INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

RENDIR CUENTAS

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Mateo 18:23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.

 

Nuestro Señor Jesucristo está hablando a sus discípulos, les está enseñando lo que tienen que hacer, lo que tienen que ser, cómo van a ser las cosas; les habla en relación al reino de los cielos, les esclarece muchas cosas, y a nosotros también nos habla y nos habla en un aspecto muy importante.

 

Dice que el reino de los cielos es semejante, es como, se semeja a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. La palabra cuentas también viene de la palabra griega logos. La palabra Logos significa palabra, pero también relato, asunto o causa. Y aunque la gente no lo sepa, no lo crea o no lo quiera aceptar, va a haber un día en el cual Dios nos llamará a todos, a cada uno de nosotros, a toda la humanidad a rendir cuentas. Esto es algo que va a hacer el Señor.


Muchas de las veces nosotros queremos ignorar algunas palabras, algunas escrituras, porque no nos conviene aceptarlas como están. Cuando vemos que el Señor va a hacer cuentas con sus siervos, bueno pues, le pasamos la pelota a otra persona, nos desmarcamos, no nos gusta entregar cuentas, no nos agrada. Es por ello que por eso aun muchos niños hacen algo cuando los mandan a comprar, y muchas esposas también; no hacen cuentas y se van quedando con los cambios.

 

No nos gusta hacer cuentas por muchas razones, no nos gusta someternos a una autoridad. Entregarle cuentas a alguien significa que nosotros estamos bajo la autoridad de una persona, y por lo tanto no nos gusta dar cuentas. No queremos sujetarnos, no queremos autoridades, queremos vivir de una manera cómoda, in compromisos con nadie. Queremos tener libertad para hacer lo que queramos hacer. Esto siempre lo hemos querido, y no hemos entendido aun los conceptos de libertad. Creemos que libertad es hacer lo que queramos, y libertad no es eso; libertad es estar en la posibilidad de hacer lo que tenemos que hacer, sin transgredir ninguna ley, eso es la libertad.

 

Yo vivo en libertad, y vivimos en libertad en este país. ¿Por qué? Porque no estamos delinquiendo, porque no hemos infringido las leyes. Si alguien infringe las leyes, entonces es detenido, encarcelado y privado de su libertad, y se le impone una sanción de equis cantidad de tiempo, para que entienda que no puede transgredir las leyes, es así de sencillo. Pero nos conviene pensar que la libertad es hacer lo que queramos. Y esta es una frase común con los jóvenes, con los adolescentes. “Ah, es que yo quiero ser libre”. “Es que en mi casa mis padres me oprimen”. “En mi casa mis padres no me dejan hacer lo que yo quiero”. Perdón, eso no es la libertad, estás equivocado.

 

Libertad es poder hacer lo que debes hacer sin infringir las leyes. ¿Cuáles leyes? Las leyes en tu casa, las leyes en la escuela, las leyes en el trabajo, las leyes en la sociedad, las leyes en la iglesia, las leyes de Dios, en fin, tenemos muchas leyes las cuales tenemos que cumplir. Pero preferimos no hacer caso a ciertas cosas, no nos gusta la autoridad. Y nuestro Señor Jesucristo es bien claro y dice: ¿tú quieres entrar al reino de los cielos, quieres formar parte del reino de los cielos? Tienes que saber una cosa: que el reino de los cielos es como aquel rey que llamó a hacer cuentas a sus siervos, no hay más. Lo que significa que tú vas a ser llamado por Dios, para entregarle cuentas.

 

Hay tres tipos de rendición de cuentas, que nosotros debemos saber:

 

Primer aspecto: Tenemos que rendir cuentas a Dios de nuestros actos. Como aquí lo está diciendo nuestro Señor Jesucristo, Dios nos va a llamar para rendirle cuentas.

 

Hebreos 4:13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

 

Esto dice el libro de los Hebreos, nosotros vamos a tener que dar cuentas a Dios. Cuántas ocasiones cuando pensamos en el rendir cuentas, nosotros creemos que van a hacer los demás. “Ah bueno, va a rendir cuentas a Dios el pastor. Y le va a rendir cuentas porque como es su siervo, entonces va a dar cuentas de lo que hizo en la congregación. Le va a tener que rendir cuentas de los ministerios, de la gente, de los que se fueron, de los que se quedaron, de los rebeldes, de los apáticos, de los que sí trabajaron; uh, va a tener que dar cuentas de todos. Yo no quisiera estar en sus zapatos”.

