INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PRIMICIAS, TIEMPO DE ALEGRÍA

 

José Antonio Cano Mirazo

 

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Deuteronomio 26:11 Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.

 

El contexto de este versículo nos habla en relación a los diezmos y las primicias. Años atrás, 40 años antes de que se escribiera este versículo, ahí en el monte Sinaí, dice la Escritura que llegó Moisés, Dios habló con él y le dio mandamientos, le dio leyes, le dio ordenanzas; y le dijo lo que el pueblo tenía que hacer. Recuerda que habían estado 430 años en Egipto, una gran parte de estos años habían vivido en esclavitud, no habían podido adorar a Dios, no lo habían podido alabar de una manera libre, se tenían que esconder para hacerlo.

 

Y ahora, ahí en el monte Sinaí Dios estaba hablando a sus vidas y les estaba diciendo en relación a las primicias, a los diezmos, a las ofrendas, qué es lo que tenían que hacer. Habían pasado 40 años y una vez más estaba el Señor ratificando al pueblo lo que tenía que hacer porque ya iban a entrar a la tierra prometida, a esa tierra donde fluye leche y miel, esa tierra de bendición, esa tierra donde ya no serían más esclavos; de hecho ya no eran esclavos, ya llevaban 40 años en la libertad que el Señor les había dado.

 

A mí siempre me ha llamado mucho la atención cómo Dios tiene que insistir y tiene que repetir las cosas a los hombres. Y a pesar de ello, a pesar de las repeticiones del Señor nosotros como que no aprendemos, como que somos duros para hacer lo que Dios establece, y como que necesitamos que Dios nos lo esté recordando, y nos esté recordando de una manera constante lo que tenemos que hacer, como que nos cuesta trabajo obedecer a la primera, como que requerimos insistencia de parte del Señor.

 

Y una vez más aquí el Señor le está diciendo a su pueblo lo que van a hacer. Imagina, 40 años en donde habían sido sostenidos en el alimento por el Señor.  Ahí en el desierto no pudieron sembrar, no pudieron trabajar, no hicieron nada, fue un tiempo en donde Dios trató con ellos, los fortaleció, en donde tuvieron que buscar estar en una relación directa con el Señor. El maná que caía del cielo, el maná que descendía se iba a terminar. Estaban por entrar a la tierra prometida, ya no les iba a caer el alimento del cielo, ahora iban a tener que trabajar por él.

 

Y Dios se lo estaba recordando, vas a entrar a una tierra en donde vas a tener que trabajar, vas a tener que sembrar, pero vas a tener mucha abundancia, te voy a bendecir abundantemente. Y para que esa bendición permanezca, para que no se acabe, para que aun crezca esa bendición vas a tener que hacer algo: me vas a traer, les dijo el Señor, tus primicias. Esto se lo había dicho, les insisto, 40 años atrás. Lo podemos leer en Levítico 23, y les dice que van a tener que hacer una celebración especial, la Fiesta de Shavuot. Shavuot en hebreo, la Fiesta de las Primicias en español. Posteriormente la conocemos cuando habla el apóstol Pedro ese día que en griego es la Fiesta de Pentecostés.

 

Consistía esta fiesta en traer al sacerdote los primeros frutos de la siega, para que se presentaran a Dios. Este era el propósito y esto era lo que se iba a hacer.  Y fíjate bien lo que dice el versículo, porque Dios una vez más tiene una visión diferente a la nuestra, Dios ve las cosas de una manera distinta a como las ve el hombre, y nosotros tenemos que aprender a verlas desde la perspectiva de Dios, verlas desde su visión, para que entonces podamos entender cómo son las cosas. Y por supuesto Dios tiene la visión correcta.


Si nosotros tenemos una visión diferente a la de Dios, nuestra visión es incorrecta, está equivocada y la tenemos que enderezar para que sea de acuerdo a lo que Dios establece. Y aquí en este versículo Dios nos enseña la actitud con la cual nosotros debemos celebrar lo que Él está ordenando, la forma correcta que debemos tener para cumplir con su Palabra para hacer sus mandatos. Dice el rey David en los Salmos: Oh Dios cuánto me he alegrado, cuánto me he gozado en hacer tu Palabra, en hacer tu voluntad. Y a mí me impacta cuando dice eso, porque yo puedo ver el corazón de David, un corazón dispuesto, un corazón entregado a Dios, un corazón que quiere hacer la voluntad de Dios y que se esfuerza por hacerlo.

 

Cuando nosotros leemos la Palabra nos encontramos con muchas cosas que decimos: ¡qué difícil es cumplir con la Palabra! Vemos cosas y decimos: pero cómo, tengo que dejar esto para agradar a Dios. Y muchas de las veces nos resistimos y estamos luchando. Sin embargo David dice: me agrada, me delito en hacer tu Palabra. Es decir, aunque sea difícil es un agrado, es un deleite para mí cumplir con tu voluntad como tú la estableces Señor, y lo voy a hacer así como tú lo dices.

 

En términos generales el tener que dar no es motivo de alegría, y no es necesario que hagamos una encuesta entre la gente para comprobar si le gusta o no le gusta dar recursos, dar de su dinero, sabemos que con que miremos a nuestro interior, a nuestra propia vida. Cuando miramos cómo éramos, porque hoy somos distintos; pero recuerda cómo eras cuando andabas en el mundo, cuando no conocías las cosas de Dios, que diferente eras.

