos en adorarle, todo lo que lleve para ofrecerle, después de hacerlo, Dios no me lo va a quitar. Porque dice la Biblia que llegaron Abraham e Isaac, y que preparó todo; a la hora que él iba a colocar ya el cuchillo ahí sobre Isaac para sacrificarlo.

 

¿Recuerdas qué sucedió?  Que vino la voz de Dios, le detuvo la mano y le dijo: voltea, ya me he provisto para el holocausto. ¿Recuerdas qué era lo que estaba ahí? Un cabrito. Con mucha fuerza y mucha vivencia, y de repente voltea Abraham, él desfigurado del rostro, sí, es verdad, Dios quiere que sacrifique a Isaac, y empezaron a adorar. Ahora repíteme, ¿qué edad tenía Isaac? 37 años. Te acuerdas cuando leímos en Levítico 1 que lo que tenía que ofrecerse de los ganados tenía que ser de su propia voluntad, ¿si lo recuerdas o no?  Déjame preguntarte: ¿la voluntad de quién? No del ofrendante, sino del animalito, tanto del becerro, como del cordero, como del cabrito.

 

Ahora sucedía un fenómeno que hasta nuestros días se presenta en las personas que se dedican a esto. Mira, era el ofrecer y traer. Porque muchas veces en nuestro hogar estamos en crisis y decimos: Señor yo quiero ofrecerte esto si recibo una bendición. ¿Y sabes qué nos está diciendo Dios? Correcto y te lo voy a dar, pero la bendición es el resultado de un servicio. Ve y así como ofreciste, hazlo. Acuérdate que los tres en el Encinar del Mamre le dijeron a Abraham: haz como tú has dicho.

 

Y dice la Biblia que Abraham no se paró en la puerta y dijo: órale tu vieja, Sara, salte ya de ahí de tu conchudez. Él corrió hasta donde estaba Sara, y luego corrió hasta donde estaba el criado, y organizó todas las cosas. No era el patrón que se sienta en el sillón con el control remoto y dice: a ver a qué horas, hay que hacer esto, por qué lo otro, tráeme las papas. Y luego se desaparecen y regresan todos barbones. Y les preguntan: ¿dónde estabas? Fui a correr. ¿No? No hombre.

 

 

Y dice aquí: de voluntad propia. Te voy a decir qué sucede. ¿Has visto cuando son tomados los animalitos y que van a ser sacrificados? Dice la Biblia que éstos tenían que ser perfectos, es decir, sin defecto. Ahora, el pastor o el ofrendante podía darse cuenta si el animalito era perfecto solamente de una manera, ¿qué? Exterior. Pero ¿cómo sabía él que el animalito tenía un defecto interior? Hay algo que la ciencia enseña que se llama instinto. Y cuando los animalitos se ven en peligro, si ellos tienen un problema en su interior, tienen algún defecto. Y defecto en hebreo significa lo que no se logró, lo que no se completó; entonces se resisten a ser tomados por el amo, hasta para ser analizados por el veterinario, porque su instinto es el de defensa.

 

No, no, no, o sea si son animalitos pero no son tontos. Y dice: éste me quiere agarrar; así sea una pezuñita la que le duele a tu mascota, trata de acercarte y no se va a dejar. Así que el ofrendante veía que todo estuviera bonito por fuera, sí perfecto. Pero cuando se acercaba para poderlo ofrecer, si tenía defecto, es decir, si algo no se logró en su interior se resistía. Solamente los que estaban sanos por dentro iban de voluntad propia a donde los tomaba el pastor sin saber que iban a ser sacrificados.

 

Y cuando Dios a ti y a mí nos llama, ¿cómo somos capaces de presentarnos delante de Él? Si algo en tu interior de la palabra de Dios no se logró, no maduró, perdóname, tenemos defecto. Y cuando alguien se nos para enfrente y nos dice: a ver tú, ¿por qué no respondes como deberías? ¿Qué es lo primero que hacemos? Decir: ¿Y tú quién eres para decirme las cosas? No, imagínate cómo vas a estar en tu casa toda la semana. A ver, a ver, ¿por qué no has lavado los trastes? Entonces tú me vas a decir: Ah sí los lavo. No cabe duda, no está en pecado, como para disfrazar.

