INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SERÁS ZARANDEADO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

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Lucas 22:31-32 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

 

Cuando leo este pasaje no puedo evitar pensar en cada uno de ustedes, en cada uno de los miembros que conforman la Iglesia. Porque así como dice la Escritura que Pedro fue zarandeado, y fue zarandeado por el enemigo, pues también tenemos que ser zarandeados. Y tal vez esto te extrañe, y digas: bueno, ¿por qué tenemos que? Vamos a verlo más adelante.


Pero esto de ser zarandeado no es algo privativo que va a ocurrir a alguna persona, a algún miembro del cuerpo de Cristo. Esto nos va a ocurrir a todos. Todos, todos tenemos momentos por los cuales tenemos que ser zarandeados. Y para entender de una manera plena este pasaje, ¿qué significa zarandear? De acuerdo a los diccionarios, zarandear es agitar o mover de un lado a otro con rapidez y energía a alguien o algo.

 

Otra definición dice que es mover algo con violencia. Otra definición dice: agitar algo con fuerza. Y yo puedo ver que todas las definiciones coinciden en algo, al zarandear existe fuerza y violencia. Por lo tanto no es algo que se haga de una manera delicada, tierna o amorosa. No, para nada. Cuando el Señor le dijo a Pedro que sería zarandeado, le estaba diciendo que sería agitado con una gran fuerza y aun con violencia, eso es zarandear.

 

Y cuando dice la Escritura zarandear el trigo, entonces también hay que remitirnos para saber cómo se zarandea el trigo, y cómo se zarandeaba en aquellas épocas de nuestro Señor Jesucristo. Zarandear el trigo es un proceso, no es algo que se haga en un instante y ya. El grano de trigo viene en términos generales siempre sucio del campo, viene con muchas impurezas; tiene cáscara, paja, pedazos de tallo, en fin no es útil, ¿por qué? Porque está lleno de basura y es necesario limpiarlo.

 

En la época de nuestro Señor Jesús para zarandear el trigo se hacía en un lugar al aire libre, sobre un piso bien firme donde ponían el trigo sobre el piso. Primero lo extendían, lo ponían todo, y después le pasaban algo pesado como una tabla. Ponían una tabla la cual iba a ser jalada por un animal, pero el granjero se paraba sobre la tabla para ejercer una presión sobre la tabla, y entonces el trigo fuera aplastado y de ese modo el animal empezaba a jalar la tabla junto con el granjero arriba, iba de esta manera zarandeando el trigo.

 

Después agarraban el trigo y lo ventaban al aire para que el mismo aire lo limpiara y quedara completamente limpio. Cuando era en pequeñas cantidades, se tomaban manojos de trigo y entonces sobre una superficie también resistente, golpeaban esos manojos contra esa superficie y luego aventaban el trigo para que se limpiara por completo.  Esto ocasionaba que todas las impurezas cayeran, que el trigo quedara limpio, que no hubiera nada sucio en él; que la paja, que las impurezas, que la contaminación que traía, todo se limpiara.

 

Cuando el Señor Jesús le dice a Pedro que va a ser zarandeado como se zarandea el trigo, pues entonces podemos advertir de qué le estaba hablando. Imagina por unos minutos esta escena que estaban viviendo. Estaba nuestro Señor Jesucristo ahí participando de la cena de la Pascua, mejor conocida en ese momento como la última cena. Ahí estaba Jesús con todos sus discípulos, ahí habían llegado a celebrar la Pascua de acuerdo a las instrucciones que Jesús les había dado a los discípulos.

 

Todo lo habían preparado, todo estaba dispuesto, llegaron a comer ahí, empezó el Señor Jesús a intercambiar algunas cosas con los discípulos. Los discípulos comentaron algunas cosas, otras no las entendieron de lo que les decía Jesús. Jesús les anunció su muerte, no entendieron, entonces, entre los discípulos hubo incluso una discusión de quién sería mayor de ellos. Fíjate qué momento, el Señor Jesús anunciándoles su muerte, y éstos pensando quién se va a quedar como jefe. Es impresionante.


Es como aquellas familias en donde el Patriarca, aquellas familias grandes donde el patriarca va a fallecer, está ahí en el lecho del dolor, están los hijos alrededor, están viendo que está delicado de salud que en cualquier momento puede morir, y se empiezan a pelear la herencia. ¡Cómo!  Así estaban los discípulos.

 

Luego nuestra humanidad se manifiesta con poder y se nos carga de tal manera que pensamos cosas fuera de lugar en los momentos menos indicados. Así estaban los discípulos, ¿quién va a ser el mayor entre nosotros? Y dice Pedro, voy a ser yo. Yo fui el primero que el Señor llamó. Y no faltó quien dijera, no, tú estás mal, ¿cómo vas a ser tú? Ni capacidad intelectual tienes, eres un pescador. ¿Y tú qué? No, yo sí tengo preparación, yo sí puedo controlarlos, yo sí puedo ser el líder.

 

Y ahí estaban discutiendo entre ellos hasta que el Señor les habló y les dijo: momento, ninguno de ustedes. El que quiera ser mayor va a ser menor y va a tener que servir a los demás. Y entonces ya no se pelearon. Y eso nos pasa cuando decimos yo quiero servir al Señor. Entonces les digo: bien, vas a servir a las mesas. Ah, es que yo quería ir a predicar, a evangelizar, a predicar aquí los domingos. No, no, no, primero vas a hacer otras cosas.

 

Y ahí estaban ahí con todo este asunto, y estaban platicando entre ellos cuando el Señor Jesús les hace una declaración muy hermosa. Y el Señor les dice que como todos ellos han permanecido, como ellos han estado con él en el momento de sus pruebas, por lo tanto, él les va a asignar un reino para que ellos reinen sobre esos reinos. Imagina cómo se ha de haber sentido cada uno de los discípulos. ¡Wow, qué maravilloso! El Señor me va a poner como rey sobre un reino. Esto es impresionante, por haber estado con él estos 3 años y medio ya me hice acreedor a ser rey de un reino. ¡Gloria a Dios!

 

Y entonces también el Señor les dijo: les voy a asignar un reino a ustedes, como el Padre me lo asignó a mí. ¡Ah, maravilloso, qué notición! Podía ser la noticia más importante de la vida de ellos. Y entonces el Señor les dice: Y también se van a sentar a mi mesa, y van a comer, y van beber junto conmigo en mi reino; y ustedes se sentaran en sus tronos. ¡Wow, gloria a Dios! No sé si aplaudieron, pero conociendo a los judíos, de seguro que sí, son bien escandalosos.

 

Y entonces han de haber aplaudido, se han de haber gozado y nunca faltó alguno que por ahí gritara ¡uuu, eh! Maravilloso, ha de haber sido un momento bien especial. Y luego todavía les dijo el Señor: y se van a sentar en tronos porque van a juzgar a las 12 tribus de Israel. Uf, quién se iba a imaginar todo esto. ¡Qué cosa tan hermosa!, cenamos con el Señor, estuvimos aquí a su mesa, celebramos la Pascua, recordamos que somos libres porque nuestra Padre nos sacó de la servidumbre en la cual nuestros antepasados vivieron en Egipto, y además ahora nuestro Señor se manifiesta con poder y no importan las discusiones que tuvimos entre nosotros de quién iba a ser mayor.

