INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

NO TEMAS

 

Fernando Cabrera

 

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Yo puedo ver a través de la Palabra que el Señor habla fuertemente. Y no puedo entender por qué a veces creemos que Dios no se enoja, que Dios no se irrita. Por supuesto que si no andamos en sus ordenanzas, Dios se va a enojar; por supuesto que si no obedecemos su voz Dios va a tener que levantar su voz. Y ojalá no la escuchemos en la intensidad, porque dice la Escritura que su voz es como de trueno. Imagínate nada más que en su presencia los montes se derriten. ¿Quiénes somos nosotros para estar de pie delante de la presencia de Dios?

 

Y por eso me sorprende cuando el Señor nos habla y nos dice que el Señor nuestro Dios nos guía, nos instruye, nos da Palabra para que sigamos en su caminar; cada uno de nosotros debemos de obedecer a esa Palabra. El Salmo 112 dice: Bienaventurado el hombre que teme a Jehová. Y el varón y la mujer de Dios debemos ser personas que tememos a Dios.

 

A lo largo de la Escritura vemos un temor que sí debemos tener nosotros como cristianos y es el temor a Dios. El temor a Dios debemos de tenerlo todos los días de nuestra vida. Ese temor es un temor santo, es un temor a Dios, es un respeto a Dios. Ese temor sí es válido en nuestra vida. Pero hay un temor que no debemos permitir en nuestro corazón, y es un temor que está influenciado por fuerzas malignas que atacan la mente y el corazón del hombre, para que éste desista de todo lo que va a hacer.


Lamentaciones 3:55-57 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda;
56Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. 57Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.

 

Vemos a través de la Escritura, en este libro de Lamentaciones al profeta Jeremías, que muchos conocen como el profeta que siempre se quejaba, el profeta llorón, el profeta que siempre tenía una queja que exponer delante de Dios. Creo que muchos de los que estamos aquí no estamos lejanos que nos suceda lo mismo que al profeta Jeremías. La diferencia muchas veces entre los profetas y nosotros, es que, los profetas buscaban la presencia de Dios, escuchaban la voz de Dios en una forma audible. Buscaban esa presencia de parte de Dios y Dios les hablaba.


Hoy en día Dios sigue hablando a nuestras vidas. Hoy en día, Dios puede manifestarse de tal manera que aun su voz podamos escucharla audiblemente, el problema es que no estamos atentos para escuchar esa voz. Y el profeta Jeremías tenía muchas cosas que decir, y en muchas de qué quejarse. Creo que a ti y a mí nos pasa muchas veces, que tenemos cosas de qué quejarnos; tenemos temores, tenemos algunas incertidumbres, y los exponemos muchas veces de parte de Dios, pero, no esperamos la respuesta de Dios.

 

La diferencia es que muchas veces como cristianos clamamos a Dios esperando respuesta de parte de Él, pero no nos detenemos un momento a escuchar su respuesta. ¿Hacia dónde me vas a dirigir Señor? El Señor, decía hace un momento en la profecía, “espera que yo te guíe, yo te mostraré el camino. Yo te diré por dónde debes caminar”. Venimos delante de Dios con oraciones, con súplicas, con clamor a Él. Y a penas hemos terminado la oración y nos levantamos y le decimos: Señor gracias, en el nombre de Jesús, amén. Abrimos nuestra puerta y salimos de nuestro cuarto para seguir haciendo nuestra vida cotidiana.

 

¿Acaso cuando tú hablas con un amigo lo dejas con la palabra en la boca? Acaso cuando tú hablas con un amigo vienes y le dices: “Oye amigo, figúrate que me pasa esto, esto, esto. Yo creo de ti esto, aquello, aquello. Y el amigo te va a responder y te das la vuelta y te vas. Creo que con el amigo no lo hacemos, esperamos su respuesta. Pero con Dios sí lo hacemos, terminamos de orar, y nos vamos, ya no esperamos lo que Dios quiere hablarnos. Ya no esperas lo que el amigo quiere expresarte.

 

Yo creo que muchas veces los temores que tenemos hoy en día, es porque no tenemos la confianza que Dios está con nosotros. Dios está contigo y Dios te escucha amado hermano, así que no temas. Y yo creo que nuestros temores muchas veces vienen porque no estamos confiados.

 

¿Qué es el temor? Hay algunas definiciones que pude encontrar. El temor es un sentimiento de inquietud y de angustia, que mueve a rechazar o a tratar de evitar las cosas que se consideran peligrosas, arriesgadas o capaces de hacer daño. Es algo que produce miedo. A veces tenemos temor de enfrentar o de llevar a cabo proyectos, porque antes de ejecutarlos ya tenemos el temor del fracaso. Tienes la idea de establecer un buen negocio, todo está dado para que tengas un buen negocio, Dios ha puesto los medios. Pero te viene un pensamiento que te dice: ¡No vas a poder! ¡No lo vas a lograr! ¡Igual y pierdes!


Mira, yo he podido constatar algo: tal vez en la mayoría de las mujeres no en todas, pero tal vez en la mayoría de las mujeres piensan dos veces antes de poder echar a andar un negocio. Van en una decisión muy certera, muy segura de poder conquistar. El hombre como que es un poquito más aventurero, el hombre dice: sí, vamos a hacer. Aunque fracasa en el primer intento tienen otros por hacer y otros más.

 

Pero a veces la mujer como que mira un poquito el panorama, y viene la incertidumbre “voy a invertir todo, ¿y si me quedo sin nada? O si no me sale bien el negocio, tal vez sí pierda todo. ¿Qué van a hacer mis hijos, qué va a pasar con la escuela, qué va a pasar con el alimento? Y muchas veces son algunas de las preguntas que nos hacemos antes de poder llevar a cabo un proyecto, y por eso nos da miedo enfrentar nuevas expectativas de vida.


Cuando llegaste a Cristo te dio temor aceptar por a Cristo, porque temiste ¿qué iban a decir tus padres? Porque tuviste temor muchas veces de dejar la idolatría, tal vez sí se enoja la imagen que tú adorabas. Ese fue alguno de mis casos, que yo muchas veces pensé que a lo mejor hasta mis padres se podían enojar. Que a lo mejor aquello que me habían inculcado de pequeño, yo no lo podía dejar tan fácilmente. Yo tenía temor porque te meten el temor de que te va a castigar la virgencita. Y ese era un temor que muchas veces surgía y por eso mucha gente no da el paso decisivo de decir: “Sí, yo quiero seguir a Cristo”. Sin temores que van influenciando en las personas.