 

Pero mira lo que dice, ¿cómo se presentó Isaac a los 37 años cuando su padre le dijo: ahora acuéstate aquí hijo porque a ti es al que voy a sacrificar? ¿Qué dijo Isaac? ¿Acuéstate? Mangos, tú le dijiste a lo siervos que regresábamos y ahora me lo cumples padre, regresamos.  Imagínate. Mi mamá tiene 70 años de edad, vive en Puerto Vallarta, y me sigue hablando. ¿Y ya hablaste con tu hermano? Ah mamá espérame. Nadie vive aquí en México, es que he estado ocupado. ¿Por qué no lo anotas en tu agenda? Ah mamá está bien, voy a anotar a mi hermano en la agenda, le voy a hablar en Marzo del año que entra. No me contestes así, porque quieras o no, a tu edad soy tu madre hasta la sepultura. No sé si lo han oído. Ella es tapatía y mi madre norteño, imagínate cómo me va a mí.

 

Entonces imagínate a Abraham diciéndole a Isaac, te aguantas porque a tus 37 yo soy tu padre. Échate porque te voy a sacrificar. Pero, ¿qué hizo Isaac cuando su padre le dijo: y tú hijo mío eres el elegido para el sacrificio? Yo creo que miró su interior Isaac y dijo: Todo lo que mi padre ha sembrado en mi interior se ha completado, no hay defecto en lo que mi padre ha puesto. Porque lo que Dios ha puesto en tu corazón y en el mío, no es defectuoso. Y dijo Isaac: si lo que tengo en mi interior me lo ha dado Dios, y Dios le dijo a mi padre que se lo ofreciera, pues está bien padre, nada más búscate una pajita porque está re dura la piedra.

 

Y yo creo que se subió, lo abrazó, lo besó, se acostó y le dijo: ¿de qué lado me vas a dar el último? Yo creo que Abraham le decía, pues tú nada más ponte. Imagínate a Isaac ahí: ándale, ándame así como con las inyecciones ¿no? Ándale. Ay, ay, que no duela. Y abría los ojos. Imagínate a Abraham, no creas que estaba riéndose y diciendo: ay, ay, si soy bien obediente.  No, no creo que estuviera así, imagínate el cuadro. En la voluntad del animal estaba la bendición., ahí estaba la bendición.

 

Ahora, ¿sabes qué representa el becerro? El becerro representa la fuerza y la voluntad para perdonar y jamás recordar. Es que mi carne es débil y no puedo. Chécate cuántos primeros frutos le has ofrecido a Dios en tu vida. Es que, ¿sabes qué representa el cordero? La obediencia. Fíjate bien lo que voy a decir: La bendición no está en predicar, la bendición no está en enseñar. La bendición no está en tocar los instrumentos. La bendición no está en el dar. La bendición está en el obedecer, en la obediencia.

 

Y Dios le dijo a Moisés: diles que me traigan el becerro, que me traigan el cordero para ver qué tan obedientes son, y que me traigan un cabrito. ¿Y sabes por qué? Porque el cabrito representa esa fuerza, esa energía que hizo que Abraham volviera en sí; y que dijo: caray, que bueno eres Dios. Tomó a su hijo Isaac y le dijo regresemos.  Cuántas veces venimos y salimos igual que como entramos. ¿Sabes por qué? Porque algo nos faltó, adorar.  Dice la Biblia que Abraham les dijo: vamos a ir, vamos a adorar y cuando hallamos terminado de adorar les garantizo que volveremos. Él estaba diciendo: anajnu, él y yo lejem abodá Hazme, vamos a ir a servir a nuestro Dios.

 

Y la ofrenda del becerro fue la ofrenda de Abraham y la ofrenda del cordero fue la ofrenda de Isaac, y la ofrenda fue la ofrenda de Jacob porque cuando tenía Jacob el deseo de ser bendecido por su padre Isaac, él preparó un cabrito para él.

 

Termino así: como a él le gustaba. Como a él le gustaba ¿quién? ¿Cómo prepararé la comida para mi padre Isaac ahora que quiere que me bendiga? Decía Jacob y Esaú. Y Jacob dijo: voy a preparar un cabrito como a mi padre le gusta.

 

Y si tú y yo adoramos a Dios como a nosotros nos gusta, te lo digo de frente, seguirá escasa la bendición. Porque nuestro abodá Hashem es como a Él le gusta. Pero Dios no se casó con mi esposa, pero Él te casó. Fíjate bien, como a Él le gusta. Cuando llegaban a la puerta del tabernáculo, te voy a decir qué hacían. Tomaban las primicias, y tomaban el diezmo y tomaban la ofrenda, y se acercaban lo más que podían al altar y se postraban. Y con su mano izquierda colocaban en su corazón colocado al piso lo que le iban a ofrecer a Dios, y con la mano derecha se pegaban al piso.