 

No teníamos recursos para muchas cosas, pero qué tal para otras, por ejemplo para los vicios, para los vicios siempre hay dinero. ¿Cómo se le hace, de dónde sale, de qué manera se provee? Quien sabe pero lo hay, nunca falta y lo sabemos, y no lo vamos a ocultar, nunca falta para el pomo, se aporta. Y si alguien hace una coperacha, se junta siempre. Para una comida, no alcanza; para el pomo, sobra siempre. Para ir a algún lugar de vacaciones, para ir a divertirte, para lo que te trae placer siempre sobra el dinero, siempre lo sacas, siempre. Para cosas que realmente son necesarias no lo hay.

 

Es más, yo he podido advertir a algunos cristianos, a algunos varones casados que aun les es difícil a pesar de tener el recurso, darle a la esposa para el gasto. No sé si tú estés en este caso, pero hay a quienes les cuesta mucho trabajo abrir la cartera y darle a la esposa completo para el gasto. Cómo sufre la esposa para tenerle que decir al esposo que los hijos necesitan algo extra. Uf, porque sabe que se va a enojar, que va a hacer caras, que va a protestar, que va a decir que no tiene, que le va a tirar el rollo de la carestía, de la inflación, de los problemas que se viven en el país, lo que pasa con la mala administración en la Secretaría de Hacienda; y lo peor, ahora ya Carstens se quiere ir al Fondo Monetario Internacional.


Hablamos de tantas cosas, todo para decirle: no tengo para el cuaderno. Nos cuesta trabajo dar dinero. ¡Qué difícil! En verdad conozco cristianos, varones casados que así son. Aun dice la Palabra y por algo lo dice: que aquel no da dinero completo para que su familia viva bien, es peor que un incrédulo. ¡Qué tremenda Palabra! Entonces, cuando yo miro a la Escritura y miro cuando dice Deuteronomio y te alegrarás, es como cuando viene una revolución en la mente y dice: ¿Señor, me tengo que alegrar con dar dinero? Esto como que parece incongruente.

 

Normalmente cuando andábamos en el mundo teníamos avaricia, egoísmo, había muchas ocasiones amor al dinero, en otras ocasiones había traumas y por lo tanto como que escondíamos lo que había en el fondo de nuestro corazón con ciertas actitudes, nos justificábamos diciendo: bueno, es que yo de niño sufrí mucho, yo viví con muchas carencias; y como sufrí tanta carencia pues ahora el dinero lo retengo para no desperdiciarlo, para ahorrarlo, para hacer como debo hacer y no suelto, no doy. Y retienes el dinero, y esto trae conflicto. Cuando hacemos esto estamos haciendo algo equivocado.

 

Lo malo no es cómo actúa el mundo, ahí no importa, realmente no nos interesa; no nos interesa realmente cómo actuábamos nosotros, el problema es cuando nosotros seguimos teniendo los mismos sentimientos, las mismas actitudes estando ya en el Señor. Cuando nosotros no hemos cambiado nuestra manera de pensar, cuando nuestra manera de sentir sigue siendo la misma, cuando nuestra forma de percibir las cosas sigue siendo la misma que antes.

 

Cuando no hemos aprendido qué es lo que dice la Palabra de Dios. Cuando no nos esforzamos por hacer las cosas como Dios las establece. Y cuando aun parece como que la fe se borra. Como que la fe solamente nos sirve para decir: Sí Señor, yo sí creo; sí creo en ti. Yo creo que hay un Señor, un Salvador que nos da la vida eterna, que nos ha acercado a la presencia de Dios, y por lo tanto viviré con Él por la eternidad. Esa es mi fe, y tengo mucha fe y me sostengo en esa fe que yo tengo.

 

Pero no tenemos la fe suficiente para que las promesa de Dios se cumplan en nuestra vida, ¿por qué? Porque para que una promesa de Dios se cumpla en nuestra vida, nosotros tenemos que hacer previamente algo: Tenemos que mostrar una determinada actitud. El mandato de Dios es claro: Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa. Te alegrarás. ¿Por qué Dios ordena que te alegres? Por algo bien sencillo, porque es una fiesta. ¿Quién no se alegra con las fiestas? Pues los traumados, nadie más.


Vamos a hacerte una fiesta de cumpleaños. Ah, qué feo, no quiero nada. A los niños: va a haber pastel. Ah, no, no quiero nada. ¡Vamos a una fiesta, va a cumplir años tu abuelito! No que, me voy a aburrir; no, que voy a ir a esas fiestas. Los traumados no se gozan en las fiestas, en verdad. Y no me refiero a una fiesta en donde vayas a romper la voluntad de Dios, ¡no! Hay formas de celebrar lo sabemos. Hay fiestas las que hacemos los cristianos en donde no hay excesos, en donde no hacemos las cosas que desagraden a Dios, donde hay un comportamiento adecuado, correcto, donde hay bendición.

 

Hay fiestas como dice la Biblia como las que hacía Herodes para su cumpleaños. Herodes en su cumpleaños hacía unos reventones, había alcohol, comida. Fíjate, cómo serían esas fiestas que en una de esas fiestas su hijastra, la hija de la mujer con el que estaba casado, la hijastra le bailó al padrastro y le bailó tan espectacularmente que Herodes quedó prendido, conmovido y le dijo: “¡qué barbaridad, mira nada más, pídeme lo que tú quieras y yo te lo doy! Es más, si me pides la mitad de mi reino yo te lo doy”. Siempre he dicho, qué forma de haberle bailado, cómo le bailó la nena. Tremendo.


