INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SEÑOR Y CRISTO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

Hechos 2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 

 

Conocemos el contexto de esta Escritura, dice la Palabra que estaban en el aposento alto 120 personas esperando la manifestación del Espíritu Santo. Estaban esperando, dice, la venida del Espíritu Santo la cual era una promesa de parte de nuestro Señor Jesús. Antes de ascender a los cielos, Jesucristo se manifestó, se presentó con sus discípulos, estuvo con ellos y ya al ascender a los cielos, les dijo que esperaran unidos la promesa de la venida del Espíritu de Dios.


Es por ello que 120 hombres y mujeres, todos discípulos de Jesús, estaban congregados en el aposento alto, orando, clamando. Estaban en una misma mente, en un mismo sentir, en un mismo corazón. Estaban ahí esperando que Dios manifestara su promesa, que descendiera el Espíritu Santo como lo había establecido el Señor.

 

Era un tiempo en el cual aun había una persecución tremenda en contra de los seguidores de Cristo, en contra de los cristianos, aunque todavía no se les llamaba cristianos, había persecución por parte de los judíos. Los judíos perseguían a todos los seguidores de Jesús, a todos aquellos que hablaban del Señor, a aquellos que los habían visto con Jesús, y era una situación bastante difícil.

 

Viene, desciende el Espíritu Santo, se manifiesta con poder en los 120 que ahí están, esos 120 reciben lenguas de inmediato, lenguas angélicas, lenguas espirituales; empiezan a hablar en lenguas pero también se manifiesta el Señor con tal poder que aquellos que estaban hablando en lenguas, también hablan  en otros idiomas en ese momento para el fin específico que Dios tenía.

 

Y entonces ellos levantan su voz y hay un momento en el cual todos los que están ahí presentes en Jerusalén, todos los que habían ido a Jerusalén; recuerden que se iba a celebrar la Fiesta de las Primicias, el Shavuot, estaban ahí. Habían venido de todos los lugares de acuerdo a lo que dice la Palabra, a lo que nuestro Señor mandó.

 

Vienen hasta este lugar y empiezan a escuchar lo que está ocurriendo, empiezan a oír esas lenguas que empezaron a entender muchos, y entonces se empezaron a maravillar. Pero lo primero que dijeron los judíos es: éstos están bebidos, están tomados. O sea, qué actitud tan extraña tienen, cómo hablar todos en diferentes idiomas, están mal, qué les pasa. Y entonces Pedro se levanta de entre todos los que estaban ahí y empieza a hablar la Palabra.


Y dentro de lo que el apóstol Pedro dice, es precisamente que era una promesa de Dios a través del profeta Joel. Que Joel profetizó que en los postreros tiempos Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne, y que ese era precisamente el cumplimiento de esta promesa de Dios: La venida del Espíritu Santo.


Y empiezan todos ellos a clamar, a orar, y entonces sucede algo muy impactante, esa gran manifestación que se da de lenguas en esos 120, alcanza a ser escuchada por todos los que ahí están, varios miles de personas. Quién sabe cuántos miles habría que de todos ellos 3 mil varones aceptaron a nuestro Señor Jesús en ese momento.  Y dentro de lo que está hablando de la venida del Espíritu Santo, Pedro dice: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

 

Y en este versículo nosotros podemos advertir 3 cosas que son de suma importancia:

 

 

1.- Lo que debemos saber acerca de Jesús. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel.

 

2.- Los israelitas lo crucificaron. Este Jesús a quien vosotros crucificasteis,

 

3.- El lugar que Dios le dio. Dios le ha hecho Señor y Cristo. 

 

Tres aspectos bien importantes. A mí me llama mucho la atención que de acuerdo a censos realizados a nivel mundial, existen alrededor de 1,500 millones de habitantes que se consideran cristianos. Es decir, en todo el mundo aproximadamente la cuarta parte de la población se dice cristiana, o sea, cree en Jesús. Sin embargo, de esta cantidad de 1,500 millones de habitantes, un alto porcentaje de ellos no sabe realmente por qué son cristianos, ni siquiera lo que significa recibir a Jesús en su corazón, y mucho menos saben que Jesús es Señor y Salvador. Y por lo tanto, no saben que Dios le hizo a Jesús Señor y Cristo.

