INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.
COSAS QUE AUN NO CONOCES
Fernando Cabrera
Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas
grandes y ocultas que tú no conoces.
Yo creo que cuando hablamos de Jeremías
33:3, ya nos imaginamos inmediatamente de qué se trata, porque hemos escuchado
mucho esta cita. Hay cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Esta palabra
ha hablado grandemente a mi vida, y yo creo que cuando hemos leído esta cita
nos hemos dado cuenta que hay algo que Dios quiere mostrarnos a cada uno de
nosotros. Pero a veces nos quedamos nada más en la primera parte de esta cita:
Clama a mí, y yo te responderé, de hecho hay
muchas personas que al compartir este mensaje cuando alguien llega afligido
le dice: mira no te preocupes, clama a Dios y Dios te va a responder. Y hasta
ahí nos quedamos solamente en ese cita.
Pero el pueblo cristiano necesitamos
todos ir más allá de no solamente clamar a Dios y esperar la respuesta de
Dios, sino que el Señor dice: si tú clamas a mí, yo te responderé. ¿Cuántos saben que Dios responde? ¿Cuántos de
los que están aquí ha orado a Dios, han clamado a Dios y Dios les ha respondido?
Ahora, ¿cuántos se han detenido a que Dios les muestre las cosas grandes y
ocultas que quiere mostrarles? Porque esta parte ya no la hacemos, esta parte
ya no queremos avanzar.
Por eso es que muchas veces cuando
nosotros clamamos a Dios y hay una respuesta de parte de Dios, después no
entendemos lo que sigue. O a veces no tenemos la respuesta, pero tampoco sabemos
por qué Dios no respondió. Porque no nos hemos detenido a escuchar la voz
de Dios, no nos hemos detenido a esperar la respuesta de parte de Dios para
decir: Yo te voy a enseñar las cosas grandes y ocultas que tengo para ti.
Dios quiere enseñarnos cosas grandes en nuestra vida.
Y yo puedo ver que muchas veces la
persona viene a Jesús, conoce a Cristo Jesús, recibe la salvación, y tal pareciera
como que hasta ahí ya se quedó. Déjame decirte que no es así. Cuando tú vienes
a Cristo, cuando tú le conoces y cuando tú recibes la salvación, ese es el
primer paso que tú debes de dar. El segundo es bautizarte,
para que en la plenitud del Espíritu Santo Dios comience a revelarte lo profundo
de su corazón y revelarte los planes específicos que tiene para ti. Para cada
uno en lo particular Dios tiene grandes cosas. Pero ¿cómo las vamos a saber
si no lo hemos consultado? ¿Cómo lo vamos a saber si no nos hemos metido a
la profundidad del Espíritu de Dios para decirle: Señor revélame lo que tú
tienes preparado para mi vida?
¿Cuántos ya conocen lo que Dios quiere
de sus vidas? ¿Cuántos ya saben al ministerio al que fueron llamados? Porque
todos los que estamos aquí tienen un ministerio. ¿Sí lo sabías? Tú no estás
aquí solamente para ocupar un lugar el domingo en una silla, tú estás aquí
para cumplir con el propósito que Dios tiene en tu vida. Tú estás aquí para
que tú ejerzas un ministerio. No fuiste llamado nada más para que seas oveja,
también Dios te envió a dar las buenas nuevas. Pero no solamente eso, hay
cosas más grandes y ocultas que tú no conoces.
¿Te puedes imaginar la magnitud de
las cosas grandes que Dios tiene para ti? Y yo te puedo asegurar algo, que
si tú y yo las supiéramos en la cantidad que Dios las tiene, nuestra condición
no sería ésta, nuestra condición sería
mejor. Así es que ahora yo te voy a invitar que diariamente tú y yo vayamos
en la búsqueda de estas cosas grandes y ocultas que Dios tiene para nosotros.
Dios tiene cosas grandes, cosas ocultas que tú aun no conoces, esas pertenecen
a Dios, están en el corazón de Dios, pero te las quiere revelar a ti. Y no
solamente debemos conformarnos con el clamar en los momentos de angustia y
de desesperación.
Esta cita bíblica de Jeremías 33:3
muchos la conocen como el teléfono de Dios. ¿Sí han escuchado eso? Yo he escuchado
a algunas personas que dicen: márcale al Señor, Jeremías 33:3, de hecho por
ahí también en algunas librerías venden unas tarjetas donde hay un teléfono
y dice Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé.
Pero yo me puse a analizar un
poquito de esto, y perdóname, Dios no quiere una relación vía telefónica contigo,
Dios no quiere que tú levantes la bocina y le digas: clamo a ti, y tú me respondes.
Yo hasta ahorita no conozco una relación que pueda ser prosperada o que puedas
conocer de tu pareja por vía telefónica. Solamente los que se van a Estados
Unidos, le llaman a su esposa de vez en vez, pero la relación no es nada buena.
Y Dios no quiere una relación de vía telefónica. Lo que Dios quiere es una
relación más íntima con el Espíritu Santo. Clamo a ti, tú me respondes. Pero
además me enseñas, porque Dios lo que quiere es enseñarte que cuando tú clamas,
tú esperas y tú actúas. Y en ese poder conquistas, y Dios quiere enseñarte
eso en esta hora. No vamos tener una
relación con Dios si no nos metemos en lo íntimo de nuestra habitación y del
corazón de Dios para platicar con Él, en el Espíritu, de corazón a corazón.
Si te cuesta trabajo, si te es tan
difícil a veces comunicarte con una persona, en el caso de los matrimonios
con su cónyuge, les va a ser más difícil comunicarse con Dios. Tenemos que
ejercitar esta parte, la parte de ir a lo profundo del corazón de Dios porque
ahí hay cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Perdóname que sea muy
repetitivo en esta parte, pero en mi vida está siendo un rhema poderoso: “Cosas
grandes y ocultas que aun no conozco”.
