INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

COSAS QUE AUN NO CONOCES

 

Fernando Cabrera

 

Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. 

 

Yo creo que cuando hablamos de Jeremías 33:3, ya nos imaginamos inmediatamente de qué se trata, porque hemos escuchado mucho esta cita. Hay cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Esta palabra ha hablado grandemente a mi vida, y yo creo que cuando hemos leído esta cita nos hemos dado cuenta que hay algo que Dios quiere mostrarnos a cada uno de nosotros. Pero a veces nos quedamos nada más en la primera parte de esta cita: Clama a mí, y yo te responderé, de hecho hay muchas personas que al compartir este mensaje cuando alguien llega afligido le dice: mira no te preocupes, clama a Dios y Dios te va a responder. Y hasta ahí nos quedamos solamente en ese cita.

 

Pero el pueblo cristiano necesitamos todos ir más allá de no solamente clamar a Dios y esperar la respuesta de Dios, sino que el Señor dice: si tú clamas a mí, yo te responderé.  ¿Cuántos saben que Dios responde? ¿Cuántos de los que están aquí ha orado a Dios, han clamado a Dios y Dios les ha respondido? Ahora, ¿cuántos se han detenido a que Dios les muestre las cosas grandes y ocultas que quiere mostrarles? Porque esta parte ya no la hacemos, esta parte ya no queremos avanzar.

 

Por eso es que muchas veces cuando nosotros clamamos a Dios y hay una respuesta de parte de Dios, después no entendemos lo que sigue. O a veces no tenemos la respuesta, pero tampoco sabemos por qué Dios no respondió. Porque no nos hemos detenido a escuchar la voz de Dios, no nos hemos detenido a esperar la respuesta de parte de Dios para decir: Yo te voy a enseñar las cosas grandes y ocultas que tengo para ti. Dios quiere enseñarnos cosas grandes en nuestra vida.

 

Y yo puedo ver que muchas veces la persona viene a Jesús, conoce a Cristo Jesús, recibe la salvación, y tal pareciera como que hasta ahí ya se quedó. Déjame decirte que no es así. Cuando tú vienes a Cristo, cuando tú le conoces y cuando tú recibes la salvación, ese es el primer paso que tú debes de dar. El segundo es bautizarte, para que en la plenitud del Espíritu Santo Dios comience a revelarte lo profundo de su corazón y revelarte los planes específicos que tiene para ti. Para cada uno en lo particular Dios tiene grandes cosas. Pero ¿cómo las vamos a saber si no lo hemos consultado? ¿Cómo lo vamos a saber si no nos hemos metido a la profundidad del Espíritu de Dios para decirle: Señor revélame lo que tú tienes preparado para mi vida?

 

¿Cuántos ya conocen lo que Dios quiere de sus vidas? ¿Cuántos ya saben al ministerio al que fueron llamados? Porque todos los que estamos aquí tienen un ministerio. ¿Sí lo sabías? Tú no estás aquí solamente para ocupar un lugar el domingo en una silla, tú estás aquí para cumplir con el propósito que Dios tiene en tu vida. Tú estás aquí para que tú ejerzas un ministerio. No fuiste llamado nada más para que seas oveja, también Dios te envió a dar las buenas nuevas. Pero no solamente eso, hay cosas más grandes y ocultas que tú no conoces.

 

¿Te puedes imaginar la magnitud de las cosas grandes que Dios tiene para ti? Y yo te puedo asegurar algo, que si tú y yo las supiéramos en la cantidad que Dios las tiene, nuestra condición no sería ésta,  nuestra condición sería mejor. Así es que ahora yo te voy a invitar que diariamente tú y yo vayamos en la búsqueda de estas cosas grandes y ocultas que Dios tiene para nosotros. Dios tiene cosas grandes, cosas ocultas que tú aun no conoces, esas pertenecen a Dios, están en el corazón de Dios, pero te las quiere revelar a ti. Y no solamente debemos conformarnos con el clamar en los momentos de angustia y de desesperación.

 

Esta cita bíblica de Jeremías 33:3 muchos la conocen como el teléfono de Dios. ¿Sí han escuchado eso? Yo he escuchado a algunas personas que dicen: márcale al Señor, Jeremías 33:3, de hecho por ahí también en algunas librerías venden unas tarjetas donde hay un teléfono y dice Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé.  Pero yo me puse a analizar un poquito de esto, y perdóname, Dios no quiere una relación vía telefónica contigo, Dios no quiere que tú levantes la bocina y le digas: clamo a ti, y tú me respondes. Yo hasta ahorita no conozco una relación que pueda ser prosperada o que puedas conocer de tu pareja por vía telefónica. Solamente los que se van a Estados Unidos, le llaman a su esposa de vez en vez, pero la relación no es nada buena.


Y Dios no quiere una relación de vía telefónica. Lo que Dios quiere es una relación más íntima con el Espíritu Santo. Clamo a ti, tú me respondes. Pero además me enseñas, porque Dios lo que quiere es enseñarte que cuando tú clamas, tú esperas y tú actúas. Y en ese poder conquistas, y Dios quiere enseñarte eso en esta hora. No vamos  tener una relación con Dios si no nos metemos en lo íntimo de nuestra habitación y del corazón de Dios para platicar con Él, en el Espíritu, de corazón a corazón.

 

Si te cuesta trabajo, si te es tan difícil a veces comunicarte con una persona, en el caso de los matrimonios con su cónyuge, les va a ser más difícil comunicarse con Dios. Tenemos que ejercitar esta parte, la parte de ir a lo profundo del corazón de Dios porque ahí hay cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Perdóname que sea muy repetitivo en esta parte, pero en mi vida está siendo un rhema poderoso: “Cosas grandes y ocultas que aun no conozco”.