 

No importa nada, él nos y habla y nos bendice de esta manera tan grande, y nos va a ser reyes y vamos a reinar, y vamos a ser jueces sobre las tribus de Israel. ¡Cuánto gozo, imagina esos momentos, qué tremendo!  Momentos de gozo, de alegría de paz, de gran bendición. Todo estaba bien, todo estaba perfecto, todo estaba mejor que nunca. Nunca antes los discípulos habían estado en un momento tan mejor como en este caso. ¡Qué maravilloso!


Y de repente le dice el Señor Jesús a Pedro: ¡Ven! Sí Señor, ¿qué pasó? Dime lo que quieras. Y le dice: pues fíjate que te tengo una noticia. Satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo. ¡Qué impacto, qué impresionante! ¿Qué ha de haber pensado Pedro? ¿Tú, qué hubieras pensado si tú hubieras estado ahí en ese lugar, si tú hubieras estado en el lugar de Pedro? ¿Qué habría pasado por tu mente? No sé, yo analizando esto, yo varias ocasiones lo he analizado, le he dado vueltas en mi mente, y yo creo que yo hubiera pensado: como es posible, tan feliz que estaba, tan a gusto que estaba. Todo estaba tan bien, tan extraordinario. Todo estaba tan lleno de gozo que como dice el dicho: que no le faltó el prieto al arroz. ¿Cómo? Todo tan bien, tan delicado, tan maravilloso que no faltó la mosca en el pastel. ¿Cómo es posible?

 

Después de haber recibido las noticias que recibimos, comimos tan bien, tan a gusto; fue una cena impresionante como nunca antes la habíamos tenido. Y el Señor me viene con esta noticia, que Satanás me ha pedido con el Padre para zarandearme como a trigo. Y como somos bien egoístas, en algunos casos, yo creo que en otros no, creo que Pedro ha de haber dicho: ¿y por qué a los demás no? ¿Por qué solo yo? Pues ahora sí, ¿de qué privilegios gozo? No que no hay acepción de personas, no que todos somos iguales. ¿Qué pasó? ¡Qué tremendo eh, algo pasó ahí!

 

Cuántas veces tú has estado tranquilo, en paz, gozoso, muy quitado de la pena, disfrutando un momento muy agradable, meditando. Viendo tal vez a tus hijos, a tus familiares, a tus seres queridos. Tal vez estás en un momento a gusto después de haber trabajado, viendo la televisión en paz, o cenando. Así de esos momentos maravillosos en los cuales tú piensas, ¡gloria a Dios! No hay problemas, no pasa nada. Desde que llegué al Señor, mmm, todo se ha ido arreglando. Y los problemas que hay, los he enfrentado conforme y Dios me ha guiado, y todo está tan maravilloso, tan bien, Qué bueno es Dios, no cabe duda. Y ha traído esa paz a mi corazón que yo no conocía y he aquí estoy bien, todo bien.


Cuando de repente, ya sea que alguien llega, suena el teléfono, alguien irrumpe, algo pasa y te dan una noticia tremenda que hace estremecer tu ser. Cuántas ocasiones no te ha pasado. Cuántas ocasiones no ha sucedido algo así, que dices, ¿por qué ahora? Estaba yo tan bien. Estaba yo disfrutando de este momento tan especial, ¿por qué ahora? ¿Por qué tenía que meter su cola  Satanás en estos momentos? Y todo te lo trastorna y te mete en un conflicto y pasa algo tremendo.

 

Acabo de orar, acabo de regresar de la Iglesia; fue el día en que más comunión estuve con el Señor, fue el día en que más sentí su presencia, cuando yo sentí que le adoraba con todo mi ser, y adoré al Señor. Y vengo de la Iglesia y me pasa esto, ¿cómo es posible?

 

Dos noticias tremendas prácticamente el fin de semana y el principio de semana. Una, el domingo en la noche llegamos a la casa de ustedes, y de repente una llamada telefónica. Todo estaba bien, todo estaba tranquilo y entra una llamada: Pastor hay que orar, acaban de asaltar a mi hermana y a mi cuñado y se llevaron el auto. Y empezamos a orar. Y parece como si, cómo es posible Señor, es domingo. Como si los delincuentes descansaran algún día. Es domingo Padre, venimos de la Iglesia, venimos gozosos, ¿qué pasó? Y ya se trastornó todo, y parece que toda la bendición que recibimos el domingo se diluyó, se acabó en un momento.

 

Ahí estuvimos al pendiente el lunes, estuvimos haciendo llamadas, muy afligidos por esta situación y de repente en la noche suena el teléfono, contesto y otro hermano: pastor me acaban de asaltar, ¿puedes venir por mí? ¿Dónde estás? En tal lugar. Voy para allá. Lo habían asaltado también con arma en mano y le habían despojado de su automóvil. Impresionante. ¿A qué viene esto? Al hecho de que ya después fuimos y levantamos el acta, se le avisó al Seguro, y veníamos de regreso hacia la casa y le digo al hermano. ¿Qué pasó, qué impresión tuviste? Dice: pues por una parte cuando me pusieron el arma en el estómago y cortaron cartucho, me impactó, no pude decir nada ni hacer nada. El oír que cortan cartucho, dice, es impactante.

 

Agrega, y en ese momento, después de unas groserías me dijeron: ¡las llaves! Yo las tenía en la mano porque acababa de abrir el auto, la puerta de atrás. Entonces me arrebata las llaves y me dice: camina hacia atrás y no voltees. Dice el hermano, obedezco, se sube al auto, lo arranca, yo volteo lo veo y veo también una patrulla. Y se preguntó ¿qué hago? ¿Corro hacia la patrulla y lo denuncio? Pero ¿si no viene solo? ¿Si viene con alguien y está al pendiente, o esta persona se da cuenta y me tira un balazo y me mata? Y entonces me quedé quieto y dije: bueno, la verdad es que no le tengo miedo a la muerte, venía orando, me había yo puesto en comunión y a cuentas con Dios.

 

Dice, entonces yo tenía la seguridad que si yo moría en ese momento, no había problema, pero me preocupaba una cosa, mi familia. Y entonces dije: que se vaya. Entonces yo ya me metí a un establecimiento y te hablé pastor. ¿A qué voy con esto? Que él acababa de orar, nuestros otros hermanos acababan de estar aquí todo el día en un culto. Y después de que hay un gozo tremendo en tu corazón, viene algo tan difícil, tan tremendamente duro que luego no te lo explicas. Y yo creo que es lo que le pasó a Pedro. Se quedó sorprendido y ha de haber dicho: ¿por qué? ¿Por qué a mí Señor, de qué se trata? O sea, ¿traes algo contra mí?  Ya no solamente el enemigo sino también tú Señor, ¿cómo es posible? No hubieras permitido esto.

 

Y pasan tantas cosas por nuestra mente, tantas, que no sabemos finalmente ni qué decidir ni qué definir, no sabemos nada. Pero después de que el Señor Jesús le da la mala noticia, la pésima noticia de que Satanás lo había pedido para zarandearlo como a trigo, le da una buena noticia, la excelente, la contraparte, le dice: pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte.

 

¿Qué habrá pensado Pedro? Bueno, ¿qué pensarías tú? Como somos en nuestra carne yo creo que le diríamos al Señor: Señor, ¿y por qué no mejor le pides al Padre que se acaben los problemas? ¿Por qué no mejor le pides que esto se solucione, que no haya conflictos y que yo no tenga que pasar por todo este proceso? Yo no quiero pasar por todo este proceso de ser zarandeado.