Ella guiada por la mamá le dijo: quiero un regalo, quiero que me des algo. Y Herodes le dijo: lo que me pidas. Y ella le dijo: dame la cabeza de Juan el Bautista. ¿Y qué crees? No se pudo echar para atrás en su promesa de que le daría lo que le pidiera, y mandó matar y degollar a Juan el Bautista y le trajo en una bandeja la cabeza de Juan; imagínate qué fiestecita.  Entonces hay de fiestas a fiestas lo sabemos. Pero en términos generales todas las fiestas son para que nos alegremos.

 

Una fiesta no es para que haya tristeza, no es para que haya dolor o depresión, es una fiesta, y entonces Dios instituye las fiestas, ¿para qué? Para que nos alegremos, para que estemos gozosos. Dice la Biblia que el que nosotros nos congreguemos el día establecido por Dios una vez a la semana es una fiesta, por eso hay fiesta. Por eso cuando nosotros venimos al culto, venimos a una fiesta, y debemos venir con la actitud de alegría, de gozo. Por eso es importante que tú desde que te levantes, te levantes con un buen ánimo, con una buena actitud diciendo: hoy es día de fiesta voy a celebrar a la casa del Señor. Y vienes y te gozas.


Cada una de las Fiestas que Dios establece, la establece precisamente con un propósito, y dentro de ese propósito debe haber una actitud de alegría. El Señor lo dijo: Y te alegrarás, y vendrás a la Fiesta de las Primicias y te alegrarás de todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa. Te alegrarás porque tú le puedes traer a Dios una mínima parte de lo mucho que Él te ha dado, de lo mucho que Él te ha bendecido.

 

Te alegrarás porque tienes una convicción, porque tienes una certeza, porque existe la firmeza de que Dios está contigo, que Dios te sustenta, que Dios te fortalece y que te seguirá dando y te dará muchísimo más. Para ello Dios te ha puesto fe en tu corazón para que creas lo que dice la Biblia, para que le creas a Dios. Y si Dios dice que va a haber bendición, yo por fe le creo a Dios que va a haber bendición y voy a ser bendecido. ¿Cómo no me voy a alegrar con eso? Por supuesto que me alegro, y me alegro al ir a una fiesta. Que triste que sea la Fiesta de las Primicias y no tengas nada que darle al Señor.

 

Que triste sería decirle al Señor: Señor estoy aquí en este día de fiesta para todos los demás pero no para mí porque tú no me has dado trabajo, tú no me has bendecido, tú no me has dado recursos, ¡no tengo nada que presentarte! Porque Señor, tan no tengo nada que no he comido y me estoy muriendo de hambre. ¡Qué triste, sería tremendo!


Pero cuando el Señor te está bendiciendo, cuando el Señor te abre las puertas, cuando tienes un trabajo: Señor, de esto que tú me has dado, yo tomo la parte que corresponde y yo la llevo el día que tú lo estableces para hacer Fiesta, porque tú me bendices todo el año. Tú sabes que el pueblo de Israel es el pueblo más bendecido en todo el mundo. Los judíos son los que mueven la economía mundial, son los que más dinero tienen, es donde hay más recursos, ¿por qué? Porque Dios no falla a sus promesas.

 

Y aunque ellos no hayan aceptado a Cristo Jesús como su Señor y Salvador, aunque no lo hayan reconocido cuando vino, Dios les hizo una promesa en Levítico 23, se las hizo hace 3,500 años y se sigue cumpliendo esa promesa porque era una promesa para siempre, y la bendición de Dios iba a estar, y sigue habiendo recursos económicos suficientes. El pueblo de Israel y los judíos en todo el mundo, no importa en dónde estén, tienen dinero. ¿Por qué? Claro, un mexicano común podría pensar: porque son unos tranzas. No es cierto, no solamente con tranzas se avanza como dice el dicho: el que no tranza no avanza. No, tienen dinero porque cumplen con las leyes de Dios, con lo que Dios estableció en Levítico.

 

Y como cumplen con eso entonces Dios los ve y Dios tiene que cumplir con su parte y darles bendición, entonces el pueblo de Israel cada año viene con el Señor aunque no crea en Jesucristo y viene con Dios y trae sus primicias y se alegra porque sigue teniendo recursos y porque sabe que tendrá más recursos. Qué maravilloso.

 

Qué pena que en cantidad de ocasiones muchos cristianos que conocen la Palabra de Dios, lejos de alegrarse con las bendiciones del Señor, que el Señor les ha dado, se están quejando por la falta de recursos, se están quejando de que no tienen, de que no les alcanza, de que el Señor no les da lo que les corresponde, que el Señor no cumple con lo que Él dice en su Palabra. Qué triste cuando vienen cristianos que viven en la mediocridad del cristianismo, y sacan un recurso incompleto como para querer engañar al Señor, es decir, sacan un diezmo incompleto, o sacan una primicia incompleta. Ah ¿cuál es el problema? Al fin Dios no se va a dar cuenta.

 

Claro que se da cuenta y por supuesto que ve tu actitud, ve la actitud que tú tienes, y esa actitud que tú tengas es la que el Señor va a bendecir. Por eso el Señor dice: yo quiero mirar a tu corazón, y yo miro a tu corazón y yo veo la actitud que hay en tu corazón. ¿De qué manera estás dando? Porque hay dos formas de dar las primicias: 1) con alegría y, 2) como una obligación. Si tú lo haces con alegría como dice la Palabra, Dios se goza con ello; pero si tú lo haces con tristeza, si tú lo haces como una obligación, entonces no hay bendición.


Imagina que tú pensaras ah aquí tengo las primicias, pero bueno, se las voy a dar a Dios nada más porque lo dice la Palabra, si no mejor me lo gastaba en otra cosa; pero bueno, está bien, ahí están.  Mmm, para eso, dice el Señor, no des nada, en verdad. Para eso, mejor quédate en tu casa.  Por eso el Señor dice: te alegrarás, porque la actitud importa mucho, Dios ve a nuestro corazón siempre. Siempre está mirando a nuestro corazón.