 

Y esto verdaderamente es impactante, y nosotros lo podemos ver en mucha gente que se dice cristiana y sin embargo adora a otras cosas que no son Cristo. Hay una religión que se dice cristiano y que no adora a Cristo. Otra religión que se dice cristiano y está basada toda en el Antiguo Testamento. Otra religión que se dicen cristiana y siguen nada más algunos aspectos del Antiguo Testamento, de los mandamientos de Dios. Entonces, pues realmente no son cristianos.

 

Y yo puedo advertir que lo que dijo aquí el apóstol Pedro, pues es algo que la gente desconoce. Y muchas ocasiones nosotros aun también no tenemos una claridad que nuestro Señor Jesucristo sea Señor y Cristo, y que precisamente Dios lo hizo, lo hizo así. Y es necesario que lo entendamos de una manera plena por una razón: Porque estamos viviendo los tiempos postreros, y se está cumpliendo lo que dijo el apóstol Pedro, que a su vez dijo el profeta Joel.

 

Que en estos tiempos: derramaría el Espíritu Santo sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Entonces, está hablando de toda una manifestación fuerte del Espíritu Santo. Y para que esa manifestación se dé en medio nuestro, nosotros necesitamos tener un pleno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo para que él precisamente se manifieste.

 

Y aun para que nosotros también, como al principio del culto moderaba nuestro hermano Fernando, pues compartamos la Palabra, es algo que el Señor estableció; nuestro Señor Jesucristo dijo: id, id y predicar a todas las naciones las buenas nuevas de salvación. Y entonces es algo que nuestro Señor nos dejó establecido y que nosotros tenemos que cumplir, tenemos que hacer una labor evangelística. No podemos dejarla de hacer. De gracia recibimos, tenemos que dar de gracia.

 

Por gracia de Dios nosotros somos salvos y tenemos bendición, esa gracia que nosotros recibimos la tenemos que extender a los demás, para que también alcancen salvación y reciban bendición. No podemos cortar esta cadena que viene desde nuestro Señor Jesucristo; si alguien hubiera cortado la cadena y no hubiera compartido, no hubiera predicado las buenas nuevas de salvación, amados hermanos, ahorita no estaríamos aquí, no tendríamos nosotros ninguna posibilidad, ninguna oportunidad de vivir por la eternidad en la presencia de Dios.


Pero gracias a cristianos que doblaron sus rodillas, que nos antecedieron, y aun muchos que están presentes, que viven todavía, nosotros recibimos la palabra de Dios y alcanzamos salvación. Por lo tanto, nosotros no podemos cerrar nuestros oídos a un llamado de parte de Dios para evangelizar. Y aquí el punto número 1.

 

1.- Lo que debemos saber acerca de Jesús.

 

El mensaje del apóstol Pedro estaba dirigido como dice, a toda la casa de Israel, a todos ellos. Cuando el apóstol Pedro se levanta y habla, y habla de todo lo que decía el profeta Joel, eran aspectos que toda la casa de Israel conocía. Y entonces él lo dice con toda claridad: este mensaje está dirigido a toda la casa de Israel. Pero nosotros sabemos que sucedió algo, por causa de que los israelitas no aceptaron a Cristo Jesús como el Mesías, por causa de ellos, como a ellos no les interesó la salvación, entonces la salvación se extendió a los gentiles.

 

¿Quiénes son los gentiles? Somos todos aquellos que no somos judíos. Entonces vemos que la mano de Dios, su misericordia, se extiende a toda la humanidad, y ahora toda la humanidad gracias a que los israelitas no aceptaron a Jesús, nosotros estamos en la posibilidad de recibir a Jesús, nos fue predicado, y ¡gloria a Dios! Yo le doy gracias a Dios porque nuestro Padre se complace en recibirnos a nosotros como hijos.

 

Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre (es decir, todos nosotros y otros hermanos en Cristo que están en todo el mundo), les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

 

Tenemos esta potestad por haber recibido a Jesucristo nuestro Señor, a nosotros se nos ha dado la potestad de llamarnos hijos de Dios. Una persona que no ha recibido a Cristo Jesús, no es, no es hijo de Dios. Aunque por ahí digan: es que toda la humanidad somos hijos de Dios. ¡No es cierto, la Palabra es clara! Y aunque sea drástico y se oiga violento, no somos todos hijos de Dios. Se oye fuerte pero así es.