En cualquiera de las dos formas que lo quieras ver, ya sea que te pongan en el piso y te pongan una tabla encima y alguien se pare ahí y sientas cómo va caminando esa tabla con el peso hasta que te saque toda la paja, toda la inmundicia, todo lo que sobra. O la otra, que te agarraran y que te azotaran contra algo para que se saliera todo lo que está mal. O lo quieres ver desde el punto de vista actual, ya no se hace así, es mucha pérdida de tiempo, ahora existen unas máquinas enormes, creo que se llaman Cribas, que vienen de precisamente de Zaranda, de donde salió esta palabra.

 

Que en la actualidad son máquinas automáticas en donde se mete el trigo y con gran fuerza ahí todo lo sacuden, todo lo mueven, y pasa por rodillos y sale del otro lado limpio. De cualquier modo es un proceso bastante doloroso. Y yo creo que podríamos decirle al Señor: Señor Jesús ¿y por qué tengo que pasar por todo este proceso doloroso?

 

Hace una semana, escuchando la predicación de la hermana Lupita para las mujeres, habló sobre no hay avivamiento sin quebrantamiento, o quebrantar para avivar. Y la Palabra lo establece, y ella les preguntaba en un principio: ¿Quieren ser avivadas hermanas? Y todas las hermanas, ¡sí, amén!  Dice, porque hay un costo, existe un costo, y el costo es un quebrantamiento, y Dios va a quebrantar tu vida y la va a someter a un quebrantamiento para que entonces haya un avivamiento de parte de Dios, para que entonces la gloria de Dios se manifieste en tu vida, para que el Espíritu Santo se manifieste con poder en ti. ¡Pero tienes que ser quebrantado!


Y cuando empecé a oír la predicación, yo dije, Ah este Señor de veras me andan volando mis predicaciones. Esta predicación me empezó a hablar de ella desde hace muchas semanas, y yo estaba esperando el momento en que me dijera: ahora. Y el otro día también, pasa un hermano a compartir y empieza a tocar algunos puntos y toca este versículo, dije: Señor, no, no, no. ¿De qué se trata? Si me estás dando una predicación ¿por qué se la empiezas a soplar a otros? Si me vas a dar la primicia de esto, pues dámela si no pues entonces no me digas que prepare algo relacionado con esto.


Y entonces viene el Señor a través de la profecía y empieza a hablar de una cosa relacionada con el quebrantamiento, con el avivamiento. Viene una profecía hablando sobre zarandear, y vuelve el Señor a utilizar este versículo. Y hoy vuelve a hablar el Señor sobre que tenemos que ser zarandeados, y empieza la profecía hablando sobre esto. Digo: Señor, es que en verdad yo puedo advertir que lo que tú quieres es que tu pueblo esté limpio, lo quieres como al trigo ya limpio; no quieres que tu pueblo esté como un trigo recién cortado del campo, que trae tanta basura, quieres un trigo que se pueda utilizar, no un trigo inservible, inutilizable. Y por lo tanto, tú quieres limpiar a tu pueblo.

 

Queramos o no queramos, nosotros vamos a ser zarandeados, o tal vez estamos siendo zarandeados. Vendrán las pruebas, es algo que nosotros no podemos evitar. No puedo evitar yo que una prueba venga, no puedo evitar que haya una situación en la cual yo tenga que pasar para ser limpiado, no lo puedo evitar, van a venir, y van a venir de muchas formas. Si yo soy dócil y si yo he estado buscando de Dios, y he estado buscando limpiar mi vida, pues las pruebas que voy a pasar serán más tranquilas.


Pero cuando yo me niego o cuando yo me resisto a un cambio, entonces va a venir una prueba muy dura, va a venir una prueba muy fuerte, tan fuerte que será como un tremendo zarandeo para mi vida. Pedro, yo puedo advertir en la Palabra, como era un hombre difícil, era un hombre duro, era un hombre terrible. Sí, seguía al Señor y hablaba de un modo, pero era altanero. Recuerda cuando detienen a nuestro Señor Jesucristo, él saca la espada y le corta la oreja a uno de los soldados; era un hombre violento, no se podía controlar.

 

¿Cómo es posible que estemos en el Señor y tengamos actitudes tan mundanas? Cómo es posible que estando en el Señor, yo siga siendo violento y no haya entendido que debo poner la otra mejilla. Que no haya entendido que debo tener misericordia, compasión por los demás, ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible que me la pase todavía ya en el Señor como Pedro, amenazando a los demás?


Señor Jesús, ¿qué es lo que quieres? Porque aquí traigo mi espada y ahorita enfrento a quien sea, y a ver a cómo nos toca. Y el Señor le dice: Hey, hey, espérate. No necesitas nada de esto, nada; porque si yo quisiera, en este momento le digo al Padre y me envía una legión de ángeles, no te necesito a ti.

 

Ah, pero la prepotencia humana, ¿no? La prepotencia, es que yo soy aquel. Y yo amenazo, y te amenazo, y dale gracias a Dios que ya soy cristiano. ¡No es posible!  No lo entiendo. Había una persona que decía: es que yo cuando andaba en el mundo traía ahí en mi auto junto al asiento un tubo, para que el que se me pusiera al brinco yo me bajaba, agarraba ese tubo y a ver ahora sí a cómo nos toca. Y siempre lo decía, siempre decía: es que yo ya he cambiado y ya no soy así.

 

Hasta que un día le pregunté, a ver hermano ¿a cuántos golpeaste, a cuántos mataste tú con ese tubo? No, pues a ninguno. Ah, entonces no era un tubo tan bueno. ¿Pues a quién quieres impresionar? ¿A cuántos heriste? No, pues no. Ah, entonces ni lo usaste, nada más lo traías ahí para tú sentirte seguro. Y así hay muchos cristianos hoy día, hacen alarde de lo que eran. No hagas alarde de lo que fuiste, haz alarde de lo que hoy eres en Cristo Jesús, eso es lo que tienes que hacer.

 

Y Pedro, ah Señor es que yo por ti doy mi vida. No, me vas a negar Pedro. No Señor, primero yo voy a la cárcel antes de negarte a ti. Me vas a negar Pedro, es más no me vas a negar una vez, me vas a negar tres veces. No Señor, primero muerto antes de negarte, vas a ver, yo sí, por ti doy lo que quieran. Uy, que lo niega tres veces. Y cuando se da cuenta que lo había negado tres veces, es cuando se arrepiente, es cuando se da cuenta de lo que había hecho. ¡Qué forma del Señor de tratar con él!

 

¿Cómo quieres que Dios trate contigo? ¿Tranquilamente? Lo puede hacer, pero empieza a despojarte de toda la contaminación, de toda la suciedad, de todas las impurezas, deséchalas, hazlas a un lado. A mí me llama mucho la atención como en las reuniones de oración vienen los hermanos que tienen una necesidad en términos normales. Pocos son los hermanos que vienen por el gusto, por el gozo de estar con todos los demás orando, clamando en la presencia de Dios. Muchos hermanos vienen nada más porque tienen necesidad, porque el día que ya no tienen la necesidad no se vuelven a parar en una reunión de oración.