 

Cuando nosotros entramos a su presencia, Dios no ve cómo vienes vestido, o cómo vienes peinado, si las mujeres vienen pintadas, si vienen bonitas, ¡no! eso lo ve el hombre. Dios de inmediato mira el corazón, y en el momento en que entras a su presencia, Él ve el corazón, ve cómo está tu corazón, y si tu corazón está como Él lo establece, entonces Él te dice: entra, y se goza contigo. Si tu corazón está mal, si tu corazón tiene egoísmos, tristezas, frustraciones, pleitos, contiendas, lo que haya, entonces el Señor die: No, apártate, deja ahí tu ofrenda y ve y cambia tu corazón, arregla tus problemas. Y después vienes y te presentas delante de mí.

 

Deuteronomio 26:1 Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites.

 

¿Aquí a qué se está refiriendo? Nosotros vamos a ponerlo en lo que a nosotros nos corresponde. Nosotros, dice la Biblia somos el pueblo de Israel adquirido, somos un pueblo comprado por Jesucristo, no somos de nacimiento israelitas, no somos judíos, y gloria a Dios, no lo necesitamos para ser su pueblo porque Él nos compró. Mi nacionalidad por supuesto aquí en la tierra es mexicana, pero a nivel espiritual yo soy israelita, yo soy como dice el nuevo testamento, del Israel espiritual, del pueblo de Dios, porque nos compró, nos adquirió a un alto precio, al precio de sangre del sacrificio de su Hijo.


Entonces, cuando nosotros recibimos a Cristo Jesús, cuando nosotros espiritualmente nos hacemos israelitas, cuando cambiamos nuestra nacionalidad, entonces nosotros en ese momento entramos a una nueva tierra, entramos a una tierra prometida, a una tierra que fluye leche y miel, a una tierra de bendición; y nosotros tenemos que entrar a esa tierra y tomar posesión de esa tierra. Yo no puedo entrar a una tierra de bendición y cruzarme de brazos y esperar que el maná caiga del cielo, porque no va a caer; tengo que trabajar por ello, lo dice la Palabra. Pero entro a esa tierra de bendición, y la trabajo, y entonces el Señor me bendice.

 

Versículo 2 Entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre.

 

Y nosotros podemos advertir algo aquí importante. Tomarás de las primicias de todos los frutos. Muchas ocasiones queremos tomar solo de una parte. Ah, es que yo tengo dos trabajos pero, bueno, de uno le doy al Señor, del otro pues es todo para “miguelito”; no, nada más de éste. Y del diezmo, ¿qué le tengo que dar de diezmo? De todos tus frutos. Pero muchas ocasiones cuando estamos regateándole al Señor, decimos: bueno, es que esto lo adquirí de este ingreso, pero este otro ingreso que tuve, pues de ese no diezmo porque este… Y ponemos una justificación.

 

Y la Palabra de Dios establece que es de todos nuestros ingresos, de todos nuestros recursos, de todo el fruto. Entonces nosotros tenemos que tomar de ello y tráelo al Señor y entregárselo. Tenemos que venir, dice la Palabra, a ese lugar donde el Señor ha escogido para que tú estés. Todo cristiano tiene un lugar en donde debe estar, todo, y por lo tanto si Dios nos ha traído aquí, nosotros tenemos que traer aquí nuestras primicias, no tenemos porque llevarlas a otro lugar. Ni el cristiano que se congrega en la iglesia de enfrente o en la otra colonia, tiene que traer a este lugar sus primicias, no. Todo tiene que ser en un orden, en el orden establecido por Dios.

 

Versículo 3  Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría.

 

En otras palabras, vas a declarar que tú ahora estás en un reino, en el reino de Dios que es un reino de bendición, y que lo que tú tienes es porque el Señor te está bendiciendo. Lo que tú tienes,  tienes que reconocer que Dios te lo está dando y que Dios te está prosperando y que Dios está al pendiente de ti, y que siempre va a estar al pendiente de ti, que siempre te dará lo que tú necesites. Y tú tienes que declararlo, tienes que estar consciente de ello. No puedes hacerlo de otro modo.

 

Yo tengo que declarar que el trabajo que yo tengo y la bendición que yo tengo a través de mi trabajo, es porque Dios lo permite que así sea. Es más, Dios me da la capacidad para poderme desarrollar en el trabajo bien y ser bendecido. Lo tengo que reconocer delante de Dios, y se lo tengo que declarar, y se lo tengo que declarar a los hombres. Yo no puedo declararle a los hombres que es por mi capacidad, por mi competencia por la que yo tengo un trabajo, y soy bendecido por ese trabajo. ¡NO! Yo aun a los hombres les tengo que declarar que es gracias a Dios que yo tengo lo que tengo porque Él me bendice, no hay otra. Y tiene que haber esa conciencia en nosotros; que todo lo que somos, todo lo que hacemos, y todo lo que tenemos es porque Dios nos bendice. Dios podría quitar su mano de bendición de nosotros, y entonces estaríamos en problemas.

 

Versículo 4 Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.

 

A mí en lo personal me agrada que Dios nos pide de lo que Él nos da. Dios no nos pide de lo que no tenemos o de lo que no nos ha dado. Dios nos pide de lo que Él nos da. Él dice aquí desde un principio: de los primeros frutos que tú tengas. No dice: de los frutos que tú vas a tener. ¡De lo que ya tienes!  Es que ahora que yo tenga un mejor trabajo en donde yo gane tanto, entonces yo le voy a dar a Dios tanto. No, no, no te hagas ideas que no van de acuerdo a la voluntad de Dios. De lo que tú tienes de eso es de donde tienes que sacar conforme a las partes proporcionales, de acuerdo a lo que Dios establece y darle al Señor.