 

Y volviendo al punto del negocio, tú quieres hacer algo, tú tienes un proyecto, y no lo haces porque escuchas la voz del enemigo que te dice: ¡No vas a poder! Muchos lo han intentado y no lo han logrado. Mira, hoy en día ante la situación económica tal vez tú puedes invertir tu dinero y yo conozco una persona que invirtió en lo mismo, y no le fue bien. Y tú dices, tal vez me vaya igual, no me va a ir bien. Y te olvidas que aquella persona no es hija de Dios y tú sí. Y comenzamos a confiar en la voz que no debe aparecer en nuestra mente, sin embargo está presente todo el tiempo en nuestra vida.

 

Otra definición de temor es una creencia o sospecha de que va a pasar algo malo, algo desagradable. Todavía no pasa algo y ya estamos teniendo temor de que va a pasar. Oye, ¿podrás dejar ir a tu hijo o a tu hija a tal lado? Ay no, ¿y qué tal si le pasa algo? O ¿qué tal si se cae? Oye, mira estamos haciendo un proyecto, ¿qué te parece si tus hijos son parte de ese proyecto? No, ¿Y qué tal si no pueden? O tú mismo le comienzas a poner a tus hijos trabas. No, es que éste no va a poder. Si es bien miedoso, ¡qué va a poder! Oye deja que tu hijo vaya. No hombre, es bien miedoso, no, no va a poder. Oye es que vamos a ir a escalar a algún monte y ahí pues vamos a subir y… No, no, no, ¿qué tal si se me cae?

 

Yo tenía un compañero de trabajo que él dice que un día sus hijos uno de 11 y el otro de 12 años le dijeron: “papá nos están invitando por parte del campamento, a que salgamos y vamos a ir en una tarde para ir a subir al cerro, y vamos ahí a acampar y todo ahí muy padre. Y él dijo, híjole, no sé qué hacer. Lo fue y lo consultó con su esposa y le dijo ¿cómo ves? Y le dijo la esposa, pues bueno ni hablar, hay que dejarlos. Él me dice: yo todo ese día y toda esa noche no pude estar en paz, porque yo dije: mis hijos se van a caer. Mis hijos se van a raspar. ¿Qué tal si uno se cae y se descalabra? ¿Qué tal si se matan en una caída de esas?


Y son temores en los cuales muchas veces caemos. Y ¿sabes una cosa? Que puedes atraer ese mal a tu vida, si tú eres una persona que está llena de temores. Es el buen tiempo de dejar a un lado esos temores, y poner nuestra confianza en Dios. Otra definición más. Es un miedo que experimenta una persona ante algo considerado negativo o perjudicial. La Biblia lo establece también que el temor es un espanto, es miedo, es temblor y es terror, también eso es el temor.


Vamos a ver el llamado del profeta Jeremías, y vamos a ver qué pasa en Jeremías cuando recibe este llamado. Porque yo creo que hoy en día, así como Jeremías, Dios te ha hecho un llamado a ti y me ha hecho un llamado a mí. Tú y yo tenemos una misión que cumplir en esta tierra. Tú y yo tenemos que conquistar muchas cosas hoy en día. Tú y yo tenemos inclusive que conquistar cosas que nos han sido robadas y nos han sido arrebatadas. Y es tiempo de que las conquistemos amado, porque Dios ha puesto en nosotros ese espíritu de poder para poder conquistar.

 

Jeremías 1:5-9 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 7Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 9Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

 

El señor le dice al profeta Jeremías, mira desde antes que tú nacieses, desde antes que estuvieses en el vientre de tu madre, yo ya te conocía. ¿Sabías que Dios te conoce desde antes de la fundación del mundo? ¿Qué Dios ya te conocía desde antes que te hubiese plantado en el vientre de tu madre? Y al igual que a Jeremías, Dios te dice: mira yo te formé, y yo te hice una persona para que tú me conozcas, para que tú vayas, para que tú conquistes, para que tú prediques.


Y el profeta Jeremías dijo: “Señor, oh Dios mío, si yo soy niño todavía”. Todavía no he crecido, apenas estoy yendo al curso de Rudimentos, todavía no me mandes Señor. Apenas voy con rudimentos “A”, todavía me falta el B, C y D Señor, no me mandes, soy un niño. Dijo el Señor: “mira, no digas soy niño. No lo digas que tú eres niño, no digas que no puedes, no digas que solamente estás aprendiendo apenas Rudimentos A. No digas que eres incapaz de poder lograrlo, porque te estará envolviendo el temor. No digas no puedo, porque cuando tú dices no puedo, el Señor dice ¡Yo quiero y yo puedo! Porque el Señor pone en ti el querer como el hacer. Porque el Señor pone en ti un espíritu de valentía.

 

Pero tú le dices: “no puedo Señor porque aun me falta mucho por avanzar. Oye, yo te pido que tú vayas y conquistes tu matrimonio. No puedo Señor porque mi esposa es una fiera. Oye, yo te pido que vayas y conquistes a tus hijos, se están perdiendo. No puedo Señor porque ya nos dimos golpe a golpe, cara a cara, cuerpo a cuerpo, ya nos dimos de puñetazos. El Señor dijo hace un momento eso, oyes, se han levantado las manos tu hijo y tú y no lo has podido controlar. Señor no puedo, reconozco mi incapacidad.

 

Te dice el Señor: no me digas que no puedes, no me digas que no puedes ascender de puesto. No me digas que no puedes dejar ese vicio. No me digas que tienes miedo, porque entonces estás en un grave problema. Porque el ser humano que es hijo de Dios y tiene miedo, está haciendo a un lado las promesas de Dios para escuchar la voz del enemigo que te dice ¡no puedes!

 

¿Cuantos son valientes? Un valiente no tiene miedo. ¿Cuántos pueden llamarse conquistadores? ¿Cuántos pueden decir: yo he conquistado? Pero para que tú te digas que has conquistado, tú necesitas pelear, porque ¿sobre qué tienes victoria? Pero cuando estamos en medio de la lucha y del conflicto, decimos: yo no quiero pelear, yo tengo miedo. Pero venimos aquí, levantamos las manos y decimos: ¡En Cristo Jesús, soy más que victorioso! ¡Sí puedo señor, claro que sí! Y en el momento de los cocolazos, entonces te escondes y dices: ay creo que no puedo. Al cabo que no me ven los hermanos.

