INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL GRAN MANDAMIENTO

 

Fernando Cabrera

 

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Hoy vamos a tratar un tema que cuando Dios lo puso en mi corazón, yo me di cuenta que la mayor parte de las personas están carentes de amor. Creo que hoy en día la mayoría de las personas está buscando una palabra de amor, está buscando un consuelo, la gente necesita ser amada.  Todos necesitamos ser amados, pero también todos necesitamos amar. El Señor cuando hizo al hombre, dice la Escritura que Él sopló sobre nosotros de su Santo Espíritu, y Él nos dio vida. Y cuando el Señor sopla de su Santo Espíritu, la Biblia dice que el don del Espíritu Santo es amor, y comienza con el amor, y ha puesto amor en cada uno de nosotros.

 

Pero, ¿por qué razón el amor de un momento a otro se esfumó de nosotros? ¿Por qué el amor de repente ya como que no lo hay? Y cuando veo a la luz de la Palabra, yo me doy cuenta que creo que muchas de las cosas que vivimos actualmente son por falta de amor hacia nosotros mismos.  Aquí la Escritura nos habla de amar a Dios, de amar a nuestro prójimo pero también la Escritura nos habla de amarnos a nosotros mismos. Y a veces creemos que estamos amando a Dios, que amamos al prójimo aunque no nos amemos a nosotros y esa es una gran mentira.

 

Marcos 12:28-34 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. 32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

 

Cuando veos la Escritura, podemos ver que hay un hombre que conoce la ley, que se acercó a Jesús con el propósito de tentarle, dice la Escritura, para saber qué opinaba el Señor acerca del primer mandamiento. Y a mí me llama la atención y quiero resaltar algunos puntos muy importantes en esta cita que leímos. En donde dice que cuando se acercó este escriba a Jesús le dijo: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Le preguntó por un solo mandamiento. 29Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel.

 

A mí me impactó por qué el Señor utilizó en la respuesta que le da al fariseo, él le pudo haber dicho el primer mandamiento es ama a Dios con todo tu corazón, tu mente, tus fuerzas, tu alma. Pero Jesús dijo: Oye, Israel. Y a mí me llama la atención como el Señor le responde diciéndole: Oye, y el Señor nos está diciendo esta tarde: Oye, escucha. Porque como no hemos puesto atención a la Palabra de Dios, no hemos entendido lo que es el verdadero amor. Como no hemos escuchado quién es Dios, no hemos aprendido a amarlo. Y como no hemos escuchado a Dios, no hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos.

 

Y el Señor le dijo el primer mandamiento de todos es: Oye, Israel. Escucha pueblo, escuche toda la congregación, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y ahorita vamos a ver por qué el Señor le dijo: uno es. Y agrega y dice: 30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y cuando el Señor agrega el y, y une la mente, el corazón, las fuerzas, el pensamiento, lo está unificando porque Dios es uno solo. Y nosotros tenemos que amar a Dios en la unidad de nuestra alma, de nuestro espíritu y de nuestro cuerpo.


Tú no puedes decirle a Dios que le amas con toda la mente aunque no lo ames con todas tus fuerzas. NO le puedes decir a Dios que tú lo amas con todo tu corazón, pero no con toda tu mente. Por eso el Señor le dice: tú debes amar a Dios con todo. Y el común denominador de esta cita es “con todo”, con todo tu ser. Pero agrega y dice: 31Y el segundo. ¡Momento! Yo te pregunté ¿cuál es el primero, por qué me dices el segundo? Porque no hay primero si no hay un segundo. Porque no puedes decir que tú amas a Dios y aborreces a tu hermano. No puedes decir que amas a Dios, y no te amas a ti mismo.

 

El Señor perfectamente bien separa el amor de Dios, y en la tierra el amor al prójimo como a sí mismo. Pero en estos tres en Dios, en el prójimo y en ti debe de haber la unidad perfecta del amor. Ahora, fíjate en qué lugar te sitúa el Señor, dice: Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y lo pone como un primer término porque Dios es por sobre todas las cosas, y ahí está Dios. Pero dice: Ama a tu prójimo, pero no es el segundo lugar que debe ocupar el prójimo. Fíjate lo que dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo. O sea, antes te tienes que amar tú para que puedas amar a tu prójimo.

 

Estamos entendiendo esa parte, entonces, el Señor dice: si tú amas a Dios, y tú amas a tu prójimo, a ti te deja en medio de la gran decisión de amar. Tú tienes la decisión de amar, el amor no es un sentimiento. Amados, hemos creído y nos han engañado por mucho tiempo que el amor es un sentimiento, y esa es una gran mentira. El amor no es un sentimiento, y si tú te vas a casar y dices me caso porque siento que lo amo. Cuidado, porque el día que ya no lo sientas ese día te dejas.  Tú no puedes decir, no puedes fundamentar tu amor en un sentimiento, es una decisión.

 

Cuando tú dices: Yo amo a Dios, es porque tú has decidido amar a Dios con toda tu mente. Y cuando decides amar a Dios con toda tu mente, no permites que otro pensamiento ocupe el lugar de Dios, porque lo estoy decidiendo. Si yo decido amar a Dios con todas mis fuerzas, yo voy a ocuparme de mi cuerpo para que tenga fuerzas suficientes para amar a Dios. Y si yo decido amar a Dios con todo mi corazón, no dejo que nada se contamine dentro de mí. Entonces el amor es una decisión y yo decido amar a Dios.

 

Pero dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Y ahí es donde está el grave problema hoy por hoy. El amor a nosotros mismos. Yo te puedo asegurar que más de una persona en este lugar está falto de amor a sí mismo. Y si tú estás falto de amor hacia ti mismo, tenemos que encontrar primero la raíz, y debemos decirle a Dios. Dios primero que todo yo quiero poner mis pensamientos en claro, y creo que no me amo lo suficiente como para decirte que te amo tanto a ti. Ni tampoco siento que me amo tanto como para decir que yo amo a mi pareja. Ni que puedo amar a mis hijos.

