INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.
ENDEREZA TUS CAMINOS
Jesús Cano
Marcos 1:3
Voz
del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad
sus sendas.
Este es el cumplimiento de la palabra
dicha por el profeta Isaías hace aproximadamente 760 años antes de Jesús.
Isaías estaba hablando y decía: Voz del que clama
en el desierto: Preparad el camino, estaba hablando de Juan el Bautista.
No hablaba de Jesús, Juan el Bautista fue llamado para prepararle el camino
a Jesús. Y si leemos lo que sigue de Marcos, dice que Juan predicaba el bautismo
de arrepentimiento
para perdón de pecados (Marcos 1:4).
Juan había sido llamado para prepararle el camino al Señor,
para allanarle el camino. Muchos decían que Juan era el Mesías, pero Juan
sabía bien para lo que había venido, y era para preparar el camino. Pero dentro
de la profecía de Isaías que estamos leyendo, hay algo que no es
exclusivamente para Juan, y es el final del versículo
3, que dice: Enderezad
sus sendas. Si leemos lo que
anunciaba Juan, él a lo que estaba llamado es esto, a decirle a la gente que
enderezara sus sendas, porque el Rey de Gloria había llegado.
Si seguimos leyendo Marcos, nos
vamos a dar cuenta que después de esto dice que Juan bautizaba en el río Jordán,
y que ahí un día llegó Jesús y le dijo que necesitaba ser bautizado. Si recordamos
un poco, tú y yo nos bautizamos para morir al vejo hombre. Cuando tú y yo
bajamos a las aguas dejamos todo lo que traíamos atrás, lo ahogamos en las
aguas. Nosotros reconocemos que no estábamos viviendo de acuerdo a la Palabra
de Dios, y decidimos bautizarnos. Entonces ese es el bautismo, tú y yo, reconocer
que estamos mal y empezar una nueva vida en Jesús. Eso es lo que hace el bautismo.
Nosotros como cristianos deberíamos
sentir la necesidad por bautizarnos, por vivir una vida plena, una vida como
Jesús lo establece, una vida agradándole a Jesús. La mayoría de aquí está
bautizada, ¡gloria a Dios! Y lo hicimos con el pleno conocimiento de que queríamos
empezar de nuevo, ¿no? Yo me bauticé a los 15 años, y fue porque me dejaron
hasta esa edad bautizarme, porque si hubiera sido por mí, yo me hubiera bautizado
desde los 2 años.
Dice mi papá que yo llegaba y le
decía: papá, ya me arrepentí de mis pecados, ya quiero bautizarme; cuando
tenía dos años. Y me decía: ah ¿ya te arrepentiste? Y le contestaba: sí. Y
creo que Jesús es mi Salvador, y quiero bautizarme. Pero nunca me dejaron
hasta 13 años después. Pero si hubiera sido por mí, me hubiera bautizado desde
antes. Necesitamos vivir con el conocimiento de que estamos empezando una
vida nueva, una vida lejos de todo lo demás.
Si leemos los 4 evangelios, no todos
mencionan lo mismo, todos están escritos desde puntos de vista diferentes,
pero no todos mencionan lo mismo. Pero todos mencionan el bautismo de Jesús,
por una simple razón, porque a la hora que Jesús se bautiza, ahí es el principio
del ministerio. Jesús no empezó el ministerio antes, sino en el momento que
él se bautizó. Y antes de eso, todos, los 4, mencionan la profecía de Isaías.
Dicen que era el cumplimiento, y decían porque es la palabra que había dicho el profeta
Isaías, Voz del que clama en el desierto: Preparad
el camino del Señor; Enderezad sus sendas.
Los 4 evangelios dicen lo mismo,
pero llama mucho la atención cómo antes de que Jesús empiece su ministerio,
el ministerio de Jesús empieza con el cumplimiento de una profecía. El cumplimiento
de la profecía dicha por Isaías, el fin de la profecía es el principio del
ministerio de Jesús. Hasta que yo estaba estudiando esto pude entender algo:
yo siempre había creído que Jesús se había bautizado solo para cumplir la
Ley, y creo que Jesús no se bautizó para cumplir la Ley. Jesús todo lo que
hizo lo hizo consciente de lo que estaba haciendo. Jesús nunca dudó en nada,
Jesús siempre tuvo una razón.
Jesús al reconocer que tenía que
bautizarse; no solo estaba reconociendo la autoridad del Padre como le dice
a Juan: Yo necesito ser bautizado para que se haga justicia.
Marcos 1:15 El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha
acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
Pero Jesús estaba consciente de
algo: para empezar una vida nueva tenía que morir a la vida antigua. Jesús
no pecó, Jesús fue varón perfecto dese el principio. Y fue varón perfecto
como hombre. Jesús vence al diablo como tú y yo, como hombres. Eso es lo que
hace grande a Jesús. Si Jesús hubiera venido como Dios, y vence al Diablo
como Dios, no hubiera tenido ningún sentido para nosotros. Si Jesús vine como
Dios y vine y le arrebata las llaves del Hades a Satanás como Dios, y hace
los milagros que hacía como Dios, no hubiera tenido ningún sentido para nosotros,
porque hubiera sido inalcanzable, más de lo que es ahora.
Imagínense, si en lugar de presentarnos
a un hombre, nos presentan a un Dios; y Jesús fue hombre. Jesús llegó a bautizarse
sin haber pecado, pero sabiendo algo: que para empezar de nuevo, tenía que
cerrar lo antiguo. Fue un hombre que no pecó nunca, fue un hombre recto, pero
necesitaba cerrar lo anterior, necesitaba bajar a las aguas y morir a lo que
había sido, necesitaba morir a 30 años, necesitaba morir a toda su vida. No
se trataba de si había pecado o no, era cuestión de aparte de cumplir la Ley,
era cuestión de reconocer que iba a empezar algo nuevo y necesitaba cerrar
lo anterior. Eso hace Jesús.
