INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.
UN
REINO INCONMOVIBLE
José Antonio Cano Mirazo
Hebreos
12:28 Así que, recibiendo nosotros
un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios
agradándole con temor y reverencia.
Cuando
miro la Escritura, lo que escribió aquí el escritor inspirado y guiado por
el Espíritu Santo, me agrada cuando dice que nosotros recibimos un reino inconmovible,
un reino que no se mueve, un reino que ahí está y ahí estará por la eternidad.
Que nosotros pertenecemos a este reino; no pertenecemos a un reino pasajero,
a un reino temporal, a un reino que va a desaparecer, a un reino que por las
circunstancias va a dejar de existir. ¡NO!
Dice la Escritura que el reino de Dios es un reino que no se va a mover y
que siempre va a estar. Por lo tanto, nosotros que conocemos este reino, que
conocemos a Cristo Jesús y que pertenecemos y que formamos parte de este reino,
debemos manifestar a Dios gratitud. Y gratitud porque dice aun la Escritura
que nosotros venimos a Cristo Jesús y le recibimos, no porque nosotros hayamos
entendido que él es maravilloso, sino porque el Señor tocó nuestro corazón
y nosotros pudimos reconocer la grandeza del Señor.
Pudimos
reconocer, gracias a que el Espíritu Santo nos lo reveló, pudimos reconocer
que éramos pecadores, pudimos arrepentirnos, aceptar a Jesucristo y empezar
a caminar en su voluntad empezando por el Bautismo. Tenemos que mantener un
corazón de gratitud. Cuando nosotros analizamos la Escritura y vemos que es
un reino inconmovible al cual ahora nosotros pertenecemos, nos debemos gozar.
Vamos a estar en el reino de Dios, en el reino de los cielos por la eternidad.
Y esto es maravilloso.
Nosotros
no tenemos puesta nuestra fe, nuestra esperanza en un reino terrenal, en un
reino que se va a acabar. Nosotros podemos mirar a los países, a los reinos
de esta tierra lo que ha pasado con ellos, y bueno, pues ha habido grandes
fracasos, grandes problemas. Dos grandes
problemas contemporáneos: 1.- El reino comunista. Nosotros vimos que un día
después de casi 100 años, ese reino se acabó, pereció. Y todos los que creían
en ese reino y que aun no estaban en los países soviéticos dijeron, ¿y ahora
qué pasó? ¿Y ahora, qué vamos a hacer?
Y
entonces el reino capitalista dijo: es que nosotros somos los buenos. Y es
que el capitalismo es lo mejor y es lo que va a permanecer. Y es lo que siempre
ha estado y siempre estará, y el comunismo ya se acabó y permanece el capitalismo.
¡Sorpresa! Hace un par de años vino la caída de este reino capitalista, con
todos los problemas que ocasionaron a nivel mundial. Y la gente se pudo dar
cuenta que tampoco el capitalismo es un reino que va a permanecer.
Y
cuando miro a la Escritura el Señor me muestra algo bien sencillo y que es
maravilloso: el reino que va a permanecer es su reino, un reino inconmovible.
Tengamos gratitud y nuestra gratitud tiene que estar acompañada de nuestro
servicio. Dice la Escritura que sirvamos a Dios. Pertenecemos a este reino,
trabajemos por lo tanto para este reino. Y ese es el llamado de Dios: trabaja
para su reino. Trabaja para el reino de Dios. Y con esto agrada al corazón
de Dios. Agrádale con temor y reverencia, sabiendo que lo que estás haciendo
es para el Altísimo.
Pero bueno, vamos a hablar un poco en relación en general a la tierra, vamos
a hacer un poco de introducción.
1) El mundo fue creado para que el hombre
Señoreara en él. Así lo hizo el Señor.
Génesis 1:27-28 Y creó Dios al hombre a su
imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Y
los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra,
y sojuzgadla, y Señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos,
y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Es
decir, Dios crea todas las cosas, crea a este planeta, crea los animales,
los peces, las aves, todo lo crea y todo lo pone en las manos del hombre y
le dice al hombre: Ahora tú vas a Señorear sobre todo. Este es el reino que
yo te he dado, vas a Señorear sobre él; aquí está. Y entonces el hombre está
ahí en ese lugar tomando posesión de lo que Dios le había dado. Pero sabemos
que hubo un problema.
2) El hombre pierde el derecho de reinar
a causa del pecado y esto también lo lleva a ser echado de ese reino.
Génesis 3:24 Echó, pues, fuera al hombre,
y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que
se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
Por
causa de su pecado sabemos, el hombre es echado de ese reino, ya no va a enSeñorear
más, y no puede regresar a ese lugar y ese lugar queda resguardado para que
el hombre no pueda regresar. Ese es su castigo por haber desobedecido a Dios.
Por no haberse sujetado a lo que Él estableció, por haber violado el pacto.
3) Este mundo prácticamente queda en manos
del diablo.
Lucas 4:5-7 Y le llevó el diablo a un
alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6Y
le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos;
porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 7Si
tú postrado me adorares, todos serán tuyos.
Sabemos
que esta Escritura se está refiriendo a nuestro Señor Jesús cuando fue tentado
en el desierto. Cuando vino el enemigo y lo tentó. Cuando nosotros leemos
esta Escritura llama mucho la atención que dice que: a él le fue entregada
la gloria de los reinos de la tierra, que a él le fueron entregadas todas
las naciones.
Nadie
de una manera específica le dijo al enemigo: ¿Sabes? Aquí a ti te doy estos
reinos de la tierra para que tú tomes control de ellos, para que tú reines
sobre ellos. ¡No lo hizo así, Dios no lo hizo así, ni hubo nadie que se lo
hubiera dicho!