 

A veces nos quejamos de todas las cosas que pasan a nuestro alrededor y somos los únicos culpables, amado, porque no nos amamos. Mira, cuando tú te amas tienes la capacidad de perdonar. Cuando tú te amas, tienes la capacidad de pasar por alto muchas cosas. Cuando tú te amas no hay la necesidad que alguien te venga a decir: yo te amo a ti. Hay personas que dicen: es que yo me voy a casar porque esta persona me va a ser feliz. ¿Entonces eres infeliz?

 

Una persona que no es feliz, es infeliz. Y cómo puedes tú decir yo me caso con él porque él me va a ser feliz. Si tú tienes el problema, el que se va a casar contigo también lo tiene, porque se va a casar con una persona infeliz, y el día que no le digas que le amas, se corta las venas. Y el día que no le digas que le amas, no te prepara la comida. Es una persona emotiva y pones en riesgo tu relación. Lo mismo pasa con el hombre, si el hombre se casa con una mujer que todo el tiempo hay que estarle diciendo: te amo, te amo, te amo.

 

Y te habla por teléfono, estás llegando a la oficina y te dice: hola mi amor, dime que me amas. Sí te amo. Ah, ya me hiciste el día. Tienes un problema, te estás volviendo esclavo de una palabra que ya ni te suena en tu corazón, ya ni la sientes. Pero te la voy a decir nada más para que no te sientas mal. Lo sientes dentro de ti, entonces no es con todo tu corazón. Y caemos en la falsedad del sentimiento del amor que es una gran mentira, eso no es así.

 

Y lo que Dios quiere es que nosotros podamos amarnos a nosotros mismos de tal manera que si hoy tengo un conflicto, que si hoy mi enemigo se levantó en contra de mí, que si hoy mi esposa o mi esposo no me dijo que me ama, aun y con todo yo le amo, aun y con todo yo soy feliz. Y aunque se pudiese ir de la casa, porque a veces te amenazan que se van a ir de la casa, Dios que te bendiga porque tu ausencia no me quita el amor que siento por mí. Porque el amor que siento por Dios sobrepasa todo entendimiento. Porque el amor que siento por Dios no depende de que tú estés conmigo. Toma tus cosas y vete si ese es tu deseo. Dios no está a favor del divorcio.

 

Pero hay personas que te amenazan y te dicen: Me voy, y si me voy te vas a morir de amor. Y es una amenaza y la mujer dice: no por favor, no me alcanza ni para el sepelio. Y está más preocupada por el sepelio que porque se vaya. Pero de verdad decimos. Bueno Señor es que, pues si te vas Dios que te bendiga, estás carente de amor. He escuchado no una vez sino varias veces, que hay personas que dicen. Pues la verdad le voy a decir una cosa, yo la quiero pero no la amo. ¿Le estás haciendo un favor? Yo al quiero pero no la amo. Como que disfrazan al decirle a la mujer: ya no te amo.


¿Pero sabes una cosa? Si una persona no es capaz de amar a otra persona que vive con él, es porque a sí mismo no se ama. Una persona que no se ama a sí misma no puede amar a otra persona. Y estás viviendo con una persona que no se ama a sí mismo. Esa persona tiene problemas, y si es tu caso comienza a orar por esa persona y dile: Dios, derrama tu amor para él o para ella, o derrama tu amor para mis hijos, porque ¿sabes una cosa? Ellos aun no entienden lo que significa amarse a sí mismo.

 

Y aquí en la Palabra podemos ver que el Señor dice: Oye, Israel,  oye de una buena vez porque lo que viene después que es mi sacrificio no lo vas a entender si no pones atención. Si entendieras el mandamiento de que debes amar profundamente a tu prójimo, no me hubieses llevado a la cruz del calvario. Porque si me amaras un poco, no me hubieses clavado los clavos en mis mano y en mis pies. Pero tanto es lo que te falta a ti en amor, que dice el Señor: yo mismo me entrego por ti. La Biblia dice que Dios es amor. Y cuando tú le dices: Señor entra a mi corazón, sé mi Señor, ven a mi vida Señor. El Señor te está diciendo en ese momento: junto con eso estoy poniendo en ti la semilla de amor para que tú ames. Para que tú manifiestes a los demás lo que yo te he enseñado a hacer.

 

Y de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo. No dice: de tal manera amó Dios al mundo que esperó que le dieras algo para que Él diera a su Hijo. Jamás lo dice, dice: porque te amó, Él te dio. ¿Sabes por qué? Porque Jesús mismo se ama a sí mismo. Porque Jesús ama al Padre, ama a Dios con todo su ser. Y porque el Señor Jesús ama de esa manera es capaz de amarnos a nosotros de la magnitud de amor que no hemos hasta el día de hoy entender.

 

¿Quién entiende el amor de Dios?  No hay uno que entienda el amor de Dios, ni siquiera hay uno. Yo a veces le digo Señor, yo no puedo entender tu amor, cómo siendo tan infieles Dios, nos sigues amando. Yo no entiendo tu amor. Y Dios quiere que de esa manera nos amemos a nosotros mismos, Dios yo no me entiendo a mí mismo. Señor, yo tengo conflictos en mí mismo, necesito que tu amor aumente en mí, porque todo lo que está a mi alrededor lo he perdido. A mi familia, a mis amigos, a mis hijos, lo he perdido por causa mía.

 

Entonces no puede haber un mandamiento de parte de Dios como pedía este fariseo: dime ¿cuál es el primer mandamiento? Y el Señor le dice, es este pero también juntamente este otro.  Entonces el escriba dijo esto: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33y el amarle, fíjate cómo aquí el escriba unifica lo que Jesús le había dicho. Dice: y el amarle  con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo, Y lo agregó ahí al prójimo.  Y amar al prójimo  como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.