 

¿Cómo te llamas victorioso si no has peleado? Es como aquel que se sube en un ring para pelear un campeonato mundial, y le ganan. Y levanta las manos y dice: “eh, yo vencí, ya gané”. ¿A poco es correcto eso? Él no venció, él fue vencido. Y a veces así estamos, nos enfrentamos al enemigo y empezamos a correr, tenemos miedo, nos alcanzan, nos golpean, pero levantamos las manos y decimos: ¡en Cristo Jesús soy más que vencedor! Pero en nuestro interior existe un gran temor que nos embarga todos los días y no podemos salir adelante.


El verdadero conquistador, el verdadero hombre y mujer valiente, es el y la que enfrenta batallas todos los días. Y en medio de la batalla vence al enemigo, vence sus tentaciones, vence al pecado, vence sus impulsos, vence su temperamento. Y cuando es conquistador, entonces, puede venir y decir: ¡En Cristo Jesús soy más que vencedor! Pero si no lo haceos así, comenzamos a tener mucho temor.

 

Aquí le dice el profeta: Señor, soy niño. Dice el Señor: no digas que eres niño. El Señor le dice: No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Ya en ese momento se empieza a animar Jeremías, y dice: Ah Señor, si tú estás conmigo, ¿Quién va a estar contra mí? Si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?  Yo Señor, voy a donde tú quieras. Está bien, he tenido un poco de temor. Yo puse un pretexto, pero hoy sé que tú estás conmigo. Está bien, adelante.

 

Versículo 9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

 

La Palabra de Dios en nuestra boca es un arma poderosa. Es una espada poderosa.

 

Versículo 10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.

 

Entonces Jeremías se anima y dice: ¡claro Señor, tú me has puesto por ello! Y a lo mejor tú te puedes sentir en esta hora igual, porque si yo te declaro esta Palabra, es para que tú la tomes. Y el Señor te dice: mira, a ti que estás aquí; yo te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos. ¿Has escuchado que la Biblia dice que nos ha puesto por cabeza y no por cola? ¿Que nos ha puesto por arriba y no por debajo? Pero cuando tú estás arriba y cuando eres cabeza, ¿para qué crees que te ha puesto Dios? Aquí lo dice la Escritura, te puso así para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar.

 

Dice uno, está bien, ¿yo tengo ese poder Señor, yo tengo esa autoridad para hacer todo eso? ¿Para derribar, para destruir, yo lo tengo? No lo creemos. Pero hay una regla de parte de Dios por lo cual nos puso por cabeza y no por cola. Hay una regla de parte de Dios por lo cual el señor nos puso por encima y no por debajo. Nos puso el Señor sí en efecto para arrancar, para destruir, para arruinar, para derribar, y vamos a ver al final del versículo qué dice el Señor, y aquí está la respuesta. ¿Por qué podemos hacer todo eso? Para dos propósitos importantes. Si tú vas a arrancar, vas a destruir, vas a arruinar y vas a derribar, lo vas a hacer para edificar y para plantar.

 

Y dice Dios, o.k., yo te doy esa autoridad, tienes que hacer dos cosas con el valor que yo te he dado: vas a edificar y vas a plantar. Lo mismo le dijo a Jeremías, lo vas a hacer. Pero cuando tú tienes temor, cuando tú no empiezas a enfrentar tus temores, ni puedes edificar y ni puedes plantar. Por eso es que si no edificas no tienes cimientos firmes. Si no plantas, no tienes cosecha que recoger. Cuando existe un temor para venir y plantar, jamás vas a poder ver una cosecha en tu vida.

 

Versículos 11-14 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. 12Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra. 13Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz está hacia el norte. 14Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra.

 

Yo me puedo imaginar a Jeremías cuando el Señor le está hablando, y le dice: mira yo te conozco, yo te he escogido, yo pongo en tu boca mi Palabra, yo te doy autoridad para que tú hagas esto, y esto, y esto, y esto. Te he puesto esa autoridad. También vas a poder edificar y vas a poder plantar. Y entonces tú como yo nos animamos tanto como Jeremías, y decir: ¡sí Señor, tú lo has hecho por mí y para mí! ¡Gloria a Dios! Y después vemos en el versículo 14, y me dijo esto el Señor, todo lo que yo he visto, todas las visiones porque se soltará el mal. Entonces puedo ver cómo jeremías de repente cae, se sorprende y dice: ¿Va a venir mal?  Va a venir mal por todo esto sobre la tierra.

 

Versículo 17 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.

 

Yo veo aquí dos tipos de temor: El temor del cual nos dice el Señor que no debemos temer, el temor al enemigo. El temor a nuestros enemigos, a los que levantan en contra de Dios, en contra de nosotros. Y dice: pero si tú haces lo que ellos hacen, entonces yo te quebrantaré delante de ellos. Y entonces surge otro temor, un temor santo, el temor a Dios. De no quedarme sin salvación, un temor del cual yo no quisiera ver la ira de Dios sobre mi vida. Y dice el Señor, ¿sabes? Yo quiero que tú tengas este tipo de temor en tu corazón, hacia mí. Porque cuando tú temas a mí, no temerás a tus enemigos. No temerás a tus angustiadores, no temerás mal alguno.

 

Versículos 18-19 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. 19Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte. 

 

Mi pregunta en esta hora es, Amado, amada, ¿qué tipo de temores estás enfrentando hoy en día? Porque al igual que Jeremías Dios te hizo un llamado a ti hace tiempo, cuando tú conociste de Él. Ya desde antes Dios te había hablado. Pero cuando escuchaste la voz, fue cuando dijiste: he cierto, hay un solo camino, hay una sola verdad y hay una vida, Jesús de Nazaret. Y rendiste tu ser al Señor y le dijiste: aquí estoy. Entonces Dios dijo: está bien, yo te voy a poner delante, por arriba, por cabeza.