 

O van a dar cuentas, bueno, pues los padres; y los hijos se desmarcan, ¿no? Los padres van a ser los que van a dar cuentas. “Y vas a ver papá el día que tengas que dar cuentas delante de Dios, de cómo me trataste, ahí sí, a ver qué le dices al Señor de tus injusticias”. Y los hijos se ponen bravos con los padres, pensando que los padres van a dar cuentas. Y cuando leemos en la palabra de Dios que toda autoridad ha sido puesta por Dios, decimos: híjole, pobres autoridades el día que Dios las llame. El día que Dios llame a cada uno de los Presidentes, de los Reyes, de los Secretarios de Estado, de los Gobernadores, Diputados, Legisladores, todos esos que tuvieron un puesto de autoridad, cuando Dios los llame y les diga: “yo te puse en ese puesto, ¿qué hiciste?” No quisiera estar en sus zapatos.

 

Y normalmente le vamos pasando a los demás la responsabilidad de rendir cuentas. Pero cuando vemos aquí en el libro de Hebreos, que está coincidiendo, concordando con lo que dice nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de Mateo, en el que todos tenemos que dar cuentas, es cuando entonces me tengo que empezar a anotar, y tengo que mirar cuáles están siendo mis actos. Porque un día me llamará Dios a su presencia. Y fíjate que esto no solamente lo saben quienes conocemos la palabra de Dios. En el mundo allá donde no conocen la Escritura, como no la conocíamos nosotros cuando andábamos en el mundo, nosotros sabíamos y el mundo lo sabe, que un día se va a rendir cuentas al Señor, y si no te lo voy a comprobar con algo muy sencillo.

 

Existe un viejo corrido mexicano que narra la historia de una joven especial, medio loca (cuando les diga el nombre la van a ubicar), llamada Rosita Alvirez. Dice que tenía un enamorado y ella andaba haciendo cosas ilícitas, y llega este enamorado, la encuentra en ciertas condiciones, saca la pistola y la mata. Y la letra dice que ella ya está dándole su declaración al Creador, ya le está dando cuentas al Creador. Y su enamorado frustrado, le está dando su declaración en la cárcel. Y a mí me llama mucho la atención cómo un canto, un corrido folklórico, muy mexicano habla de una verdad bíblica tan profunda.


Es que mataron a la pobre Rosita Alvirez; pues sí, pero ya está dando cuentas allá con el Creador. ¿Qué cuenta estará dando? Imagínate: “A ver Rosita, ¿qué haces aquí?” Pues me mataron. “¿Por qué te mataron?” Pues un loco celoso. “Pero ¿por qué, qué pasó?” Bueno, la verdad es que yo andaba con relaciones ilícitas. Ah, entonces no andabas caminando bien. No, pues la verdad no. Pues este no es tu lugar aquí en el cielo. Y dice la Biblia que entonces el Señor dirá: estos que anduvieron mal, al lago de fuego, al infierno. ¡Qué impresionante y qué impactante!

 

Imagínate, si tú en este momento te mueres, así en la tranquilidad de estar en el culto en la iglesia, después de haber alabado al Señor. Mueres aquí y mueres hasta con una sonrisa, y vas a la presencia de Dios. ¿Qué cuentas entregarías al Señor? ¿Qué le dirías? ¿Estaba en tus caminos, estaba haciendo lo que tú me mandaste a hacer? O hay cosas que vas a decir, pues la verdad Señor, pues este, hay cosas ilícitas, cosas fuera de lugar, hay cosas que no hice como tú las estableciste en tu Palabra. ¿Qué es lo que tú le dirías al Señor? ¿Qué cuentas rendirías tú en este momento si el Señor te las pide? ¿Qué le dirías? ¿Saldrías bien librado o no? Esto es algo que solamente tú sabes, nadie más. Los demás por chismosos se pueden imaginar que tal vez te vaya mal o que te vaya muy bien. Pero tú que te conoces, ¿cómo saldrías de una rendición de cuentas delante de Dios en estos momentos?

 

Isaías 43:25-26 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. 26Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte.

 

Fíjate cuánta misericordia de parte de Dios. Tú has sido un rebelde, tal vez has sido un pecador.  Anduviste en el mundo, no conocías de Dios, hiciste barbaridad y media. Bueno, dice la Escritura que por amor a ti, por misericordia el Señor borra todo lo que tú fuiste, borra todo tu pecado, borra toda tu iniquidad, borra todas tus transgresiones a su Palabra, todo lo borra. Quedas en un momento determinado libre. Y dice el Señor: y Yo no me acordaré de tus pecados. De todo lo que tú hiciste en el pasado.


Cuando venimos al Señor, cuando le recibimos, nosotros nos arrepentimos de todos los pecados que cometimos. Yo esto es algo que hice cuando llegué al Señor, al igual que supongo que cada uno de ustedes. Cuando empecé a conocer cuál era la Palabra, cuáles eran los pecados, muchos de ellos ya los conocía aunque no creía en Dios, sabíamos lo que era pecado. Y una noche antes de bautizarme, yo me puse a orar y a pedirle perdón al Señor. Y empecé a poner delante de Él todo el pecado que yo había cometido, arrepintiéndome de él. Y empecé a mencionarle: y perdóname por esto, y perdóname por esto otro, y por esto, y por lo otro; y empezó la larga lista.

