INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PREDICA EL EVANGELIO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

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Romanos 15:20-21 Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, 21sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.

 

A mí en lo personal la vida del apóstol Pablo me impacta en cuanto al Nuevo Testamento; en cuanto al Antiguo Testamento la vida de David. El apóstol Pablo cuando yo leo sus cartas, cuando leo sus viajes misioneros que él hizo, cuando veo todo lo que él tuvo que pasar en su ministerio, yo advierto como él era un varón entregado plenamente al Señor. Un varón lleno de la plenitud del Espíritu Santo, fluyendo conforme y el propósito de Dios y haciendo lo que Dios le dijo que hiciera, no había más. Él hacía exactamente lo que Dios dijo.

 

Dios le decía que hiciera algo, y lo hacía. Dios le decía que no fuera por tal parte, y no iba. Una obediencia plena al Señor. Tal obediencia permitió que él escribiera tres cuartas partes del Nuevo Testamento. Dios a él lo utilizó para este propósito.  Y yo aquí en estos versículos veo parte del corazón de él en cuanto a la obediencia a nuestro Señor Jesús.  Es la voluntad de nuestro Señor Jesucristo que demos a conocer las buenas nuevas de salvación; él así lo establece.


Esta no es una labor la cual deban llevar a cabo solamente aquellos que están dentro del ministerio de Evangelismo. No es algo que nosotros tengamos que pedirle al Señor que nos dé el don para evangelizar, para dar a conocer las buenas nuevas de salvación. ¡No! La Palabra de Dios establece que este es un llamado para todo creyente. Todos los que creemos en el Señor, tenemos que hacer una labor de evangelismo específica, es decir, tenemos que compartir las buenas nuevas de salvación.

 

Dice la Escritura que nuestro Señor Jesucristo antes de ascender a los cielos y sentarse a la diestra del Padre, él le dio una orden a los discípulos.

 

Marcos 16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

 

Nuestro Señor Jesús estaba dando una orden, un mandato, y como dice en algunos subtítulos de la Biblia, estaba dando la gran comisión a los discípulos. Todos nosotros somos discípulos de Jesús por una razón, porque somos seguidores de Jesús. No podemos decir que yo no soy un discípulo; tú no puedes decir que tú no eres un discípulo. Todos los que somos seguidores de Jesús somos discípulos de Jesús, no hay más.

 

Estamos aprendiendo su doctrina, estamos aprendiendo y recibiendo de su enseñanza para hacer conforme y él lo establece, para ser como él. Esa es nuestra meta, ser como Cristo Jesús. Por lo tanto, si nosotros queremos ser como Cristo Jesús, nosotros somos discípulos de Jesús. Desde el momento que nos congregamos somos discípulos de Jesús, entonces esta Palabra es para nosotros, y Jesucristo nos está estableciendo que nosotros tenemos que predicar el Evangelio a toda criatura.

 

Éste, insisto, es un mandato del Señor, y es un mandato bastante claro el cual no podemos eludir. No puedo yo decir a mí no me corresponde, esto le corresponde a otros hermanos, a los que tienen un llamado específico. A mí no me corresponde porque yo tengo muchas cosas que hacer; yo tengo mucho trabajo. O, a mí no me corresponde porque yo hago otras cosas para la obra de Dios. ¡NO! La Palabra establece de una manera muy clara que tenemos que anunciar a toda persona que hubo una persona que dio su vida en sacrificio para que toda la humanidad restableciera su comunión con Dios, así de sencillo.

 

¿Qué significa esto? Lo sabemos, que el pecado del hombre ocasionó que la humanidad, que el hombre se apartara de Dios. Dios es santo, en Dios no existe el pecado. Por lo tanto, no podía estar el hombre con Dios, con su pecado, no podía. Para estar cerca de Dios, para estar en la presencia de Dios nosotros necesitamos ser limpiados de nuestro pecado.

 

En la antigüedad se hacían holocaustos que Dios estableció. El pueblo de Israel venía como dice la Palabra, con sus holocaustos, venía con los animales que Dios estableció; levantaban holocausto para ser perdonados de los pecados, y de esta forma podían tener comunión con Dios. Pero sucedió algo: esto se volvió un rito, se volvió una tradición, y entonces llegó el momento en que el hombre dijo: ¿Cuál es el problema? Voy a pecar porque simple y sencillamente un día llevo mi holocausto a Dios, que lo levanten los sacerdotes y yo ya soy limpio, no hay problema.

 

Entonces había una imperfección es esos holocaustos. Por lo tanto, Dios establece que iba a venir su hijo, nuestro Señor Jesucristo, a hacer un holocausto para siempre. Ya no iba a haber necesidad de un holocausto constante; sino que una sola vez un holocausto de parte de Cristo Jesús, su muerte y entonces, nosotros poder tener comunión con Dios.