Por eso cuando dice: el que esté
limpio, límpiese aun más. Jesús lo dijo con todo el conocimiento de lo que
significaba. Tal vez nosotros podamos decir: pues ¿quién es limpio? Justo
no hay ni uno solo. Pero Jesús sabía de lo que estaba hablando. Y cuando Jesús
dice: y el que esté limpio, ahora límpiese más, es porque él lo había hecho
en el río Jordán. Jesús sin estar sucio fue y murió a un hombre; Jesús sin
estar sucio fue y representó el arrepentimiento de sus pecados, el arrepentimiento
de lo que había vivido. No se pudo arrepentir de los pecados que no había,
pero sí cerrar algo y empezar de nuevo. Por eso cuando Jesús dice: el que
esté limpio, límpiese aun más. Todo lo que dijo Jesús, él lo había vivido,
todo lo que dijo Jesús sabía de lo que estaba hablando.
Por eso no podemos decir: es que
yo no he pecado. Yo cuando estaba haciendo esto le dije a mi papá: es que
podría ser muy fácil y muchas veces nos pasa esto, comparada tu vida con la
mía, yo para el mundo he pecado menos, ¿no? Y podría decir que estoy limpio,
y así me bauticé. Y Jesús sin haber pecado murió a lo antiguo. Y lo que nos
enseña Jesús es que debemos morir a nuestro pasado, debemos dejar nuestro
pasado atrás.
Dos personas muy sabias dijeron:
Si el mundo te da la espalda, tú dale la espalda al mundo deja el pasado atrás.
Timón y Pumba dijeron eso: jakuna matata.
Jesús lo hizo bautizándose, Jesús dijo: está bien, ese es mi pasado, ese es
el Jesús que aprendió, ese es el Jesús que fue llevado a la madurez. A partir
de ahora, y estos 3 años, es el Jesús que va a hacer milagros. Jesús no podía
hacer milagros antes porque no había cerrado esa etapa. Jesús no podía ser
el Mesías en su plenitud porque no había cerrado esa etapa. Aunque a los 12
años se sentaba con los ancianos en las escaleras del Templo, y hablaba con
ellos sobre la Palabra, no era todavía el Mesías, seguía en proceso. Jesús
necesitó empezar de nuevo una vida para llegar a ser lo que tenía que ser.
Lo que enseñaba Juan era el arrepentimiento
a través del bautismo, ¿no? Isaías lo dice así: enderezad sus sendas. El bautismo
representa morir a tu viejo hombre, el bautismo representa morir a lo que
eras. Isaías dice: reconoce lo que eres y endereza tus caminos. Isaías está
diciendo: deja todo eso atrás, deja todo eso que te estorba atrás, y empieza
otra vez. Eso es lo que está diciendo Isaías. Si leemos Marcos 1:3,
la última parte dice: Enderezad sus sendas. Pero
en Isaías 40:3
Voz que clama en el desierto:
Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
¿Qué hay de diferente aquí a lo que se está mencionando en
Marcos? Sólo una palabra, en Marcos dice: sendas, y aquí dice: calzada. Calzada
tiene que ver con calzado, con lo que llevamos puestos. Sendas tiene que ver
con el camino, es exactamente lo mismo. Dios está diciendo endereza tus caminos,
endereza tus pasos. Dios no puede traer bendición a tu vida, Dios no puede
hacer grandes cosas en tu vida si tú no enderezas primero tus caminos.
Cuando llegamos al Señor muchas veces dejamos de pecar, los
pecados grandes los quitamos y decimos: sí, ya no tomo, ya no soy un adúltero;
pero tenemos un cambio muchas veces a medias. El primer tiempo vivimos enamorados
de Jesús, pero conforme pasa el tiempo dejamos que Jesús se vuelva una segunda
opción, volvemos a Jesús una cosa cotidiana, cuando no es nada cotidiano.
Vemos el venir los domingo como una imposición, o pues es que “Tengo” que
ir los domingos ¿no? Pues así es que ya me acostumbré a ir. Jesús no es eso,
llegar a una vida en Jesús no es una
vida en donde solo dejas de pecar.
Déjame decirte algo: Jesús es algo más que vivir sin pecado.
Dios es tan grande que no solo se limita a vivir sin pecado. Una vida como
cristianos no es una vida solo sin pecar, o una vida sin esforzarnos sin pecar;
es un cambio de vida, es un estilo de vida. Eso es Jesús, es el estilo de
vida. Jesús tiene que ver con actitudes, Jesús tiene que ver con nuestra relación
con los demás, con nuestra relación en la casa, con cómo nos comportamos,
por cómo enfrentamos los problemas, con cómo hablamos. Jesús no solo pecado,
Jesús es muchísimo más grande que eso. Jesús es toda una vida. Y toda una
vida se compone de actitudes, de acciones, eso es Jesús. Jesús no es solo
dejar de pecar, Jesús es algo más.
El llamado del Señor fue: enderezad su senda. Si leemos bien,
el Señor dice: enderezad calzada en la soledad a nuestro
Dios. Pero hay algo bien curioso, o muy obvio que a nosotros como cristianos
se nos olvida muchas veces. El Señor está diciendo: enderezad calzada en la soledad. En Marcos 1:3 Enderezad
sus sendas. Dios está
hablando exactamente de lo mismo, no solo se está refiriendo a que hay que
enderezar las cosas. Dios no está diciendo: bien, yo te voy a enderezar tus
pasos. Yo voy a ser el que va a cambiar las cosas. Dios te está diciendo:
endereza tus pasos.
Es muy diferente si yo quiero algo de la cabina, tengo que decirle a Angie: oye, ¿me lo pasas? A ir con Angie
y agarrarlo y decirle: gracias por habérmelo dado, y me regreso al púlpito.
Dios está diciendo: endereza tus pasos. Porque así como tú y yo fuimos capaces
de meternos en las cosas que nos metimos, de acumular los resentimientos como
los acumulamos, de pecar en la forma en que pecamos; así de esa fuerza
en que lo hicimos, también debemos tener la misma fuerza, la misma voluntad
para salir de eso.