¿Por
qué entonces hace esta declaración el diablo? La hace porque el hombre con
su pecado al desobedecer a Dios le da entrada. Sabemos que por la desobediencia
entró el pecado, entró la enfermedad, entró la muerte y el enemigo tomó control
de la situación. Si el hombre no hubiera pecado, este planeta estaría bajo
el Señorío del hombre, como Dios lo dio en un principio. No estaría bajo el
dominio del enemigo como actualmente está. Que en todas las naciones el enemigo
es el que está gobernando, el que se está moviendo.
Pero
ahora bien, las cosas sabemos ¡gloria a Dios, no se quedaron ahí! Vino nuestro
Señor Jesucristo, y dice la Palabra en Mateo 18:11, que nuestro Señor Jesús vino a salvar
lo que se había perdido. Lo que el hombre perdió por su desobediencia, viene
Jesucristo nuestro Señor y lo rescata; viene a recuperar lo perdido. Es decir,
lo que el hombre perdió, Jesús viene y dice: aquí estoy yo para recuperarlo,
para tomarlo de nuevo y para regresar el Señorío.
Regresar el Señorío al hombre. ¿A cuál? Al obediente, al que está haciendo
conforme y la voluntad del Padre. Y dice también la Escritura que viene a
arrebatarle ese reino al suplantador. El enemigo vino a suplantar y a tomar
posesión de algo que no le pertenecía, pero el hombre no se lo puede reclamar
porque el hombre está en la misma condición que el enemigo, está en una condición
de rebeldía, en una condición de desobediencia.
Pero
nuestro Señor Jesucristo que viene y se somete a la autoridad del Padre, él
sí está en la posibilidad de recuperar las cosas. Y viene y las recupera,
y viene y toma control de ellas y entonces, empieza a poner las cosas en las
manos del hombre que ha nacido de nuevo, que ha nacido a una nueva vida conforme
y la voluntad de Dios.
Y
el profeta Daniel habla de este reino inconmovible que vendrá con el Hijo
del hombre, que vendrá con nuestro Señor Jesucristo.
Daniel 2:44 Y en los días de estos reyes
el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será
el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos,
pero él permanecerá para siempre.
Recuerda
el contexto de lo que se está viviendo aquí en Daniel. El pueblo de Israel
por su desobediencia, por su rebeldía fue llevado cautivo a Babilonia. Por
lo tanto estando ahí, Dios le sigue profetizando y sigue hablándole a su pueblo
para que el pueblo obedezca, para que el pueblo haga conforme y la voluntad
de Dios. Y entonces a través de Daniel da una palabra profética que es bastante
impresionante.
Acaba de llegar el pueblo de Israel a ser cautivo a Babilonia, ahí está. De
acuerdo a las profecías iba a estar muchas décadas. Estuvo 70 años cautivo.
¿Cuándo iba a regresar? Estaban empezando esa nueva vida en cautiverio, sin
embargo, dice el profeta Daniel: no te preocupes de estas circunstancias,
no te preocupes de esto que tú estás viendo aquí, ¿por qué? Porque Dios, nuestro
Dios va a levantar un reino.
Y
va a levantar un reino que no será destruido. Jerusalén cuando fue tomada,
fue destruida. Dice la escritura que llegaron los babilonios y entonces destruyeron
toda la ciudad prácticamente. Destruyeron casas, semi destruyeron el templo.
Destruyeron parte del muro de Jerusalén, fue una destrucción tremenda. Lo
vieron los israelitas, vieron cómo su ciudad en un momento después de años
de estarse levantando, en un momento queda en ruinas.
Y
Daniel les dice: tú no te preocupes, esto no va a volver a ocurrir. ¿Por qué?
Porque Dios va a levantar un reino que no será jamás destruido. No importa
cuántos años pasen, no importa quién se levante en su contra, este reino va
a permanecer. Y además este reino que Dios va a levantar no va a ser dejado
a otro reino. Dios permitió que los babilonios tomaran control sobre Israel.
Es
decir, prácticamente Israel quedó en manos de los babilonios, por la desobediencia
hacia Dios se hicieron cautivos. Cuando nosotros no hacemos la voluntad de
Dios estamos cautivos, estamos presos y somos esclavos del enemigo. Entonces,
en este momento Daniel está diciendo esto: Ya no va a volver a pasar esto,
porque va a haber un reino poderoso, un reino que va a permanecer y que además,
no va a venir otro reino a tomar control de él, no lo van a conquistar, nadie
lo va a poder conquistar.
Que
es otro de los problemas que ha vivido la tierra. Nosotros lo sabemos, y cuando
leemos la historia vemos que ha habido reinos, ha habido gobiernos, países
que han gobernado durante muchos años a otros países porque los han conquistado.
Y muchos han durado siglos bajo la conquista de otro país. Tenemos cuánto
tiempo estuvo también Israel bajo el dominio de los romanos, lo leemos en
la Palabra.
Y Daniel les está diciendo: va a pasar algo maravilloso, un reino que no va
a ser movido, un reino prácticamente inconmovible. Y dice que: desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, no habrá
un reino que se levante en contra del reino de Dios, y que no sea sometido
esos reinos. Todos esos reinos no van a permanecer, porque el reino que va
a permanecer es el reino de Dios. Y da esta profecía a los israelitas.
Daniel 4:3 ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus
maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su Señorío de generación en generación.
Es
decir, una vez más aquí se está hablando en relación al reino de Dios, que
es un reino que no será destruido porque además, es un reino que va a ser
para siempre, sempiterno, que va a durar por la eternidad, que siempre va
a estar. Y que va a Señorear Dios, el todopoderoso de generación en generación.
No habrá una generación en la cual se termine el gobierno de Dios.
El
gobierno de Dios en este reino, al reino al que ahora nosotros hemos entrado,
va a ser para siempre. Y se cumple y se va a cumplir lo que siempre Dios quiso
en su corazón, que el hombre viviera con Él, que estuviera con Él, que viviera
a su lado y que fuera gobernado por Dios para que el hombre fuera feliz. Y
viviremos bajo la bendición de Dios por la eternidad.