Porque aunque pudieras tener muchos
años en el Evangelio, aun hay cosas grandes y ocultas que no conoces. ¿O alguien
de aquí m pudiera decir que ya conoce todos los misterios de Dios? ¿Alguien
de aquí me podría decir: Yo ya conozco lo profundo del sentimiento de Dios?
No, no es así. Y tenemos que ir para allá, hacia un crecimiento espiritual.
Dios quiere una relación íntima contigo y conmigo.
Cuando el Señor te dice: y te enseñaré cosas grandes y ocultas, Él está hablando
en singular, Él te está hablando a ti. Dice así la cita: Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré. El Señor
no dice y les enseñaré, para que sea en plural y para que todos nos juntemos
en la congregación y digamos: nos va a enseñar a todos estas cosas ocultas.
Lo va a hacer en lo singular, en lo
particular, porque Él quiere que tú vengas directamente a Él y le preguntes
sobre estas cosas. Por eso el Señor pone en esta palabra: y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
Mateo 11:25-30 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los
sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26Sí,
Padre, porque así te agradó. 27Todas las cosas me fueron entregadas
por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno,
sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28Venid
a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29Llevad
mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil,
y ligera mi carga.
¿Qué relación tiene este versículo
con el anterior de clama a mí, y yo te responderé? Porque el Señor en Jeremías 33:3a Clama a mí, y yo te responderé. Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar. Y Jeremías 33:3b Y te enseñaré
cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Mateo 11:29 Aprended de mí.
¿Qué relación hay entre un versículo
y otro? Algo muy sencillo: Y el Señor
nos hace una invitación para que le conozcamos. Y cuando el Señor dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. ¿Cuántos
de aquí estamos en esa condición? De todos los días tener una batalla, estamos
trabajados y cargados, y nos dice el Señor: Y yo te
haré descansar. Y decimos amén.
Y también compartimos esta cita solamente
a medias, y decimos: Venid al Señor todos los que están cargados y trabajados
y Dios los hará descansar. Y ya venimos al Señor y esperamos el descanso y
decimos: es que no ha pasado absolutamente nada, sigo exactamente igual. Clamé
al Señor, y no me ha respondido. He venido a Él, cansado y trabajado, y no
he descansado. ¿Por qué no me está funcionando? ¿No es así? La segunda parte
es la respuesta que Dios quiere darte en tu vida. Dice el Señor: Y te enseñaré cosas grandes y ocultas, y también dice
el Señor: Aprended de mí.
¿Qué tengo que aprender Señor? Que
si tú caminas a lado mío, tú vas a aprender la forma y la manera en que has
de caminar, porque yo soy el que enseña, el que revela, en que instruye, el
que edifica y el que levanta. Ese es el Señor, y Él lo que quiere es enseñarte
esos secretos para que tú camines juntamente con Él y por eso dice: Llevad mi yugo. Y el yugo cuando tú tienes el yugo con
otra persona en el caso de Jesús, es que tú vas caminando juntamente con él,
en la misma dirección, Jesús jamás va a desviar tu camino, Jesús jamás va
a desviar su Palabra, Jesús es correcto y es excelente, y en la dirección
que él vaya, él te va a llevar. Esta es la forma como Jesús quiere instruirte.
Dios quiere responder a cada una de
tus expectativas, pero además Dios quiere enseñarte. Porque a veces clamamos
por la misma cosa todos los días, y caemos en el mismo problema y volvemos
a clamar a Dios. Y caemos en el mismo problema y volvemos a clamar a Dios.
Y dice el Señor: yo te estoy respondiendo. ¿Y qué me respondes Señor? Que
camines a mi lado y que aprendas de mí. ¿Por qué razón no podemos aprender
de Jesús? Porque hay dos cosas que el Señor anuncia en esta palabra que debemos
de aprender.
Dice: Aprended
de mí. ¿Qué aprendo? Que soy manso y humilde.
La mansedumbre y la humildad te van a llevar al conocimiento
pleno y a la plenitud del Espíritu Santo. Y dice: Aprended de mí. ¿Por qué? Porque yo mismo lo hago, yo
estoy en un yugo con mi Padre. Todas las cosas que a mí el Padre me ha revelado,
yo os las revelo a vosotros. Todas las cosas que a mí mi Padre me ha instruido,
yo se las instruyo a ustedes. Porque el yugo que yo llevo es con mi Padre,
y es el mismo que yo quiero que tú lleves conmigo, porque si tú aprendes a
través de la humildad, tú vas a poder caminar como lo he hecho yo en esta
tierra.
Eso es lo que Dios quiere enseñarnos en esta hora, que no solamente clamemos
a Él, sino que esperemos la respuesta de él en un estado de quietud. Yo no
sé cómo ores al Señor, pero hay muchas ocasiones que llegamos y decimos: Dios
dame una respuesta, estoy aquí delante de tu presencia y anhelo con todo mi
corazón que tú me digas qué es lo que tengo qué hacer. Padre, te lo pido en
el nombre de Jesús, amén y amén. Y te sales de tu habitación y te vas a hacer
tus actividades. Y entonces el Señor te dice: eh, mira te iba yo a decir…
Pero ya te fuiste.
Es como si tú llegas con una persona
y le dices: Oye yo vengo a que me des un consejo., ¿Qué consejo? Fíjate que
tengo este problema, así, así y así. Muchas gracias, hasta luego. ¿A poco
así tú pides consejo? Cuando tú vienes a pedir un consejo, vienes y descargas
tu corazón y entonces le dices ahora sí, ¿qué me dices? Y entonces el consejero
te empieza a decir: ah mira, por principio de cuentas gracias por permitirme
hablar contigo. Y en segunda, déjame decirte que lo que estás haciendo, no
lo estás haciendo correcto. Aplicas humildad. Claro, ya me estoy dando cuenta
que no estoy correcto, pero si aplicas soberbia, vas a decir: no, cómo crees.
Tú me dices que estoy mal y no es cierto. Yo estoy así, así y así. Y te empiezas
a justificar por todo.