 

Yo andaba en el mundial, en el mundo, y andaba pecando mucho, y había mucho, mucho por lo cual pedirle perdón al Señor. Y todo lo que yo recordé, y aun le pedía al Señor: Señor que tu Espíritu Santo me revele y me haga recordar qué es todo lo que yo he hecho mal, todo lo que yo he transgredido. Y siguieron viniendo recuerdos, y más cosas a mi mente de qué arrepentirme, y me seguí arrepintiendo y seguí puesto en las manos del Señor. Hasta que llegó el momento en que yo consideré, o ya no recordé nada más, y dije: ¡Ya! Señor, límpiame para que yo pueda bajar a las aguas bautismales completamente sin pecado, a morir mi vieja humanidad y nacer a una nueva vida, en tu voluntad, en tu Palabra, haciendo lo que tú estableces.

 

Ya para esto han de haber sido las 2 ó 3 de la mañana, me dormí y en la mañana temprano me levanté, fui a la iglesia y fui bautizado. Todo eso que yo puse en las manos de Dios, de mi pasado; dice el Señor que Él no lo traerá a la memoria, que Él no lo va a recordar. Todo por lo cual nosotros nos arrepentimos, Dios no lo va a traer al presente. Dios nunca te va a decir de algo que ya te arrepentiste. Ah es que tú hiciste. ¡No, ya no! Esto es algo que Él ya lo olvidó, ya no lo recuerda, nunca existió para Dios porque ya hubo un perdón.

 

No es como algunas personas, para no decir mujeres, cuando tienen algún problema, algún conflicto con el esposo. No le hagas algo, no menciones nada porque entonces te recuerdan desde el día que las conociste. “Es que acuérdate cuando éramos novios, tú me gritaste un día”. No, no te grité, tuve que hablar fuerte por el ruido. No, tú me gritaste. Oye, pero ¿no habíamos quedado que eso ya estaba olvidado? Pero ahorita lo estoy recordando de nuevo. Y lo sacan, y sacan todo lo que ha pasado, y tienen una excelente memoria, una memoria formidable, nada se les olvida, nada. Todo lo recuerdan a la perfección y recuerdan todo lo que el hombre les hizo, todo. Ahí está almacenado en el disco duro, para que en momento indicado lo procesan y rápidamente sale. Como en las computadoras, de inmediato sale a relucir. Ahí está almacenado.

 

Dios no es así, Dios dice que nuestro pecado lo echó a las profundidades del mar, y ahí está, y Dios no se mete a bucear para sacarlo, no lo vuelve a mencionar. Pero el problema es que la humanidad, nosotros, ya conociendo aun la Palabra, pecamos. Y muchas de las ocasiones pecamos y no venimos delante de él a pedirle perdón. Y empezamos también a acumular pecados, y dice el Señor: Ven, vamos a platicar, vamos a entrar en cuentas tú y yo. Tú quieres bendición pero no te puedo dar bendición porque no andas bien. Entremos a cuentas. Y entonces el señor te habla, te sienta y te dice: está bien, entremos juntos a este juicio, a ver, recuérdame qué has hecho. Y habla tú, dice el Señor, aun para justificarte, pero pide perdón.

 

Y yo le doy gracias al Señor porque Él nos da esta oportunidad en vida de poder entrar a cuentas con Él. Yo le doy gracias a Dios porque me da la posibilidad de poderme sentar frente a Él, o arrodillar o estar en la posición que yo quiera y decirle: Señor perdóname, entro a cuentas contigo y te pido perdón por esto y esto y esto. Y ¿por qué le doy gracias? Porque Él me está dando la oportunidad de hacerlo, para ser yo limpiado y poder yo recibir bendición y cambiar mi forma de vivir. Le doy gracias a Dios por ello.

 

Porque si Él no nos diera esta oportunidad, si a ti se te pasa pedirle perdón a Dios, y en ese momento el Señor viene por su pueblo, ¿sabes? Las siguientes cuentas que vas a tener que hacer, van a ser en su presencia en los cielos, y entonces no hay forma ya de corregir el problema, ya no. Mientras estamos en vida, tenemos la posibilidad de rendir cuentas, de arrepentirnos, cambiar y enderezar el rumbo. Quienes no creen que deben rendir cuentas a Dios, cuando lo hagan será demasiado tarde. Una ocasión me decía una persona a la cual le estaba compartiendo. No hay problema, si en realidad un día yo voy a estar delante de Dios rindiéndole cuentas, ese día me arrepiento. Le dije: perdóname, ese día ya no vas a tener posibilidad de arrepentirte. El arrepentimiento lo tenemos que ejercer hoy en vida, no después.