Tal
vez nuestra mente finita no alcanza a entender esta magnitud. Por eso muchas
ocasiones nosotros nos rebelamos contra Dios, hacemos corajes, nos molestamos,
hacemos nuestros berrinches a Dios, le protestamos. Venimos luego a la iglesia
incómodos, enojados, ¡ah, este Dios, otra vez domingo y lo tengo que ir a
alabar!
Uy,
espérate el día que estés en la eternidad eh, y que mires desde los cielos
el infierno y digas: uf, esos de allá abajo, si hubieran oído tantito al Señor.
Si hubieran hecho lo que debieron haber hecho, no estarían ahí, estarían gozando
aquí la presencia del Altísimo, estarían felices. No allá abajo consumiéndose.
Necesitamos tener la conciencia de lo que es el reino de Dios, de lo que es
este reino inconmovible.
Daniel 7:13-14 Miraba yo en la visión de
la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre,
que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.
14Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos,
naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará,
y su reino uno que no será destruido.
¿De
quién hablaba Daniel? De Jesucristo, él es el Hijo del hombre, no hay nadie
más a quien el Señor le esté dando este título. Él es el Hijo de Dios, él
es el Hijo del Hombre nuestro Señor Jesucristo, y dice Daniel que en la visión
de la noche él lo vio. Fíjate ¡qué maravilloso! Estar viendo a su alrededor
todo lo que había pasado, el lugar en donde estaba cautivo el pueblo de Israel.
Daniel
era israelita y tiene una visión, una revelación de parte del Altísimo, y
ve cómo viene nuestro Señor Jesucristo. Como viene y como Dios le da, le entrega
un reino, le entrega dice la Escritura: Y le fue dado
dominio, gloria y reino, ¿para qué? Dice: para
que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Por eso dice
en el Nuevo Testamento: y habrá un momento en que toda rodilla se doblará,
y toda lengua confesará que Jesús es el Señor.
Y
Daniel lo está profetizando, está diciendo algo que va a ocurrir. Sabemos
que hoy en día no toda rodilla se dobla delante del Señor Jesús, pero va a
pasar, va a suceder. Va a haber un día en el cual toda rodilla se va a doblar
delante de nuestro Cristo, delante de nuestro Señor. ¡Todos! Porque Jesucristo
es Señor de Señores y es Rey de reyes. Es el hijo de Dios.
Y
dice la Palabra, que entonces Dios le está entregando a él todo el dominio,
todo el poder, le está entregando la gloria y le está entregando el reino.
Ese reino eterno. Porque dice que este dominio va a ser eterno, es decir,
va a haber un reino eterno, un reino que no va a acabar, un reino que nunca
pasará, que siempre va a permanecer. Que no importan las circunstancias, no
importa lo que ocurra a nuestro alrededor, no importa las naciones que se
levanten, no importa nada, el reino de Dios va a permanecer. Y en ese reino
estamos tú y yo.
Y
dice la Escritura que este reino no será destruido. No va a ser destruido,
es un reino que va a permanecer, y va a permanecer por siempre. Nosotros fuimos
llamados a formar parte de este reino de nuestro Señor Jesucristo. Él es Señor
de Señores, él es Rey de reyes. Y el Señor nos tocó, y nos llamó y nos trajo
a esta gran bendición. Y nos trajo a formar parte de este reino. ¿Cuándo me
hubiera yo imaginado algo semejante? Ni idea.
Yo
en mi juventud pensaba tanta barbaridad de lo que era la vida después de la
muerte. Impactado por muchos libros que llegué a leer, libros escritos por
autores que están totalmente perdidos, que no tienen idea de lo que escriben.
Y cuando te mueras, entonces, que todos los que ahí estén que vayan de blanco
para que te iluminen el camino y encuentre el camino hacia donde debe de ir,
el camino de la luz.
Que
se vistan de blanco porque te van a proyectar luz ahí en las tinieblas. Y
va a encontrar el muertito el camino. Ah bueno, ¡qué maravilloso! Pues entonces
a todo muertito, pues mejor ponle ahí en la caja una lámpara con pilas para
que cuando agarre camino, pues agarre también la lámpara y ahí se vaya alumbrando.
Y empiezas a escuchar una serie de teorías como la de reencarnación. Y se
va a reencarnar, y la gente va a reencarnar en otra persona dentro de equis
cantidad de años para ser mejor, para que todos los errores que aquí en esta
vida tuvo, entonces los quite y pueda vivir una vida mejor, y pueda estar
en una mejor situación, y como persona suba de nivel. ¿Sí has oído esas teorías?
Muy antiguas.
Gente
que dice: es que yo recuerdo que yo viví en Egipto. ¿Ah sí? Sí, ya hice un
viaje, así me concentré y ya me guiaron y descubrí que yo viví en Egipto,
era gato. Ah, ¡qué horror! Fíjate qué paso para atrás, de gato a hombre. Bueno,
pues ahora esfuérzate para que en tu otra vida pues, espero que seas delfín,
con más inteligencia, seas algo mejor de lo que eras y de lo que eres.
Y
vives, y yo vivía creyendo muchas de estas teorías pero angustiado en el fondo
de mi corazón porque yo no tenía la certeza de un futuro después de la muerte.
Y eso a mí en lo personal me atormentaba. Yo decía, bueno, realmente ¿qué
será? Porque físicamente nosotros sabemos que una de las leyes sabemos que
la materia no se crea ni se destruye, solamente se transforma. Y nosotros
somos energía, entonces esta energía no va a ser destruida, ¿qué va a pasar
con ella?
Se va a transformar, ¿en qué se va a transformar? ¿Qué va a ser del futuro?
Y yo no imaginaba, y yo me atormentaba, y yo sufría. Cuando me hablan de la
Palabra, ese día que el Señor tocó mi corazón, en el predicador dijo: yo sé
que tú no crees en una vida eterna, en el cielo; pero, si hubiera esa vida
eterna en la presencia de Dios, si la hubiera, ¿te gustaría a ti estar en
ese lugar? Entonces yo contesté, ¡por supuesto! ¡Claro que sí me gustaría
estar en ese lugar!