Por eso el Señor dice: Aprende de mí
estas dos reglas importantes: mansedumbre y humildad para que aceptes el consejo
que yo te doy, y puedas caminar. Entonces cuando tú oras a Dios, quédate callado
por un tiempo después que le hayas preguntado de rodillas, cerrando tus ojos,
levantando tus brazos dile: Señor aquí estoy para esperar tu repuesta. ¿Cuántos
creen que Dios le va a responder? ¿Cuántos crees que Dios habla hoy en día?
Siempre lo ha hecho, pero Dios sigue hablando hoy en día. Hoy en día Dios
puede hablar a tu oído, a tu corazón y te puede decir: esto quiero que hagas
hijo. Y cuando tú entras en obediencia al consejo de parte de Dios, verás
cosas grandes y ocultas que tú y yo no conocemos todavía. Y Dios quiere mostrarlas.
Dios quiere enseñarnos cosas que nos van a llevar a un crecimiento y
una plenitud espiritual.
Muchos cristianos se han conformado
con ser únicamente salvos, o únicamente de los llamados y no han buscado ser
de los escogidos. Yo le decía a una persona el jueves; esta joven que ves,
va a ser secretaria, va a entrar a trabajar apenas este lunes, y ella llegó,
y gloria a Dios. Y para todo decía gloria a Dios, aleluya, qué bien y la gloria
sea para el Señor.
Y yo le pregunté ¿es usted cristiana?
Y ella me dijo: ¡NO! Pero tengo a Cristo en mi corazón. Y le digo: ah qué
bien. ¿Y cómo fue que lo recibió? Y ya me empezó a platicar de qué manera
ella había recibido a Cristo; y le pregunté: ¿asiste a una iglesia? Me dijo
no, no voy a la iglesia pero yo me considero que soy cristiana porque tengo
a Cristo en mi corazón. Y le dije: entonces usted es de las que se conforma
de ser de los llamados, mas no de los escogidos.
Cuando el Señor dice: Yo quiero enseñarte, es porque yo quiero llevarte al
lugar de los escogidos, no solo de los llamados. Por eso el Señor dice: muchos
son los llamados, y pocos los escogidos. Mas el Señor quiere que tú digas:
¡Yo quiero! Sin embargo, se llenan las iglesias de cristianos, y se llenan
los campamentos y los congresos de cristianos, y en su regreso siguen una
vida igual, porque solamente fueron llamados al campamento, solamente fueron
llamados a ocupar un lugar en la iglesia. Pero ¿quiénes son los escogidos?
Los que hacen la voluntad de Dios. Los escogidos son los que aceptan la disciplina
de Dios. Los escogidos son los que aceptan la Palabra una a una, y luchan
por llevarla a cabo en su vida. Esos son los escogidos.
Y aquí el Señor dice: aprende de mí.
Si tú aprendes esto, tú no solamente vas a ser de los llamados sino también
de los escogidos. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro? La capacidad que se
tiene, la habilidad para poder vencer en este mundo. Muchos seleccionados
fueron de los llamados para participar ahora en el mundial, ¿cuántos fueron
los escogidos? Y espero que nos vaya bien. Pero en el caso del Señor, Él cuando
escoge a alguien es porque tiene la capacidad para hacerlo. Nada más que a
veces no lo creemos nosotros, por eso no queremos aprender de Él. Y dice Dios:
ven, yo te quiero enseñar.
Mateo 20:16b Muchos son llamados, mas pocos escogidos.
No te conformes con ser solamente de
los llamados, lucha por ser de los escogidos, pelea ese lugar. El Señor nos
habla también que si cada uno de nosotros luchamos por ese lugar, lo vamos
a tener. Le comentaba a esta persona, y le decía ¿sabe? Ancho y espacioso
es el camino que conduce a la muerte y al pecado. Mas angosto es el camino
que conduce a la vida eterna. ¿Por qué el Señor manifiesta dos caminos, uno
muy ancho y otro muy angosto? ¿Por qué crees tú? Conociendo el corazón del
hombre yo te podría decir, que el Señor puso un camino tan angosto porque
no necesitaría más.
Porque como muchos fueron llamados
y como es ancho el lugar por donde pueden pasarse, pocos han decidido entrar
por el lugar angosto. Porque si todos tuvieran un corazón, entonces diría
el Señor: Porque ancho es el camino por donde entrará todo mi pueblo. Pero
Dios conoce el corazón del hombre y sabe que el corazón del hombre no tiene
ningún interés por las cosas Divinas, y menos hoy en día que la gente está
cada día más y más contaminada de su mente.
Entonces, hay un camino angosto, el
Señor pudo haberlo hecho más ancho, pero por el corazón del hombre Dios dice:
con esto es suficiente. Porque por este camino van a entrar mis santos, por
este camino va a entrar mi pueblo, van a entrar mis escogidos, por este camino
va a entrar el que acepte mi disciplina, por este camino. Oye Señor, ¿y los
demás? Por cuanto la dureza del corazón
del hombre, se van a perder. Y Dios quiere que tú y yo aprendamos esto de
Él, que el camino por donde nos está conduciendo, es angosto. Tú tienes un
lugar en ese camino, ¿amén? No dejes que nada ni nadie te de un empujoncito
hacia el camino espacioso y ancho. Entremos todos por el camino angosto y
sigamos metiendo más a él. Aunque el camino pudiera ser tan angosto, es suficiente
para que entren los escogidos de Dios.
Pero qué significa cada una de estas
palabras en Jeremías
33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y
te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Clamar
significa gritar, significa invocar, significa llamar a alguien por su nombre;
significa alzar la voz para llamar la atención de Dios. Eso es lo que significa
clamar, no significa que vengas y bajes tanto la voz que nadie te escucha.
Clamar significa que tú eleves tu voz delante de Dios, y no porque Dios no
te escuche, sino porque a través de ese clamor Dios va a responder. ¿Cuánta
es tu necesidad de su presencia?
Eso significa clamar, llamar la atención
de alguien. ¿Quiere saber quiénes son especialistas en llamar la atención?
