INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

DIOS ESCOGIÓ LO PEOR

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

1 Corintios 1:27-28 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es.

 

Pues si no lo sabías, o tal vez no te habías dado cuenta, te voy a hacer unas revelaciones de parte de Dios. Tal vez te incomoden, tal vez no te gusten, tal vez tú te sientas diferente; pero mira, lo dice la Palabra y pues lo que dice la Palabra es verdad aunque nos duela. ¿Qué significa esto? Pues nada más que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo está conformada por personas que somos de lo peor, de lo peor que hay en el mundo. Me da dolor decirlo, pero así es, lo dice la Palabra. Pero que la buena notica es que nosotros podemos cambiar nuestra condición, y podemos cambiar nuestra condición para cumplir con los propósitos de Dios. De hecho, es la voluntad de Dios que nosotros seamos diferentes.

 

El problema no es la condición en la cual nosotros lleguemos a la iglesia, el problema no es cómo nosotros nos encontremos o nos encontrábamos en el momento de llegar al Señor, en el momento de aceptarle en nuestro corazón, ese no es el problema. El problema es que pase el tiempo y nosotros no evolucionemos, nosotros nos quedemos estancados y seamos los mismos que cuando llegamos a la Iglesia, ese es el problema. Que nosotros sigamos igual, que no haya cambios. Y esto es triste.


Pablo aquí en 1 Corintios menciona cuatro características que debemos de entender. Dice que lo necio, lo débil, lo vil y lo menospreciado, eso fue lo que escogió Dios. Él lo escogió y nos llamó. Si yo no tuviera de estas características, yo no estaría aquí, Dios no me hubiera llamado. Porque aquí no dice la Palabra, ni en ningún lado nosotros encontramos que nuestro Señor hubiera llamado a los que no tienen problemas, a lo mejor del mundo, ¡NO! Cuando nosotros leemos la Escritura, nosotros nos damos cuenta que aun nuestro Señor Jesucristo lo estableció, y él dijo: el doctor viene a quien está enfermo, no viene a los sanos, definitivo, el sano no quiere saber nada del doctor.


Cuando nos sentimos bien nunca pensamos en ir al médico, no importa cuánto tiempo hace que hayamos ido, nunca decimos: Ah, qué bien me siento, y como me siento tan bien voy a ir a ver al doctor a ver qué me dice. Pues ¿qué te va a decir el doctor? Pues que estás sano, que estás bien, ¿a qué vienes? Ah doctor, es que yo vengo a un chequeo. ¿Te duele algo? No, no me duele nada, estoy bien, pero quiero que me hagan un “check up” general para ratificar que estoy bien. Pues el doctor te va a decir, pues adelante. Haz de tener mucho dinero para pagar tantos estudios, te lo hago. Y nos puede mandar todos los estudios que queramos, no hay ningún problema. La realidad es que nosotros nos rehusamos a ir con el médico cuando estamos sanos, y es obvio.

 

Cuando nosotros espiritualmente estamos sanos, no nos importan las cosas del Señor. Normalmente andamos en el mundo, tal vez andemos mal, andemos de lo peor haciendo barbaridad y media, transgrediendo la palabra de Dios, pero no lo sabemos o no nos interesa; y seguimos en el mundo y seguimos caminando hasta que un día Dios nos hace ver nuestra condición, nos hace mirar hacia nuestro interior y darnos cuenta que necesitamos de Él.

 

Y entonces es cuando yo puedo advertir lo que dice el apóstol Pablo, que efectivamente Dios está mirando, nuestro Señor Jesucristo mira y dice: ah, cómo es ese necio. Lo digo por algo personal, yo era necio, a mí no me interesaban las cosas de Dios. Yo, cuando alguien me compartía de la Palabra o intentaba compartirme de la Palabra, yo le decía: gracias, no me interesa yo estoy bien así. Y les daba unos descolones tremendos. Todos los hermanos en Cristo que estaban en la iglesia de Maru, ella estaba dentro del grupo de jóvenes, entonces cuando alguno de ellos se me acercaba y me decía: oye, mira, te invito a mis reuniones. No, no, no, mis reuniones son más bonitas, te agradezco.

 

Una ocasión se me ocurrió ir a una reunión de ellos, pero como yo era muy mundano, se me hizo una reunión de lo peor. Una reunión en donde no había cigarros, en donde no había alcohol, donde no había droga; dije: ¿qué clase de reunión es esta? Y le dije a Maru: te voy a pedir un favor, no me vuelvas a invitar. Por favor a esto no, no me hagas perder mi tiempo, hay cosas más importantes que hacer, que estar yendo con tus “hermanitos”.

 

Y yo veo la necedad en la que yo vivía y lo terriblemente en contra que estaba de las cosas de Dios. Yo creo que nosotros, si es que no tenemos estas cuatro características, por lo menos, mínimo tenemos una de ellas. Tal vez tú puedas decir: ¡no, yo no era necio! Yo no era débil, yo no era vil y yo no era menospreciado. Vamos a mirar qué significa cada una de estas palabras de acuerdo al diccionario. Yo revisé en dos, la Real Academia de la Lengua Española y en el diccionario Esparza Calpe.

