DISCAPACIDAD ESPIRITUAL

Discapacidad Espiritual

 
Angela Andrade Jasso
 
Asistente Pastoral

 

Yo creo que todos nos hemos topado muchas, o por lo menos en alguna ocasión, con alguien que está ciego físicamente. Y se les llama con capacidades diferentes o discapacitados. Pero no lo digo por hacer menos a estas personas, sino que a veces decimos de ellos: “ay pobre hombre o pobre mujer”. Pero somos nosotros los que tenemos una ceguera, una discapacidad peor, porque teniendo la vista no queremos ver.

 

El apóstol Pedro habla de la discapacidad que los cristianos a veces o muchas veces tenemos y no nos damos cuenta. 1 Pedro 1:9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Y yo te pregunto amado hermano(a): ¿qué tan corta es tu vista o qué tan ciego estás?

 

Tal vez me puedas decir que tu vista no te falla, que ves perfectamente de lejos o de cerca. Pero y tu vista espiritual, ¿cómo anda? Porque aquí el apóstol nos está hablando de: el que no tiene estas cosas. ¿A qué cosas se refiere que debemos tener para no tener la vista corta o estar ciegos? Bueno, muy sencillo, vayamos a unos versículos antes.

 

Versículos 3-4 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

 

¿Quién es la vida y la piedad? Jesús mismo. Y nos fue dado a través del conocimiento de Aquel que nos llamó a su gloria y excelencia. Nos ha dado también preciosas y grandísimas promesas, y a través de ellas nos convertimos en partícipes de Su naturaleza Divina. Pero tenemos que hacer algo nosotros: huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

 

Versículos 5-8  Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

 

Debemos poner diligencia. Pero ¿qué es diligencia? Significa cuidado en la ejecución de algo. Agilidad y prontitud. ¿Qué tanto cuidado hemos puesto en añadir a nuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor en nuestra propia vida? ¿Con cuánta agilidad o prontitud lo hemos hecho, si es que lo hacemos? Cuando a veces como buenos mexicanos que somos hacemos las cosas al “ahí se va”, aunque sean para Dios.

 

¿Y sabes? Si alguna de estas cosas falta en nuestra vida, Dios mismo nos está diciendo que nuestra vista está corta, y que nos podemos volver ciegos si olvidamos la purificación de nuestros pecados, sean antiguos o sean presentes. Y a veces creemos, por nuestra propia opinión, que nosotros somos los más sanos, los más santos, los más justos, y estamos totalmente equivocados. Pero ¿sabes? Dios nos está urgiendo en hacernos un examen de la vista, si lo aprobamos gloria a Dios y que su gloria se siga manifestando en nuestra vida. Pero si no, es tiempo de que nos detengamos y pongamos nuestras obras y nuestra fe en el fuego para ser probadas.

 

¿Qué tan ciego estás, cuando solamente quieres ver lo que tú consideras bello, aún sabiendo que Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo? ¿Qué tanto amor tienes, cuando solamente amas a los que aceptas amar y a los demás los rechazas? Cuando Dios manda amar a tu prójimo como a ti mismo. ¿Qué tanto conocimiento o entendimiento de las cosas de Dios tienes, cuando sólo entiendes lo que te conviene, aunque no tengas la razón y aunque no sea la verdad que debes seguir y hacer?

 

¿Qué capacidad de comunión y comunicación tienes con tus hermanos en la fe, cuando crees que sólo lo que tú hablas es importante y digno de ser escuchado? ¿Qué capacidad de fe tienes, cuando lo que pides a Dios lo quieres recibir en el instante mismo que lo estás pidiendo? Y cuando ni siquiera sabes la voluntad de Dios como para pedir conforme a ella. ¿Qué capacidad de crecer tienes, cuando sólo te aferras a lo que tienes y conoces, y no quieres abrir nuevos horizontes, sabiendo incluso que Dios te ha mandado a nuevas tierras para hacerte crecer y para bendecirte?

 

¿Qué capacidad de ganar al mundo para Cristo, cuando te avergüenzas de orar en voz alta simplemente por los alimentos en un restaurante, o en una fonda que Dios te está dando, cuando te avergüenzas incluso de que sepan que eres cristiano? ¿Qué capacidad de paciencia tienes cuando en medio del tráfico comienzas a tocar también el claxon de tu automóvil, y aún peor, cuando alguien se te mete y hasta le recuerdas, si no con el claxon, en tu mente a su mamá?

 

Si no tienes la capacidad de mostrar a los demás lo que debes tener como dice el Señor, ¿cómo entonces podrás añadir algo mejor a tu propia vida? Es entonces cuando tenemos que darnos cuenta de lo corta que está nuestra vista. Y si aún en nuestra vida hay pecados antiguos o presentes, es tiempo de purificarnos y de ponernos a cuenta con Dios.


Dios no quiere un pueblo de ciegos, Jesús vino a dar vista a los ciegos y a sanar a los enfermos. Si te has dado cuenta que estás ciego, es tiempo de clamar y decir: ¡Señor Jesús, ten misericordia de mí! Y no dudes que Jesús se detendrá también y te preguntará: ¿qué quieres que te haga? Y podrás decirle: que sean abiertos mis ojos. Y ten la fe de que Jesús se compadecerá de ti, tocará tus ojos y recibirás la vista nuevamente. Para seguirlo y hacer conforme a su voluntad y propósito y sigas añadiendo a tu vida cosas mejores cada día. Dios te bendiga.

   

Que Dios te bendiga.