Te
gustaría tener la seguridad, la certeza de que si en este momento tú mueres,
¿vas a ir a ese lugar a vivir por la eternidad en la presencia de Dios? Dije,
por supuesto sí me gustaría, yo no creo ni en Jesucristo, pero sí me gustaría.
Pues te tengo una noticia, ¡sí existe ese lugar! Y a ese lugar puedes llegar
a través de Jesucristo. Yo sé que tú no crees en él, pero Jesucristo es el
camino a Dios, el camino al Padre. Y si tú lo recibes, si tú te arrepientes
de tus pecados, tú vas a tener la seguridad en este momento, en este instante
de que vas a vivir por la eternidad en la presencia de Dios.
¿Qué
te parece? Pues dije, me parece maravilloso. La verdad esto es increíble.
Si esto es así de fácil yo lo quiero, yo lo tomo, sí me gusta. Y dijo el predicador:
cierra tus ojos y ahí donde estás ahí sentado dile al Señor: Señor ven a mi
vida. Me arrepiento de mis pecados, ven a mi corazón porque yo quiero formar
parte de tu reino y quiero vivir por la eternidad a tu lado en la presencia
de Dios Padre. Y lo hice así, y a partir de ese momento no volví a tener duda
de mi futuro, no volvía tener miedo
de lo que me esperaba.
A
partir de ese momento yo vivo con la convicción de que el reino al que ingresé
es un reino inconmovible como dice la Escritura en los Hebreos, el cual va
a durar por la eternidad y que nadie va a destruir, y que le doy gracias a
Dios que su llamado me trajo a este reino, y ¡gloria a Dios!
Y
dice el apóstol Pedro lo que nosotros tenemos que hacer.
2 Pedro 1:5-8 Vosotros también, poniendo
toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia;
a la paciencia, piedad; 7a la piedad, afecto fraternal; y al afecto
fraternal, amor. 8Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan,
no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro
Señor Jesucristo.
Y
esto el apóstol Pedro lo dice por algo. Lo primero que está aquí expresando
es que nos seas apático ni negligente, con las cosas de Dios necesitas diligencia,
necesitas tener ánimo para hacerlas, para llevarlas a cabo. Que no te dé flojera,
que no te dé pereza, que no dejes las cosas de Dios para después. Sé diligente
en todo lo que Dios establece. Tú tienes una fe por eso estás aquí, y dice
el apóstol Pedro, a esa fe que tú tienes agrégale algo que se llama virtud.
Pon virtudes en tu vida.
Dios
es maravilloso y aun nos ha dado virtudes desde que nacimos, virtudes naturales,
y ahí están. Ponlas, llévalas a cabo, ponlas en práctica. Y a esta virtud
pon conocimiento. Es decir, conoce la Escritura, conoce a Dios, conoce lo
que dice la Palabra, ¿por qué? Porque esto aun va a fortalecer tu fe. Conoce
lo que está escrito, serás fortalecido en tu fe. Y a este conocimiento entonces,
agrégale un ingrediente que es el dominio propio.
¿Y
para qué es el dominio propio Señor? Y entonces el Señor te va a decir: para
que tú tomes control de ti mismo. ¿Por qué? Porque uno de los grandes problemas
del ser humano es que no tiene control de sus actos, no tiene control de sus
pensamientos, no tiene control de sus sentimientos. Y cuando nosotros ejercemos
dominio propio, autocontrol, entonces, nosotros estamos en la posibilidad
de hacer lo que Dios establece.
Cuando
no tenemos dominio propio somos como esas veletas que apuntan y que van hacia
donde sopla en viento. Somos como dice la Biblia, como esa onda del mar que
sopla el viento y ahí va la onda del mar. Y sopla en viento para otro lado,
y va para otro lado. Y sopla viento contrario y regresa. Y así va sin dirección
alguna. Cuando nosotros no tenemos dominio propio vamos sin dirección. No
tenemos ni siquiera la convicción de permanecer en Cristo Jesús.
Y
nosotros necesitamos este dominio propio para cuando viene una tentación,
cuando viene la tentación aun de nuestra comodidad, nosotros podamos sostenernos
y decir: no importa yo voy a alabar a mi Dios. Y no importa, yo me voy a sostener
en lo que Dios establece. Y no importan las circunstancias, yo tengo dominio
propio para no caer en el pecado, para no hacer lo malo y para hacer lo que
el Señor dice que yo tengo que hacer, en la actitud que yo tengo que hacerlo,
y ese dominio propio fortalece aun mi fe, fortalece mi convicción.
Pero
al dominio propio, dice el apóstol Pedro, hay que agregarle un ingrediente,
¿qué ingrediente necesito? La paciencia. La paciencia para saber que las cosas
no se dan en un momento, en un instante, sino que llevan tiempo, el tiempo
de Dios. Que agradable sería que en el momento que recibí al Señor Jesucristo,
en el momento que ya me arrepentí, que ya me bauticé, en ese momento el Señor
nos tomara y nos llevara a su presencia, ahí al cielo a vivir por la eternidad.
A no tener más problemas, a no tener ya más sufrimientos. A no tenerle que
aguantar nada a nadie. ¡Qué maravilloso, qué extraordinario! No más tentaciones.
No más pecados. No más problemas, no más conflictos, no más crisis económica,
no más problemas en mi corazón, no más nada. Felicidad en la presencia del
Señor nada más. Y entonces dice Pedro, necesitas la paciencia para saber que
hay un tiempo para que estés en la presencia de Dios. Va a haber un tiempo
en el cual nos vamos a ir al cielo; y mientras ese tiempo llega, necesitas
paciencia. Necesitas dominio propio para mantenerte donde estás, pero necesitas
paciencia para esperar el tiempo necesario para eso.