 

Si nosotros lo notamos, ¿que no lo vea Dios, Dios que ve al corazón? Por supuesto que lo ve. Por lo tanto, volviendo al punto, vamos a ser zarandeados todos, de un modo o de otro y no solamente una vez. Y el Señor te va a zarandear, y si no cambias después de un tiempo te va a volver a zarandear, y si no cambias te va a seguir zarandeando. Y si consideras que lo mejor es ser más duro para que no te zarandee el Señor, cuidado, andas en problema, tienes que cambiar, tienes que ser zarandeado.

 

¿Por qué? porque cuando viene la prueba, las pruebas vienen para que nosotros seamos fortalecidos, para que nosotros crezcamos en nuestra fe, para que nosotros caminemos de acuerdo a lo que el Señor quiere; vienen las pruebas para que nosotros demostremos realmente de qué estamos hechos. Porque nosotros podremos presumir y decir: ah es que yo soy bien cristiano. ¡Sí! Pero cuando hay alguna prueba entonces, nos damos cuenta que no somos tan cristianos, cuando hay la oportunidad entonces hablamos como hablábamos en el mundo, nos comportamos como nos comportábamos en el mundo.

 

Hay una persona que conocí, hermano en Cristo de otra congregación, él tenía poco tiempo de haber llegado al Señor, y un día me dijo bien orgulloso: es que yo ya cambié. Yo ya no soy como era, ya la gloria de Dios está sobre mí. Lo vi una vez, tratamos un asunto, pasó un tiempo lo volví a ver, me volví a reunir con él, tratamos otro asunto, en fin había una situación que estábamos atendiendo, algo común. Y hubo un momento en el cual ya él con más confianza cuando empezábamos a platicar me decía: ah, perdón pero… y empezaba a decir sus palabras altisonantes, sus groserías.

 

Ya como al tercer perdón entonces ya le dije, oye discúlpame, no te perdono, ya no hables así, pues ¿no que ya cambiaste? Bueno, es que por la confianza. No es que no debas tener confianza, es que no es lo correcto de acuerdo a la Palabra de Dios, debe haber un cambio en ti, y debe de haber un cambio aun hasta en tu forma de hablar, en tu forma de expresarte, si no, no ha habido nada. Y las pruebas nos vienen para que nosotros saquemos lo que realmente hay en nuestro interior.

 

¿Qué es lo que hay realmente en tu interior? No lo vas a saber hasta que no viene una prueba. No lo vas a saber hasta que viene una aflicción, hasta entonces tú te vas a dar cuenta qué es lo que está mal y tienes que cambiar. Hay situaciones difíciles, hay adversidades, hay problemas, enfermedades, crisis; hay una serie de situaciones por las cuales pues, nosotros tenemos que demostrar que somos hijos de Dios, que hay algo distinto en nosotros y que por lo tanto, vamos a salir victoriosos de esa situación la cual es pasajera, es circunstancial.


Satanás, dice la Escritura, quiso zarandear a Pedro de la misma manera que quiso zarandear a Job. Cuando leemos la Escritura podemos advertir que vinieron los hijos de Dios, y entre ellos vino Satanás. Y el Señor le dijo: ¿cómo ves a mi siervo Job? Y entonces Satanás le contestó: ah, pues está bien y él es bueno, y piensa todo lo que piensa por una razón, porque tú lo has colmado de bendiciones, ve todo lo que tú le has dado; pero si tú le quitas todo lo que le has dado, vas a ver como en tu misma presencia él te reclama, él te maldice.

 

Y entonces el Señor le dijo: está bien, tócalo, quítale lo que tiene. Y luego no entendemos esto, y esto es tan impresionante. Tanto en Job como en Pedro, Satanás quiso demostrar algo: que ambos varones eran basura, que no eran trigo. Eso es lo que Satanás quiso demostrar, por eso vino y le dijo al Señor: claro que él habla bien de ti y te bendice, y es maravilloso, ¿por qué? Porque tú lo has colmado de bendiciones. Pero quítalas, y vas a ver como blasfema en tu misma presencia. O sea, si tú le quitas tu bendición, si tú le quitas lo que él tiene, vas a ver Dios como lo que hay en su interior es basura, vas a ver.


El Señor ya le había dicho a Pedro que él sería líder, por eso le dice: y cuando vuelvas vas a confirmar a tus hermanos. Y antes de esto ya se lo había dejado ver. Y Satanás lo había visto. Y entonces Satanás viene con Dios y le dice: déjame, voy a zarandear a Pedro, a aquel que van a poner como líder, y te voy a demostrar Dios como éste es basura al igual que Job. El mismo principio de Satanás viene y lo utiliza: éste no es trigo, éste es pura paja, está contaminado, es pura basura, no hay nada bueno en él. ¡Qué tremendo!

 

Y Dios cuando le dice a Satanás, está bien, te doy permiso que toques sus propiedades pero no su vida, ¿sabes? Dios sabía lo que hacía, y sabía de la integridad de Job, lo sabía, y sabía que no importaba lo que pasara, iba a seguir siendo íntegro. Sabía que no importaba lo que en un momento determinado pasara con Pedro, que sí lo iba a negar pero que después, se iba a levantar con gran fuerza, iba a demostrar a sí mismo que Dios no se había equivocado con él. Por eso Jesús le profetizó: y cuando vuelvas confirma a tus hermanos. Sabía que iba a volver, sabía que no se iba a quedar en el camino. Jesús lo sabía.

 

Qué impresionante el que viniera el enemigo y le dijera a Dios, permíteme tocar la vida de… y empezara a mencionar nuestros nombres, porque Padre Dios, yo sé que esos son basura, que no sirven, que en ellos no hay trigo. ¿Qué le aconsejarías tú a Dios cuando te pidieran tu nombre, qué le dirías? No hay problema Señor, yo soy íntegro contigo, adelante. O le dirías: No Señor, porque va a salir mucha porquería de mí que no quiero que nadie vea. Yo no quiero que tú la veas, no quiero que se manifieste toda la basura que yo cargo. ¿Qué harías?

 

Le dirías a Dios: no hay problema soy íntegro, adelante que vengan y me prueben, que me zarandeen como a trigo. Y cuando yo miro a la Escritura, yo miro que el zarandeo es un tiempo en que vives una sacudida espiritual, pero es un tiempo corto, excepto el de Job que fue más de 3 años, de ahí en fuera todos son tiempos cortos.

 

Por ejemplo, la Biblia nos habla de un Daniel que estuvo una noche en el foso de los leones. ¡Qué forma de zarandearlo! A ver, vas a ser echado al foso de los leones por haber reconocido a Dios. Adelante. Y lo echan y sellan el foso para que no saliera. Y en la mañana ahí viene el rey a ver qué había pasado. Quiten la piedra, quiten el sello. Lo hacen a un lado, y tranquilamente los leones hambrientos echados junto a Daniel, ahí durmiendo todos. No sé si Daniel roncó como león, pero se paso ahí toda la noche y los leones no lo tocaron. Una noche, una prueba.