 

Porque aunque pudieras tener muchos años en el Evangelio, aun hay cosas grandes y ocultas que no conoces. ¿O alguien de aquí m pudiera decir que ya conoce todos los misterios de Dios? ¿Alguien de aquí me podría decir: Yo ya conozco lo profundo del sentimiento de Dios? No, no es así. Y tenemos que ir para allá, hacia un crecimiento espiritual. Dios quiere una relación íntima contigo y conmigo.

 

Cuando el Señor te dice: y te enseñaré cosas grandes y ocultas, Él está hablando en singular, Él te está hablando a ti. Dice así la cita: Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré. El Señor no dice y les enseñaré, para que sea en plural y para que todos nos juntemos en la congregación y digamos: nos va a enseñar a todos estas cosas ocultas. Lo va a  hacer en lo singular, en lo particular, porque Él quiere que tú vengas directamente a Él y le preguntes sobre estas cosas. Por eso el Señor pone en esta palabra: y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

 

Mateo 11:25-30 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26Sí, Padre, porque así te agradó. 27Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

¿Qué relación tiene este versículo con el anterior de clama a mí, y yo te responderé? Porque el Señor en Jeremías 33:3a Clama a mí, y yo te responderé. Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Y Jeremías 33:3b Y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Mateo 11:29 Aprended de mí.

 

¿Qué relación hay entre un versículo y otro?  Algo muy sencillo: Y el Señor nos hace una invitación para que le conozcamos. Y cuando el Señor dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. ¿Cuántos de aquí estamos en esa condición? De todos los días tener una batalla, estamos trabajados y cargados, y nos dice el Señor: Y yo te haré descansar. Y decimos amén.

 

Y también compartimos esta cita solamente a medias, y decimos: Venid al Señor todos los que están cargados y trabajados y Dios los hará descansar. Y ya venimos al Señor y esperamos el descanso y decimos: es que no ha pasado absolutamente nada, sigo exactamente igual. Clamé al Señor, y no me ha respondido. He venido a Él, cansado y trabajado, y no he descansado. ¿Por qué no me está funcionando? ¿No es así? La segunda parte es la respuesta que Dios quiere darte en tu vida. Dice el Señor: Y te enseñaré cosas grandes y ocultas, y también dice el Señor: Aprended de mí.

 

¿Qué tengo que aprender Señor? Que si tú caminas a lado mío, tú vas a aprender la forma y la manera en que has de caminar, porque yo soy el que enseña, el que revela, en que instruye, el que edifica y el que levanta. Ese es el Señor, y Él lo que quiere es enseñarte esos secretos para que tú camines juntamente con Él y por eso dice: Llevad mi yugo. Y el yugo cuando tú tienes el yugo con otra persona en el caso de Jesús, es que tú vas caminando juntamente con él, en la misma dirección, Jesús jamás va a desviar tu camino, Jesús jamás va a desviar su Palabra, Jesús es correcto y es excelente, y en la dirección que él vaya, él te va a llevar. Esta es la forma como Jesús quiere instruirte.

 

Dios quiere responder a cada una de tus expectativas, pero además Dios quiere enseñarte. Porque a veces clamamos por la misma cosa todos los días, y caemos en el mismo problema y volvemos a clamar a Dios. Y caemos en el mismo problema y volvemos a clamar a Dios. Y dice el Señor: yo te estoy respondiendo. ¿Y qué me respondes Señor? Que camines a mi lado y que aprendas de mí. ¿Por qué razón no podemos aprender de Jesús? Porque hay dos cosas que el Señor anuncia en esta palabra que debemos de aprender.

 

Dice: Aprended de mí. ¿Qué aprendo? Que soy manso y humilde. La mansedumbre y la humildad te van a llevar al conocimiento pleno y a la plenitud del Espíritu Santo. Y dice: Aprended de mí. ¿Por qué? Porque yo mismo lo hago, yo estoy en un yugo con mi Padre. Todas las cosas que a mí el Padre me ha revelado, yo os las revelo a vosotros. Todas las cosas que a mí mi Padre me ha instruido, yo se las instruyo a ustedes. Porque el yugo que yo llevo es con mi Padre, y es el mismo que yo quiero que tú lleves conmigo, porque si tú aprendes a través de la humildad, tú vas a poder caminar como lo he hecho yo en esta tierra.


Eso es lo que Dios quiere enseñarnos en esta hora, que no solamente clamemos a Él, sino que esperemos la respuesta de él en un estado de quietud. Yo no sé cómo ores al Señor, pero hay muchas ocasiones que llegamos y decimos: Dios dame una respuesta, estoy aquí delante de tu presencia y anhelo con todo mi corazón que tú me digas qué es lo que tengo qué hacer. Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén y amén. Y te sales de tu habitación y te vas a hacer tus actividades. Y entonces el Señor te dice: eh, mira te iba yo a decir… Pero ya te fuiste.

 

Es como si tú llegas con una persona y le dices: Oye yo vengo a que me des un consejo., ¿Qué consejo? Fíjate que tengo este problema, así, así y así. Muchas gracias, hasta luego. ¿A poco así tú pides consejo? Cuando tú vienes a pedir un consejo, vienes y descargas tu corazón y entonces le dices ahora sí, ¿qué me dices? Y entonces el consejero te empieza a decir: ah mira, por principio de cuentas gracias por permitirme hablar contigo. Y en segunda, déjame decirte que lo que estás haciendo, no lo estás haciendo correcto. Aplicas humildad. Claro, ya me estoy dando cuenta que no estoy correcto, pero si aplicas soberbia, vas a decir: no, cómo crees. Tú me dices que estoy mal y no es cierto. Yo estoy así, así y así. Y te empiezas a justificar por todo.