Señor, es que ya me cansé, ya llevo muchos años en este ministerio. ¡Pobrecito
de mí! Y dice el Señor: Ten dominio propio. Ay Señor pero es que ya son muchos
años. Dice el Señor. Ten paciencia, no hay de otra. Y dice, pero haz algo
más, a la paciencia ponle otro ingrediente que es la piedad. ¿La piedad? Sí,
sé compasivo con los demás. Muestra compasión, muestra piedad a los que están
a tu alrededor para que vivas conforme y la voluntad de Dios.
¿Señor, y esto qué tiene que ver con el dominio propio, con la paciencia,
con la fe, con las virtudes o con el conocimiento? Y el Señor te dice: porque
también tu corazón tiene que ser transformado y tiene que ser un corazón conforme
y mi corazón. Y tiene que haber las cualidades y virtudes en ti, que hay en
el Altísimo, por lo tanto tienes que agregar la piedad. Sé una persona piadosa,
sé piadoso.
Hermanos,
es que necesitamos bendecir a la gente que está en necesidad y necesitamos
traer alimento. Y uf, se llena y se rebosa todo ahí, ¿por qué? Porque somos
piadosos: Pues no me pidieron que trajera yo tanto, pero aquí está porque
siento piedad por el necesitado. Y aquí traigo lo que tengo. Necesitamos ponerlo.
Y
dice el Señor, pero además a la piedad le vas a agregar otro ingrediente:
le vas a agregar el afecto fraternal. Ese afecto de hermano. No solamente
te doy por darte y ya, y cumplo con el Señor. ¡NO! Debe haber un afecto, un
amor en ti. Un afecto para hacerlo, un afecto fraternal de que veas a la persona
que está a tu lado como alguien que es consanguíneo a ti. Y aun más fuerte,
alguien que tiene del mismo Espíritu que tú, el Espíritu Santo. Entonces,
que haya ese afecto fraternal por el cual tú te preocupes por los demás. Yo
siento afecto por ti y me preocupa tu condición. Y como me preocupa tu condición
yo voy a tener piedad por ti, yo voy a orar por ti, yo te voy a apoyar, yo
voy a ser un sostén para ti.
Cuando
no sientes ese afecto por una persona, no te importa lo que le pase a la persona.
Lo más que dices cuando ves a alguien en sufrimiento, es: “ay, pobrecito.
Que Dios se apiade de él”. Ah, pues que padre, y tú sigues por tu camino como
si nada. Un día me dijo una persona que era Jefe del Servicio de Anestesiología
del 1º de Noviembre, y él era accionista del Hospital Mocel.
Y
un día me dijo: es que pasé por la Buenos Aires y vi a unos niñitos descalzos,
¡qué dolor me dio! Y al verlos descalzos, sus ropas sucias, vi su condición
y me dio mucha tristeza y dije: algo tengo qué hacer por estos niños. Dice,
y traigo una carga tremenda por esos niños. Ahí en la Buenos Aires, en el
mero Distrito Federal, casi en el centro, ¿cómo es posible? Ya fuimos a cenar,
y como a las dos semanas que lo volví a ver, era un amigo con el que íbamos
de excursiones, subíamos al Popocatepetl, y demás.
Y
cuando lo volví a ver, lo vi muy contento y le dije: Oye, ¿qué pasó, ya sabes
qué vas a hacer con los niños de ahí de la Buenos Aires? Y me dice: sí, ya
tengo la solución. ¿Qué? Y me dice: ¡No voy a volver a pasar por ahí! Pues sí ya no te vas a volver a sentir mal,
que bueno, ¿no? ¿Por qué su actitud? porque no había afecto fraternal, porque
tal vez en un momento determinado sintió piedad por ellos, pero al faltar
el afecto no hizo nada por ellos.
Y cuando tú no haces nada por alguien que está en problema, es porque no existe
el afecto. Y el Señor dice: agrégale a tu piedad afecto fraternal. Pero esto
no es todo, agrégale otro ingrediente, dice el Señor. ¿Cuál? ¡El amor! Pon
amor, no solamente sientas afecto por los que te rodean, siente amor. Sí Padre,
pero no se lo merecen. No importa, tú pon amor. Es que ve nada más las caras
que me hace. Pon amor en tu corazón por él. Tú cumple con lo que yo te establezco.
No importa la actitud de esa persona, tú cumple con poner amor en tu corazón
para con los demás. Esto es lo que tienes que hacer.
Cristo
Jesús fue lo que hizo. Nuestro Señor Jesús tenía amor en su interior y por
ese amor murió por nosotros. Por ese amor fue a la cruz. Que amor tan grande
que antes de ir a la cruz lo maltrataron, lo azotaron, lo golpearon, lo vituperaron,
le hicieron todo lo que le pudieron haber hecho; pero por el amor él caminó,
él se sostuvo. ¡Qué amor tan grande que Jesús tuvo por mí que todavía yo tuve
el descaro de aventarme casi 9 años no aceptando su Palabra.
Me hablaban y me decían: te vamos a hablar de Jesús, que… Y yo les decía:
no, no, no, yo ahorita no, yo estoy muy bien gracias, otro día eh, no me molestes.
¡Qué amor tan grande de Jesús de estar detrás de nosotros caminando insistiéndonos!
Veme, te amo, te amo hijo aquí estoy contigo. Ah, no me interesa, ¡quítate!
Veme, yo te puedo bendecir y te voy a bendecir y te voy a cubrir y voy a hacer
de ti que estés feliz, que estés seguro. ¡No me interesa, no me importa, yo
así estoy bien! ¡Déjame, yo quiero seguir con mis frustraciones, con mis traumas,
con mis problemas, con mi mala cara, que todos me vean que estoy enojado,
que todos noten que yo no tengo amor, no me importa!
Y
ahí está el Señor, ¡qué amor tan grande para insistirnos, qué amor tan maravilloso!