Creemos que como cristianos llegamos
y le decimos: Sí Señor, aquí está mi vida, tú has todo. Y no, no es así. Al
Señor le gusta que nosotros hagamos las cosas, porque cuando Él es el único
que las hace no las valoramos. A Adán y a Eva no les costó nada el Huerto,
nada. Empezaron a valorar lo que tenían ya que estaban afuera. Ellos lo único
que hacían era ir y agarrar cosas de los árboles, nada más. El árbol ya estaba
plantado, no tenían que hacer nada más, solo tenían que agarrarlo y empacárselo;
y perdieron el sentido de las cosas, todo se les hizo muy común.
Necesitas esforzarte por una vida
como cristiano. Ser cristiano no solo es venir los domingos. Hace un momento
decía que creemos que como cristianos solo cumplimos los domingos, y no. El
ser cristianos es una forma de vida, responder a lo que el Señor quiere de
nosotros. Que el Señor y que Dios sea lo primero en nuestra vida. Si Dios
no es lo primero en tu vida todo lo demás no sirve. Si Dios no es lo primero
en tu vida, déjame decírtelo así: no estás juntamente crucificado con Cristo. Si Dios no es lo primero en tu vida, estás perdiendo
tu tiempo aquí; vete a tu casa y si tienes Sky, está jugando el Madrid contra
el Rafin de Santander y la Liga está empatada. Está
bueno el partido.
En serio, hay muchas cosas más interesantes que tomar a Jesús como solo Jesús
de los domingos. La Asamblea estaba vacía. Cómo esperamos crecer en la Palabra
de Dios. Cómo esperamos tener una comunión fuerte con Dios, cuando lo primero
en nuestra vida somos nosotros. Cundo lo primero en que pensamos es en que
si estamos cansado o no. Déjame decirte algo, y espero no salirme mucho del
tema: cómo esperamos ser una nación grande y poderosa, si cuando nos están
dando la comida ya cocida, ya partida; venimos y no nos la comemos. Si no
eres capaz de venir a escuchar lo que Dios tiene preparado para ti, en serio,
¿eres capaz de ponerte a escudriñar la Biblia en tu casa? No me digas que
sí. Porque si no somos capaces de venir a lo que ya está hecho, mucho menos
vamos a hablar y nos vamos a sentar a leer la Biblia y a estudiarla como es.
Dios es más que los domingos. Jesús es más que el pecado.
Hace 8 días, el pastor hablaba de
que en los postreros tiempos el Dragón le va a dar su poder a la bestia, y
la herida mortal que tiene va a ser sanada. Y es siempre el mismo milagro.
Y decía: y después vino otra bestia y todos glorificaron por el milagro que
se había hecho sobre la primera, sobre la sanidad de la primera. Jesús es
mucho más que un solo milagro, Jesús es mucho más que haberte traído aquí
los domingos. Jesús es un cambio de vida en todos los aspectos.
Cómo podemos llamarnos cristianos
cuando traemos cargando el pasado en nuestra espalda. No sé cuántos de ustedes
tienen hijos, y no sé cuántos de esos hijos juegan video juegos. Un juego
muy famoso es Resident Evil,
y este juego se trata de sombies. Los sombies son muertos vivientes. Y muchas veces hacemos eso
como cristianos. Medio ahogamos al medio hombre, salimos del bautizo y a la
semana ya traemos un muerto viviente con nosotros, que cuando queremos lo
jalamos y lo hacemos vivir, y cuando queremos decimos: no, yo con Cristo estoy
juntamente crucificado y voy corriendo hacia la meta. No pasa eso, estamos
trayendo el pasado en nuestra espalda.
El pueblo de Israel cuando salió
de Egipto, cuando llegaron al mar fue la primera vez que se quejan y dicen:
para esto nos hiciste salir de Egipto. Acababan de salir y ya se estaban quejando.
Por eso se tardaron tanto tiempo en llegar a la tierra prometida, porque 40
años se tardó el pueblo en sacar al Egipto de su corazón. Muchas veces queremos
y nos encanta la Biblia, y decimos: sí, yo quiero orar por la gente y sanarlas,
y hablar en lenguas, y echar fuera demonios, pero no lo podemos hacer cuando
traemos a nuestro viejo hombre colgado en nuestra espalda.
El Señor está haciendo un llamado muy claro y te está diciendo: Endereza tus sendas. Está diciendo: deja tu pasado atrás,
está diciendo: ya no importa, ya te hice una nueva criatura, deja el pasado
atrás y vamos viendo hacia adelante.
Isaías 40:2 Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya
cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de
Jehová por todos sus pecados.
El Señor está diciendo algo muy claro: yo ya te perdoné. Le
estaba diciendo a Isaías: diles que el tiempo ya se ha acabado. Diles que
lo que tenían que vivir, ya se acabó. Pero inmediatamente después de eso dice:
enderezad sus sendas en la soledad. Enderezad calzada en la
soledad. Inmediatamente después de eso el Señor da una orden y dice:
deja tu pasado atrás, reconoce tus caminos y cámbialos.
No podemos estar viviendo de glorias pasadas o de frustraciones pasadas.
Voy a decir algo que espero que no me traiga muchas consecuencias:
Cuando mi abuela tuvo el accidente, creo que mi mamá estaba tan mal que a
todas las personas se lo cantaba, a quien fuera. Y yo escuchaba a mi madre
hablar por teléfono y a personas que no había visto en años, contarles lo
que le había pasado a mi abuela. Y lo digo con todo el respeto y con todo
el amor hacia mi madre; pero muchas veces hacemos eso, nos acordamos de nuestro
pasado, nos acordamos de nuestro pecado, nos acordamos de nuestra vida anterior
y la traemos ahora.
Y un día hablando con mi mamá creo que me enojé y le dije:
es que no puede ser que estés haciendo eso, porque también le decía a la gente:
no sé cuándo vamos a salir de esto. Entonces yo le decía a mi mamá: no mamá.