 

Diestra en hebreo significa la extensión del corazón. Pero David decía: Él adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra. Porque mira, los dedos había que tocar el decacordio. ¿Y sabes? Cuando ellos llegaban allá afuerita se oía el balido de esas ovejas del 10 por ciento felices. Imagínate a las ovejitas afuera, porque las ovejitas hablan entre ellas, ¿a poco no?  Beee, ya, ya se metió el pastor, beee. Qué bueno que lo pudimos acompañar, beee. Al menos ya no vamos a ser… Porque mira, el privilegio era que de las 10 que llevaba ni una era sacrificada. Ahora imagínate cuando llegaban al rebaño ahí todas contoneándose beee, beee; y los otros riéndose, qué, qué, qué, nada más acompañaron al pastor. Beee pero a ti te va a tocar cuello jajaja.  Ufff, porque quiero decirte algo, así era, así era.

 

¿No quisieras en esta hora, con voluntad propia comenzar a servir a Dios? ¿Qué necesitas para saber qué clase de verdad puede comenzar a retoñar en tu corazón? Es muy fácil, ¿qué crees que necesites? Porque esta Fiesta comienza y hoy termina el próximo sábado, porque la siguiente Fiesta hay que traer nuestra adoración a Dios. Y mira, ¿qué crees que se necesita? Para que tú puedas saber qué es lo que vas a ponerle atención, para ponerle ese listoncito carmesí que representa la sangre de Jesús, es muy sencillo, compara el CD, para que empieces a escuchar.

 

Ah mira, sí, en mi hogar todavía no se perdona y lo que se ha perdonado de continuo se recuerda. En mi hogar hay un espíritu de desobediencia, que por más que le pido a Dios que envíe la respuesta no la hay. En mi hogar hemos perdido la fuerza, el ánimo, las ganas por seguir adelante. Ah pero que hay una palabra para mí a la que le pienso amarrarle el listoncito carmesí y decirle: Señor que aunque muchas cosas de mi vida comiencen a crecer, las que brotan primero son las que te quiero comenzar a ofrecer esta semana. Y empieza a trabajar con las tres.

 

¿Tú te imaginas? Dale por voluntad propia el 10 por ciento de tu día a tu esposa o a tu esposo. Mira vieja, cuando llegue en la noche me vas a preparar una brocheta, frijoles refritos. Ay pero ¿por qué? El 10 por ciento de tu día regálamelo a mí. ¡Pero no es cocinando! Agárrense de la mano y sálganse, el 10 por ciento del día. ¿Cuántos 10 por ciento les debes a tus hijos si los tienes? En tu casa eh, en tu casa. ¿Cuántos 10 por ciento le debes a Dios porque has dejado de adorarle sirviendo a los tuyos? Porque con todo respeto, yo no sé aquí, pero yo he ido a iglesias en donde te sirven de comer y dices: Wow, cómo no trabaja en mi casa esta hermana. Ah pero cuando vas a esa casa, la hermana… oye, ¿por qué no sirves tan contenta como en la iglesia? Porque en la iglesia son mis hermanos en la fe; y éste es mi viejo, son mis hijos. Ah hermano, lléveselos una semana, la misericordia de Dios llegaría a mi vida, una semanita nada más.

 

Mira, ¿cuánto le debes a Dios en tu casa? Para que cuando vengas sientas que empiezas a recibir la bendición, la recompensa a tu servicio en casa. Porque ¿sabes? Los adoradores son los que tienen relación con Dios y relación con los suyos. No decían los samaritanos: los judíos y los samaritanos no nos podemos llevar. ¿Y qué hizo Jesús? Pues a partir de hoy o nos llevamos o no somos bendecidos por Dios. Y hasta puso de ejemplo al buen samaritano que fue capaz de hacer algo en bien de un hombre que había sido asaltado en el camino.

 

Yo te voy a invitar a algo: a que por un momento pienses ¿cuánto le debes a Dios en tu casa? Porque a lo mejor tú vienes y depositas un diezmo; si no le has servido a Dios en tu casa ese diezmo no es más que el 10 por ciento de tus ingresos, y eso es todo. Pero bíblicamente no te va a producir la bendición del diezmo, del maasér no te lo va a dar.