 

Están los amigos de Daniel, los que dice la Biblia: Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ah, por desobedientes van a ser echados al horno de fuego. Un horno que dice la Biblia que cuando lo abre el encargado de ese horno, nada más por el calor que recibió quedó muerto, se quemó completamente y falleció calcinado. Y a estos tres varones les dicen: entren. ¡Qué prueba tan tremenda!  ¡Qué prueba tan terrible! Y estos tres varones entran y estuvieron ahí en ese lugar media hora, y cuando salen les dicen: ¿y dónde está el otro? ¿Cuál? Sí, porque nosotros vimos a 4 varones danzar, no solamente ustedes 3, había un cuarto varón con ustedes. ¡Gloria a Dios, era Jesucristo!  Ahí estaba Jesús con ellos.

 

¿Está Jesús contigo como para enfrentar una prueba? ¿Cuál es tu relación? El ser zarandeado es una oportunidad que nosotros tenemos para ser limpiados, para que toda la escoria sea quitada. Para que todo lo que no sirve sea quitado. No veamos la prueba y no veamos el zarandeo como un momento en el cual Dios se apartó de nuestra vida o como que Dios está enojado con nosotros. ¡No, no es esto! El ser zarandeado es para quitar la impureza, para que nosotros podamos caminar más ligeros conforme y la voluntad de Dios, para que Dios aun, pueda bendecirnos.


¿Qué sucede mientras tú eres zarandeado? Jesús está orando por ti, desde antes de que seas zarandeado, Jesús está orando por ti. Jesús está clamando, le está diciendo al Padre, porque él está a su diestra: Sí Señor, va a venir un tiempo de zarandeo pero sostenlo, que su fe no falte. Y está orando de una manera fuerte y constante para que tu fe se afirme, para que tú te sostengas en la fe que es en Cristo Jesús.

 

Eso está haciendo nuestro Señor Jesucristo, eso está pasando mientras tú eres zarandeado. ¡Qué impresionante! No es que el Señor esté apartado de ti, al contrario, es cuando más cerca está. Es cuando está en una relación más estrecha, y entonces ¿qué es lo que tú debes de hacer cuando tú eres zarandeado? ¿Qué actitud? Y aquí hay varios aspectos importantes:

 

1.- Someterte a Dios.

 

Santiago 4:7a Someteos, pues, a Dios.

 

Es decir, este es un tiempo en el cual nosotros debemos fortalecer nuestra relación con el Señor. Lo tenemos que hacer de diferentes formas, a través de la oración, a través de la alabanza y la adoración, a través de la lectura de la Biblia, a través del hacer su voluntad, lo que está escrito en su Palabra. A través de mantenerte unido con el cuerpo y con la Iglesia. Yo debo dedicar un tiempo de oración, pero por desgracia cuando vienen pruebas es cuando nosotros sentimos que el Señor se apartó de nuestra vida, y por lo tanto no sabemos qué hacer.

 

Sentimos que estamos solos, que el Señor ya nos dejó. Y no, el Señor no te ha dejado, el Señor está contigo. Es un tiempo en el cual tú tienes que fortalecer tu relación con él, tienes que orar más tiempos, tienes que estar en su presencia más tiempo para que él te fortalezca, para que tú te puedas someter, tú tienes que adorarle. Luego cuando tenemos problemas lo primero que decimos es: ah,  ni ganas de alabar a Dios; y vas en el auto y ahí pones las canciones gruperas, y ahí vas cantando, y hasta sacas la mano por la ventana.

 

Perdón, es un tiempo en el cual tú tienes que buscar alabarlo, adorarlo. Más tienes que buscar estar ahí metido en su presencia, postrado rostro en tierra, dándole la adoración. Para que todo esto que está pasando pase rápido. Es un tiempo en el cual tienes que leer la Palabra, tienes que leer y fortalecerte. Es un tiempo en el cual tú tienes que venir más a la Iglesia, no faltar a los eventos, no faltar a los cultos, tienes que estar más porque dice la Palabra del Señor que la fe viene por el oír la Palabra de Dios.


Ah, estoy pasando por tribulación. No, no voy a la Iglesia al fin Dios está en todos lados y está aquí en mi cama, y aquí me quedo. Dios está en todos lados y va a estar aquí junto a mí viendo la tele, va a ver el fútbol. Perdón, no. Dice la Palabra que la fe viene por el oír la Palabra de Dios, y cuando tú estás solo en tu casa no oyes la Palabra de Dios, no la oyes. Cuando estás tú solo en tu casa ni adoras, ni alabas ni entras en oración, ni lees la Biblia, ni haces nada.


Si tú quieres ser fortalecido en tu fe, tienes que oír la Palabra. ¿Dónde la vas a oír? No la vas a escuchar en el campo de fútbol, ni en el Estadio, no la vas a escuchar ni con tus familiares si te reúnes con ellos el domingo. La vas a escuchar en la Iglesia, es donde la oyes. Yo siempre les digo: vengan los miércoles, es un día entre semana en el cual el Señor nos inyecta una inyección tremenda de espiritualidad. Es una inyección a nuestro espíritu para fortalecernos.

 

Porque el lunes empezamos con un buen nivel espiritual, por los problemas y situaciones que empezamos a vivir el martes ya se bajó nuestro nivel. El miércoles ya se bajó un poco más, siguen los problemas, siguen las aflicciones, siguen los conflictos, siguen las presiones. El jueves ya estamos más abajo. El viernes pues como todo no se ha acabado, y bueno la única ventaja que tenemos es ¡gloria a Dios es viernes! Más para abajo la espiritualidad. Y el sábado, pues ya bajó más, al fin pues ya mañana es domingo y ya mañana me vuelvo a fortalecer.

 

Y llegamos arrastrando la cobija aquí a la Iglesia. Y llegamos con unas ofrendas tan raquíticas para Dios. Y yo les insisto, ¿qué sucede el miércoles en el culto? El lunes empiezas bien en tu nivel espiritual, el martes empiezas a bajar, el miércoles ya bajaste más, pero por la noche en el culto es otra inyección y te vuelve a levantar para que aguantes en un buen estado hasta el domingo que vuelves a recibir otra inyección.

 

¿Para qué voy al curso? No importa, mejor duermo otro ratito, y al curso ni voy. Tu fe no se va a fortalecer porque no tienes conocimiento de la Palabra. Tu fe no se va a fortalecer porque no estás oyendo la Palabra. Ah, es que ¿a mi edad ponerme a estudiar en el curso en la Iglesia? ¡Sí, hazlo! No faltes.

 

2.- Resistir a Satanás. En el momento del zarandeo tienes que resistirle.

 

Santiago 4:7b Resistid al diablo, y huirá de vosotros.

 

Y me gusta esta Palabra. Primero me someto a la voluntad de Dios; segundo, le resisto al diablo, no es al revés. No es que primero me resisto y después me someto a Dios. No le puedes resistir si primero no te sometes a Dios. Entonces, ¿cómo le resisto? De muchas maneras, primero a través de la oración. Dice la Palabra que nosotros no tenemos que huir del enemigo, el enemigo tiene que huir de nosotros. Tú tienes que estar en tal llenura, en tal comunión, en tal relación con Dios, que tú reprendas al enemigo y él se vaya. Que tú le digas: en el nombre de Jesús fuera, y él salga. Él tiene que huir.


Y por desgracia cuando hay problemas, nosotros somos los que huimos, no el enemigo. Vamos a la Iglesia. ¡No! Entro y siento que me quemo. Ven a la Iglesia, atrévete a entrar. No, yo me espero allá enfrente en el coche. Y desde allá están viendo a ver si no se incendia la Iglesia. Atrévete y ven, y entra a la Iglesia. No puede ser de otro modo, tú tienes que resistirle al enemigo, porque él tiene que huir. Tú tienes más poder que él en Cristo Jesús. No es de otro modo. Él te tiene que tener miedo.