Cuando el hombre está apartado de Dios, está en muerte. Tienen ya una muerte espiritual. Físicamente si no restablece su comunión con Dios, cuando muere la persona va a pasar la eternidad apartado de Dios. ¿En dónde? Dice la Palabra: en prisiones de fuego, en prisiones de sufrimiento, donde será tan tremendo el estar en ese lugar, que desearán la muerte y no la hallarán, son lugares tremendos. Luego la gente ha considerado que el infierno es un lugar distinto. Para empezar mucha gente cree que es un lugar que es una mentira y que es utilizada por la Iglesia para atemorizar a los no creyentes, para que crean. ¡No! Ese lugar es real.

 

Hay gente que dice: bueno, es que ahí va a gobernar el demonio. Y hay gente que ha dicho, y han escrito libros que supuestamente son revelaciones de Dios en donde ven que ahí en el infierno son atormentados por el diablo. No es cierto, eso es falso. El infierno es un lugar que dice nuestro Señor Jesucristo, fue preparado para el diablo, para tenerlo ahí por la eternidad. Esa va a ser su prisión por la eternidad, en el momento que Dios así lo decida, no antes.


Pero el demonio no se quiere ir solo a ese lugar de castigo, se quiere llevar a la humanidad, a la creación de Dios. Y entonces el demonio se mueve y hace que la humanidad peque para estar apartada de Dios, y llevárselo y no irse solo a ese lugar de castigo. Fíjate qué malvado, el demonio dice: me voy a ir a ese lugar, pues no me voy solo, me llevo a los más que pueda.  Por eso también es la guerra del demonio constante contra los hijos de Dios. ¿Por qué? Porque el demonio no quiere que tú vivas en la presencia de Dios por la eternidad.  Este es un privilegio que a él se le quitó, él estaba en la presencia de Dios, sin embargo, por su rebeldía, por su desobediencia Dios lo echó de su presencia. Y en aquel día, Dios lo meterá en el infierno.

 

Entonces el demonio dice: no, yo no quiero estar solo, me voy a llevar lo que más ama Dios, a sus hijos, a los redimidos. Y entonces viene y ataca al cristiano para que el cristiano caiga en pecado. Para que el cristiano se aparte de Dios y regrese a la condición que antes tenía, una condición de muerte, una condición de separación espiritual. Esto es lo que el enemigo quiere.


Cuando la humanidad es apartada de la presencia de Dios por el pecado del hombre, no por la voluntad de Dios, sino por el pecado del hombre, entonces Dios dice: yo no voy a vivir enojado siempre con la humanidad, voy a hacer lo que sea necesario para traer a la humanidad a mí. Y entonces establece que precisamente el holocausto de nuestro Señor Jesucristo sea para que el hombre acepte a Cristo Jesús, se arrepienta de su pecado y se restablezca la comunión con Dios. Es necesario entonces el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, ¿y cual fue? Dice la Biblia un sacrificio grato, un sacrificio que Dios aceptó.


Nuestro Señor Jesucristo entrega su vida; sabemos las condiciones en las que lo hizo. Es crucificado, el propósito de Dios se cumple y con su muerte, con el derramamiento de su sangre nosotros somos redimidos, toda la humanidad. Nosotros necesitamos aceptar ese sacrificio, decir: ¡sí, yo creo en el sacrificio de Cristo Jesús, yo acepto ese sacrificio, yo me arrepiento de mis pecados, y acepto a Jesucristo en mi corazón! Y entonces, en ese momento nosotros somos perdonados de todo pecado y empezamos una nueva vida.

 

Marcos 16:16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

 

Es decir, que todo aquel que crea en el anuncio de Jesús, en la predicación de las buenas nuevas, en la predicación del Evangelio, en el hecho de que Cristo Jesús pagó un alto precio; porque pagó el precio de muerte y muerte de cruz por nuestra redención, se arrepiente de sus pecados, pide perdón, entonces el Señor lo recibe y le hace nacer a una nueva vida como dice la Palabra, a través del bautismo.

 

Es importante el bautismo, no como luego se hace el bautismo de infantes en donde no hay una conciencia del que se bautiza. Sino tiene que ser un bautismo con una plena conciencia de lo que estamos haciendo. Y para podernos bautizar, sabemos que lo primero que tuvimos que hacer fue reconocer a Jesús, pedirle perdón, aceptarlo y empezar a caminar en el Señor dando nuestro primer paso de obediencia: el bautismo. Recibir a Jesús es el primer paso de fe. Esa es una fe, y eso no nos cuesta nada, simplemente decimos: sí, sí recibo, sí acepto. Pero el bautizarnos esto ya implica obedecer al Señor.