Los niños. Cómo llaman la atención los niños cuando quieren algo. Empiezan
a gritar y dime si no le pones atención. Les falta su chupón, aunque estén
pequeñitos, empiezan a gritar y les das su chupón. Y te están clamando, te
están gritando, te están diciendo lo que quieren. Y si van por el supermercado
y te piden un juguete, se tiran al piso, llaman tu atención, y les compras
el juguete. Y nosotros deberíamos de clamar a Dios con el propósito de llamar
su atención. A eso se refiere el clama a mí, háblame.
Dice aquí: invocar su nombre, llamar
a alguien por su nombre. Amado Dios, Bendito Jehová, Señor Jesucristo. Aquí
estoy delante de tu presencia, mi clamor es éste Señor. Y aquí estoy esperando
tu respuesta. Pero es de tu corazón al corazón de Dios, no es nada más de
labios para afuera. Así no responde Dios. El clamor que nosotros elevamos
a Dios es escuchado por Dios, vamos a ver el clamor que hizo David cuando
fue liberado de Saúl, y él lo reconoce, David lo reconoce.
2 Samuel 22:7
En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; El
oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos.
Esto es lo que ratifica David cuando
sabe el momento en que Saúl estaba buscándole, David clamó a Dios y Dios lo
escuchó y le entregó en sus manos a Saúl. Y dice David aquí: En mi angustia, y a veces nosotros cuando estamos en
angustia ni la voz nos sale. Cuando estás en angustia te vuelves mudo, estás
en angustia en tu hogar y no le hablas a nadie, no tienes manera porque el
dolor que oprime tu pecho, es tan grane que no sale palabra alguna. Pero él
dice: En mi angustia, en esta condición que yo me encontraba,
clame a Jehová. Ve lo que él dice aquí, le
habló por su nombre.
Y en seguida dice: Y clamé a mi Dios; a mi Dios. ¿Qué no es el mismo?
¿Por qué David diría, en mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi
Dios? Entendemos que es lo mismo, ¿por qué lo dice? Por una sencilla razón,
porque David lo que hizo fue invocar el nombre de Dios, Jehová, y él en su
corazón reconoció que Él es Dios, el Dios de todos lo dioses, el Rey de reyes,
el Señor de señores. Es como decir hoy en día: yo clamo a ti amado Señor Jesucristo,
mi Rey de reyes y Señor de señores. Es la exaltación al Rey de gloria.
Y de esa manera David lo hizo, En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; El
oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos. El
Señor oyó la voz de David, pero escuchó su clamor. Decía: ahí hay una voz
que es de David. Y cuando lo escuchó: ¡Señor, libérame de mis perseguidores,
de mis adversarios, de ms enemigos! El Señor dijo: ah caray, esto ya no es
nada tranquilo. Respondió el Señor de inmediato. Dijo David: Entonces el Señor
respondió a mi clamor. Y a veces nosotros venimos delante de Dios trayendo
un poco de palabra, un poco de alabanza, y queremos que Dios responda con
todo su poderío, y no es así. Clama a Dios de la manera que tú quieras que
Él te responda. Es una forma que nosotros podemos llegar a Dios, y por eso
dice la Biblia: Clama a mí, y luego dice: Y yo te responderé. ¿Cuántos saben que Dios responde?
Salmo 3:4 Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo.
David clama a Dios cuando huye de su
hijo Absalón y Dios le responde. Hay unas letras
que dicen a un lado de este Salmo que dice: Selah. ¿Qué significa
esto? Silencio absoluto. Para que Dios te responda debes hacer un silencio
absoluto y escuchar su voz. Y dice: Con mi voz clamé
a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. En el momento en
que yo hice silencio absoluto, escuché la voz de Dios, y Él me respondió,
y Él me dijo que no me preocupara. Él me dijo que estaría conmigo todos los
días hasta el fin del mundo. Él me dijo que Él es mi Roca, que Él es mi espada,
Él me ha dicho que Él es mi escudo, que es mi Sanador, Él me ha dicho que
Él es mi Proveedor.
¿Cuántos saben esto de parte de Dios?
Porque Él lo es así. Y cuando nosotros clamamos, esperemos un momento para
escuchar la respuesta de parte de Dios, de esa manera lo hizo David. Y debemos
estar confiados que Dios responde. A veces decimos: es que no creo que Dios
responda. Sí, Dios responde, Jesús mismo dijo en la regla de oro, en la oración,
él dijo: el que llame, se le escuchará. Él lo dijo de esta manera en:
Mateo 7:7-8 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad,
y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abrirá.
Esta es la respuesta de parte de Dios
a través de nuestro Señor Jesucristo confirmada, y su Palabra es verdad. Y
yo sé que si yo clamo a Dios, voy a recibir respuesta de parte de Dios. Luego
dice el Señor: Jeremías
33:3b Y yo te responderé, y te enseñaré.
Y aquí viene la parte de la enseñanza. Pero ¿qué es lo que nos va a
enseñar el Señor? Dice: Cosas grandes y cosas ocultas.
Cosas grandes refiere a cosas inaccesibles, increíbles, difíciles para
la inteligencia del hombre. Cosas grandes, cosas poderosas, cosas que no podemos
nosotros poder alcanzar a percibir humanamente posible. Son cosas grandes,
demasiado grandes. A esto se refieren las cosas grandes.
Deuteronomio 5:24 Y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado
su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos
visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive.
Esta palabra es cuando el Señor le
revela a Moisés los mandamientos. Porque Jehová habla al hombre y éste aun
vive. Y Dios vive hoy en día, y lo será por la eternidad, por los siglos de
los siglos. Dios sigue hablando hoy en día. Y a veces no creemos esta parte,
esta es una promesa de parte de Dios, y a veces no la queremos creer. ¿Tú
crees que Dios me hable a mí? Y a veces así venimos, y hermano, ¿tú crees
que Dios hable a mi vida? Sí hermano, la Biblia lo dice. ¿En dónde? Aquí.