 

Necio: Ignorante, imprudente, falto de razón, terco y obstinado.  Esto es una persona necia. Entonces vete analizando, no levantes la mano. No es necesario que al terminar estos cuatro puntos me digas: ¡Lotería! No, nada más es para que tú te analices, para que tú veas no tu condición ahorita, sino para que tú veas lo que tú eras antes del Señor.

 

Débil: Es de poca fuerza o resistencia. Esto en cuanto no solo lo físico sino en general. Porque también débil se refiere a carácter flojo que cede con facilidad, es decir, una persona débil de carácter, es aquella persona que cede a cualquier cosa aunque sepa que no está bien; pero no nos estamos refiriendo a ahora, sino de antes.

 

Vil: ¿Qué significa la palabra vil? Según el diccionario: bajo, despreciable. Persona malvada o que corresponde mal a la confianza que se deposita en ella. Si alguien depositó su confianza en ti, y tú fallaste a esa confianza; de acuerdo al diccionario eres una persona vil, no hay más. No es de que pensemos que vil es una persona como un delincuente o que es de los que están en el reclusorio, en fin, ¡no! Simplemente vil es aquella persona que no está correspondiendo a una confianza que se le depositó.

 

Esto sucede mucho actualmente en la Iglesia, en toda la Iglesia de Cristo. Hay personas viles. Líderes viles que no responden a la confianza que se les da, pagan mal a esa confianza, corresponden mal. Tú les das una confianza y se desvían, no corresponden a eso y trabajan para su propia obra, para sus propios intereses. Esa es una persona vil.

 

Y cuarto aspecto: menospreciado: ¿Qué significa? Apreciar una cosa o persona menos de lo que se merece. Es decir, no apreciar a una persona por considerarla indigna de estimación, lo cual también es despreciarla. Yo puedo advertir que en términos generales, todos estos años en el ministerio, Dios me ha podido mostrar que existe aun menosprecio generalizado.

 

Menosprecio en nuestro hogar, en algunas ocasiones por nuestros padres, en otras ocasiones por nuestros hermanos, menosprecio hacia los padres por las razones que sean. No vamos a cuestionar si se tenga o no se tenga razón, existe el menosprecio por ciertas circunstancias. Y entonces estas circunstancias ocasionan que haya menosprecio en la familia. Y hay menosprecio en el trabajo, en la escuela, en la comunidad, en la calle, en fin.

 

Hace algún tiempo, yo recuerdo que daba testimonio el hermano Gustavo, aquí al frente y decía que él recordaba que de niño él era tan malo para el fútbol que cuando hacían los equipos en la escuela o para jugar ahí en donde vivía, que empezaban a escoger a todos los dos capitanes, y a él lo iban dejando. Al principio lo iban dejando, dejando. Y a muchos nos ha pasado tal vez, que al final uno queda ahí desesperado levantando la mano, yo, yo, y van pidiendo a todos y al último se quedan viendo los dos capitanes y uno dice: ¡te lo regalo! ¡Llévatelo! Y entonces uno se siente mal y uno puede ver aun el menosprecio en algo tan pequeño, ¿no?

 

La realidad es que vivimos esto, y esto va aunado mucho al desamor. Vivimos en una sociedad desamorada, una sociedad que no se tiene amor, una sociedad que su corazón está roto. Hay problemas y problemas graves. Menospreciamos a los hijos, menospreciamos al vecino, menospreciamos al que tiene más, menospreciamos a ciertas personas porque tienen menos, menospreciamos a otro porque tiene lo mismo que nosotros, porque queremos ciertos lugares. El caso es que nosotros estamos menospreciando de una manera constante, y de ese mismo modo a nosotros nos menosprecian, sufrimos menosprecio.

 

Y cuando yo veo estas cuatro características que dice el apóstol Pablo que escogió Dios, Dios entonces parece como que si con una lupa estuviera mirando. ¡Ah, ese es necio, débil, vil y menospreciado, véngase, yo lo quiero conmigo! Y voltea y mira a otro, y lo jala. Y nos va tomando, y nos va jalando a cada uno de nosotros, a cada uno lo va llamando. Y entonces, hay un momento en el cual yo me detengo, leo esto y digo: ¡qué iglesia la de nuestro Señor Jesucristo! Pura fina persona. Pura alta alcurnia. Que tremendo, imagínate. Y cuando yo analizo esto, entonces es cuando me doy cuenta porqué actuamos como actuamos. Porqué somos como somos. Y porqué en la Iglesia siguen tantos problemas de chismes, de juicios, de críticas, de muy discretamente estar golpeando, de hablar mal de otros. Y empiezo a ver y digo: Perdón, sí es. Es porque así somos.

 

Y me llama mucho la atención cuando leo en el Antiguo Testamento, a mí la vida de David es una vida que me impacta mucho, y me impacta porque él desde muy pequeño fue instruido en la palabra del Señor, y creció con los preceptos y los conceptos de la Palabra. Él se esforzó, él clamaba al Señor, él mantenía una relación estrecha con Dios, y por lo tanto llegó a ser lo que hizo. Fue rey de Israel, cometió por ahí un par de pecados fuertes de los cuales se arrepintió, pero él siguió y se levantó e hizo cosas tremendas. Y una guianza del Espíritu Santo en él tremenda, por lo cual él trajo el Arca que estaba abandonada, la trajo a su ciudad.