 

Y a mí me agrada, porque Dios no nos pide cosas que no tengamos, no lo hace. Él nos pide de lo que nosotros ya tenemos. Por ejemplo el diezmo. ¿Qué es el diezmo? La décima parte de lo que yo recibo, de mis ingresos, de ahí. Dios no me dice que yo le de un diezmo de un dinero que no tengo. Aunque como mexicanos somos muy dados a gastarnos el dinero que no tenemos, somos muy dados a hacer planes del dinero que no tenemos. Ah, si yo me saco la Lotería y me saco el Melate 80 millones de pesos, entonces yo me voy a comprar esto, y voy a hacer esto, y voy a guardar tanto más cuanto. Y hacemos planes sobre ese dinero.

 

Una realidad: el aguinaldo. Cuántos no hacen planes de su aguinaldo allá por el mes de Mayo, algunos por Febrero; en el mejor de los casos por estas alturas, en junio. Ah, para fin de año cuando recibamos el aguinaldo mi amor, vamos a gastarlo cambiando esto, haciendo lo otro, pagando estas deudas. Y antes de que recibas el aguinaldo ya te lo gastaste. No has dicho en algún momento: vamos a pedir un crédito, vamos a pedir un préstamo. Vamos a pedir 5 mil pesos por decir una cantidad. Se la pedimos aunque me cae gordo a tu suegro, se la pedimos y entonces se lo pagamos para cuando reciba el aguinaldo.


Y entonces vas y le dices: Necesito que me preste 5 mil pesos. ¿Y cuándo me los pagas? En cuanto cobre mi aguinaldo. ¿Cuándo lo cobras? En Diciembre, dentro de 6 meses. ¿Me lo vas a pagar completo? Por supuesto. Y nos gastamos un dinero que no tenemos. ¡Qué tremendo, pero así somos! Ese es el pensamiento del mexicano. Dios no es así, y Dios no te pide un dinero, no te pide una ofrenda, no te pide un diezmo, no te pide una primicia de lo que no tienes, de lo que no has recibido. Dios te pide que le des, de lo que ya tienes.

 

Que no te sepas luego administrar es otra cosa. Que estés cargado de deudas porque no te administraste correctamente y cuando recibes el dinero tienes que pagar en todas partes, es diferente. Pero Dios te pide del ingreso, de lo que tienes. Es que no me alcanza para el diezmo. Estás equivocado, sí te alcanza para el diezmo. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios establece que lo primero que tú tienes que tomar de tus ingresos es el diezmo, entonces te tiene que alcanzar. Si tú recibes cien pesos, lo primero que tienes que hacer es agarrar diez que son el diezmo. Ya lo demás que espere.


Es que lo demás no puede esperar. Lo que no puede esperar y nuestras prioridades son las cosas con Dios, el diezmo no puede esperar, la primicia no puede esperar. ¿Qué es lo que tengo que traer de primicia? Dice la Escritura, desde el libro de Génesis que cuando vino Abel, trajo lo primero y lo mejor. No trajo de lo que tal vez iba a tener en su ganado. No trajo una promesa y le dijo: Señor yo cuando tenga te voy a dar. Trajo de lo que tuvo, de lo primero y de lo mejor, el escogió lo mejor y dijo: esto es lo mejor, esto es para mi Dios, y se lo presentó.

 

Sí alcanza, pero somos malos administradores, pésimos administradores, y no nos alcanza. Dice la Escritura que una vez que vienes y declaras esto, el sacerdote pone las primicias delante del altar, entonces tienes que decir:

 

Deuteronomio 26:10 Ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios.

 

Esta es la actitud que nosotros debemos tener y es lo que Dios quiere que nosotros hagamos. Y es donde entra nuestra fe. Aquí están mis primicias, aquí las pongo, aquí las entrego, y ahora te doy gracias, yo te reconozco Señor porque sé que todo proviene de tu mano y yo ahora adoro. Y te adoro porque sé que tu Palabra es fiel y verdadera, porque sé que lo que aquí dice se va a cumplir. Y porque va a haber la bendición que tú estableces, la bendición que tú dices que habrá.

 

El problema es muchas de las ocasiones el creyente no reconoce que Dios es el que le da bendición, y por lo tanto no podemos, al no reconocerlo, darle a Dios lo que a Dios le pertenece. Porque dice la Palabra que las primicias son de Dios, por lo tanto, si yo reconozco que son de Dios, yo se las doy sin problema; pero si yo no reconozco que son de Dios, entonces no le doy a Dios lo que le corresponde, yo me lo quedo y entro en un conflicto con el Señor.


Muchas ocasiones creemos que parte de lo que tenemos Dios nos lo dio por bendición, pero no lo creemos en su totalidad. Creemos muchas de las veces que nosotros por nuestro esfuerzo alcanzamos lo que tenemos, y alcanzamos a hacer lo que nosotros tenemos de ingreso. Es por ello que muchos dan primicias y diezmos incompletos, porque de esta manera manifiestan: doy un diezmo incompleto porque, ah, esto es lo que le corresponde a Dios, lo demás fue mi esfuerzo, lo demás no le pertenece a Dios, Él no tiene nada que ver, fue lo mío. Y entonces dan el recurso incompleto. Tú debes tener en tu mente que no le puedes traer a Dios ni incompleto ni lo que te sobre. Tienes que traer lo primero y lo mejor.