 

Romanos 14:10-12 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. 11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. 12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

 

Fíjate bien dice: todos. Todos compareceremos ante Dios. ¿Hasta yo pastor? Todos. Tú no te preocupes por los demás, no vas a dar cuentas por los demás. Tú vas a dar cuenta  de ti, vas a comparecer como dice la Escritura ante un Tribunal. Qué maravilloso va a ser llegar ese día delante del Señor, legar a ese tribunal y poderle decir: Señor, yo soy José Antonio Cano. Ah, muy bien. A ver, el libro de la Vida. Sí, aquí está anotado tu nombre. Vamos a entrar a cuentas: Señor, yo siempre me puse a cuentas contigo en vida. Y que el Señor diga: Ah sí, efectivamente, no hay pecado. Todo está bien, te arrepentiste. Bien, entra al reino de los cielos, entra al gozo de tu Señor. ¡Uff, qué maravilloso, vamos a pasar!

 

Pero que el Señor ese día te diga: a ver, espérate. Tú no te arrepentiste de todo, aquí yo puedo ver que hay cosas que están mal. Porque así como existe el Libro de la Vida, hay otro libro que es el Libro de las Obras. No de las buenas obras; de las Obras, buenas y malas. Ahí todo lo que tú haces ahí está escrito. Y entonces va a sacar ese Libro el Señor, y va a decir: Mmm, mira nada más todo lo que tú hiciste, de lo cual no te arrepentiste. Nunca entraste a cuentas conmigo, nunca te pusiste a cuentas conmigo porque no quisiste hacerlo, preferiste seguir viviendo en el pecado, preferiste seguir viviendo como estabas viviendo. ¿Sabes? Ya no hay remedio para ti. Y dice el Señor que entonces separará a los unos y a los otros, y a los pecadores para el lado izquierdo junto con todos los cabritos.

 

El Señor lo dice, vamos a dar cuentas, no hay más. Y todos, y no solamente los cristianos, todos. O al revés, hay muchos que consideran que las cuentas las darán los del mundo porque los cristianos no vamos a pasar a cuentas. ¡No, sí, todos! Todos vamos a pasar y vamos a tener que dar cuentas delante del Señor. El apóstol Pablo es muy claro al manifestarlo. El apóstol dice. Mira no juzgues, ve tu propia vida, no juzgues a tu hermano, no menosprecies a tu hermano. Tú ve para ti y ve lo que tú tienes que hacer, par que entonces te pongas a cuentas con Dios.

 

Hace un momento en la profecía decía el Señor: si tienes un problema con tu hermano, deja tu ofrenda y ve, y ponte a cuentas con tu hermano. Es lo que el Señor quiere. Y aun dice la Escritura, que yo vaya a dar cuentas delante del Señor de mi forma de hablar y de lo que yo hablo.

 

Mateo 12:36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

 

¿Cómo andan tus palabras? ¿Qué es lo que tú hablas? ¿Qué es lo que tú dices? Porque de todo lo que tú hablas, no solamente de tus obras, sino de lo que hablas. Ah Señor, es que la verdad yo era muy hablador, no hacía las cosas pero era muy hablador. ¡Cuidado! Ten cuidado. Porque de toda palabra ociosa que tú dices, vas a dar cuenta delante de Dios. Somos muy fáciles para hablar. Hablamos con una facilidad tan tremenda, que hasta hay un dicho por ahí que dice que antes de hablar conectes al cerebro. Porque hablamos, y ya después de que hablamos decimos: ah, es que esto no lo debí haber dicho. Pero bueno ya se me salió, ya ni modo. Delante de Dios vas a dar cuentas, cuidado, refrena tu lengua, ten cuidado con lo que hablas, porque vas a pasar a juicio y cada palabra ociosa tendrás que dar cuentas a Dios, lo dice nuestro Señor Jesucristo. Y esto es el aspecto para con Dios. Yo voy a rendir cuentas a Dios.

 

Segundo aspecto,  también debemos rendir cuentas unos a otros.

 

Santiago 5:16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

 

Y fíjate que el apóstol está haciendo una declaración muy importante. Si yo tengo algo en contra tuya, yo tengo que venir delante de ti y confesar lo que yo he dicho de ti. ¡Qué difícil es esto! Qué difícil es poder venir delante de una persona a quien yo a sus espaldas, de quien estoy hablando por supuesto mal. Nos es muy fácil hablar de los demás, nos es muy fácil juzgarlos, criticarlos, hacer chismes, rumores, murmuraciones de los demás. Y no me doy cuenta que en primer lugar voy a dar cuenta de ello a Dios, y en segundo lugar que tengo que venir con esa persona y decirle: perdóname, me vengo a poner a cuentas contigo, yo te he ofendido, he hablado mal de ti, he hecho esto, y esto, y esto. Y quiero arreglar las cosas. No lo hacemos.