 

Pero yo te puedo asegurar que en general,  todos estamos pasando por diversas situaciones en nuestra vida en donde surge algún temor. ¿Temor a qué tienes? Porque el temor va a quitar tu confianza en Dios. ¿Cuántos han vivido o experimentado una clase de temor? Porque aun pudieras estar confiado que Dios está contigo, pero no dejas de tener temor. ¿Sabes? Nuestros hijos muchas veces creen que nosotros somos Superman, y que no tenemos miedo. Y a veces tratan de compararse nuestros hijos con nosotros mismos. De decir: yo quiero ser como mi papá porque él no tiene miedo a nada. Si supieran la verdad, tienes miedo hasta de pararte en la noche y salir al baño.


Yo he escuchado a varones que de verdad dicen: es que a mí me da miedo pararme de noche, en serio. Mi padre decía así cuando yo ya estaba un poquito más grande, yo le decía: papá, yo soy muy fuerte y muy valiente. Y me decía: tú le tienes miedo hasta a una lombriz. ¿No? Y me lo decía de broma, pero cuando yo veía una lombriz en los tiempos de lluvia, las pisaba pensando que decía: yo no les tengo miedo. Pero de verdad créeme que muchas veces nosotros vemos a nuestros padres como algo fuerte que no tienen miedo, que no tienen temor. ¿Y sabes? Ciertamente vivimos una clase de temor cada uno de nosotros.

 

Yo viví uno hace muy pocos días. El Señor nos profetizó aquí y nos dijo: se van a levantar cosas fuertes en contra de tu esposa. Y a mi esposa se lo dijo, dijo: pero no temas. Escúchame, dijo el señor no temas porque yo estoy con ustedes, y porque desde este momento yo reprendo y sujeto todo lo que se quiera levantar. Esta es una promesa en donde dices, ¡wow! Qué hermoso, Dios habló a mi vida. Y yo me voy bien contento abrazado de esa promesa y nos fuimos a la casa y le dije a mi esposa: mi amor Dios tiene el control de todo, está con nosotros el Señor y no tememos a nada. ¡Ajá, ajá!

 

Pasaron los días, empezó a haber enfermedad en mi esposa. Una pre clamsia con una presión de 170/110. Y vámonos directos al quirófano. Y yo recordaba la promesa: ¡Dios está conmigo! Pero no dejaron de temblarme las piernas. Y estaba en el quirófano y yo estaba temblando con la cámara. Por ahí está el testimonio si un día pueden ver la grabación, se van a dar cuenta cómo la cámara estaba mirando hacia el techo y yo con un temor terrible. Me decía mi esposa ahora que vio el video, oye ¿y por qué grabaste el instrumental? Dije, oh, para que veas cuántas cosas usan.


Estaba desorbitada toda mi mente, la cámara yo la tenía supuestamente grabando el nacimiento de mi hija pero mi mirada no estaba en la cámara sino en mi hija, clavado, y decía: ¡no puede ser! Y luego estaba grabando al doctor, y le dije para que veas quién te hizo esto. Pero ¿sabes una cosa? Había una promesa de parte de Dios, pero hubo temor. Y créeme que me avergüenza decirlo amado hermano. No dejé de confiar en su promesa, nos sostuvimos de ella, y la lucha con el temor es algo muy terrible, porque te levanta de noche, porque te quebranta, porque te hace llorar.

 

Cuando los medicamentos no le hacen al ser que amas. Cuando de repente ves que cae un enfermo y cae el otro y luego el otro, y tu familia está enferma totalmente. Y una de las preguntas era ¿qué está pasando? La pregunta anoche cuando estaba mi esposa, mi hija y mi bebé enfermas en cama, mi esposa me decía: Fer, ¿qué está pasando? Y le dije, no está pasando nada malo, Dios nos sacó del quirófano, Dios te va a sacar de una gripe y de cualquier cosa. En la mañana se pararon bien, y aquí están gracias a Dios. Pero ¿sabes algo? No deja de haber un temor.

 

Ahora, mi pregunta es ¿por qué circunstancias estás pasando, donde estás dejando de confiar en Dios? Muy a pesar de que hoy alguien se acercó y te dijo: amado no temas, Cristo está contigo. Qué cosa estás pasando en este momento en donde dices: ya me embargo este temor y no puedo más. Me estoy quedando sin trabajo o no sé cuál sea el problema, pero dices: yo no puedo más, yo tengo miedo. Tengo miedo de perder a mis hijos. Tengo miedo de perder a mi esposo o a mi esposa. Tengo miedo de perder mi trabajo, Tengo miedo de no saber qué voy a darles el día de mañana de comer a mi familia. Tengo miedo de que nos saquen de aquí.

 

Tengo miedo de que lo que me diagnosticó el médico sea cierto. Me dijo que era un cáncer, me dijo que era una parálisis, me dijo que era una enfermedad incurable, no lo sé, pero tengo miedo. Entonces el miedo embargó mis sentimientos y mi ser y mi mente de tal manera que yo no vea el resplandor de Cristo. La magnificencia de su poder. La grandeza de su nombre. Pero muchas veces nos cegamos, es como una cortina que se pone al frente de nosotros para no mirar más allá.

 

Podría decir también que el temor es un instrumento perfecto demoniaco, que el diablo usa para que tu vida esté en prisión, para que te ponga lazo, y para que no avances. Para que puedas decir un día ¿y dónde está Dios? Todo el mal cuanto temía, me ha sobrevenido. Ya sacúdete, ya no tengo miedo. ¡Qué sencillo suena! Pero es un ejercicio.

 

Proverbios 29:25 El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado.

 

Yo cambio mi pensamiento y esta es una palabra poderosa. Y date cuanta que son dos pensamientos diferentes. El pensamiento de uno dice: El temor del hombre pondrá lazo. Si tú temes va a haber un lazo que te va a atar a ese temor. Pero hay otro pensamiento que dice: Mas el que confía en Jehová será exaltado. Yo confío en Jehová. ¿Exaltado de dónde me pregunto yo? ¿Exaltado entre nosotros, exaltado entre la comunidad, exaltado en mi trabajo, exaltado de dónde? Cuando la Biblia nos dice El temor del hombre pondrá lazo, o sea, te pondrá por cola. O sea, te pondrá por debajo, te pondrá ataduras. Y el temor te va a esconder abajo.