 

¿Cuántos venimos delante de Dios con este amor sincero y verdadero? Por eso el Señor dice que cuando traigas tu ofrenda delante del altar, y ahí te acuerdas que uno de tus hermanos tiene algo en contra tuya, en contra mía; lo quiero dejar bien asentado porque a veces decimos es que yo no tengo nada con ellos eh. Ellos sí tienen un problema conmigo, yo no. Señor vengo aquí y yo levanto mi ofrenda delante de ti. Y dice el Señor: espérame, estás equivocado. Si tú sabes, si traes a la memoria en ese momento que vas a subir tu ofrenda que alguien tiene algo en contra tuya… Ah Señor ya entendí, dejas tu ofrenda y vas y te reconcilias. Pero si yo no le hice nada. Él te hizo, reconcíliate y dile: no pasa nada. Realmente lo que me hayas hecho yo te lo perdono. Sinceramente creo que no hay necesidad que sigamos así.


Y entonces vienes corriendo y entonces levantas tu ofrenda delante de Dios. Y el Señor la recibe como olor fragante. Porque lo primero que ve el Señor es el corazón, y si en el corazón ve que no hay amor, pues aunque  subas tu ofrenda, Dios no la va a recibir. Y entonces dice el Señor este escriba lo entendió y dijo: Mayor es esto que todos los sacrificios y los holocaustos. Porque podemos venir delante de ti sin amor y realmente es como entregarle falsedad, hipocresía al Señor. Ah Señor aquí está mi ofrenda, mira cuánto te amo. Para que tú ames a Dios tienes que manifestar el amor a los demás. Esa es una regla de parte de Dios.


Ahora, las áreas que se ven involucradas cuando amamos son: el corazón, es el alma, es la mente y son las fuerzas. Acuérdate de cuando te enamoraste de tu esposo o tu esposa, y acuérdate cuando tú te enamoraste de esa persona y dijiste: es que llenas todo mi corazón. Te traigo todo el tiempo en mi mente. Y le dijiste: ah tú eres la dueña de mi alma. Y después le dijiste: te amo con todas mis fuerzas y hasta la apretaste. Involucraste todo: mente, alma, corazón y fuerzas. Tú no puedes llegar y decir: ah mi amor te amo con todo mi corazón, pero estaba pensando en la vecina. ¿Verdad que no? O ¿sabes mi amor? Yo te amo con todas mis fuerzas pero hoy no te voy a ver porque estoy muy cansado, te veo mañana. Te amo con todo mi corazón pero también lo ocupa otro, o lo ocupa otra.

 

De esa manera no amamos ¿verdad? Involucramos todo, ese es el amor sin fingimiento al que se refiere la Escritura. Ese es el amor sincero, el amor verdadero. Si vas a amar, ama con todo. Si no vas a amar así, aprende a amar antes que le digas a alguien te amo con todo mi ser. Porque con todo tu ser involucra esto. Entonces no le digas falsedades a la persona que amas, no le digas te amo con todo mi ser, si por dentro estás diciendo: Señor, te lo llevas o te lo mando. Quieres acabarlo o acabarla, pero le estás diciendo con tus labios “Te amo”. Y caemos en una falsedad por eso no hemos entendido el verdadero sentir del amor, el verdadero concepto del amor.

 

Y con gran facilidad los jóvenes dicen que se enamoran. Ah es que me enamoré, no sabes, lo veo o la veo y siento aquí como cosquillas. Hermano, hermana, te está apretando la blusa, eso no es amor. Cuando una persona ama dice: yo te amo tanto que estoy dispuesto a luchar por ti, yo estoy dispuesto a sacar todo adelante, yo estoy dispuesto a dar mi vida por ti, yo te amo de esa manera, ¡cásate conmigo! Pero no. Oye, ¿y me amas tanto mi amor? Sí. ¿Y cuándo nos casamos? Oye espérate, estás entrando en un problema. Primero vamos a ver si nos entendemos, ¿si? Y ya después nos casamos. Pues no que es con todo, y hay problemas amado.

 

Y una persona que no te ama de esa magnitud no te puede asegurar que te va a amar cuando te cases. Y ahí tenemos un problema muy grande, por eso hay tanto divorcio. A los jóvenes se les va el amor así como no sé, como en un suspiro. Ah, ¿qué pasó? Se me fue el amor. Ahorita mira que bostecé se me fue el amor, ya ni te siento, ya no siento nada por ti. Estornudé y se me fue con eso el amor, de veras, no sé dónde quedó. Bueno, nos vemos. Oye, pero espérate, ya tengo 3 hijos tuyos. Pero estábamos probando a ver si nos iba bien. Pues como no, ahí nos vemos. Hay un problema muy grande.

 

El hombre que verdaderamente ama como dice la Escritura, que ama a Dios profundamente es una garantía para tu vida. La mujer que ama profundamente a Dios, que ama a su prójimo, que se ama a sí misma, es una garantía para tu vida. Así es que observa los frutos de una persona para ver si verdaderamente se ama. ¿Cuánto te amas tú? Observa tu corazón, ¿te amas mucho, mucho? Te ves en la mañana en el espejo y dices wow, Dios ¡qué maravillosa creación hiciste! Dios gracias porque estoy conforme, mira con estos cabellos que le tengo que meter un buen de gel pero, pero me gusta, gracias Señor. Me gusto, me siento bien así como estoy, flaquito, gracias. Es en serio, y no nos amamos de esa manera.

 

Te ves y empiezas ah mira nada más estos ojos, esta boca, estas orejotas, esta nariz, Señor te equivocaste. Señor mira esta panza… Dios, y son reclamos. Dios gracias, mira nada más te puliste conmigo Señor. Y a veces no lo hacemos, no nos amamos. ¿Que es el 14 de febrero, que el mundo celebra la amistad? Me mando un regalo, me quiero, me amo, me doy un beso, ¿no? Muchos celebran, yo no entiendo por qué, pero muchos celebran el día del amor y de la amistad, solo un día al año. Pero hay muchos que ni ese día se mandan un reglo. Es mentira, es falsedad, no es cierto.

 

Y la gente se pone como que muy romántica, pero es una gran mentira, es una situación de mercadotecnia, pero no hay nada que ver con la verdadera decisión de amar. ¿Cuánto te amas tú, que seas capaz de amar a los tuyos? Ya no nos vamos muy lejos, dice la Biblia: ama a tu prójimo. ¿Sabes quién es tu prójimo? Tu próximo, el que está a tu lado, ese es tu prójimo. Y en la mañana cuando te despiertas, los que son casados, ¿a quién tienen a su lado? Al próximo, al esposo o a la esposa. Y dice el Señor: ámala como a ti mismo.