 

Decía hace un momento el Señor a través de profecía: que difícil es pedir perdón. Cuánto trabajo nos cuesta pedir perdón. Hace algunos meses una persona, un siervo de Dios muy lleno del Señor, habló mal de una persona casada, de una congregante, la difamó delante de otras personas. Y después esta persona que difamó, después de un tiempo vino con el esposo de ella y le dijo: perdóname, porque ofendí a tu esposa, porque hablé mal de ella. Entonces la esposa de él le mandó un correo electrónico y le dijo: que fácil es para ti pedirle perdón a mi esposo, cuando a la que insultaste fue a mí. Yo te pido, es más, te exijo que tú me pidas perdón a mí. Y aun otra cosa, que tú repares el daño que hiciste, que a toda la gente que tú le hablaste mal de mí, con quien me difamaste, que ahora tú le digas a esa gente que estabas mal, que pecaste, que estabas equivocado. Y que limpies mi nombre.

 

Jamás hubo respuesta de este varón, nunca la hubo. ¿Qué va a ocurrir? Va a ocurrir como dice la Palabra, que un día, el día del juicio, estará delante de Dios siendo juzgado y dando cuentas por cada palabra ociosa que dijo. ¡Qué grave! Que grave que por un lado nosotros queramos estar en una perfecta comunión con Dios y hacer su voluntad para estar por la eternidad en el reino de los cielos, y por otra parte, por nuestra lengua viperina, nos vayamos al infierno. Por una lengua que no soy capaz de refrenar, o porque en un momento no tuve la capacidad por mi orgullo de ser humilde y decirle a una persona: perdóname, te ofendí.

 

Yo siempre lo he dicho, que fácil es en la iglesia idólatra que una persona venga delante de un cura y le diga: me arrepiento porque yo ofendí a fulano y a mengano. Y entonces el cura le diga, ah qué bueno que estás arrepentida; aviéntate equis cantidad de padres nuestros y tantas aves marías, y ya estás bien. ¡Qué fácil, en verdad! Que fácil no enfrentar lo que yo hice. Que fácil es venir con otra persona y pedirle perdón, decirle que estoy arrepentido de algo que le hice a alguien, cuando la Palabra me dice que yo venga con la persona a la que yo ofendí, y esa persona le pida perdón, que a esa persona le dé cuentas de lo que yo hablé. Se nos hace muy difícil hacerlo.

 

Decía el Señor hace un momento en la profecía esto, y además estaba diciendo: cuando tienes algo en contra de alguien, cuando sabes que una persona tiene algo en contra tuya, deja tu ofrenda en el altar y ve y reconcíliate. Y lo sabemos y no lo hacemos, y no entramos a cuentas y no extendemos un perdón o no pedimos perdón, nos cuesta trabajo. ¿Por qué? Porque somos muy orgullosos y no alcanzamos a ver que ese orgullo nos puede apartar de Dios por la eternidad, es así de grave.


Nosotros tenemos que aprender que existen autoridades. Tenemos que aprender que tenemos que dar cuentas. Los matrimonios, hay cantidad de matrimonios que no se dan cuentas; no que no se den cuenta, eso otra cosa. No se rinden cuentas uno con el otro. ¿Por qué le voy a rendir cuentas a ella? ¿Por qué le voy a decir cuánto gano? No, no tengo porqué. Es mi dinero, es lo que yo gano, y que se aguante con lo que yo le doy de gasto. ¡Estás equivocado! Le tienes que rendir cuentas, y le tienes que decir: gané tanto, me quitaron tanto de impuesto. Pasó esto, y esto y lo otro, y tengo tanto y lo vamos a administrar de este modo. Y tienes que expresar lo que vas a hacer.

 

En el mundo se dice que a la mujer ni todo el amor ni todo el dinero. Eso es en el mundo, en Cristo Jesús las cosas son diferentes. En Cristo Jesús, para el cónyuge tiene que ser: y todo el amor y todo el dinero. Es que yo me hago mi guardadito. ¡Cuidado! Y la mujer como puede de ahí del gasto, de lo que le dan a la quincena, al mes o a la semana, de lo que le dan para el gasto, le pellizca y se hace su guardadito.

 

¿Qué sucede? Que en alguna necesidad, ella de buena voluntad, en buen plan, le dice a él: he estado haciendo un guardadito, mira, he juntado tanto, lo cual podemos ocupar ahorita para esta urgencia que tenemos. Y entonces él se goza y dice: ah qué bárbara, qué buena administradora eres. Uh, qué buena esposa me tocó, eres la mejor, vamos a usarlo para esto. Lo usan y entonces después lo piensa él, y le habla a la esposa y le dice: oye, ya que eres tan buena para administrar, ahora tú vas a pagar el gas, el agua, el teléfono y la luz. Le dice la mujer: oye espérate, le estaba dando una rascadita, guardando algo, ahorrando un dinero. Sí, pero ahorras tan bien que ahora tu responsabilidad va a ser pagar esto, esto y esto.