 

Y ahí le iba a construir un Templo, nada más que el Señor le dijo: No, tú no lo vas a hacer porque hay tanta sangre en tus manos que a ti no te toca, le va a tocar a tu hijo. Pero tuvo todo el material, tuvo los planos, lo hizo todo, lo único que le faltó porque Dios no se lo permitió, fue edificarla, había todo para hacerlo.

 

Y me llama mucho la atención cuando yo leo en la Biblia en relación a los valientes de David, hombres valerosos, los tres principales de su ejército, ellos tres eran los cabezas; podemos mirar la historia de ellos, lo que hacían, y vemos que eran muy valientes, guerreros tremendos ahí al lado de él. Guerreros que una ocasión, por ejemplo, David estaba en un lugar fuerte y dijo: ah, qué diera yo por tomar en estos momentos agua del pozo de Belén; deleitarme con esa agua, con un vaso con agua fresca de ese pozo.

 

Belén había sido tomada por los filisteos, entonces sus tres generales, fueron a ese lugar, pasaron por en medio del campamento de los filisteos e irrumpieron en la ciudad de Belén. Estos valientes se metieron, llegaron hasta el pozo, tomaron un vaso con agua y se lo llevaron a David: Toma, aquí está. ¡Qué impactante, qué impresionante! El deseo de su corazón de David, se cumplía, sus valientes dice la Biblia, le trajeron ese vaso con agua. David cuando lo vio, dijo: no me puedo tomar esta agua, porque no me voy a tomar para mi deleite algo en donde expusieron su vida. Tomó el vaso y derramó el agua en la tierra.

 

¡Qué impresionantes todos ellos! ¿No? Y dice que en una pelea fueron tantas horas y luchó tanto uno de sus generales, que  la mano se le entumió, se le engarrotó y se quedó su espada pegada en ella. Eran impresionantes estos tres varones. Y cuando leemos de dónde salieron ellos tres, no fueron formados en el ejército, su valentía no salió porque ellos tomaron un curso especial en el ejército de Israel. ¡Para nada! Eran hombres como dice la Escritura, viles, menospreciados, débiles, eran de lo peor y andaban ellos huyendo y vivían en cuevas donde los conoció David cuando anduvo huyendo, primero de Saúl y después de su hijo Absalón que lo quería matar. Ahí los conoció, ahí se hizo su amigo, ahí los jaló y ahí los encarriló a una vida mejor. Le dio sentido a las vidas de ellos que eran delincuentes.

 

Y yo puedo advertir cómo nuestro Dios, nos mira a nosotros, aunque nosotros creamos que éramos exitosos, que íbamos muy bien, aunque creamos lo que sea; hay algunos que piensan que Dios los llamó porque son muy lindos. ¡NO! No es cierto, no te engañes. No te llamó porque eras muy lindo, porque Dios te necesitaba, ¡no! Dios nos llamó a cada uno de nosotros para transformar nuestra vida, nos llamó por su misericordia y para que vivamos con Él por la eternidad.

 

Cuando yo miro a la Palabra, y veo que nuestro Señor Jesucristo llama a sus doce discípulos, antes de llamarlos dice la Escritura que nuestro Señor Jesús pasó toda la noche orando. Y oró al Señor y clamó, y toda la noche estuvo en comunión con Dios para que le revelara a quiénes había de llamar. Y dice la palabra de Dios que llamó a doce. Y dentro de esos doce, ustedes saben, estaba uno llamado Judas el Iscariote, traidor, el que entregó a Jesús, el que lo vendió por unas monedas, el que miró por sus propios intereses, ahí estaba en ese grupo.

 

La primera ocasión que aquí en la iglesia hubo una división, éramos muy pocos, éramos aproximadamente unas 30 personas y se dio una división promovida por una persona. Siempre todas las divisiones las promueve una persona, habla con otros y empiezan a hacer y empiezan a hacer llamadas telefónicas, y empiezan a hacer cantidad de barbaridades. Y en esa ocasión, pues yo no entendía todavía mucho de lo que ocurría en la iglesia o en las congregaciones, y a mí me estaba golpeando mucho lo que estaba pasando. Y yo hablé con un pastor amigo mío, Gonzalo Vega, que era el pastor del Centro Cristiano Calacoaya.

 

En aquella época el Centro Cristiano tendría unas 4 mil personas. Y entonces cuando lo vi, me miró y me dijo: ¿qué tienes, qué te pasa? Le dije, estoy mal, me siento mal en mi interior. ¿Por qué? Le dije: porque fíjate que está pasando esto en la congregación, hay una división, se está dando una división bastante fuerte. Y lo más triste es que es una división promovida por una persona que era de mi absoluta confianza.