Ah, pero dice que a sus escogidos, yo nada más de los llamados. Oye hermano,
pero es que Dios le está haciendo una invitación a usted personalmente. Ah
hermano lo que pasa es que necesito ser manso y humilde, y todavía no puedo.
Por eso no puedo escuchar, yo creo que Dios no me escucha.
Y nos hacemos los abnegados, los sufridos,
y Dios nos mira y dice: pobre de ti, pobre de ti. Porque si supieras que solamente
estoy esperando tu clamor para responderte y decirte que lo que estás viviendo
realmente solamente es un paso en tu vida para tu madurez y tu crecimiento,
el día de mañana serías excelente. Y nos conformamos con decir: no, Dios no
me responde. Dios no puede hacer algo grande en mi vida. Y hay personas que
han sido marcadas en su vida, y dicen: no, si yo ya nací así. ¡Espérame! Dios
tiene cosas grandes para tu vida. Mmm, eso me dicen
siempre.
¿Cuántos recuerdan lo que les han profetizado
en sus vidas? Yo creo que muchos de los que están aquí han escuchado profecías
hacia su persona en una forma muy particular. Y déjame platicarte nada más
parte de una experiencia personal. Tres personas en diferentes lugares sin
conocerse una a la otra, han profetizado lo mismo a mi vida. Y esas personas
dijeron algo que hizo un rhema en mi corazón, y me dijo: porque Dios tiene
cosas grandes para tu vida. ¿Y qué crees que hice? Pues ahí que sea cuando
Dios quiera. Ahí que sea cuando el Señor tenga su tiempo. Todo dice que a
su tiempo. ¡No! No fue así.
Yo dije: ¿Dios tienes cosas grandes
para mi vida? Revélamelas. Y aunque llevas tempos orando, tiempos en comunión,
tiempos en intimidad con Dios, dices: yo estoy esperando que tú me respondas
Señor, las cosas grandes que tienes para mi vida, tal vez aun no las vea,
pero sé que van a venir, por cuanto las he buscado, por cuanto las ha creído,
por cuanto creo lo que soy en ti, las voy a alcanzar. Yo creo en esas promesas,
yo creo en esas profecías, yo creo en esas palabras.
Y cuando alguien en la iglesia te dice,
o un siervo de Dios te dice: Porque Dios tiene cosas grandes para ti. Dile:
gracias hermano, Dios te bendiga. Métete a tu cuarto y dile al Señor: Señor,
dime lo que este hombre me acaba de decir, confírmamelo Señor. Cuáles son
esas cosas grandes que tienes para mí, porque aun yo me siento pequeño. Y
vas a ver lo que va a pasar, Dios te las va a mostrar.
Cada uno de nosotros debemos preguntar
a Dios lo íntimo de su corazón. Cada uno de nosotros debemos ir en una búsqueda
hacia el Señor. Esta palabra la trajo el Señor en el año 590 aproximadamente
antes de Jesús. Se la trajo al profeta Jeremías. Y le dijo, porque había visto
que el pueblo se había desviado, el pueblo se había apartado, el pueblo había
seguido otros ídolos. Y el Señor seguía con la insistencia de que su pueblo
entrara por sus caminos. Quebrantaron el pacto, se fueron cautivos, y el Señor
profetizando a través del profeta Jeremías, hablándole a su pueblo, Él establece
un nuevo pacto con ellos. Jesús mismo viene a cumplir ese pacto con nosotros.
Hoy en día el Señor sigue haciendo
esto mismo, enseñándonos sus pensamientos y sus sentimientos profundos de
su corazón. Pero ¿cuántos lo conocemos realmente? Y es hacia allá a donde
quiero llevarte en esta hora. Hasta cuándo el Señor seguirá rogando por revelarnos
los secretos de su corazón. ¿Sabes cómo está el corazón de Dios? Yo no sé
si te ha pasado, pero a mí me ha pasado. Yo compro algún obsequio tal vez
para mi esposa o mi hija, y en el momento en que ya lo tengo en mis manos
digo: bueno, éste lo compre para dárselo en su cumpleaños, pero todavía falta
una semana para su cumpleaños, a mitad de semana yo ya estoy impaciente, yo
ya se lo quiero dar.
Y lo tengo ahí guardado, y pienso:
se lo voy a dar aunque compre otro el día de su cumpleaños. Pero yo ya se
lo quiero entregar, es algo que a mí me impacienta, es algo que deseo ver
la alegría en el rostro de mi esposa o de mi hija.
Cuando yo le compro algo a mi esposa o a mi hija, yo ya anhelo dárselos,
aunque falten unos días, yo ya se lo quiero entregar. Y cuando ha venido el
día de su cumpleaños, híjole, llego ese día y se
lo entrego, y veo la alegría de mi esposa y de mi hija y yo me gozo, digo:
¡qué padre!
Y yo creo que Dios está así con los
secretos de su corazón. ¿Sabes qué tengo para ti? Tengo algo muy grande, te
lo voy a mostrar. Y el Señor está impaciente, solo ven, búscame, clama a mí.
Y ve que no clamas y dice: Dónde, quiero entregártelo, yo quiero entregarte
algo, ya lo tengo te lo voy a dar. Y el Señor ha esperado siglos y siglos,
para entregarnos esas cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Si en
este momento el Señor al cerrar nuestros ojos, nos permitiera presentarnos
un poco nada más, como en una proyección, como en una visión, las cosas grandes,
una sola parte de esas cosas grandes que tiene para nosotros. ¿Sabes una cosa?
No saldrías de la iglesia, estaría de rodillas diciéndole al Señor: muéstrame
más, porque lo que veo Señor es tan grande que no lo puedo creer.