 

Y luego dice: Mas el que confía en Jehová será exaltado. ¿Exaltado de dónde? En medio de tus temores. Te va a poner por encima de tus temores. Pero dice la Palabra: el que confía en Jehová. Si tú no confías en Dios no vas a poder salir de debajo de tus temores. No vas a poder romper con ese lazo que te puso el miedo. De ahí es donde el Señor te va a exaltar, de en medio de tus temores. Tengo miedo, tengo un temor de que esta enfermedad no me deje, ¡pero confío en Dios! Estarás por encima de la enfermedad, sano. Es que tengo temor de que me corran. Confío en Dios y hasta un aumento recibo. Es que tengo temor de que mi matrimonio se venga abajo. Confío en Dios y entonces mi matrimonio está más firme cada día.

 

¿En quién confío?  Ahí es cuando el Señor habla de exaltación. Ahí es cuando el señor dice te voy a poner por encima de tus temores, no temas, no desmayes, Dios está con nosotros. El temor puede quitarte la bendición.

 

Conocemos la historia de Job, un hombre próspero, un hombre que tenía una comunión con Dios, Dios se agradaba con este hombre. Un hombre que buscaba a Dios y un hombre del cual Dios se podía sentir muy satisfecho. Otra pregunta en esta tarde, ¿qué tan satisfecho se puede sentir Dios de ti? Qué tan agradado pueda sentirse Dios de ti, como para que le diga al diablo: ¿ya probaste a mi siervo? ¿Ya lo probaste que es un hombre valiente, esforzado, temeroso de mí, y que no tiene temor alguno?

 

Job 3:25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo temía.

 

¿Qué fue lo que le aconteció a Job en el mismo día? Perdió su casa, perdió sus riquezas, perdió a sus hijos, perdió su salud, perdió todo. Y dice la Escritura Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía. Job temía temor de perder lo que perdió. Una pregunta más amados, ¿de qué cosas estás teniendo temor? O ¿cuántas cosas has perdido por causa de tus temores? Tal vez tu prosperidad no la has podido ver porque tienes temor de la ruina.

 

Cuando la Biblia dice: he confiado en Jehová y me ha exaltado, es porque cuando tú pones la confianza en alguien, en este caso en Dios, tú puedes ver la exaltación de parte de Dios. Pero cuando tú pones tu confianza en el hombre, en tus bienes, en tus riquezas, en tus hijos; puede suceder algo: lo puedes perder todo. Porque ¿quién construye y no tiene temor de que le sea quitado? ¿Quién no invierte y teme de que haya una caída? ¿Quién no invierte en una persona y teme a que le deje? ¿Quién no se casa con la incertidumbre de decir a ver cómo nos va? ¿Tu confianza en dónde está?

 

Si está en Dios vas a decir: todo va a ser prosperado. Pero si vas con temor, lo  más seguro es que haya una caída en la bolsa de valores. Lo más seguro es que el esposo o la esposa se termine yendo. Lo más seguro es que pierdas todo lo que tengas porque tu confianza está puesta en el hombre y en tus bienes.

 

Pero dice aquí Job, el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo temía. Todo me ha venido, todo ese espanto, todo ese temor ha venido a mi vida. Ahora, es cierto, el diablo estaba por ahí paseándose y dijo el Señor, pero tú no has visto a mi hijo. Yo quiero que te des cuenta qué es lo que Dios quiere que el diablo vea en ti amado.

 

Job 1:9-11  Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.

 

¿Sabes una cosa? Lo que el diablo ve es lo que al exterior puede notarse. Pero lo que el diablo jamás va a poder ver es lo que Dios ha plantado en tu corazón amado. Y como sabía Satanás que Job tenía temores, escúchame bien para que dejes de decir de qué tienes miedo, porque el diablo te escucha y dice: ¿de esto tienes miedo? ¡Pues de ahí me agarro y vas a ver si te suelto! Job tenía temores y por supuesto que en algún momento debió de haberlos expresado. Híjole, tengo temor de que esto me suceda. Y dijo el diablo: de ahí.

 

Entonces viene delante de dios y le dice: Mira, quítale lo que tiene, porque ese es su temor y vas a ver cómo va a blasfemar. Y dijo el Señor: hazlo, porque lo que tú estás viendo no es lo que yo veo. Lo que el diablo ve en ti, no es lo que Dios está viendo en ti. Porque,  ¿sabes qué es lo único que el diablo no pudo quitarle a Job? La integridad que él tenía delante de Dios. Pudo haberle quitado bienes, hijos, todo lo que haya querido pero lo que jamás pudo arrebatarle fue la integridad de ese hombre delante de Dios.

 

Y cuando el hombre delante de Dios guarda su integridad muy a pesar del problema y del conflicto que tenga, lo va a poner por exaltado el Señor. Y entonces dice la Biblia que le duplicó todo aquello que él había perdido. Y aquí podemos ver que el diablo está observando tus temores. Y dice: Dime ¿de qué tienes miedo? Dime de qué careces, porque de ahí me voy a agarrar. No, no, no es que yo ya conozco de Cristo, pero tengo miedo a caer. Tengo una inclinación todavía hacia las mujeres. Lo más seguro es que te aparezca una Miss Universo y te diga: ¡aquí caíste! Y no te estoy dando un tip, Y ya estás pensando, ahí sí me voy a… no, no te estoy dando un ti, ¡Ten cuidado!

 

No, no, yo ya vencí el vicio pero híjole, que no me pongan una botella porque seguro que caigo. ¿Sabes? Y hasta la más cara te la van a poner. Porque te va a tratar de seducir con lo mejor. Pero ¿sabes? Si todo eso externo tú lo pones por un segundo término, y le pones prioridad a las cosas de Dios, no vas a tener temor alguno. De verdad que no vas a tener temor alguno.

 

Hoy te fue quitado aquello, pero Dios te está multiplicando. Hoy se te cerró una puerta, Dios te está abriendo otra. Esa es mi confianza por cuanto yo he temido a Dios, o por cuanto yo he inclinado mi corazón delante de Dios. Lo que aquí pudiera suceder en la tierra me debe tener sin preocupación. Te repito, no es fácil porque cuando lo estás viviendo en carne propia, la condición humana te puede ganar. La condición humana te puede quebrantar, te puede hacer claudicar. Te puede hacer dudar y decir, no es cierto Dios no está conmigo. Si yo no veo que su mano se mueva, yo sigo viendo peores cosas.


Dice el Señor: no, solamente te estoy preparando, porque lo que viene es más grande. Porque lo que estabas viviendo ya te había metido en un confort y yo no quiero que tú seas un conformista. Ahora te exaltaré, te pondré nombre y más alto del que ya tenías. Entonces si yo dejo de temer al hombre y temo a Dios, voy a ser exaltado.