Le decía: vamos a ver hacia delante, sí nos pasó pero hay que ver lo que el
Señor prometió. Y muchas veces se nos olvidan las promesas de Dios, ¿por qué?
Por querer jalar a un muerto que ya no vale la pena, por querer jalar a nuestro
pasado. Por querer ver solo las cosas malas que vivimos, por querer aferrarnos
a lo que no tiene sentido.
La palabra calzada, tiene que ver con calzado, con los zapatos.
Y calzado tiene que ver con las cosas que no tienen valor. Eso es lo más impresionante
en la vida del cristiano. Empezamos a arrastrar cosas sin valor, pero muchísimas.
No sé si ustedes alguna vez han sacado ropa de su clóset, que la empiezan
a ver y dicen: no, yo creo que ésta o éste me lo voy a poner, y la guardan,
¿no?
Yo una vez saqué una playera que ya me quedaba casi de ombliguera
y que ya ni me entraba. Imagínense cómo era de vieja la playera, ¿no? Que
yo que no estoy gordo no me entraba, y la vi y dije: yo creo que si me la
pongo con otra playera se me va a ver bien padre, y que la guardo. Y después,
me encantan los pantalones rotos, y vi uno que ya está tan roto, de atrás
ya está todo roto, en las rodillas también está súper roto, pero hasta parece
que me lo regaló uno de esos vagabundos que hay en la calle, ¿no? Y lo vi y pensé: yo creo que éste me va a servir para cuando esté
en la playa o algo así, así como para estar bien fresco.
Empezamos a guardar cosas que no tienen sentido, empezamos
a guardar cosas que no necesitamos guardar. Otra cosa, se me descompuso mi
Play Station 2, también lo guardé por si algún día lo podía arreglar.
Nunca lo llevé a que lo arreglaran, pero ahí estaba guardado junto con sus
discos y los controles. Me compraron el X-Box 360, y ahí seguía el Play, sin
servir, sin usarse, pero ahí lo guardaba, por si algún día lo necesitaba.
Muchas veces como cristianos estamos así. Si se supone que
Jesús nos hace nuevas criaturas, también cambia nuestras acciones, también
cambia nuestra forma de reaccionar, nuestra forma de enfrentar los problemas.
Y muchas veces decimos: no, mejor yo guardo estos resentimientos porque si
pasa algo parecido, voy a reaccionar igual así, ¿no? Es increíble cómo hacemos.
Empezamos a guardar resentimientos, empezamos a guardar estilos de vida patrones de vida, por si nos vuelve a pasar
algo similar. Entonces vivimos con un brazo en la cruz y con el otro en la
tierra. Estamos mediamente crucificados junto con Jesús.
En Isaías el Señor no solo está diciendo endereza tus pasos,
también está diciendo quita las cosas que no tienen valor. ¿Y sabes qué no
tiene valor? Todo lo que no sea Jesús. Si Jesús es lo más importante en nuestra
vida, si Jesús es lo más grande que nos ha pasado, si fue capaz de como hombre
morir por nosotros, y si se supone que lo aceptamos como nuestro Señor y Salvador,
y en lugar de ser esclavos del pecado, nos hacemos esclavos y siervos de Jesús,
no podemos estar viviendo como vivíamos antes. No podemos estar trayendo cosas
que no tienen sentido.
Todo lo que no sea Jesús no tiene ningún sentido. Cuando puedes comparar Jesús
y otras cosas, aunque sean tus sueños, Jesús siempre sale ganando y por mucho.
Es mucha la diferencia que hay entre Jesús y todo lo demás. Todos tus caminos
pasados, todo lo que tú viviste, todos tal vez pecados, toda la forma de vida;
déjame decirte algo: no tiene ningún sentido, no las sigas arrastrando, no
sigas cargando cosas que no hay que cargar.
Dios te hizo nueva criatura, ¿por qué no creemos en esa promesa y nos dejamos
educar como el Señor quiere? Porque hemos recibido un espíritu de adopción,
no un espíritu de esclavitud. Y por ese espíritu de adopción podemos decirle:
Abba Padre. Pero también en decirle Abba Padre, debes saber que viene castigo
y viene la corrección, y necesitamos volver a ser educados como el Señor quiere.
Morir al viejo hombre y que nazca uno nuevo. El nuevo hombre
no nace de la edad de Adán, Adán ya había nacido grande. Pero cuando tú y
yo morimos a nuestra vieja vida, y empezamos de nuevo, ¿qué crees? Eres un
niño(a), necesitas los cuidados del Señor. Quién cuando su hijo está chico
a los 5 años, llega y le dice: mira, voy a trabajar, ahí hay huevos; de ahí
prendes la estufa, no le pongas mucho aceite, y te haces unos huevos; ahorita
vengo, y se va. ¿Qué padre hace eso? Ninguno.
Y muchas veces se nos olvida que empezamos desde cero, y en
lugar de dejarnos educar por el Señor y aceptar la corrección, porque dice
la Biblia que Dios al que ama disciplina y azota a todo aquel que recibe por
hijo. Y yo creo que el Señor tiene la mano pesada. Y se nos olvida, se nos
olvida que somos niños y queremos reaccionar como adultos, pero como el adulto
que murió, acordándonos de lo que vivimos; y no podemos estar viviendo así.
Isaías 40:2-4
Hablad
al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que
su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos
sus pecados. 3Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4Todo valle sea
alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero
se allane.
Aquí el Señor agrega dos cosas más
de las que no se mencionan en el Nuevo Testamento, y es: Soledad, y hacia
Dios. Soledad tiene que ver con intimidad. La intimidad, mi intimidad no es
aquí con todos ustedes. Intimidad es yo y yo. Yo no puedo arreglar mis cosas
íntimas en público. Y es lo que Jesús enseña en el Nuevo Testamento cuando
dice que es como el fariseo que se pone a orar en todas las esquinas para
que todos lo vean.