 

Porque tú puedes venir y alguien puede decir: vamos a levantar una ofrenda para esto, y tú tomar no de las monedas sino de los billetes y decir, porque me es un placer hacerlo. Pero si en tu casa no has adorado a Dios sirviendo a los tuyos, y a veces consintiéndolos con algo a media semana; no es más que un dinero que depositas del dinero que tienes. Una vez le  pregunté a un matrimonio: ¿qué tal se llevan, me tienen muy preocupado? Y me dijeron, sí nos llevamos re bien. Dije: no hombre, ¿de veras? ¿Ya  no se pelean ni nada? No, no, no porque ahora nos tratamos como amigos. Aja. ¿Duermen juntos? Pues claro, espalda con espalda, ya no peleamos, ya no hay diferencias. Ya nos llevamos re bien porque ya somos amigos. Y no nos hemos divorciado porque así mejor como amigos. ¿Tú crees?

 

Porque los que estamos aquí no vivimos aquí, o ¿sí? Vivimos en nuestra casa. Y Dios dijo: de lo mejor de tu casa tráemelo aquí, el becerro sin defecto, el perdón sin defecto, de voluntad propia. ¿Me perdonas viejo? No tengo nada qué perdonarte. Pero rogabas que te pidiera perdón. Voltéate y dile: sí te perdono. Pero no empieces: si tú me perdonas esto y esto, porque tú tienes una memoria como la de tu madre, de plano. De que te sirve a ti o a mí ser obedientes aquí en la iglesia si en la casa no lo somos. Los esposos somos más adoradores en la casa y levantamos más las manos cuando las esposas nos asaltan para el gasto ¿no? ¿Me das el gasto? Ya no metemos las manos a las bolsas, las subimos y decimos, está bien tómalo.

 

Yo te invito que te pongas a cuenta con Dios de lo que debes en tu casa, y que tomes el diezmo y la ofrenda  que hoy no colocaste. ¿Ahora entiendes por qué yo pedí permiso al pastor de cambiar eso? Y cuando lo tomes vienes con tu familia, te acomodas cerca del altar y te acurrucas con ellos en el piso, y no olvides de poner tu mano derecha sobre la tierra para que Dios bendiga la tierra por la cual tú caminas. Regresa a tu casa y piensa cuánto les debes.

 

Cuando el ofrendante venía al templo sus únicas palabras eran que Él era digno, que él era digno, que él era digno. Oye, ¿a dónde vas con esos 10 corderos? A la casa de mi Dios porque Él es digno de que vaya acompañado del 10 por ciento. Oigan, los veo a todos muy contentos, ¿así se llevan de bien? No, a veces nos llevamos mal, pero en la casa ofrecemos un becerro. Entonces ¿por qué vas tan contento? Porque sé que al que le voy a decir digno, es a Dios. Y por eso los profetas instaban al pueblo a dignificar el nombre de Dios. Porque Él es digno.

 

Así que, amado hermano, lo poco que le ofrezcas a Dios será de mayor validez cuando le des más de lo que le ofreciste. Te aseguro algo, después de esta noche, al amanecer del día de mañana tú hogar será diferente. Y hay personas que no viven contigo que no has perdonado, perdónalas sin recordar jamás lo que te hayan hecho. No te olvides de la obediencia en todo, si algún día por el bien de los tuyos tú tienes que ofrecer un sacrificio y ese sacrificio implica tus propios gustos, tu comodidad, tu ropa, tu alimento, hazle como Isaac, ofrécete a favor de los tuyos.

 

Procura que lo que le vas a ofrecer a Dios sea como a Él le gusta, no como a ti te gusta. No te estoy diciendo que Dios lo rechaza porque Dios siempre acepta lo que le traemos, pero es muy diferente a que nos responda con bendición. Esta es la hora en que el Padre está buscando adoradores, no los está buscando en la iglesia, la Biblia no dice eso. No es ni en Jerusalén, ni es en Judea, ni es en Samaria, es en tu hogar, es en el mío. Lo que vivimos en casa no es más que un ensayo para venirle a ofrecerlo todo perfecto a nuestro Dios. Si hay defecto en tu corazón, no te resistas más, ofréceselo para que cuando seas pasado bajo vara nada te detenga en voluntad a hacerlo. Toma lo que trajiste para tu Dios, toma a los tuyos y puedes acercarte al altar o puedes tomar un pedacito del piso, no necesariamente estar acostados, pero acomódate.