 

Es extraordinario cómo mucha gente cuando se le comparten las buenas nuevas de salvación, acepta a Cristo Jesús por fe. Sin embargo, no quiere dar ese primer paso de obediencia que es el bautismo: hay una atadura, hay algo que lo frena; pueden ser muchas cosas. Pero hay gente que tiene algo por lo cual no se bautiza, algo que está en su corazón y que solamente él sabe. Pero en tanto no dé este primer paso de obediencia, no se va a poder cumplir al bendición de Dios. Porque la Escritura es clara y dice: El que creyere y fuere bautizado, será salvo.


Es decir, vivirá por la eternidad en la presencia de Dios, no hay más. Claro, muchas ocasiones nos la queremos complicar. Bueno, y si una persona no se bautiza pero creyó en Jesucristo, ¿es salvo o no? Bueno, de acuerdo a lo que dice la Palabra necesita bautizarse. ¿Y si estaba en el hospital, en urgencias porque tuvo un accidente y ahí recibió al Señor y no se bautizó y se muere? Creo que son situaciones ya drásticas en donde no hay problema del bautismo, no está teniendo el tiempo para dar ese primer paso de obediencia. Pero la regla general, lo normal es que tenemos que dar el primer paso de obediencia.

 

Cumpliendo con nuestro primer paso de fe, y el primer paso de obediencia, entonces Dios nos anota en el libro de la vida. Y ahí está tu nombre. Es decir, que cuando estemos en la presencia de Dios se van a abrir los libros, y uno de esos libros que se va a abrir es el Libro de la Vida. Y entonces ahí el Señor va a decir: tu nombre, José Antonio cano Mirazo. Y va a buscar en el Libro de la Vida, y va a decir ¡aquí estás, pásale! Imagínate qué momento tan grandioso, tan maravilloso. Va a ser algo formidable, extraordinario.


Qué triste va a ser cuando llegue una persona y el Señor le diga, ¿cuál es tu nombre? Y que le diga, mi nombre es X Y Z. No, no estás anotado en el Libro de la Vida. ¿No aceptaste a Jesucristo como tu Señor y Salvador? Bueno no, yo siempre creí que no había problema, que había muchas formas de llegar a Dios. No, pues solamente había una, a través de Cristo Jesús, No, no lo recibí.  O sí, sí creí en él.

 

¿Te bautizaste? No, porque a mí me bautizaron de chiquito y pues yo acepté ese bautismo y lo hice como válido, no consideré necesario que me tenía que volver a bautizar.  Es que la Palabra establece que te tenías que bautizar después de haber conocido a Jesús. No, pues no lo hice. Pues como no lo hiciste, no está tu nombre en el libro de la vida. Y tal vez la persona diga: bueno pues tal vez por ahí me tengas anotado en alguna parte Señor. Y entonces dice la Biblia que se cerrará ese Libro y se abrirá otro libro que es el Libro de las Obras.


Va a decir: vamos a ver si estás en el Libro de las Obras. ¿Cómo me dijiste que te llamas? X Y Z. Y lo va a buscar y va a decir: Ah, aquí estás. Ah muy bien, que tú hiciste muchas cosas buenas por la humanidad. Hiciste cosas favorables, fuiste bueno e hiciste cosas maravillosas, diste de tus recursos económicos. Sí, sí, pues sí lo hice. Pues por eso me gané el cielo, me dijeron: te vas a ir al cielo con todo y zapatos. ¿Qué crees? ¡NO! No porque también tuviste obras malas. Y por obras  dice la Biblia, nadie va a entrar en el reino de los cielos, nadie. Porque no hay mejores obras que las de Dios.

 

Y además dice la Biblia: no es por obras para que nadie se gloríe, para que nadie pueda decir: mis obras son maravillosas. Yo tengo una gran Fundación en donde apoyo a miles de personas de escasos recursos económicos. Esta Fundación le da asistencia médica a tantos niños en todo el mondo. ¡NO! Para que nadie se gloríe en la presencia de Dios, no es por obras, es por fe. No hay más, que tremendo. Y por eso dice: Marcos 16:16b  Mas el que no creyere, será condenado. Qué tremendo, qué difícil.

 

Bueno, está en nuestra decisión, está en nuestro libre albedrío escoger qué es lo que queremos: vivir por la eternidad en la presencia de Dios, o vivir por la eternidad en el infierno, en un lago de fuego con sufrimiento. Cada quien escoge. Ah, a mí no me interesa, yo no creo en eso. Bueno, ya estás decidiendo no hay problema. Por eso dice la Palabra: Muchos son los llamados y pocos los escogidos. ¿Iremos a caber en el cielo? Sí. Créeme que somos muy pocos, no son todos los que dicen.

 

Romanos 15:20  Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno.