 

Cuando nosotros tenemos la conciencia de que Dios es quien nos sostiene, que Dios es quien a través de nuestro trabajo nos da los recursos suficientes para nosotros vivir, para suplir nuestras necesidades, entonces nosotros estamos en la posibilidad de venir delante de Él y decirle: Señor, aquí está lo que me dices que tengo que dar, y con alegría yo lo pongo delante de ti, y todo lo que yo doy lo doy con alegría. ¿Cómo no me voy a alegrar de todo el bien que Dios me da?


Cuando yo miro a mi vida, y si tú pones atención y tú miras a tu vida, tú te tienes que alegrar de todo el bien que Dios ha dado a ti y a tu casa. Cómo no me voy a alegrar cuando el Señor me ha sostenido con la diestra de su justicia. Cómo no me voy a alegrar cuando todos los días yo puedo advertir que el Altísimo está conmigo y me está bendiciendo, y está bendiciendo a mi familia, y está fortaleciendo a mis hijos. Cómo no me voy a gozar, cómo no me voy a alegrar cuando aun solo me pide que le de el diezmo.

 

Imagínate que el Señor te dijera: y ahora, tú me vas a traer el 90% de lo que ganes, porque el 10% te lo voy a dar a ti, el 90% es mío. Señor, me alegro porque solamente te tengo que dar el 10%, me gozo. De las primicias, de lo primero que te tengo que dar, Señor me gozo porque me pides lo primero, no me pides varios meses de trabajo. Me alegro, y depende desde donde veas las cosas. Tú te puedes alegrar porque lo que le tienes que dar realmente al Señor es poco. Te puedes alegrar como dice la Palabra por muchas cosas, por todo el bien que Dios te ha dado.


La Fiesta de las Primicias es una fiesta de alegría. La fiesta es una fiesta de gozo. En todas las fiestas debe haber alegría, y cuando tú vas a una fiesta hay alegría, ¿Por qué no va a haber alegría cuando tú das una mínima parte de lo mucho que Dios te ha dado? Cómo no te vas a alegrar porque tus hijos tienen salud, porque tus hijos están bien, porque tienen alimento todos los días. Porque tú tienes un trabajo, porque tú tienes un lugar dónde vivir, porque tú estás desarrollándote y tú estás con la posibilidad de bendecir a los demás. Cómo no te vas a alegrar cuando tú puedes venir a este lugar a alabar al Señor, a adorarle. Cómo no te vas a alegrar con todo el bien que Dios te da.

 

Analiza todos los días todo lo que tú haces, cada parte de tu vida, analízalo y vas a ver que la mano de bendición de Dios está sobre ti. Analízalo detenidamente y vas a encontrar y te vas a dar cuenta que la gloria de Dios está contigo, entonces es motivo de alegrarse y de venir y decirle al Señor: Gracias, me alegro contigo. La Fiesta de las Primicias es una fiesta de confianza, es una fiesta de fe, es una fiesta de seguridad, de certeza, es una fiesta de convicción. ¿Por qué? Porque yo sé que Dios me va a seguir bendiciendo.

 

Dios no me va a decir: tráeme tus primicias como si me fuera a decir: tráeme esto que tienes porque ya no va a haber más. Tráeme esto antes que se te acabe. No, al contrario. Tráeme esto que es lo primero, y tú me traes lo primero porque detrás viene una gran bendición, porque detrás vas a tener bendición todo el año, tráeme lo primero. Y si yo quiero que Dios me bendiga, tengo que cumplir con lo que Él establece. Cómo no va a haber alegría en mi corazón, cómo no va a haber gozo, confianza y fe, cuando yo sé que esto que yo estoy trayendo es lo primero, que sigue todo lo demás.

 

Claro que me tengo que gozar, ya Dios me bendijo; traigo esto primero porque sé que detrás de mí sigue viniendo la bendición, porque la bendición no va a fallar, porque va a estar presente, porque ahí va a estar en todas las áreas.

 

Fiesta de las Primicias es una fiesta para hacer pactos con Dios, es renovar nuestra relación con Él. Es decirle a Dios que Él tiene el primer lugar en nuestra vida y que nosotros le damos lo que Él merece porque lo estamos reconociendo. Y en segundo lugar nos quedamos nosotros y aun nuestros recursos a Él le pertenecen y se los damos. Y toma Señor todo esto es para ti.

 

Deuteronomio 26:16-19  Jehová tu Dios te manda (No te pide, no te solicita, no te dice si estás de acuerdo, te manda). Te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma.

 

Es decir, esto que Dios dice que tú tienes que hacer, lo tienes que llevar a cabo. Lo tienes que hacer porque es un mandato de Dios, no lo puedes eludir. Es que no puedo, es que no tengo, es que… Lo tienes que cumplir y tienes que buscar la forma de hacerlo porque Dios te lo manda. ¿Por qué? Dice la Palabra:

 

Versículo 17 Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios.

 

¿Tú declaras que Jehová es tu Dios? Por lo tanto lo dice la Palabra, y lo que yo declaro es algo que yo sostengo. Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz.

 

Si tú no estás de acuerdo en andar en los caminos de Dios, en guardar sus estatutos y sus mandamientos, en guardar sus decretos y no vas a escuchar la voz de Dios, mejor ni vengas. ¿Por qué venimos? Porque estamos reconociendo a Dios, porque sabemos que Él es el Verdadero, Él es el Único, Él es el creador, Él es el Altísimo; no hay más fuera de Él, Él es el único. Por lo tanto yo lo reconozco y yo lo declaro. Y si yo digo que Jehová es Dios y que Jesucristo es mi Salvador por lo tanto entonces, estoy diciendo que voy a guardar lo que Él establece. Me voy a sujetar a su voluntad. ¿Por qué? Porque yo soy su hijo y Él es mi Padre, y Él lo ordena y tiene autoridad y tiene potestad sobre mí para hacer lo que Él establece, lo que Él quiera.