 

Fíjate qué dice la Biblia: el que ama a su mujer, así mismo se ama. Y me sorprende esta palabra porque cómo digo yo amar a mi mujer si yo mismo no me amo. Y para poder amarla, yo necesito amarme a mí mismo. Reproches, eres esto, eres lo otro, eres aquello. ¡Perdón! Pero muchas veces ves en tu mujer lo que tú mismo eres. Te aborreces tanto que miras en tus hijos el reflejo de lo que tú eres. Y tú le estás diciendo a tu hijo, mira es que yo quiero que tú seas de esta manera. Ah, ¿y tú por qué no lo eres? Hijo yo te amo tanto, pero yo tengo que educarte, mira nada más cuántas mentiras dices. Y dice el hijo: ¿te cuento las tuyas?

 

Y a veces nosotros no sabemos manifestar ese amor a los nuestros, ni somos tolerantes ni sabemos perdonar porque no hemos aprendido a amar, esa es la verdad. Cuando nosotros amamos, todas estas áreas de las que acabamos de hablar, están actuando, nuestro corazón, nuestra mente, nuestra alma, nuestras fuerzas, Dios está por encima de todas las cosas y el mandamiento es amar a Dios, es amarte tú y es amar a tu prójimo, pero dice la Escritura: como a ti mismo.

 

Para amar a Dios necesitas amarte a ti mismo. Cómo le digo a Dios yo te amo y amo la creación que tú hiciste, si me estoy quejando delante del espejo de lo que hiciste conmigo. Cómo le puedo decir a Dios: yo amo a mi prójimo si yo no he aprendido a amarme. Y está involucrado todo nuestro ser. Si tú no te amas no le puedes decir a Dios que lo amas. Y si no puedes decirle tampoco a tu prójimo que le amas que lo estás viendo de frente, y no le puedes decir que le amas al que ves, tampoco le puedes decir que le amas al que no ves.

 

¿Sabes cuándo alcanzas a mirar a Dios? Cuando te alcanzas a mirar a ti mismo. Cuando dices: Dios qué creación hiciste maravillosa. Dios has puesto en mí un corazón nuevo. Dios has puesto en mí una mente renovada. Dios en mí has hecho cosas grandes. Dios muchas gracias, yo te bendigo, gracias porque soy instrumento de tu amor, porque lo que tú hiciste a través de tu sacrificio es haberme salvado y has puesto en mí la semilla del amor, la cual Dios yo voy a manifestar a las naciones, a mis hijos, a mi esposa, ¿por qué Señor? Porque tú vives en mí. Y si Dios es amor, yo tengo que ser un reflejo de su amor.

 

¿Y para qué vamos a ser un reflejo de su amor? ¿Sabes hermano? Porque hay mucha gente que necesita amor. Voltea a ver al que está a tu lado, y posiblemente esa persona que está a tu lado necesita una palabra de amor, necesita que le digas: ¿Sabes? Yo te amo, porque Cristo me ha amado, y lo que él ha puesto en mí yo quiero mostrártelo, cuenta conmigo, estoy para servirte. Déjame manifestarte el amor de Jesús en mí.


El amarte a ti mismo no es para vanagloria tuya. El amarte y el aprender a amarte a ti mismo, es para manifestar que Cristo realmente vive en ti. ¿Cómo dices que Cristo vive en ti y aborreces a tus enemigos? Jesús se ama a sí mismo. Jesús ama al Padre y él ama su creación. Cuando él fue enviado, Jesús tuvo cuidado de cada una de esas áreas, él tuvo cuidado de su corazón. Jesús tuvo cuidado de su corazón, tuvo cuidado de su alma, de su mente y sus fuerzas, de no ser así no hubiese llegado hasta la cruz del calvario.

 

Jesús se cuidó perfectamente bien de no pecar. Jesús cuidó perfectamente bien ese amor, porque la Biblia dice: de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Y Jesús sabía que él era la manifestación del Padre a las naciones. Tú sabes que tú eres la manifestación de Dios a las naciones, y si Dios es amor, él te ha puesto a ti la cantidad de amor suficiente para que tú lo derrames por las naciones a aquellos que necesitan del amor de Jesús.

 

Y Jesús lo entendió y dijo, voy a cuidar ese amor, por ese mi mente, mi corazón, mi alma, mi espíritu no se van a ver corrompidos, no se van a ver atacados, no se van a ver afectados por los ataques que yo tenga. ¿Pero sabes? Cuando fue a la cruz del calvario, aun así con todo eso, él entregó todo ese amor para que tú y yo fuésemos salvos por él. ¿Para qué? ¿Para vivir en pleitos, en contiendas, en divisiones, en divorcios, en desamor, para eso dio Jesús su sacrificio en la cruz? Lo hizo para manifestar su amor a nosotros, y para que tú lo manifiestes a los demás.

 

El Señor nos dice en Deuteronomio 10:12 Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

 

Dios pide que le amemos, este es un mandamiento. El Señor dice: ¡ámame! Acción, pensamiento. Dile a tu alma: ama al Señor. Dile a tu mente: ama al Señor. Es una decisión. Dile a tus fuerzas: ama al Señor. A todo tu ser dile: ama al Señor porque él me lo está diciendo, él me dice: ámame. Cuando Dios te dice ámame, tú le debes responder: Señor, ya te estoy amando.


El salmista dice en Salmo 31:23a  Amad a Jehová, todos vosotros sus santos.  El mandato es, ama a Jehová nuestro Dios todos vosotros sus santos. Yo no me puedo imaginar en una casa en donde habitan 4 hijos, el padre y la madre que uno de los hijos los aborrezca. Yo no me puedo imaginar cómo sería la vida de esa familia si uno de los hijos aborreciera a sus padres, aunque los otros 3 los amaran. Sería un conflicto constante. Y por eso la Iglesia muchas veces tiene conflictos, porque hay muchos que dicen amar a Dios y están hablando a espaldas de los otros.