 

Lo primero que el apóstol Pablo está diciendo es: yo entendí que tengo que predicar el Evangelio, y lo estoy haciendo. ¿Qué significa esto? Que nos tenemos que esforzar en hacerlo. Tú te tienes que esforzar en compartir la Palabra de Dios, no hay otra. NO puedes poner argumentos de que no tienes tiempo, de que no puedes, de que no sabes, que ¿qué les voy a decir? No puedes, lo tienes que hacer. El apóstol Pablo dijo: me esforcé a predicar el evangelio.

 

Pero además hay algo que aquí el apóstol dice: no donde Cristo ya hubiese sido nombrado. ¡Qué tremendo! Es difícil compartir la Palabra del Señor en un lugar a una persona que nunca ha escuchado las buenas nuevas de salvación. Es difícil, tienes que hacer una labor constante, tienes que ir y compartir, tienes que ir y predicar, tienes que ser sensible al Espíritu Santo, estar en comunión con Dios para saber qué palabras decirle para guiar a la persona para que pueda recibir al Señor. Tienes que tener conocimiento para que le puedas responder las preguntas que tiene, en fin hay muchas cosas y tiene que haber un esfuerzo de parte tuyo.

 

Y me agrada esto, porque se requiere de un esfuerzo, de algo personal, de algo que tú tienes que trabajar. Porque de otro modo es muy fácil edificar sobre un fundamento ajeno. Es decir, sobre algo donde ya se edificó, esto es sencillo. ¿Qué estaba queriendo decir el apóstol Pablo, qué estaba diciendo en estos momentos? Estaba diciendo que él aunque fuera fácil no iba a predicar el Evangelio a la gente que ya conocía del Evangelio. Suena absurdo; vayan y predíquenle el Evangelio a la gente que ya conoce el Evangelio. Como que es ilógico. A la luz de la Palabra no debe ser, no puede ser. Pero a la luz de la comodidad cristiana sí se da.

 

Muchos pastores estamos convencidos en esto que dijo el apóstol Pablo, e insistimos en nuestras congregaciones que tenemos que evangelizar en aquellos lugares en donde no ha sido predicado, no ha sido anunciado nuestro Señor Jesucristo. Que la Iglesia tiene que recibir nuevos creyentes.  Este es el mandato del Señor: que cada uno de nosotros, ustedes y yo, salgamos a evangelizar, compartamos la Palabra, anunciemos las buenas nuevas de salvación a gente que no conoce nada del Evangelio, que le hablemos del Señor y la traigamos a la Iglesia para que sea bendecida. Eso es lo que quiere el Señor, recibir nuevos creyentes.

 

Pero por supuesto que hay no solamente pastores sino también líderes que no están de acuerdo con esto que dice el apóstol aunque aquí esté escrito. Y permiten que sus congregantes traigan a sus iglesias, gente no nuevos creyentes, sino gente que ya es creyente. Creyentes de otros lugares, y esto es grave.  Por ejemplo: hay una secta, los testigos de Jehová, que tú les dices no me interesa, yo soy cristiano, yo me congrego. ¿Y dónde se congrega? Pues en una iglesia cristiana equis. Ah, pero no es con nosotros, entonces mire. Y entonces empiezan a hacer proselitismo. ¿Qué es el proselitismo? Llevarte al lugar en donde ellos están.

 

La Palabra de Dios no nos manda a hacer proselitismo, no lo hace. La Palabra de Dios nos manda a anunciar el Evangelio, que es distinto. No nos manda la Palabra a que nosotros le hablemos a hermanos en Cristo que están en otras iglesias y les digamos que nuestra iglesia está mejor. O que ellos van a ser más bendecidos aquí, o que ellos van a crecer más aquí. O que los cursos aquí son tal vez mejor. ¡NO! Eso no lo manda el Señor, y por lo tanto es algo que nosotros no tenemos que hacer.

 

Nosotros tenemos que ir y compartir la Palabra a toda criatura, a aquellos que no conocen del Señor, a ellos. Y les voy a mencionar y les voy a preguntar algo, ¿Ustedes saben qué es un cuatrero? Un cuatrero es un ladrón de ganado. Un cuatrero es un ladrón de ovejas. Cuando ustedes ven una película del viejo Oeste, van a ver cómo había personas que se robaban los ganados. Iban y sobre los ganados de equis lugar y se robaban a las ovejas, se robaban al ganado. Por eso empezaron a sellar al ganado con un fierro caliente al rojo vivo, que tiene cierta marca, una inicial tal vez del lugar; lo calentaban al rojo vivo y se lo recargaban en una de las patas traseras a la res. Pobre animal, imagínate. Y eso lo hacían para que no se robaran el ganado, para que después lo pudieran identificar.