 

Y Él siempre busca lo mejor para nosotros. Y si nosotros hacemos la parte que nos corresponde entonces, vamos a tener bendición.

 

Versículo 18 Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, fíjate, tú ya declaraste que Dios es tu Dios, y lo declaraste solemnemente. Ahora Dios hace una declaración: que tú eres su pueblo. Y me gusta lo siguiente, conmueve mi corazón y le doy gracias a Dios por esto: de su exclusiva posesión, a mí me gusta no sé a ti, pero a mí me agrada que Dios diga que yo soy de su exclusiva posesión, que yo no le pertenezco a nadie más. Que nadie puede venir y reclamar mi vida, no importa lo que yo hice en el pasado, no importa lo que yo viví, hoy soy de la exclusiva posesión de Dios, solo Él tiene autoridad sobre mí, eso lo ha declarado Dios.

 

Y Dios pone su mano y te rodea y dice: ¡No lo toques es mío, es mía; no tienes ningún derecho sobre él, sobre ella a mí me pertenece. Es exclusivamente mío, mía de nadie más! A mí me agrada, y yo cuando lo leo me estremezco porque digo: Señor, gracias porque te pertenezco, porque tú me compraste a un alto precio. Porque gracias a Cristo Jesús hoy soy tuyo.

 

Y dice la Escritura: como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; 19a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.

 

Y aquí podría caber una pregunta, ¿y cómo me va a exaltar Dios, de qué manera? Yo hago todo esto que Él me establece. Dios a mí me declara que soy de su exclusiva posesión. Yo vivo haciendo lo que Él manda. Está bien Señor, está bien, estamos haciendo un pacto: yo traigo mis primicias, yo traigo mis diezmos, yo traigo mis ofrendas, yo prometo hacer tu voluntad, yo guardo tus mandamientos, yo guardo tus decretos, yo guardo tus leyes. ¿Qué haces tú? Y entonces el Señor dice: yo te exalto. ¿Cómo me exaltas? Haciéndote prosperar en todo lo que tú hagas, en todos tus bienes.

 

Proverbios 3:9-10 Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; 10Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto. 

 

El que no honremos a Dios con nuestros bienes se puede deber a varias razones.

 

1)      Porque estamos acostumbrados a no dar y sí a recibir.  Entonces no le damos.

2)      Que si damos nos sentimos despojados de nuestras pertenencias o de nuestros recursos. Siento que Dios me está despojando de algo que es mío.

3)      Para evitar sentir pobreza y miseria.  Es que si le doy a Dios me voy a quedar más pobre de lo que soy o voy a caer en la miseria. Si le doy a Dios entonces ya no voy a tener nada, ya todo lo perdí.

4)      Creemos que si le damos, nos vamos a quedar sin nada absolutamente. Siempre voy a dar y no va a haber nada que yo retenga, si yo tengo que honrar a Jehová con mis bienes.

 

Pero como decía en un principio, nosotros tenemos una visión como personas, diferente a la que tiene Dios. Si honras a Dios con tus bienes y como dice el salmista, si tú das tus primicias, si tú cumples con sus mandatos como dice en Deuteronomio, y cumples con los diezmos, con las ofrendas, entonces dice: habrá abundancia, es decir, habrá prosperidad.  Abundancia significa que hay muchísimo.


Para el mundo es incongruente. Si yo doy, yo tengo menos. Si yo le doy a Dios, la lógica para Dios es que ahora yo tengo menos. Pero para la promesa de Dios y para nuestra fe, es yo le doy a Dios, entonces voy a recibir más, voy a tener más. Dice la Escritura, que en la Antigüedad había una mujer llamada Ana, y ella buscaba tener un hijo, y clamaba al Señor y le pedía bendición. Un día ella le dijo: Señor si tú me das esto que yo anhelo tanto, yo te voy a entregar ese hijo a ti, te lo voy a dar.

 

Fíjate qué impresionante. Vamos a ponerlo en otro plano. Señor, si tú me das una camioneta que me gusta, en cuanto me la des, esa camioneta yo te la voy a dar a ti, yo te la doy, yo te la regreso, ya no la quiero. Solamente yo quiero que tú me la des. Y entonces dice la Escritura que Dios hizo concebir a esta mujer y tuvo un hijo. Cuando terminó el tiempo establecido, a los 3 años, esta mujer tomó a su hijo y lo llevó al templo y se lo entregó al sacerdote, y le dijo: yo le ofrecí al Señor entregarle a mi hijo si Él me daba un hijo. Toma aquí está. Y el sacerdote lo tomó y ese niño creció en el templo de Dios.

 

¿Y qué dice después la Palabra? Que entonces Ana tuvo muchos hijos más. Es decir, Dios la llenó de hijos, Dios le dio una primero, y ella se lo entregó al Señor, Dios entonces, la llenó de hijos, le dio muchos hijos. Si yo cumplo con lo que Dios establece y yo saco de mis recursos y le doy a Dios lo que Él dice que le tengo que dar, entonces yo no voy a tener menos. En el momento que lo saco sí, pero Dios me va a bendecir, me va a prosperar y va a multiplicar en mi vida y yo voy a tener abundancia, voy a tener mucho más, lo dice la Palabra.