 

Muchos dicen amar a Dios y no pueden amar ni pueden perdonar las faltas de sus hermanos. Y dentro de la casa de Dios aun hay personas que no le aman profundamente. Por eso se provoca tanto conflicto, pero si todos aprendiéramos el gran mandamiento, aprenderíamos, creceríamos, manifestaríamos a Dios en nuestra vida. Eso es lo que Dios quiere que hagamos, su Iglesia, los escogidos de Dios, sus santos, que manifestemos el amor de Dios a las naciones. El Señor dice: ama a tu prójimo.

 

En Romanos 13:10a  El amor no hace mal al prójimo. Cuando tú te enamoraste, ¿y sabes por qué tomo mucho esta frase de “cuando tú te enamoraste”? Cuando yo digo cuando tú te enamoraste es para que regreses a ese pensamiento, porque a lo mejor vives hoy, pero ya no vives igual de enamorado. Por eso digo cuando tú te enamoraste, acuérdate, hacías todo por esa persona. Ahora tal vez no, pero cuando tú te enamoraste y le mandabas un regalo, le mandabas lo mejor.

 

Tú no le decías: oye, te voy a mandar un regalo. Sí. Y le mandabas una envoltura de chocolate sin chocolate.  Pues sería una falta de respeto. O no le decías: ahí te mando un suéter sin mangas, sin cuello, a medias. Lo dabas todo.  Y dice entonces la Escritura que el amor a tu prójimo no hace mal. Cuando yo amo no hago el mal a mi prójimo, sino hago el bien, porque el amor proviene de Dios.

 

Y ve lo que dice Proverbios 25:21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, 
Y si tuviere sed, dale de beber agua.

 

Si el que te aborrece tuviere hambre, ¿qué dice? dale de comer pan. ¡Gloria a Dios! No dice: si el que le caes bien, si tu compadre, si tu amigo, si tu vecino, si con el que te llevas de maravilla tiene hambre, dale de comer. ¡NO! Dice: el que te aborrece. Para manifestar el amor a las personas no tienen que ser aquellos que nos aman, tienen que ser aquellos que nos aborrecen. Por eso el Señor lo dijo: Amad a vuestros enemigos.

 

¿Qué bueno tendría aquel que ama al que le bendice? ¿Qué bueno tendría aquel que ama al que le ama? Yo creo que la manifestación de Dios es amar al que nos aborrece, él mismo nos enseña que cuando debemos amar nosotros como Él amó al que le crucificó, como él amó al que le laceró su espalda, él amó al que le clavó los clavos en sus manos y en sus pies. Él nos amó a nosotros, y el amor que proviene de Dios hace esto. El amar a Dios de acuerdo a lo que estamos leyendo es un mandamiento.


El amor al prójimo es un mandamiento, y el amor a sí mismo también es un mandamiento. Y quiere decir que si tú en este momento has reconocido que no te amas lo suficiente, estás quebrantando un mandamiento de parte de Dios, no te estás amando. Y si tú quebrantas un mandamiento de Dios, dice que quebrantaste todos. El Señor dice, mira, a lo mejor tú quieres leer toda la Biblia, es correcto que tengas conocimiento de la Palabra. Es correcto que aprendas cada capítulo, cada versículo de la Biblia porque va a edificar tu vida. Es correcto, pero ponerlo por obra solamente a través de este mandamiento: amar a Dios, amar a tu prójimo como a ti mismo.

 

Con esto se resume toda la Escritura, toda la ley y los profetas. Desde el génesis hasta el Apocalipsis se puede resumir cuando tú amas de la magnitud que Dios quiere que tú le ames. Pero si tú faltas a uno de estos, estás quebrantando todo, toda la ley. Soy muy bueno Señor, pero aborrezco a mi vecino. ¿Dónde quedó lo bueno? Amarnos a nosotros mismos es un mandamiento de parte de Dios. Hay problemáticas por falta de ese amor y ahorita vamos a reconocer algunas y si hay alguna otra más, comienza a sacarla de tu corazón para ponerla delante de Dios.

 

Pero una persona que tiene problemas de amarse a sí mismo, es una persona que tiene una falta de aceptación a sí misma. Es una persona que no se acepta tal cual es, que no se acepta a sí misma. Es una persona que necesitan venir a decirle: eres buena persona, eres muy lindo o muy linda. Como que te estén validando, como que te estén diciendo lo que tú eres porque tú no te has podido dar cuenta de lo que realmente eres para Dios.


¿Sabes cuál es la gran problemática? Que tú te mires lo que eres para ti mismo, por eso hay un problema. Porque dices: es que para mí pues yo no soy nada, yo no valgo nada, yo realmente yo no me amo. Pero tú estás mirándote a ti como tú te quieres mirar.  Pero cuando tú miras lo que Dios ha puesto en ti, puedes darte cuenta que eres maravillosos, que eres una persona única, que eres una persona hermosa. Que no hay otro como tú en esta tierra y que Dios te ama grandemente, pero como no puedes ver a través de los ojos de Jesús, y has mirado a través de tus ojos carnales no te has podido aceptar, porque también para amarse hay que aceptarse.

 

Quiénes somos con nuestras áreas de debilidad pero también con nuestras áreas de oportunidad, para poder cambiar lo que hay dentro de nosotros. Una persona que tiene problemas de amarse a sí mismo, con nada está conforme. Me acabo de comprar la blusa más padrísima. Y se la pone y dice: no, no me gustó. Yo creo que no, me gusta más la que trae mi hermana. Mira este es el traje que más me gusto. No pero me gusta más el que trae mi hermano. Con nada está conforme.

 

Oye mira Dios te bendijo, te regaló un carro.  No, me gusta más el del hermano, el del pastor, o me gusta más el del hermano Michel. Oye pero Dios te dio un carro. No, pero ese como que no era para mí, ya lo usé y como que no me gusta la suspensión. Oye pero mira, tu corazón, Dios puso un corazón hermoso en ti. Sí, pero en mi hermano lo veo que está más hermoso. Oye pero ya viste, tu rostro está padrísimo, está maravilloso, estás maravillosa. Sí, pero me hubiera gustado ser como el hermano fulano o como la hermana, mira nada más qué guapo o qué guapa es.