 

Ah, esa es mi res. No, no es tuya, es mía. Cuál es tuya, aquí tiene mi marca. Ah, pues quién sabe cómo se vino para acá, no sé, de seguro se salió de su corral y solita llegó hasta acá. ¿Y qué creen que hicieron los rateros, los cuatreros? Sobre la marca que ya tenía le ponían otra marca para cambiar la original. Entonces calentaban otro fierro, lo ponían encima de ese y modificaban el sello original. ¡Qué tremendo! ¡Qué cuatreros, qué astutos!


Pero ¿qué crees? Hay cuatreros del Evangelio, ladrones de ovejas que andan sacando a las ovejas de las iglesias. Y Dios no quiere que nosotros seamos cuatreros del Evangelio. Por lo tanto, el llamado no es para que tú le compartas la Palabra o tú traigas a alguien de otra iglesia. No quiere eso Dios. Dios quiere que tú hagas un esfuerzo, un esfuerzo como lo hizo el apóstol Pablo, y prediques a quien no conoce el Evangelio. Hagas una labor con la gente que no conoce del Evangelio, a quien no le ha sido anunciado el Evangelio, le compartas y lo traigas para que forme parte del Cuerpo de Cristo.

 

Eso es lo que tenemos que hacer. Dios no va a aceptar que tú en lugar de evangelista, te conviertas en cuatrero. Es muy fácil, porque finalmente vas a conocer a otros hermanos en Cristo, y lógico, en una plática surge ¿y dónde te congregas? Ah yo me congrego en tal lugar, ¿y tú? Ah pues yo acá. Y muchas ocasiones sin querer decimos: pues a ver cuándo me acompañas a mi iglesia. No lo hagas. Dios nos ha puesto a cada uno de nosotros, a puesto a todos los cristianos en un lugar, en un redil, y así lo establece su Palabra.

 

Y en ese lugar tenemos que permanecer el tiempo que Dios así lo establezca. Por lo tanto, no es correcto que tú vayas y le hables a un hermano en Cristo que se está congregando en otra iglesia, y te lo traigas. Porque entonces no estás evangelizando, te estás robando una oveja. Claro que la justificación a quien hace esto es decir: es que las ovejas no son de la iglesia, son del Señor, y el Señor las lleva a donde quiera. Sí, el Señor, no tú. Si Dios te va a sacar de una iglesia, permite que sea Dios el que lo haga.


Cuando tú vas y quieres convencer a alguien de que se cambie de iglesia, y si tú quieres convencer a alguien de que venga para acá, por la razón que quieras; entonces te estás convirtiendo en cuatrero, en un ladrón de ovejas. Nuestro Señor Jesucristo lo dijo: El ladrón de ovejas es el que no entra por la puerta, porque tú no vas a ir con el pastor de esa oveja y le vas a decir: a ver pastor, yo conozco aquí a una oveja que usted tiene, se llama fulano de tal y me la voy a llevar para mi iglesia. No lo harías, nadie lo hace.

 

Por lo tanto el ladrón es salteador, como dice Jesucristo. Es el que va a otro redil y saca a la oveja; cuidado, no caigamos en eso. Compartamos la Palabra. Por eso el apóstol Pablo dijo: me esforcé. Lo fácil hubiera sido ir a predicarle a quien ya le había predicado Pedro o alguno de los discípulos. Lo difícil, el esfuerzo está en ir y en abrir brecha. No te han compartido de la Palabra, yo vengo a hacer una labor, y para ello voy a dedicar un tiempo, y lo voy a hacer conforme y Dios lo establece. Así de sencillo.

 

Me esforcé a predicar el evangelio, dijo el apóstol Pablo. Si el apóstol Pablo hubiera escrito este versículo hoy día, este versículo diría así: Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no como cuatrero, donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno. Me encanta Pablo, fíjate. Debemos tener cuidado, ten mucho cuidado amado hermano: tenemos que evangelizar.

 

Jesucristo nuestro Señor dijo que era un llamamiento para todo creyente, y lo tenemos que llevar a cabo. No te desgastes convenciendo a otros hermanos de que vengan a esta iglesia. ¡No lo hagas, no es lo correcto! Lo correcto es convencer a la gente de que reciba a Cristo Jesús como su Señor y Salvador, y dé su primer paso de obediencia que es el bautismo, para que empiece a caminar en la voluntad de Dios. Eso es en lo que te tienes que esforzar, lo dice la Escritura.

 

No prediques en donde Cristo Jesús ya fue nombrado. No hagas sobre un fundamento ajeno, un fundamento tuyo. No lo hagas, no es correcto. Existen en este planeta más de 6 mil millones de habitantes, más de 6 mil millones. De los cuales ni siquiera mil millones somos cristianos. ¡Qué grave! En este país dicen que somos 115 millones de habitantes, de los cuales ni siquiera 10 millones somos cristianos. Tenemos mucho trabajo. Tenemos mucho que predicar. Tenemos mucho que evangelizar. Tenemos mucho que esforzarnos y tenemos que llevarlo a cabo. No nos hagamos la vida más fácil predicando donde Cristo Jesús ya fue predicado.