Cuando tú llegues a algún lugar, él de verte debe decir: ¡Ah, el ungido de Dios, con permiso! Y se tiene que ir. No al revés. Ha habido ocasiones en que han venido hermanos y nos dicen: Ah hermano es que a unas casas de donde vivo hay un santero, y estoy pensando en cambiarme de casa, ¿cómo ve? Ah, es que ya me enteré que un familiar mío que vive en otra ciudad es santero, ¿no me estará haciendo algo? Tengo miedo, ¿qué hago? Por el amor de Dios, ¿cómo que qué haces? ¡Échalo de tu vida, él no te puede tocar!

 

Imagínate a un Elías ahí con 450 profetas del demonio. Él solito, él profeta de Dios ahí, a ver  ¿qué quieren? Vamos a ver cual es el Dios bueno, el efectivo, el de ustedes o el mío, Jehová de los ejércitos. Ustedes, les voy a dar la oportunidad que ustedes intenten prender este holocausto, nada más clamando a su dios, háganlo. Y ahí estaban clamando, danzando, bailando, haciendo sacrificios humanos, cortándose, en fin, haciendo cada barbaridad. Y Elías ahí delante de 450 profetas del demonio, diciéndoles: ¿qué, su dios está muerto, su dios está dormido? ¿Su dios no los oye? Háblenle fuerte para ver si lo despiertan. Elías estaba mofándose, y ahí los otros haciendo todo su espectáculo estos.


Viene Elías en su momento, está el holocausto puesto y todavía dice: échenle agua. ¿Cómo? Échenle agua. Le echan agua, clama a Dios, hace una oración clamando al Señor y ¡Fum! Se enciende el holocausto. ¡Qué impresionante! No salió huyendo, nosotros no tenemos porque huirle al demonio, él tiene que huir de nosotros. Ah, me vas a zarandear, me vas a tocar; pues en el nombre de Jesús ¡fuera! Y fortalécete y crece en tu fe.

 

Mateo 26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

 

¿Cómo le podemos resistir a Satanás? Dice nuestro Señor Jesucristo: velando y orando. No hay otra forma, no voy yo a agarrar y a decirle: ahora sí, aviéntate, vente. ¿Qué traes conmigo chanclas? Órale. Pues no, perdón, no es la forma. Hay quien les dice: es que los demonios se van, esos espíritus se van cuando nosotros les decimos groserías. ¡No, no es así! Háblales feo, ellos se sienten a disgusto. ¡No es cierto! Ellos son más pelados y groseros de lo que tú te puedas imaginar. No es cierto, eso es una mentira.

 

Ahí están tantos programas y tantas cosas, es que ahora el caza fantasmas de Carlos Trejo los atrapa con una maquinita. ¡Wow! Y la gente que le cree, ya se hizo millonario el tipo. Bueno, dice la Escritura que cuando tienes problemas para resistirle al demonio, tienes que orar, tienes que orar porque tu espíritu se fortalece. Tu carne es débil, nuestra carne es débil y el Señor lo sabe, pero él nos da la solución. A la fragilidad de tu carne la comunión con Dios. Comunión, relación con el Señor y te vas a fortalecer.


A veces piensas que peleas contra el aire cuando estás en guerra espiritual, y empiezas en el nombre de Jesús fuera. Y entra tu raciocinio y piensas: bueno ¿y a quién le estoy diciendo? No veo a nadie. Pero está a nivel espiritual y todo lo que tú declares se cumple. Y todo lo que tú eches fuera, se va. Debes tener esta conciencia. Dice nuestro Señor Jesucristo: en breve Satanás será aplastado. Y tú lo tienes que mantener a él en donde el Señor lo puso, debajo de tus pies. No lo dejes levantar.


Luego vienen y dicen: ah hermano es que Satanás me está haciendo. Pues, ¡para qué lo dejaste levantar! Vuélvelo a poner ahí abajo. En el nombre de Jesús vuélvelo a poner ahí donde Jesús lo puso, debajo de tus pies. Mantenlo ahí, písalo ahí abajo, que no se levante. Cuando pretenda levantarse, vuélvelo a bajar. Ay es que me trae pero mal el enemigo, me anda zarandeando y me trae que ya no veo la mía. ¡Pues ponlo abajo! Es más fácil. Jesús ya dijo lo que él hizo, nada más mantenlo donde él lo puso.

 

3.- Declarar lo que Dios ha dicho, y no permitas pensamientos de derrota.

 

Leemos la Palabra, conocemos las promesas, sabemos lo que Dios dice, sabemos que somos victoriosos en Cristo Jesús, sabemos que tenemos prosperidad, sabemos que tenemos sanidad, sabemos que tenemos bendición, sabemos que todo lo tenemos en Cristo Jesús, pero cuando viene el demonio y nos dice: ¡No es cierto! ¿Sabes? Le creemos al demonio. Y entonces temblamos y nos atribulamos y le decimos: ay Señor es que ¿qué le digo?

 

Isaías 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

 

Fíjate que promesa tan tremenda. Señor estoy siendo zarandeado, estoy pasando por las aguas, y la voz de Dios te dice, viene a tu pensamiento la Escritura. Hey, pero a mí no me va a pasar nada porque Dios está conmigo. Lo dice su Palabra y yo la creo. Y si voy por los ríos, no importa qué tan fuertes vengan. No importa el problema, la circunstancia, la situación que yo esté viviendo, no importa qué tan fuerte esté, el Señor está conmigo lo dice su Palabra.

 

El problema es que cuando no conocemos la Palabra, no tenemos nada que declarar, no podemos declarar una bendición porque no conocemos lo que dice la Escritura, y entonces nos quedamos en una situación, quihúbole y ahora ¿qué pasó? Yo siempre creí que el Limbo, y siempre dije que el Limbo era una mentira de la iglesia católica porque  era una forma de hacer dinero.


Decían: el limbo es el lugar a donde van los muertos, para que tú vivo sueltes lana, pagues indulgencias, y entonces hagas que esa persona que está en el Limbo pase al reino de los cielos. Y pobre humanidad ignorante, pobrecita; ahí estaba poniendo dinero. No tengo dinero, y entonces les decía el padrecito: ah, entonces tráeme tus animalitos. Y entonces les llevaban a sus animalitos. Con eso ya ganó tu muertito tantos años en el reino de los cielos, ya con esto te extendemos un certificado de 8 mil años en la presencia de Dios, y se los entregaban. ¡Qué curioso!

 

¿Pero qué crees? Ya no tengo animalitos. No importa, tráeme el papelito de tu propiedad, también sirve. ¿Tú sabes que antes de las Leyes de Reforma, el 75 % del territorio de este país estaba en manos del clero por pago de indulgencias? Así era. Y entonces la gente creía eso, y entonces creía en el Limbo. Y la gente sigue pensando en el Limbo. Ah, es que si un niño se muere sin que lo bauticen, se va al Limbo. ¿Qué es el Limbo? Pues es ese lugar que nadie sabe qué onda.