 

No estamos conformes con nada, y la persona que no se ama a sí mismo, siempre se está rechazando a sí mismo y tiene un problema. En lugar de que te mires al espejo y digas: ¡Wow, Señor gracias, qué lindo soy, qué bonito soy, cómo me quiero!  Pero no está con nada conforme. Una persona que tiene el problema de falta de amor a sí mismo, es celoso o celosa. Es tan insegura que dice: es que tú en cualquier momento me vas a cambiar por cualquiera. Ya te le quedaste mirando a tal persona. No, nada más levanté la mirada. Nada, nada, tú tienes que ver al piso.  Y el otro por manifestarle el amor le dice: sí mi amor está bien, te amo tanto, el amor de Dios está en mí, te debo amar, te debo perdonar. Y la mujer toda insegura, a ver ¿quién se le queda viendo a mi marido?

 

Es una persona insegura, piensa que todo mundo y en todo momento le quieren quitar al galán o le quieren quitar a la novia. ¿Con quién estás? No, ya escuché voces. Oye mi amor pero espérame estoy aquí en la calle. No, no es cierto. A mí se me hace que estás con tu secretaria. No mi amor, ni secretaria tengo. Es que a mí se me hace que tú estás así. Y hay un grado de inseguridad tremendo. Mira si tú te amaras a sí mismo, y escucharas o te dijeran eso dirías: ¡Tú te lo pierdes! Porque lo que Dios ha puesto en mí no lo encuentras en ningún otro lado. Porque lo que Dios ha puesto en mí es único. Porque no vas a encontrar a otro como yo así negrito, chaparrito, mechudito, u otro igual. Allá tú te lo pierdes. Habrá alguien que tenga ojos espirituales, y cuando me vea va a decir: éste es enviado del Señor.

 

Y lo mismo la mujer, están celando al novio, al esposo y le dicen: ah es que mira nada más. Y el pobre hombre ni siquiera. Y entonces le salen unas antenas y dice: creo que sí, por aquí me dijo que había algo. Y a lo que no habían puesto atención, empiezan a poner atención. Y cuando lo pierden: me abandonaste. ¡NO! Tú fuiste el conflicto.

 

 ¿Por qué la gente se casa creyendo que va a alcanzar la felicidad cuando duerma con esa persona, cuando despierte con esa persona, cuando tengan hijos, cuando tengan gastos, cuando tengan casa, cuando les llegue la renta? ¿Por qué piensan que de esa manera se puede hacer feliz? Si es un cúmulo de conflictos. Quien de los que están casados aquí dicen que estar casado realmente es un reto. Y que hoy tienes que pagar y no hay para pagar. Y por eso volteas y dices: Ah, siento que no te amo. ¡NO! Pero nos casamos con una mentira pensando que, es que va a ser tan bonito pasar los tiempos difíciles. Uy, sí.  Va a ser tan bonito cuando los niños se enfermen, mira tú y yo juntos desvelándonos por ellos, Ajá, ya te quiero ver. Ah es que es tan bonito cuando nosotros pasemos por ciertas diferencias y que después nos contentemos. ¡No es cierto!

 

El amor realmente debe ser algo más que lo que nosotros creemos. Si realmente quieres hacer feliz a tu pareja ámate a ti mismo o a ti misma. Sino eres capaz de amarte así, no puedes decir que amas a Dios, y no puedes decir que amas a tu prójimo. Si el amor de Dios no está todavía en ti, no puedes todavía amar a tu prójimo, no te puedes amar a ti mismo. Cada una de las personas que llegan a esta iglesia, que llegan a los pies de Jesús venimos con una necesidad, y yo puedo decirte en general sin excepción de ninguno, todos los que hemos llegado a los pies de Cristo ha sido por falta de amor.


¿Sabes por qué te digo por falta de amor? Porque muchos hemos llegado aquí con conflictos familiares, personales, de vicios, de divorcios, de un sin número de situaciones, que pudimos haber controlado si hubiéramos entendido esto, el gran mandamiento de Dios. Pero venimos a Él porque Él es el amor, y cuando venimos y lloramos y nos ministras y recibimos el amor de Dios, decimos ¡Wow! Creo que todo se puede lograr, pero porque ya el amor de Jesús te llenó, porque el amor de Jesús ya te envolvió.

 

Y cuando ya tienes el amor de Jesús, ya tienes nuevas fuerzas, ya tienes capacidad de perdonar, de hacer grandes cosas. Pero sino, tienes un problema amado, necesitas aprender a amarte a ti mismo. Les comentaba en un principio, cuando Dios puso sobre nosotros su Espíritu, cuando tú saliste de las aguas el Señor vino a ti, te bautizó dice la Biblia en Espíritu Santo y fuego. Y derramó sus dones sobre ti. Y derramó su fruto sobre ti.

 

Y cuando hablamos de fruto, si tú te das cuenta ahí en Gálatas 5:22  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe. Pero comienza con amor. Pero si yo ya salí de las aguas, si yo ya me bauticé, o para los que se bautizaron hace 8 días, ah hermano ya estoy bautizado. Ya sabes, Dios puso en ti amor para que te ames a ti mismo, para que ames al Señor por sobre todas las cosas y para que ames a tu prójimo, para que manifiestes ese amor. Ese es el fruto de Dios, e l fruto del Espíritu en nosotros.


Colosenses 3:14  Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

 

Vestíos de amor. Quien no tiene amor, no está vestido, está desnudo. Cuando el Señor dice vístete de amor, toma de él y vístete del amor de Jesús. Cuando tú te pones una vestidura, lo que la gente observa en el momento en que te mira, es ¿eres tú o es tu vestidura? Vienes de azul con mezclilla. Y acá vienes de rojo, tú vienes de negro, vienes de azul, tu vestidura se nota. Y cuando tú te vistes del amor de Jesús dicen: este hombre o esta mujer está llena de amor, tú irradias amor.  Oye te acercas y se ve que hay un amor muy especial hacia ti.