Y nosotros, dice el Señor, tenemos que poner de este amor. Y dice el apóstol:
porque si esto que acabamos de mencionar está en ustedes, y abundan, entonces
no vas a estar ocioso, tu mente va a estar ocupada en cosas buenas no en ociosidades.
Y lo peor que puede haber para el ser humano, es que tenga una mente
ociosa. Cuidado, si tú no tienes en qué ocupar tu mente, ponte a trabajar,
ponte a hacer algo porque una mente ociosa es presa del demonio, cuidado.
Y
si tienes todo esto dice el apóstol Pedro, no vas a estar sin fruto, vas a
dar fruto. Bueno, ¿y de qué me va a servir todo esto Padre? Yo quiero que
tú me lo expliques. Y me lo expliques sencillamente en unas cuantas palabras.
A ver Pedro, ¿qué con esto? Y entonces Pedro guiado por el Espíritu Santo
tremendamente, te dice: a ver, lee el siguiente versículo.
2 Pedro 1:11 Porque de esta manera os
será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo.
Es
que yo quiero entrar al reino de Dios sin tener que poner todo esto que aquí
dices antes Pedro. Mmm, está difícil, muy difícil. Si viviera Pedro en esta
época te diría: Ya estás como los estudiantes de CCH, quieren pase directo
a la UNAM. No se puede. O los que estudian una carrera, quieren pase directo
a la mejor empresa privada. No se puede, tienes que hacer lo que dice la Escritura.
Yo
quiero entrar en el reino de Dios. Bien, tienes que hacer todo esto. Y entonces
vas a entrar a un reino, al reino de Dios que es dice Pedro, eterno. Eterno,
que es para siempre por Cristo Jesús. Nuestro Dios quiere que nosotros entremos
en su reino, él quiere que seamos sus sacerdotes. Un sacerdote insisto, es
aquella persona que está ofreciendo sacrificios en la presencia de Dios. Es
aquella persona que tiene la capacidad para entrar y tiene la posibilidad
para entrar a la presencia de Dios. No cualquiera está en la presencia de
Dios.
La
gente dice: en todos lados está Dios. Sí, no lo dudo. En todos lados está
Dios, Él es Omnipresente. Pero la pregunta es ¿Dios está contigo? ¿Dios te
permite a ti entrar a su presencia? Es muy diferente. Y un sacerdote es aquella
persona que entra a la presencia de Dios, que está en la posibilidad de entrar
a la presencia de Dios para adorar a Dios. ¿Quién da esa posibilidad? Nuestro
Señor Jesucristo, no hay más. No te engañes, no hay otra forma. Y desde la
antigüedad dice:
Éxodo 19:5-6 Ahora, pues, si diereis
oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre
todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6Y vosotros me
seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás
a los hijos de Israel.
Y
a mí me agrada, me gusta cuando Dios dice: mira, si tú oyes lo que yo te digo
y lo haces, entonces tú vas a ser para mí un especial tesoro. ¡Qué maravilloso!
No voy a ser nada más un tesoro. Un tesoro es algo a lo que nosotros le damos
un gran valor, y por lo tanto lo apreciamos, lo guardamos. Ah, es que para
mí mi tesoro son estas joyas, y entonces las guardas, las limpias, y ahí las
tienes. Las usas de vez en vez, y con mucho cuidado y todo, es tu tesoro.
Ah,
pues para mí mi tesoro es el dinero. Pues entonces tu dinero lo tienes o en
el Banco, o lo tienes invertido y estás preocupado por él; o haces lo que
Mac Pato, te metes a nadar en tu gran bóveda y te avientas las monedas, que
sé yo. Ah es que mi esposa es mi tesoro, por eso le digo “mi tesorito”. Ah
que bueno, pues que gusto. Guárdala, protégela, cuídala y todo, consérvala
bien.
Para
Dios no solamente eres tú su tesoro, algo que cuida, algo que protege, algo
que valora, algo a lo cual le ha dado un gran valor. Sino que aun eres “especial
tesoro”. De todos los tesoros que pudiera haber, tú eres especial y así lo
dice el Señor. Tú vas a ser mi tesoro especial sobre todos los pueblos. ¿Cuántos
pueblos hay? Mira, hay más de 6 mil millones de habitantes en este planeta,
tú eres especial para Dios dentro de ese gran número de personas.
Y dice el Señor: mía es toda la tierra. Y toda
la tierra me pertenece, todo es mío; pero tú eres un especial tesoro. Y tú
formarás parte junto con otros para que formen un reino de sacerdotes. Un
reino de personas que estén en mi presencia dice el Señor. ¿Formo parte de
un reino de sacerdotes? Sí. Muchos sacerdotes en mi presencia levantando sacrificios,
levantando holocaustos, eso eres tú. Y para que seas esto, necesitas ser,
dice, gente santa. ¡Qué maravilla! ¿Y esto cuándo lo dijo? Pues lo dijo en
Éxodo.
Ahora,
tal vez digas, bueno esto se lo dijo a los israelitas nada más. Esto fue para
los hijos de Israel y se los dijo cuando salieron de Egipto. ¿Y qué dice Apocalipsis?
Apocalipsis 5:9-10 Y cantaban un nuevo cántico,
diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste
inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua
y pueblo y nación; 10y nos has hecho para nuestro Dios reyes y
sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Fíjate
lo que está haciendo Dios, aquí ya no se está refiriendo al pueblo de Israel;
ya no está hablando a aquellos a los que les habló en Éxodo 19. Ya aquí nos
está hablando a todos nosotros los que somos redimidos de Cristo Jesús. Tú
que has sido redimido por Jesucristo ahora, tú vas a formar parte de este
reino, porque ahora Cristo Jesús te ha redimido para junto con él hacerte
rey y sacerdote. Vas a reinar, por eso es Rey, por eso eres rey porque vas
a reinar.