 

¿Y sabes? Hoy me doy cuenta que hay muchos cristianos que andan como en el Limbo, no saben ni qué palabra declarar. Entonces cuando yo veo a un hermano así, le digo: no cabe duda, estás en un estado “limbódico”. Se trata de inventar palabras, pues las inventamos. Entonces, amado hermano si en algún momento tú ves que yo te digo que estás en un estado limbódico, preocúpate, ponte a leer la Escritura, ponte a orar, ponte a hacer algo.

 

Sabemos que el Salmo 23 habla de que Jehová es mi pastor, nada me faltará, pero en: Salmos 23:4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

 

No importa la circunstancia que yo esté viviendo, tu bendición está en mi vida. No importan las circunstancias, la situación, la enfermedad, la crisis, no importan Dios está contigo y Dios te va a sacar, Dios no te va a dejar en esa condición. Pero tú tienes que declararlo: Declara las bendiciones de Dios para tu vida. Declara las promesas que hay para tu vida, hazlo, declara toda la Palabra de Dios.

 

Salmos 138:8 Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.

 

Señor yo declaro que yo voy a cumplir el propósito para el cual tú me trajiste. Y no importan las circunstancias, no importa que en este momento esté yo siendo zarandeado, esto será por un corto tiempo. Yo declaro que tu propósito se cumple en mi vida. Por lo tanto, tu propósito de salvación, tu propósito de bendición, tu propósito de prosperidad, tu propósito de bienestar en mi vida se cumplen, y yo lo declaro en el nombre de Jesús. El problema es que se nos olvidan las promesas del Señor, se nos olvida declarar su Palabra.

4.- Creer las promesas de Dios.

 

Debemos estar firmes en nuestra convicción. Debemos entender que cada palabra de la Biblia es verdad, y que cada palabra de la Biblia es para nosotros. Yo debo creerlo, no solamente están estas promesas para los demás o para los de otra época. Cada promesa de la Palabra del Señor es para mí. Y si aquí la Palabra dice: sé salvo tú y será salva tu casa, entonces yo tomo esa promesa y yo la creo.

 

Y yo se la declaro a Satanás y no importa que mi familia esté atrapada por el enemigo, yo declaro que mi familia es para el Señor, y que serán salvos, y que alcanzarán salvación. Y por lo tanto yo lo creo y esa palabra se cumple y no importa cuánto tiempo pase, la palabra de salvación se va a cumplir sobre mi familia. Yo lo sé, porque yo lo creo, porque yo sé que tengo un Dios fiel, un Dios veraz, lo conozco, creo lo que él dice.

 

Por eso nuestro Señor Jesucristo dijo en: Marcos 9:23 Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

 

O sea, primero yo tengo una responsabilidad con Dios, el primer paso que yo tengo que dar es creer. Si yo soy capaz de creer lo que dice el Señor, entonces no habrá nada imposible, todo se cumplirá. Cada una de las promesas que están aquí escritas, más de 7 mil promesas las puedo hacer mías, porque es una promesa de Dios, porque es la voluntad de Dios.

 

Y Jesucristo dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Sí Señor, yo creo. Y yo creo esta palabra, yo creo esta promesa y yo la tomo para mi vida. Y en este momento que estoy siendo zarandeado la tomo para mí, y la declaro y me sostengo, la creo y entonces se va a cumplir, se va a cumplir. No oigas a Satanás, que no te haga ver sus circunstancias, ese es el problema.


Viene el enemigo y te sopla y te habla, y te dice: ¿cuál prosperidad? Mira ve tu condición, estás más pobre que antes. Estás pasando por crisis, ve nada más cómo estás. Y entonces tú dices: sí, sí es cierto, pobrecito de mí. Estoy peor que antes, mi condición antes era mejor, ahora estoy peor, sí, no sé ¿qué pasa? ¿Qué estará pasando con Dios, por qué no cumple sus promesas en mí? Y ya perdiste.

 

Y Dios te puede estar repitiendo constantemente una palabra, la misma palabra y te puede estar hablando de bendición, y de que se va a cumplir. Y se va a cumplir, si tú lo dudas, si un día viene el enemigo y te dice: ¡no es cierto, Dios te está choreando! Si no te estuviera choreando ya hubieras visto esto, y esto. Y dices: sí, sí es cierto, tiene razón el enemigo, tiene razón. Señor dame una prueba entonces. No, yo ya para qué voy a la Iglesia, ya me voy a apartar, no se cumple lo que Dios dice.


Si Dios dijo que Levantaré va a ser una Iglesia de multitudes, ¿qué crees? ¡Va a ser una Iglesia de multitudes!  ¿Cómo lo va a hacer Dios? No lo sé, pero se va a cumplir su voluntad, se va a cumplir su propósito, así de fácil. ¿Cuándo va a ser? En los tiempos de Dios. Ah, pero viene el enemigo y me dice: mira las circunstancias, ve cuántos son y aun hay sillas vacías, ve las sillas vacías, jamás se van a llenar. Y viene y habla.

 

Y le digo: dice la Palabra del Señor que seremos una Iglesia de multitudes, y malo por ti Satanás, porque habrá multitudes que te echarán fuera. Así de fácil. Multitudes que te sujetarán y que te echarán de sus vidas y de la vida de sus conocidos y de sus familiares y de sus seres queridos, entonces, no importa lo que tú hagas ahorita, no importa lo que tú hagas para buscar derribar a la Iglesia, la Iglesia se sostiene por la mano de Dios y se va a cumplir.

 

Tú recuerdas el pasaje donde a media noche viene nuestro Señor Jesús caminando por las aguas, y estaban ahí en un barco los discípulos en medio de las aguas. Y entonces cuando lo ven se sorprenden, lo ven y dicen: ¡Un fantasma! ¿Qué es? Y entonces el Señor les dice: ¡Soy yo, no te preocupes! Pedro, el buen Pedro audaz, dice: si eres tú, manda que yo camine sobre las aguas. Y el Señor Jesús le dice: ¡Ven! ¡Ven! Y ahí está el rhema de parte de Dios, esa palabra específica para tu vida en un momento determinado. Esa promesa que tiene para tu vida en el conflicto que estás atravesando.

 

Háblame Señor, habla a mi vida, dame ese rhema, dame esa palabra específica. Y dice la Escritura que cuando el Señor Jesús le dijo: ¡Ven! Pedro de inmediato se bajó de la barca. Pedro creyó a Dios, creyó al Señor Jesús, creyó su Palabra, creyó sus promesas y entonces empezó a caminar. Todos los que estaban arriba en la barca lo vieron y dijeron ¡wow, qué tremendo, Pedro está caminando sobre las aguas! Mira nada más, gloria a Dios, esto es un milagro.

 

Y dice la Escritura que entonces empezó a soplar el viento, y se empezaron a levantar las olas, y sucedió algo tremendo, dice la Escritura que al ver este Pedro lo que estaba pasando a su alrededor, cuando deja de mirar a Jesucristo, en ese momento se empieza a hundir, ya no importó lo que el Señor le había dicho, ya no importó que le había dado un rhema específico. Al ver él sus circunstancias y cómo las olas estaban aumentando, y cómo el viento estaba más fuerte, y como las olas estaban aun azotando la barca, él tuvo temor, él tuvo miedo, se le olvidó que estaba sostenido de la mano del Señor, se le pasó.