Dice que vayas y te encierres en tus aposentos y ahí busques a Dios. Yo no
puedo enderezar mis caminos delante de todos, porque aquí delante de todos
es muy fácil. En la Escuela de Ministerio nos están enseñando eso, somos cristianos
fuera de la iglesia. Y muchas veces solo somos cristianos aquí, y cuando salimos
dejamos de ser cristianos. Necesitamos vivir como cristianos allá afuera,
necesitamos ser cristianos en la casa, necesitamos ser cristianos cuando estamos
solos.
El pastor Guillermo Haro dice: Integridad
es ser lo que soy cuando nadie me ve. ¿Cómo somos tú y yo cuando nadie nos
ve? Todos conocemos nuestros caminos. Todos conocemos qué hacemos y qué no
hacemos. Todos sabemos en qué pecamos, cuándo pecados y por qué pecamos. O
todos sabemos por qué reaccionamos como lo hacemos. Por lo general estamos
conscientes de todo lo que hacemos; esas cosas que tú sabes no se pueden arreglar
aquí, esas cosas que tú sabes Dios no las va a arreglar en público, porque
primero tú tienes que estar decidido que las quieres dejar.
Cuando estás decidido que las quieres
dejar, vas y en la soledad, ahí en la intimidad buscas a Dios y las empiezas
a cambiar. Los cambios deben de ser de adentro hacia fuera. Cuando empiezas
a cambiar, cuando tu corazón empieza a ser transformado hacia fuera es diferente;
eso es un cambio. Gente que actúa diferente afuera para que lo vean, y cuando
está solo es exactamente igual que como era, no ha cambiado, no ha muerto
al viejo hombre. Uno debe morir al viejo hombre. Cuando uno reconoce lo que
es endereza sus caminos. Yo no puedo enderezar lo que no conozco. Yo para
cambiar cosas en mi vida, necesito saber qué voy a cambiar. Yo para saber
cómo hacer las cosas, necesito conocerlas.
En la música es muy difícil tocar, o hacer lectura a primera vista, porque
por lo general te ponen cosas que en la vida has visto, te las ponen y te
dicen: 1, 2, 3, 4… y así como te contaron las empiezas a ver, las empiezan
a leer y empiezas a tocar. Y es muy difícil, por eso los buenos músicos leen
muy bien así. Pero te estás arriesgando a que no te salgan las cosas, a que
llegue una parte y te equivoques, y como no conoces la pieza no puedes prestar
atención a las partes difíciles. Con el Señor no es así, el Señor te está
diciendo: ve tu vida, analiza tu vida y lo que está mal, cámbialo. Analiza
tu vida, y tus viejas acciones que estás trayendo al presente, cámbialas.
No puede ser que lleguemos a una
vida con Cristo y sigamos pecando y arrepintiéndonos por lo mismo que nos
arrepentíamos cuando no conocíamos a Jesús. No puede ser que sigamos siendo
eso del viejo hombre. Necesitamos quitarnos el camino que hemos caminado.
Necesitamos quitarnos lo que no sirve y lo que no vale la pena.
La otra cosa que menciona en el
versículo 3 aparte de soledad, es hacia nuestro Dios. Todas las cosas que
hagas, hazlas pensando en Jesús. Todos los cambios en tu vida piénsalos en
cómo lo haría Jesús. Piensa en si yo dejé esto, ahora no puedo reaccionar
de la misma manera porque deben de encaminar las cosas hacia nuestro Dios,
hacia mi Dios. Con nuestras acciones le damos gloria y honra a Dios, necesitamos
enderezar el camino, pero no enderezarlo como nos dice la gente, como nos
dice una persona que hagamos las cosas. Necesitamos hacerlo como Dios quiere,
buscando la dirección de Dios.
No podemos llegar a Dios si no llegamos
por Jesús. Necesitamos ser imitadores de Jesús. Si no quieres ser imitador
de Jesús porque es muy difícil, sé imitador de Pablo, pero imita a alguno
de los dos, no a nadie más, no digas: Ah, ese hermano es bien padre, o no digas: no, yo creo que voy
a ser como él. Imita a Jesús, que tus caminos sean dirigidos por Jesús, que
no sean dirigidos por nadie más, que no sea
el: yo creo que debo de hacer esto. Todo lo que hagas consúltalo con
Dios. Tus caminos, todos dirígelos a Dios; que no sea por lo que la gente
te dice o por lo que la gente piensa, que sea porque tú estás seguro y porque
quieres hacer las cosas hacia Dios.
Necesitamos cambiar nuestra vida,
necesitamos en lo íntimo enderezar nuestros pasos, dejar el pecado e ir corriendo
hacia la meta hacia Dios, sin importar las cosas que aparezcan. Y si cambias,
porque el cambiar es muy difícil, ¿qué crees? Va a haber muchísimas pruebas.
Pero necesitas dejar al viejo hombre en las aguas. Cuando se te aparezca la
prueba, mete la mano a las aguas y en lugar de sacar al viejo hombre, ahógalo
más. ¡Ahógalo! Así como le hicieron una vez al pastor, una vez estaba dormido
el pastor, y mi mamá quién sabe que estaba soñando, que sintió que se metió
una serpiente a su cama, que se voltea y se sube al pastor y que lo empieza
a ahorcar. Así, así hazle a tu viejo
hombre.
Cuando veas que se sale, mete la
mano a las aguas y déjalo abajo, porque muchas veces hacemos como si fuera
película, que cuando están amenazando a alguien, o quieren los policías enterarse
de algo, sacarle información a alguien, lo meten al agua y después lo sacan.
Así estamos nosotros, mete al agua a tu viejo hombre, mete al agua a tu pecado
y déjalo que se ahogue, y aunque mueva las manos, ahí déjalo. Satanás te va
a poner las cosas para que hagas las cosas exactamente igual que las hacías,
Satanás te va a poner el pecado ahí, donde lo puedas tomar.
Tuvimos una Asamblea donde vino
un científico que se llama John Pendlenton, decía
que él creía que el fruto del que no debían comer Adán y Eva, era el higo.