 

Y por ello dice el apóstol Pablo en Romanos 15:21 Sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.

 

Así nosotros, tenemos que anunciar que hay vida eterna en Cristo Jesús a quienes no se les ha anunciado. ¿Por qué? porque Dios abrirá sus ojos. Sus ojos serán abiertos como dice el Señor, y aunque no hayan oído del Señor, entenderán. ¿Por qué? Porque sus oídos serán destapados. Eso sucedió con nosotros. Cuando a nosotros nos predicaron, llegó el momento en el cual aunque hubo resistencia de parte nuestra durante algún tiempo, en mi caso personal durante casi 9 años, 9 años que yo luché en contra de la bendición de Dios. ¡Qué impresionante! Ya después me di cuenta de mi barbaridad.

 

Nueve años que yo me resistí a ser bendecido por el Señor. Me decían: mira te voy a hablar de Jesucristo. No, no, no, yo no quiero de eso. O sea, yo no quiero ser bendecido. Bendice a otro. Yo no quiero recibir vida eterna, dásela a otro. ¡Qué tremendo! 9 años resistiendo contra el Señor. Pero hubo un día en el que el Señor abrió mis ojos, y destapó mis oídos. Y entonces entendí, ah, sí Señor yo quiero de ti. Para mí no hay a partir de ese momento algo más importante que tú. Quiero que me bendigas.


No podemos nosotros como cristianos, como creyentes, rehuir al mandato de Dios. No podemos ser negligentes. No debemos ser apáticos. No debemos estar en contra de lo que Dios establece. Tenemos que hacer un esfuerzo y predicar las buenas nuevas de salvación en aquellos lugares donde Jesucristo no ha sido predicado. Tienes que llevar ahí la Palabra del Señor, tienes que anunciar al Señor.  El evangelizar no es una opción, no lo es. Es un mandato para todo creyente. No es el que yo diga: ah entonces tengo la opción de anunciar el Evangelio. ¡No tienes la opción! Tienes la opción para otras cosas, pero el anunciar el Evangelio no es una opción, la tienes que llevar a cabo.


Estamos viviendo los postreros tiempos en estos momentos. Estamos en espera de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Está por venir, por lo tanto tenemos que predicar. Cuando le preguntaron los discípulos al Señor Jesús sobre cuándo sería el fin de las cosas, él contestó:

 

Marcos 13:32-33 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

 

Y me llama la atención que una vez más se dio una fecha para el día del juicio y la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Yo no sé si ustedes vieron espectaculares desde hace muchas semanas, en muchos lugares del valle de México, en el país, aun en muchos países en el mundo, en internet, se predicó en iglesias y se dijo que el día 21 de Mayo era el día del juicio final, que era la segunda venida de Jesús. Aquí cerca había un espectacular, en el circuito interior, ahí había uno. Clamemos.


Estaban demostrando quien puso esos espectaculares, quien recibió esa gran revelación, que no era una revelación de Dios, que estaban fuera de lugar. ¿Por qué? porque la Biblia dice, y dijo nuestro Señor Jesucristo lo que acabamos de leer: Pero de aquel día y de la hora nadie sabe. Cada vez que pasábamos por ese espectacular del circuito, luego yo le decía a la familia, ah caray, a ver, fíjense bien para la siguiente, para ver si dice la hora. O luego les decía: perdón, ¿será por la mañana o por la tarde? No, pues yo creo que será a medio día, me decían. Ayer, anoche ya como a las 00.40 a.m. les dije: me siento tranquilo, ya pasó el día 21 y no hubo juicio, estamos en paz, no hay problema.


¿Sabes cuál es el problema? Que esa gente que dio una falsa profecía, porque es falsa, ahora no va a reconocer que fue falsa. Va a decir: es que como clamamos al Señor retrasó su venida. Lo vas a ver, porque ya habían anunciado una fecha como tantas ocasiones se han dicho fechas. Como tantas ocasiones se han puesto fechas para la venida del Señor, muchas veces. No quiero decir, pero los Testigos de Jehová lo han hecho como 4 veces.

 

Ponen fechas, y hay gente que pone fechas; y no existe una fecha. No han entendido que nadie sabe la hora, solamente el Padre, Marcos 13:33 Mirad, velad y orad; ponte a velar, no estés distraído. Ponte a orar, es decir permanece en comunión con Dios porque no sabes cuándo será el tiempo de la venida del Señor.  No vaya a ser que te agarre fuera de lugar. Ponte en comunión con Dios y ponte a hacer lo que Dios establece.