 

¿Sabes? Cuando de la silla te bajas al piso, la Biblia le llama descender, así como Jesús alguna vez lo hizo del cielo hasta el calvario. Y ahí abraza a los tuyos y pareciera que se está repitiendo el cuadro del tiempo de los antiguos en el tiempo de Jesús, y ahí permanece con los tuyos, bien acurrucadito, bien acomodadito, en el piso, algo de tu cuerpo debe de estar en contacto con el piso. Y entonces vendrá la triple bendición en tu vida, en las finanzas, en la salud y en el corazón. Y con toda libertad, y con toda sencillez y con música de impacto tú podrás decir que Él es digno, que él es Digno y que Él es digno.


Ora por los tuyos, ahí tómales de la mano o abrázalos, y dile a los tuyos esta mañana: pago a Dios lo que debo en casa. Porque tú quieres que las cosas cambien para bien. Pero créemelo no es simbólico, tú dile a los tuyos esta semana pago lo que debo, con becerro, con cordero y con cabrito. Mira, nuestras palabras son poderosas, personalmente dile a los tuyos: prometo pagarte lo que debo. Con becerro, con cordero y con cabrito. Y vendrá la bendición del Señor en tu vida. Porque hay un viento que sopla y hay lluvia y hay fuego en esta hora. Le debes a los tuyos muchas palabras de amor, muchas palabras de ánimo, ese cabrito volvió a la vida a Isaac, cuando Jacob se lo ofreció.

 

Ese cordero fue la gran provisión, pero Dios puso en primer lugar el becerro. Paga tus votos delante de los tuyos. Ese es el servicio a Dios completo, que lo que tú traes como diezmo monetario se transforme a la hora de colocarlo en las canastas. Que la ofrenda se transforme a la hora que la deposites en las canastas. Vas a regresar a tu casa lleno de bendición y la cosecha vendrá lunes, y martes, y miércoles, y jueves, y viernes, y sábado; y verás la próxima semana vas a mirar el sobre y vas a decir: ¿por qué ahora estoy dando más, por qué ahora me siento tan saludable, porque ahora parece que todo lo veo bueno y estoy contento? Porque es el abodá de Hashem para ti y de ti para Él.

 

El que sirve a Dios en su casa es garante de Dios para el pueblo. Toma la promesa, debes creer. La fe es la certeza de lo que se espera, y estoy seguro que tú esperas una semana excelente. Y mira, es el mes de Diciembre cuando mucha gente dice: hay que prepararnos para la cuesta de enero. En Levantaré nadie subirá cuesta en enero, seguirá como en el valle. Y deja que el fuego arda en ti, que esté ahí encendido con pasión para los tuyos, ardiente para los tuyos, son lo más valioso. ¿Hay pecado en el hogar? Deja que el fuego lo consuma a través de la ofrenda. Todo hazlo con voluntad propia.

 

Señor, este es tu pueblo oh Dios, este es el resultado del sacrificio de tu hijo Padre, todos estos cuerpos que llevan en su interior almas y espíritu son el resultado de la obediencia de Jesús en el calvario, desde el más pequeño hasta el mayor. Son el rebaño de tu prado y que están en tu mano Dios, y te ruego que los bendigas en esta hora porque hay una obediencia en su corazón, pero sobre todo hay un deseo, hay un apetito, hay una ambición por ser mejores.

 

Y tú no tomas en mal cuando ambicionamos ser mejores; mejores en el hogar como esposos, mejores en el hogar como padres, mejores en el hogar como hijos, mejores en el hogar como hermanos, y así podremos ser mejores para con la congregación, mejores para con la sociedad. Porque será algo que brote de nuestro interior, no será forzado, no será comprometido, será espontáneo, será natural. Declaramos una semana de cosecha oh Dios, de los buenos tiempos de refrigerio que vienen de tu presencia. Tus hijos bajarán estas escaleras y parecerá que están viendo visiones, pero afuera está esta provisión que tienes para ellos.

 

Abraza  los tuyos y diles que los amas, y ya puedes venir a las canastas si es que no lo has hecho y cumplir con Dios. Pero abraza a los tuyos y si alguien no vino de la familia llegando a casa los abrazas aunque no quiera y también le dices que lo amas. Estos son los cuadros que Dios quiere tomar para Él, la bendición enriquece y no añade con ella tristeza. Y la bendición es la recompensa a un servicio, sirvamos a Dios en nuestros hogares sirviendo unos a otros. Con primicias, con diezmo y con ofrendas, de voluntad propia.  Amén.

 

Dios los bendiga.