Eso no es tan relevante, lo que dijo es algo que tiene mucha razón, ese árbol
estaba en medio, estaba apartado de todo lo demás. Adán y Eva sabían perfectamente
cuál era. Cuando cambiamos nuestra vida Dio nos dice: no hagas las mismas
cosas. Y se nos va a presentar ese árbol enfrente para que tomemos de su fruto.
Conocemos ese árbol, conocemos de lo que estamos escapando, conocemos las
cosas cómo las hacíamos, mejor que nadie.
Podemos venir y decirle al Pastor,
mire pastor yo era esto, esto y esto antes de recibir al Señor. Y ahora me
está pasando esto y necesito saber qué hacer. Pero tú y yo sabemos cómo actuábamos,
tú y yo sabemos qué hacíamos y qué no hacíamos. Necesitamos ir hacia delante,
que cada vez que se aparezca esa prueba, que cada vez que se aparezca esa
tentación, dejar al vejo hombre dentro y no sacarlo.
Versículo 4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido
se enderece, y lo áspero se allane.
Arrepentimiento tiene un concepto
muy padre. Es un concepto que me gusta mucho, porque no solo es pedir perdón
por las cosas que hice, sino el caminar en sentido contrario de lo que dejé.
Cuando yo me arrepiento es algo, voy exactamente en contra de eso, voy exactamente
hacia el otro lado para no volvérmelo a topar. El Señor está diciendo: enderezad
calzada en la soledad a nuestro Dios. 4Todo valle sea alzado, y
bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece.
¿Por qué está diciendo eso? Tampoco está diciendo: yo voy a
hacer que todo valle sea alzado, y que los montes se bajen. ¡No está diciendo
eso! Dios está diciendo: así como pecaste, así como reaccionabas así, ahora
tú haz que ese valle se levante. El Señor va a estar con nosotros y nos va
a dar la fuerza, pero Él no va a hacer las cosas. Eso debemos de tenerlo muy
claro, el Señor no va a hacer las cosas por nosotros. Él nos puede dar fuerza
pero nunca va a hacer las cosas por nosotros, nunca.
Este concepto de Isaías 40:4, de eso se trata el arrepentimiento.
Los valles eran lugares planos donde se peleaba. Dice: ese lugar plano, levántalo.
Eso que tenías arriba, bájalo. Esas cosas que tú hacías cámbialas radicalmente.
No podemos jugar con el pecado, no podemos jugar con nuestro pasado a que
te dejo o no te dejo. El pasado se deja, así. Y no hay porqué traerlo al presente.
El pasado es eso, pasado. No podemos estar viviendo con nuestro pasado pegado
a nuestra espalda. No podemos estar trayendo el pasado a nuestra vida. Si
no fuera tan necesario cambiar las cosas, el Señor nunca lo habría dicho.
Si no fuera tan necesario cerrar cosas en nuestra vida y dejar
nuestra vida anterior Jesús no se hubiera bautizado y así hubiera empezado
su ministerio. Nunca hubiera sido bautizado y hubiera salido de su casa y
se hubiera do al desierto, pero tuvo que pasar primero por el bautizo, tuvo
que pasar primero por morir a lo viejo. Y Jesús, repito, sin pecar, siendo
varón perfecto, murió a lo pasado; tú y yo debemos de hacer lo mismo con mayor
razón, porque tú y yo sí hemos pecado. Tú y yo sí hemos pecado, necesitamos
dejarlo, necesitamos cerrar eso, necesitamos dejar nuestro pasado atrás e
ir en sentido contrario.
Pablo diría: huye de la tentación. Pero nosotros huimos lentísimo, nosotros
huimos así como el paso gallo, gallina, así para que la tentación nos alcance.
Pablo dice: huye de la tentación. Y no solo se está refiriendo de la tentación
sexual, se está refiriendo a todo. Es un concepto en la Biblia que se maneja para todo: huye de tu pasado. Ve en sentido
contrario a tu pasado.
Para tener una vida plena en Jesús, necesitamos hacer algo:
Dejar el pasado atrás, no recordarlo, no traerlo a nuestra vida. Hubo una
persona en la Biblia que fue bien importante, se llama Moisés. Unos le decimos
Moi. Y ese Moi fue criado como egipcio;
era judío pero fue criado como egipcio. Cuando preparaba esta predicación
quería saber cómo se educaba a los príncipes egipcios. Y todos los miembros
de la realeza y gente importante se iban a una casa, todos los hijos de ellos
se iban a la misma casa y todos se conocían.
Moisés fue criado como egipcio, Moisés sabía cómo pelear, era
primo hermano de Faraón. Si Moisés hubiera querido, hubiera podido hacer un
golpe de Estado como en Latinoamérica, y se queda con el trono. Si Faraón,
si Ramsés no hubiera estado, hubiera sido muy probable que el Faraón hubiera
sido Moisés, tenía todo el conocimiento de cómo hacer las cosas, sabía cómo
hacer todo.
Entonces en la vida de Moisés dice que un día estaban peleando dos, un soldado
egipcio le pegó a un hebreo, se metió Moisés y mató al egipcio y lo escondió.
Y pasado el tiempo encontró a dos esclavos judíos peleándose, y cuando se
metió a separarlos, le dijeron: ¿qué, me vas a matar como mataste al egipcio?
Al decirle esto, Moisés deja su tierra y se va. Conoce a Séfora,
se casa y se hace pastor, y él se dedicaba a cuidar el ganado de su suegro
Jetro.
Moisés había llevado una vida lejos de las tradiciones y del pueblo judío;
Moisés había llevado un pasado increíblemente, podríamos decirlo, feo, era
asesino. Había adorado a dioses ajenos. No creo que haya seguido siendo virgen.
Moisés llevaba una vida muy rara, una vida en pecado. Pero al Señor nunca
le importó eso, el Señor ve el corazón y no ve el pasado. Nosotros somos los
que estamos viendo nuestro pasado a cada rato y lo traemos al presente.