 

Por eso el Señor dice: Aprende de mí estas dos reglas importantes: mansedumbre y humildad para que aceptes el consejo que yo te doy, y puedas caminar. Entonces cuando tú oras a Dios, quédate callado por un tiempo después que le hayas preguntado de rodillas, cerrando tus ojos, levantando tus brazos dile: Señor aquí estoy para esperar tu repuesta. ¿Cuántos creen que Dios le va a responder? ¿Cuántos crees que Dios habla hoy en día? Siempre lo ha hecho, pero Dios sigue hablando hoy en día. Hoy en día Dios puede hablar a tu oído, a tu corazón y te puede decir: esto quiero que hagas hijo. Y cuando tú entras en obediencia al consejo de parte de Dios, verás cosas grandes y ocultas que tú y yo no conocemos todavía. Y Dios quiere mostrarlas. Dios quiere enseñarnos cosas que nos van a llevar a un crecimiento y  una plenitud espiritual.

 

Muchos cristianos se han conformado con ser únicamente salvos, o únicamente de los llamados y no han buscado ser de los escogidos. Yo le decía a una persona el jueves; esta joven que ves, va a ser secretaria, va a entrar a trabajar apenas este lunes, y ella llegó, y gloria a Dios. Y para todo decía gloria a Dios, aleluya, qué bien y la gloria sea para el Señor.

 

Y yo le pregunté ¿es usted cristiana? Y ella me dijo: ¡NO! Pero tengo a Cristo en mi corazón. Y le digo: ah qué bien. ¿Y cómo fue que lo recibió? Y ya me empezó a platicar de qué manera ella había recibido a Cristo; y le pregunté: ¿asiste a una iglesia? Me dijo no, no voy a la iglesia pero yo me considero que soy cristiana porque tengo a Cristo en mi corazón. Y le dije: entonces usted es de las que se conforma de ser de los llamados, mas no de los escogidos.


Cuando el Señor dice: Yo quiero enseñarte, es porque yo quiero llevarte al lugar de los escogidos, no solo de los llamados. Por eso el Señor dice: muchos son los llamados, y pocos los escogidos. Mas el Señor quiere que tú digas: ¡Yo quiero! Sin embargo, se llenan las iglesias de cristianos, y se llenan los campamentos y los congresos de cristianos, y en su regreso siguen una vida igual, porque solamente fueron llamados al campamento, solamente fueron llamados a ocupar un lugar en la iglesia. Pero ¿quiénes son los escogidos? Los que hacen la voluntad de Dios. Los escogidos son los que aceptan la disciplina de Dios. Los escogidos son los que aceptan la Palabra una a una, y luchan por llevarla a cabo en su vida. Esos son los escogidos.

 

Y aquí el Señor dice: aprende de mí. Si tú aprendes esto, tú no solamente vas a ser de los llamados sino también de los escogidos. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro? La capacidad que se tiene, la habilidad para poder vencer en este mundo. Muchos seleccionados fueron de los llamados para participar ahora en el mundial, ¿cuántos fueron los escogidos? Y espero que nos vaya bien. Pero en el caso del Señor, Él cuando escoge a alguien es porque tiene la capacidad para hacerlo. Nada más que a veces no lo creemos nosotros, por eso no queremos aprender de Él. Y dice Dios: ven, yo te quiero enseñar.

 

Mateo 20:16b Muchos son llamados, mas pocos escogidos.

 

No te conformes con ser solamente de los llamados, lucha por ser de los escogidos, pelea ese lugar. El Señor nos habla también que si cada uno de nosotros luchamos por ese lugar, lo vamos a tener. Le comentaba a esta persona, y le decía ¿sabe? Ancho y espacioso es el camino que conduce a la muerte y al pecado. Mas angosto es el camino que conduce a la vida eterna. ¿Por qué el Señor manifiesta dos caminos, uno muy ancho y otro muy angosto? ¿Por qué crees tú? Conociendo el corazón del hombre yo te podría decir, que el Señor puso un camino tan angosto porque no necesitaría más.

 

Porque como muchos fueron llamados y como es ancho el lugar por donde pueden pasarse, pocos han decidido entrar por el lugar angosto. Porque si todos tuvieran un corazón, entonces diría el Señor: Porque ancho es el camino por donde entrará todo mi pueblo. Pero Dios conoce el corazón del hombre y sabe que el corazón del hombre no tiene ningún interés por las cosas Divinas, y menos hoy en día que la gente está cada día más y más contaminada de su mente.

 

Entonces, hay un camino angosto, el Señor pudo haberlo hecho más ancho, pero por el corazón del hombre Dios dice: con esto es suficiente. Porque por este camino van a entrar mis santos, por este camino va a entrar mi pueblo, van a entrar mis escogidos, por este camino va a entrar el que acepte mi disciplina, por este camino. Oye Señor, ¿y los demás?  Por cuanto la dureza del corazón del hombre, se van a perder. Y Dios quiere que tú y yo aprendamos esto de Él, que el camino por donde nos está conduciendo, es angosto. Tú tienes un lugar en ese camino, ¿amén? No dejes que nada ni nadie te de un empujoncito hacia el camino espacioso y ancho. Entremos todos por el camino angosto y sigamos metiendo más a él. Aunque el camino pudiera ser tan angosto, es suficiente para que entren los escogidos de Dios.

 

Pero qué significa cada una de estas palabras en Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Clamar significa gritar, significa invocar, significa llamar a alguien por su nombre; significa alzar la voz para llamar la atención de Dios. Eso es lo que significa clamar, no significa que vengas y bajes tanto la voz que nadie te escucha. Clamar significa que tú eleves tu voz delante de Dios, y no porque Dios no te escuche, sino porque a través de ese clamor Dios va a responder. ¿Cuánta es tu necesidad de su presencia?