 

¿Quiénes somos hijos de Dios? Los que recibimos al Señor Jesús, no hay más. Ah, es que él nació en una religión, él nació en la religión católica. Mientras no reciba a Cristo Jesús, no es hijo de Dios, no lo es. La persona tiene que ser instruida desde niño, para que en su momento reciba a Jesús. No reconocieron los padres, pues en algún momento de su vida la persona recibe las buenas nuevas de salvación y alcanza salvación, como fue mi caso.

 

Yo creía como dice la gente, aunque no creía en Dios, yo creía que todos éramos hijos de Dios. Después cuando recibí al Señor Jesús, dije: bueno, pues entonces los que recibimos a Jesús somos hijos de Dios, y todos los demás ¿qué son? Ah bueno, pues son… Y se le busca algo bonito ¿no? Creación de Dios. ¡NO! Dios creó a Adán y a Eva, entonces tampoco los demás son creación de Dios.

 

Yo antes de recibir al Señor Jesús, yo no era creación de Dios. Dios, y entendámoslo, en su gran sabiduría y en su inmenso poder, cuando crea al hombre y a la mujer, es como si le diera cuerda a una maquinita perfecta, y la pone a funcionar. Y esa maquinita va a hacer lo que tiene que hacer, y se va a reproducir, y así es toda la creación, se reproduce y es una reproducción perfecta la que existe, y aun es tan perfecto, tan perfecto que hay la misma cantidad de hombres y de mujeres a nivel mundial, y aun en este país.

 

Es falso, esos falsos machistas que dicen: Nos tocan de a siete mujeres. ¡Eso es falso! ¡No es cierto!  Es la misma cantidad de hombres y de mujeres. Y ahora en la actualidad y con todos los cambios que ha habido, según esto ya aumentó. Entonces ya dicen: bueno, es que me tocan como de a nueve mujeres y un gay. ¡No, no es cierto eso! ¡Eso es falso, eso es mentira! No es así la repartición. Hay la misma cantidad de hombres que de mujeres, Dios mantiene un equilibrio.

 

Dios no está al pendiente como muchos creen, de cada uno de los nacimientos, discúlpenme, ¡no es así! Dios en su gran poder creó el óvulo, creó el espermatozoide y cuando hay la unión de éstos, hay un hijo, no hay más. Es por ello que muchas ocasiones una persona soltera cuando tiene relaciones sexuales, y está en sus días fértiles, se embaraza aunque no sea la voluntad de Dios. No nos podemos engañar diciendo: Ah, es que está embarazada porque es voluntad de Dios. No, porque hay pecado. Entonces debemos tener mucho cuidado en el manejo de las cosas. Dios hizo a la creación, efectivamente, Dios puso su voluntad y le dijo a la creación cómo se iba a reproducir. Y gloria a Dios, así es.

 

 Juan 1:13 Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 

Es decir, los hijos de Dios, nosotros, que hemos recibido a Cristo Jesús en nuestro corazón, somos hijos de Dios porque Dios así lo dispuso, así estuvo en su voluntad, así estuvo en su corazón, no hay más. Por lo tanto, yo le doy gracias a Dios porque eso que no aceptaron los israelitas, nosotros estuvimos en la posibilidad, y tuvimos la oportunidad y la gran bendición de decir: yo sí lo quiero, y yo sí creo en Jesús como Salvador y Señor.

 

El tema del mensaje de Pedro, cuando nosotros lo leemos en Hechos 2, pues es muy claro, y señala que el hombre se apartó de Dios, se apartó de su Creador, ¿para qué? Para cometer toda clase de pecado y de impurezas. Nosotros miramos a nuestro alrededor y vemos que esto sigue siendo así. La humanidad vive, vive fuera de la voluntad de Dios, y por lo tanto vive en pecado.