Moisés se dedicaba a apacentar a las ovejas de su suegro, hasta
que el Señor lo llamó. Y yo creo que el Señor ya había puesto sus ojos en
él, que no fue algo de que la zarza estuviera consumiéndose, de que hubiera
fuego en la zarza, y que el Señor esperara que alguien pasara por ahí, y si
hubiera pasado Iván le hubiera dicho: Iván, ven. ¡NO! La zarza estaba preparada
para Moisés, Dios ya había visto a Moisés, Dios ya tenía algo con Moisés.
Y hace algo.
Éxodo 3:3-5
Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión,
por qué causa la zarza no se quema. 4Viendo Jehová que él iba a
ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él
respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No te acerques; quita tu calzado
de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.
¿Qué pasó con Moisés? Dios ya había puesto los ojos en él.
Si tú y yo estamos aquí es por algo, es porque Dios ya puso los ojos en ti
y en mí. Tal vez no estamos llamados a ser el nuevo Moisés, tal vez no vamos
a ser el nuevo Juan el Bautista, pero sí, el Señor trae algo con nosotros,
y cuando Dios trae algo contigo, no te libras. Pero debes de hacer algo para
que esas cosas se cumplan.
Y dice en el versículo 5 Y dijo: No te
acerques; quita tu calzado de tus pies. Esto representa mucho lo que
dice después en Isaías. En Isaías dice: endereza tu calzada. Pero aquí el
Señor le está diciendo a Moisés: quita tu calzado.
Quita las cosas que no sirven, quita todo tu caminar. Olvídate de lo
que has vivido, porque en donde estás ahora, es tierra santa. Cuando tú y
yo aceptamos al Señor, nos hacemos santos, nos hacemos una generación de reyes
y sacerdotes consagrados al Señor.
En Apocalipsis dice que tú y yo somos santos y nuestras oraciones suben al
Lugar Santísimo como el incienso. Tú y yo estamos consagrados al Señor. El
Señor le estaba diciendo: Mira Moi, ahí en donde
tú estás, eso es nuevo para ti, ahí en donde tú estás, estoy yo. Quita tu
pasado. Le está diciendo: olvídate de lo que viviste, no me importa si mataste
a un egipcio. No me importa si sabías cómo presentar sacrificios y cómo hacer
cosas para los dioses egipcios. Mira, yo te vi a ti, y quita tu pasado, quita
tu calzado, despójate de esas cosas que ya no valen.
Cundo tú y yo recibimos al Señor y somos bautizados, nos hacemos
santos, nos hacemos consagrados. Le estaba diciendo el Señor a Moisés: yo
te quiero para mí, quita tu calzado. El Señor en ningún momento le dijo: Ahí
quédate Moi, deja me agacho y te quito los zapatos,
porque ahí donde estás pisando, es tierra santa. Moisés tuvo la opción de
quitarse o no los zapatos, de quitarse o no el calzado. Moisés tuvo la opción
de olvidar y enterrar su pasado, y lo hizo.
Y si leemos el Pentateuco, en Deuteronomio, al final dice:
y no ha habido profeta más grande que Moisés, que Dios le hablara cara a cara.
Imagínate una persona como Moisés, que después de todo lo que vivió puede
ser llamado profeta más grande. Ni Elías es llamado como Moisés, y Elías vivía
de fuego, Elías era grande, Elías fue llamado en carros de fuego al cielo,
ni Samuel.
Pero ¿qué tuvo que hacer Moisés para que pasar eso? Quitar
el calzado. Y ya cuando aceptó y quitó su calzado, quitó su pasado, tuvo que
hacer algo, el Señor lo mandó a la tierra de donde lo había sacado, y tuvo
que enfrentar al que tal vez vio como su hermano. Moisés conocía a Ramsés,
y seguramente no sólo a él, sino a muchos de los que lo rodeaban. Mucha de
la gente que era noble seguro conocía a Moisés. Moisés tenía lazos sentimentales
con Egipto. A Moisés lo unían lazos sentimentales con Egipto, y no le importó,
porque reconoció el llamado del Señor y dijo: no importa lo que he vivido,
yo camino en sentido contrario a eso.
Y al caminar en sentido contrario a su vida pasada, pudo sacar
a un pueblo de donde estaba, pudo sacar al pueblo de la esclavitud. El Señor
solo necesito algo de Moisés: que se quitara el calzado de sus pies. Cada
vez que el Señor llamaba a alguien, cada vez que el Señor te dice: endereza
tus sendas, quita el calzado de tus pies. Cada vez que el Señor te está diciendo:
ya olvídate del pasado que ya te perdoné, no lo traigas más al presente es
por algo. Porque trae algo bien especial contigo.
El Señor se esperó el tiempo para ver a Moisés, y cuando lo
llamó, y cuando le dijo: quita el calzado, es porque ya estaba listo. Pero
Moisés debía de aceptarlo. Y Moisés lo aceptó y fue en contra de eso. Si el
Señor te está diciendo deja tu pasado, cambia tus caminos, endereza tus sendas,
es porque algo poderoso viene para ti. Pero necesitas eso: ser una nueva criatura,
ser nuevo.
Gálatas 2:18-20
Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar,
transgresor me hago. 19Porque yo por la ley soy muerto para
la ley, a fin de vivir para Dios. 20Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en
la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a
sí mismo por mí.
Cuando tú y yo recibimos a Jesús, dice Pablo que estamos juntamente
crucificados con él ¿no? Que ya no vivimos más nosotros sino vive Jesús en
nosotros. Eso es lo que debería de pasar cuando tú yo renunciamos a nuestro
pecado, renunciamos a nuestro pasado, renunciamos a nuestra vida anterior.
Pablo podía decir eso por algo, por el versículo 18 Porque si las cosas que destruí. Pablo ya no tenía nada que lo atara
a su pasado, Pablo ya no tenía nada de lo que él pudiera decir: sí, yo vivía
esto. Y a Pablo ya no le molestaba y ya no tenía nada que ver con su pasado.