 

Vístete de amor, que se vea tu amor, que Jesús se vea en ti. Pero si no te amas a ti mismo, si no eres capaz de amarte a ti mismo, es como si anduvieras desnudo, sin ese amor. Y cómo la gente puede confiar en una persona que necesita amor cuando tú no se lo puedes proporcionar. Una persona que no tiene amor, que no se viste de amor también está desnuda, con la necesidad de vestirse de amor. Y se encuentra con un desnudo y dice: oye ¿me puedes dar un poco de tu amor? Pues ¿cuál? Pues ya somos dos infelices, vente. ¿Oye eres feliz? Sí, soy feliz. Ah vámonos, somos dos felices. ¡No es cierto!

 

Y luego se queda viendo la pareja y dicen, ¿me amas? Sí, te amo. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por mí? ¿Nos casamos? Mañana. ¿Por qué no hoy? Cuando amas, te impulsa ese amor  a hacer muchas cosas. Cuando tú amas profundamente al Señor, te impulsa a hacer muchas cosas para Él, predicar el Evangelio, preocuparte por tu iglesia, preocuparte por los hermanos, preocuparte por tu casa, preocuparte por todo, antes que todas las cosas.

 

Y muchas veces es uno de los puntos en donde le ponemos la menor atención, amarnos a nosotros mismos. Y nos queremos hacer los héroes diciendo: es que yo amo tanto a Dios. Mira, yo amo tanto a mis hermanos que no tengo ni tiempo para amarme a mí mismo hermano. En serio, todo el tiempo estoy con mis hermanos, los estoy amando, les procuro, les amo, les atiendo, amo a Dios, estoy con Él y casi no tengo tiempo para mí, ni me amo, mira está toda mi salud afectada. Pero pues es que los amo.

 

Mira los domingos voy ahí, ya ni puedo estoy bien desvelado porque toda la noche me la pasé orando hermano, toda la noche no podía. Los hermanos me hablaban y yo oraba por ellos, y aquí estoy delante de Dios sin muchas fuerzas, pero Dios sabe que lo amo. Mi pensamiento está en todo tiempo, aunque mi vida no esté ordenada pero yo los amo. Perdón, no vas a llegar muy lejos. Tiene un orden y debes de poner en orden tu corazón. ¿Quiero amar? ¿Cuántos quieren amar profundamente a Dios, a tu prójimo? Vamos a comenzar por amarnos a nosotros mismos.

 

¿Qué es amarse a sí mismo? Aceptarse con errores. Aceptarte también con aciertos. Aceptarte así tal cual eres. Y si algo hubiese qué cambiar, el mismo amor de Jesús te lo va a ser cambiar. A veces quieres cambiar sin amar y ese es un error, tú no puedes cambiar si no amas. El impulso al cambio es el amor y si tú amas a Dios tú le dices: Dios yo te amo y reconozco que esto me falta, pero revísteme de tu amor porque a través de tu amor, de tu perfecto amor Señor, yo voy a poder sacar adelante esto.


Mira, yo tanto te amo que mis ojos ya no están puestos en el mundo, mis ojos están puestos en ti. Oh Señor ya logré algo más, mira te amo tanto que ahora mi corazón ya no está compartido, ahora mi corazón está puesto en ti. Oye familia mira te amo tanto que mi corazón ya no divaga por allá, mi corazón ya está aquí. Y comenzamos a ejercitar el amor. El amor es como si fuese un músculo, tú sabes que lo tienes pero si no lo ejercitas no crece. Y tú tienes que ejercitar esa decisión de amar todos los días, y tienes que decirlo y tienes que actuar, y tú tienes que hacerlo con Dios, y es ese músculo que está todos los días ejercitándose, y llega a ser tan fuerte de tal magnitud que nada lo podrá derribar.

 

Nada, dice la Biblia, nada nos separa del amor de Dios. Y antepone una serie de circunstancias. Y dice: aun todo esto, nada nos aparta del amor de Cristo. Nada, y tú así puedes decirle: Dios, nada me aparta de tu amor. A pesar de lo que haya, a pesar de que mi mujer o mis hijo, o mi esposo a veces viene y me pega tanto en mi interior, en mi mente, en mi corazón, nada Señor me aparta de tu amor. Y yo te amo Señor. Y cosas grandes pasan. Amarse a sí mismo significa reconocimiento de lo que somos delante de Dios.

 

1 Corintios 13:1-8 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

 

Y empieza el versículo 8 con El amor nunca deja de ser. Pero ¿sabes una cosa? Cuando nosotros vemos todo esto podríamos decir: es que tengo el ministerio más fuerte, el más poderoso, y podemos ver como muchos llegan a Cristo. Sí pero si no los amas, aquellos que han llegado a Cristo, de nada te sirve. Es que yo he vendido todos mis bienes y se los he dado a los pobres, pero no los amas, de nada te sirve, no te es contado, no te es válido.

 

Vayamos a lo más sencillo, no vendas todos tus bienes, no digas que el ministerio que ejerces es el más poderoso, ¿por qué no comenzamos por lo más sencillo? Por decir que sin Dios no somos nada. Que el ministerio es de Dios, que todas las cosas que tenemos son de Dios. De entrada no tenemos nada, ¿por qué no comenzamos por lo más sencillo? Señor sin ti nada soy. Realmente todos los que estamos aquí, sin Jesús no  seríamos nada. Así tengas el carro más padrísimo, así tengas la casa más lujosa, así tengas el ministerio más poderoso, así podrías tener todos los millones del mundo, si no tienes a Jesús no eres nada.

 

Y un día en el curso nos decían que nada multiplicado por nada, da nada. Cero por cero es cero. Cero por uno es cero.  El cero tiene que cambiarse a un número que cualquiera que se multiplique por él pueda producir el doble. Tiene que haber un cambio, tenemo0s que cambiar. Comenzar por nosotros, por lo más sencillo. Y yo creo que hoy en día tienes algunas diferencias, estoy seguro que tienes diferencias. Puede ser en tu casa, puede ser con una persona que ya no está a tu lado, que no has podido perdonar.