 

Eso significa clamar, llamar la atención de alguien. ¿Quiere saber quiénes son especialistas en llamar la atención? Los niños. Cómo llaman la atención los niños cuando quieren algo. Empiezan a gritar y dime si no le pones atención. Les falta su chupón, aunque estén pequeñitos, empiezan a gritar y les das su chupón. Y te están clamando, te están gritando, te están diciendo lo que quieren. Y si van por el supermercado y te piden un juguete, se tiran al piso, llaman tu atención, y les compras el juguete. Y nosotros deberíamos de clamar a Dios con el propósito de llamar su atención. A eso se refiere el clama a mí, háblame.

 

Dice aquí: invocar su nombre, llamar a alguien por su nombre. Amado Dios, Bendito Jehová, Señor Jesucristo. Aquí estoy delante de tu presencia, mi clamor es éste Señor. Y aquí estoy esperando tu respuesta. Pero es de tu corazón al corazón de Dios, no es nada más de labios para afuera. Así no responde Dios. El clamor que nosotros elevamos a Dios es escuchado por Dios, vamos a ver el clamor que hizo David cuando fue liberado de Saúl, y él lo reconoce, David lo reconoce.


2 Samuel 22:7 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos.

 

Esto es lo que ratifica David cuando sabe el momento en que Saúl estaba buscándole, David clamó a Dios y Dios lo escuchó y le entregó en sus manos a Saúl. Y dice David aquí: En mi angustia, y a veces nosotros cuando estamos en angustia ni la voz nos sale. Cuando estás en angustia te vuelves mudo, estás en angustia en tu hogar y no le hablas a nadie, no tienes manera porque el dolor que oprime tu pecho, es tan grane que no sale palabra alguna. Pero él dice: En mi angustia, en esta condición que yo me encontraba, clame a Jehová. Ve lo que él dice aquí, le habló por su nombre.

 

Y en seguida dice: Y clamé a mi Dios; a mi Dios. ¿Qué no es el mismo?  ¿Por qué David diría, en mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios? Entendemos que es lo mismo, ¿por qué lo dice? Por una sencilla razón, porque David lo que hizo fue invocar el nombre de Dios, Jehová, y él en su corazón reconoció que Él es Dios, el Dios de todos lo dioses, el Rey de reyes, el Señor de señores. Es como decir hoy en día: yo clamo a ti amado Señor Jesucristo, mi Rey de reyes y Señor de señores. Es la exaltación al Rey de gloria.

 

Y de esa manera David lo hizo, En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos. El Señor oyó la voz de David, pero escuchó su clamor. Decía: ahí hay una voz que es de David. Y cuando lo escuchó: ¡Señor, libérame de mis perseguidores, de mis adversarios, de ms enemigos! El Señor dijo: ah caray, esto ya no es nada tranquilo. Respondió el Señor de inmediato. Dijo David: Entonces el Señor respondió a mi clamor. Y a veces nosotros venimos delante de Dios trayendo un poco de palabra, un poco de alabanza, y queremos que Dios responda con todo su poderío, y no es así. Clama a Dios de la manera que tú quieras que Él te responda. Es una forma que nosotros podemos llegar a Dios, y por eso dice la Biblia: Clama a mí, y luego dice: Y yo te responderé. ¿Cuántos saben que Dios responde?

 

Salmo 3:4 Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo.

 

David clama a Dios cuando huye de su hijo Absalón y Dios le responde. Hay unas letras que dicen a un lado de este Salmo que dice: Selah. ¿Qué significa esto? Silencio absoluto. Para que Dios te responda debes hacer un silencio absoluto y escuchar su voz. Y dice: Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. En el momento en que yo hice silencio absoluto, escuché la voz de Dios, y Él me respondió, y Él me dijo que no me preocupara. Él me dijo que estaría conmigo todos los días hasta el fin del mundo. Él me dijo que Él es mi Roca, que Él es mi espada, Él me ha dicho que Él es mi escudo, que es mi Sanador, Él me ha dicho que Él es mi Proveedor.

 

¿Cuántos saben esto de parte de Dios? Porque Él lo es así. Y cuando nosotros clamamos, esperemos un momento para escuchar la respuesta de parte de Dios, de esa manera lo hizo David. Y debemos estar confiados que Dios responde. A veces decimos: es que no creo que Dios responda. Sí, Dios responde, Jesús mismo dijo en la regla de oro, en la oración, él dijo: el que llame, se le escuchará. Él lo dijo de esta manera en:

 

Mateo 7:7-8 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

 

Esta es la respuesta de parte de Dios a través de nuestro Señor Jesucristo confirmada, y su Palabra es verdad. Y yo sé que si yo clamo a Dios, voy a recibir respuesta de parte de Dios. Luego dice el Señor: Jeremías 33:3b Y yo te responderé, y te enseñaré. Y aquí viene la parte de la enseñanza. Pero ¿qué es lo que nos va a enseñar el Señor? Dice: Cosas grandes y cosas ocultas. Cosas grandes refiere a cosas inaccesibles, increíbles, difíciles para la inteligencia del hombre. Cosas grandes, cosas poderosas, cosas que no podemos nosotros poder alcanzar a percibir humanamente posible. Son cosas grandes, demasiado grandes. A esto se refieren las cosas grandes.

 

Deuteronomio 5:24 Y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. 

 

Esta palabra es cuando el Señor le revela a Moisés los mandamientos. Porque Jehová habla al hombre y éste aun vive. Y Dios vive hoy en día, y lo será por la eternidad, por los siglos de los siglos. Dios sigue hablando hoy en día. Y a veces no creemos esta parte, esta es una promesa de parte de Dios, y a veces no la queremos creer. ¿Tú crees que Dios me hable a mí? Y a veces así venimos, y hermano, ¿tú crees que Dios hable a mi vida? Sí hermano, la Biblia lo dice. ¿En dónde? Aquí. Ah, pero dice que a sus escogidos, yo nada más de los llamados. Oye hermano, pero es que Dios le está haciendo una invitación a usted personalmente. Ah hermano lo que pasa es que necesito ser manso y humilde, y todavía no puedo. Por eso no puedo escuchar, yo creo que Dios no me escucha.