 

Mateo 14:30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

 

Fíjate qué impresionante, que tú empiezas a hacer algo porque Dios te dice que lo hagas. Dios te lo revela, Dios te da un rhema y tú empiezas a cumplir con lo que Dios te dijo y empiezas a tener bendición, pero claro, el enemigo no se va a quedar contento, se va a levantar y va a empezar a crearte conflictos a tu alrededor, va a empezar a hacer que tú veas tus circunstancias, y que tú veas que las circunstancias que estás viviendo van por arriba del poder de Dios. Y cuando tú le crees al enemigo, cuando tú le crees a tus circunstancias, entonces te empiezas a hundir. Y situación grave, estás lejos de la barca, ya no te puedes agarrar de la barca, estás lejos de ella. ¿Qué tienes que hacer? Sostenerte.

 

Mateo 14:31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

 

Al momento, es decir, Jesús en ese momento ahí está. ¡Señor te necesito! Aquí estoy. Señor que tu gloria. Aquí estoy. Al momento. Luego creemos que el Señor se retrasa, que el Señor llega tarde. ¿Sabes? No es cierto, el Señor está ahí en el momento en que nosotros estamos clamando a él. Claro, sus pensamientos no son los nuestros, y la forma de hacer las cosas no son las nuestras, él actúa desde otra perspectiva, desde otra expectativa, él lo está viendo todo.

 

Hace unos años en una asamblea de mujeres que se hizo en Acapulco, se suben las hermanas a una banana. Yo estaba en la orilla viéndolas, y veo a las hermanas que se suben a la banana, todas con chaleco salvavidas, no te dejan subir si no lo traes, entonces todas traen su chaleco salvavidas. Se empiezan a subir y hay quien dice: yo no porque no sé nadar. No te preocupes, con el chaleco salvavidas, y le ponen el chaleco salvavidas, esos que usan ahí en la playa, todos apestosos, pero ahí lo traían. Cuando te lo quitas pasan 12 horas y sigues oliendo al sudor de los demás. ¡Qué asco, pero bueno!

 

Te pones el salvavidas y están ahí todas subiéndose a la banana. Va a salir, empieza a arrancar y alguna de las hermanas pierde el equilibrio, todavía ni salían, apenas estaban saliendo y se voltea la banana ahí en la orilla. ¡Qué barbaridad! Y el lanchero, el bananero, tratando de sostener a las hermanas y a ayudarlas porque se empiezan a desesperar.


Yo estaba en la orilla viendo qué estaba ocurriendo, estaba viendo a qué distancia estaban de la playa. Mi perspectiva era diferente a la de ellas, entonces yo las estaba viendo. Yo estuve muchos años en la  Cruz Roja y estuve en Rescate Acuático, yo tomé cursos de guarda vidas y de rescate acuático, muchas ocasiones cubrimos servicios de guardavidas en muchos lugares, aprendimos cómo teníamos que actuar.

 

Y estaba yo ahí viendo, estaba yo atento a ver qué sucedía. Y ahí estaban las hermanas: ¡ah, me ahogo! Y con un escándalo. No pasaba nada, no iba a pasar nada, pisaban, alcanzaban a pisar pero estaban tan nerviosas, tan asustadas que creían que no. Y ahí el lanchero las agarraba y hubo una que estiró la mano y se agarró de una soga de esas que se mueven para todos lados cuando las agarras, te balancean horrible, pero se agarraron sintiendo seguridad, y ahí están para todos lados.

 

Yo estaba viendo desde afuera, la verdad estaba yo bien divertido. Ya salen todas y entonces viene mi esposa y mi reclama. ¡Cómo  es posible que no me hayas salvado! Le dije: mira, no te estaba ahogando. Es que me hubieras salvado. Perdón, no te salvé, y aquí estás. Entonces ¿qué pasó? No pasó nada, no había problema, yo las estaba… No, es que tú no estabas ahí, nos estábamos ahogando. ¿Cómo te vas a ahogar con un chaleco salvavidas? No hay forma. Cómo no, nos estábamos ahogando, yo estaba desesperada. Uy, pues al día de hoy me sigue diciendo: ¡es que no me salvaste!


Mi perspectiva era diferente, y normalmente la perspectiva de Dios es distinta a la nuestra. Y nosotros podemos ver que la solución es una, pero el Señor nos muestra que la solución es otra, y él actúa de acuerdo a como él lo ve. Y él, una cosa sí te puedo decir, él está en el momento, él ahí está, el problema es que no lo buscamos, no clamamos a él y por lo tanto, no sentimos su presencia.

 

5.- Debes saber una cosa: que cuando eres zarandeado debe venir la bendición.

 

Ah que difícil situación estoy viviendo, estoy pasando por un momento muy terrible. No te preocupes viene la bendición. Si eres zarandeado es porque Dios está permitiendo que toda la basura se te caiga. ¿Por qué? Porque te va a bendecir y para bendecirte necesitas estar limpio. ¿Tú has estrenado ropa estando sucio? ¿Alguna vez lo has intentado hacer? Bueno, con hermanos normales no pasa eso. Con hermanos normales siempre que vamos a estrenar algo es porque nos acabamos de bañar.

 

El Señor va a traer bendición a tu vida, va a cumplir con el llamamiento para ti, te va a prosperar, te va a bendecir, va a ser que cumplas el ministerio para el cual te trajo. Es necesario que en el tiempo de la tribulación y en el momento de la aflicción, en el momento del zarandeo mires el galardón de Dios, que tú creas que el Señor te va a recompensar, va a traer prosperidad sobre tu vida.

 

Leíamos en un principio Lucas 22:32b Y  tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Fíjate la profecía que le está dando el Señor Jesús a Pedro, les está diciendo que no importa el zarandeo que va a tener, él se va a sostener por una razón: porque el Señor Jesús está pidiendo por su fe, y que una vez que termine este momento de prueba él va a regresar con mucho más fuerza y entonces va a cumplir con el propósito de Dios. Y él que fue zarandeado tan tremendamente aun con su fe, zarandeado, negando al Señor Jesús, él va a venir a confirmar a los otros discípulos. ¡Qué impresionante!

 

Por lo tanto, si tú eres zarandeado, ¡gózate! Porque detrás del zarandeo viene la bendición, en verdad. Hasta parece ritmo de baile “el zarandeo”. Detrás del zarandeo viene la bendición. Después del foso de los leones Daniel fue ascendido. Hay bendición.

 

Dice la Biblia que Job después de haber sido zarandeado recibió el doble de lo que antes tenía. De todas las propiedades, de todos los animales, de todo lo que él poseía, todo lo que le fue quitado el Señor se lo dio al doble. Es decir, si en el zarandeo tú has perdido recursos económicos, no te preocupes Dios te va a dar el doble. Y hoy decía el Señor en la profecía, pero cumple con la parte que tienes que cumplir, ¿amén?

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Jesús levanto delante de tu presencia a este tu pueblo, pidiendo Señor que tu Palabra quede en sus corazones, en sus mentes, para que podamos ser hacedores de la misma. Para que en los momentos difíciles, en los momentos de la prueba nos sostengamos conforme y tu voluntad, para que regresemos victoriosos cumpliendo con tu Palabra, con tu ministerio. Y Señor, gracias te doy por la vida de mis hermanos. Y en Cristo Jesús, Padre, a ti sea la gloria por la eternidad, amén.

 

Dios te bendiga

 

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