 

Pero cuando le insistieron al Señor Jesús, ¿y cuándo serán estas cosas? Él no dio una fecha, nunca dijo va a ser en tal día. Lo que sí hizo el Señor, dio los antecedentes para su segunda venida.

 

Mateo 24:3-13 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes (o sea infecciones), y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8Y todo esto será principio de dolores.  9Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

 

Persevera hasta el fin para que seas salvo. Versículo 14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

 

Y aquí es donde el Señor llama nuestra atención a este versículo 14. Quiero que vayamos a un versículo paralelo a este que está en Marcos 13:10. Es muy similar, es paralelo, y dice algo que es muy importante, en donde el Señor nos involucra.

 

Marcos 13:10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.

 

Es decir, para que venga nuestro Señor Jesucristo hay una señal que es inequívoca, y no son los terremotos, no son las hambres, no son las pestes, no es la violencia, no es nada de eso; es que el Evangelio sea predicado a todas las naciones, es decir, que toda criatura haya escuchado que en Cristo Jesús hay salvación. Eso es necesario. Por lo tanto, si nosotros estamos deseosos que venga ya nuestro Señor Jesucristo, nosotros tenemos que hacer algo: predicar la Palabra, anunciar a Cristo Jesús. Mientras haya una persona que no sepa que hay salvación en Cristo Jesús, nuestro Señor no va a venir, sería injusto de su parte.


Por lo tanto, a nosotros nos corresponde compartir la Palabra, predicar la Palabra. Yo quiero que venga el Señor, entonces le voy a hablar la Palabra a la gente que está a mi alrededor que no conoce la Palabra, que no conoce de la salvación que hay en Cristo Jesús. A quien no se le ha compartido las buenas nuevas de salvación, a él. Yo no puedo estar perdiendo mi tiempo no haciendo la labor de evangelismo que dice la Escritura, no puedo. No puedo yo estar en la apatía, ni en la flojera, ni estar pensando que otros hagan la parte que a mí me corresponde.


Nuestro Señor Jesucristo dijo que todos sus discípulos teníamos que dar a conocer las buenas nuevas de salvación, que las teníamos que anunciar. ¿Por qué? Porque si no, no se va a cumplir el propósito de que toda nación conozca que hay salvación en Cristo Jesús. Si no el Señor hubiera sido muy fácil, hubiera escogido a un grupo, los hubiera hecho nada más a algunos evangelistas y les hubiera dado la comisión a ellos, y mientras todos los demás están alabando en las iglesias y están levantando sus manos; ustedes, un grupo reducido van a ir a todas las naciones. Y las iglesias los van a apoyar económicamente y ellos se van a desentender de evangelizar.

 

La Escritura sería diferente, pero la Escritura es clara y dice: Tenemos que anunciar. Y si yo quiero que venga nuestro Señor Jesucristo yo tengo que hacer la parte que a mí me corresponde. No me puedo hacer a un lado de mi responsabilidad. No nos gustan las responsabilidades, no nos gustan los compromisos, no nos agradan, preferimos estar en lugares en donde no tengamos compromiso ni responsabilidad, es muy cómodo. Jesucristo nos dio una responsabilidad a todo creyente: anunciar las buenas nuevas de salvación.


Y el apóstol Pablo a mí me parece muy atinado cuando habla y dice: y me esforcé en cumplir con el mandato de Dios, y de hacerlo a la gente que no conocía del Evangelio. Tres viajes misioneros del apóstol. Y fue y predicó la Palabra en donde nadie había llegado. Impresionantes sus viajes misioneros.  En esa misma proporción que el apóstol Pablo predicó en esa época, con todas las limitaciones de la época, de transporte, de intolerancia, de conflictos, de que fue detenido y tantas cosas que le pasaron, si el apóstol Pablo viviera hoy, creo que ya hubiera predicado en todas las naciones.

 

Ya nos hubiera quitado el trabajo y entonces Dios nos protestaría y nos diría: y tú qué, ¡no has hecho nada! Y Dios nos está dando la oportunidad de servir en su obra. Por lo tanto tenemos que hacer lo que Él establece, anunciar las buenas nuevas de salvación en donde Cristo no ha sido nombrado. En verdad hermano, no le hagas al cuatrero, eso es muy feo. Haz labor de evangelista que es muy diferente. Haz a un lado la apatía, la flojera.

 

Ah es que no es ni apatía ni flojera, tengo mucho trabajo: Date tu tiempo porque si no el día de mañana el Señor te lo va a reclamar, te va a decir: ¿por qué no hiciste? Haz lo que tienes que hacer, hoy que tienes la posibilidad de hacerlo. Cumple como dijo el apóstol Pablo, con la labor de evangelista, haz la función que te corresponde hacer, no hay de otra. Tenemos que predicar el Evangelio.