Lo que veo Señor no tiene una medida,
las cosas grandes que tú has hecho como los cielos, como la tierra, la plenitud
que hay en ella, no la puedo alcanzar a contemplar. ¿Tan grandes son las cosas
que tienes para mí? Y ¿qué crees que dice Dios? Sí, tan grandes son. Pero
¿cuándo me las darás Señor, si aun no encuentro trabajo? Cuando me las vas
a dar Señor, si aun no traigo un peso en mi bolsa. ¿Cuándo me las vas a dar
hermoso Dios? Si aun me siento desesperado, triste afligido. Porque yo en
la visión que me permites ver yo veo unas cosas maravillosas, ¿cuándo? Dice
el Señor: cuando te detengas un momento y en tu clamor me busques, hallarás
lo que tengo para ti.
Eso es lo que Dio quiere, no solamente
que clamemos a Él, sino que también esperemos su respuesta. Porque eso es
lo que Él quiere, mostrarnos esas cosas grandes y ocultas. Se lo dijo a Jeremías.
Jeremías, que el pueblo clame, que el pueblo se arrepienta, que el pueblo
busque mi camino, que el pueblo busque mi rostro. Yo les responderé a medida
que ellos lo hagan, les voy a enseñar esas cosas grandes pero esta profecía
no fue nada más para aquellos tiempos, esa profecía es para hoy en día en
nuestra vida, para hoy en día. Porque el Señor quiere mostrarnos su voluntad.
Efesios 1:9-11 Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según
su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 10de reunir
todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos,
así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11En
él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito
del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.
Versículos 17-18 Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el
Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento
de él, 18alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para
que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas
de la gloria de su herencia en los santos.
Tenemos que ir más allá de lo que hemos
aprendido hasta el día de hoy. Es necesario mantener una relación estrecha
e íntima con el Espíritu Santo. No es lo mismo relacionarnos con el Espíritu
Santo que tener una intimidad con el Espíritu Santo, no es lo mismo. Tú te
puedes relacionar todos los días con el Espíritu de Dios, todos los días tú
puedes ir hablando con Dios, sentir su presencia, y lo puedes hacer delante
de tu familia, delante de tus hijos, pero la intimidad con Dios se hace en
lo privado, en tu recamara, con la puerta cerrada y ahí, el Padre que mira
en lo secreto te recompensará en lo público.
Y mira qué dice el Señor: desde los
tiempos antiguos se manifiesta a través de sus profetas, y se manifiesta el
Dios todopoderoso. Viene el cumplimiento de la profecía, Jesucristo. Y Jesucristo
se presenta aquí como el Hijo de Dios. Y después Jesús parte y dice: no se
vayan de Jerusalén, esperen la promesa de mi Padre, yo os enviaré el Espíritu
de Dios. ¿Quién se quedó con nosotros? El Espíritu Santo. ¿Qué relación tengo
con el Espíritu Santo? Porque ahí es donde tiene que encontrar nuestro corazón
la revelación, a través del Espíritu Santo, es el Espíritu de Dios con tu
espíritu, con tu corazón; es ahí a donde tenemos que buscar.
Porque él mismo dijo: Yo os enviaré al fiel consolador, yo os enviaré la promesa
del Padre, el Espíritu Santo que está en vosotros, el cual cuando entramos
en nuestra recámara a solas con él, podemos tener algo íntimo con el Espíritu.
Y entonces el Espíritu nos revelará las cosas ocultas y grandes que hay en
el corazón de Dios, que quiere entregarnos a nosotros. Eso es lo que Dios
quiere.
Mateo 6:6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta,
ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará
en público.
¿Qué es lo que mira el Señor? ¿Qué
es lo que mira el Padre? Dice la Escritura: Tu Padre que ve en lo secreto
y en lo íntimo de tu corazón, en lo profundo de tu corazón. Ahí es donde el
Señor ve, y es donde nosotros debemos mantener una relación estrecha con el
Espíritu Santo. Yo les decía: nosotros somos la esposa de Jesús, él es el
esposo, y un matrimonio debe tener una relación muy personal, muy íntima.
Se pueden relacionar entre sí el matrimonio estando los hijos presentes, se
pueden relacionar, pero intimidad no; cuando se intima el matrimonio, se saca
a los hijos de la habitación y se cierra la puerta.
El esposo Jesús, la esposa la Iglesia,
necesitamos tener una intimidad en el espíritu, cerrando la puerta de nuestra
habitación para tener esa relación. Y yo hablo de intimidad como algo personal,
algo privado, algo que está dentro de tu corazón, en lo íntimo; a eso se refiere
la intimidad con el Espíritu Santo. Y lo que Dios quiere es eso, que nos relacionemos
con Él, sí, pero que también entremos en tiempos de intimidad con el Señor,
cerrando nuestra puerta a solas con Él.
A través de la intimida con el Espíritu
de Dios, el Señor nos podrá revelar las cosas que no entendemos y que aun
no sabemos. El Espíritu santo nos enseña, nos alimenta y nos sacia nuestra
sed.
Nehemías 9:20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no
retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.
Dice la Escritura: enviaste tu Espíritu
para enseñarles. Y el Señor dice: y yo te responderé y te enseñaré. ¿Cómo
nos va a enseñar el Señor? A través del Espíritu Santo, de esa manera. ¿Para
qué nos sirve tener una relación con el Espíritu Santo? Porque el Espíritu
Santo nos guía a toda verdad, y revela lo que ha de venir.
Juan 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará
a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará
todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
El Espíritu Santo nos revela las cosas
que han de venir. A veces queremos saber cosas de la Palabra, a veces hay
personas que han preguntado: oye, ustedes que leen la Biblia, ¿qué dice de
estos tiempos que estamos viviendo? Que se levantarán falsos Cristos, falsos
profetas, falsas doctrinas, falsas enseñanzas; pero ¿cómo vamos a saber nosotros todo ello? A través del Espíritu
Santo.
Por eso es importante que tengamos
una relación e intimidad con el Espíritu Santo, para que él nos enseñe, para
que él nos revele las cosas que han de venir. El Señor nos revela a través
de su Espíritu Santo el ministerio al que fuimos llamados. Yo te dije en un
principio, ¿tú sabías que estás aquí no para ocupar solo una silla? Si alguien
te dijo que solamente estás aquí para ocupar una silla, ¡está equivocado!