¿Yo
Señor? Pues si yo no tengo ni la capacidad ni para hablarle al de enfrente
del Evangelio. No te preocupes Dios te va a dar la capacidad, lo dice la Escritura,
y vas a reinar. Yo escojo Estados Unidos. ¡No! Va a ser en el reino que Dios
establece, el reino que Dios quiera, en su reino. Y
reinaremos sobre la tierra. Lo dice el Señor.
Y
esto que aquí está escrito nosotros lo vemos de una revelación que el Señor
le dio a Juan. Esta revelación de Juan Dios se la dio años atrás a otro profeta,
y le mostró esto mismo. Porque recuerda que dice la Escritura que no hará
nada el Señor sin antes revelarlo a sus siervos los profetas. Y entonces se
lo reveló a su siervo el profeta Isaías.
Isaías 61:6 Y vosotros seréis llamados
sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados; comeréis
las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes.
Señor
pero yo estoy en crisis, ¿cómo está esto que yo comeré las riquezas de las
naciones? Tú afírmate, tú sostente, por eso es la paciencia, por eso es la
fe. Sostente en lo que Dios establece y vas a mirar que tus circunstancias
van a ser transformadas, van a cambiar, porque tú estás en un reino dice Hebreos,
inconmovible.
Entramos
a un reino diferente, estamos en este país, pero estamos en el reino de Dios.
Es un reino distinto, no importa las crisis que afecten a este país, no importan
nuestros gobernantes, importa que nosotros entramos al reino de Dios, y que
ahora Dios es nuestro Señor, nuestro dios y nuestro Rey. Y en nosotros se
va a cumplir estas palabras.
Pero
tal vez tú todavía digas, bueno pero es que esto se lo dijo ahí en Isaías
al pueblo de Israel. Yo no he alcanzado a entender que nos lo dijo a nosotros
hoy día, para nosotros. Como está, en Éxodo se lo dijo a los israelitas que
salieron de Egipto. En Isaías se los dijo a aquellos que iba a meter al cautiverio.
Eran promesas de cuando salieran, pero bueno. ¿Y qué a nosotros?
Lucas 12:32 No temáis, manada pequeña,
porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
Me
agrada, en verdad esto me llena, me fortalece. Cuando el Señor me dice: no
te preocupes, tú formas parte de esta manada pequeña de ovejas, aunque de
repente se meta algún lobo, es una manada de ovejas. No te preocupes, porque
a Dios le ha placido porque así está en su corazón darte el reino. Y Dios
te da el reino, y Dios lo pone en tus manos, y Dios te mete al reino para
que estés en ese reino de Él por la eternidad.
No
para que estés durante un tiempo. No es para que nosotros entremos a este
reino y el día de mañana nos salgamos y pasado mañana regresemos. Y hoy no
tenemos ganas y entonces no entro al reino. ¡NO! Este es un reino eterno al
cual tú tienes que entrar y permanecer adentro. No te salgas, permanece dentro
del reino, mantén la actitud que debes mantener entendiendo que el reino de
los cielos es eterno y que en ese reino estás tú.
1 Pedro 2:9-10 Mas vosotros sois linaje
escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que
anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
10vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois
pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero
ahora habéis alcanzado misericordia.
Es
decir, tú que no eras hijo de Dios, que en otra época no eras hijo de Dios,
que no eras pueblo de Dios, que no tenías la misericordia de Dios, hoy la
tienes, hoy está en ti. Y con un propósito dice el Señor, para que seas su
linaje escogido. Para que seas de ese real sacerdocio que entra a su presencia
a ofrecer sacrificios. Para que formes parte de este reino, de esta nación
santa. Que te integres a ese pueblo adquirido que Dios adquirió a un alto
precio, al precio de muerte de su Hijo Jesús en la cruz del calvario. Así
te adquirió.
¡Qué
precio tan alto pagó el Señor! Un precio altísimo por tu vida. ¿Cuánto vale
tu vida? ¿Cuánto cuesta tu vida? ¿Sabes cuánto vale si alguien te la quisiera
comprar? Vale más que la vida de Jesús, porque Cristo Jesús dio su vida y
murió por ti. Si alguien te pregunta, ¿en cuánto valoras tu vida? Vale más
que la muerte de Jesucristo, porque Jesucristo dio por mí su vida. ¿Qué precio
le pones? Es el precio más alto que alguien pudo haber pagado por ti.
Pero
luego tenemos la mente tan entenebrecida, hay tantas telarañas, hay tantas
cucarachas, hay tantos hongos o cisticercos, no sé que tanta cosa haya, o
tanta contaminación ambiental; que no lo entendemos. Y creemos que le hacemos
un favor a Dios. Le voy a hacer el favor a Dios de ir el domingo a la iglesia.
Le voy a hacer el favor de que me bendiga. No, pues estás mal.
Nosotros
hemos entrado a un reino, al reino de Dios de una manera espiritual. Y hemos
entrado a través de la fe que tenemos en nuestro Señor Jesucristo. Pero cuando
nuestro Señor Jesús venga, cuando descienda de los cielos nos llevará a un
reino en donde estaremos prácticamente de una manera física con él, en la
presencia del Padre y donde viviremos por la eternidad.
Y
por lo tanto y mientras tanto ¿qué hacemos nosotros aquí en la tierra? ¿Para
qué estás tú? ¿Cuál es tu compromiso con el Señor? ¿Qué es lo que tú tienes
que hacer? Porque recibiste un reino eterno, ¿qué tienes que hacer? Mira,
ahora nosotros somos embajadores de Cristo Jesús y tenemos el ministerio de
la reconciliación. ¡Qué maravilloso!
2 Corintios 5:18-20 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por
Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19que Dios
estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a
los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase
por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
Ah pues se oye muy bonito esto, pero no lo entiendo.
Se oye muy bien; bueno, la verdad no sé cómo se oiga, pero aquí está escrito.