 

Yo en lo personal anhelo la venida de nuestro Señor Jesucristo, en verdad. Yo seguido cierro mis ojos y pienso, y me imagino ese momento. Y pienso cómo va a ser de acuerdo a lo que dice la Palabra. La Palabra dice que todo ojo le verá, lo dice la Escritura, que no importa donde nos encontremos, veremos al Señor. Y antes de ver al Señor oiremos las trompetas. Entonces a veces pienso: ¿y si estoy en mi casa, si estoy en la iglesia, si voy en el camino, qué va a pasar? ¿Cómo vamos a escuchar esas trompetas? Va a ser algo tremendo.

 

Porque luego tal vez traigas el radio a todo volumen, o tal vez traigas los audífonos como los usan ahora los jóvenes. No oyen, traen los audífonos y estás enfrente y les hablas, y no te oyen. Tienes que hacerles señas para que se quiten el audífono y te digan ¿Eh? Ni siquiera se dan cuenta que los audífonos así el sonido está lesionando, deteriorando su sistema auditivo. Llega la señal directa sin escalas, ahí llega y golpea fuerte. ¿Cómo le va a hacer el Señor para que oigan las trompetas? ¿Sabes? Las van a oír, porque lo dice la Palabra.

 

Entonces se van a oír las trompetas, y entonces yo imagino: voy a escuchar unas trompetas tremendas, un llamado tremendo. Me voy a asomar, no importa donde esté o voy a voltear hacia el cielo, y entonces voy a ver descender a Cristo Jesús como dice la Palabra. Y después que lo veamos vamos a ser tomados por él y llevados a su presencia en ese instante. Iremos toda la Iglesia de Cristo, no importa dónde te congregues, toda la Iglesia de Cristo, todo el Cuero de Cristo a nivel mundial va a ser tomado, va a ser llevada hacia el cielo.

 

Y en ese momento nuestros cuerpos van a ser transformados, de este cuerpo corruptible a un cuerpo incorruptible que no se va a deteriorar, que no se va a echar a perder con el paso de los años. Y vamos a llegar con Jesucristo a la presencia del Padre. Y nos va a presentar con el Padre, va a estar dispuesta una gran mesa, y dice la Escritura serán las bodas del Cordero con su Iglesia, con su Amada.  ¡Qué momento tan especial!


Pero si yo me quedo nada más imaginando esto, y no hago la labor de evangelismo que el Señor me pide que haga, esto nunca va a llegar, no nos engañemos, nunca va a llegar. Necesitamos hacer la parte que nos corresponde. Por lo tanto, a la gente que está a tu alrededor compártele la Palabra, háblale del Señor, haz labor. Dice el apóstol Pablo: ínstales a tiempo y fuera de tiempo.  No estés esperando el momento oportuno para hacerlo, hazlo siempre; siempre habla la Palabra de Dios, ye l Señor va a venir más pronto por nosotros.


Yo sí quiero que venga el Señor, y quiero que venga por su Iglesia, y quiero que nos vayamos con Él, yo ya no quiero estar en este mundo, yo ya no quiero estar aquí. Créanme, yo ya no quiero estar viviendo todos estos problemas que hay en todas las naciones. Ni quiero estar oyendo las noticias del calentamiento global. Ni quiero estar oyendo de los problemas que se suscitan día tras día en todos los lugares. Ni que el narcotráfico ya tomó más lugares. Ni que la bronca con el presidente contra mengano. Ni que fulano contra mengano. Ya no quiero; quiero una nueva vida en la presencia de Dios por la eternidad.  Hagamos lo que nos corresponde, hagámoslo.

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Jesús en esta hora levanto delante de tu presencia a este tu pueblo, a este remanente pidiendo que tú le des el ánimo para compartir tu Palabra. Que tú Señor quites todo obstáculo, toda negligencia, todo aquello que se oponga a tu propósito en mis hermanos y que estén en la libertad plena de predicar, de anunciar las buenas nuevas de salvación.


Quita los grilletes, las ataduras, quita todo aquello que impida y que nosotros podamos hacer cada uno de nosotros la parte que nos corresponde para que tu Evangelio sea predicado a toda criatura y a toda nación, porque Señor anhelamos tu venida. Queremos que vengas, que vengas por nosotros, por tu Iglesia. Esta iglesia universal  tuya que está en todo el mundo, Señor que vengas por nosotros y que nos vayamos contigo para vivir en tu presencia para siempre. 

 

Eso es lo que queremos, es lo que anhelamos, por lo tanto Señor, quita todo obstáculo que impida que mis hermanos lleven a cabo esta obra. Y en Cristo Jesús a ti sea la gloria y la honra por la eternidad, amén.

 

Dios te bendiga

 

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