 

La voz del enemigo puede causarte temor. Hay una voz que no debemos escuchar jamás, que es la del diablo.

 

Salmo 55:1-7 Escucha, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica. 2Está atento, y respóndeme; Clamo en mi oración, y me conmuevo, 3 A causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque sobre mí echaron iniquidad, y con furor me persiguen. 4 Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. 5 Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto. 6 Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. 7 Ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto. Selah

 

Podemos ver la condición de un hombre. Un hombre que hubiera preferido en el momento de aflicción tener alas y poder volar. Poder decir: ¿sabes? Para mí es mejor en este momento que yo no esté en este lugar. ¿Cuántas veces has querido salir huyendo del momento difícil que estás pasando? ¿O cuántas veces tú has dicho: sería mejor muerto? Yo no sé si alguna vez en tu pensamiento, pero yo he escuchado personas que sí han dicho: sería mejor que me muriera en este momento.

 

Cuántas veces no has querido en ese momento dar un carpetazo a la situación, y decir: ¿sabes? ¡Se acabó! Yo ya no quiero seguir más. Va a ser mejor que yo me vaya a otra ciudad. Ahí nadie me conoce y ahí puedo iniciar una nueva vida, con otra mujer pero una nueva vida, allá nadie me conoce. Tu mal te va a perseguir por donde vayas. Pero queremos huir y no enfrentar la vida.

 

Será mejor que abandone este trabajo, yo ya tengo muchos problemas con ese jefe que tengo, me voy a cambiar de empresa. ¡Te siguen los mismos problemas! Es que el dinero que yo gano en este lugar, ¡no me rinde! Yo necesito otro lugar en donde me paguen más. Te van a pagar y jamás te va a volver alcanzar. Eres un despilfarrador y mal administrador. Entonces Señor, ¿Qué debo hacer? Debes quedarte en el lugar; fíjate, aquí dice en el versículo 3 A causa de la voz del enemigo, porque el enemigo es el que te dice: ¡huye! 

 

Entre más lejos estés de la iglesia, para mí es mejor. Esa iglesia no te conviene. Esos hermanitos que están ahí no son de buen testimonio, mejor vete a otra, ándale. ¡Esa es la voz del enemigo! Porque el señor dijo bien claro hace un momento en la profecía: el día que yo te saque de este lugar para llevarte a otro, va a ser con una misión y con un propósito. No va a ser ni por capricho ni porque tú quieras. Ni porque tú digas: yo ya no los aguanto hermano, ahí nos vemos yo me voy a otro lugar. Por si la estás pensando, Dios no te está mandando, el que te está mandando es el diablo.

 

Así: DI A BLO, el que te está diciendo: salte de ese lugar porque ahí no vas a prosperar. Acá está la unción, acá está el Señor, aquí sí hay dones, aquí sí se manifiesta, aquí hay milagros y hasta todos hablan en lenguas. Aquí sí de este lado, vente. Allá unos cuantos. No, aquí somos todos. Y tú digas, sí es cierto ese no es el lugar para mí. Ahí no están tan ungidos, ahí no están tan prendidos. Yo me voy a ir a otro lugar en donde sí estén bien ungidos y bien prendidos. ¡Pura emoción!  Y por haber seguido esa voz, ¿sabes qué va a pasar? Vas a tener una caída tremenda, porque no viene de parte de Dios. Y entonces vendrá temor, vendrá temblor.

 

¿Y sabes qué me puedo imaginar cuando dice: Temor y temblor vinieron sobre mí? Yo me puedo imaginar dos demonios enormes, uno se llama temor y el otro se llama temblor, y se dicen: ven vamos a atormentar a ese que se dice ser cristiano. A ese que se dice ser ungido. A ese que se dice que conoce toda la Palabra y que hasta habla en lenguas. ¡Ja!  ¿A ese? Pues vamos. Mira, hay una puerta abierta en él. ¿Cuál? Tiene miedo, no está seguro que Dios le habla. Ah, pues vamos a pegarle. Y le pegan con todo.


Curiosamente aquella persona que se salió buscando la unción, termina siendo derrotada. Porque la unción no está en una persona, la unción está en el Espíritu Santo y en aquel que busca al Espíritu santo. Y aquí podemos ver que muchas veces nosotros tenemos muchos temores y no enfrentamos una vida porque estamos escuchando la voz del enemigo diciéndonos: ¡No vas a poder, ni lo intentes, no vas a poder!  Es que tengo un proyecto. Ni lo hagas, te va a ir mal. Bueno, pues no lo voy a hacer.

 

Pasan los años y llegas a tu vejez. Y en tu vejez te puedes dar cuenta de la cruda realidad. Que el proyecto era muy bueno, muy ambicioso, muy productivo y muy próspero. Pero el único que no servía ahí, ¡eras tú! Porque no te quisiste enfrentar. Porque no te quisiste parar en la brecha para decir: ¡Esto es mío, Dios me lo ha dado!  Porque si Dios me prometió un negocio, el negocio es mío. Porque si Dios me dijo que habría prosperidad todos los días de mi vida, los va a prosperar en mi vida. Aunque el diablo me diga, no, no es cierto. ¿Y tú qué te metes? Si eres mentiros, además tú eres un derrotado.

 

Cómo puedo escuchar un consejo de parte de alguien que está derrotado. ¿No la Biblia dice que el diablo fue vencido en la cruz del Calvario? Entonces,  ¿por qué yo lo hago caso a una persona que está siendo vencida? Yo mejor le hago caso al vencedor, a Cristo Jesús. Y entonces si Jesús me dice: vas a prosperar. Yo te creo Señor, yo prospero. Oye tú vas a lograr estar por cabeza. Yo le creo. Pero si el diablo me dice: ¡tú no puedes! Pues es porque él no pudo, ni es un buen administrador, ni es un buen empresario. No lo es.