 

Y por su pecado el hombre es apartado de la presencia de Dios, y vive en una muerte espiritual, no hay más. Hasta que la persona se arrepiente de su pecado y viene a Cristo Jesús, entonces sale de esa condición y adquiere vida, espiritualmente hablando, porque en ese momento se restablece su comunión con Dios, y está en la posibilidad de estar en la presencia de Dios. En ese momento la persona tiene vida.

 

Romanos 3:23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

 

Esto sucedió, la humanidad pecó y la humanidad fue rechazada por Dios. No puede haber una persona pecadora en la presencia de Dios. Para que, lo sabemos, el hombre pudiera tener de nuevo comunión, relación con Dios, estar en su presencia, era necesario que nuestro señor Jesucristo viniera. ¿A qué vino nuestro Señor Jesús? Dice la Palabra: Vino a rescatar lo que se había perdido. La humanidad se perdió y vino a rescatarla para volverla a traer al Altísimo. Eso fue lo que hizo Jesús.

 

¿Cómo lo hizo? Dice la Escritura que dio su vida por rescate, dio su vida por rescate por muchos, por toda la humanidad. Él fue el holocausto perfecto, el Cordero Santo. Y solamente a través de este sacrificio, a través de este holocausto nosotros estamos en la posibilidad, y la humanidad entera, de estar en la presencia de Dios.

 

Filipenses 2:5-7 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.

 

Es decir, nosotros sabemos que Jesucristo es la segunda persona de la Trinidad, él es Dios, sin embargo, no se aferró a su condición sino que, por amor, por misericordia a la humanidad, él descendió a la Tierra, él vino, se hizo hombre, estuvo en condición de hombre; no estuvo en su condición de Dios, y entonces como hombre, como tú, como yo, caminó. Pero él fue perfecto delante de Dios, en él no hubo pecado.


Dice la palabra del Señor, que fue un siervo que vino a servir al hombre. Jesucristo mismo dijo: yo no vine a ser servido, yo vine  a servir a los demás. A dar mi vida por los demás, a dar mi vida por rescate. Y entonces, nuestro Señor Jesucristo paga un precio por nosotros, paga un altísimo precio: muerte de cruz. La muerte más humillante que podía haber, la muerte más humillante que ha existido en toda la historia.

 

Filipenses 2:8 Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

 

Él obedeció al Padre, él hizo la voluntad de Dios para que nosotros alcanzáramos salvación. Él muere, y nosotros aceptando y tomando su sacrifico, tenemos vida, y la tenemos en abundancia. Y estamos hoy en la posibilidad de estar en la presencia de Dios. Cuando nosotros oramos sabemos que en este momento estamos en la presencia de Dios, y también que nosotros iremos a la presencia de Dios, a su Reino a vivir por toda la eternidad. Vamos a vivir con Él para siempre.

 

Colosenses 2:13-15 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

 

Es decir, nosotros, insisto, estábamos muertos por nuestros pecados. ¿Qué significa estar muerto? Significa estar separado de la presencia de Dios; esa es la muerte. Una persona está muerta cuando está espiritualmente separada de Dios, cuando no tiene relación con Dios. Y la única forma de tener relación con Dios es recibiendo a Cristo Jesús. Esto es lo que el apóstol Pedro le estaba diciendo a los israelitas.

 

Lo que ustedes tienen que saber. Les dice: Ciertísimamente  sepa toda la casa de Israel. Son cosas que nosotros tenemos que conocer, tenemos que saber, para que nosotros no nos desubiquemos en ningún momento. Que si estamos en la presencia de Dios, que si tenemos bendición de Dios, que tenemos vida eterna; esto no es por méritos propios, esto es gracias a Cristo Jesús. Fue por su obediencia, por su amor, por su entrega, por aun, yo le llamo, por la pasión de él, para que la humanidad esté en la presencia de Dios por la eternidad.

 

Él no quiere que la humanidad se pierda, no quiere Cristo Jesús que la humanidad viva apartada de Dios; por ello viene y muere, y anula todos los decretos que había y toda la maldición que había entrado a la Tierra con el pecado, por el pecado de Adán y de Eva, entonces Cristo Jesús viene y anula el decreto y da una esperanza a la humanidad. Y le dice: vas a poder estar en la presencia de Dios. Y él es crucificado y triunfa sobre ellos en la cruz, porque es un holocausto grato, aceptable delante de Dios.