 

Pero si yo no lo creo, si yo no tengo fe, si mi convicción no es esa, entonces no lo habrá. Yo tengo que estar convencido de que Dios está conmigo y de que su Palabra es fiel y verdadera y se cumple. Y dice también aquí el salmista: Y tus lagares rebosarán de mosto. ¿Qué es la palabra rebosar? Algo que está en un recipiente y se sale y se sigue saliendo, eso es que se está rebosando. Y Dios promete en su Palabra que si nosotros hacemos lo que Él establece, en este caso si tú honras a Dios con tus bienes y con las primicias de tus frutos, entonces Él va a hacer rebosar, que se salga tu prosperidad, que se derrame tu bendición, que esa abundancia sea mucho más allá, que se derrame.

 

Yo no me puedo explicar cómo podría derramarse, rebosarse una cuenta de cheques, pero lo dice la Palabra, y va a rebosar y yo le creo a Dios. Y yo creo que va a haber bendición en mi vida y yo sé que la hay. Y quienes hemos hecho esto que Dios establece, y quienes cumplimos con el Señor, yo veo que hay bendición, y yo veo que hay prosperidad y abundancia; y yo veo que Dios no se limita. Dios nos da y nos acerca a lo que nosotros necesitamos y nos da en abundancia, lo dice su Palabra y su Palabra se cumple, por lo tanto, tenemos que cumplir con lo que Dios establece. Si yo quiero ser bendecido, tengo que darle a Dios lo que Dios me pide que le de, no hay más.

 

Éxodo 22:29 No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos.

 

Dios está estableciendo las cosas como Él quiere que nosotros las hagamos. No demores la primicia, no la retengas. Cuando tú sabes que tienes que dar algo, dalo, no lo retengas. Dice mi papá: no lo calientes en tu bolsa, no tiene sentido, dalo. Conocí a una persona que tenía muchísimo dinero, mucho. Tenía propiedades, tenía bodegas, negocios, trailers, mucho dinero, tenía en exageración. Sus hijas estaban en una escuela particular, yo lo conocí cuando ellas estudiaban la preparatoria.

 

Y entonces las hijas venían y le decían: Papá ya empezó un nuevo mes, necesitamos pagar la colegiatura de la escuela. Y él les decía: ah sí, ahorita no tengo dinero, después. No le podían insistir al papá porque ya sabían que el papá se enojaba. Y entonces ya después de varios días le decían: papá ya van a cobrar intereses a partir de mañana, necesitamos pagar la colegiatura. Sí, que ahorita no tengo dinero.

 

Y pasaban los días, un día de repente sonaba el teléfono, y la secretaria le decía a este Señor: le habla su hija fulana. ¿Qué pasó? No me dejan entrar a la escuela porque debo la colegiatura. Ah, ya ahorita la pago, ahí te mando al secretario. Y en ese momento le ordenaba a alguien que fuera a pagar la colegiatura, la pagaba en ese momento y ya entraban a clases. La pregunta es: ¿por qué demoraba el pago? ¿Para qué? ¿Qué utilidad tenía, qué bendición podría alcanzar demorando un pago que sabe que tenía que hacer? Ninguno.

 

Y Dios lo establece y Dios te lo dice: no demores. Lo que tienes que dar dalo al Señor en el tiempo que lo tienes que dar. No lo retengas. ¿Para qué? No tiene sentido. Dale al Señor en el tiempo indicado las cosas. Y como tú lees aquí: toda primicia le pertenece al Señor, aun, dice: le pertenece el primogénito de tus hijos. Ese es de Dios, lo sepa tu hijo o no lo sepa; lo sepas tú o no. El primogénito ya es de Dios, no hay más; pero por si estás a disgusto con que solamente tu primogénito sea de Dios.

 

Versículo 30 Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja (es decir los primogénitos de tu buey y de tu oveja también son de Dios); siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.

 

Y Dios es bien claro y bien drástico. Me lo vas a dar, esto me lo tienes que dar. Y es drástico y enérgico por una razón: porque Él te quiere bendecir. Si a Dios no le importara bendecirte te diría: tráeme tus primicias cuando quieras. Ahí que pase el tiempo, ahí retenlas, caliéntalas y algún día me las traes. ¡NO! Dios te quiere bendecir, te quiere prosperar; Dios quiere que nunca te falte, que tengas en abundancia y que sobreabunde en tu vida. Por lo tanto, como Él te quiere bendecir aun ejerce cierta presión, no lo demores, tráemelo.

 

Yo tengo prisa, me parece escuchar al Señor: yo tengo prisa en bendecirte. Yo tengo prisa en prosperarte. Yo tengo prisa en darte recursos hasta que sobreabunde, pro lo tanto no demores. Y viene la bendición y va a venir la bendición. Tú has traído el día de hoy como lo establece la Palabra, tus primicias, las has puesto en el altar y has adorado a Jehová tu Dios. Vamos a hacer una oración.


Bendito Dios y Padre Eterno en el nombre de Jesús en esta hora levanto mi voz delante de ti para darte gracias por tu Palabra, por tu bendición, por tu prosperidad. Y yo te pido Padre que tu Palabra se cumpla en medio nuestro. Dice tu Palabra que tú eres Fiel y Verdadero y por lo tanto cumples todo lo que tú estableces, manifiéstate con poder y trae bendición aquí en nuestra vida. En el nombre de Jesús estamos delante de ti dándote toda honra y toda gloria, manifestando nuestra gratitud de que tú eres con nosotros. En Cristo Jesús a ti sea la honra y la gloria, amén.

 

Dios te bendiga

 

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