Entonces me dijo él: no te preocupes, eso es algo normal. Nuestro Señor Jesucristo de 12 discípulos, uno era traidor. Si eso nosotros lo entendemos como es, vamos a hacer una operación matemática, en 120 personas ¿cuántos traidores habrá? Diez. ¿En 1,200, cuántos habrá? Pues 100. Me dice, ¿cuántos tendré yo aquí de 4 mil? Le dije, no pues sí, gran consuelo. Mi problema no es nada junto al tuyo. Él sufrió una división al poco tiempo. La división más fuerte que yo he visto en una congregación, propiciada por su brazo derecho, por una persona que él lo veía como a un hijo. En él se levantó esta división, y la iglesia se desmembró.  Pero el Señor la sostuvo, la sacó adelante, la hizo crecer, la fortaleció.

 

Y bueno, por otro lado se formaron otras iglesias, porque además esta persona le estuvo llamando a muchos de los miembros de la iglesia para que se salieran, diciéndoles, por supuesto, que todo estaba mal, que las cosas eran indebidas, en fin una serie de cosas. Es más, esta persona se paró afuera de la congregación, en la calle y ahí empezó a repartir volantes. Y eso lo empezó a hacer en muchas iglesias, y muchas iglesias sufrieron en aquella época la división, una división provocada principalmente por los líderes de jóvenes, los brazos derechos del pastor involucrados en esto.

 

Y cuando yo miro en la Escritura que nuestro Señor Jesucristo ora, y ora toda una noche y busca que Dios le revele a quiénes habría de llamar, bueno, pues yo puedo advertir y podemos ver quiénes eran esos doce. Y solamente por mencionar a algunos de ellos, encontramos que había 4 pescadores. Simón, Andrés, Jacobo y Juan. Sabemos en términos normales y generales que, ¿cuánta preparación tiene un pescador? No pretendo con esto despreciar a ninguno, simplemente ser realista. Y la realidad que hoy podemos advertir y podemos vivir, yendo a un puerto de nuestro país y ver la preparación que tiene un pescador, podemos ubicar que es la misma que tenían en aquella época estos varones.

 

Puedo mirar cuando ellos empiezan a compartir la Palabra, que la misma gente dice: bueno, si éste no tiene nada de letras, no tiene conocimiento, ¿de dónde le sale esta sabiduría? Entonces puedo mirar que era gente ignorante, eran gente necia, eran arrogantes, eran peleoneros. Podemos mirar a un Jacobo y a un Juan molestos diciéndole al Señor Jesús: Señor permite que ordenemos que descienda fuego del cielo y consuma a esos que están en contra nuestra. Imagínate. Sí, sí, que los consuma. Imagínate, que descienda fuego del cielo para matar a tus enemigos. Qué cosa tan tremenda. ¿Cuál era el carácter de ellos?

 

Podemos mirar a un Simón Pedro decirle al Señor: No Señor, que nadie se atreva a tocarte, porque el que lo haga primero se las ve conmigo. Primero me mata. Qué impactante no, qué había en su corazón. Imagínate qué broncudos. Que de repente venga algún hermano y me dice: No pastor si quiere yo voy  y… Usted no haga nada, nada más dígame. No, no, para nada. Mejor ora. Mejor, para qué vamos a entrar en situaciones difíciles. Vemos a un Mateo, otro de los llamados, despreciado, menospreciado por los judíos. Mateo era judío, ¿por qué lo menospreciaban? Ah, porque era el que cobraba los impuestos. ¿Quién quiere a Hacienda? Era menospreciado Mateo, entonces lo peor es que él cobraba los impuestos para Roma.

 

Mateo estaba contratado por los romanos para cobrar los impuestos, ya que conocía a todos los israelitas, hablaba su idioma y no había ningún problema. Entonces como desde el punto de vista de los israelitas, Mateo era un traidor y lo menospreciaban, nadie lo quería, nadie. Entonces yo veo como nuestro Señor Jesucristo en lugar de llamar al que tenía carisma, al que podía tener un impacto positivo en el pueblo, no, llama a Mateo, a aquel al que todo mundo lo conocía y que nadie lo quería. A él lo llama, le dice: tú, ven para acá.

 

Y luego vemos que llama a un Tomás que era un incrédulo. Después de tres años y medio de caminar con el Señor, de ver la obra de Jesucristo, de ver los milagros que Dios hacía a través de él, cuando le dicen Jesús resucitó, dice: ¡yo no lo creo! Y yo lo voy a creer hasta que yo vea sus manos y mire su costado, y en su costado, en su herida yo meta mis dedos. ¡Vaya que hay incredulidad! Ese era su discípulo. Y cuando nosotros empezamos a ver y a analizar a cada uno de los discípulos, nosotros podemos advertir que todos sin excepción, eran débiles y eran viles, y todos fallaron a  la confianza de Jesús. Y en el momento indicado todos huyeron y todos se escondieron para que no fueran detenidos, todos sin excepción. Ahí el Señor solo, y sus 12 discípulos y las multitudes, ¿dónde estaban? Escondidos.

 

Y cuando alguien vio a Pedro y le dijo: ¡ah tú eres del Maestro, tú eres su discípulo! No, yo no, yo ni lo conozco. Y lo niega tres veces para salvar su pellejo. ¡Qué impresionante! ¿Qué clase de personas somos? Y yo no juzgo a ninguno de ellos. Yo lo que quiero decir es, ¿cómo somos nosotros? ¿Qué había en nosotros cuando nosotros fuimos llamados, qué había? Traicionaron todos a Jesús. Nos asombramos de Judas. Ah ese Judas entregó al Señor, no hizo nada por… ¿y todos los demás?