 

Y nos hacemos los abnegados, los sufridos, y Dios nos mira y dice: pobre de ti, pobre de ti. Porque si supieras que solamente estoy esperando tu clamor para responderte y decirte que lo que estás viviendo realmente solamente es un paso en tu vida para tu madurez y tu crecimiento, el día de mañana serías excelente. Y nos conformamos con decir: no, Dios no me responde. Dios no puede hacer algo grande en mi vida. Y hay personas que han sido marcadas en su vida, y dicen: no, si yo ya nací así. ¡Espérame! Dios tiene cosas grandes para tu vida. Mmm, eso me dicen siempre.

 

¿Cuántos recuerdan lo que les han profetizado en sus vidas? Yo creo que muchos de los que están aquí han escuchado profecías hacia su persona en una forma muy particular. Y déjame platicarte nada más parte de una experiencia personal. Tres personas en diferentes lugares sin conocerse una a la otra, han profetizado lo mismo a mi vida. Y esas personas dijeron algo que hizo un rhema en mi corazón, y me dijo: porque Dios tiene cosas grandes para tu vida. ¿Y qué crees que hice? Pues ahí que sea cuando Dios quiera. Ahí que sea cuando el Señor tenga su tiempo. Todo dice que a su tiempo. ¡No! No fue así.

 

Yo dije: ¿Dios tienes cosas grandes para mi vida? Revélamelas. Y aunque llevas tempos orando, tiempos en comunión, tiempos en intimidad con Dios, dices: yo estoy esperando que tú me respondas Señor, las cosas grandes que tienes para mi vida, tal vez aun no las vea, pero sé que van a venir, por cuanto las he buscado, por cuanto las ha creído, por cuanto creo lo que soy en ti, las voy a alcanzar. Yo creo en esas promesas, yo creo en esas profecías, yo creo en esas palabras.

 

Y cuando alguien en la iglesia te dice, o un siervo de Dios te dice: Porque Dios tiene cosas grandes para ti. Dile: gracias hermano, Dios te bendiga. Métete a tu cuarto y dile al Señor: Señor, dime lo que este hombre me acaba de decir, confírmamelo Señor. Cuáles son esas cosas grandes que tienes para mí, porque aun yo me siento pequeño. Y vas a ver lo que va a pasar, Dios te las va a mostrar.

 

Cada uno de nosotros debemos preguntar a Dios lo íntimo de su corazón. Cada uno de nosotros debemos ir en una búsqueda hacia el Señor. Esta palabra la trajo el Señor en el año 590 aproximadamente antes de Jesús. Se la trajo al profeta Jeremías. Y le dijo, porque había visto que el pueblo se había desviado, el pueblo se había apartado, el pueblo había seguido otros ídolos. Y el Señor seguía con la insistencia de que su pueblo entrara por sus caminos. Quebrantaron el pacto, se fueron cautivos, y el Señor profetizando a través del profeta Jeremías, hablándole a su pueblo, Él establece un nuevo pacto con ellos. Jesús mismo viene a cumplir ese pacto con nosotros.

 

Hoy en día el Señor sigue haciendo esto mismo, enseñándonos sus pensamientos y sus sentimientos profundos de su corazón. Pero ¿cuántos lo conocemos realmente? Y es hacia allá a donde quiero llevarte en esta hora. Hasta cuándo el Señor seguirá rogando por revelarnos los secretos de su corazón. ¿Sabes cómo está el corazón de Dios? Yo no sé si te ha pasado, pero a mí me ha pasado. Yo compro algún obsequio tal vez para mi esposa o mi hija, y en el momento en que ya lo tengo en mis manos digo: bueno, éste lo compre para dárselo en su cumpleaños, pero todavía falta una semana para su cumpleaños, a mitad de semana yo ya estoy impaciente, yo ya se lo quiero dar.

 

Y lo tengo ahí guardado, y pienso: se lo voy a dar aunque compre otro el día de su cumpleaños. Pero yo ya se lo quiero entregar, es algo que a mí me impacienta, es algo que deseo ver la alegría en el rostro de mi esposa o de mi hija.  Cuando yo le compro algo a mi esposa o a mi hija, yo ya anhelo dárselos, aunque falten unos días, yo ya se lo quiero entregar. Y cuando ha venido el día de su cumpleaños, híjole, llego ese día y se lo entrego, y veo la alegría de mi esposa y de mi hija y yo me gozo, digo: ¡qué padre!

 

Y yo creo que Dios está así con los secretos de su corazón. ¿Sabes qué tengo para ti? Tengo algo muy grande, te lo voy a mostrar. Y el Señor está impaciente, solo ven, búscame, clama a mí. Y ve que no clamas y dice: Dónde, quiero entregártelo, yo quiero entregarte algo, ya lo tengo te lo voy a dar. Y el Señor ha esperado siglos y siglos, para entregarnos esas cosas grandes y ocultas que aun no conocemos. Si en este momento el Señor al cerrar nuestros ojos, nos permitiera presentarnos un poco nada más, como en una proyección, como en una visión, las cosas grandes, una sola parte de esas cosas grandes que tiene para nosotros. ¿Sabes una cosa? No saldrías de la iglesia, estaría de rodillas diciéndole al Señor: muéstrame más, porque lo que veo Señor es tan grande que no lo puedo creer.