 

Nosotros al creer esto, al aceptar esta verdad a través de nuestra fe; recuerda la fe viene por el oír la palabra de Dios, es que nosotros podemos salir y podemos ya no estar con la, dice la Biblia, con la perversa generación; esa perversa generación que está en el mundo, ya no estamos nosotros con ellos, ellos están aparte.

 

Nosotros necesitamos saber todo esto, y es algo prioritario en nuestra vida, porque Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32)Libres de todo pecado. Conoceréis la verdad. Nosotros conocemos la verdad, conocemos todo esto, y esto nos lleva a la salvación, nos lleva a la vida eterna. Yo entiendo que todos nosotros (todos ustedes) conocemos estas verdades espirituales, pero es necesario fortalecerlas, porque necesitamos compartirlas.

 

Así como lo dijo Pedro. Pedro cuando se levantó no pensó en lo que él sabía, no pensó en lo que él conocía, ni pensó en lo que conocían los 120 que estaban con él. Él pensó en esas multitudes que estaban fuera.

 

2.- Los israelitas lo crucificaron.

 

Pero, ¿por qué tenía que suceder, por qué razón?

 

Isaías 53:4-6 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

 

Cuando yo miro este capítulo de Isaías, a mí me llena de una serie de sentimientos tremendos, y me hace ver hacia mi interior. Qué es lo que nosotros realmente éramos, cuál fue la magnitud del compromiso y del sacrificio que Cristo Jesús hizo por nosotros; qué hizo de una manera particular, personal por mí, por ti, ubícalo.

 

Dice la Escritura que él llevó nuestras enfermedades. No dice que llevó las de algunos, o que llevó solamente ciertas enfermedades. Dice la Escritura que él llevó todas nuestras enfermedades; es decir, en otras palabras: nosotros no tenemos porqué estar enfermos. Así de fácil. No tiene que haber enfermedad en nosotros.

 

Él sufrió nuestros dolores. ¿Por qué entonces tenemos dolores? ¿Qué es lo que está sucediendo? Si él lleva nuestras enfermedades y él lleva nuestros dolores, entonces, yo ya no los tengo, él ya me los quitó. Es como si tú vienes cargando un objeto muy pesado y te ve una persona, se acerca a ti y te dice: yo lo llevo. Y te lo quita. Al quitarlo, tú eres liberado de eso, ya no estás cargando más con eso, ahora lo está llevando otra persona, en este caso, nuestras enfermedades, nuestros dolores los está llevando Jesucristo.

 

Pero nosotros fallamos o nuestra fe es tan pequeña, y tenemos una incredulidad tan grande que seguimos con enfermedades y con dolores. Es que me duele aquí, me duele acá, me duele por acá. Estoy enfermo de esto, y ahora ya estoy enfermo de lo otro. Y es que ya por la edad ya me enfermé también de esto otro. Perdón, la palabra de Dios nos establece que él llevó nuestras enfermedades sin importar la edad.

 

No dice: yo llevé las enfermedades de los jóvenes, y los viejos van a seguir teniendo sus propias enfermedades por la edad, como consecuencia de su edad y como un deterioro propio de su organismo, de su cuerpo, se van a seguir enfermando. ¡No lo dice la Escritura! La Escritura nos marca que Cristo Jesús llevó enfermedades y dolores.

 

Y dice que él aun fue herido por nuestras rebeliones. Nosotros conocemos el proceso que tuvo que pasar hasta llegar a la cruz, desde que fue detenido hasta que fue crucificado. Y en verdad fue molido, fue herido por nuestras rebeliones. Y dice molido por nuestros pecados. Todo lo que él sufrió, todo lo que él padeció, fue por causa nuestra, fue por nosotros. Él, dice la Escritura, era perfecto, en él había una absoluta santidad. En él no existía el pecado. Sin embargo, al tomar nuestro pecado y ponerlo sobre sí, él se hizo pecador.