 

¡Qué difíciles somos! No hablamos lo que debemos hablar, no decimos lo que tenemos que decir. No nos gusta rendir cuentas. Nos gusta a los casados seguir actuando como si estuviéramos solteros. Y a las casadas les gusta seguir actuando como si no estuvieran casadas. Como que no tuvieran que rendirle cuantas a nadie. Yo lo puedo ver en el mundo, no aquí. Cantidad de matrimonios que las mujeres se van con sus amigas a tomar la copa, a bailar, a echar relajo, y se aparecen en su casa como a las 3 ó 4 de la mañana. Llegan medio tomadas o muy tomadas, pero llegan. Y el esposo les pregunta: ¿dónde anduviste? ¡Fue con mi dinero!

 

Pues cómo con tu dinero, si ni trabajas. ¿Con cuál dinero? Bueno, yo ¿qué te digo a ti cuando te vas con tus amigotes? Nada verdad, ni me das cuentas de nada, entonces no me pidas a mí cuentas. Y se entra en una situación tan difícil, y los matrimonios entran en una situación tan conflictiva por no darse cuentas, difícil y tremenda por no entender cuál es la voluntad de Dios. Los matrimonios se llenan de resentimientos, se llenan de malos entendidos, se llenan de prejuicios y todo por la falta de comunicación, por situaciones no perdonadas.

 

Amós 3:3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?

 

En otras palabras, ¿andarán dos juntos, andará un matrimonio bien en paz, en tranquilidad si no se ponen a cuentas? No, no es posible. Dios quiere que mantengamos un canal abierto en nuestro corazón, porque lo que guardamos en nuestro corazón llega el momento en que se convierte en raíces de amargura, lo cual si nosotros lo dejamos salir, que finalmente saldrá, va a contaminar a los que están a nuestro alrededor. ¿Quiénes están a nuestro alrededor? Nuestra familia. No queremos rendir cuentas, nos es muy difícil hacerlo, pero tenemos que rendir cuentas, no hay otra. Tenemos que aceptar el orden y las autoridades que Dios ha puesto para que hagamos esto. Lo tenemos que hacer. No podemos ir caminando en el Señor sin rendir cuentas.

 

Tercer aspecto: Rendir cuentas a una autoridad superior. Ah qué trabajo, qué difícil es en verdad. Y veíamos en un principio Mateo 18:23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Un rey, una autoridad. El rey está representando la autoridad, y sus siervos todos los demás. Tenemos nosotros qué rendir cuentas a la autoridad.

 

¿Quiénes son autoridades? Esto es bastante claro quién es una autoridad. Y hay autoridades a las que nosotros debemos estar sujetos: los hijos debemos estar sujetos a la autoridad de los padres. Pero los hijos para zafarse de la autoridad de los padres, para no rendirles cuentas a los padres argumentan algo muy sencillo: Ya cumplí 18 años, ya soy mayor de edad, ya puedo hacer lo que yo quiera. ¡No! ¿Sabes qué? Estás equivocado, estás muy equivocado, las cosas no son así. Tú no eres independiente porque cumpliste 18 años de edad. Tú estás viviendo bajo un techo, y al estar bajo ese techo estás bajo una autoridad, y te tienes que sujetar a las normas establecidas por tus padres.

 

Es que mis padres son absurdos. ¡Salte de esa casa, así de fácil! Es que mis padres no me entienden. Vete a otro lugar en donde sí te entiendan, en donde según tú vas a ser lo que tú quieras hacer. ¿Dónde? En ningún lugar, en todos los lugares hay normas. Me voy a ir a un casa de huéspedes, ahí voy a vivir solo en un cuarto. Sí, pero ahí te vas a encontrar con que nadie puede entrar; “aquí las puertas se cierran a las 10 de la noche, no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro. No puedes meter aquí, no puedes…” Ups, están peor que mis papás. Pues sí, así es.

 

En todos los lugares hay normas establecidas a las cuales nosotros nos tenemos que someter y sujetar. Jovencitas de 15, 16 años diciéndoles a los papás: ah pero vas a ver, ya seré mayor de edad. A ver, a ver, a qué la amenaza, mayor de edad ¿para qué? Para hacer lo que yo quiera. No chiquita, no, por ser mayor de edad vas a hacer lo que quieras. Si vas a hacer lo que quieras, si vas a estar bajo mi techo te vas a sujetar a las normas que yo establezco, no ha de otra.  Ya estoy grande, ya acabé mi carrera. ¿Y?  Mientras estés bajo este techo vas a hacer lo que yo diga.