 

Mira, amar también significa perdonar. Y tú puedes decir: no, yo ya lo amo y ya lo perdoné, o yo la amo y ya la perdoné, pero todavía te está doliendo aquello, todavía está en memoria aquello, ¡suéltalo! Porque eso no es amar, eso es guardar en tu corazón. Y cuando tú guardas en tu corazón no puedes amar, y tienes un problema porque todos los que se acerquen a ti siempre van a tener un problema, porque el problema somos nosotros mismos, no los demás.


Los demás vinieron a acercarse a ti y a recibir de ti, no para que ellos te den. La Biblia dice que Jesús vino a servirnos no a ser servido. Y tú viniste a amar, no a ser amado, aunque cuando te aman ya es una recompensa por lo que tú has hecho. Sembraste una semilla., recibiste una semilla de amor.  Amar, comenzar por lo sencillo, vamos a amarnos a nosotros mismos.

 

Yo no sé cuántas cosas hagan falta en tu vida, yo no lo sé pero el Señor Jesús sí lo sabe. Pero yo sé que Jesús en esta hora quiere abrazarte profundamente, de tal manera que sientas su amor. Una vez que lo sientas no lo dejes ir, no lo pierdas por nada. Defiéndelo con todo tu ser, defiende ese amor que Jesús va a poner en esta hora en tu corazón. Sé que tú sabes que él te ama, lo sé, pero creo que no estás convencido todavía.

 

Como también sé que no has podido perdonar, como también sé que has lacerado a muchos que están a tu alrededor, los has lastimado. Pero es un muy buen tiempo de borrón y cuenta nueva, un nuevo tiempo. Jesús hace nuevas todas las cosas, hoy quiere hacer nuevo tu corazón. Poner una nueva porción de amor en ti. Si tú tienes a la persona que lastimaste a tu lado, si es tu cónyuge, si es tu hermano, si es tu hijo, si es tu padre o madre, abrázalo y dile: perdóname, porque ciertamente yo debía amarte y tolerar todo esto, pero no lo hice, perdóname.


Si no está aquí y está en algún otro lugar, tráelo a la memoria y dile perdóname. El amor tiene que comenzar por ti, perdóname. Y yo me quiero perdonar a mí mismo también porque yo mismo creo que me he lastimado a mí mismo creyendo que no me aman los demás. Yo mismo no me he podido perdonar, porque yo creo que los demás están siempre en contra mía. ¿Por qué los demás están en contra mía? No es que los demás estén en contra tuya, lo que pasa es que tú estás en contra tuya. Pero Jesús quiere poner en ti esa semilla maravillosa del amor.

 

Si te puedes abrazar a ti mismo, y tú mismo puedes decirte: Necesito de tu amor Jesús, yo necesito de tu amor. No me es fácil, pero yo no puedo avanzar más Señor si yo no me detengo en este momento a decirte: dame de tu amor. Todas las cosas que ven nuestros ojos están basadas en el amor de Dios. La creación fue hecha en el amor de Jesús. En este momento viene a mi corazón una palabra que el Señor dijo, un nuevo mandamiento te doy.

 

Si aun no has aprendido a amarte a ti, si nos has aprendido a amar a Dios y a tu prójimo, dice el Señor un nuevo mandamiento te doy: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Si te cuesta trabajo amar, fíjate cuánto te amó Jesús, y comienza a amarte porque su muerte no fue en vano. Si Jesús te perdonó, puedes perdonar a otro. Dice: ama de la manera que yo te he amado. Si tú no te has podido perdonar a ti mismo, piensa que Jesús ya te perdonó.  Si tú te has arrepentido de todo ti corazón, él ya te perdonó. Y como señal de rendición a él, recibe en esta hora de parte de Dios el amor de Jesús.

 

Señor yo te doy gracias por cada persona que está esta tarde aquí, son tus hijos, los escogiste de donde ya nadie creía en nosotros, y nos has traído hasta aquí. Nos abrazaste, nos diste tu amor, pero desgraciadamente a veces las cosas que vivimos a diario nos apartaron de ese sentimiento maravilloso que proviene de ti. Perdónanos y te ruego que en esta hora derrames de una doble porción de amor sobre cada uno de mis hermanos.


Así como tu Palabra dice que tu amor es sufrido, es benigno, todo lo puede, todo lo soporta, no es jactancioso, no se envanece, no busca los suyo; ese amor ágape Señor, ese amor que te reconoce a ti, sea en esta hora en cada corazón. Y que hoy Señor podamos manifestar a los demás que Cristo vive en nosotros, tú eres el amor, tú habitas en mí. Si alguien fue rechazado de pequeño, sintió un rechazo de parte de sus padres, de sus hermanos, o si alguien en algún momento de su vida se sintió rechazado, ¿sabes? La Biblia dice que si tu padre o tu madre te dejaren, yo nunca te dejaré.

 

Y si tú fuiste rechazado, quiero que sepas que Jesús aun con todo eso, Jesús te ha dado un nombre como hijo de él. Jesús te ha puesto un apellido y se llama santidad. Ese amor que Jesús te ha dado no lo intercambies por nada, no lo abandones, no lo dejes por nada. Pelea cada día por defender ese amor que el Señor te está entregando esta tarde.

 

Gracias te damos por tu infinito amor Señor, gracias te damos porque podemos sentir a través de tu Palabra cuánto nos amas. Ciertamente cuando tomaste la decisión de entregarte por nosotros y habernos escogido, sabías que éramos imperfectos, que teníamos errores, que vivíamos llenos de complicaciones y conflictos en nuestra vida. Pero aun con todo eso nos has aceptado, nos has dado un nombre y nos has llenado de tu amor. Que nada nos quite, que nada nos arrebate este amor que nos has dado.


Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Este es el gran mandamiento que tú nos has dado Señor. Derrama tu amor sobre nosotros para poder decir con libertad: ¡Te amamos, y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos! En el nombre de Jesús, amén.

 

Dios te bendiga

 

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