Al hacerse el pecador, a nosotros nos libra del pecado, lo quita, por lo tanto, yo soy perdonado de mi pecado porque él lo está llevando. No se condonó, no es como dicen luego cuando nosotros no cumplimos con algo con las autoridades, con algún pago. Se llega la fecha límite de pago, no pagamos por la razón que sea, y entonces dice el Gobierno: está bien, a partir de este momento te voy a dar una prórroga y te voy a condonar los intereses, es decir, no te los voy a cobrar, no vas a pagar intereses, los quito.


Sin embargo aquí Dios no quitó, no condonó nuestro pecado, lo tuvo que pagar Jesús. Es como si alguien a la hora que vas a pagar, llegas a la ventanilla y te dicen: usted tiene que pagar tanto a capital, tanto de intereses, tanto de multa, tanto de recargo, pero no va a pagar usted absolutamente nada. Dices; ay, ¿por qué, se está condonando? No, hay una persona que ya lo pagó. No se condonó, ya se pagó. Es decir, que nuestro pecado Jesús pagó por él.

 

Nosotros para pagar por ese pecado teníamos que ir al infierno, Cristo Jesús toma nuestro pecado, él muere por nosotros y él va al infierno y paga, paga y salda la deuda nuestra. ¡Eso hace Jesucristo! ¡Eso lo hace!

 

Y dice: el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Si no existe sanidad en tu vida, si tienes alguna enfermedad, si hay algún padecimiento; lo estás llevando porque quieres. Lo llevamos porque queremos, porque la Palabra establece que por su llaga, esa llaga que a Cristo Jesús le hicieron en la cruz, por esa llaga yo fui sanado. Así de fácil.


Es que me sigo sintiendo mal. Ora y haz válida esta Palabra. Señor, dice tu Palabra que por esa llaga tuya, cuando te traspasaron ahí en el costado, por esa llaga yo alcancé sanidad, no hay más. Y yo hago mía esta Palabra, y yo la creo, y yo la tomo y yo soy sano en tu nombre, no hay más. Ya fui sanado por ti, ya fui curado por ti.


¿Y entonces a qué nos lleva todo esto que dice Isaías? Y yo te pregunto: ¿quién crucificó a Jesucristo? ¿Los romanos, los judíos; quién crucificó a Jesús? Nosotros. Nosotros por nuestro pecado. Por causa de nuestro pecado nosotros llevamos a Jesús a la cruz, no hay más. Yo debo entender que lo que Jesucristo padeció, lo padeció por causa mía. Mi pecado, mi rebelión, mi enfermedad, todo lo que yo soy se lo pasé a él, y yo lo envié a la cruz a ser crucificado.


Si yo no hubiera tenido pecado, si nosotros hubiéramos vivido de acuerdo a la voluntad de Dios, entonces Cristo Jesús no hubiera tenido que ser crucificado. Sin embargo, nosotros vivimos en pecado, fuera de la voluntad de Dios, y por lo tanto Cristo Jesús tiene que morir crucificado. Jesús puso su vida voluntariamente, no fue obligado, nadie lo obligó.

 

Juan 3:16-17 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

 

Y esto es bien simple, y luego también no lo alcanzamos a entender. Cristo Jesús vino por amor. Dios vio nuestra condición y Dios vio que no iba a haber la posibilidad de que nosotros estuviéramos en su presencia, estuviéramos con Él, por lo tanto le dice a su Hijo, a Jesús y lo envía a la Tierra por amor, para redimirnos de todo pecado y para restablecer nuestra comunión.

 

¿Quién tiene vida eterna? Dice la Escritura: todo aquel que cree. Cristo Jesús no vino a condenar a nadie, Jesucristo no condena a nadie. Jesucristo no dice: yo te condeno porque no me recibes. ¡NO! Tú eres un pecador, yo te condeno. ¡NO! No es así. ¿Quién condena a la humanidad para vivir apartado de Dios? ¿Quién le condena? ¿Dios? ¿Jesús? ¿El Espíritu Santo? La Palabra.

 

La Palabra que está escrita donde Dios dice: tienes que hacer esto. Nosotros no lo hacemos, entonces nosotros al no cumplir con la Palabra, la Palabra nos condena. En otras palabras, nosotros mismos nos estamos condenando a una muerte por la eternidad. Jesucristo no vino a condenar a nadie. Si una persona no acepta a Jesús, Jesús no le condena, simplemente esa persona no alcanza salvación, y tenemos que entenderlo.