 

¿Sabes una cosa? Creo que mucho podemos aprender de la Palabra de Dios. Y nos puede zangolotear grandemente la cabecita como para decir: ya es un buen tiempo de pensar en que Dios habla hoy en día. Es bueno de pensar que Dios está conmigo. Y que si en un momento dado yo siento temor porque esté pasando situaciones difíciles, yo puedo acercarme a uno de los ministros y decirle: hermano yo necesito que usted ore por mí, porque el temor y el temblor y el terror me están atormentando. No pude dormir anoche, pero esta noche el Señor está conmigo. Pero esta noche su promesa es que en paz me acostaré y así mismo me voy a levantar porque Jehová me sustenta. Estas son promesas y las creo, entonces, ¿para qué dormirme atormentado si Dios me ha dado una promesa de descanso?

 

El temor puede disminuir tu fe. ¿Por qué ya no tengo tanta fe como antes? Seguramente porque el temor te está atormentando.

 

Mateo 8:23-27 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

 

Conocemos la historia, pero a mí me llama la atención lo que el Señor nota aquí en ellos. Y les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Jesús no dijo: ¿por qué temen hombres que no tienen fe?  ¿Cuántos tienen fe? ¿Por qué tememos? Porque nuestra fe es poca, porque cuando se levanta una gran ola o un gran conflicto o un gran problema entonces, nuestra fe por causa del temor es reducida.


El Señor no les dijo: Hombres que no tienen fe. Le dijo: hombres de poca fe. ¿Por qué tienen miedo? Y muchas veces tú y yo como cristianos nos decimos hombres de fe, que podemos enfrentar cualquier tipo de problema. Y cuando estamos en medio ya del conflicto, entonces es cuando nos damos cuenta que el problema era tan grande que he perdido la fe en Dios, y he dejado de creer que Dios me ha hecho un hijo suyo par vencer todo problema y todo conflicto.

 

A mí me llamaba la atención un video que me enviaron. Y era de un hombre que está viendo de estas montas de toros. Y en las montas de toros ustedes saben que son hombres muy valientes ¿no? Y se suben y ahí andan, y los tiran y el toro anda brincando por todos lados. Bueno, pues no falta el hombre que se siente más valiente, y él lo vio yo creo tan pequeño al animal este, que bajó y me metió a querer torear a este toro. Que le ha puesto una golpiza de aquellas, le cayó como 3 veces, le arrancó la ropa al hombre este. Y ahí va corriendo y se mete por debajo, y lo empiezan a jalar al hombre este y lo meten.

 

Y muchas veces así estamos nosotros, nos creemos bien valientes. No, yo también puedo montar eso, vamos cómo no. Y a la hora que lo vemos tan grande decimos: no, no, no, mira mejor me regreso, yo no puedo, ¿si?  A veces nos encontramos ante una situación difícil y el problema se vuelve tan grande que nos sentimos tan poca cosa, tan reducidos. El temor nos agobia de tal manera que en lugar de que estamos por encima nos ponemos por debajo.

 

Y aquí podemos ver cómo los discípulos decía: oye Señor tú estás aquí con nosotros, pero el mar se ha levantado tan grandemente, que realmente tenemos temor. Porque ustedes han puesto los ojos en el problema, ustedes han puesto la mirada en esas olas tan grandes, en esa tempestad han puesto su mirada, y nos e han dado cuenta de algo. ¿De qué Señor? Que yo estoy con ustedes.

 

Pero date cuenta en qué momento el Señor respondió. Dice la Biblia que Jesús estaba descansando, y dice: y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Jesús estaba entonces descansando, estaba reposando. O sea que en el día de reposo suceden milagros. A veces te invitamos a que vengas un domingo, a que vengas el día de reposo, al día que el Señor hizo, y dices: No porque mi problema es mayor. Ven con el Señor del día de reposo.

 

Él estaba ahí reposando y aun reposando él se levantó, reprendió al mar y entonces las aguas se aquietaron. Y aprendí yo algo que me decían los pastores. Me decían: oye, el problema está difícil, acércale en el día de reposo, porque cuando el Señor está aquí entonces, grandes y poderosas cosas y suceden. Y ahí estaba el Señor en su reposo, en su descanso, en quietud, en tranquilidad. Y Dios sabía lo que estaba sucediendo, Jesús sabía lo que estaba pasando.

 

¿O a poco la barquita iba así como en quietud? Pues si habían grandes olas, pues entonces la barca se movía fuertemente, pero Jesús estaba en su reposo. Y entonces vienen y le despiertan ¡Señor, perecemos! ¡Hombres de poca fe! Qué no sabes que si tú vienes en este reposo vas a entrar a mi reposo y cosas poderosas van a suceder. Y entonces lo que te atormentaba ya no te va a atormentar. Así como el Señor reprendió ese mar; el Señor nos lo dijo aquí, porque en este momento yo reprendo lo que se va a levantar, solamente entra en mi reposo. Entra en mi descanso, entra con fe, y espera en mí. Pero el temor puede disminuir tu fe.

 

2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.


Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía. Un espíritu que se acobarda ante las situaciones adversas. Dos nos ha dado un espíritu de poder, un espíritu que puede combatir con cualquier fuerza del enemigo.  Olvidamos las promesas de parte de Dios. Y esta es una promesa maravillosa, entonces yo no debo temer porque Él mismo me ha dicho que Él va a estar conmigo. Él mismo me ha enseñado que yo tengo poder. ¿Para qué uso el poder que Dios me ha dado? ¿Para vencer o me lo dejo arrebatar por causa del enemigo?

 

Analiza tu corazón y observa en qué parte, en qué área de tu vida estás pasando una situación similar. Estoy completamente convencido de ello. Pero ¿qué tenemos que hacer? ¿Cuántas promesas conoces de parte de Dios para poder salir del conflicto en el que hoy actualmente estás viviendo? Dime cuántas promesas has declarado, cuántas promesas has abrazado de parte de Dios para decir: ¿Sabes? Es cierto que estoy en un problema difícil en este momento, pero también su Palabra me está enseñando esto. ¿Cuántas promesas sabes?

 

Hay muchísimas más de 7 mil promesas de parte de Dios. Pero esta tarde yo quiero dejarte 3 promesas solamente que quiero que tú abraces esta tarde. Tres promesas que yo quiero que tú repitas durante esta semana. Tres promesas las cuales hagas tuyas, porque Dios te las está dando a ti. Nos las da como iglesia, es cierto, pero nos las da en lo individual a cada uno. Tres promesas. ¿Cuántos quieren esas promesas?


Salmo 112:1-7 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. 2Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. 3Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre. 4Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; Es clemente, misericordioso y justo. 5El hombre de bien tiene misericordia, y presta; Gobierna sus asuntos con juicio, 6Por lo cual no resbalará jamás; En memoria eterna será el justo. 7No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová.