 

Y cuando nosotros hablamos, cuando no reconocemos que Jesús es nuestro Señor. Cuando no lo queremos ni mencionar por algún interés personal que tengamos. Porque muchas ocasiones no dices: a ver, yo soy cristiano. No, te quedas calladito y no dices nada, escondes la cabeza y no comentas nada. Estamos traicionando al Señor, estamos siendo igual que Judas. Y estas situaciones causan dolor y tristeza, pero como decía en un principio, lo que más dolor y más tristeza causa al corazón del Señor es que nosotros hayamos sido llamados en una condición, y después del tiempo sigamos en esa misma condición, eso es lo triste.

 

Lo triste no es cómo llegaste. Veníamos del mundo y podemos decir todos: ah pues ya conocemos cómo es el mundo y el mundo es igual. El mundo nos contaminó, el mundo nos pervirtió, el mundo hizo que yo fuera un borracho, un alcohólico, que yo fuera un drogadicto, que yo fuera un adúltero, que yo fuera un ratero, un fraudulento. ¿Todo eso hizo el mundo? Sí, qué bueno o quémalo, pero ya. Pero cuando te llama el Señor, es para que esa condición cambie. Tú no puedes seguir siendo lo que eras. En el momento del llamado tú ya estás encaminado a una vida diferente, a vivir algo distinto.


Dios para establecer su Reino en nuestra vida, para establecerlo en nuestro matrimonio, en nuestro hogar, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra colonia, nosotros necesitamos ser instrumentos de Dios. Ser instrumentos de Dios que el mundo dé testimonio de que somos diferentes. Que el mundo diga: éste es diferente, éste es distinto, éste ya no es lo que era, ahora es otra persona, ahora es otra cosa. Como dice el apóstol Pablo: Ya las cosas viejas pasaron, todas están siendo hechas nuevas por el Señor. Que nosotros dejemos atrás estas cuatro características que teníamos cuando llegamos, debe haber cambios, debe haber transformaciones.

 

No puede pasar el tiempo y que nosotros sigamos en la misma condición.  Ay  Señor, pues yo sigo siendo lo mismo que hace 24 años cuando llegué a ti, sigo siendo vil, necio, débil y menospreciado. Entonces, ¿qué estoy haciendo con el Señor? ¿Cuál es la razón de ser de mi vida si yo sigo siendo igual? Si yo sigo en los mismos problemas, en los mismos chismes, si mi vida sigue siendo la misma en cuanto a mentiras, en cuanto a engaños, en cuanto a soberbia; ¿cuál es el sentido de estar en la Iglesia de Cristo? Yo no lo entiendo, no lo entiendo. Yo no entiendo porqué nosotros seguimos con todo el pasado arrastrándolo. ¿Por qué no hay cambios, por qué no hay transformaciones? Claro, hay algunos donde sí, algunos detalles.

 

Y luego nos dicen: oye has cambiado porque ya no tomas. Sí, pero mi carácter sigue igual. Ya no te drogas. No ya no me drogo pero, no vean que ahora pues yo mis sentimientos siguen siendo en contra de los demás, igual al de la gente, igual a los que yo tenía antes. No me pueden tener confianza porque los defraudo. Entonces, cuando nos damos cuenta que seguimos en la misma situación que antes, esto nos debe mover a buscar cambios.

 

1 Corintios 1:25-26 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. 26Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.

 

O sea, el apóstol Pablo nos está diciendo: mira, lo que procede de Dios es más sabio, más fuerte y más poderoso que lo que procede de los hombres. Y Él al llamarte tiene un propósito en ti: Manifestarse en ti. Y se está manifestando, ¿por qué? No porque tú tengas una gran vocación, no te está llamando porque tú seas sabio, o porque tú seas poderoso ni porque sean noble. No. Somos gente común. Y cuando llegamos a la Iglesia no somos transformados en ángeles, desgraciadamente no. Seguimos siendo personas, seres humanos pero que ahora estamos entendiendo que necesitamos tener un cambio. Cambios en nuestro interior, cambios en nuestros pensamientos y cambios en nuestra actitud. ¡Debe haber cambios!

 

Yo no puedo decir que soy cristiano y seguir viviendo lo mismo que antes vivía. ¡No es posible, estoy perdiendo mi tiempo, me estoy engañando a mí mismo nada más! Y mientras yo sea igual, Dios no se va a poder manifestar con gran gloria. Dios no va a poder hacer lo que Él dice que va a hacer a través de nosotros. Como dice que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios. Lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte. Es decir, Dios se va a manifestar a través de ti para avergonzar a quien sea necesario, al sabio o al mundo; pero para hacerlo necesitas estar en una plena comunión con Dios, tienes que ser un instrumento idóneo de Él.