 

Lo que veo Señor no tiene una medida, las cosas grandes que tú has hecho como los cielos, como la tierra, la plenitud que hay en ella, no la puedo alcanzar a contemplar. ¿Tan grandes son las cosas que tienes para mí? Y ¿qué crees que dice Dios? Sí, tan grandes son. Pero ¿cuándo me las darás Señor, si aun no encuentro trabajo? Cuando me las vas a dar Señor, si aun no traigo un peso en mi bolsa. ¿Cuándo me las vas a dar hermoso Dios? Si aun me siento desesperado, triste afligido. Porque yo en la visión que me permites ver yo veo unas cosas maravillosas, ¿cuándo? Dice el Señor: cuando te detengas un momento y en tu clamor me busques, hallarás lo que tengo para ti.

 

Eso es lo que Dio quiere, no solamente que clamemos a Él, sino que también esperemos su respuesta. Porque eso es lo que Él quiere, mostrarnos esas cosas grandes y ocultas. Se lo dijo a Jeremías. Jeremías, que el pueblo clame, que el pueblo se arrepienta, que el pueblo busque mi camino, que el pueblo busque mi rostro. Yo les responderé a medida que ellos lo hagan, les voy a enseñar esas cosas grandes pero esta profecía no fue nada más para aquellos tiempos, esa profecía es para hoy en día en nuestra vida, para hoy en día. Porque el Señor quiere mostrarnos su voluntad.

 

Efesios 1:9-11 Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.

 

Versículos 17-18 Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.

 

Tenemos que ir más allá de lo que hemos aprendido hasta el día de hoy. Es necesario mantener una relación estrecha e íntima con el Espíritu Santo. No es lo mismo relacionarnos con el Espíritu Santo que tener una intimidad con el Espíritu Santo, no es lo mismo. Tú te puedes relacionar todos los días con el Espíritu de Dios, todos los días tú puedes ir hablando con Dios, sentir su presencia, y lo puedes hacer delante de tu familia, delante de tus hijos, pero la intimidad con Dios se hace en lo privado, en tu recamara, con la puerta cerrada y ahí, el Padre que mira en lo secreto te recompensará en lo público.

 

Y mira qué dice el Señor: desde los tiempos antiguos se manifiesta a través de sus profetas, y se manifiesta el Dios todopoderoso. Viene el cumplimiento de la profecía, Jesucristo. Y Jesucristo se presenta aquí como el Hijo de Dios. Y después Jesús parte y dice: no se vayan de Jerusalén, esperen la promesa de mi Padre, yo os enviaré el Espíritu de Dios. ¿Quién se quedó con nosotros? El Espíritu Santo. ¿Qué relación tengo con el Espíritu Santo? Porque ahí es donde tiene que encontrar nuestro corazón la revelación, a través del Espíritu Santo, es el Espíritu de Dios con tu espíritu, con tu corazón; es ahí a donde tenemos que buscar.


Porque él mismo dijo: Yo os enviaré al fiel consolador, yo os enviaré la promesa del Padre, el Espíritu Santo que está en vosotros, el cual cuando entramos en nuestra recámara a solas con él, podemos tener algo íntimo con el Espíritu. Y entonces el Espíritu nos revelará las cosas ocultas y grandes que hay en el corazón de Dios, que quiere entregarnos a nosotros. Eso es lo que Dios quiere.

 

Mateo 6:6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

 

¿Qué es lo que mira el Señor? ¿Qué es lo que mira el Padre? Dice la Escritura: Tu Padre que ve en lo secreto y en lo íntimo de tu corazón, en lo profundo de tu corazón. Ahí es donde el Señor ve, y es donde nosotros debemos mantener una relación estrecha con el Espíritu Santo. Yo les decía: nosotros somos la esposa de Jesús, él es el esposo, y un matrimonio debe tener una relación muy personal, muy íntima. Se pueden relacionar entre sí el matrimonio estando los hijos presentes, se pueden relacionar, pero intimidad no; cuando se intima el matrimonio, se saca a los hijos de la habitación y se cierra la puerta.

 

El esposo Jesús, la esposa la Iglesia, necesitamos tener una intimidad en el espíritu, cerrando la puerta de nuestra habitación para tener esa relación. Y yo hablo de intimidad como algo personal, algo privado, algo que está dentro de tu corazón, en lo íntimo; a eso se refiere la intimidad con el Espíritu Santo. Y lo que Dios quiere es eso, que nos relacionemos con Él, sí, pero que también entremos en tiempos de intimidad con el Señor, cerrando nuestra puerta a solas con Él.

 

A través de la intimida con el Espíritu de Dios, el Señor nos podrá revelar las cosas que no entendemos y que aun no sabemos. El Espíritu santo nos enseña, nos alimenta y nos sacia nuestra sed.

 

Nehemías 9:20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.

 

Dice la Escritura: enviaste tu Espíritu para enseñarles. Y el Señor dice: y yo te responderé y te enseñaré. ¿Cómo nos va a enseñar el Señor? A través del Espíritu Santo, de esa manera. ¿Para qué nos sirve tener una relación con el Espíritu Santo? Porque el Espíritu Santo nos guía a toda verdad, y revela lo que ha de venir.

 

Juan 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

 

El Espíritu Santo nos revela las cosas que han de venir. A veces queremos saber cosas de la Palabra, a veces hay personas que han preguntado: oye, ustedes que leen la Biblia, ¿qué dice de estos tiempos que estamos viviendo? Que se levantarán falsos Cristos, falsos profetas, falsas doctrinas, falsas enseñanzas; pero ¿cómo vamos  a saber nosotros todo ello? A través del Espíritu Santo.

 

Por eso es importante que tengamos una relación e intimidad con el Espíritu Santo, para que él nos enseñe, para que él nos revele las cosas que han de venir. El Señor nos revela a través de su Espíritu Santo el ministerio al que fuimos llamados. Yo te dije en un principio, ¿tú sabías que estás aquí no para ocupar solo una silla? Si alguien te dijo que solamente estás aquí para ocupar una silla, ¡está equivocado! Tú estás aquí para ejercer un ministerio poderoso, porque el Señor no hace nada a medias. Y si el Señor te da un ministerio lo va a ser poderoso. Por eso el Señor te llamó, Él te va a revelar ese ministerio.