Tú estás aquí para ejercer un ministerio poderoso, porque el Señor no hace
nada a medias. Y si el Señor te da un ministerio lo va a ser poderoso. Por
eso el Señor te llamó, Él te va a revelar ese ministerio.
Hechos 13:2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el
Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
El Espíritu Santo reveló a Bernabé
y Saulo, iban a ser llamados para un
propósito. Y Él se manifiesta y les dice qué es lo que han de hacer. Si hoy
en día tú todavía no sabes el ministerio que debes de ejercer para el Señor,
es porque aun necesitas meterte más tiempos con el Espíritu Santo en tu habitación,
y que él te revele lo que tienes que hacer. No te quedes solamente con: “el
que fui llamado”. Ve más allá, hacia los escogidos. ¿Para qué fuiste escogido?
Para entrar al reino de los cielos. ¡Sí, amén! Pero también fuiste llamado
y escogido para ejercer un ministerio en esta tierra. Y si aun no lo sabes,
es porque todavía te falta meterte con el Espíritu Santo para que él te revele
para qué fuiste llamado tú.
Para que el Señor te pueda decir qué
es lo que tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer. No con tus fuerzas,
sino con su Espíritu, no con sus palabras, sino con las Palabras de Dios.
No con tus fuerzas, sino con las fuerzas del Señor, y Él te va a revelar.
Y debes de buscar, porque está pasando el tiempo hermano, no puede pasar este
2010 y que todavía no sepas cuál es el llamado que Dios ha hecho a tu vida.
Y yo espero que cuando termine este año, o a la brevedad, ya lo sepas, y ya
le digas: Señor, yo estoy aquí, tú me pusiste en este lugar.
Hay personas que todavía pasado el
tiempo dicen: Yo creo que mejor voy a buscar en otro lado, seguramente Dios
quiere que yo haga algo en otra iglesia. Si no hiciste nada en ésta, seguramente
no vas a hacer nada en ninguna. Sinceramente, y si el ministerio al cual Dios
te llamó todavía no lo conoces, seguramente vas a seguir dando patadas de
ahogado si quieres edificar otras casas y no has edificado la tuya. Porque
no buscamos la revelación de parte de Dios. Hay personas que dicen: es que
yo ya no sé ni quién soy.
Pues si tú mismo te desconoces, los
demás también. ¿Quién soy? Por ahí decía un hermano: Señor yo te doy gracias,
porque yo sé lo que soy en ti. Hay una relación estrecha, y ese hermano tiene
una relación estrecha con el Espíritu Santo, y la sigue teniendo, eso espero.
Pero qué bien poder decir: Señor yo sé lo que soy en ti. Ya no vivo yo, mas
Cristo vive en mí. Eso lo dijo Pablo. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí.
Sé lo que Dios quiere para mi vida, Él me lo ha revelado. Busquemos de Él
porque Él nos va a revelar el ministerio al que fuimos llamados.
El Espíritu Santo nos da testimonio
de Jesucristo. Juan
15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre,
el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca
de mí. Esto dijo Jesús, y esto lo sigue diciendo
de Jesús. El Espíritu Santo sigue dando testimonio de Jesús. Y no podemos
hoy en día decir: es que aun no conozco a Jesús. Lo recibí como mi Señor y
Salvador, pero todavía no le conozco. Necesitas intimar con el Espíritu Santo
para que Él te revele quién es Jesús, qué hizo Jesús.
El poder de Dios, cada uno de nosotros
somos instrumentos de parte de Dios, y cuando el Señor nos dice que nos manifiesta
quién es Jesús a través de su Espíritu Santo, él te va a mostrar todas las
cosas que Jesús hizo en esta tierra, ¿para qué crees? Para que tú también
las hagas mi amado. Porque el mismo Espíritu Santo que estuvo en Jesús, que
estuvo trabajando durante ese tiempo en Jesús, para hacer todas esas señales,
prodigios, esos milagros, es el mismo Espíritu Santo que hoy en día está aquí
con nosotros.
Es el mismo Espíritu Santo que hoy
nos revela lo que Jesús es, lo que Jesús hizo y lo que Jesús sigue haciendo.
Y eso que hemos aprendido de Él, lo tenemos que ejercer en esta tierra. Por
eso necesitamos buscar la revelación de parte de Dios, a través de su Espíritu
Santo y nos acerque a Jesús, nos enseñe quién es Jesús para que tengamos un
crecimiento.
Dice la escritura que también nos permite
reconocer el espíritu de error.
1 Juan 4:6 Nosotros somos de Dios;
el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos
el espíritu de verdad y el espíritu de error.
Y esta es una revelación que Dios nos
da para reconocer quién es de Dios y quién no es de Dios. Y no todo el que
dice Señor, Señor… Porque muchas veces pudieras ser confundido, y muchas personas
siendo cristianas con mucho tiempo en el evangelio, han sido confundidos y se han apartado del evangelio para seguir otras
falsas enseñanzas, están siguiendo el espíritu del error, porque no han buscado
de Dios para que les revele que eso no proviene de Dios.
Ah, es que acá hay una persona carismática.
Acá hay una persona que cómo está ungido, y es una persona carismática. Y
lo siguen, y no es así. ¡Cuidado! ¿Cómo lo sabré Señor, si también danzan,
también cantan, también oran y sanan? ¿Cómo lo sé? No todo el que me diga
Señor, Señor. Métete en lo íntimo del corazón de Dios, y Él te va a revelar.
Esta pregunta que tú me haces, pregúntasela a Dios, y él te la va a contestar,
y te va a hacer sentir en tu espíritu que lo que esas personas practican no
proviene de Dios, que son falsas enseñanzas. Y lo que Dios quiere es que vayamos
cada día más buscando su plenitud, su poder, su presencia, su unción.
Creo que es un buen tiempo porque Dios ha estado hablando a nuestra vida.