 

Cuando leo que lo necio y lo débil escogió Dios, que lo vil y lo menospreciado, entiendo que cada uno de nosotros todavía tiene un largo camino que seguir por delante para cambiar. En tanto sigamos con alguna de estas características no podemos servir al Señor para que se cumpla su obra en esta Tierra, para su propósito. Cuando yo trato a alguna persona por la razón que sea, meterle el pie, hacerle una zancadilla, cuando hablo mal de alguien, cuando juzgo a alguien, cuando quiero que una situación perjudique a alguien, ¿sabes? Estoy siendo como era antes, no ha habido avances, no he entendido lo que es el Evangelio, y al no entenderlo, insisto, estoy perdiendo mi tiempo. Dios profetizó esto aproximadamente 800 años antes de nuestro Señor Jesucristo, y lo hizo en Isaías.

 

Isaías 29:13 Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.

 

Fíjate qué impresionante, nuestro Señor estaba diciendo algo importante: una vez más su pueblo había caído en la hipocresía con Dios. Decía que honraba a Dios pero en realidad solamente lo honraba de labios para afuera, solamente lo expresaba, lo decía, no había temor de Dios en el pueblo. El pueblo se había convertido en un pueblo religioso, no era un pueblo espiritual.  Es diferente el ser espiritual a ser religioso. Al ser religioso, estaban llenos de ritos, de costumbres, de tradiciones, aun de mandamientos de hombres, de cómo hacer las cosas, de qué hacer, queriendo con eso, agradar al corazón de Dios. Y no es posible.

 

Nosotros no podemos agradar a Dios desde nuestro muy particular punto de vista, ni lo podemos agradar con lo que nosotros queramos. Ah es que esto yo se lo ofrezco de corazón a Dios, y Él lo tiene que recibir. ¡NO! ¡No lo tiene que recibir! Imagínate que alguien venga y me diga: ah, pastor mire, compré esta botella de Coñac, y se la regalo con todo mi corazón para que se la tome. Perdón, aunque me la des con todo tu corazón y te haya costado un dineral, y hayas hecho un sacrificio por comprarla, ¡no me la voy a tomar! Perdón, no lo voy a hacer.

 

Y muchas ocasiones nosotros actuamos de dientes para afuera para tratar de agradar a Dios, para decirle: ah sí Señor, yo te amo eh. Sí, ajá, pero no hago lo que tú me pides. No cambio mi interior. Sigo creando chismes, sigo en las murmuraciones, sigo haciendo juicios, sigo siendo el mismo malvado que antes. Sigo en mi corazón teniendo problemas para con los demás. Y eso es grave.

 

Versículo 14  Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos.

 

Isaías profetiza que la condición de su pueblo cambiará, que Dios hará algo grande y maravilloso que aún espantará a la gente y a ellos mismos. Dios hará que se acabe la sabiduría y la inteligencia. ¿De qué manera? Levantando un pueblo en el cual Él se manifieste con poder. Él que tiene toda la sabiduría, se va a levantar y se va a manifestar en ese pueblo para avergonzar a los sabios. ¿Qué decían de nuestro Señor Jesucristo? De dónde le sale tanto conocimiento si es el hijo del carpintero. No es el hijo del catedrático, no es el hijo del rabí que está enseñando ahí en la sinagoga. No, es el hijo del carpintero, de dónde.

 

¿De dónde? De su relación, de su comunión con Dios, de la guianza del Espíritu Santo. Nuestro Dios promete y dice: tú no te preocupes por lo que habrás de hablar en aquel día, porque el Espíritu Santo pondrá las palabras en ti. Sí, pero para que ponga las palabras en mí, yo necesito estar en comunión con Él, si no, no va a ser posible. Nosotros necesitamos estar en comunión con Dios para que nos guíe.

 

El día de ayer yo leía en una revista algo que me llamó mucho la atención: “Platica con tu mascota”. Yo creo que todos en un momento determinado nos hemos acercado a nuestra mascota y le hemos dicho ay qué lindo eres, o qué bonito perrito. O le hacemos algún cariño y le hablamos. Nosotros tenemos una gata y entonces a la gata le decimos: ay qué bonita, ¿cómo estás, quién es la más bonita? Sí, tú, claro. Y ahí estamos con la gatita. A la mascota hay que hablarle bonito o a las plantas ahí en la casa también, ¿no? Ay qué bonita, buenos días, mira qué bonita amaneciste. Manifiesta tu alegría, tu gozo de vivir.

 

Y me llamó la atención y empecé a leer lo de una persona que está dando cursos para hablar con los animales. Y entonces dentro de las cosas que enseñan, hay un punto en el cual tú te concentras y entonces a nivel telepático empiezas a tener comunicación, y el animal, no el maestro, el animal, la mascota, también yo creo que se concentra, llamas su atención telepáticamente, y entonces empiezas a recibir imágenes de lo que hace ese animal, esa mascota y te empieza a mostrar lo que él quiere.

 

Entonces te muestra imágenes de que le falta comida, imágenes de que le falta agua, o de que quiere cariños, en fin, y los lleva más allá. Pero ya no pude terminar, ya iba yo a llegar a la parte importante en la comunicación. Como decía un amigo que una ocasión estaba con su perro, y entonces él le hacía: guau, guau, guau. Y entonces un amigo le dijo, oye ¿por qué le ladras al perro? Y le contestó: por una razón muy sencilla, porque él no me habla. Hay que comunicarse en su idioma.