¿Qué es un embajador?
¿A qué se refiere el apóstol? Un embajador, dice el diccionario, es un alto
funcionario diplomático acreditado ante un gobierno extranjero, o ante una
organización internacional, para servir como representante oficial de su país.
Es
decir, un embajador es una persona enviada por un gobierno a un país o a una
organización internacional, para representar al país que lo envía. ¿Qué significa
esto? Mira lo que dice Pablo en el versículo 20 Somos embajadores
de Cristo. En otras palabras, somos representantes oficiales del reino
de Dios aquí en la tierra. ¿Te agrada el título? Que lástima por los que no
les agrada porque creo que ni han entendido que forman parte del reino de
Dios.
Y
el apóstol Pablo está diciendo: tú eres un representante del reino de Dios
aquí en la tierra. Hay una persona en este planeta que dice: yo soy el representante
de Jesucristo. Y si algo le van a pedir a Jesucristo, pídanmelo a mí y yo
se los voy a dar. Y según él es el único que tiene este título. ¿Sabes quién
es? El Papa. Pero la Palabra de Dios nos establece a nosotros, y dice que
nosotros somos esos embajadores. Es decir, somos los representantes oficiales
del reino de Dios aquí en la tierra.
Bueno, ¡qué bonito! ¿Y cuál es nuestra función como embajadores?
¿Y
cuál es nuestra función como embajadores? Dice el apóstol Pedro, en 1 Pedro 2:9b Anunciar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas
a su luz admirable. ¿Qué hace un embajador en otro país? Anunciar las
cosas buenas de su país. ¿Qué hacen nuestros embajadores en otros países además
de vivir como reyes, además de tener sus altos sueldos, qué hacen? Promover
a México. Llevar a cabo, entre otras funciones, promociones para que la gente
venga de esos países y visite México. Y les habla de las maravillas de este
país. Y les habla de todos los lugares que en México tenemos para que la gente
venga de vacaciones. Eso hace.
¿Qué
es lo que tú tienes que hacer? Dice el apóstol Pedro: Anunciar
las virtudes de aquel (de Cristo Jesús) que os llamó de las tinieblas a su
luz admirable. Tú tienes que anunciar a Cristo Jesús, esa es la función
que tienes. ¿Por qué? Porque leímos que dijo Pedro también que tienes el ministerio
de la reconciliación. Tenemos un ministerio de la reconciliación, reconciliar
al pecador con Dios. Hablarle al pecador que puede tener reconciliación con
Dios, porque Dios no lo oye, que no se engañe. Necesita reconciliarse con
Dios. ¿De qué manera? A través de Cristo Jesús. Y tienes tú que hablarle de
ese ministerio de la reconciliación. Tienes tú que anunciar las maravillas
de Dios, las maravillas de Cristo Jesús, lo tienes que hacer, esa es tu función,
lo dice el Señor.
Cuando
Cristo Jesús le dice a sus discípulos id por todo el mundo y predicad el evangelio
a toda criatura y bautizadles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del espíritu
Santo; estaba diciendo: eres embajador mío y tienes que anunciarles mis maravillas.
¿Qué les tengo que anunciar? Dice el Señor: esto que has visto y esto que
has oído. Esto tienes que enseñarles, esto tienes que hablar, háblalo.
¿A
quién? A quien está a tu alrededor. Habla la Palabra de Dios. Háblale las
maravillas del Señor. Háblalo, sé embajador de Cristo Jesús. No vivas en la
negligencia, no vivas en la apatía; de gracia recibiste, da de gracia lo dice
el Señor. Hemos entrado a un reino inconmovible, a un
reino que no se va a mover, dile a la gente que existe este reino. Que este
reino que es un reino de Dios, es un reino que va a durar por la eternidad.
Que
no les vengan a engañar con filosofías, con doctrinas huecas, con religiones
absurdas. Que no les venga el enemigo a engañar que les va a dar vida si le
venden su alma, ¡no es cierto! Es mentira. El único reino que va a permanecer
por la eternidad es el reino de Dios porque es un reino inconmovible. No se
mueve. Y quieras o no quieras, Jesucristo te nombró a ti embajador. Si no
te gusta el título de embajador te vas a tener que salir del reino. Pero mientras
estés en el reino de Dios eres embajador, para llevar el ministerio de la
reconciliación y para anunciar las maravillas de Dios. ¿Te agrada? Gloria
a Dios porque vamos a ver si realmente eres o no embajador de Cristo en esta
tierra.
Bendito
Dios y Padre nuestro, levanto delante de tu presencia a este reino de sacerdotes,
a esta manada pequeña, a este remanente santo; y lo pongo delante de ti para
que tú lo fortalezcas, para que tú te manifiestes a sus vidas con gran poder,
y tú lo levantes conforme y tu propósito.
Tú
nos has hecho a cada uno de nosotros embajadores de Cristo, Señor que cumplamos
con este propósito tuyo, y que hagamos las cosas como dice tu Palabra, de
una manera diligente, con entusiasmo, con amor. Que no nos distraiga el mundo,
que hagamos como tú dices que debemos hacer. Para que no obstaculicemos el
crecimiento de tu reino, de tu Iglesia, y que así como han dicho Padre, cada
uno de nosotros estemos en la posibilidad de hablarle a una persona.
No
queremos hacer como los grandes evangelistas que predican a multitudes y en
un mensaje se convierten miles a ti. No Señor, aquí en la humildad, en lo
privado, en lo íntimo pon a una persona a la cual reconciliemos contigo para
que crezca tu reino, para que avancemos. A una persona a la cual le podamos
hablar de tus maravillas. Y que de
esta manera, con estas semillas podamos hacer que tu reino crezca y que nosotros
cumplamos con nuestra función. Esperando ese día en el cual tú vendrás por
nosotros e iremos a vivir contigo por la eternidad.
Y en Cristo Jesús a ti sea la gloria para siempre. Amén.