Es buen tiempo para buscarle, buscarle, buscarle con todo nuestro corazón,
con todo nuestro anhelo. Cuando tú puedas en tu corazón sentir esa presencia
de Dios, cuando tú comiences a decir: ah caray, estoy diciendo palabras que
ni yo mismo había pensado de la Biblia. Estoy diciendo versículos que ni yo
mismo me sabía, estoy hablando palabras que incluso la gente dice: oye, ya
no eres el mismo, hablas diferente, te conduces diferente, déjame decirte
que es el tiempo que tú estás creciendo en el Espíritu.
Todos has escuchado eso de parte de
las personas, cuando dicen: es que este hombre o esta mujer tiene algo diferente.
Es que ese hombre cuando se acerca y habla a mi vida, me transmite tanta paz
que yo la puedo sentir. Dale gloria a Dios porque estás creciendo en el Espíritu.
Cuando tú oras por un enfermo y ese enfermo sane, dale gloria a Dios porque
estás creciendo en el Espíritu. Cuando tú sientas la plenitud en tu corazón
a pesar de que tengas aflicción, a pesar de que tengas conflictos y tú sientes
en tu corazón gozo, dale gloria a Dios porque estás creciendo en el Espíritu.
Lo que Dios quiere hacer es que tú
y yo vayamos hacia un crecimiento cada día más grande. Que clamemos a Dios,
que escuchemos su voz y que esperemos su respuesta. Clama a mí, dice el Señor,
y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces,
pero que estás por conocer, que estás por saber, que estás por aprender, porque
el Señor quiere mostrártelas.
Amado hermano, yo quiero hacerte una
pregunta y que tú la respondas en tu corazón: ¿Qué es lo que estorba en tu
vida? El Espíritu está dispuesto, el Espíritu anhela a Dios. El Espíritu de nosotros anhela la presencia
de Dios, y Él desea que tú le busques. Él dice: clama a mí, y yo mismo, el
Dios de las alturas, el Dios todopoderoso nos va a responder. Pero no solamente
nos va a responder sino que también nos va a enseñar todas las cosas maravillosas
que tiene para nosotros.
¿Por qué razón hasta hoy en día, no
las hemos aprendido? ¿Por qué razón hasta hoy en día, no las conocemos? Seguramente
hay algo que está impidiendo que tú vayas en la búsqueda de esa plenitud.
Mira, te voy a decir rápidamente de algunos distractores que están evitando
que tú encuentres esas grandes cosas que Dios quiere mostrarte. Los problemas
en casa pueden ser uno. En el momento que llegas con la mejor disposición
para orar, es cuando el esposo, la esposa, los hijos están en conflicto, porque
el enemigo está oponiéndose a que tú entres a esa intimidad con Dios.
Tal vez tu programa favorito o la telenovela;
tal vez la cena, porque tú no llegues a cenar a tu casa, y como ya has cenado
y ya estás cansado quieres descansar. O tal vez porque el problema te aflige
de tal manera que ya no te salen palabras. David dijo: en mi angustia clamé
a Jehová; pero también puedo entender en esta condición de hombre, que cuando
estamos en angustia nos es difícil llamar, porque no podemos, nuestras fuerzas
se agotan, nos sentimos deprimidos, afligidos y ya no salen palabras.
Pero también Dios lo sabe porque él
mismo conoce lo que es la angustia, la tristeza. Y tal vez se te pudiera ir
esa noche en llorar y llorar sin decir una sola palabra. Pero ¿sabías también
que clamar a Dios significa quebranto? Y si tú te quebrantas en tu corazón
a solas reconociendo a Dios, Él escuchará tu clamor, porque tu quebranto,
Él mira lo profundo del corazón y Él ha mirado en lo profundo de tu corazón
y se dará cuenta que ahí hay un conflicto que está impidiendo que Él te revele
cosas grandes y ocultas.
No pares de llorar si estás en esa
condición, y clama a Él en ese llanto y dile: solamente te pido algo mi Señor,
que a través de este dolor tú me enseñes. Si es necesario pasa de mí esta
copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Pero hoy enséñame porque
en este tiempo y en este dolor que voy a pasar voy a aprender. Dame mansedumbre
y humildad para reconocer, aprender de ti. A medida que tú lo ejercites, te
irás dando cuenta que el fluir del Espíritu Santo será mayor en tu vida.
Quita de ti todo distractor, quita
de ti todo aquello que te está impidiendo tener una relación más íntima con
el Espíritu Santo. Si tú deseas en tu corazón que la plenitud de su presencia,
y es el anhelo de tu corazón decirle a Jesús: Espíritu Santo por favor muéstrame
esas cosas que tienes para mí. Sólo dile cuánto le anhelas, haz un compromiso
con Él de buscarlo todos los días. Las cosas grandes y ocultas que Dios tiene
para tu vida son personales, son para ti. Y Él quiere revelártelas, aun la
condición en la que te encuentras, Él te puede revelar por qué razón te encuentras
en esa situación. Y si estás pasando por un tiempo difícil, Él te puede mostrar
la salida si tú le buscas.
Que la plenitud y la guianza del Espíritu Santo
sea en esta hora llenando tu vida. Padre, clamo a ti en esta hora como lo
dice tu Palabra, sabiendo que tú responderás oh Dios, porque tú eres un Dios
de pactos y yo declaro esta palabra: que tú responderás en esta hora, y nos
revelarás las cosas grandes y ocultas que tienes para cada uno de nosotros.
Los anhelos de tu corazón muéstraselos a este tu pueblo en esta hora, y declaro
la plenitud de tu Espíritu Santo sobre cada uno de mis hermanos en esta congregación.
En el nombre de Jesús te damos gracias por tu palabra en esta hora. Bendecimos tu nombre y te exaltamos y te damos la gloria y la honra. Que esta enseñanza quede grabada en el corazón para llevarla por obra, porque yo sé que tú enseñarás a nuestra vida aquellos planes que tienes especiales para cada uno de nosotros en lo particular, en lo personal. En el nombre de Jesús bendigo a cada uno de mis hermanos, y para ti la gloria y la honra. Amén.
Dios los bendiga.