 

Nosotros no nos podemos comunicar con Dios si no estamos en comunión, en comunicación con Él, no va a ser posible. Dios no te va a poder revelar lo que Él quiera decir a través de ti, ni lo que quiera hacer, si tú no estás en comunión con Él. Si tú sigues siendo igual que como cuando el Señor te llamó, las cosas están mal. Tú puedes mirar a Pedro por ejemplo, Pedro lo negó, Pedro al igual que los otros se escondió. Cuando el Señor se les aparece y les dice que esperen la venida del Espíritu Santo, todos ellos junto con otros se reunieron en el Aposento Alto y eran 120, 120 clamando al Señor por la manifestación del Espíritu Santo, para que viniera la promesa de Dios.

 

Viene la promesa de Dios, empiezan todos a hablar en lenguas. Imagínate, 120 hablando en lenguas y fuerte. La gente empezó a decir, y a esos, ¿qué les pasa? Están borrachos, es tan temprano, a las 9 de la mañana y ya están borrachos. Y entonces Pedro se levantó y dijo: no, no están borrachos. Este es el cumplimiento de la promesa de Dios. Y entonces empieza a hablar de la promesa de Joel 2:28, en donde dice que en los postreros tiempos derramaré de mi Espíritu Santo sobre toda carne. Y entonces empieza a hablar sobre esas promesas y no le importó, no le importó que ahí estuvieran los judíos y que lo fueran a detener, que lo fueran a juzgar, que lo fueran a crucificar, no le importó nada.

 

Se levantó en el nombre del Señor e hizo lo que tenía que hacer. Era un hombre transformado, era un hombre diferente, ¿Por qué? Porque recibió el Espíritu Santo. Ya no era ese débil, ese vil, ese necio, ese menospreciado, ya no. Era una persona transformada que en ese momento ya estaba avergonzando con sus palabras a los judíos, a los principales, a toda la religión judía. Resultado, después de que él habló, 3 mil varones aceptaron al Señor.

 

3 mil en un discurso, ¡ese es poder de Dios! Pero él cambió su condición por la comunión con Dios. Ahí estuvo con 120  orando y clamando al Señor y diciendo: Señor yo no quiero ser el mismo. Yo fui un traidor, yo te negué, yo he sido un necio, he sido vil, he sido menospreciado y aun me he menospreciado; yo ya no quiero esta condición, quiero ser transformado por ti. Y uno de nuestros problemas es que no nos metemos en comunión con Dios para ser transformados.

 

Nos conformamos con lo que vamos siendo, nos conformamos con venir el domingo a la congregación. Y el domingo un tiempo de oración, claro está, si llegamos a tiempo. La alabanza, si llegamos a tiempo. Y la predicación, y ya nos vamos sintiendo que nuestra comunión con Dios está perfecta, que nosotros estamos bien y que estamos siendo cambiados por Dios. ¡No nos engañemos! Necesitamos una relación y una comunión diaria con el Señor. Porque si no, seguiremos siendo necios, débiles, viles y menospreciados, y Dios no podrá hacer nada a través de nosotros. ¡Qué tremendo!

 

1 Corintios 1:19-24 Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos (Es precisamente lo que leímos en Isaías 29:13-14, que Dios iba a hacer, y aquí lo está ya diciendo a través del apóstol Pablo). 20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba?

 

Los escribas eran aquellas personas que conocían bien la palabra de Dios, y por lo tanto ellos eran los encargados de escribir. No había la facilidad que hoy tenemos todos de aprender a leer y a escribir, para nada. Y era gente muy, muy preparada que conocía bastante las Escrituras, sabía lo que decían las Escrituras. Eran estudiosos de la palabra de Dios. Y en la época de los profetas, el escriba era precisamente aquel que como el particular, andaba junto al profeta, y lo que decía el profeta ellos lo escribían. Y además, eran los que hacían las duplicaciones para enviarlas a las otras comunidades israelitas.

 

¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?  ¿Sabes? El mundo no puede entender al cristiano. El mundo no lo comprende. Los médicos dicen que se tiene que operar una persona porque está enferma, porque tienen cáncer. Le hacen la cita para operarla, se ora por esta persona, se ora por este enfermo, Dios hace un milagro, Dios le sana. Regresa con el médico, el médico le hace otro estudio y resulta que no encuentra la enfermedad y simplemente dice: pues no sé qué pasó, y entran en un conflicto. No sé, ¿qué hizo? Pues oramos, clamé a Dios. ¡Qué bueno eh, que su fe sea fuerte! No están entendiendo, es una locura para ellos. No lo pueden captar.

 

 21Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 22Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

 

Esto es Cristo. Nosotros no fuimos llamados por palabras sabias. Nosotros no fuimos llamados porque nos hayan convencido con palabras bonitas, donde nos hayan mostrado tantas cosas y nos hayan hecho recapacitar que efectivamente las cosas eran como nos las decían, así tan sabias. ¡NO! Nosotros aceptamos a Cristo Jesús porque tocó nuestro corazón y reconocimos que éramos pecadores, que necesitábamos pedir perdón y que queríamos agarrarnos de Jesucristo como nuestro Señor. Que necesitábamos un Intercesor delante del Padre. No fue más.