 

El problema es que a los padres nos falta autoridad, o a nuestros padres les faltó autoridad. Y entonces le tenemos miedo a los hijos, los padres le tienen miedo a los hijos y dicen: ay, es que pobrecito, si le exijo ¿qué tal si se va de la casa? ¡Que se largue! ¿Tú crees que en otro lugar va a tener lo que tiene en tu casa? No. No te engañes, no. Ay pobrecito, no lo despierten, llegó noche, llegó tarde. ¿A qué hora llegó? Llegó a las 5 de la mañana, y lo oí tropezándose en la escalera. Apenas es la 1 de la tarde, déjalo descansar.  Cuál déjalo descansar, lo hubieras levantado desde las 7. Ay no, pobrecito, mejor le voy a preparar unos chilaquiles para que desayune rico. Sí Albertano.

 

Cuidado, o sea, ¿qué les estás dando a tus hijos, por qué los retienes de un modo, por qué no les exiges? Es que quiero ser un buen padre. Vas a ser un buen padre cuando les digas que tienen que cumplir las normas, las reglas que tú estableciste y que están ahora gracias a Dios, dentro de la voluntad y del propósito del Señor, no hay más. Y los hijos lo tienen que entender, no hay de otra. Y en verdad, a mí mi hijo me amenazó en una ocasión: ¡me voy a ir de la casa! Pero no me lo cantes, lo agarré y lo eché a la calle. Punto. A mí no me amenaces. Aquí la autoridad soy yo, si te parece, y si no, vámonos para afuera.

 

Ah es que yo no le voy a pedir permiso a mis papás, ya tengo 25 años. Pues mientras estés viviendo con tus papás, les tienes que pedir permiso, y te tienes que sujetar a los horarios que te establece tu papá. Punto. Ya estoy grande, ya hasta barba me sale. No me importa, aprende a sujetarte, y a sujetar. Que te den cuentas tus hijos. ¿Dónde andabas? ¿Qué hiciste? No tengo por qué darte cuentas. Cómo no, claro que sí me las tienes que dar, y si no me das cuentas, no te doy permiso de salir. Me salgo. No entras, fácil. Y no te dejo entrar. Y es más, ni tu ropa te doy porque tu ropa yo la compré.  A ver dónde te van a aguantar, a ver quién te va a aguantar.


Pero finalmente como hijos no somos tontos, y no nos vamos de la casa. Ah es que mi papá es esto y mi mamá es el otro, y me gritan y me maltratan, y me hacen y me tornan, y no me dejan ser libre. Yo quiero ser libre y volar como paloma por todos lados, y… Pues mira estás tan contaminado que vuelas como sarampagüilo, pero bueno, no importa. No vas a hacer las cosas como tú quieres, y a pesar de que los hijos creen o dicen y reclaman que los padres no les dan lo que ellos quieren, no se van de la casa. ¿En dónde los van a mantener como tú los mantienes?

 

Pregúntale  tu hijo, ¿a dónde te irías? Yo me voy a casa de mi tío que me quiere mucho. Te aguantará tres días de vacaciones, no te engañes, no te va a aguantar más. No va a aguantar y no va a alimentar a un fodongo que no quiere hacer nada, o a alguien que está reprobando materias, no lo va a aguantar. ¿Tú crees que sí? No, no te va a aguantar. Me voy con mi tía a Los Cabos; buenísima onda mi tía, allá sí, y en Los Cabos, en la playa, todos los días voy a ir a la playa a caminar ahí ver a los turistas. No, no es cierto, no te engañes, las cosas no son así.

 

Tenemos que rendir cuentas a las autoridades. Y aun nos cuesta trabajo rendirle cuentas al jefe que tenemos en el trabajo, no alcanzamos a entender qué es un jefe. Ay, cómo le voy a rendir cuentas a mi jefe si sé más que él. No importa que sepas más que él, es tu jefe y le tienes que rendir cuentas, así de sencillo, lo dice la Palabra.

 

Mateo 25:24-30 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

Esta parábola nos habla de lo que Dios nos ha dado, lo que nosotros tenemos en administración vamos a tener que dar cuenta de ello. Vas a rendir cuentas de los talentos que tú tienes, y cada talento que Dios te dio tanto natural como espiritual, vas a tener que dar cuenta de ello. Y le vas a tener que decir a Dios un día: Señor vengo a hacer cuentas contigo. Tú me diste este talento, aquí está, yo lo he trabajado y he multiplicado el talento, y tengo más, aquí está. O la otra, Señor yo reconozco que tú me diste talentos naturales, ciertos talentos con los cuales yo nací, y además me diste talentos espirituales, pero ¿qué crees? No puse por obra ninguno, ni los talentos naturales ni los talentos espirituales. Yo nunca quise trabajar para la iglesia, yo nunca quise hacer lo que tenía que hacer, yo nunca quise servir, yo nunca quise hacer nada.