 

Hechos 13:2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

 

El Espíritu Santo reveló a Bernabé y  Saulo, iban a ser llamados para un propósito. Y Él se manifiesta y les dice qué es lo que han de hacer. Si hoy en día tú todavía no sabes el ministerio que debes de ejercer para el Señor, es porque aun necesitas meterte más tiempos con el Espíritu Santo en tu habitación, y que él te revele lo que tienes que hacer. No te quedes solamente con: “el que fui llamado”. Ve más allá, hacia los escogidos. ¿Para qué fuiste escogido? Para entrar al reino de los cielos. ¡Sí, amén! Pero también fuiste llamado y escogido para ejercer un ministerio en esta tierra. Y si aun no lo sabes, es porque todavía te falta meterte con el Espíritu Santo para que él te revele para qué fuiste llamado tú.

 

Para que el Señor te pueda decir qué es lo que tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer. No con tus fuerzas, sino con su Espíritu, no con sus palabras, sino con las Palabras de Dios. No con tus fuerzas, sino con las fuerzas del Señor, y Él te va a revelar. Y debes de buscar, porque está pasando el tiempo hermano, no puede pasar este 2010 y que todavía no sepas cuál es el llamado que Dios ha hecho a tu vida. Y yo espero que cuando termine este año, o a la brevedad, ya lo sepas, y ya le digas: Señor, yo estoy aquí, tú me pusiste en este lugar.

 

Hay personas que todavía pasado el tiempo dicen: Yo creo que mejor voy a buscar en otro lado, seguramente Dios quiere que yo haga algo en otra iglesia. Si no hiciste nada en ésta, seguramente no vas a hacer nada en ninguna. Sinceramente, y si el ministerio al cual Dios te llamó todavía no lo conoces, seguramente vas a seguir dando patadas de ahogado si quieres edificar otras casas y no has edificado la tuya. Porque no buscamos la revelación de parte de Dios. Hay personas que dicen: es que yo ya no sé ni quién soy.

 

Pues si tú mismo te desconoces, los demás también. ¿Quién soy? Por ahí decía un hermano: Señor yo te doy gracias, porque yo sé lo que soy en ti. Hay una relación estrecha, y ese hermano tiene una relación estrecha con el Espíritu Santo, y la sigue teniendo, eso espero. Pero qué bien poder decir: Señor yo sé lo que soy en ti. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí. Eso lo dijo Pablo. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí. Sé lo que Dios quiere para mi vida, Él me lo ha revelado. Busquemos de Él porque Él nos va a revelar el ministerio al que fuimos llamados.

 

El Espíritu Santo nos da testimonio de Jesucristo. Juan 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Esto dijo Jesús, y esto lo sigue diciendo de Jesús. El Espíritu Santo sigue dando testimonio de Jesús. Y no podemos hoy en día decir: es que aun no conozco a Jesús. Lo recibí como mi Señor y Salvador, pero todavía no le conozco. Necesitas intimar con el Espíritu Santo para que Él te revele quién es Jesús, qué hizo Jesús.

 

El poder de Dios, cada uno de nosotros somos instrumentos de parte de Dios, y cuando el Señor nos dice que nos manifiesta quién es Jesús a través de su Espíritu Santo, él te va a mostrar todas las cosas que Jesús hizo en esta tierra, ¿para qué crees? Para que tú también las hagas mi amado. Porque el mismo Espíritu Santo que estuvo en Jesús, que estuvo trabajando durante ese tiempo en Jesús, para hacer todas esas señales, prodigios, esos milagros, es el mismo Espíritu Santo que hoy en día está aquí con nosotros.

 

Es el mismo Espíritu Santo que hoy nos revela lo que Jesús es, lo que Jesús hizo y lo que Jesús sigue haciendo. Y eso que hemos aprendido de Él, lo tenemos que ejercer en esta tierra. Por eso necesitamos buscar la revelación de parte de Dios, a través de su Espíritu Santo y nos acerque a Jesús, nos enseñe quién es Jesús para que tengamos un crecimiento.

 

Dice la escritura que también nos permite reconocer el espíritu de error.


1 Juan 4:6 Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

 

Y esta es una revelación que Dios nos da para reconocer quién es de Dios y quién no es de Dios. Y no todo el que dice Señor, Señor… Porque muchas veces pudieras ser confundido, y muchas personas siendo cristianas con mucho tiempo en el evangelio, han sido confundidos y se han apartado del evangelio para seguir otras falsas enseñanzas, están siguiendo el espíritu del error, porque no han buscado de Dios para que les revele que eso no proviene de Dios.

 

Ah, es que acá hay una persona carismática. Acá hay una persona que cómo está ungido, y es una persona carismática. Y lo siguen, y no es así. ¡Cuidado! ¿Cómo lo sabré Señor, si también danzan, también cantan, también oran y sanan? ¿Cómo lo sé? No todo el que me diga Señor, Señor. Métete en lo íntimo del corazón de Dios, y Él te va a revelar. Esta pregunta que tú me haces, pregúntasela a Dios, y él te la va a contestar, y te va a hacer sentir en tu espíritu que lo que esas personas practican no proviene de Dios, que son falsas enseñanzas. Y lo que Dios quiere es que vayamos cada día más buscando su plenitud, su poder, su presencia, su unción.