 

Sabiduría humana, aquellos que están hablando e insistiendo y tratando de convencer a la gente, y convenciéndola en muchos casos en las escuelas, por ejemplo, sobre la teoría de la Evolución. El otro día ya no les comenté otra forma de los científicos de cómo va a acabar el mundo y todo lo demás, y están muy preocupados por ello, me soplé otra vez otro programa de esos, con un Big Bang, se va a repetir, pero ahora para destrucción.  El primero fue como para que todo se creara, éste va a ser para que todo se destruya. ¿Cuándo? No se sabe. ¿Por qué lo afirmas? Pues porque tiene que suceder. Y esto están enseñando, ¡cuánta sabiduría!


La predicación, las palabras de salvación, el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo nos lleva y llevan a la persona que su corazón sea tocado, no su mente, su corazón. Y que al ser tocado su corazón, nosotros recibamos a Cristo Jesús, lo aceptemos y tengamos la certeza, la convicción, la seguridad de que un día vamos a ir a vivir al cielo por la eternidad en la presencia de Dios Padre. ¡Gloria a Dios! No va a ser de otro modo. Tenemos que conocer la Palabra para también entonces, nosotros hablar lo que Dios quiere que hablemos para que Dios avergüence a través de nosotros a lo sabio, a lo inteligente.

 

Para como dice la Escritura en 1 Corintios 1: 28b Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es. Dios va a utilizarte para deshacer todo lo que se ha hecho en este mundo, y para que el Reino de Dios antes de que nosotros partamos, sea establecido aquí con gran poder. Este es el propósito de Dios, por lo tanto, no te quedes en la misma condición en la que llegaste a la congregación. No te quedes en la misma situación en la que estabas cuando nuestro Señor Jesucristo te llamó, cuando él puso los ojos en ti y te dijo ¡VEN!

 

No te quedes estancado ahí, como le pasó durante 3 años y medio a los discípulos por estar cobijados por Jesús, ellos tuvieron que crecer, tuvieron que cambiar y madurar cuando ya no estaba el Señor, cuando ya no estaba el Maestro, y tuvieron que enfrentar a un mundo. Fue cuando se dieron cuenta que tenían que cambiar. Como nuestros hijos cuando los estamos enviando a la escuela. Ah qué bonito, qué padre ir a la escuela, regresar; mamá ya tengo hambre. Sí hijito ya está la comida, come. O si la mamá trabaja, pues ya cuando llegue, mientras un tente en pie como algo muy nutritivo como unas papas fritas o unos churrumais o algo así a esperar a la mamá.

 

Y entonces ya cuando llegan pues ya lo atienden, y así es la vida. Y va creciendo y pasa del kínder a la primaria, y a la secundaria, la preparatoria, hace la carrera. Papá quiero ahora hacer mi doctorado, quiero hacer mi maestría. Ah qué bonito, no te preocupes, yo te apoyo, yo te ayudo para que tú logres lo que yo no logré. Y empujamos a los hijos y ahí van hacia delante. Mientras todo este proceso se da, nosotros los estamos cubriendo, los estamos protegiendo, no permitimos que nada les toque, que nada les pase. Hijito necesitas el coche, llévatelo, yo me voy en camión. Y ahí está el papá en camión. Bueno, dame un aventón al metro.

 

Y ahí está, y además luego dicen: papá, para qué quieres tú el coche si te vas a meter a tu trabajo; en cambio yo necesito ir aquí, y acá, y allá; entonces déjame el coche. Y se lo deja el papá. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo despiertan? Cuando tienen que enfrentar al mundo, es cuando nuestros hijos ven una realidad, no antes. Los discípulos vieron esa realidad cuando Jesús ya no estaba con ellos, cuando se tuvieron que levantar y decir: ¡No estamos borrachos! ¡Esto que está pasando aquí es por el poder de Dios, por la venida del Espíritu Santo! Por eso.  Dejaron de ser lo que eran y Dios los utilizó para llevar un mensaje, para avergonzar a lo sabio, para acabar con lo inteligente. Y ahí empezaron los discípulos a caminar.

 

¿Cuándo vas a empezar a caminar? Toma la decisión y cambia. Deja los chismes, deja los juicios, deja de meterle zancadillas al hermano, a la hermana que está junto a ti; ya dedícate a las cosas de Dios. Ya no seas vil, ya no seas necio o necia, ¡ya termina! Oremos a Dios para pedirle que Él se manifieste con poder a este pueblo, para que nos llene de su gloria, para que nos permita crecer, madurar, para que cambiemos la condición en la que llegamos.

 

Algunos han trabajado en lograrlo, pero tal vez necesita más. Señor, que cambiemos completamente para que tu gloria resplandezca en nosotros. Queremos ser conforme y tu corazón, conforme y tu voluntad, queremos hacer como  Dios lo establece, úsanos y danos la fortaleza que procede de lo Alto para quitar toda esta debilidad de nosotros. Y en el nombre de Cristo Jesús a ti sea la honra y la gloria, amén.

 

Dios los bendiga.