Y el Señor te dirá: Ah, qué sirvo malo y negligente eres tú. ¿Sabes? Yo a ti no te quiero aquí en el reino de los cielos. ¡Fuera, vete! ¿A dónde? Al infierno, ahí vas a estar por la eternidad. Ahí están los negligentes, los perezosos, los que no les gusta hacer cuentas, ahí van a estar todos ellos. ¿Quieres estar con ellos? Adelante. Esto es muy sencillo, nosotros tenemos que rendir cuentas porque nos tenemos que sujetar, y todos aquí tenemos que rendir cuentas. Y en la iglesia tenemos que rendir cuentas.

 

Mi esposa y yo aun como Pastores principales de la iglesia, no solamente le damos cuentas a Dios. Hay una persona que el Señor puso en nuestro corazón a quien le reconocemos una autoridad pastoral, a quinen le reconocemos que está lleno del Señor, le respetamos, le amamos; y nosotros a él le rendimos cuentas de esta iglesia. Le rendimos cuentas de lo que ella y yo hacemos aquí en la iglesia, no solamente a Dios, sino a él también. Y estamos en la posibilidad de que él nos diga: está esto mal, o enderecen esto. O está bien, adelante. ¿Por qué? Porque estamos entendiendo también el valor de tener que darle cuentas a alguien de lo que nosotros hacemos.


Ah no, como yo soy pastor principal, hago lo que se me da la gana. Y me justifico delante de Dios. ¡NO! Así como cada uno de los ministerios tiene que darnos cuentas a nosotros, nosotros le damos cuentas a una persona también en lo físico, a quien vemos para que nosotros estemos con la seguridad de que estanos haciendo las cosas bien y que estamos guiando a la iglesia de una manera correcta.  Estamos nosotros aun quitando lo que pudiera haber de orgullo para darle cuentas a un semejante a quien le reconocemos una autoridad. Y esto es bueno para mi esposa y para mí y aun para la congregación. Nosotros sabemos de que las promesas de Dios de que vamos a ser una iglesia de multitudes, y que vamos a cubrir cantidad de cosas. Nosotros necesitamos también la certeza de que humanamente estamos haciendo lo que debemos hacer.


Ah, es que Dios dijo e interpreté esto a mi modo, y así lo hicimos. Entendí mal y pues ya ni modo. ¡NO! Le damos cuentas para que nos digan también si estamos bien, y cómo vamos. Todos tenemos que rendir cuentas, absolutamente todos. Y como decía en un principio, la pregunta para hoy es: ¿qué estás haciendo tú, qué estás dando de cuentas o qué no estás dando de cuentas? Si el Señor te dice el día de hoy entremos a cuentas, ¿qué le dirías? Si el Señor te dice: ¿qué has hecho con los talentos que te di? ¿Qué contestarías? O a ti varón, que te dijera: ¿Qué has hecho con la mujer que te di? ¿Qué le contestarías? O a la mujer. ¿Qué has hecho del varón que te entregué? ¿Qué le contestarías? O a ambos, que les dijera el Señor: ¿Qué han hecho de los hijos que les di? O a los hijos: ¿qué estás haciendo con los padres que yo te di?

 

¿Estarías en la posibilidad de entrar a cuentas el día de hoy con el Señor? O prefieres esperar tantito, analizarte, y ya analizando, decirle al Señor: Señor ahora sí, voy a empezar a rendir cuentas. Escógelo, pero sí una cosa bien clara: tienes que dar cuentas, no hay de otra. A Dios, a tus semejantes y a tus autoridades, no hay más. Es que esto de ser cristiano es difícil. Sí, la verdad es que sí. Pero hay un gran premio: LA VIDA ETERNA.

 

Entendamos que el día de hoy y cada día, tenemos que dar cuentas, que no podemos esperarnos más, aun para rendir cuentas delante de Dios, porque si esperamos el día del juicio para rendir cuentas delante de Él, entonces ya sería demasiado tarde para nosotros. Amado hermano, amada hermana, como dice el profeta Isaías: entremos a cuentas con Dios, y sentémonos frente a Él y digámosle: Señor, esto está pasando, vengo a darte cuentas. Y tal vez éstas no son muy buenas, pero Señor, yo me arrepiento de esto que estoy haciendo porque sé que no es bueno, y  enderecemos el rumbo. Y roguémosle a Dios que nos de la posibilidad de entender de una manera plena, a aprender a sujetarnos a las autoridades que Él mismo ha puesto y a Él mismo,  para dar cuentas. Que no tengamos conceptos equivocados de libertad, sino que tengamos los conceptos como deben de ser, en tu voluntad y en tus propósitos. Y démosle a Dios la gloria y la honra, por la eternidad. Amén.

 

Dios los bendiga.