3.- El lugar que Dios le dio.

 

Dice que Dios hizo a Jesús Señor y Cristo. ¿Qué significa esto? Hay quienes creen que Cristo significa crucificado, y esto es un error. Cristo significa el Ungido de Dios. El nombre completo Jesucristo viene de la palabra hebrea Jeshúa, que significa Jehová salva o Jehová ayuda. Cristo significa el ungido o el Mesías. ¿Qué es el Mesías? Es el Enviado. El Enviado de Dios. Y nuestro Señor Jesucristo al pagar en la cruz, vuelve a ocupar su lugar a la diestra del Padre, y desde ahí gobierna a todas las naciones, y desde ahí las gobernará.

 

Hechos 5:30-31 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.

 

Nosotros vemos que Cristo Jesús obediente a la voluntad del Padre, hace lo que Dios establece, resucita, y entonces regresa con Él y lo sienta a su diestra. Y ahí está sentado a la diestra de Dios intercediendo por todos nosotros, para que Él nos dé bendición; él intercede y gracias a él nosotros tenemos bendición.

 

Romanos 14:9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

 

Jesús es Señor. Dios lo ha hecho Señor porque lo ha puesto por encima de todas las cosas y de todos, de muertos y de vivos. ¿Por qué de muertos? No porque los esté gobernando, sino porque cuando los muertos sean despertados para el juicio o para la resurrección, entonces verán que él es el Señor, que Jesús ha sido el Señor y tendrán que doblar su rodilla delante de él.

 

Quienes no creyeron en Jesús, conforme y la Palabra, serán condenados, y se irán a la perdición eterna. Cristo Jesús es Señor, y fuera de él no hay. Él es el que está por encima de todo y de todos, porque Dios le dio toda la autoridad, y Dios le dio toda la potestad.

 

1 Timoteo 3:16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

 

Todo el proceso que vivió nuestro Señor Jesús, aquí el apóstol Pablo en un versículo se lo expresa a Timoteo, y le dice: todo este proceso que sigue él, por lo cual él es Señor. Insiste el apóstol y siempre está insistiendo en el hecho de que nosotros tenemos que dar a conocer las buenas nuevas de salvación. Que tenemos que predicar y a quien no cree, predicarle a los gentiles sobre la salvación que es en Jesús.

 

¿Por qué? Porque amados hermanos, dice la Escritura que hasta que todo el mundo, todos los habitantes de este planeta hayan escuchado en relación a la salvación, Cristo Jesús vendrá por su pueblo. En tanto haya alguien que no haya escuchado de las buenas nuevas de salvación, Jesús no va a descender, no va a venir.

 

Necesitamos predicar, necesitamos que la gente conozca la salvación que hay en Jesús. Conozca que él es Señor y que Dios mismo, el Altísimo lo hizo Señor y lo hizo Cristo.

 

Filipenses 2:9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

 

Es decir, Dios exalta a su Hijo hasta lo más grande que puede haber, por la obediencia, por el amor, por la sujeción que tiene hacia la voluntad del Padre. Y el nombre que le da a Jesús, está por encima de absolutamente todo nombre de toda la humanidad, de todas las épocas. No hay nadie, nadie en este mundo que su nombre esté por arriba del de Jesús, ¡nadie, nadie!

 

Claro, existe gente soberbia que cree que está por encima, o que cree que Jesús está al igual, o aun otros que creen que hay iluminados que son superiores a Jesús. ¡Están equivocados!  En su soberbia el mundo ha hecho muchas cosas y se ha querido aun igualar a Dios, y ha creado cosas.

 

No sé si ustedes supieron, pero yo supe de una empresa, la cual hizo un refrigerador computarizado, excelente, maravilloso. Era un refrigerador el cual vía internet enviaba a la empresa el estado en el cual se encontraba. Que si estaba funcionándole mal algo, que si no estaba trabajando adecuadamente, que si tenía algún problema, todo se lo enviaba. Gente que llegó a comprar este refrigerador carisísimo, de repente en su casa tocaban y decían: Venimos de la empresa tal porque su refrigerador está fallando.