 

Promesa que tienes que abrazar para tu vida. No tendrás temor de malas noticias. ¿Cuándo no debo tener temor de malas noticias? ¿Cuándo yo no voy a temer de aquellas malas noticias que están diciendo en la televisión? ¿Cuándo yo no voy a temer de aquellas cosas que vengan a decirme que están sucediendo mal? ¿Cuándo? La Biblia lo dice al principio de este capítulo: cuando el hombre, la mujer, el cristiano teme a Jehová, Ahí está la respuesta, cuando en sus mandamientos se deleita en gran manera. Nada más. Yo voy a temer a Dios cuando me deleite en su Palabra habrá un temor de mí hacia el Señor.


Y cuando esto suceda, aunque vengan malas noticias, ¿sabes? La promesa de Dios está escrita. Y aunque haya malas noticias, yo que conozco su Palabra puedo decirte, que en ella me voy a recrear todos los días de mi vida. El Señor le dijo a Josué: mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente. Que no temas y que no desmayes. Mira que te mando que nos e aparte de tu boca este libro de la ley. Sino que de día y de noche meditarás en ella, y pondrás por obra todo lo que está escrito en ella. Y entonces, harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien. Esas promesas yo las debo conocer para que yo no tema las malas noticias.

 

Otra promesa más, Salmo 27:1-5 Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? 2Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado. 4Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto.

 

Entonces, ¿cuándo se van a caer mis enemigos, mis angustiadores y los que quieran comer mis carnes, cuándo? Cuando hagamos lo que dice aquí David. Cuando dice: Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Si nosotros queremos estar en la roca, por encima, establecidos en el cimiento de la fe; debemos buscar todos los días de nuestra vida el rostro de nuestro Dios. Y entonces nuestros angustiadores, nuestros enemigos, el problema, la crisis, la enfermedad, quedarán por debajo porque yo estaré por arriba como lo dice su Palabra. Y una promesa más y con esta terminamos.


Jeremías 20:11
Mas Jehová est
á conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.

 

Aquí hay una palabra que me llama mucho la atención y eso me hace descansar. ¿De qué tamaño es tu problema, tu conflicto, tu temor? ¿Qué tan grande puede ser tu temor? Muy grande. Fíjate lo que dice la Biblia: si tu temor es muy grande, recuerda esta promesa, Dios se levantará como poderoso gigante. O sea, más grande que mi problema. Más grande que mis temores, más grande que todo lo que pudiera estar persiguiendo mi vida. Más grande porque el Señor es un gigante poderoso que se levanta en batalla para destruir a mis enemigos.

 

Estas son sus promesas amado hermano, y no podemos andar con temores, todos son puestos debajo de nuestros pies. Te repito, no es fácil, más sin embargo, creo que en el ejercicio cotidiano si es que estás en un problema y estás teniendo temor, es el buen momento para confiar en Dios para que te exalte en medio de tu conflicto.

 

Muchas veces oramos aquí por ti, ye s un gusto poder hacerlo. Pero yo quiero pedirte que hoy tú ores a Dios por ti mismo. Porque tú sabes el temor que hay en tu vida. Y dile al señor: Levántate como poderoso gigante Señor, porque el temor cuanto yo temía no quiero que me sobrevenga como sucedió con Job, porque el temor que yo tengo Padre no quiero que me aparte de ti. Levántate mejor como poderoso gigante y exáltame en medio de mis angustiadores.

 

Pero mira, un hombre en batalla, en guerra, cuando se levanta voz de guerra, grita, levanta su voz como quien tiene autoridad. Y no le dice al Señor en secreto: Señor levántate como poderoso gigante. Mira aquí están mis angustiadores, dales duro Señor. En donde ni siquiera el que está al lado tuyo te escucha. Es más tu enemigo se ríe y dice: Ja, ja, ja ¿así con esa voz me quieres espantar? ¿Con esa fe? ¿De qué tamaño es tu fe Hermano? Así que no vamos a permitir en esta tarde una voz bajita, vamos a levantar nuestra voz para decirle: Señor, levántate como poderoso gigante.

 

Oh Dios poderoso gigante, levántate en esta hora. Hemos entendido tu palabra, porque no tenemos más temor de lo que pueda hacer el hombre contra nosotros. Oh Dios en esta hora estamos ahuyentando todo espíritu de temor, en el nombre de Jesús te atamos y te echamos fuera de nosotros. Yo hecho fuera todo temor porque Dios me ha puesto por cabeza y no por cola. Porque Cristo ha vencido en la cruz del calvario. Escúchame espíritu de temor, sal fuera en esta hora en el nombre de Jesús de la vida de cada uno de mis hermanos, aun de su mente sal fuera en el nombre de Jesús. Tú no tienes parte ni suerte sobre ellos.

 

Tú has querido sembrar duda en ellos, y has querido sembrar temor haciéndoles creer que Dios no está con ellos. Pero yo les digo ahora en el nombre de Jesús, que Cristo está con cada uno, que en ellos está el poder del Espíritu Santo, en ellos Dios h puesto fe para poder vencer. En el nombre de Jesús te ordeno que les sueltes ahora, porque no tienes parte ni suerte sobre ellos. Porque la promesa de Dios es que Él nos h hecho más que vencedores en Cristo Jesús y porque todos los que estamos aquí hemos creído en las promesas de Cristo Jesús. Así es que te ordeno ahora que les sueltes en el nombre de Jesús.

 

Y hermano toma el lugar que Dios te ha dado, porque el temor ya no está contigo. Porque es más fuerte el que está en ti, que el que está en el mundo. Porque es más fuerte el Señor que se ha levantado como poderoso gigante, y porque ha ahuyentado a tus angustiadores. Amado cuando el pueblo de Dios vencía en toda batalla que enfrentaba, sucedía algo poderoso; ellos exaltaban al Dios de la gloria y hacían sonar las trompetas, y sonaban los cánticos de alabanza al Dios de la victoria. Así es que si tú te sientes vencedor en esta hora, cántale al Rey de reyes y al señor de señores. Porque en cuanto tú comienzas a danzar, a alabar, tus enemigos perecen y salen en el nombre de Jesús. Dale un grito de júbilo al que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Dios te bendiga

 

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