Pablo dejó de se Saulo para ser Pablo. Por eso él puede decir: Con Cristo estoy juntamente crucificado, por una cosa:
porque dejó su pasado atrás, porque las cosas las destruyó. Cuando tú y yo
venimos al Señor necesitamos hacer eso: destruir nuestro pasado, decidir cambiarlo,
decidir ya no traerlo, decidir enderezar nuestras sendas. Necesitamos hacer
eso y vivir crucificados juntamente con Cristo, pero muchas veces se nos olvida
que estamos crucificados con Cristo, y dejamos a Jesús en la cruz, y nos bajamos
y reaccionamos como el viejo hombre.
Nos sentimos muchas veces más que Jesús. A Jesús un ladrón le dijo: si tú
eres el hijo de Dios, bájate de esta cruz. Y muchas veces tú y yo nos sentimos
más que Jesús y nos bajamos de la cruz en la que tú y yo nos subimos. No podemos
hacer eso, no podemos vivir de esa manera. Si Jesús lo aceptó, y nosotros
aceptamos a Jesús, necesitamos dejar nuestro pasado atrás, el pasado ya se
acabó, ya no lo traigas más ni siquiera a tu mente. Porque todo empieza por
la mente.
Deja el pasado atrás, deja esas cosas atrás y cámbialas. Olvídate
de eso, olvídate del viejo hombre y cambia. Cuando tú y yo nos bajamos de
la cruz, hacemos la sangre de Cristo vana, hacemos su sacrificio vano, porque
si no podemos empezar de nuevo y aceptar que somos nuevas criaturas, estamos
haciendo el sacrificio de Jesús inútil. No podemos ser así, necesitamos vivir
con la convicción de que somos nuevas criaturas, necesitamos decidir dejar
el pasado atrás, necesitamos decidir enderezar nuestros caminos aunque cueste.
Si estamos juntamente crucificados con Jesús, nosotros no estamos amarrados
a la cruz, estamos clavados a la cruz también. Y queremos estar amarrados,
necesitamos estar clavados a la cruz.
Gálatas 2:18
Porque
si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.
¿Por qué te haces transgresor? Cuando
traes tu pasado a tu presente, ya que eres nueva criatura, porque te estás
olvidando del sacrificio de Jesús. No podemos olvidarnos del sacrificio de
Jesús en la cruz. En estas fechas todo mundo se acuerda de un Jesús que no
adora, todo mundo se acuerda de un Jesús que no conocen. Si la gente en serio
se acordara de ese Jesús, y en serio lo conociera, no estaría haciendo esas
cosas. No podemos decir que estamos crucificados con Cristo, cuando nos bajamos
de la cruz cada vez que queremos.
Necesitamos ser cristianos de convicción, cristianos de carácter. Si no somos
cristianos de carácter, cristianos de convicción, nos volvemos perros, porque
Proverbios 26:11
dice: Como perro que vuelve a su vómito, Así es el
necio que repite su necedad. Cuando tú y yo volvemos al mismo
pasado o regresamos a la misma vida nos volvemos perros. Y déjame decirte
algo: ni los perros ni los afeminados, ni los que se echan con varones entrarán
al reino de los cielos.
Y el perro creo que no solo se está
refiriendo al animal que Dios creó, se está refiriendo a cuando tú y yo volvemos
a lo mismo, volvemos al pasado, cuando tú y yo no podemos cortar nuestras
cosas, cuando no podemos cortar nuestra herencia, cuando hacemos eso nos volvemos
perros. Y Dios no vino por los perros, se lo dijo a la samaritana. Dios vino
por una iglesia, Dios vino por hombres que se crucifiquen junto con Él por
amor.
Jesús quiere una novia que lo valore,
Jesús quiere una novia que lo respete. Jesús quiere una Iglesia que viva por
Él. Una novia que no se quita el atavío cada vez que hay problemas. Una novia
que no se quita el anillo, y se va con el primero que esté pasando, y me estoy
refiriendo al pecado, me estoy refiriendo a la vida anterior. Eso quiere Jesús,
una iglesia que se crucifique junto con él.
Las cosas que destruiste, la vida que cambiaste, no la traigas más porque
te haces transgresor, porque dejas el sacrificio de Jesús en la cruz vano.
Porque hubiera sido como si el Padre hubiera visto todo eso, y no hubiera
valido la pena. Creo que no fue nada fácil verlo. Cuántos de ustedes como
padres se enojan cuando alguien les habla mal a sus hijos. Ahora pásenlo a
esto, que alguien le pegue a sus hijos y que ustedes no se puedan meter a
defenderlos; y además que se burlen de eso. A Jesús lo crucificaron una vez,
Jesús murió una vez, el Bautismo fue una vez, se renuncia al pasado una vez
y no se vuelve atrás nunca más.
Gracias Padre Santo, gracias por
este día. Señor quiero levantar mi corazón delante de ti, y quiero levantar
el corazón de toda esta iglesia delante de ti. Que las personas que verdaderamente
te buscan puedan tener un encuentro contigo. Ayúdanos a dejar el pasado atrás,
ayúdanos a valorarlo. No te estamos pidiendo que tú lo hagas por nosotros,
no te estoy pidiendo que tú endereces mis caminos, solo te estoy pidiendo
que me des la fuerza.
Porque Señor, quieres una iglesia
santa, quieres una novia ataviada de lino fino, que lo que hay en nuestro
corazón del viejo hombre, a partir de hoy cambie. Que lo que el viejo hombre
dejó en las aguas siga ahí, y lo que nosotros lo trajimos a nuestra nueva
vida, se quede ahí y lo podamos cortar. Gracias Padre por este día, pon fortaleza
en nuestro corazón y ayúdanos Señor a enderezar los caminos. Que tu Espíritu
Santo traiga en nosotros convicción de lo que hemos vivido, y de lo que debemos
dejar.
Y Padre, que nuestros caminos estén encaminados hacia ti. Bendícenos Señor y trata con nosotros a partir de ahora, y que nosotros estemos agarrados de ti y dispuestos a dejar las cosas que no son de valor, y que nos estorban para caminar en ti y contigo. En el nombre de tu hijo amado Cristo Jesús, amén.
Dios los bendiga.