 

Quíhubole, ¿cómo supo que está fallando? Porque su refrigerador nos lo reportó. ¿Cómo? Vía internet. Ah caray, pues ahí tenía algún chip. Entonces ya lo revisaban y lo arreglaban, Lo curioso es que este refrigerador tenía un número de modelo, pero los fabricantes, la empresa le puso a este refrigerador, el refrigerador dios, porque estaba en la posibilidad, según ellos, de ser autosuficiente, entonces así lo conocían, como el refrigerador dios. Finalmente salió del mercado porque era tan caro que no funcionó. Lo hicieron a un lado.

 

No hay nadie en este mundo que pueda considerarse que está por arriba del nombre de Jesús. Y dice en el versículo 10  Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra. Todo mundo se arrodille y se humille delante de Jesús. Ángeles, humanos, vivos y en su momento, quienes ya murieron.

 

Versículo 11  Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Va a haber un momento en el cual, toda la humanidad, desde la antigüedad hasta la fecha, más de seis mil  millones de habitantes, confesarán a Cristo Jesús como Señor y Salvador. Todos lo confesarán, pero en aquellos días, será tarde para quienes no lo confesaron y no lo aceptaron en su vida, ellos no podrán recibir la vida eterna. Tenemos que entender esto y predicarlo, tenemos que evangelizar, tenemos que decirle a la gente lo que va a ocurrir.

 

1 Corintios 8:6 Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

 

Jesús es Señor, Jesús es el Salvador, no hay nadie más, no hay. Nosotros tenemos que tomar ese lugar que en su momento tomó Pedro, que se levantó y dijo: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel. Nosotros nos tenemos que levantar en el nombre del Señor y decir: conoce, tú conoce lo que es Jesús; y tenemos que predicarlo. Los tiempos se acortan, los tiempos cada día son más breves.

 

Un día el apóstol Pedro, pese a todo lo que él había vivido, pese a su temor, pese a lo que él era, se levantó y se enfrentó a más de tres mil judíos; gente que no quería a los cristianos, y aun gente que estaba persiguiendo a los cristianos, y que a él no le importó, como en alguna ocasión negó a Jesús, y se levantó y dijo: sepan quién es Jesús.

 

Es tiempo de que nosotros hagamos a un lado la apatía. Dios nos está bendiciendo, Dios se está manifestando con gran poder a nuestra vida, y nos está llenando de bendición. Lo que nosotros tenemos que hacer es, dar de gracia lo que hemos recibido de gracia. ¿Qué? La salvación. Hablar de Cristo Jesús, dar a conocer las buenas nuevas de salvación.

 

No esperemos a que Dios haga lo que hizo con los primeros cristianos, que los tuvo que dispersar para que fueran y predicaran a todas las naciones el Evangelio, hagámoslo nosotros y compartamos su Palabra, evangelicemos; no te quedes dormido, predica la palabra del Señor.

 

Bendito Dios y Padre Eterno, en el nombre de Jesús nosotros estamos aquí porque alguien nos compartió de tu Palabra. Estamos aquí porque no una persona sino muchas personas intercedieron por nosotros, y nos hablaron, y fueron insistentes y constantes. Señor, nosotros sabemos que ahora tenemos que tomar un lugar similar al de aquellos hermanos que nos predicaron, a aquellos hermanos que intercedieron y que oraron por nosotros.

 

Que tengamos la conciencia en esta hora de que tenemos que evangelizar, de que tenemos que compartir tu Palabra, que tenemos que dar a conocer quién eres tú, Jesús, y que lo hagamos. Que no nos intimide el mundo en ninguna forma, sino que nosotros podamos decirle al mundo, a nuestros vecinos, a nuestros familiares, a la gente que está a nuestro alrededor, a la gente que veamos, que: en Jesús hay salvación. Que Jesús es Señor y Cristo hecho por ti Dios.


Danos esa posibilidad, y permite que tu Reino siga creciendo en medio nuestro, siga creciendo en la humanidad, y que la humanidad siga alcanzando salvación. Y Padre, en el nombre de Jesús, a ti sea la gloria y la honra para siempre, amén.

 

Dios los bendiga.