Creo que es un buen tiempo porque Dios ha estado hablando a nuestra vida. Es buen tiempo para buscarle, buscarle, buscarle con todo nuestro corazón, con todo nuestro anhelo. Cuando tú puedas en tu corazón sentir esa presencia de Dios, cuando tú comiences a decir: ah caray, estoy diciendo palabras que ni yo mismo había pensado de la Biblia. Estoy diciendo versículos que ni yo mismo me sabía, estoy hablando palabras que incluso la gente dice: oye, ya no eres el mismo, hablas diferente, te conduces diferente, déjame decirte que es el tiempo que tú estás creciendo en el Espíritu.

 

Todos has escuchado eso de parte de las personas, cuando dicen: es que este hombre o esta mujer tiene algo diferente. Es que ese hombre cuando se acerca y habla a mi vida, me transmite tanta paz que yo la puedo sentir. Dale gloria a Dios porque estás creciendo en el Espíritu. Cuando tú oras por un enfermo y ese enfermo sane, dale gloria a Dios porque estás creciendo en el Espíritu. Cuando tú sientas la plenitud en tu corazón a pesar de que tengas aflicción, a pesar de que tengas conflictos y tú sientes en tu corazón gozo, dale gloria a Dios porque estás creciendo en el Espíritu.

 

Lo que Dios quiere hacer es que tú y yo vayamos hacia un crecimiento cada día más grande. Que clamemos a Dios, que escuchemos su voz y que esperemos su respuesta. Clama a mí, dice el Señor, y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces, pero que estás por conocer, que estás por saber, que estás por aprender, porque el Señor quiere mostrártelas.

 

Amado hermano, yo quiero hacerte una pregunta y que tú la respondas en tu corazón: ¿Qué es lo que estorba en tu vida? El Espíritu está dispuesto, el Espíritu anhela a Dios.  El Espíritu de nosotros anhela la presencia de Dios, y Él desea que tú le busques. Él dice: clama a mí, y yo mismo, el Dios de las alturas, el Dios todopoderoso nos va a responder. Pero no solamente nos va a responder sino que también nos va a enseñar todas las cosas maravillosas que tiene para nosotros.

 

¿Por qué razón hasta hoy en día, no las hemos aprendido? ¿Por qué razón hasta hoy en día, no las conocemos? Seguramente hay algo que está impidiendo que tú vayas en la búsqueda de esa plenitud. Mira, te voy a decir rápidamente de algunos distractores que están evitando que tú encuentres esas grandes cosas que Dios quiere mostrarte. Los problemas en casa pueden ser uno. En el momento que llegas con la mejor disposición para orar, es cuando el esposo, la esposa, los hijos están en conflicto, porque el enemigo está oponiéndose a que tú entres a esa intimidad con Dios.

 

Tal vez tu programa favorito o la telenovela; tal vez la cena, porque tú no llegues a cenar a tu casa, y como ya has cenado y ya estás cansado quieres descansar. O tal vez porque el problema te aflige de tal manera que ya no te salen palabras. David dijo: en mi angustia clamé a Jehová; pero también puedo entender en esta condición de hombre, que cuando estamos en angustia nos es difícil llamar, porque no podemos, nuestras fuerzas se agotan, nos sentimos deprimidos, afligidos y ya no salen palabras.

 

Pero también Dios lo sabe porque él mismo conoce lo que es la angustia, la tristeza. Y tal vez se te pudiera ir esa noche en llorar y llorar sin decir una sola palabra. Pero ¿sabías también que clamar a Dios significa quebranto? Y si tú te quebrantas en tu corazón a solas reconociendo a Dios, Él escuchará tu clamor, porque tu quebranto, Él mira lo profundo del corazón y Él ha mirado en lo profundo de tu corazón y se dará cuenta que ahí hay un conflicto que está impidiendo que Él te revele cosas grandes y ocultas.

 

No pares de llorar si estás en esa condición, y clama a Él en ese llanto y dile: solamente te pido algo mi Señor, que a través de este dolor tú me enseñes. Si es necesario pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Pero hoy enséñame porque en este tiempo y en este dolor que voy a pasar voy a aprender. Dame mansedumbre y humildad para reconocer, aprender de ti. A medida que tú lo ejercites, te irás dando cuenta que el fluir del Espíritu Santo será mayor en tu vida.

 

Quita de ti todo distractor, quita de ti todo aquello que te está impidiendo tener una relación más íntima con el Espíritu Santo. Si tú deseas en tu corazón que la plenitud de su presencia, y es el anhelo de tu corazón decirle a Jesús: Espíritu Santo por favor muéstrame esas cosas que tienes para mí. Sólo dile cuánto le anhelas, haz un compromiso con Él de buscarlo todos los días. Las cosas grandes y ocultas que Dios tiene para tu vida son personales, son para ti. Y Él quiere revelártelas, aun la condición en la que te encuentras, Él te puede revelar por qué razón te encuentras en esa situación. Y si estás pasando por un tiempo difícil, Él te puede mostrar la salida si tú le buscas.


Que la plenitud y la guianza del Espíritu Santo sea en esta hora llenando tu vida. Padre, clamo a ti en esta hora como lo dice tu Palabra, sabiendo que tú responderás oh Dios, porque tú eres un Dios de pactos y yo declaro esta palabra: que tú responderás en esta hora, y nos revelarás las cosas grandes y ocultas que tienes para cada uno de nosotros. Los anhelos de tu corazón muéstraselos a este tu pueblo en esta hora, y declaro la plenitud de tu Espíritu Santo sobre cada uno de mis hermanos en esta congregación.

 

En el nombre de Jesús te damos gracias por tu palabra en esta hora. Bendecimos tu nombre y te exaltamos y te damos la gloria y la honra. Que esta enseñanza quede grabada en el corazón para llevarla por obra, porque yo sé que tú enseñarás a nuestra vida aquellos planes que tienes especiales para cada uno de nosotros en lo particular, en lo personal. En el nombre de Jesús bendigo a cada uno de mis hermanos, y para ti la gloria y la honra. Amén.

   

Dios los bendiga.